9/16/2017

La visión femenina de la justicia



Lilia Mónica López Benítez*
La Jornada 
En el artículo anterior, explicaba el concepto género y comenté un par de instrumentos normativos con los que cuenta el Estado mexicano para combatir la discriminación por similar razón. Terminé cuestionando si la mujer aporta una visión diferente a la justicia; esto es, si juzga de distinta forma que el hombre.
A la fecha son dos las ideas en torno a la justificación de la igualdad de género en los poderes judiciales en varios países del mundo.
La primera consiste en que cambiando el equilibrio de género en la magistratura, mejorará la calidad de la justicia porque las mujeres aportan algo diferente a su administración. La segunda indica que el principio de igualdad requiere que las mujeres tengan la misma oportunidad de participar en las instituciones públicas de toma de decisiones y que su ausencia socava la legitimidad democrática de esos cuerpos.
Por el momento, las críticas se han enfocado a denunciar la escasa participación numérica y funcional de las mujeres en los poderes judiciales del mundo, argumentando que esta situación limita la calidad y visión de las decisiones jurisdiccionales. Se sostiene que una mayor inclusión de mujeres generará una nueva dimensión de justicia, pues sus diferentes experiencias influyen al emitir sus fallos.
La Corte Suprema de Canadá afirmó que: La creencia profunda que subyacía al impulso en pos de una mayor diversidad en los nombramientos judiciales, era que las mujeres y otras minorías visibles aportarían una importante perspectiva a la difícil tarea de juzgar.
Estos argumentos asumen que no es la presencia de las mujeres per se lo que se necesita en la magistratura, sino aquello que harán una vez que lleguen ahí. En 1993 una encuesta realizada en Estados Unidos demostró que 74 por ciento de las juezas estaba de acuerdo con la afirmación de que las mujeres tenían cierta perspectiva única y experiencia de vida diferente a la de los hombres, por lo que deberían ser representadas en la magistratura por otras mujeres. Otro estudio en el Poder Judicial de Nueva Zelanda reveló que 70 por ciento de las juezas, comparado al 39 por ciento de los juzgadores compartía la afirmación de que se juzga en función de lo que se piensa que es correcto y apropiado, lo que involucra una serie de valores y estándares que están influidos por el género.
Con el desarrollo del derecho sustantivo y procesal, se afirma que las juzgadoras son más proclives a dictar fallos basados en la igualdad, revirtiendo decisiones fundadas en prejuicios de género, basadas en asunciones estereotipadas sobre mujeres y hombres.
El estudio de Frances Raday de 1996 identificó, sobre las decisiones de la Corte Suprema Israelí cuando se empezaron a nombrar mujeres, que existía una mayor predisposición hacia la igualdad de género. Un estudio más reciente sobre casos de discriminación sexual en el trabajo ante las cámaras de apelaciones de Estados Unidos halló que las juezas eran significativamente más proclives a privilegiar estos temas que los hombres.
No obstante y a pesar de la creencia generalizada de que las mujeres juzgan distinto, en su momento la jueza Day O’Connor, primera mujer miembro de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos, contestó a la pregunta relativa a si las juezas aportaban una voz diferente a la magistratura, que sería peligroso e imposible de responder.
Durante las décadas 80 y 90 del siglo pasado, a medida que el número de juzgadoras creció en Estados Unidos, se estudiaron las diferencias de género en el proceso de administración de justicia, utilizando muestras amplias de las cuales se pudieran extraer resultados generalizables. Las investigaciones sobre los votos de las personas juzgadoras en la Corte Suprema en 1993 no hallaron diferencias significativas. Un estudio de 1991 sobre la actuación de miembros de las cortes supremas de justicia estatales, también arrojó como resultado que sus votos eran similares. En Australia, trabajos de investigación de 1995 sobre jueces de las instancias más bajas hallaron poca diferencia en las resoluciones.
En pocas palabras, las investigaciones en torno al contenido de las decisiones, en términos de sentencias y de administración de justicia en general, concluyen que no existe una diferencia clara o sistemática entre mujeres y hombres. Sólo cuando el asunto se relaciona directamente con la discriminación sexual emergen diferencias, y aun en estos casos, los hallazgos son poco claros.
Una serie de críticas dentro y fuera de los poderes judiciales han destacado el peligro de afirmar que las mujeres tienen una forma particular de aplicar el derecho; recuerda los viejos mitos sobre la lucha por abatir la desigualdad y amenaza con establecer nuevas e ideales categorías de trabajo apropiado para las mujeres. Esta guetización refuerza la idea de que existen áreas de trabajo tradicionalmente masculinas que no son apropiadas para las mujeres. Además, los argumentos basados en la disimilitud, muy fácil e imperceptiblemente mutan de diferente a mejor. Mientras que la diferencia puede relegar a las juezas en ciertas áreas, también puede dar lugar a expectativas de superioridad. Las juzgadoras pueden escuchar todas las voces en el tribunal –la masculina porque han aprendido a oírla y la femenina porque la viven–.
Lo variado de los ejemplos y resultados empíricos expuestos, da lugar a mucha incertidumbre sobre la existencia, alcance y futuro de las diferencias de género en el poder judicial. Si la disparidad de pensamiento es la base de la igualdad de género ¿qué pasaría si se probase que no existen diferencias significativas al momento de juzgar? ¿O que sí existen, pero que desaparecen antes de que las mujeres alcancen una igual participación? ¿O que las juzgadoras no mejoran la calidad de la justicia? Trataremos de dar una respuesta en la siguiente entrega.
* Magistrada federal y académica universitaria

“Machismo antimachista”


Machismo doble
www.miguelorenteautopsia.wordpress.com

Respuesta al artículo del pasado domingo 10-9-17, El País Semanal que publicó Javier Marías titulado “Feminismo antifeminista”


