9/20/2025

María Ignacia Rodríguez, «la madre de la patria»

 

.-Ciudad de México.- La Independencia de México, celebrada cada 16 de septiembre, fue un proceso político y social que terminó con el dominio español sobre el territorio de la Nueva España; sin embargo, esto no pudo ser posible sin la participación de mujeres quienes a lo largo del tiempo fueron estigmatizadas, como lo fue María Ignacia Rodríguez mejor conocida como la «Güera Rodríguez», cuya historia es narrada desde una mirada patriarcal, por eso los textos feministas la han rescatado para darle paso a una de las primeras feministas en el país.

La vida de María Ignacia es contada desde la estigmatización de una «seductora», destacando siempre su belleza de cabellera rubia, ojos claros y piel blanca. De acuerdo con el articulo «La Güera Rodríguez: la construcción de una leyenda» de Silvia Marina Arrom, su atractivo no se reducía a su belleza, sino a su capacidad de conversación que le permitió establecer varias relaciones. Es gracias a esto que, su participación en el proceso de la Independencia de México fue narrada a través de rumores y leyendas en torno a su vida sentimental.

Según explica el articulo, ella nunca militó de manera abierta en la insurgencia como otras mujeres de la época, pero su nombre aparece en denuncias que la vinculan con los insurgentes y los realistas. Su papel se caracterizó más por su influencia social y contactos estratégicos que por acciones militares o políticos de gran alcance, aunque su participación fue engrandecida hasta convertirla en una heroica legendaria conocida como la “Madre de la Patria”.

El primer incidente que la relaciona con el ámbito político tuvo lugar en 1809, cuando denunció ante las autoridades un supuesto complot de los europeos para envenenar al virrey Francisco Javier Lizana y Beaumont. La investigación apuntó que la acusación era falsa y el mandatario la desterró de la Ciudad de México por alterar la tranquilidad pública, orillándola a vivir en Querétaro.

El 13 de septiembre de 1810, dos días antes del Grito de Dolores, la denunciaron por financiar el plan de Miguel Hidalgo. Para 1814, surgió otro señalamiento por entregar 500 pesos en efectivo y vestimentas para las tropas. El documento apuntaba también que mantenía reuniones con los insurgentes Rafael Vega y Francisco Velasco, así como una relación cercana con Leonora Vicario, una de las mujeres mas comprometidas con la causa independentista.

Sin embargo, de acuerdo con el artículo, nunca se ha comprobado la veracidad de estas denuncias, es decir, que no se tiene certeza si estos apoyos fueron entregados por convicción ideológica, coacción de los insurgentes o estrategia para proteger sus haciendas y propiedades, las cuales se encontraban bajo el control de fuerzas rebeldes. Incluso algunas teorías señalan que María Ignacia se movió entre ambos movimientos para garantizar la supervivencia de su familia y bienes.

A diferencia de otras mujeres insurgentes que fueron encarceladas, perseguidas o despojadas, ella nunca sufrió un castigo, por lo que se reforzó la idea de que su papel fue más discreto y negociador que abiertamente rebelde.

Otros personajes con quienes se le relacionan es con el canónigo José Mariano Bustamante, un religioso abiertamente realista que ofició la boda de sus hijas; así como Agustín de Iturbide, miembro de la élite criolla y antiguo amigo de su familia, quien permaneció por muchas años leal a España antes de encabezar el movimiento independista.

La etapa en la que su participación se vuelve visible fue en la consumación de la Independencia en 1821, cuando su hacienda de La Patera, ubicada en las afueras de la capital, fue el escenario donde Iturbide, convertido en jefe del Ejército Trigarante, se reunió con el mariscal de campo y comandante general del cuerpo de artillería Francisco Novella y con el nuevo jefe político superior de la Nueva España, Juan O´Donojú para negociar los términos de guerra.

Aunque ella no tuvo una participación directa, este hecho la consolidó como un personaje importante en este episodio de México. Durante el Imperio de Iturbide (1822-1823) su familia ocupó varios puestos destacados en la corte y ella aparecía como una figura cercana al emperador.

No tardaron en circular rumores sobre una relación romántica entre ambos, versión que fue reforzada por textos de Vicente Rocafuerte, opositor al emperador, quien la retrató como una «seductora» o «musa» del mandatario, sin embargo, no existen pruebas documentales de esta vinculación.

Su vida en la Nueva España


María Ignacia nació en 1778 en la Ciudad de México, en el seno de una de las familias más distinguidas de la Nueva España. Su padre Antonio Rodríguez de Velazco era regidor lo que garantizaba prestigio y poder político, mientras que su madre María Ignacia Osorio Barba y Bello Pereyra descendía de un mayorazgo.

Aunque existen pocas referencias sobre su infancia, se sabe que creció en la élite novohispana rodeada de comodidades, una vida social activa y educación religiosa. Además sabía leer y escribir, algo inusual en las mujeres debido a las restricciones sociales de la época.

A sus 15 años se casó con el capitán José Jerónimo López de Villamil, heredero de un mayorazgo, lo cual aseguraba para ella un lugar de preeminencia en la aristocracia novohispana. Durante once años de matrimonio tuvo seis hijas e hijos, aunque uno de ellos falleció en la infancia. No obstante, de acuerdo con el artículo, el matrimonio fue violento y María Ignacia vivió los celos de su esposo quien ejerció violencia física en varias ocasiones e incluso le disparó con una pistola en 1802.

Aunque ella lo denunció por intento de asesinato, el capitán respondió con una demanda de divorcio eclesiástico donde a acusó de adulterio sacrilegio con tres sacerdotes. Sin embargo, la acusación no prosperó gracias a varios testigos quienes describieron la violencia que ella vivió en el matrimonio. En 1805, José Jerónimo murió dejandola viuda a sus 27 años y con cinco hijas e hijos bajo su cuidado.

Este episodio marcó una pauta en su vida en donde tuvo que enfrentar la vida adulta asumiendo el trabajo de cuidados y la responsabilidad de sostener económicamente a la familia. Dos años después, se casó con el médico acaudalado Juan Ignacio Briones, pero este falleció seis meses después de la boda, dejando a María Ignacia embarazada de su séptima hija. Aunque la unión fue efímera, esta le permitió ganar estabilidad económica con los recursos que heredó.

En 1808, la última hija de María Ignacia murió y ocho años después también lo hizo su hija Guadalupe debido a varios años en los que estuvo enferma. La Güera Rodriguez tuvo afectaciones a su salud con síntomas que eran compatibles con la tuberculosis y un cuadro grave que la llevó a redactar su testamento pensando en que su muerte estaba cerca. En este periodo, su vida estuvo atravesada por la pérdida, el dolor y la preocupación por la crianza de sus hijas e hijos.

María Ignacia pasó 17 años viuda en donde tuvo que administrar bienes, enfrentar pleitos legales y sortear crisis financieras. Aunque heredó propiedades y haciendas, muchas estaban hipotecadas, fueron dañadas por tropas insurgentes o sufrieron la depreciación que trajo la guerra. A pesar de esto, logró sostenerse gracias a su parentesco y sus vínculos con personajes influyentes, lo que le permitió mantener un lugar en la alta sociedad de la capital.

Tres de sus hijas ingresaron al prestigioso colegio de La Enseñanza, reservado para las mujeres de la élite, y más tarde se casaron con hombres nobles. Por otro lado, su hijo Jerónimo, heredero del mayorazgo Villamil, prosperó en la política y ocupó cargos en el Congreso. Aunque ella nunca obtuvo un título nobiliario propio, logró consolidar la posición de su descendencia dentro de la aristocracia.

Para 1825, ya con 46 años, María Ignacia se casó por tercera vez con Juan Manuel de Elizalde, un hombre chileno 12 años más joven que ella, quien contaba con una carrera en administración pública. Según su testamento, el matrimonio fue estable y armonioso, por lo que le agradeció de poner orden a sus finanzas y papeles. Juntos compartieron una vida tranquila, mientras que él ocupó cargos relevantes como gobernador del Distrito Federal y más tarde cónsul de Chile en México.

Incluso en su vejez, la Güera Rodriguez continuó siendo un personaje visible en la vida social de la capital. En 1940, Fanny Calderon la conoció personalmente y la describió como una mujer hermosa y simpática a sus 61 años. En 1846, durante la guerra contra Estados Unidos, se unió a un grupo de mujeres para organizar actividades benéficas, recaudar fondos y apoyar hospitales de sangre destinados a atender a los soldados heridos.

