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1/03/2026

A 28 años de matanza en Acteal, esperan avances de Comisión Interamericana

 

Durante el encuentro por la conmemoración de los 28 años de la matanza de Acteal, Las Abejas señalaron que la represión contra las comunidades indígenas se extendió desde el gobierno priista hasta el panista con la represión en San Salvador Atenco, la guerra contra el narcotráfico, la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y el gobierno actual morenista con el asesinato del defensor Simón Pedro Pérez López, el padre Marcelo Pérez Pérez y el representante agrario Marcos Aguilar Rojas.

Remarcaron que este último gobierno ha utilizado el apoyo a las comunidades indígenas en la narrativa. Ejemplo de ello fue la llegada del primer ministro indígena como presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN); sin embargo, expresaron que el sistema de justicia continúa teniendo deficiencias pues el caso de Acteal aún no tiene justicia.

Fotografía retomada de Organización Sociedad Civil Las Abejas de Acteal

Recordemos que en punto de las 11 de la mañana de aquel 22 de diciembre de 1997, un grupo de 80 a 90 paramilitares abrió fuego hacia las y los integrantes de la organización civil Las Abejas de Acteal quienes se encontraban haciendo oración en la capilla de la comunidad para pedir paz en el municipio de Chenalhó, Chiapas. Los elementos del ejército asociados al Partido Revolucionario Institucional (PRI) local portaron ropa azul y negra para poder internarse en la comunidad y se ubicaron en puntos estratégicos con la finalidad de seguir a quienes salían del recinto.

El motivo de la agresión fue «terminar con la semilla» como más tarde relataría una de las sobrevivientes quien escucho ese comentario de los paramilitares, es decir, el exterminio de los pueblos indígenas. Cabe recordar que, en la década de 1970 y 1980 las comunidades indígenas se vieron obligados a organizarse para defender el derecho a la tierra y la autonomía. Más tarde, el 1 de enero de 1994 estallaría el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en Chiapas contra el gobierno mexicano, un conflicto que asumió el expresidente Ernesto Zedillo debido a la entrada en vigor del entonces Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Ernesto Zedillo, «principal responsable» de matanza de Acteal – cimacnoticias.com.mx

Para ese momento, Las Abejas de Acteal llevaban un año laborando desde su fundación el 9 de diciembre de 1992. Se trata de un colectivo integrado por 22 comunidades que buscaban el bienestar mediante la lucha pacífica y sin violencia. Aunque la organización no se integró a la lucha del EZLN, ambos grupos querían la reivindicación de los derechos de los pueblos originarios y la preservación de la cultura.

Para el 16 de febrero de 1996, se firmaron los Acuerdos de San Andrés sobre Derechos y Cultura Indígena, no obstante, el gobierno de Ernesto Zedillo desconoció los documentos y en 1997 se intensificó la militarización provocando violaciones a derechos humanos. Asimismo, los miembros de La Abejas se encontraban en medio del conflicto ya que en su territorio estaba la disputa entre el EZJN y las tropas militares.

Aunque buscaron solucionar el conflicto con el dialogo, la violencia en el territorio incrementó y se llevaron a cabo homicidios, desapariciones forzadas, robos a casas y despojos de tierras en las comunidades de Los Chorros, Polhó y Majomut. Ese mismo año, ocurrió un desplazamiento forzado de más de 2 mil 500 personas integrantes de Las Abejas quienes tuvieron que refugiarse en cuatro campamentos.

De acuerdo con la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), durante el ataque del 22 de diciembre, el cual se prolongó ocho horas, el expresidente municipal de Chenalhó, Jacinto Arias Cruz informó al entonces gobernador Julio Cesar Ruiz Fierro el desarrollo de la agresión. Para llevar a cabo esta matanza se ingresaron armas de fuego a determinadas comunidades con el permiso de la policía municipal, mismos que se encontraban a 200 metros de la matanza y no intervinieron por orden del capitán Ricardo García Rivas.