El domingo 10-9-17, El País Semanal publicó un artículo de Javier Marías titulado “Feminismo antifeminista”, en el que muestra su enorme “preocupación” por las dificultades que tiene el feminismo para avanzar en la sociedad, y cuestiona por ello, paradójicamente, al propio feminismo y a muchas feministas, no al machismo ni a los machistas, cuyos planteamientos defiende y justifica cuando tiene ocasión.
Y por si no quedara clara su intención, lo hace en un terreno “caracterizado por su compromiso con la Igualdad y la búsqueda de oportunidades para hombres y mujeres”: el deporte. El argumento no es nuevo, y lo que cuestiona son dos decisiones tomadas sobre la imagen de las mujeres que proyecta la competición, y lo hace a partir de la teórica libertad que tienen a la hora de elegir y decidir lo que ellas quieran. No estaría mal que leyera el libro de la profesora Ana de Miguel, “Neoliberalismo sexual”, sobre el mito de la libre elección; mientras tanto continuaré con mi exposición.
Uno de los dos ejemplos que toma es el de las azafatas de La Vuelta, después de que la organización haya decidido cambiar el protocolo y sus funciones. Para él, las azafatas en el ciclismo, e imagino que las animadoras en el baloncesto, las paragüeras en el motociclismo, las recogepelotas en el open de tenis de Madrid… son mujeres que deciden libremente hacer estas funciones tan trascendentes para esos deportes, que además no pueden hacer los hombres ni tampoco mujeres que no resulten sexis ni atractivas, por lo visto debe haber un extraño circuito cerebral que lleva a que las no cumplen ese canon estético no tengan capacidad para tomar ese tipo de decisiones, algo que no deja de ser curioso. La situación viene a ser similar a lo que ocurre con muchos trabajadores, que también “eligen libremente” firmar contratos de unas pocas horas por 400 €, y luego trabajar más de 10 horas cada día, o de aquellas otras mujeres que afirman lo de “mi marido me pega lo normal”. Para él, en ningún caso, ni en el de las azafatas ni en el de los trabajadores, el contexto y las circunstancias, cada uno con sus elementos y motivos, influye en ese tipo de decisiones.
Algo similar a lo ocurrido en el segundo ejemplo que utiliza Javier Marías. En él cuestiona la decisión de la Asociación Profesional de Mujeres Golfistas (LPGA), por establecer un código de vestimenta para sus jugadoras. No comenta nada el autor de la presión de las marcas comerciales sobre algunas jugadoras, curiosamente sólo aquellas que “dan la talla”, para que vistan ropa sexi y actúen como maniquís andantes por la hierba con sus prendas sin que les importe su juego, algo que sí preocupa a la Asociación de Golfistas, como no podía ser de otro modo. Parece que para Javier Marías la libertad pasa porque las mujeres hagan aquello que, ¡oh casualidad!, los hombres quieren que hagan. Y cita a la jugadora Paige Spiranac como precipitante de esta decisión, dada la envidia que levanta ante otras jugadoras por lo que gana y por lo famosa que es debido a su físico. Da la sensación que hablar de juego en el golf femenino no importa y, en cambio, sí que la atención se centre en las curvas de las jugadoras ensalzadas por la ropa de temporada que las marcas comerciales presentan para vender más, no para que jueguen mejor. Quizás proponga que en lugar de entrenar el “drive” o el “approach” lo que tienen que hacer es subir la falda o bajar el escote, seguro que algunas ganan más y son más famosas. Y si terminan el hoyo 18 con un estriptis, más aún.
Imagino que tampoco ha leído la entrevista en la que la propia Paige Spiranac se derrumba por el ciberacoso machista que sufre … Eso no tiene importancia, ¿verdad?.
Coincido con Javier Marías en que el código de vestimenta y las multas no son la solución. La solución pasa por apartar las referencias del machismo a la hora de determinar la realidad. Pues es esa “normalidad” del machismo la que lleva a la cosificación de las mujeres, tanto de forma individual como en grupo, y a partir de ella a que muchos hombres desarrollen conductas violentas en sus diferentes formas: acoso, abuso, violencia sexual, violencia en la pareja… En todos estos casos la violencia se produce después de un proceso que los anglosajones denominan “deshumanización del objeto de la violencia”, y que aquí se conoce como “cosificación”. La conclusión es sencilla, cuanto más cosificadas estén las mujeres en la sociedad, más fácil resulta que los hombres que lo decidan libremente inicien su conducta violenta contra ellas.
La libertad que ha conseguido el feminismo a lo largo de la historia se traduce en capacidad de elegir, puesto que sin esa posibilidad para la elección la libertad se queda en el enunciado. Por eso es importante que no se confunda la libertad que tienen hoy las mujeres para decidir vestir y comportarse como quieran, con una obligada adaptación a los espacios y formas que impone el machismo para seguir reforzando la imagen tradicional de las mujeres.
Comparar, como hace Marías con insistencia, los planteamientos feministas con las posiciones religiosas del catolicismo y del islam demuestra algo más que desconocimiento, y pasa a ser un ataque directo al feminismo que él pretende defender y a las feministas que lo hacen verdad cada día. Y todo ello basado sólo en el relato de los hechos comentados, sin analizar su significado. A ver si resulta ahora que apoyar la sexualización de algunas jugadoras en el golf y besar a las azafatas al final de cada etapa es el “verdadero progresismo”.
Seguro que no habría dicho nada si la LPGA hubiera prohibido jugar a alguna golfista con velo o hijab, como tampoco dijo nada cuando el rector de la Universidad Libre de Bruselas sugirió a las estudiantes llevar “vestido o falda y un escote bonito” en la ceremonia de graduación.
La libertad sin Igualdad sólo permite que el machismo se mueva de forma libre por su territorio. La Igualdad no busca un retroceso, sino romper con las referencias del machismo que llevan a interpretar la realidad y darle significado según le interese.
Hoy hay un machismo revestido de aparente antimachismo. Ese “machismo antimachista” es el posmachismo, su nueva estrategia para generar confusión y que todo siga igual, como siempre.

Fuente: https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2017/09/10/machismo-antimachista/

La contradicción de la fotografía


QUINTO PODER 
Por: Argentina Casanova*   

Para muchas personas la elección fue no ver la fotografía. El anuncio, la advertencia de lo fuerte de la imagen sirvió a otras para evitarla, a algunas nos llegó a “bocajarro” en medio de una conversación virtual y es inevitable hacer la reflexión sobre la contradicción y el metadiscurso de la fotografía de los 3 niños-adolescentes asesinados en Coyuca de Benítez. Un lugar donde los niños son soldados de una guerra no contada.
No hay forma de abordar el tema sin rozar lo absurdo y lo grotesco. Lo es la fotografía, lo es su publicación, lo es mirarla o difundirla, pero también lo es pretender no verla y negar que está ahí. En paralelo a una fotografía de tres personas cuyos cuerpos aparecieron gravemente violentados aún después de la muerte.
La muerte no solo es el festejo de los mexicanos es la pirotecnia de la afrenta. La afrenta al cuerpo, a la dignidad de una comunidad que despierta con el dolor de encontrar en un parque, en una calle transitada, en el duelo de una comunidad que se lamenta de la violencia, en el dolor de las familias de enterar y quizá conocer el destino de su familiar en una fotografía de algún medio digital.
La afrenta a la cotidiana normalización de la violencia que nos regresa a los días previos al “acuerdo” que suscribieron los medios para dejar de contabilizar ejecutados-descuartizados-entambados-encajuelados-embolsados-colgados-degollados.
Sociedad que se amputa el miembro invisible de la conciencia y la sensibilidad a fuerza de necesidad de sobrevivir, dar vuelta a la página y entusiasmarse con la urgencia del festejo patrio. Sociedad que cierra los ojos porque no puede con la realidad y prefiere dar el paso a ciegas antes que aceptar que convive entre el horror y la miseria humana.
No hay forma de evitarlo. Publicarla como un medio o como un periodista que descubre los entresijos del mensaje. Que está consciente del valor simbólico de la imagen. De la fotografía que se queda grabada por el dolor de ver a tres niños, cuerpos cobijados en vínculo invisible de acompañarse en ese último instante.
Cuerpos de jovencitos, adolescentes, niños. Una playera verde de la selección con la palabra México, donde cabe la pregunta que se queda ¿dónde está el futuro de México?
No hay mucho qué decir, ni siquiera deberíamos estar escribiendo de algo así pero no hacerlo es también apostarle a un silencio que pretende normalizar la más horrorosa de las realidades. Nada que se pueda justificar ni olvidar.
La fotografía de los niños, es “la fotografía”, el instante que resume el estado de una zona geográfica, de un momento histórico, de un hecho que trasciende los nombres, que como aquel pequeño niño cuyo cuerpo apareció flotando en las aguas del mediterráneo era reclamado por el mundo.
Son niños pobres, son niños de una sociedad que se olvida y se niega a sí misma, que criminaliza a las juventudes y las juzga de “ninis”, antes que escucharla.
Es el rostro de la niñez, el futuro, lo mismo podrían ser los hijos o los sobrinos propios que los de algún conocido o conocida, son los hijos de alguien, son los hijos de la calle y de nadie, de quienes preferimos voltear la cara y no mirar a los jóvenes que arriesgan su vida en un crucero haciendo malabares con machetes, al chico que inhala thiner y se quema las neuronas porque el hambre se esconde así.
No hay argumentos, hay vergüenza de ser la generación de “personas adultas” que celebramos haber jugado en las calles y tomar agua de la llave, pero que hoy día vemos a las juventudes y no las tomamos de la mano para acompañarlas.
* Integrante de la Red Nacional de Periodistas y Fundadora del Observatorio de Violencia Social y de Género en Campeche
imagen retomada del portal laopcion.com.mx
Cimacnoticias | Campeche, Cam.- 

Kenny 26 meses en este mundo; arrancados a golpes


"La violencia es el último recurso del incompetente". (Isaac Asimov)


LA COLUMNA ROTA/FRIDAGUERRERA VILLALVAZO

Mirna Alejandra García Pérez tenía 22 años cuando inició un flirteo con Juan Antonio Gutiérrez Pesqueda de entonces 18, mensajes de texto, coqueteos normales entre dos jóvenes iniciaron una relación de amigos, no hubo amor, simplemente una noche pasó lo que tenía que pasar; lo que sin condena pasa entre un hombre y una mujer; semanas más tarde; Alejandra le hizo saber a Juan Antonio (Larry) que estaba embarazada, le dijo que si, sin problema solo le pedía se hiciera una prueba de ADN para asegurar sus paternidad; Alejandra desapareció de su vida durante todo el embarazo; a los quince días de nacida la pequeña Kenia Naomi, Alejandra, regresó a buscar a Larry, le pidió pañales y leche, Larry consiguió dinero (aún) no trabajaba y llevó las cosas, ahí estaba esa pequeña bebé cuando la vio los ojos se le llenaron de emoción; Larry se recuerda como un papá “culeco”, enamorado de su pequeña; estar cerca de ella lo emocionaba; se la llevó a presentar a sus abuelos a quienes también enamoró ese hermoso ser.