María Ignacia murió el 1 de noviembre de 1850 a los 71 años en su casa, la misma donde pasó gran parte de su vida. Tras su muerte, su memoria se desdibujó por décadas, ya que, pese a su participación en la Independencia de México no fue celebrada ni incluida en las listas de heroínas decimonónicas hasta el siglo XX cuando escritores y otras artes populares revivieron su historia.

Impulsan «Ley Tupperware» para dar derechos laborales a vendedoras por catálogo

 

Recordemos que la venta por catálogo se trata de una actividad altamente feminizada. Datos de Data México señalan que, en el primer semestre de 20205, se registraron aproximadamente 402 mil personas que laboran bajo este sistema destinando 14.9 horas a la semana. De este total, el 96.8% fueron mujeres quienes adquirieron un salario promedio de mil 780 pesos frente a los 4 mil 880 generados por el 3.1% de los hombres.

Por edad, la población de mujeres quienes mayormente se dedican a esta actividad tienen entre 45 a 54 años, con un total de 101 mil vendedoras. Por otro lado, del total de trabajadores informales, fueron las mujeres quienes conformaron el 97.4% generando un salario cerca de mil 750, mientras que el 2.59% de los hombres ganaron mil 340 pesos.

Las industrias que generan mayores salarios para las personas vendedoras por catálogo son productos textiles, artículos para el esparcimiento, así como perfumería y joyería. En estos dos últimos se concentró la fuerza laboral junco con la venta de mobiliario, equipo y accesorios de cómputo, teléfonos y otros aparatos de comunicación.

De acuerdo con la iniciativa, el reconocimiento de las personas vendedoras por catálogo en la Ley Federal del Trabajo es parte de los parámetros de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la cual apela al reconocimiento de todas las formas de trabajo decente. En adherencia, la instancia identifica la existencia de diferentes modalidades de empleo (temporal, parcial, por agencia, trabajo multipartita, empleo encubierto y por cuenta propia), las cuales implican la creación de condiciones de trabajo.

«En todos los casos, las empresas deberán pagar el aseguramiento en el régimen del seguro social y garantizar que las personas trabajadoras mencionadas en el párrafo anterior disfruten de todos los derechos reconocidos en esta Ley, en la Constitución y tratados internacionales de los que México es parte.», apunta el extracto añadido al artículo 285 de la Ley Federal del Trabajo

Esta ley tiene un antecedente importante. Fue el 16 de octubre del 2024 cuando Marat Baruch Bolaños López, secretario de Trabajo y Previsión Social (STPS), presentó en la conferencia de prensa matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, la iniciativa de reforma a la ley Federal del Trabajo (LFT) en beneficio de las y los trabajadores de plataformas digitales para brindarles IMSS, seguro frente a riesgos de trabajo, incapacidades, pensiones, permisos de maternidad y guarderías.

Lo que benefició a las mujeres que trabajan en medios digitales, como las repartidoras, las conductoras o las “Nenis”, a quienes se les permitió acceder a ciertos derechos que deberán ser obligatorios.

La Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH), estima que 5.5 millones de mujeres de 15 años o más vendían por internet en 2022, cifra 60% mayor en comparación con el año 2019 (antes de la pandemia). 

Este crecimiento representa un giro a los patrones de uso de comercio electrónico, dado que ahora hay más mujeres que hombres vendiendo por internet. Muchas de ellas se conocen como “Nenis”, pero también se encuentran en este rubro las personas repartidoras de comida o productos, así como conductoras y conductores contratados a través de una aplicación. 

Desmontando el sistema de venta por catálogo

De acuerdo con la investigación de «Relaciones de control y género en la venta directa por catálogo» de Diana Carolina Hernández Patiño, la venta por catálogo es la comercialización de diferentes productos a través de un compendio. De esta manera, la venta, entrega y cobro se realiza de manera personal con la posibilidad de pagar en plazos.

A través de las vendedoras, las empresas buscan llegar a la mayor cantidad de clientes siguiendo un sistema de comercialización que no depende de un punto geográfico fijo para que funcione. Ligado a esto, las compañías detrás son multinacionales con presencia en diferentes partes del mundo que ya cuentan con una estructura comercial y logística basada en el proceso de producción, distribución, publicidad y atención al cliente.

Para que una mujer se una como vendedora, los requisitos principales son cumplir con la mayoría de edad y no contar con reportes negativos. Una vez que son aceptadas, sus ganancias dependen de los montos de venta que realizaron llevándose del 20% hasta el 40% de la ganancia. Con la finalidad de incentivarlas, las empresas ofrecen premios basados en productos para el hogar o electrodomésticos y eventos de celebración una vez al año.

Sin embargo, detrás de este modelo de negocios, existe todo un sistema de opresión. En principio, no hay un jefe directo, sino líderes y gerentes quienes se colocan como las principales figuras de conexión y control entre las empresas y las vendedoras. Son las encargadas de guiar a las vendedoras en todo el proceso de venta y atender sus dudas, preocupaciones o inconvenientes.

La vinculación de las lideresas se da a través de contratos comerciales y no laborales, en donde, si bien no existe un horario de trabajo, sí deben cumplir con metas relacionadas a una cantidad de vendedoras asociadas, pedidos y cumplimiento de pagos. En consecuencia, para efectuar estos requisitos invierten entre 4 y 6 horas de su tiempo en sus estrategias de venta como visitar casa por casa o interceptar a mujeres en la calle.

La venta por catálogo implica su propio proceso de venta denominado campañas cuya duración depende de fechas específicas. En cada cambio, se presentan productos nuevos y por la misma razón existen plazos para realizar y recibir pedidos. Los catálogos, que incluye el precio y disponibilidad, se convierten en su principal herramienta de trabajo y estos pueden ser físicos o digitales.

Cada que entra en circulación un nuevo catálogo, comienza la comercialización con las vendedoras divulgando los productos entre sus clientes. Una vez que recogen el pedido se lo envían a la compañía, ya sea por el portal web o una aplicación. Días después, reciben el pedido físicamente y comienzan la distribución para finalizar con el pago a la compañía en un plazo no mayor a 15 o 20 días, de lo contrario no podrán realizar otro pedido hasta liquidar el primero.

El sistema de ventas por catálogo las condiciones de trabajo de las vendedoras se destacan por la precariedad de la ocupación y sus condiciones, los riesgos económicos y el uso o capitalización de los vínculos sociales de las mujeres para favorecer económicamente a las compañías.

Este sistema, al estar fuera del trabajo salariado tradicional o formas de trabajo independiente, se relaciona con el trabajo a domicilio o no clásico. No obstante, también tiene sus propias formas de control que se basan en discursos de empoderamiento femenino y la idea de negocio propio para lograr independencia financiera al mismo tiempo que se encargan del trabajo de cuidados y el doméstico, ambos no remunerados.

De acuerdo con los hallazgos en la investigación de Hernández, la publicidad para reclutar a las vendedoras se basa en incidir en la subjetividad de las vendedoras. Utiliza sus sueños y metas como un motor de impulso y va perfeccionándolo al ofrecerles capacitaciones para que las mujeres puedan ir ascendiendo de puestos como «embajadora de marca» o «coach de belleza» que no solo se dedique a mostrar los catálogos, sino a asesorar, recomendar y orientar a los clientes.

Pese a toda esta estructura, lo cierto es que las condiciones laborales de las mujeres trabajadoras por catálogo son escasas o casi nulas y esta situación deja ver la carencia de sus derechos laborales básicos como seguridad social, ingresos mínimos y estabilidad económica. Asimismo, el estímulo de la competencia entre vendedoras por reconocimientos es lo contrario de la idea de sororidad y el apoyo entre mujeres.

Cuestionan ejercicio de paternidad tras acusarlo de violencia feminicida. Caso Birkenbach

 

.-Ciudad de México.- La familia de la empresaria canadiense Ángela Birkenbach, víctima de feminicidio, denunció la existencia de una red de corrupción dentro del sistema judicial mexicano, la cual, aseguran, ha operado en favor del presunto feminicida, permitiéndoles obtener la custodia de los hijos y, con ello, el control de la herencia de la empresaria.