Posterior al ataque, se orquestó el encubrimiento del episodio violento: el entonces secretario de Gobierno Homero Tovilla Cristiani y el subsecretario Uriel Jarquín declararon que la situación estaba controlada cuando la diócesis de San Cristóbal de las Casas solicitó información sobre el ataque.

Por otro lado, Jorge Enrique Hernández secretario ejecutivo del Consejo Estatal de Seguridad Pública del estado, ordenó el levantamiento de los cadáveres con el propósito de que no fueran observados por los periodistas que llegarían posteriormente; mientras que Uriel Jarquín declaró a la prensa que no existía evidencia de dicho enfrentamiento.

No obstante, pronto se dio a conocer que resultaron heridas 25 personas y 45 indígenas tzotziles asesinadas, entre ellas 15 niñas y niños, 9 hombres y 21 mujeres, cuatro de ellas estaban embarazadas. De acuerdo con la CNDH, la agresión violó los derechos a la vida, seguridad, integridad personal, libertad y autonomía; sin embargo, la violencia ejercida contra las indígenas fue atroz, pues ellas más que nadie fuerom castigadas por su lucha.

Tras 16 años de liberar a señalados por Matanza en Acteal, impunidad y violencia persiste – cimacnoticias.com.mx

El cuerpo femenino en el medio

En el libro de la antropóloga Rosalva Aída Hernández titulado «La otra palabra. Mujeres y violencia en Chiapas antes y después de Acteal» recupera un testimonio clave que evidencia la experiencia de las mujeres durante la masacre. Es una niña quien, un año después de los acontecimientos, expresa la extrema violencia empleada en los cuerpos de las indígenas que ya habían sido asesinadas y cuyos ataques se dirigieron hacia la sexualidad y maternidad.

Las dos autopsias disponibles que se realizaron por médicos forenses del Estado y del entonces Procuraduría General de la República (PGR) documentaron que las mujeres no fueron entregadas con signos de tortura y mutilaciones corporales, pese a la insistencia de varios testimonios recogidos por organizaciones como el Fray Bartolomé de las Casas.

«Cuando se fueron los hombres Micaela se fue a esconder a la orilla del arroyo. Ahí vio cómo regresaron con machetes en la mano; “eran los mismos y también eran otros; hacían bulla, se reían, hablaban entre ellos, “hay que acabar con la semilla”, decían.» -Rosalva Aída Hernández

De acuerdo con Erika Linding Cisneros en su artículo «Cuerpo, sobre determinación de la violencia, memoria y resistencia», este comentario se trató de una amenaza contra el aniquilamiento de los pueblos indígenas que apoyaban el zapatismo y de las mujeres por su participación política. También señala que, a partir del testimonio de la niña, el Estado mexicano inventó una versión oficial que presentó como el efecto de «conflictos intercomunitarios» y negó la violencia ejercida contra las mujeres, sobre todo las que se encontraban embarazadas.

Fotografía retomada de Organización Sociedad Civil Las Abejas de Acteal

Erika Linding Cisneros apunta que el cuerpo de las mujeres fue el blanco central de la violencia en la masacre de Acteal y que esto no ocurrió de forma accidental, pues había una intención política: atacar el cuerpo femenino como lugar simbólico de la reproducción de la vida, de la comunidad y de la continuidad del pueblo indígena.

Con ello, lograron instalar terror colectivo y enviar un mensaje de dominación, castigo y humillación. Y es que, a lo largo de los años, el cuerpo de las indígenas se ha percibido como prescindibles y legítimamente violentables donde se condensa el colonialismo, racismo, patriarcado, violencia de Estado y el castigo a su lucha activa.

Por ello, a 28 años de la matanza de Acteal, el Estado mantiene una deuda con las mujeres tzotziles.