Tenía unos ojos expresivos, su piel color canela, la sonrisa amplía desde que era muy pequeña, era una princesa, una niña que era inmensamente amada por su familia paterna, al mes y medio de nacida Kenia fue dejada en casa de su papá, Alejandra, pidió que se la quedará Larry, en lo que ella la llevaba a la guardería. Y así durante dos años Kenia, vivió con sus abuelos y su papá, su mamá la veía de vez en cuando; Pero Kenia, era una niña feliz, ¿por qué tendría que ser infeliz una bebé, un ser que ni siquiera ha tenido un mal pensamiento, una pequeña que era cuidada y amada?

Kenia Naomi Gutiérrez García, nació el 22 de mayo de 2015; sí, no nació en medio de una relación amorosa de pareja, pero era amada y aceptada, La historia en esta lamentable narración no es sobre Alejandra, es sobre Kenia.

Después de que Alejandra ahora de 25 años se dio cuenta que Larry de 21 tenía una pareja, acudió a la casa de los abuelos de Kenia y se llevó a la niña; advirtiéndole a Larry que, o le daba dinero o no la vería; la niña se convirtió en botín; Larry no supo de Kenia por quince días, fue entonces que su hermano se contactó con Alejandra para hacerle de su conocimiento que sus padres (los abuelos paternos de Kenia), estaban muy mal por no saber de la pequeña; la madre accedió, cuando la vieron se dieron cuenta de que algo no estaba bien en ella, la niña dejó de sonreír, tenía miedo y se mostraba desconfiada, cuando Larry cuestionó a Alejandra esta le hizo saber que así era la niña, le descubrieron moretes en una pierna Alejandra, argumentó que se había caído de la cama, y que se pegaba solita…

Larry no creyó en eso, durante dos años vivió con ellos y jamás observo ese comportamiento en la niña, Alejandra ya tenía una nueva pareja; Abel Alejandro Hernández Contreras, el saber a su hija con alguien que no conocía le generó desconfianza a Larry, habló con su familia y pondrían una denuncia; ya no pudo ser.

Kenia ingresó el pasado 7 de septiembre de 2017 de emergencia al Hospital Civil "Dr. Juan I. Menchaca", en Guadalajara, Jalisco. con graves lesiones en el cuerpo, especialmente en la cabeza, presentaba una fractura de cráneo, estaba entubada y reportada como muy grave, la última vez que Larry habló con ella, le preguntó si quería ir a McDonald’s, la niña dijo “Chi, papi”; esas fueron las últimas palabras que escuchó Larry de su nena, de su princesa, de su otra mitad.

El 8 de septiembre, a pesar del esfuerzo médico la pequeña Kenny como la llama cariñosamente la familia dejó de respirar, fue demasiado sufrimiento el que le dieron a su pequeño cuerpo.

Alejandra y Abel Alejandro su nueva pareja llevaron a la niña al hospital; argumentando que se había caído de la cama; cuando los tíos de Larry acudieron por el cuerpo de la niña; supieron que la necropsia arrojó, que la pequeña tenía signos recientes de ser maltratada; quemaduras de cigarrillos y diversos golpes. 

En Facebook fui etiquetada por una amiga de la familia con los rostros de la pequeña Kenia, Mirna Alejandra y Abel Alejandro, quien es acusado por la familia de haber asesinado a la niña en complicidad con su madre; y quienes por cierto se encuentran ilocalizables, desde el 9 de septiembre.

El 12 de septiembre de 2017, después de comentar que quería hablar con alguien de la familia de la niña, Larry me escribió diciéndome soy el papá de la niña.

La voz que escuche del otro lado de la línea no me dejaba abrigar más que el dolor que estaba sintiendo un joven de 21 años que perdió de la manera más brutal a su hija, Larry tiene ese enorme sentimiento de culpabilidad que la mayoría de los padres de niñas y mujeres víctimas de feminicidio poseen, se recrimina, el no haberla rescatado a tiempo, el no haberle dado todo el dinero que exigía Alejandra para dejarle ver a Kenia, tal vez eso la habría salvado; la despidió con un globo plateado acompañando el frío y diminuto ataúd blanco que abrazaba el cuerpo inerte de la hermosa niña de los ojos hermosos y sonrisa eterna, esa sonrisa que le fue borrada por un sujeto con poder y permiso para hacerlo, le cantó, le lloró el pasado 9 de septiembre; para enjugar sus lágrimas y firme buscar justicia por Kenny, porque no merecía lo que le pasó, dentro de la culpa; Larry nuevamente se reclama, ¿por qué no luchó más por ella?

Las palabras no dejan de fluir en mi mente; cierro los ojos y regreso a ese momento en que fui madre, la alegría desbordada en lágrimas, al ver al pequeño ser que acaba de salir de mi cuerpo, quien vivió y respiro de mí nueve meses, a quien enseñé a caminar, a pintar, a pensar, recuerdo alguna vez que lo vi llorar desconsoladamente porque pensó que me había ido sin él; ese llanto tan doloroso acompaña mi mente después de 22 años; recuerdo la culpa que sentí por haber provocado ese miedo al no verme.

Entonces trato de ir a ese momento en casa de Alejandra, imaginó el llanto de Kenia, la sorpresa en su carita, al no entender qué sucedía, ¿por qué la golpeaban?, ¿por qué mamá no hacía nada por evitarle ese dolor?; a los dos años los niños están experimentando el mundo, conociendo, entendiendo que son parte de él, para Kenny todo cambió en julio de este año, cuando la alejaron de sus abuelos paternos, cuando fue quemada con cigarrillos, cuando fue cobardemente asesinada a golpes, cuando pasó sus últimos momentos inconsciente, dejando caer su cuerpo al no soportar la tortura y el dolor.

Kenia tendría que estar en este momento en su cama, con una madre amorosa leyéndole un cuento para dormir, o con su papá viéndole a los ojos como solía hacerlo, o tomando su mejilla, o dándole un beso; Kenny no fue “nota roja”, su muerte paso desapercibida para los medios en Jalisco, no fue un gran escándalo, a nivel nacional, a nadie solo a quien la conoció le importó que la vida le fuera arrebatada a golpes, la información “importante” es otra, sí esa que le dice que aunque sumido en la miseria humana; México está avanzando. 

Las palabras nuevamente se agolpan, las preguntas ¿por qué?, ¿quién puede generar tanto terror en un ser indefenso?, ¿qué puede provocar la ira de un hombre para que dañe a una pequeña de tan solo dos años?, ¿qué poder le da verla ante él, lastimada, humillada? ¿acaso lo hace sentir más hombre?, ¡¿o se siente omnipotente al arrebatarle la vida a una niña?!

No sé, no hay respuesta, tal vez esa solamente la tenga Maquiavelo.

Kenny merece justicia; su padre la está buscando para ella; la ley debe dársela y las autoridades deben atrapar a los presuntos responsables y darle un poco de dignidad a quien solo le fue permitido estar 26 meses en este mundo.


Quieres contar una historia de feminicidio, desaparición, o intento de feminicidio búscame, ayúdame a visualizarlas. 
@FridaGuerrera
fridaguerrera@gmail.com

Feminismo comunitario-Bolivia. Un feminismo útil para la lucha de los pueblos

Feminismo comunitario 
http://conlaa.com 

El feminismo comunitario no es una teoría, es una acción política que se nombra, pero por supuesto hemos aprendido que además de luchar por el territorio, además de luchar en las calles, hay que luchar en el territorio de las palabras, hay que disputar la hegemonía de los sentidos y significados del pensamiento eurocéntrico.