Ángela, propietaria del complejo turístico El Limoncito Hills, fue asesinada en Octubre del 2023 presuntamente por Sergio “N”, quien era su pareja y padre sus hijos. Él, actualmente se encuentra recluido en Nayarit como presunto autor intelectual del delito, junto con Alejando «N», presunto actor material de los hechos, sin embargo aún no se ha logrado que su caso sea llevado a juicio y con ello obtener una sentencia condenatoria.

En junio, la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes de Jalisco (PPNNA) retiró la custodia de los niños, hijos de Ángela a su madre, es decir, a su abuela materna, para entregarla a Rosalba Primavera, hermana del presunto feminicida, decisión que de acuerdo con la familia de la víctima, se dio mediante alienación parental, es decir, bajo manipulación de los niños para rechazar a la familia materna.

El 2017, Cimanoticias realizó la primera investigación sobre las orfandades por feminicidio y constató la ausencia de una política pública específica y de información estadística que mostrara las dimensiones de los efectos del feminicidio.

Periodista, Lucía Lagunes Huerta. Columna Orfandad por feminicidio

Lagunes Huerta afirma que «entre las víctimas invisibilizadas y desprotegidas por el Estado durante décadas están precisamente las y los huérfanos por feminicidio. Desde que en México se inició el registro del Feminicidio en la década de los 90, las niñas y niños huérfanas por estos crímenes machistas han quedado excluidas de la protección del Estado».

Detalla que se genera «una sobrecarga en las familias de las víctimas y en las mujeres en concreto, quienes han asumido el cuidado y manutención de estas niñas, niños y adolescentes que, en ocasiones, son testigos presenciales de los crímenes de sus madres, con todos los daños que eso implica».

Hijas e hijos de mujeres asesinadas, víctimas ignoradas del feminicidio

Cabe señalar que de acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) en Jalisco solo este año, es decir, de enero a julio del 2025, se han registrado 17 casos de feminicidio.

La abogada del caso, Pamela Pinedo, señaló que el caso se ha estancado debido al tráfico de influencias. Aún más grave, explicó Pinedo, es que los niños convivan directamente con el presunto feminicida dentro del penal, medida autorizada por la jueza Karina Camacho, del Juzgado Especializado en Niñas, Niños y Adolescentes, quien ordenó un régimen de visitas en la cárcel.

“Estamos ante un caso de revictimización infantil y violencia institucional. El feminicidio de Ángela no terminó con su muerte: sus consecuencias siguen afectando a sus hijos”, advirtió la abogada, quien insistió en que se debe impedir la convivencia con el agresor.

Además , recordó que, aunque Sergio “N” goza de presunción de inocencia, los jueces deben priorizar el interés superior de la niñez y cuestionarse: ¿qué pasa con los niños? ¿qué pasa con su derecho a crecer libres de violencia?

Pinedo enfatizó que actualmente no existe en México una ley específica que prohíba el régimen de convivencias para personas sujetas a proceso por feminicidio. No obstante un referente es la llamada Ley Monzón, que establece la suspensión de la guarda y patria potestad por el simple hecho de estar bajo prisión preventiva por feminicidio. Sin embargo, esta legislación aún no está vigente en Jalisco.

Jalisco, no es único estado que sufre las consecuencias de la ausencia de la Ley Monzón. Los estados en los que aún no se aplica son: Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Campeche, Coahuila de Zaragoza, Chihuahua, Chiapas, Guanajuato, Guerrero, Hidalgo y Jalisco. 

También a Michoacán de Ocampo, Morelos, Nayarit, Nuevo León, Oaxaca, Querétaro, San Luis Potosí, Sonora, Tabasco, Tlaxcala, Veracruz de Ignacio de la Llave, Yucatán y Zacatecas.

En Jalisco, recordó la abogada, lo que sí está en vigor es la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, que contempla ciertos supuestos en torno a la violencia de género, pero no establecen restricciones claras respecto a la convivencia entre agresores y sus hijos.

Ese vacío legal es precisamente el problema jurídico al que se enfrenta la familia Birkenbach. Según relataron, la jueza a cargo del caso señaló que no observaba indicios de alienación parental en los niños, conclusión a la que llegó únicamente tras una escucha, sin contar con peritajes ni evaluaciones de expertas y expertos especializados en la materia, a pesar de que la defensa los había solicitado en repetidas ocasiones.

Ante esta situación y la falta de cooperación de las autoridades mexicanas, Lionel Birkenbach informó que el caso ya fue presentado ante instancias canadienses, por lo que actualmente se encuentra en conocimiento de congresistas y de la embajada de Canadá. La familia espera que en los próximos encuentros diplomáticos con el Estado mexicano se aborden las inconsistencias del proceso.

Abandono institucional ante violencia intrafamiliar 

De acuerdo con el testimonio del hijo mayor de Ángela, el cual no es familiar de Sergio “N”, recuerda que al inicio parecía estable la relación de su madre con el agresor. Ambos viajaban y llevaban una vida aparentemente tranquila. Sin embargo, tras la muerte del padre de Ángela, cuando ella heredó el complejo turístico Limoncito Hills y otros bienes en México, comenzaron los conflictos.

De acuerdo a su testimonio, señala que el comportamiento de Sergio “N” se volvió cada vez más abusivo, tanto verbal como emocionalmente, y en varias ocasiones llegó a violentarla físicamente.

Incluso, recordó que en una ocasión tuvo que llamar a la policía para intervenir, pero Sergio “N” habría manipulado a los elementos para que se retiraran. Pese a los intentos de la familia por denunciar la violencia que vivía Ángela, las autoridades nunca resolvieron previnieron que esto escalara, pues, aseguran, él traficaba influencias.

Además, los familiares denunciaron que Sergio ejercía control financiero y psicológico sobre Ángela. Le hacía comentarios ofensivos sobre su cuerpo y su peso, la insultaba, y mantenía un estilo de vida financiado íntegramente por ella.

Hoy, Sheinbaum con una oportunidad histórica: nombrar a las mujeres que nos dieron matria

Ciudad de México.- Hoy, por primera vez en México, será una mujer quien dé el Grito de Independencia por la conmemoración de los 215 años de la separación del imperio español (1810-1821) y nos hemos acostumbrado al protagonismo de hombres quienes han ostentado el poder Ejecutivo al mismo tiempo que hacen alusión a los hombres involucrados en la historia independentista: sin embargo, esta esta noche podría ser diferente, Claudia Sheinbaum Pardo podría cambiar el ritual masculinizado y vindicar a las heroínas que nos dieron «matria».

En punto de las 23 horas y desde la Plancha del Zócalo capitalino, se espera que la presidenta Claudia Sheinbaum salga al palco presidencial y realicé el ritual que incluye algunos gritos que hacen alusión al momento de independencia de México, como lo hizo la madrugada del 16 de septiembre el sacerdote, académico y militar, Miguel Hidalgo y Costilla, quien inició la primera etapa de este proceso histórico en el pueblo de Dolores, Guanajuato.

La tradición de recrear el gritó aconteció gracias al expresidente Porfirio Díaz, quien trasladó la campana de Dolores a la Ciudad de México para ser instalada en el balcón central de Palacio Nacional. Desde su creación, esta costumbre fue liderada por hombres quienes solo nombraban a los «héroes de la patria» que, además del sacerdote católico, incluyen a José María Morelos y Pavón, Ignacio Allende, Vicente Guerrero, Agustín de Iturbide o Juan Aldama y con ello invisibilizaron la participación de las mujeres en el movimiento.

«La historia (es) la más difícil de nuestras conquistas, y la más urgente también. La Historia como un devenir mujer», menciona el libro «Inventoras de la Matria. Sobre las huellas visibles e invisibles de las mujeres en la Independencia de México», el cual describe que la narrativa sobre la construcción de México como nación fue escrita por hombres y vencedores quienes borraron la participación de grupos subrepresentados, entre ellos a las mujeres.

De esta manera, la obra califica la historia de la Independencia de México como patriarcal porque privilegia el protagonismo de los hombres y héroes fundacionales, racista al invisibilizar los nombres de personas líderes afrodescendientes e indígenas, y colonizadora porque se expone el involucramiento de héroes y heroínas de las altas castas de la Nueva España, sobre el resto.

