INTERNACIONALVIOLENCIA Testimonios de mujeres indígenas durante juicio a Ríos Montt
Especial | Retomada del sitio paraqueseconozca.blogspot.mx
Por: la Redacción*
Cimacnoticias | Guatemala.-
El
pasado 19 de marzo dio inicio el juicio por genocidio y crímenes de
lesa humanidad, contra los generales Efraín Ríos Montt y José Rodríguez
Sánchez, integrantes del alto mando militar entre 1982 y 1983.
Lo anterior, luego de que el pasado 28 de enero, el magistrado
guatemalteco Miguel Ángel Gálvez ordenara someter a juicio a Ríos
Montt, quien gobernó el país centroamericano –tras un golpe de Estado–
del 23 marzo de 1982 al 8 de agosto de 1983, por genocidio y crímenes
de lesa humanidad cometidos contra la etnia ixil.
El magistrado también ordenó un proceso legal por los mismos delitos contra el general retirado José Mauricio Rodríguez Sánchez.
A Ríos Montt –de 86 años de edad– se le imputan los homicidios de mil
771 indígenas –el 25 por ciento mujeres– cometidos durante su dictadura
militar, lo que lo convierte en el primer dictador en América Latina
que será juzgado en su propio país por atentar contra los DH de una
población indígena.
En un lapso de dos meses aproximadamente, se presentarán medios de
prueba a través de peritajes y testimonios acerca del arrasamiento de
aldeas, destrucción del tejido social, impactos del miedo y la
desintegración familiar, así como casos específicos de violencia contra
mujeres, como violaciones sexuales y agresiones racistas.
Los testimonios narrados el pasado 2 de abril por diez mujeres ixiles
sobrevivientes de violencia sexual muestran cómo durante el gobierno
del General Ríos Montt, se utilizó la violación sexual con el fin de
destruir y/o causar lesiones graves contra las mujeres.
“Tenía 12 años me llevaron al destacamento con otras mujeres allí me
amarraron los pies y las manos … me pusieron un trapo en la boca…y me
empezaron a violar…yo ya ni sabía cuántos pasaron…perdí la conciencia…y
ya la sangre solo corría…..luego ya no podía ni levantarme ni orinar…”
Afirmamos que los hechos de violación sexual ejercidos en contra de las
mujeres mayas ixiles son constitutivos del delito de genocidio porque
así está establecido en el artículo 376 numeral 2 del Código Penal
Guatemalteco:
“Art. 376.- Comete delito de genocidio quien, con el propósito de
destruir total o parcialmente un grupo nacional, étnico o religioso,
efectuare cualquiera de los siguientes hechos: 2°. Lesión que afecte
gravemente la integridad física o mental de miembros del grupo.
Los testimonios de estas mujeres que se escucharon en el Tribunal,
mostraron con claridad cómo los actos de violación sexual cometidos
durante el conflicto armado en Guatemala en contra de las mujeres
ixiles tenían el propósito de causar daños irreparables en sus cuerpos
y en sus vidas. Se trataba de un ejercicio de demostración de poder y
de odio que se materializó a través de sus cuerpos y su absoluta
degradación y humillación.
Todo ello respaldado por un sistema ideológico racista y patriarcal
dónde los cuerpos de las mujeres se convirtieron en “cosas” sin ningún
valor.
“Agarraron a mi mamá y la arrastraban como a un chucho (perro)….”. “
Acaso éramos unos animales para que nos hicieran cualquier cosa”.
La política contrainsurgente se propuso causar terror en la población y
específicamente en las mujeres utilizando formas crueles y extremas de
violencia sexual que causaron lesiones graves y permanentes en la
integridad física y/o mental de las mujeres ixiles. El ensañamiento y
la alevosía que se ejercieron contra los cuerpos de las mujeres
muestran ese propósito, incluyendo mujeres embarazadas tal y como lo
muestra este
testimonio.
“Ellos querían que fuera su mujer pero yo no me dejaba pero ellos me
cortaron la cabeza y así fue cuando me dejé….Yo tenía 6 meses de
embarazo y a los quince días nació mi bebe muerto…”.
Estos daños causados tuvieron efectos en las mujeres ixiles que se
muestran hasta el día de hoy a través de sentimientos de profunda
tristeza, de culpa, de miedo junto con distintos dolores físicos,
enfermedades como relataron las mujeres en sus testimonios:
“Me siento muy triste, siempre estoy enferma y no salgo de la casa…me duele mi corazón”.
Uno de los dolores más marcados que las mujeres relataron durante el
pasado 2 de abril fueron las violaciones que ellas presenciaron de sus
mamás o bien de sus hijas. Estos hechos se repitieron en numerosos
testimonios mostrando así la intención de destruir y/o lesionar
profundamente el tejido familiar siendo las mujeres el centro del
ataque.