El feminismo comunitario fue parido en Bolivia dentro del proceso de cambio llevado adelante por un pueblo que quiere vivir con dignidad, un pueblo que está cuestionando al sistema patriarcal, capitalista, neoliberal, colonial, transnacional, un pueblo comprometido con la despatriarcalización, la descolonización y la autonomía. El feminismo comunitario no es una teoría, es una acción política que se nombra pero, por supuesto, hemos aprendido que además de luchar por el territorio, además de luchar en las calles, hay que luchar en el territorio de las palabras, hay que disputar la hegemonía de los sentidos y significados del pensamiento eurocéntrico. Consecuentes con esa lucha, nos llamamos feministas y construimos nuestros propios conceptos como un acto de autonomía epistemológica. 

El feminismo comunitario hoy es un movimiento en Abya Yala que articula a hermanas de Argentina, Chile, Bolivia y México; es entonces una herramienta de articulación y lucha. Desde este feminismo que construimos cada día, creemos que sería injusto hablar de un movimiento feminista en América Latina y el Caribe, sí podemos hablar de colectivos y organizaciones, también de académicas y “estudiosas” que, en conjunto, no han logrado articularse pues siguen construyendo desde un feminismo colonizado y colonizante, sobre categorías insuficientes y fragmentadas, haciendo luchas temáticas, por los derechos, por la diversidad, por la inclusión, alejándose de la lucha contra el sistema. Hablamos de un feminismo que, al dejar de nombrar y de ver al patriarcado, o al reducirlo a la relación de los hombres hacia las mujeres, ha perdido la perspectiva revolucionaria y se ha vuelto funcional a éste. 

Establecemos que, en la actualidad, no hay un movimiento feminista, hecho que hemos constatado en el XIII Encuentro Feminista de América Latina y el Caribe EFLAC, realizado en Perú en noviembre de 2014 desde la institucionalidad de las ONGs. Encuentro al cual asistimos evidenciando la carencia no sólo de propuestas sino de rebeldía y capacidad de soñar. Creemos que es posible identificar algunos de los desafíos que hoy convocan a las feministas que decidan asumir la responsabilidad política de luchar contra el sistema patriarcal. Descolonizar el feminismo Para el feminismo comunitario el feminismo es la lucha de cualquier mujer, en cualquier parte del mundo, en cualquier tiempo de la historia, que lucha, se rebela y propone ante un patriarcado que la oprime o que pretende oprimirla. 

Entonces, descolonizar el feminismo es dejar de pensar, únicamente, desde los parámetros y categorías del feminismo eurocéntrico o de fechas como la revolución Francesa, porque han demostrado ser insuficientes y se han encerrado en un sistema de derechos que, en realidad, encubre los privilegios de unas y unos pocos frente a las opresiones de las mayorías. Descolonizar el feminismo es dejar de pensar desde la dicotomía del colonizador y el colonizado, es dejar de asumir el tiempo como lineal y el pensamiento como superador de las luchas, la clase como explicación suficiente y la posmodernidad como proyecto político.

Descolonizar el feminismo es volver a mirar al patriarcado en su complejidad. Para el feminismo comunitario el patriarcado es el sistema de todas las opresiones, no es un sistema más, es el sistema que oprime a la humanidad (mujeres, hombres y personas intersexuales) y a la naturaleza, construido históricamente y todos los días sobre el cuerpo de las mujeres. Descolonizar el feminismo ha sido, para nosotras, pensarnos frente al patriarcado recuperando la memoria larga de nuestros pueblos aymaras, huicholes, quechuas, mapuches, tzotziles, tzeltales, para construir un proyecto político de sociedad y de mundo, la comunidad y la comunidad de comunidades. Un desafío para el feminismo es dejar de dar solamente cuenta de las opresiones. 

No basta un feminismo de las explicaciones, hay que proponer y construir un proyecto político, esto implica reconocer que ser negra, ser lesbiana, ser joven, ser indígena, es una posición política pero no un proyecto político de mundo, que es lo que los pueblos en lucha demandamos hoy. Superar sus categorías y las formas sectarias de sus luchas No podemos seguir asumiendo que el feminismo se reduce a la equidad de género, a la igualdad, a la diferencia o a la lucha por los derechos, cuando los pueblos en América Latina y el Caribe luchan por otra forma de vida, en Bolivia por el Vivir bien. 

Superar las categorías del feminismo que ven la realidad segmentada y nos asumen a las mujeres como un tema entre tantos temas, un sector entre tantos sectores, que quiere incluirse en el sistema, es otro desafío. Esto implica, entonces, superar la visión de gueto, de superioridad, de lucha feminista desarticulada de la lucha de los pueblos. Sólo en la lucha con nuestros pueblos podemos aportar a visibilizar al patriarcado como el sistema de opresiones, hay que poner el cuerpo y no conformarnos con el colectivo, el performance o la academia. 

Un feminismo útil para la lucha de los pueblos 

Todo esto tiene que ver con el desafío mayor, construir un feminismo útil para la lucha de pueblos de los que somos parte, que reposiciona la discusión sobre el aborto en el campo de la autonomía y la descolonización del cuerpo y la sexualidad; que desmonta la maternidad en esclavitud y soledad con la crianza comunitaria como responsabilidad con la vida; un feminismo que, reconociendo en el trabajo impagado de las mujeres en el hogar la constitución misma del capitalismo, construya un modelo económico que no redite la explotación de nadie ni de la naturaleza. Un feminismo que construya modelos de recuperación de los recursos, circulación de los productos y convivencia con la naturaleza para Vivir bien. 

El feminismo comunitario ha encarado estos desafíos, hablamos desde un feminismo descolonizado, hemos construido conceptos, categorías y acciones útiles para desmontar el patriarcado y tenemos como propuesta la comunidad como forma de vida que se construye cada día y que es, a la vez, la forma de garantizar que el patriarcado no se recicle. Desde este camino, y sabiendo que es necesario hacer un movimiento feminista regional y mundial, convocamos al Primer Encuentro de Feminismo desde los Pueblos que se realizará en Bolivia el 2016, porque no hemos dejado de soñar y porque sabemos que los sueños se construyen cada día en comunidad.


Sobre la autora:
Adriana Guzmán Arroyo. Transgresora, rebelde, intensamente luchadora contra el patriarcado y la heterónoma. Es sin duda creadora de vida y sueños utopías. No calla las hipocresías del sistema ni tampoco sus ideas contundentes y revolucionarias. Desde las organizaciones sociales es reconocida por sus estudios y su experiencia política en Educación Popular, Ciencias de la Educación y Feminismo, herramientas que fortalecen la energía del Feminismo Comunitario. Nació en La Paz, Bolivia, hija de Amparo, nieta de Teresa y Elena, y creadora de Diana y Julia. Estudió Ciencias de la Educación en la Universidad Mayor de San Andrés, Bolivia. Fue parte de los movimientos sociales que enfrentaron la masacre del gas el 2003.

Antiprincesas para poder cambiarle la cara a Einstein


Los estereotipos de género nos influyen más de lo que pensamos

Estudios científicos han detectado que ya a los 6 años las niñas se ven menos inteligentes que los niños

 
Buenos Aires, 14 sep. 17. AmecoPress.- A un grupo de niñas y niños de entre cinco y siete años se les leyó una historia de una persona muy inteligente: mientras las más chicas asociaron la brillantez con su propio género -al igual que los varones de su edad-, las de seis y siete años fueron menos propensas a señalar a una mujer como inteligente.
Esta prueba forma parte de una investigación publicada en la revista Science, donde investigadores de tres universidades estadounidenses estudiaron la influencia de los estereotipos de género en las nociones de inteligencia y habilidad de los chicos. En una charla organizada por Escuela de maestros -el espacio de formación para docentes del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires- la semana pasada, se conversó sobre cómo desarmar esos clichés y acompañar -y encender- el interés científico de las estudiantes.

"Creo que falta incentivar a las jóvenes a que sigan carreras científicas; sobre todo, en disciplinas en las que su participación es muy baja y existe una percepción de que ’son carreras demasiado difíciles para ellas’. Eso requiere un cambio a varios niveles: por un lado, que en las casas se incentive (o, al menos, no se inhiba) desde los juegos o juguetes la interacción de las nenas con este mundo, así como que en el colegio se les presente la ciencia como una posibilidad a todos por igual", comenta a Clarín la doctora Noelia Weisstaub, co-directora del Laboratorio de Cognición Molecular del Instituto de Neurociencia Cognitiva y Traslacional de la Universidad Favaloro.

