9/16/2015

El grito de “Independencia”


En realidad no era la intención de Hidalgo arengar con el Grito de Independencia. 



lasillarota.com

¿Qué ocurrió la mañana del 16 de septiembre de 1810? ¿Cómo fue aquella arenga? ¿Qué dijo Hidalgo que consiguió que la multitud se sublevara ese día?

Hay diferentes versiones de lo que ocurrió. Son muchos testimonios de quienes estuvieron ahí, de quienes escucharon lo que ocurrió y de quienes han puesto sal y pimienta a un momento excepcional de nuestro nacionalismo mexicano.

Poco después del 16 de septiembre de 1810 surgieron por todo el país proclamas, manuscritos y hojas volantes insurgentes en donde cada cual daba su versión de lo ocurrido, aplaudían o repudiaban…

Para el 24 de septiembre de 1810, el obispo Manuel Abad Quipo dice de quien había sido su amigo (Hidalgo) hasta ese 16 de septiembre:

“E insultando la religión y a nuestro soberano don Fernando VII, pintó en su estandarte la imagen de nuestra augusta patrona nuestra Señora de Guadalupe y le puso la inscripción siguiente: Viva la Religión. Viva nuestra Madre Santísima de Guadalupe. Viva Fernando VII. Y muera el mal gobierno”.

Esto serviría de prueba en contra de Hidalgo durante su proceso. En ese juicio el cura de Dolores aceptó lo relativo a la Virgen de Guadalupe pero no en cuanto a Fernando VII.

De las muchas versiones de lo que ocurrió aquella mañana y de lo que muchos atribuyen como primer impulso de Hidalgo en su levantamiento hay dos que deben de tomarse muy en serio por provenir de quienes participaron en el acto o bien formaron parte de él desde el primer momento.

Uno de ellos es el relato de Juan Aldama de mayo de 1811 respecto de lo que él vio aquella mañana:

“(…) Se dirigieron para la cárcel, fueron, y el mismo cura hizo al alcaide de la cárcel que echase los presos a la calle; y todos se armaron con leños y piedras y dieron principio a la prisión de los europeos con sus casas, como a la seis de la mañana. Y concluida esta operación a cosa de las ocho, que los encerraron en la cárcel, entre ellos al padre sacristán, don N. Bustamante, ya se habrían juntado más de seiscientos hombres de a pie y a caballo por ser día domingo y haber ocurrido a misa de los ranchos inmediatos, y el cura que los exhortaba a que se uniesen con él y le ayudasen a defender el reino, porque querían entregarlo a los franceses; que ya se había acabado la opresión; que ya no había más tributos; que los que se alistasen con caballos y armas les pagaría a peso diario, y los de a pie, a cuatro reales”.



Esta es la versión más fidedigna [V. Carlos Herrejón Peredo… et. al.] y contiene cuatro puntos. Primero la exhortación a unirse con su cura para defender el reino; segundo, la explicación: Porque los gachupines lo quieren entregar a los franceses; tercero, una declaración: Se acabó la opresión y se acabaron los tributos; cuarto, una promesa muy pragmática: se pagará muy bien a quienes se unan a la causa. Aldama no consigna ningún “¡Viva!”.


Otra versión muy creíble, también, es la de Mariano Abasolo quien no estuvo en el momento de la arenga porque permaneció en su casa, pero horas después escuchó a Hidalgo hablar a parroquianos en estos términos:


“(…) El propio cura Hidalgo y Allende mandaron juntar todos los vecinos principales del propio pueblo, y reunidos, les dijo el cura esta palabras:

“Ya vuestras mercedes habrán visto este movimiento; pues sepan que no tiene más objeto que quitar el mando a los europeos, porque éstos, como ustedes sabrán, se han entregado a los franceses y quieren que corramos la misma suerte, lo cual no hemos de consentir jamás; y vuestras mercedes, como buenos patriotas, deben defender este pueblo hasta nuestra vuelta que no será muy dilatada para organizar el gobierno. Con cuya simple arenga, sin decirles los vecinos si lo ejecutarían o no, se retiraron a sus casas”.

En 1813, Fray Servando Teresa de Mier, ilustre simpatizante del movimiento independentista propone una versión que le envía un criollo:

Hoy [decía Hidalgo], debía ser mi primer sermón de desagravios (especie de Cuaresma que se acostumbra en Nueva España comenzar el día 14 de septiembre); pero será el último que os haga en mi vida. No hay remedio: está visto que los europeos nos entregan a los franceses; veis premiados a los que prendieron al Virrey y relevaron al Arzobispo, porque nos defendían. El Corregidor, porque es criollo, está preso. ¡Adiós, Religión! Seréis jacobinos, seréis impíos. ¡Adiós Fernando 7! Seréis de Napoleón.



—No, Padre, gritaron los indios, defendámonos: ¡Viva la Virgen de Guadalupe! ¡Viva Fernando 7! —Vivan, pues, y seguid a vuestro cura, que siempre se ha desvelado por vuestra felicidad”.

Ambos textos coinciden en el tema del entreguismo y con los mismos vivas, aunque la novedad es que estos fueron más de muchedumbre que de Hidalgo. Sin embargo estos documentos recuperan acontecimientos posteriores al 16 de septiembre pues ya refieren la destitución del virrey Iturrigaray y el relevo del arzobispo-virrey Lizana, de lo que no había noticias aquella mañana.

En adelante hubo versiones diversas, algunas importantes por provenir de personalidades intelectuales de la época, como fue el caso del doctor José María Luis Mora quien en 1836 escribió que:

“Se convocó a son de campana a los indios y demás clases del pueblo a quienes se anunció que la religión corría riesgo por parte del gobierno y los españoles que conspiraba contra ella, y que era necesario salvarla a toda costa” Y por supuesto la de Lucas Alamán que se atiene a la versión de Abasolo.

Existen las memorias de dos soldados de la primera insurgencia. Uno de ellos es Pedro José Sotelo quien estuvo cerca de los hechos ocurridos esa mañana, pero las escribió muchos años después con lo que esto significa de ajuste a su propio criterio.

Sotelo era muy joven y trabajaba muy como alfarero con Hidalgo. Fue de los primeros que se incorporaron a la lucha. Su versión la dictó cuando tenía 84 años. Dice:

“…Arengó el señor cura por la ventana de su asistencia a los que se habían reunido, animándolos para comenzar vigorosamente la empresa de nuestra independencia y levantando la voz con mucho valor, dijo: “¡Viva nuestra Señora de Guadalupe! ¡Viva la Independencia!”.

En realidad no era la intención de Hidalgo arengar con el Grito de Independencia, pues el acuerdo de los sublevados no era ese, sino crear la junta de gobierno. Sin embargo, queda claro que hizo Hidalgo una primera alocución a quienes vio desde su ventana y luego pasó al atrio en donde arengó a quienes acudieron al llamado de las campanas para la misa dominical.

Todas las versiones tienen como eje central el disgusto criollo con lo que ocurría en España, su relación con Europa: La salida de Fernando VII y el dilema de seguir siendo súbitos de una corona española que estaba desterrada de su territorio y con una España invadida por Francia. El dilema era seguir siendo colonia española una vez restablecida la monarquía o la independencia.

Ese era el dilema la madrugada del 16 de septiembre de 1810, aunque se celebra la noche del 15 de septiembre como capricho de Porfirio Díaz, que cumplía años ese día.

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