5/24/2013

Festival de Cannes ; El as bajo la manga


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Leonardo García Tsao
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Una de las actrices del elenco de La vie d’Adele se tropieza mientras (derecha a izquierda) Léa Seydoux, Adèle Exarchopoulos y el director Abdellatif Kechiche posan antes de la proyección de la cinta que compite por la Palma de Oro en CannesFoto Reuters

Cannes 23 de mayo. Mañosamente, la programación de la competencia se reservó hasta casi el final dos películas muy meritorias que han salvado el honor de los últimos días. La estadunidense Nebraska, sexto largometraje del talentoso Alexander Payne, es una nueva muestra de su humor gentil y afecto hacia sus personajes. Esta vez el protagonista es Woody Grant, anciano senil (el otrora villano Bruce Dern) que cree haberse ganado un millón de dólares; su hijo menor David (Will Forte) trata de convencerlo de que es un fraude, una mera estrategia de promoción de una revista. Pero Woody insiste en acudir a Lincoln, Nebraska, a cobrar el supuesto premio y David acepta seguirle la corriente y llevarlo en su auto.
Como en Las confesiones del Sr. Schmidt (2002), Payne utiliza a medias la estructura de una road movie para escenificar, en este caso, el rencuentro entre padre e hijo. Si bien Woody no ha sido un padre modelo ni mucho menos, su hijo está dispuesto a cumplirle su voluntad con una emotividad reconciliatoria que escapa al sentimentalismo. Al mismo tiempo, el director rinde homenaje a su natal estado epónimo enfocando paisajes áridos con una bella fotografía en blanco y negro de Phedon Papamichael, que evoca el estilo de Ansel Adams, y muestra una forma de vida en vías de desaparecer junto con sus ancianos personajes. Aunque Nebraska es una película en un tono menor y personal, en el contexto del festival ha sido uno de los títulos más sobresalientes.
La verdadera sorpresa fue la francesa La vie d’Adèle, Chapitre 1 y 2 (La vida de Adèle, capítulos 1 y 2), del realizador de origen tunecino Abdellatif Kechiche. Si bien esta libre adaptación de la novela gráfica Le bleu est une couleur chaude, de Julie Maroh, inicia como otra historia de la educación sentimental de una adolescente, la película pronto crece como una apasionada historia de amor en la cual el personaje epónimo descubre y disfruta su condición lésbica, y luego sufre los pesares del desamor. Para ese intenso relato, Kechiche ha escrito diálogos de una inteligente verosimilitud y los ha filmado utilizando sobre todo acercamientos o el two-shot como una manera de reforzar su intimidad.
Sin embargo, el melodrama se sostiene en la actuación de la hasta ahora desconocida Adèle Exarchopoulos, un hallazgo impresionante como lo fue en su momento Sandrine Bonnaire. Con una sensibilidad a flor de piel, la joven Exarchopoulos actúa hasta con su cabello, mientras sus labios convierten el simple acto de comer en un ejercicio de sensualidad; pocas actrices han llorado en pantalla con tanto abandono
Si bien La vie d’Adèle se volverá célebre por sus francas escenas de sexo entre la protagonista y Léa Seydoux (también enérgica), es una convincente demostración de cómo un lineal recuento de un desarrollo emocional puede ocupar tres horas de duración sin que se sienta reiterativo o autocomplaciente.
Hablemos claro, si Adèle Exarchopoulos no obtiene el premio a la mejor actuación femenina en este festival, una unión de críticos internacionales marchará al Palais des Festivals para pedir la cabeza de Steven Spielberg.
Por cierto, sin que se haya sumado todavía la calificación de La vie d’Adèle, la encuesta de críticos de la revista Screen coloca como favorita a Inside Llewyn Davis, de los hermanos Coen, y en segundo lugar, a la china Tian zhu ding, de Jia Zhang-ke. Son las únicas que rebasan los tres puntos sobre una calificación máxima de cuatro. En cambio, los patitos feos de la competencia son, hasta ahora, la japonesa Wara no tate, de Takashi Miike, y la coproducción franco-danesa Only God Forgives, de Nicolas Winding Refn, muy por debajo de los dos puntos.
Twitter:@walyder

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