Si cuando pensamos en un modelo de científico, se nos viene a la cabeza un hombre canoso, de pelos parados y anteojos (similar a Albert Einstein), no es producto de la casualidad, sino que es el resultado de un modelo que se ve reforzado desde que somos chicos, en donde desde los libros hasta los programas de televisión nos muestran imágenes similares. Con ese "archivo" mental, las mujeres tendrán que hacer un mayor esfuerzo para "imaginarse" científicas, porque no tienen modelos de su propio género en los cuales reflejarse. Libros como Antiprincesas o películas como Hidden figures (Talentos ocultos) ayudan a construir nuevos role models que empujan a las chicas a imaginarse como astronautas o heroínas. Y el poder de los estereotipos se puede ver, también, en cómo fue variando la composición de género de los estudiantes de la carrera de Computador Científico de la UBA: mientras desde 1962 y durante algunas décadas las mujeres fueron mayoría, actualmente las mujeres representan solo el 18% de los estudiantes de informática.

Andrea Buccino es doctora en Ciencias Físicas. Se dedicó a la astronomía, área donde -asegura- existe una larga pelea de género que posibilitó que hoy haya paridad de género. Sin embargo, opina que "lo peor que nos ocurre a las mujeres en las ciencias llamadas ’duras’ es la autodiscriminación: a veces nos excluimos de aquellas tareas relacionadas a la parte ’más fierrera’ de los proyectos por autodiscriminación cultural, entonces, son pocas las científicas que están vinculadas a la parte operativa de proyectos instrumentales".
JPEG - 89.7 KB
Escuela de maestros -el espacio de formación para docentes del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires
Si bien en Argentina en varias carreras la cantidad de estudiantes mujeres es mayoritaria, la proporción de mujeres se achica a medida que se asciende en las jerarquías: mientras en la categoría de investigadores asistentes o adjuntos las mujeres representan el 60% y 54%, respectivamente, en los niveles principal y superior son el 39% y 26% (datos publicados en el sitio web de CONICET, con fecha de diciembre de 2016). Esto refleja una tendencia global: las mujeres representan solo el 30% de los investigadores del mundo y su participación es aún menor en los niveles de toma de decisiones, según cifras del Instituto de Estadística de la UNESCO (2016).

Situaciones de violencia, discriminación e incluso la maternidad van opacando el desarrollo de la carrera científica de las mujeres. "Si sos investigadora, desde hace poco tiempo se puede pedir una prórroga en la fecha de entrega de informes si fuiste madre recientemente; pero, a la hora de evaluar las promociones (es decir, cambiar de categoría a una mayor), no se tiene en cuenta si una investigadora fue madre recientemente o tienen hijos a su cuidado", explica a Clarín Vanina Fernández, doctora en Ciencias Biológicas y becaria postdoctoral de CONICET. La paridad de género aporta, además, una mirada más rica de la realidad, que decantará en una agenda de investigación más diversa.
Foto: Clarín.
— -

“El problema de las mujeres musulmanas es con el patriarcado, no con el islam”