Esta versión perpetua roles y estereotipos de héroes quienes se ostentaron como los «padres de la patria», una figura que encarna a un hombre héroe valiente, rebelde y católico. No da cabida a las esposas, madres, cuidadoras, hermanas, hijas, indígenas o mujeres afrodescendientes cuya participación fue silenciosa al ser fusiladas, olvidadas, encarceladas y olvidadas. Estas mujeres continuaron luchando incluso en contextos de enfermedad, violencia sistemática, privadas de la libertad o a pesar de ser castigadas con formas peores que en los hombres.

Todas ellas ayudaron a construir la matria, entendida como una identidad femenina para la representación simbólica de un país o una nación, «una historia hecha de luchas reales, variadas y heterogéneas, no sólo de unas cuantas heroínas y vencedores«, según describe el libro. La figura de la heroína se representa en menor medida desde el inconsciente colectivo patriarcal y falocéntrico, es decir, desde la visión de los hombres donde las mujeres solo entran en una de las categorías: diosa, virgen o prostituta.

Ejemplo de ello son Leonora Vicario, Josefa Ortiz, Gertrudis Bocanegra o María Ignacia Rodríguez quienes en la historia patriarcal encarnan a la esposa, la diosa-madre o la amante de los héroes. En este imaginario, una mujer no puede representar un arquetipo fundacional de la nación, por ello, desde el feminismo, se recuperó a las mujeres en la construcción de la matria, cuyo concepto no existe en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, pero que implica una noción de matriz-mujer-mater-madre.

Según explica Blanca E. Rivera del Río en su artículo «De heroína romántica a insurgente resituada en la matria: una crítica literaria (y algo más) a dos novelas inspiradas en Leona Vicario», el significado de matria es polisémico, aunque no se desprende de la metáfora para referirse a la reivindicación de una cultura basada en la no violencia y el reconocimiento de las mujeres que pusieron sus cuerpos en los territorios de lucha.

La matria también es la representación pluricultural y heterogénea de las mujeres a través de la gestación que da origen a la triada ancestral abuela-madre-hija: «Este es el parto que nos pertenece, que nos hace comenzar de nuevo a todas las mujeres (…) y el que queremos presenciar: el de nuestra matria», apunta Blanca E. Rivera.

De esta manera, se da origen a un nuevo orden político cuyas características se destacan por: colocar a las mujeres en primera persona para mostrar su existencia y conformar su identidad, impulsar la memoria desde una perspectiva anti-andocéntrica y anti-antropocéntrica, la presencia de la libertad individual y la lucha libertaria colectiva, privilegiar la experiencia de la gestación y maternidad como territorios resilientes desde una perspectiva indigenista y de derechos humanos, el devenir-mujer desde la subjetividad y autonomía de sus cuerpos, y la renuncia del lenguaje falocéntrico.

Sin embargo, la construcción de la matria no hubiera sido posible sin las mujeres afrodescendientes dando lugar a la matria negra, ya que, esta fue gestada por sujetas sociales que han sido estratégicamente invisibilizadas. Según datos del libro, cerca de 200 mil personas africanas arribaron al virreinato novohispano donde una de cada tres era una mujer, la mayoría fueron sustraídas de África.

De esta manera, África es considerada la madre de la humanidad a treves de procesos históricos y sociales. En la Nueva España, surgió el grupo de «Los Guadalupes», una sociedad secreta conformada por mujeres y hombres que adoraban a la Virgen de Guadalupe, una de las cuatro vírgenes venerada en la ciudad de México y oposición a la Virgen de los Remedios, asociada a la identidad colonizadora de España y del virreinato.

Esta deidad es morena y agrupaba a varios actores en la lucha como personas indias, afrodescendientes, españoles y criollos. Es una figura simbólica que se convirtió en identidad nacional de un país que aún no se conformaba y posteriormente tomaría el nombre de México. Dicha fracción apoyó ideológicamente al movimiento insurgente donde la participación de las mujeres era fundamental al no levantar sospechas sobre su participación activa en el movimiento.

«México no es el país del padre, es la matria lo que emerge de desordenar la Nueva España. Tiene entonces la Guerra de Independencia un vientre y no un falo, un espacio en la historia que gesta y amamanta» apuntan Denisse Buendía y Xochiquetzal Salazar en el ensayo «Matria Negra».

De esta manera, señalan que la matria es la posibilidad de desentrañar conceptos como identidad, raza, lengua y color.

No solo descentralizó lo hegemónico y patriarcal, sino que «desdibujó por un breve instante la frontera entre esclavas, libertas, indígenas y criollas para volverse cuerpos históricos donde se gestó una de las tantas luchas por las libertades»

De esta manera, según afirman Buendía y Salazar, borrar a las mujeres de la historia no es un hecho anecdótico o casual, sino político, pues pese a que ellas participaron activamente en la revolución, la versión patriarcal las vuelve invisibles y hoy, la primera mujer presidenta de México tendrá la oportunidad de cambiar la historia si decide evocar la matria.

Sixtina Martínez, la enfermera que ayudó ante la catástrofe de los sismos en CDMX

 

Según describe Sixtina, el rol de las mujeres en contextos de catástrofe como los sismos del 1985 y 2017 es fundamental, ya que tienen sensibilidad que les ayuda a detectar más rápido las necesidades de una persona en momentos de crisis. Asimismo, apuntó que son ellas quienes se vuelven más participativas con las personas que requieren ayuda.

CIMAC Foto/Sixtina Martínez Pérez a sus 63 años de edad

En punto de las 7:19 de la mañana del 19 de septiembre de 1985, en México ocurrió un sismo de 8.1 grados en la escala de Richter. Como consecuencia del movimiento se derrumbaron construcciones y el pavimento se levantó en diferentes estados. La Ciudad de México quedó incomunicada por varias horas y con riesgo de otros peligros como explosiones de gas, ante el clima desolador y la inacción por parte del gobierno de México, la población comenzó a organizarse.

Para ese momento, Sixtina tenía 23 años y llevaba cinco meses laborando como auxiliar de enfermería en el Centro Médico ABC. En ese momento, no tenía ningún conocimiento sobre la materia, puesto que se encontraba saliendo de su último año en el Colegio de Bachilleres Plantel 8 en Cuajimalpa. Ella solo se encargaba de limpiar y lavar el instrumental en el sótano donde estaba el central de equipos y esterilización.

Su jornada laboral comenzaba a las 7 de la mañana y terminaba a las 3 de la tarde, al mismo tiempo en que las clases comenzaban. Gracias a uno de los líderes sindicales del hospital, la directora de enfermería le permitió retirarse antes y al mismo tiempo, uno de sus profesores la dejaba llegar tarde siempre que entregara un memorando para acreditar que estuviera trabajando.

Con esta rutina fue como Sixtina terminó la preparatoria y cuando le tocó decidirse por estudiar una carrera universitaria sus posibilidades fueron limitadas, ya que no podía pagar la carrera de médica como a ella le hubiera gustado. Al seguir trabajando en el Hospital ABC, optó por estudiar enfermería en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Xochimilco.

Crédito: archivo fotográfico de los Hermanos Mayo retomados de Secretaría de Gobernación

Al momento en que comenzó el temblor, ella se encontraba en el Hospital ABC. Nunca había presenciado un sismo de esa magnitud y ante la incomunicación en la que se encontraba la ciudad, se quedó parada esperando por información, ya que, según narró, en ese entonces no existían protocolos de seguridad ante temblores como los simulacros.

«Tenía un compañero ya muy grande, él se puso de rodillas y empezó a rezar y los demás nada más nos quedamos paraditos esperando a ver qué pasaba, no corrimos, no salimos, no nada (…) no había como ahorita te hacen a que hagas simulacro, te explican, te dicen qué es lo que debes de hacer, pero en aquel tiempo tú sobrevivías como pudieras.» -Sixtina Martínez Pérez.

Una hora después del temblor se enteró por la radio sobre la situación de la ciudad, pero no tuvo acceso a imágenes en la televisión porque no había luz en el edificio hasta la noche. Sixtina se fue a su casa junto a tres de sus compañeras quienes no pudieron regresar a sus casas en el estado de México. Al día siguiente, todas regresaron al hospital en donde les advirtieron que, si querían ir a ayudar, fueran por cuenta propia.