8/24/2025

Tras 16 años de liberar a señalados por Matanza en Acteal, impunidad y violencia persiste

 

El 22 de diciembre de 1997, alrededor de 60 paramilitares vestidos de negro dispararon con armas exclusivas del Ejército contra integrantes de Las Abejas, comunidad indígena tsotsil, mientras oraban en una ermita. Los hechos comenzaron a las 11 de la mañana y se prolongó hasta las 7 de la tarde. El saldo fue de 45 personas asesinadas. De las víctimas, 16 eran niñas, niños y adolescentes; 20 eran mujeres y nueve hombres adultos. Siete de las mujeres estaban embarazadas.

Con el propósito de no dejar en el olvido este hecho de lesa humanidad, la comunidad de Acteal se reunió el pasado 12 de agosto para exigir justicia y denunciar que la impunidad que rodea al caso es consecuencia, en gran parte, de la decisión de la SCJN de liberar a quienes ellos describen como paramilitares, acción que, afirmaron, buscó encubrir a los autores intelectuales: Ernesto Zedillo, Emilio Chuayffet, general Enrique Cervantes, general Mario Renán Castillo y Julio César Ruiz Ferro, quienes no han sido llamados a rendir cuentas.

La SCJN argumentó en su momento que la liberación de los paramilitares se debía a que no existió un “debido proceso”. Sin embargo, los testimonios de las y los sobrevivientes de la masacre fueron desestimados y omitidos en su totalidad, motivo por el cual la comunidad acusó a la institución de corrupción.

Ante ello, calificaron las negligencias de la SCJN como una “vergüenza”, pero enfatizaron que la lucha de sus antepasados les da fuerza para seguir exigiendo justicia y dignidad para su pueblo:

“Del dolor que el mal gobierno nos causó al quitarnos a nuestras 45 hermanas y hermanos, y a los 4 bebés ultrajados en el vientre de sus madres, brotará nuestra fuerza y motivo para continuar la lucha hasta lograr justicia verdadera”.

Durante esta liberación como ministras y ministros de la Suprema Corte estaban: Sergio Aguirre Anguiano, Olga Sánchez Cordero, José Fernando Franco González Salas, Jorge Mario Pardo Rebolledo, Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, José Ramón Cossío Díaz, Luis María Aguilar Morales, Margarita Luna Ramos, Sergio Valls Hernández y como presidente del organismo Juan N. Silva Meza.

Asimismo, recordaron que el caso permanece desde hace más de diez años estancado en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), organismo que hasta la fecha no ha emitido un informe de fondo. Esta falta de resolución, aseguraron, ha permitido que la impunidad y la crisis de violencia en la región se mantengan intactas.

Pese a la impunidad que impera en el país, advirtieron que no permitirán que la memoria de sus abuelas y abuelos quede en el olvido: “No dejaremos libre a Zedillo, ni a sus cómplices ni a su ejército; estos criminales deben ser juzgados y castigados para que nunca más se repita otra masacre en México, como la de Acteal”.

Las y los integrantes de Las Abejas de Acteal, responsabilizaron también a los gobiernos posteriores a Zedillo, incluido el actual, por permitir asesinatos y hostigamientos contra defensoras, defensores sociales, representantes de pueblos organizados y periodistas.

Ejemplo de ello es el caso de Dora Robledo, directora del El Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas (Frayba), quien ha enfrentado hostigamientos y amenazas de muerte. Ante este hecho, la comunidad exigió a la CIDH condenar los ataques y obligar al Estado mexicano a garantizar la vida de todo el equipo del centro de derechos humanos, además de realizar una investigación “sin pretextos” contra los responsables.

Finalmente, no solo exigieron por lo derechos de su pueblo y de la nación, sino que también se solidarizaron con el pueblo palestino, lugar donde se está cometiendo un genocidio, hecho que condenaron como “la gran vergüenza de estos tiempos que vivimos” cometida en contra de  los gobiernos de Israel y de Estados Unidos. 