Me enfrento a lo que cualquier otra mujer: ser minusvalorada y vilipendiada


La periodista Mónica G. Prieto, con más de 20 años de experiencia como corresponsal de guerra, acaba de publicar con Maruja Torres “Contarlo para no olvidar”, una conversación entre ambas sobre sus vidas reporteando.
Mónica G. Prieto es la corresponsal de guerra española en activo con mayor trayectoria y reconocimiento. Ha cubierto una decena de conflictos en los últimos 20 años: desde Chechenia y los Balcanes hasta los más conocidos de Oriente Próximo –ocupación palestina, Irak y Siria–. Conocida por la precisión y exquisitez de la escritura de sus crónicas, acaba de publicar con Maruja Torres “Contarlo para no olvidar”, una conversación entre ambas sobre sus vidas reporteando. Recientemente, también ha publicado junto al reportero Javier Espinosa “La semilla del odio”. De la invasión de Irak al surgimiento del ISIS, precuela del también imprescindible “Siria, el país de las almas rotas”. Conversamos con Prieto sobre periodismo, Oriente Próximo, las guerras siria e irakí, entre otras cuestiones.
“La Historia no es, como quisieran hacer creer los manuales escolares, una serie discontinua de fechas, tratados y batallas espectaculares y deslumbrantes […] si soportar la Historia (no resignarse ante ella: soportarla) es hacerla, entonces la desteñida existencia de una anciana es la Historia misma, la materia de la que está hecha la Historia…”.
Este extracto de la novela “La hierba”, de Claude Simon, define a la perfección el trabajo de Mónica G. Prieto, una periodista que siempre ha tenido claro que su oficio es el de documentar la historia en el momento justo de su desarrollo, pero desde las personas que sostienen y reproducen la vida, mientras sus mandatarios ordenan a las personas pobres a matarse en nombre de sus intereses. Así, no es extraño que nos encontremos un párrafo con semejante parecido en “La semilla del odio”:
La historia de Irak la estaban escribiendo personas como Nabija Abderrasul, una anciana de 84 años que, incapaz de caminar, obligó a su hijo Jalil Shaker a transportarla en brazos hasta el colegio electoral (…) “He votado en nombre de mis hijos… Los sacrifiqué por Irak. Quiero que el sol nos alumbre porque llevamos cuarenta años sumidos en la penumbra”.
Son pocas las oportunidades que tenemos de escuchar a esta periodista en seminarios y congresos porque lleva más de doce años viviendo fuera de España, la primera década en Oriente Próximo –con base en Jerusalén y después en Líbano– y desde hace dos en Asia, radicada ahora en China. Hablamos con ella coincidiendo con su participación en el XXI Encuentro Internacional de Foto y Periodismo ‘Ciudad de Gijón’.
- Patricia Simón (PS): Recientemente se ha publicado una investigación académica que evidencia que gran parte de la información que se publica en España sobre Oriente Próximo está filtrada por una visión islamófoba: la inmensa mayoría se elabora desde el prisma del conflicto, del machismo, de la sumisión de las mujeres, de la violencia… Sin conceder apenas espacio a informaciones positivas o de otras facetas de la realidad. ¿Cuál es su opinión?
- Mónica G. Prieto (MGP): En primer lugar, desde las direcciones se exige el enfoque islamófobo, seguramente por ignorancia y por el miedo que explicamos en la cita con la que iniciamos el libro. [“Es un ciclo tan antiguo como el tribalismo. Todo comienza con la ignorancia. La ignorancia genera miedo. El miedo genera odio, y el odio genera violencia. La violencia provoca más violencia hasta que la única ley viene dictada por la voluntad del más fuerte”. David Mitchell, El atlas de las nubes].
A menudo, el periodista tampoco tiene tiempo ni voluntad de reconsiderar lo que está escribiendo: asume que los musulmanes son terroristas y todos esos tópicos que están contribuyendo a establecer ese ‘nosotros contra ellos’. Es una cuestión de poca cultura y formación sobre las circunstancias de lo que está pasando y del islam, que es una religión tan compleja como la cristiana y sobre la que no se puede generalizar.
Se tiende a simplificar y banalizar, exactamente lo que hizo Bashar Al Assad (presidente de Siria) al principio de la revolución siria. Toda la población que se levantaba contra el régimen era tachada de salafista, de apoyar a Al Qaeda. Este tipo de generalizaciones termina minando el imaginario colectivo hasta el punto de que una gran parte de la izquierda europea lo cree. Es la misma trampa que nos vendió Vladimir Putin (presidente de Rusia) sobre los chechenos tras los atentados del 11S, que eran los mismos terroristas que atacaron a Estados Unidos. No, son una minoría musulmana a la que tienen reprimida desde los años 40 con Stalin.
Terminamos comiéndonos este tipo de trampas cuando el periodista está para cuestionar estos cepos dialécticos. Si utilizamos la misma terminología que los líderes que intentan enfrentarnos, somos corresponsables de la crisis de valores que estamos viviendo. Y cuidado con el papel de los medios de comunicación en estos enfrentamientos, porque ya vimos lo que pasó en Ruanda y en tantos otros sitios. Podemos terminar matándonos en un momento dado.
“Mónica G. Prieto fue la primera periodista española que consiguió, en 2011, burlar la prohibición del régimen sirio a la entrada de periodistas extranjeros para informar de la incipiente revolución. Desde el cerco de Baba Amr, el barrio de la ciudad de Homs en el que se alzó la revuelta, envió crónicas a “Periodismo Humano” y “Cuarto Poder” que documentaban los crímenes de guerra cometidos por el Gobierno”.
- PS: Recuerdo que en el reportaje “Nur, el alma de la revolución siria” contaba cómo era esta joven la que lideraba las protestas y que de los diez integrantes del comité de la revolución seis eran mujeres. Datos e historias que no son habituales en la prensa española, en la que las mujeres musulmanas suelen ser definidas desde la sumisión. ¿Cómo ha evolucionado su situación en Oriente Próximo desde la invasión de Irak?
- MGP: Hay una corriente de retroceso que afecta a toda la sociedad. No sólo a la musulmana, también a la nuestra, en valores y en todo. Es cierto que las mujeres musulmanas eran mucho más libres en los años 50 y 60, pero no ha habido una regresión o pérdida de derechos en la última década. De hecho, en los países más duros, como Arabia Saudí o Irán, han avanzando en derechos, aunque sea mínimamente. El problema es que los medios vendemos ese tópico de la represión de la mujer, de la imposición del burka; el hiyab es voluntario y es tan respetable como que aquí alguien se ponga el traje de faralaes. No hay que estigmatizar a un colectivo por su ropa.
Lo que sí hay es una generación de mujeres formadas, valientes y despojadas de los límites mentales que había antes gracias a internet y a las redes sociales. Incluso en las peores dictaduras todo el mundo maneja proxies para saltarse los controles. Son mujeres políglotas, que han visto lo que hay más allá de sus territorios, que hablan con mujeres de otros lugares del mundo, que saben que tienen la capacidad de rebelarse y que luchan por ello. Sólo hay que ver que cuando llegas a la estratosfera de los comités de las revoluciones árabes, lo que te encuentras son mujeres, porque tienen más iniciativa y son más valientes.
Y ése es uno de los misterios de los medios de comunicación: ¿por qué no dan más pábulo a este tipo de historias, de las que además podemos aprender tanto? Por ejemplo, en nuestra Europa de confort levantarse requiere poco esfuerzo. Pero ellas saben que si se manifiestan no sólo les van a disparar, sino que, si las llevan a prisión, las van a violar antes de hacerlas desaparecer… Recuerdo una manifestación en Homs en la que las mujeres estaban en la cabecera. Cuando les pregunté el por qué me contestaron que a ellas tardaban más en dispararles. Sabían que les iban a disparar. ¿Ésas son las mujeres oprimidas del islam? No, son mujeres con dos ovarios que tienen asuntos pendientes con el islam que abordarán cuando ellas quieran. Pero su problema ahora es con el patriarcado y con las dictaduras patriarcales.
Acuérdese de la Revuelta verde de Irán de 2009 –que no siendo un país árabe, está en la región que ha cubierto–, donde se dieron manifestaciones masivas con amplia participación de mujeres jóvenes.
Precisamente en Irán, en 2005, entrevisté a responsables de las campañas electorales de los candidatos Rajsanyani y Ahmadineyad, y ambas eran mujeres. O la abogada y premio Nobel de la Paz, Shirin Ebadi, una de mis referentes como pensadoras. Pero es que voy a Bangladesh y me encuentro con un país más pobre y radical en lo religioso de lo que me esperaba, pero donde su primera ministra es mujer y la jefa de la oposición también. Es decir, hay que recuperar la gama de los grises frente al blanco y negro.
“Identificar y exorcizar los propios prejuicios es otra de las señas de identidad del trabajo de Prieto. Lo comprobamos también en uno de los primeros reportajes que componen “La semilla del odio”, en el que recoge su encuentro con un miliciano del partido chií libanés Hizbulá, amputado por los bombardeos cuando se disponía a luchar contra los ocupantes: “’No somos chiíes ni suníes, somos musulmanes contra los ocupantes’”, me dijo orgulloso cuando le pregunté, presa de mis prejuicios, por qué combatía en nombre de un régimen suní”.
- PS: En “La semilla del odio” menciona la actitud paternalista que, en ocasiones, ha percibido por parte de ciertos compañeros. ¿Cómo ha sido esa relación y cómo ha evolucionado?
- MGP: Ese machismo me lo encontraba, sobre todo, cuando volvía a la redacción. Nuestro gremio es una representación de la sociedad, por lo que según han ido llegando compañeros más jóvenes, me voy encontrando con menos actitudes machistas. Lo que hay son cada vez más colegas femeninas. En mi última cobertura, en Corea del Norte, me encontré con que en el desfile de Kim Jong-Un, más del 65 por ciento éramos mujeres. Somos mayoría en las facultades y en las redacciones, el problema es que –salvo excepciones– quienes dirigen los medios son hombres. Y que en el terreno hay pocas al frente de los equipos: muchas mujeres videocámaras y fotoperiodistas, pero pocas Christiane Amanpour dirigiéndolos.
“Cuando regresaba de coberturas, enseguida me ponían a editar breves para que se me bajasen los humos, si es que los había. Es un reflejo de la sociedad patriarcal en la que vivimos”, confiesa Prieto en “Contarlo para no olvidar”, una apasionante, locuaz, divertida y enjundiosa conversación con la decana periodista y escritora Maruja Torres. En el libro, editado por 5W, las reporteras –que además de oficio comparten una profunda amistad– recorren sin pelos en la lengua sus respectivos inicios profesionales, sus conflictos con los jefes, su concepción del periodismo, su experiencia en Oriente Próximo, así como los obstáculos y ventajas que les ha supuesto ser mujeres en contextos muy masculinizados.
- PS: Maruja Torres y usted pertenecen a distintas generaciones, pero comparten la convicción de que para hacer un verdadero periodismo “hay que leer mucho para conocer los precedentes históricos, las declaraciones de unos y otros, por dónde va el cotarro, y llegar allí y mirar como si no supieras nada. Tener una mirada fresca y empezar a comprender” para poder narrar lo que hay más allá de lo evidente con un estilo propio, como explica en el libro. Pero, en la actualidad, lo que abunda en los medios masivos es opinión disfrazada de análisis, mucho más barata que el reporterismo, que en lugar de reafirmarnos en nuestros prejuicios y certezas –como hace la primera–, nos enfrenta a nuestros fantasmas. ¿Qué tipo de sociedades genera el consumo masivo de lo que Torres denomina “columnas onanistas”?