En tanto, supo que la UAM Xochimilco mandó a sus estudiantes de primer semestre en enfermería a ayudar a las personas damnificadas en vecindarios ubicados en lo que ahora es el barrio de Tepito, perteneciente a la colonia Morelos, entre los límites de las alcaldías Cuauhtémoc y Venustiano Carranza. Conforme se adentró a la zona, pudo observar el ambiente devastador con familias enteras que no tenían a dónde ir y optando por quedarse en la calle a dormir.

Si bien el gobierno comenzó los trabajos para la reconstrucción de la ciudad, fueron las personas quienes llevaban comida, ropa y víveres. Como estudiante, Sixtina elaboró remedios caseros a través de recetas que le entregó su universidad como jabones, champús y antisépticos pensados para el cuidado y el aseo de las familias.

A Sixtina le tocó dar pláticas de primeros auxilios para enseñarle a las personas a cuidar sus heridas. Las principales lecciones se basaron en cómo lavarlas, vendarlas, y medicarlas con los antibióticos que llegó a elaborar para después vendarlas. Asimismo, salió a barrer a las calles, quitar los escombros que pudieran y de vez en cuando llevó comida.

Otro tipo de ayuda que brindó fuera de la atención médica fue cuando llegaban otras personas a querer colaborar. Sixtina se dedicó a orientarlos hacia dónde tenían que ir o que insumos más necesitaban las familias. Lo mismo ocurrió cuando en el lugar arribó la asistencia legal para ofrecer servicios, ella les indicaba que tipo de necesidades tenían las familias.

Gracias a este fenómeno, se creó un Sistema Nacional de Protección Civil con el objetivo de prevenir y cuidar de la seguridad de la ciudadanía y aminorar los daños provocados por desastres naturales. En relación de este episodio en la historia de México, se creó el Sistema de Alerta Sísmica con programas para crear una cultura de prevención mediante simulacros y enseñar cómo actuar y dónde protegerse.

2017

El 19 de septiembre de 2017, 32 años después de aquel primer sismo vivido, un segundo terremoto aconteció a la 1:14 de la tarde. En esta ocasión se registró un movimiento de 7.1 grados en la escala de Richter con epicentro en Axochiapan, entre los límites de Morelos y Puebla y a 120 kilómetros de la Ciudad de México. De nueva cuenta, se derrumbaron edificios y casas que dejaron a varias familias afectadas.

Sixtina viajaba en el vagón de mujeres del metro de la Ciudad de México, exactamente en la estación Centro Médico de la Línea 3. Estaba transportándose hacia su trabajo en el Centro Médico Nacional La Raza cuando se despertó por los gritos de varias mujeres que estaban enterándose del sismo a través de las alarmas de sus celulares.

Cuando todas las pasajeras y pasajeros se bajaron, Sixtina junto con otra joven enfermera, que se hallaba en su mismo vagón, les pidieron a las mujeres que se replegaran y advirtieron que no intentaran correr hacia la salida, ya que estarían más seguros en la estación. La otra mujer llevó el mismo mensaje hacia el resto de las personas que se encontraban en el área mixta.

Una vez que se terminó el temblor se dirigió al hospital donde trabajaba; sin embargo, llegó hasta las 6 de la tarde, después de varias horas en las que se pasó dentro de un taxi intentando encontrar una ruta que no estuviera cerrada para las ambulancias o afectada por el sismo. Aunque no le tocó recibir a ninguna persona lesionada, al llegar a su lugar de trabajo revisó a sus pacientes, ya que la mayoría fueron sacados del edificio.

Crédito: Centro Nacional de Prevención de Desastres retomada de Secretaría de Gobernación

Mirando su propia historia en retrospectiva, Sixtina confirma que no se arrepiente de haber ejercido la enfermería, sino que lo desempeñó “con mucho amor”. Pese a los constantes problemas de la profesión como el trato de los pacientes hacia el personal, ella describe que desarrolló la empatía y sensibilidad para ayudar a la gente.

“Como que siempre estás dispuesta a ayudar (…) a lo mejor a mí no me pasó nada, pero a los demás sí. Y viendo la situación en la cual se encontraban (las personas afectadas), pues más te vuelves más sensible.”-Sixtina Martínez Pérez.

Liderazgo de mujeres en contextos de catástrofes

De acuerdo con el articulo «Mujeres como líderes en contextos de gestión de riesgo y desastres para una reconstrucción resiliente y sostenible» en los últimos años se fue reconociendo el protagonismo de las mujeres en desastres o catástrofes, entendida como una emergencia en la que la sociedad afectada, dentro de un contexto territorial especifico, no puede hacer frente a la situación con sus propios recursos.

Actualmente, el Marco de Sendai para la Reducción de Riesgos de Desastres (2015-2030) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) -documento utilizado como una hoja de ruta para los Estados en cuando a la prevención de riesgos de desastres, recomienda la necesidad del empoderamiento y liderazgo femenino en la gestión de situaciones de emergencia para el logro de la equidad de género.

En sus inicios, los estudios sobre desastres apuntaban que los fenómenos naturales afectaban por igual a toda la población; sin embargo, gracias a la inclusión de las diferentes experiencias de mujeres y hombres se visibilizaron las desigualdades de género preexistentes como un factor de vulnerabilidad. Es decir, que este tipo se fenómenos afectan de forma diferenciada a las personas por su sexo y, por lo tanto, su capacidad de respuesta no es la misma.

«Los diferentes recursos con los que deben responder a la emergencia; las diferentes necesidades y prioridades que presentan; los diferentes roles que asumen en el proceso de recuperación y la mayor vulnerabilidad de las mujeres debido a un rol socialmente construido.»

A su vez, los últimos estudios recuperaron las capacidades de las mujeres, así como su rol activo y de liderazgo en contextos de catástrofes, superando la visión tradicional que las cataloga como «víctimas». El texto también describe que la organización de las mujeres toma forma en tres momentos diferentes.

El primero está enfocado en la atención a las consecuencias inmediatas al desastre con tareas delegadas al rol femenino como el trabajo de cuidado en la esfera familiar, limpieza, contención y protección de las hijas e hijos. Esta gestión permite atenuar los efectos del desastre, favorecer la rápida recuperación de la cotidianidad y reducir los daños mayores.

Posteriormente, se desarrolla la actuación en la emergencia con la atención a las necesidades de la comunidad y la generación de redes. Las mujeres acuerpan para cubrir las necesidades básicas de otras y gestionar la ayuda externa para el territorio. Esto permite el acercamiento a la primera red de apoyo en espacios comunitarios donde adquieren el rol de administrar la entrega de ayuda a la emergencia.

En adherencia esta la reconstrucción que incide en dos espacios: en el espacio comunitario donde las mujeres impulsan el encuentro y apoyo mutuo para que la comunidad pueda organizarse, y en el hogar logrando desconectarse por un momento ante las necesidades masculinas asumiendo el liderazgo para gestionar recursos y organización.

Trabajo de cuidados, la otra cara del postparto

 

El puerperio es la etapa que comienza una mujer inmediatamente después del nacimiento. Suele decirse que tiene una duración de 40 días, aunque puede extenderse por meses e incluso hasta un año. En ese período retroceden los cambios que se produjeron durante el embarazo. Existe un puerperio inmediato que se produce en las primeras 24 a 48 horas inmeditatas luego del parto, en los que las mujeres puérperas experimentarán grandes cambios tanto a nivel físico como emocional. Sea cual sea la etapa del puerperio en que la mujer se encuentre, requerirá apoyo especial de su entorno más cercano. UNICEF

En entrevista para Cimacnoticias, Brisa Armenta, sexóloga de la organización Psicobienestar y Sexualidad Integral, declaró que una mujer atraviesa diferentes cambios en su cuerpo desde que comienza su embarazo e incluso después de este. Por ejemplo, los órganos se mueven de lugar para dar espacio al crecimiento del feto y este mismo hace presión en la zona pélvica causando incontinencia urinaria.

Para Armenta, no se debe perder de vista los aspectos psicológicos y emocionales cuando una mujer se convierte en madre, ya que debe adaptarse a nuevos roles que le son otorgados es sociedades patriarcales, uno de ellos es el trabajo de cuidado que recaen en las mujeres al considerar que es algo inherente a su género. Debido al trabajo que implica cuidar y alimentar a un recién nacido, pueden presentar falta de sueño y cansancio que influye en su deseo sexual.