Somos pequeños, no tenemos el poder de detener la barbarie de este atroz genocidio contra el pueblo palestino, pero si nos unimos todas y todos a levantar la voz para que se pare el infierno en Palestina, podremos salvar la vida de mucha gente.

27 años después, la violencia persiste

A 27 años de la masacre, la violencia en el territorio persiste. El pasado 8 de junio, en la comunidad de Tzajalch’e, municipio de Chenalhó, se registraron múltiples detonaciones de armas de fuego provenientes de un monte cercano, a apenas 400 metros de una escuela y de una iglesia.

Las Abejas señalaron que no se trata de un hecho aislado. Desde hace años han denunciado la presencia de grupos armados vinculados al crimen organizado en la región. La situación se agravó desde julio de 2024, cuando se intensificaron los bloqueos de caminos, cortes de electricidad, ataques directos y reclutamiento forzado, sin que el gobierno en turno haya atendido ni frenado la violencia.

Denunciaron además la colusión de autoridades con estos grupos, pues cuando intentaron documentar los hechos con sus celulares, policías de Chiapas les confiscaron los dispositivos para borrar las evidencias y ocultar lo ocurrido.

Cimacnoticias documentó en “Soy una niña desplazada. Infancias como víctimas de conflictos armados en Chiapas” que desde hace tres años la disputa territorial en la frontera sur ha provocado enfrentamientos constantes en municipios de la Sierra Mariscal y Frailesca, poniendo en riesgo la vida e integridad de 161 mil 570 niñas, niños y adolescentes.

Esta situación demuestra que, la Matanza de Acteal no es un hecho aislado sino que responde a una violencia estructural que encapsula al territorio chiapaneco, la cual afecta desproporcionadamente a las mujeres. A casi 3 décadas del suceso, aún no hay justicia para las comunidades lo que evidencia que la corrupción y la impunidad siguen gobernando

5/19/2024

Acteal: Tejiendo la memoria

 Gloria Muñoz Ramírez

Fotos: Raúl Ortega | Ver fotoreportaje completo

Acteal, Chiapas. Mariana Díaz es tsotsil de Los Altos de Chiapas, región de tejedoras ancestrales y paisajes montañosos cubiertos por la niebla. Zona de la masacre de Acteal, que está a punto de cumplir un cuarto de siglo y se mantiene impune; y de actuales ataques armados contra la población del municipio de Aldama. Pero también, dice Mariana, región de “resistencia y organización”, donde ella y sus compañeras se mantienen “aparte del gobierno”, del que, asegura, no reciben nada “porque su dinero no nos va a servir y no queremos perder la cultura, el tejido, la lengua y el maíz”. ¿Y qué pasa si recibes el apoyo?, se le pregunta. “Nos van a querer callar”, responde. Por eso, explica, mejor bordan, y de ahí sale un poco para el sustento y la organización.

Mariana tiene 32 años y cinco hijos. Hila desde niña en el telar de cintura, le enseñó su hermana Celia. Necesita un mes para hacer la urdimbre y cuatro meses para bordar la tela. Se levanta a las tres de la mañana, hace el fuego, pone el café, muele el maíz, hace la tortilla, sirve el desayuno, barre, lava, alimenta a los hijos y a los animales, limpia la milpa y el cafetal. Y borda de tres a cuatro horas diarias. No alcanza el día, dice.

“Cuando me voy a dormir”, cuenta la mujer, “cierro mis ojos y sueño en que puedo vivir del bordado, de nuestros campos, de cuidar la tierra. Mi sueño es hacer todas las figuras que hay en la comunidad, hacer tortugas, gallos, corazones como mi corazón, que está feliz. Hacer nuestros bordados para que no se pierda la cultura. Voy a la milpa para cuidar a nuestra Madre Tierra. Mantengo mi vida para hacer nuestras flores. Me gusta”.