- MGP: Rosa María Calaf, otro referente del periodismo responsable y trabajo bien hecho, suele decir que “un organismo que se alimenta de comida basura termina enfermando, y una sociedad que se alimenta de información basura termina enfermando”. Creo que los Trump, los populismos, los ismos en general son en parte producto de una mala praxis generalizada en los medios de comunicación, una irresponsabilidad que se ha traducido en el hundimiento del prestigio de lo que fue un oficio necesario para la sociedad, y que ahora genera desconfianza hacia medios y periodistas. Entiendo que ya no resultemos creíbles como colectivo, aunque no se puede dejar en manos de internet la información porque se ha demostrado que cualquiera puede intoxicar y desinformar desde la red, donde no hay filtros para publicar. La figura omnipresente del todólogo -muy española, pero extrapolable a otros países-, la promoción de las columnas y de los periodistas onanistas y el ruido que generan las redes adormecen a la sociedad, la anestesian ante los retos.
Cuando nada merece ser creído, todo es puesto en duda: desde nuestra obligación como seres humanos a dar auxilio a las personas refugiadas hasta los crímenes que cometen los Estados. Si nada nos sorprende porque ya no nos creemos nada, terminaremos viviendo en la ignorancia, lo que nos expondrá a todos los abusos imaginables. La mala praxis periodística está debilitando, en definitiva, a la sociedad.
- PS: ¿Qué aspectos de la imagen estereotipada del reportero y reportera de guerra le gustaría que se desterraran de una vez?
- MGP: Es un trabajo sucio, duro, en el que duermes poco, mal y cuando puedes; en el que orinas y defecas cuando tienes oportunidad. Hay que desterrar la imagen idealizada: es un trabajo apasionante porque ves historia en el momento en el que se desarrolla, pero a un precio muy duro. Te enfrentas con la muerte, lo que duele mucho y te va dejando marcas que vas superando como puedes. También puede ser un trabajo tedioso, de esperas interminables en una trinchera, de pasar tres semanas de cobertura en las que no pasa nada. Y de perder dinero como una loca porque necesitas un fixer, un chofer, a los que debes pagar bien.
En la guerra todo es muy caro porque todo escasea: el combustible, la comida. Y la precarización del periodismo no ha afectado sólo a que no cuentes con respaldo económico porque se esté pagando la crónica a 35 o 50 euros (de 733 pesos a 1050 pesos mexicanos) sino que ya ni siquiera cuentas con un interlocutor, una persona a la que le puedas contar lo que has visto y que te haga preguntas que mejoren el resultado de tu trabajo. Todo esto se ha perdido porque o no hay jefe al que le interese, o eres freelance y, por tanto, no no lo tienes.
“Uno de los grandes valores del reporterismo y de la vida es la humildad. No creerte tú la noticia”, sostiene Prieto en Contarlo para no olvidar. De hecho, en sus crónicas y libros apenas aparece la primera persona del singular, un rasgo identitario de su escritura. Precisamente por eso, es destacable las dos veces que rompe con esta convicción en las páginas de los dos libros sobre las guerra siria e iraquí que ha escrito con Espinosa.
En “La semilla del odio”, cuando Prieto relata el ataque al hotel Palestina y las consecuentes muertes de los cámaras de televisión José Couso y Taras Protsyuk. Aquella noche los periodistas organizaron una vigilia con cirios en el jardín del alojamiento.
“Varios iraquíes se aproximaron para recriminarnos que no hubiéramos encendido velas por los incontables muertos que se había cobrado la invasión. Me enjuagué las lágrimas y agaché la cabeza avergonzada por aquel hecho incontestable. Fue una de las lecciones más duras que aprendí en esa guerra. El fantasma de la doble moral me acompaña desde entonces, ensombreciendo cada cobertura de zona de conflicto donde el percance profesional de un periodista extranjero copa páginas y portadas mientras la muerte de civiles no encuentra espacio entre los breves”, leemos. La segunda ocasión es en el epílogo de Siria, el país de las almas rotas, en un brutal ejercicio de sinceridad con el que los reporteros cerraban su etapa en Oriente Próximo: “El secuestro nos había convertido en una parte más del conflicto, despojándonos de la distancia del observador. Ya no éramos neutrales ni nuestros amigos sirios o iraquíes nos percibían como tales”.
- PS: Escribir en el terreno, con la premura de enviar las crónicas antes de la hora de cierre y sorteando todos los obstáculos propios de un conflicto, tiene que dejar muchas historias, matices y narrativas en el tintero. ¿Cómo ha sido la experiencia de releerse para escribir estos dos libros?
- MGP: Extraño. Pedimos a “El Mundo” todo el material publicado en esos 12 años de coberturas en Irak, releímos las libretas -en mi caso, 40; en el de Javier, 60–, y revisamos todas las fotografías que habíamos tomado. Tengo una memoria muy visual y al ver las escenas recordaba todo lo que me rodeaba. Lo más bonito fue acordarme de cosas que había olvidado. Tengo mala memoria, o quizás tal acumulación de vivencias que la memoria debe desechar algunas para hacer hueco. Un día, por ejemplo, me encontré en una de las libretas con una entrevista que no recordaba haber hecho. Llamé a Yaroub, nuestro fixer, y me dijo “claro, ¿no te acuerdas?”.
Era al guardaespaldas de Sadam Hussein y en ella reconstruía los últimos días del dictador. Aquella entrevista –que no había publicado en su momento– cobraba sentido años después. Los libros me han permitido unir hilos y tener una visión mucho más completa de Oriente Próximo.
Yo hacía muchas entrevistas para comprender, no para publicarlas.
Si un día no tenía nada que hacer, me iba a entrevistar a un historiador para que me contase la historia reciente de Irak. O casualidades maravillosas de la vida que van surgiendo. Uno de mis traductores durante la invasión, Abdel, un tipo íntegro y sólido, me llevó un día a comer a su casa para que conociese a su mujer.
Estando en el salón vi que donde antes estaba el retrato obligatorio en cada hogar de Sadam, cuya marca había quedado en la pared, había otro más pequeño de alguien que me resultaba muy familiar. Era su tío, Abdul Karim Qassem, que había sido primer ministro de Irak y ejecutado por el Baaz, el partido único del régimen. También mataron a toda su familia salvo a Abdel, porque en aquel momento tenía dos años. Pero el régimen le había machacado toda la vida por su apellido. Abdel había guardado el retrato de su tío todo ese tiempo y el mismo día que cayó Bagdad, lo colocó. Doy gracias a la vida por haberme puesto a tantas personas en el camino que me han permitido entender.
- PS: Estamos hablando de una época, la de la invasión de Irak y la posterior guerra civil, en la que Espinosa y usted se relevaban por estancias de hasta tres meses en el país.
- MGP: Sí, hemos pasado de coberturas de tres meses a de uno o dos días, de contar con dos semanas para hacer una buena entrevista, a tener que hacerla en una hora en texto, vídeo y fotos. Y así no tienes tiempo para hablar con la gente, empatizar, encontrar las historias. Se nos pide que estemos alimentando Twitter, Facebook, y al final decimos banalidades, simplificamos el mensaje. El tiempo que deberíamos destinar a entender, lo dedicamos a llenar espacios con palabras vacías.
Por eso sostengo que el periodismo internacional se va a convertir en un hobby caro de personas que tendrán otro trabajo y harán dos buenas historias por su cuenta al año. Una idea que desarrollé hace un tiempo y por la que me gané un enfado considerable de algunos colegas. Lo que estoy proponiendo es una salida laboral porque esto no va a mejorar. La única solución es sacarnos esta presión de encima de que tenemos que ser brillantes y seguir perdiendo dinero, porque no hay manera de vivir de esto.
- PS: En sus últimos reportajes, elaborados en un viaje a Corea del Norte con Javier Espinosa, hizo vídeo y fotografía. ¿Qué ha descubierto con esta experiencia?
- MGP: Constaté que no sé hacer vídeo y que es incompatible con cualquier otro formato. No puedo estar pensando en registro visual y periodista a la vez. Como siempre he tomado fotografías, terminé decidiendo que compartimentaría mi tiempo: las dos primeras horas para fotos y las otras para el texto, o al revés, pero no intercalo porque si no no estoy volcada en ninguno de los dos registros al cien por cien. Y el vídeo excluye todo lo demás. Con Corea me di cuenta de que había vuelto sabiendo una décima parte de lo que suelo aprender en un viaje. Es como pedir a un fontanero que alicate un techo. Pues no.
- PS: Al inicio de su carrera trabajó para grandes medios como freelance, después como redactora de El Mundo y, sin embargo, no dudó en sumarse desde sus inicios a proyectos como Periodismo Humano y Cuarto Poder. ¿Por qué?
- MGP: Porque es el futuro, porque los medios convencionales están abocados al fracaso. Y porque me siento corresponsable de lo que publica mi medio, de que se pueda estar instando al fascismo, al totalitarismo desde sus páginas y cómo eso pueda terminar afectando a cómo se juzga mi trabajo bajo esa cabecera. Soy muy cauta en mis textos, tengo un enorme sentido de la responsabilidad sobre lo que aportamos como periodistas a la sociedad. Y considero que el futuro está en Internet. Prefiero comprometerme con un medio que se adecue a mi visión del mundo y en el que se respete mi trabajo y por eso no he dudado en meterme en proyectos que son la vía natural de mis textos, porque se trata de difundirlos, de cumplir con nuestra función social. Hace ya muchos años que esto ya no es una vía para ganar dinero.
- PS: ¿Hay algo que no le haya preguntado pero de lo que le gustaría dejar constancia?
- MGP: Hay una historia a la que últimamente le doy muchas vueltas, la pregunta que sale en cualquier conferencia: “¿Cómo es ser mujer y trabajar en Oriente Próximo? ¿Cómo es ser mujer y…?”. Es una cuestión que me revuelve porque nunca me he identificado con una mujer, sino con una periodista, una especie de tercer género. Y así es como se me trata en el terreno, como a un persona que ha ido adonde caen bombas desde su zona de confort por ellos. Y te lo agradecen todos, árabes radicales, salafistas, wahabistas como Abu Leila, uno de los protagonistas de Siria, el país de las almas rotas, que arriesgó su vida por sacar de Homs a la periodista francesa Edith Bouvier, herida por un bombardeo.
Me resulta complicado explicar que la situación de las mujeres en el periodismo es extrapolable a la de toda la sociedad, que el problema no es el islam o el evangelismo, sino el patriarcado que nos machaca a las mujeres en cualquier escenario. Así que me enfrento a lo que cualquier otra mujer: ser minusvalorada y vilipendiada por todo aquello que en los tíos son virtudes. Esos hombres que creen que tienen que ser mejores que cualquier tía y que ven en ti reflejada su mediocridad. Yo no he sido reprimida en el mundo árabe por el islam, sino por unos cuantos individuos, como los que me reprimen aquí en España. Me irrita la pregunta porque la considero tópica y que transmite la imagen de que el machismo es propio de Oriente Próximo cuando aquí también lo hay.
*Este artículo fue retomado del portal de Pikara Magazine.
Mónica G. Prieto. / Foto: Javier Bauluz
Por: Patricia Simón* Cimacnoticias | Bilbao, Esp .- 