Datos de la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC) 2022 mostraron que en México hay 58.3 millones de personas susceptibles de recibir cuidados en los hogares. Entre ellos, la población infantil entre 0 a 5 años representó el porcentaje más alto de cobertura de cuidados llegando a conformar el 99%; pero también se encuentran personas con discapacidad o dependientes, infancias y personas adultas mayores. 

No obstante, son las mujeres de 15 años en adelante quienes mayormente se dedican a esta tarea conformando el 75.1% de personas cuidadoras. Además, ellas atienden principalmente a niñas y niños, así como se hacen cargo de los cuidados del hogar. De las mujeres que proporcionan cuidados, el 39.1% afirmó tener cansancio; 31.7% disminuyó su tiempo de sueño; 22.7% sintió irritabilidad; 16.3 sintió depresión y el 12.7% vio afectada su salud física. 

Algunas mujeres también tienen un empleo remunerado que balancean con el trabajo de cuidados. La encuesta reveló que la tasa de participación de las mujeres económicamente activas que brindan cuidados es de 56.3%. Además, personas de entre 15 a 60 años, el 42.7% estuvieron en desacuerdo con llevar a las infancias a una guardería o estancia infantil y el 50.6% manifestó no estar de acuerdo con dejar a las personas mayores a una institución para su cuidado. Esta situación muestra una negativa de delegar el trabajo de cuidados a terceros.

Por otro lado, la auto imagen de las mujeres en el posparto también se coloca como un factor esencial y tampoco se sienten cómodas por cómo lucen causando síntomas de inflamación e inseguridad en ellas: «Es como una serie de sensaciones, dicen algunas pacientes, como si te hubiera atropellado un carro y entonces es como un poco de todo», mencionó Brisa Armenta.

Por lo tanto, para que el cuerpo se reconfigure a su estado anterior necesita tiempo de reposo. Esto aplica especialmente cuando atravesaron por procesos de cirugía como una cesárea, llevándola a no forzar su cuerpo hasta que pueda cicatrizar completamente, ya que en el proceso se abren varias capas de la piel y en promedio se estiman 2 años para que pueda cicatrizar al interior.

A los cambios fisiológicos se suman los bajos niveles de libido que les provoca no querer tener relaciones sexuales. Los motivos de que esto ocurra pueden ser debido a síntomas psicológicos, baja calidad de relación, estrés, agotamiento o sensación de experiencia negativa del parto como daño perineal. Otro factor importante es la lactancia materna debido a que suprime la ovulación y la menstruación, según establece el artículo.

En el posparto tardío, a partir de los 40 días después de dar a luz, algunas mujeres llegan a experimentar bajo libido sexual como producto de cambios anatómicos, fisiológicos, psicológicos y sociales propios de esta etapa, sin embargo algunas se enfrentan a presión de sus parejas para retomar la actividad sexual, lo que en algunos casos puede derivar en situaciones de coerción.

De acuerdo con el articulo «Conflicto sexual sobre sexo ¿Una consecuencia subestimada del parto?» en algunas sociedades son los hombres quienes desean tener familias numerosas y este factor es determinante en los conflictos sexuales de pareja durante el posparto. A esto se suma que por lo general ellos presentan un libido más alto que ellas en esta etapa, por lo que, suelen presionar o forzar a sus parejas para que suceda el acto sexual en esta etapa, un fenómeno que es invisibilizado y difícilmente nombrado como violencia sexual.

Las consecuencias no de cumplir con la cuarentena

De acuerdo con Brisa Armenta el periodo en promedio de espera antes de llevar a cabo un acto coital completo es entre 4 a 6 semanas en lo que se recupera el cuerpo físicamente. De no esperar a que el cuerpo descanse, las mujeres pueden experimentar desgarre vaginal, abertura del cuello uterino y sangrado posparto (sangre, tejido uterino, moco y otros restos del útero).

Asimismo, la vagina también puede presentar sequedad por los cambios hormonales dados del parto, por lo que no pueden lubricar y si se lleva a cabo el acto sexual con penetración puede provocar laceraciones o rozaduras. Esto no es cómodo para las mujeres e incluso algunas deben usar lubricantes cuando retoman la actividad sexual para ayudar al cuerpo.

El suelo pélvico también se encuentra débil después del parto e incluso el personal médico llega a recomendar ejercicios para ayudar a recuperar el tono muscular de la vagina, ya que se encuentra lastimada por el peso que tuvo que cargar durante el embarazo, pero también por aquellas mujeres que parieron vía vaginal, de lo contrario las madres pueden perder la capacidad de sostener esfínteres.

En adherencia, los tejidos genitales también se encuentran sensibles o inflamados después del parto y esto puede durar varias semanas. Esta situación provoca que durante una penetración existe presencia de dolor e inflamación.

Por esta razón, Brisa apuntó que es necesario que las mujeres identifiquen si se sienten listas física y mentalmente para retomar la actividad sexual fuera de una situación de coerción o presión por parte de sus parejas, el cual puede derivar en varias violencias y terminar en una situación grave de emergencia médica.

Para evitar estas situaciones, la sexóloga recomienda mantener una comunicación abierta entre parejas sobre cómo se sienten y cuáles son sus deseos y necesidades para que la relación se nutra.

Retomar la relación sexual de forma segura

En caso de que ambos quieran retomar la relación sexual, existen formas más seguras para obtener placer sin que exista una penetración, ya que el erotismo no solo se consigue a través de los genitales u órganos sexuales.

Una vez que se comience con las penetraciones se debe tener en cuenta que la mujer no estará completamente lista, por lo que no podrá realizar posiciones sexuales con facilidad. Regularmente se debe empezar con posiciones donde ella no haga mucho esfuerzo o que el hombre no aplique mucha fuerza, de lo contrario puede provocar que las mujeres ya no quieran tener contacto sexual por miedo a sentir dolor.

El mundo enfrenta aumento de violencia sexual contra mujeres como arma de guerra

 

De acuerdo con la ONU, el 92% de las víctimas de violencia sexual en contextos de guerra son mujeres y niñas, pues es a través del control de sus cuerpos que se ejerce represión política, terrorismo y tortura, consecuencia de crisis políticas, humanitarias y de seguridad.

Sin embargo, pese a que el incremento es alarmante, la organización advierte que este aumento no refleja con certeza la realidad mundial, ya que solo se incluyen casos verificados por la ONU en 21 países. En varios territorios aún no ha sido posible comprobar el uso de la violencia sexual debido a la denegación de acceso a la información, pero eso no quiere decir que no esté sucediendo.

Afganistán

En Afganistán se documentaron distintos incidentes de violencia sexual, como violaciones y matrimonios forzados contra cinco mujeres, cuatro niñas y dos niños. En varios casos estuvieron implicados funcionarios talibanes y hombres no identificados. No obstante, bajo un clima de impunidad y criminalización, ha sido imposible vigilar y notificar con precisión la violencia sexual relacionada con el conflicto.

Esta situación se agravó en agosto de 2024, tras la imposición de la Ley sobre la Propagación de la Virtud y la Prevención del Vicio, que recrudeció las restricciones contra las mujeres mediante medidas como la obligación de viajar acompañadas por un familiar varón, la imposición de códigos de vestimenta estrictos y la segregación por género en espacios públicos.

En enero de 2025, la Fiscalía de la Corte Penal Internacional concluyó que la violencia contra las mujeres afganas se incrementó desde abril de 2021, con el regreso de los talibanes al poder. Documentó violaciones y otras formas de violencia sexual contra mujeres acusadas de infringir las normas discriminatorias, de protestar contra ellas o incluso de manera aleatoria cuando se encontraban en público o en situaciones de vulnerabilidad, como al estar detenidas.

República Centroafricana

En la República Centroafricana, país sin litoral ubicado en África Central, la situación no es distinta para las mujeres. Según la ONU, en 2024, en las regiones occidentales y orientales las mujeres y niñas estuvieron expuestas a mayores niveles de violencia sexual relacionada con el conflicto, a raíz del deterioro de las condiciones de seguridad provocado por los enfrentamientos constantes en el contexto de las operaciones militares.

La Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas en la República Centroafricana (MINUSCA) documentó varios casos de violencia sexual relacionada con el conflicto, incluyendo violaciones individuales y colectivas, matrimonios forzados y esclavitud sexual. Estos crímenes afectaron a 215 mujeres y 191 niñas, perpetrados en su mayoría por grupos rebeldes.