“Yo también vi cómo a mi hija la violaron muchos soldados, ella sólo
tenía 12 años, la agarraron en mi cama…”. “ Eran cuatro soldados
quienes violaron a mi hija, la golpeaban muy duro y ella no paraba de
llorar”.
Muchas mujeres que fueron violadas quedaron brutalmente lastimadas para
concebir hijos e hijas, teniendo como consecuencia la limitación de la
reproducción del pueblo ixil. Otros testimonios dieron cuenta de las
secuelas físicas en las capacidades reproductivas como relató una de
las mujeres de 46 años. “Tengo una infección en el vientre, me duele
todo el tiempo mi matriz…”.
Elizabeth Odio Benito, vicepresidenta del Tribunal Penal Internacional
para ex Yugoslavia (1993-95) concluyó: “La violación de las mujeres no
es una consecuencia, más o menos inevitable o intrascendente de un
conflicto armado, sino que es una política aplicada sistemáticamente
para destruir grupos humanos además de la propia víctima directa”.
Los testimonios narrados demostraron que los hechos de violencia sexual
ocurridos en el área ixil durante el período del General Ríos Montt
tenían un “modus” operandi” ya que eran actos que respondían a órdenes
de mandos superiores, normalmente tenientes, quienes daban directamente
las instrucciones a los soldados, además de participar ellos mismos en
los actos de violencia sexual. “Era un sargento quién daba las órdenes
a los soldados”.
Los elementos del ejército y patrulleros llegaban a las comunidades,
separaban a las mujeres y a los hombres, normalmente a las mujeres las
llevaban a las capillas, escuelas, en la misma calle y en ocasiones, a
sus casas. Una vez realizada esta separación procedían a ejecutar
diferentes actos de violencia sexual, siendo la mayoría de las veces,
la violación sexual la práctica generalizada.
“Nos agarraron y nos llevaron a un cuarto del salón parroquial y allí
nos violaron a un grupo de mujeres, fueron varios soldados los que me
usaron y me quedé casi un año con hemorragia…”
Fue un modus operandi por el carácter masivo de las violaciones
sexuales, es decir, numerosos soldados y muchas mujeres como víctimas;
se producían violaciones múltiples. Diferentes hombres violaban a la
misma mujer y en muchos casos, fueron repetidas en diversos momentos
contra las mismas mujeres.
“Nos llevaron al destacamento y allí nos violaban muchos soldados, yo
estuve diez días y me violaron muchas veces y a otras mujeres
también”. “Abusaron de mí toda la noche fueron como 20 soldados pero
al final perdí la conciencia”.
Todas estas características muestran que la violación sexual era una
práctica premeditada, sistemática, generalizada y que tenía como fin
destruir y lesionar gravemente a las mujeres ixiles como grupo
específico.
No eran actos cometidos por la tropa fuera de control de sus mandos,
sino que éstos ordenaban, aprobaban y legitimaban dichos actos. Los
victimarios eran personas comunes, no eran maniáticos, ni sufrían de
ninguna patología.
Uno de los momentos más impactantes, fue cuando una mujer sobreviviente
ixil dijo con voz clara y fuerte cómo había escuchado a un soldado
decir” Ríos Montt nos dijo que se acabara con toda esa basura ixil
porque colaboran con la guerrilla”.
También se pudo evidenciar la práctica recurrente de someter a las
mujeres al régimen de servidumbre sexual donde los soldados violaban
durante días seguidos a las mujeres y obligaban a cocinarles y
atenderles bajo amenazas de muerte y violencias continuas.
“Me acuchillaron y tengo cicatrices, cuando me violaban ya no podía
caminar y me tiraban como una pelota….Yo tenía que cocinar para ellos
para que no me mataran.”
Estos diez testimonios de las mujeres ixiles presentados en la Corte
son diez actos de valentía, de fuerza y de poder de las mujeres.
Las mujeres han roto una vez más el muro del silencio que existe en
Guatemala en torno a la violación sexual que se ejerció contra las
mujeres ixiles, y otras miles de mujeres mayas, mestizas y garífunas en
la época del conflicto armado guatemalteco. Como bien dijo una de las
mujeres al finalizar su testimonio, “Hoy va a haber un cambio en mi
vida porque me estoy desahogando”.
Hoy estas mujeres han traído ante nosotras y nosotros su voz, su
corazón, su memoria, su cuerpo, su dolor y sobre todo su verdad para
decir que sí fueron violadas y que quieren justicia por lo que les pasó
y que no quieren que esto se vuelva a repetir. “Vengo a decirlo para
que no vuelva a suceder a nosotras las mujeres”
* Artículo retomado de La Confluencia Feminista Mesoamericana, Las
Petateras con información de Rosalinda Hernández y Anaiz Zamora