Halimah Yacob, primera presidenta de Singapur


Consiguió su primera cartera en 2011, como ministra de Deportes, Juventud y Desarrollo Comunitario, y dos años después ocupó la presidencia del Parlamento

«Yo soy la presidenta de todos», apuntó Yacob, cuyo puesto tiene carácter más representativo que ejecutivo


Madrid, 14 sep. 17. AmecoPress.- La musulmana Halimah Yacob se convertirá en la primera presidenta de Singapur al ser la única candidata que ha superado todos los requisitos para las elecciones a la jefatura del Estado.
Yacob, de 63 años y etnia malaya, se inició en política con el Partido de Acción Popular (PAP), que gobierna el país desde 1959. Entró en el Parlamento en 2001 y en 2011 fue ministra Deportes, Juventud y Desarrollo Comunitario y en 2013 fue designada presidenta del Parlamento.

Casada y madre de cinco hijos, se inició en política con el Partido de Acción Popular (PAP), que gobierna el país desde 1959, y entró en el Parlamento en 2001. Consiguió su primera cartera en 2011, como ministra de Deportes, Juventud y Desarrollo Comunitario, y dos años después ocupó la presidencia del Parlamento.
Hace aproximadamente un mes, renunció a la presidencia del Legislativo y se dio de baja en el PAP para poder concurrir a las elecciones presidenciales.
Yacob, acompañada por su marido y centenares de seguidores, pidió «unidad», en un discurso en inglés y malayo.
El Legislativo singapurés aprobó en 2016 una reforma de la Constitución por la cual los comicios presidenciales quedan reservados a una de las etnias de la multicultural ciudad-estado si ningún candidato de este grupo ha albergado el sillón en los últimos 30 años.
«Yo soy la presidenta de todos», apuntó Yacob, cuyo puesto tiene carácter más representativo que ejecutivo.
Yacob nació en 1954 en Singapur hija de un musulmán de origen indio y de madre malaya.
Fotos: Archivo AmecoPress.

Berta Cáceres y la impunidad



Luca Martinelli*
Ya ha pasado un año y medio de la muerte de Berta Cáceres, lideresa indígena hondureña asesinada a tiros en su casa la noche entre el 2 y 3 de marzo de 2016, dos días antes de cumplir 45 años. Dieciocho meses después, el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (Copinh), grupo que contribuyó a crear al comienzo de los años 90 y que coordinaba, quiso recordarla y celebrarla en la comunidad de Río Blanco, departamento de Intibucá, que con los años se ha convertido en un simbólico lugar de resistencia del pueblo lenca, como explica un comunicado.
La lucha para acompañar a Río Blanco a fin de defender el río Gualcarque, sagrado para el pueblo lenca y amenazado por la construcción del proyecto hidroeléctrico de Agua Zarca, fue la última gran movilización de los copines liderada por Cáceres, en el Honduras del posgolpe de Estado de 2009, que con mucha probabilidad representó su condena. A Cáceres no consiguió salvarla el premio Goldman, prestigioso galardón internacional que le entregaron en Estados Unidos en la primavera de 2015. Tampoco las demandas de justicia amplificadas por los medios de comunicación de todo el mundo logran mover al gobierno de su país a identificar a los autores intelectuales del asesinato cometido en el domicilio de Berta, en La Esperanza, donde resultó herido el ciudadano mexicano Gustavo Castro Soto, también activista y amigo de la víctima.
El proceso judicial se ha limitado a imputar a los meros ejecutores, mientras se sabe que muchos de ellos están vinculados con Desarrollos Energéticos SA (Desa), la empresa titular de la concesión para construir la presa de Agua Zarca. Por su parte, la Misión de Apoyo contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras de la Organización de los Estados Americanos ha abierto una investigación sobre este proyecto y las operaciones de la compañía en el país.
Las causas estructurales del asesinato de Berta Cáceres no han sido modificadas y por eso el Copinh seguirá en la lucha, y lo hará mientras nuestra voz, la voz de los lencas, no sea escuchada ni sea determinante en la definición de los proyectos que afectan a nuestros territorios, explica Bertha Zúniga Cáceres, hija de Berta, que a los 26 años fue nombrada nueva coordinadora general del Copinh, en 2017. Este consejo pide –según Zúñiga– el respeto de los principios de autonomía, libertad y autodeterminación de los pueblos indígenas reconocidos por el convenio 169 de la Organización de las Naciones Unidas, que Honduras ha ratificado, pero no aplica. Berta Cáceres y su memoria representan un símbolo de fuerza y de resistencia por el Copinh. Las comunidades siguen amenazadas, y después del asesinato de mi mami ha pasado lo mismo con otros militantes. Mientras tanto, el Estado hondureño no quiere resolver el caso judiciario (explica la nueva coordinadora del Copinh): en agosto hubo
una audiencia, reprogramada para el 6 de septiembre, que fue nuevamente postergada hasta el 27 de septiembre. ¿El motivo?: La falta de cumplimiento por parte del Ministerio Público de la orden de la jueza para que se entregue a los abogados del Copinh y la familia la información básica necesaria para participar en el juicio, explica un comunicado del Copinh. “Es una actitud constante –dice Bertha Zúñiga– que consideramos cómplice de los intereses que han llevado al homicidio de Berta Cáceres. Estas omisiones representan un símbolo de impunidad”.
A pesar de la salida de dos financiadores –Netherlands Development Finance Institution (FMO) y la Finnish Fund for Industrial Cooperation (Finnfund)– y de la suspensión del proyecto Agua Zarca, anunciada en julio de 2017, las amenazas para el río Gualcarque y la comunidad de Río Blanco siguen vigentes: “El Banco Centroamericano de Integración Económica sigue financiando a Desa, y los otros dos declaran querer cumplir un proceso de ‘salida responsable’, que traducen en una consulta en las comunidades del área, para preguntar a la población si quiere o no una presa hidroeléctrica”, cuenta Bertha Zúñiga. Eso viola el derecho de las comunidades a una consulta previa e informada, antes de cualquier autorización a un proyecto de este tipo, y representa un insulto a Berta Cáceres, al trabajo del Copinh y a las organizaciones solidarias, que desde 2013 han pedido en todo el mundo la cancelación de Agua Zarca, debido a la relación entre Desa y las violaciones de derechos humanos, que culminan con el asesinato de Berta y de otros activistas del Copinh. La consulta podría terminar alimentando conflictos entre las comunidades de la zona y poniendo en riesgo a todos los que viven en Río Blanco.
*Periodista italiano