En Bomú (localidad africana) mujeres y niñas fueron violadas y secuestradas por elementos del Frente Popular para el Renacimiento de la República Centroafricana (FPRC) y de la Unidad por la Paz en la República Centroafricana (UPC). Algunos de sus integrantes las agredieron bajo la sospecha de que colaboraban con las fuerzas de defensa nacional o con otros miembros de seguridad.

En cuanto a las fuerzas nacionales de defensa y seguridad, se registraron mil 679 casos de violencia sexual presuntamente cometidos por miembros de grupos armados, 165 por fuerzas de seguridad interior y 104 víctimas de violación dentro de bases militares.

República Democrática del Congo

En la República Democrática del Congo, las hostilidades entre las Fuerzas Armadas y los grupos armados dieron lugar a desplazamientos masivos que incrementaron el riesgo de trata con fines de esclavitud sexual y explotación en campamentos de personas desplazadas.

Entre 2020 y 2022 se registró una media anual de 10 mil casos de violencia sexual. En 2023, la cifra se duplicó con más de 22 mil casos solo en Kivu del Norte, cometidos principalmente por hombres armados. Esta tendencia continuó en 2024, cuando más de 17 mil víctimas fueron atendidas entre enero y mayo.

Además, se identificó un aumento de la explotación sexual como medio de supervivencia para las mujeres y niñas desplazadas, lo que puso de manifiesto la relación entre inseguridad alimentaria y violencia sexual. Los agentes estatales fueron responsables de 198 casos: 178 perpetrados por las Fuerzas Armadas, 13 por la Policía Nacional Congolesa y 7 por otros actores estatales.

Libia

En Libia, las mujeres en situación de migración han sido las principales víctimas de abusos y violaciones. En 2024, la Misión de Apoyo de las Naciones Unidas en Libia (UNSMIL) verificó varios casos de violencia sexual relacionada con el conflicto que afectaron a 20 mujeres migrantes y solicitantes de asilo, además de 2 niñas libias.

Las víctimas fueron sometidas a violaciones y trata con fines de explotación sexual en centros de detención administrados por el Departamento de Lucha contra la Migración Ilegal. También se documentaron actos de esclavitud sexual y prostitución forzada en cárceles controladas por el Servicio de Seguridad Nacional en el este del país, como Kuwayfia y Guernada, así como en el centro de detención de Bir el-Ghanam, en el oeste.

Mali

En Mali, la persistencia del conflicto, el empeoramiento de la crisis humanitaria y la reducción del espacio cívico caracterizaron el año 2024. La intensificación de la violencia por parte de grupos armados y las operaciones militares en curso incrementaron el riesgo de que se cometieran actos de violencia sexual, especialmente contra mujeres y niñas desplazadas.

A pesar de las dificultades, la ONU confirmó la violación de 32 niñas en 2024, además de 157 casos de violencia sexual cometida por actores armados, incluidos matrimonios forzados, violaciones grupales y esclavitud sexual. Estos delitos afectaron a 120 mujeres y 37 niñas, con casos que derivaron en embarazos forzados.

Somalia

En Somalia, la grave situación humanitaria y la competencia por recursos escasos expusieron a mujeres y niñas desplazadas a la violencia sexual relacionada con el conflicto. El acceso restringido a las zonas controladas por el grupo armado Al-Shabaab y la protección que los clanes brindaban a presuntos agresores redujeron el número de denuncias frente a la magnitud real de los casos.

En 2024, la Misión de Asistencia de la ONU en Somalia (UNSOM) y posteriormente la Misión de Asistencia Transicional (UNTMIS) confirmaron violaciones individuales y colectivas, así como matrimonios forzados, que afectaron a 265 niñas, 24 mujeres y 2 niños.

La mayoría de los casos se atribuyeron a Al-Shabaab, seguido de otros autores armados no identificados. Se reportó un aumento de violaciones grupales y secuestros con fines de matrimonio forzado, empleados como compensación a combatientes. El Ejército Nacional Somalí y la Fuerza de Policía Somalí también participaron en este tipo de crímenes.

Ucrania

En Ucrania se documentaron 209 incidentes de violencia sexual relacionada con el conflicto, entre ellos violaciones, intentos de violación, amenazas, mutilación genital, descargas eléctricas, golpes en los genitales y desnudez forzada. De las víctimas, 46 fueron mujeres, 6 niñas y 1 niño.

Estos hechos fueron cometidos principalmente por fuerzas armadas rusas, fuerzas del orden y personal penitenciario. Se reportó que integrantes de la Federación de Rusia irrumpían en hogares, a veces ocupándolos durante períodos prolongados, retenían a los hombres y posteriormente violaban a las mujeres, llegando en algunos casos a asesinar a los esposos.

En 2024, la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre Ucrania concluyó que miembros de las autoridades de ocupación rusa habían cometido violaciones y otras formas de violencia sexual contra mujeres y niñas de entre 15 y 83 años durante registros domiciliarios y detenciones arbitrarias.

¿Por qué necesitamos recuperar el estudio histórico de la misoginia?

 Desde una perspectiva feminista

Por Isabel Ilzarbe 

Fuentes: https://tribunafeminista.org

Una reflexión sobre los riesgos de abandonar las herramientas que nos permitían entender la dominación patriarcal.


Vivimos tiempos extraños para el feminismo académico. Mientras los discursos de odio hacia las mujeres proliferan en redes sociales, los movimientos «incel» ganan adeptos y ciertos sectores políticos instrumentalizan la misoginia como herramienta electoral, la historiografía feminista ha ido abandonando progresivamente el estudio de la misoginia como objeto central de análisis. Esta paradoja no es casual: refleja una transformación profunda en cómo las académicas feministas entienden su labor y sus compromisos políticos.

Del centro a la periferia: la historia de un desplazamiento

La Historia de las Mujeres nació en las décadas de 1960 y 1970 como respuesta directa a siglos de invisibilización femenina en los relatos históricos tradicionales, construidos desde perspectivas que consideraban la experiencia masculina como universal. En aquellos primeros años, pioneras como Gerda Lerner situaron el estudio de los sistemas misóginos como elemento central para comprender la subordinación histórica de las mujeres. Su influyente obra «The Creation of Patriarchy» argumentaba que era necesario rastrear los orígenes y desarrollo de las estructuras patriarcales para entender cómo se había configurado la dominación masculina a lo largo de la historia.

Sin embargo, el panorama cambió radicalmente con la llegada de nuevos marcos teóricos. El punto de inflexión se produjo con Joan Wallach Scott y su propuesta del género como categoría de análisis histórico. Su trabajo, uno de los más citados en la historia del American Historical Review, desplazó el foco desde el estudio de la misoginia como sistema de opresión hacia análisis más complejos de cómo el género estructura el conjunto de las relaciones sociales.

Durante las décadas de 1990 y 2000 se consolidó lo que podríamos llamar el «giro hacia la agencia femenina». Influenciadas por la crítica postmoderna a las grandes narrativas de victimización, muchas historiadoras comenzaron a buscar enfoques que rescataran la capacidad de acción de las mujeres históricas. Los trabajos se centraron en demostrar cómo las mujeres habían desarrollado estrategias de negociación, resistencia y creación de espacios de autonomía, incluso dentro de contextos altamente restrictivos.

Este cambio no fue meramente académico. Respondía a una preocupación política legítima: evitar que los estudios feministas reprodujeran una imagen de las mujeres como víctimas pasivas de la dominación patriarcal. El objetivo era demostrar que las mujeres habían sido sujetos activos de la historia, protagonistas de sus propias vidas y agentes de cambio social.

Las consecuencias no previstas

Pero este desplazamiento metodológico ha tenido consecuencias imprevistas. Al privilegiar el análisis de la agencia femenina sobre el estudio sistemático de las estructuras patriarcales, hemos perdido herramientas analíticas cruciales para entender los discursos misóginos contemporáneos, que mantienen conexiones profundas con sus antecedentes históricos.