La primera parte de este reportaje se realiza en Acteal, sede del Santuario de los Mártires, como se les conoce a los 45 indígenas que fueron asesinados el 22 de diciembre de 1997. En esta región, parece, la violencia llegó para quedarse. No hay día en que no se escuchen los disparos por el conflicto de tierras entre los municipios de Chenalhó y Aldama. Sólo en Aldama hay 3 mil 499 personas desplazadas intermitentemente. Esta situación, explica el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, viene desde el gobierno de Enrique Peña Nieto, “pero se volvió más crítica con el de Andrés Manuel López Obrador”. En Chalchihuitán, por su parte, hay cerca de mil 237 personas desplazadas, y en Pantelhó, 3 mil 205, aunque algunas ya han retornado.

Entre la violencia crecieron las niñas y niños tsotsiles que hoy tienen menos de 30 años. Y, aunque no han vivido otra cosa, no la normalizan. De la precarización que llegó con la guerra contrainsurgente en 1997 y del desplazamiento posterior, el bordado vino no sólo como sustento económico, sino también como forma de organización entre mujeres. Para juntarse entre ellas.

Lo que defendemos de nuestro territorio, dice en la entrevista colectiva Carmela Pérez Pérez, de Tzajalchén, “está en nuestra ropa”. Ella viste un huipil de mariposas bordadas con hilos plateados y dorados, en el que “tratamos de representar que vuelan entre los árboles y bejucos, y si hay algo más que nos agrade del agua o de las flores lo ponemos en nuestra ropa. Es lo que hay acá, no nos inspiramos de otros lugares”.

“La tierra, los árboles y todo lo que hay en nuestro lugar, lo estamos defendiendo de cualquier abuso. Porque si sufren abuso, nosotras también. Porque si alguien quema nuestro terreno mueren muchas vidas. Nosotras queremos que nuestras tierras estén en nuestras manos para que ahí se produzcan las verduras y todo lo que usamos, plantas medicinales, tomates, todo. Hay quienes ya usan productos químicos para trabajar, pero nosotros queremos trabajar con nuestras manos, así”, insiste Carmela.

“De nuestras tierras”, añade la mujer tsotsil, “surge nuestra imaginación, lo que dibujamos en nuestros tejidos y bordados. Por eso las defendemos, porque si no lo hacemos se irá todo aquello que vemos y dibujamos”.

Maderas, jade, agua y recursos minerales y pétreos en disputa

Las montañas de Los Altos de Chiapas son parte de las 7.5 millones de hectáreas de un territorio disputado por transnacionales, gobernantes, empresarios locales, crimen organizado y sectas religiosas. No es difícil saber por qué: selvas húmedas, bosques de coníferas y encinos, bosques húmedos de montaña y pastizales cultivados que representan el 39 por ciento del territorio de la entidad, además de las 106 áreas protegidas. Su riqueza natural sólo es comparable al tamaño de su cultura: 12 de los 69 pueblos indígenas del país conviven (y sobreviven) en estas tierras.

Luis Hernández Castro, coordinador del Área de Trabajo Regional del Frayba, explica que existe “una fuerte riqueza natural en la zona de los Altos y particularmente en los municipios de Chenalhó, Aldama y Chalchihuitán, en los que hay recursos maderables, plantas medicinales, recursos del subsuelo y pétreos”. En la región, señala, hay también yacimientos de jade, conocido en las comunidades como la piedra verde, que lo mismo se encuentra en los márgenes de los ríos que en las montañas. También hay importantes mantos freáticos, manantiales y ojos de agua que se defienden porque se consideran espacios sagrados.

En los últimos años, como en el resto del estado, se ha expandido el crimen organizado, justo donde históricamente crecieron los grupos paramilitares involucrados en la masacre de Acteal. Ahora, explica el integrante del equipo de derechos humanos, “ellos ejercen un control territorial y poblacional a través del miedo y de las armas”. Y, en este contexto, “las bordadoras de Acteal reflexionan sobre la defensa del territorio, de su cultura, de sus cuerpos/territorio, y sobre el territorio de su colectivo”.