Los movimientos «incel», el acoso masivo a mujeres en redes sociales, los discursos que responsabilizan a las mujeres de la «crisis de la masculinidad» o las campañas contra los derechos reproductivos no surgen de la nada. Reciclan argumentos, representaciones y estrategias retóricas que tienen siglos de antigüedad. Sin embargo, al haber relegado el estudio de la misoginia a un elemento meramente contextual, carecemos de marcos teóricos que nos permitan desentrañar estas genealogías y comprender cómo se reactualizan y adaptan en nuevos contextos.

La misoginia no es un fenómeno estático. Es un sistema adaptativo que se transforma en respuesta a los avances y conquistas de las mujeres. Los discursos de inferioridad natural que circularon durante el Renacimiento como respuesta a la querelle des femmes, las campañas de domesticidad del siglo XIX ante la incipiente incorporación femenina al espacio público, o los movimientos antifeministas de finales del siglo XX muestran un patrón recurrente: cada vez que las mujeres amplían sus espacios de acción, emergen dispositivos misóginos específicos para contener, deslegitimar o reorientar esos avances.

Un ejemplo concreto: rastreando las continuidades

Esta propuesta metodológica no es solo teórica. Un ejemplo de su aplicación práctica lo constituye el proyecto de investigación «Monstruos de la naturaleza«, que analiza con perspectiva feminista la construcción de los roles de género desde la perspectiva clerical medieval hasta la actualidad. Esta investigación examina sistemáticamente cánones, concilios, obras patrísticas y escolásticas para comprender cómo la visión del clero medieval sobre las mujeres influyó en modelos de comportamiento que perviven en sociedades contemporáneas, incluso entre poblaciones no creyentes.

El proyecto traza líneas de continuidad entre las representaciones medievales de la feminidad y construcciones posteriores como el «ángel del hogar», demostrando cómo ciertos dispositivos misóginos se adaptan y rearticulan a través de diferentes contextos históricos manteniendo su función estructural de control y definición de lo femenino. Este enfoque ilustra cómo es posible recuperar el estudio de la misoginia como objeto histórico sin renunciar a la complejidad analítica, rastreando los mecanismos de larga duración que conectan discursos aparentemente distantes en el tiempo pero funcionalmente relacionados.

Hacia una síntesis necesaria

No se trata de abandonar los logros metodológicos de las últimas décadas ni de volver a enfoques que redujeran a las mujeres a meras víctimas de la dominación patriarcal. Se trata de construir marcos analíticos que integren tanto el estudio riguroso de las estructuras misóginas como el reconocimiento de la complejidad y diversidad de las experiencias femeninas históricas.

La perspectiva de larga duración resulta fundamental para desentrañar cómo los sistemas misóginos constituyen dispositivos adaptativos que se reactualizan en respuesta a los avances femeninos. Solo desde esta comprensión histórica profunda podremos desarrollar las herramientas analíticas y políticas necesarias para enfrentar las formas contemporáneas que adopta la dominación patriarcal.

El feminismo académico tiene una responsabilidad con el presente. En un momento en que los discursos de odio hacia las mujeres cobran nueva fuerza y adoptan formas inéditas, necesitamos recuperar la capacidad de analizarlos no como fenómenos aislados, sino como manifestaciones actuales de estructuras históricas de larga duración. Proyectos como el mencionado, entre otros enfoques posibles, demuestran que esta síntesis es viable y necesaria.

El desafío es claro: desarrollar una historiografía feminista que evite tanto la victimización como la romantización de las experiencias históricas de las mujeres, que reconozca su agencia sin minimizar la persistencia y adaptabilidad de las estructuras que han buscado limitarla. Solo así podremos contribuir realmente a los combates feministas del presente, armadas con el conocimiento histórico necesario para entender a qué nos enfrentamos y de dónde viene.


Fuente: https://tribunafeminista.org/2025/09/por-que-necesitamos-recuperar-el-estudio-historico-de-la-misoginia/

Feminismo para pocas: el espejismo del empoderamiento en Chile

 Por Catalina Villalobos Díaz

Fuentes: Rebelión

El mercado chileno ha hecho del feminismo una marca. Vende resiliencia, liderazgo y autosuperación como si fueran sinónimos de liberación.

Es de conocimiento público que, en los últimos años, el concepto de “empoderamiento femenino” ha sido absorbido por el mercado y convertido en un producto.

Se repite en campañas publicitarias, se imprime en bolsas de tiendas de retail, se pronuncia en paneles empresariales y discursos políticos. Se nos suele decir también, que el feminismo consiste en que todas podemos “llegar lejos”, pero nadie habla de cuántas nunca han tenido siquiera la oportunidad de comenzar ese trayecto.

Esa es precisamente la trampa: hacer pasar como igualdad lo que no es más que privilegio maquillado. En Chile, donde la desigualdad está incrustada en la estructura misma del país, ese relato meritocrático resulta no sólo falso, sino que también profundamente violento. No todos tenemos las mismas oportunidades, aunque se nos repita lo contrario.

El feminismo rosa —hegemónico, institucional, empresarial— no incomoda al poder; convive con él. Se acomoda sin conflicto en el neoliberalismo, ese mismo sistema que ha precarizado la vida de millones de mujeres y que se sostiene gracias al trabajo mal pagado, invisible y racializado de otras. Este feminismo, diseñado para ser digerible, no transforma el sistema, sino que ofrece a unas pocas la posibilidad de integrarse en él, de sentarse en la misma mesa donde se siguen tomando decisiones que perjudican a la mayoría.

En nuestro país, lo vemos con claridad. Se celebra a la mujer que logra ascender en cargos corporativos, como por ejemplo una gerenta de una multinacional, destacándola como muestra de “liderazgo femenino”, pero se omite que, muchas veces, ese ascenso ocurre en estructuras corporativas construidas desde una lógica masculinizada y excluyente. Mientras ella se convierte en símbolo del éxito, son otras mujeres; trabajadoras de limpieza, operarias subcontratadas o cuidadoras informales, quienes permiten con su trabajo no reconocido que esa élite femenina siga funcionando. ¿Es eso igualdad?

Se aplaude también a la mujer emprendedora, como si su experiencia fuera sinónimo de emancipación. Pero rara vez se habla de las condiciones que empujan a miles de mujeres a emprender por necesidad: sin acceso a empleo formal, endeudadas, sin seguridad social y sin redes de apoyo. En muchos casos, estos emprendimientos no representan autonomía real, sino una estrategia de sobrevivencia ante un Estado ausente.

En ese marco, la idea de promover a ciertas mujeres al escalafón corporativo —mujeres con privilegios de clase, educación y cercanía cultural con los modelos masculinos de poder— se presenta como un avance feminista. Pero en realidad, esta lógica reproduce la misma estructura desigual, ahora con rostro femenino. Es un movimiento funcional al sistema, que refuerza la hegemonía neoliberal al ofrecer una imagen de equidad que, en los hechos, sigue dejando afuera a los cuerpos trabajadores que los sostienen.

El mercado chileno ha hecho del feminismo una marca. Vende resiliencia, liderazgo y autosuperación como si fueran sinónimos de liberación. Pero este tipo de empoderamiento, individualista, competitivo y despolitizado, no transforma, sino que perpetúa el orden. Es un feminismo que se acomoda a las reglas del capitalismo, mientras disfraza de inclusión lo que sigue siendo exclusión.

Frente a ese feminismo blanqueado surgen otros: feminismos que incomodan, que interpelan desde abajo, que nacen en sindicatos, en ollas comunes, en comunidades indígenas y en redes de cuidado. Feminismos que entienden que no hay justicia de género sin justicia social, ni liberación posible dentro de un sistema que necesita oprimir para sostenerse. 

Porque no se trata sólo de que mujeres lleguen a “lugares de poder”, se trata de transformar las estructuras que impiden vivir dignamente a tantas. Un feminismo que no es antirracista, anticapitalista y anticolonial no es suficiente, y en Chile, donde las diferencias sociales y territoriales marcan la vida desde que nacemos, no podemos seguir hablando de igualdad sin incomodar.

Ya es hora de dejar de repetir que “todas podemos”, porque mientras algunas avanzan, muchas otras siguen sosteniendo desde su trabajo invisibilizado, desde barrios periféricos, desde la deuda, con su cuerpo y su silencio, un sistema que nunca fue pensado para incorporarlas.

Catalina Villalobos Díaz, licenciada en educación, profesora de inglés, magíster en literatura comparada y diplomada en literatura infantil y juvenil.

Fuente: Carcaj