La vida que se defiende

Aún no amanece y empiezan los fogones a encenderse en Tsajal Uk’um, comunidad localizada a cinco kilómetros de terracería desde Acteal. Esta es la región en la que hace casi 25 años ocurrió la masacre en el contexto de la guerra de baja intensidad contra el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), documentada por el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas (Frayba) y por diversos organismos internacionales.

En Tsajal Uk’um la vida sigue abriéndose camino. Ernestina recoge las hojas de chayote que le pondrá a los frijoles. Entra a la cocina, muele el café y atiza el fogón; mientras, su suegra Olga se encarga de moler el maíz azul. Marisol, la hija más grande de Olga y Vicente, hace la tortilla en prensa de madera; Laura acarrea el agua en cubetas y Liliana, de 17 años, se encuentra en el solar hilando una pulserita de siete colores. El fogón es el centro de la vida. Afuera, el patio está lleno de flores en este verano de lluvias. Ahí descansan los utensilios de labranza, el mecapal, los azadones, machetes y los cestos para recoger y limpiar el frijol. “Es la vida que me gusta”, dice Olga, una de las fundadoras de la Cooperativa Jolob Luch Maya, de la Sociedad Civil Las Abejas.

La tarde se asoma en este paraje de la resistencia y Olga Hernán Pérez mete gallinas y guajolotes a sus corrales. Luego, hilvana con palabras en su lengua ancestral el nacimiento de la cooperativa de mujeres bordadoras, fundada apenas un mes después de la masacre de diciembre de 1997. “En 1998 comenzamos con la cooperativa, debido a que estábamos sufriendo. Fuimos desplazadas y no teníamos forma de ganar dinero. Nuestros hijos sufrían y se enfermaban al igual que nosotros. Luego vinieron nuestros hermanos y hermanas, ‘reúnanse y hagan esto’, nos dijeron. Les hicimos caso, nos agrupamos para bordar y así surgió nuestra cooperativa”.

Sentada a un lado de Olga, Rosa completa la historia: “Ya tenía siete días de que pasó la matanza cuando nosotras de Tsajal Uk’um llegamos a Acteal y ahí nos dimos cuenta que no teníamos nada, ni ropa ni zapatos, no teníamos dinero y no teníamos la forma de ayudarnos. Pero nos reunimos todas las mujeres que tejíamos y bordábamos. Quien comenzó todo fue una madre que se llama Chavelita, ella nos dio unas telas de 25 por 25 centímetros, de estos tamaños”.

A unos meses de cumplir 25 años bordando en colectivo, Olga y Rosa coinciden en el cansancio y la enfermedad. Los hombres, dicen, “están ocupados en la organización” y en el campo. Y el dinero escasea. Por pasar toda la vida en el telar ya se nubla su vista y padecen dolores de cabeza continuos. “Nuestro cuerpo ya está cansado. Nuestra edad avanza al igual que la de la organización. Ya no es la misma fortaleza del corazón. Pero nuestra organización es muy buena, tiene peso. Representa alegría para los que están sufriendo, representa un apoyo para no depender del gobierno”, explica Olga. Y remata: “pero hay ocasiones en que no razonamos y ya no nos organizamos bien, como que se pierde nuestra razón de ser, pero ahí vamos superándolo. No hemos descansado y seguimos luchando”.

Rosa explica que gracias “a que somos una agrupación de mujeres nos animamos en la realización de bordados”, pero a muchas ya les falla la vista y no hay dinero para lentes. Ahora, considera, “es importante enseñarles a nuestros hijos, para que no dependamos del gobierno, sino que aprendan a estar en una organización. Queremos seguir con la fortaleza de seguir caminando y de dialogar”.

La cooperativa de bordado, coinciden todas, cambió el papel de la mujer en la familia y en la organización, pues su trabajo se convirtió muchas veces en el sostén principal. Vicente Ruiz, esposo de Olga, quien actualmente ocupa un cargo en la iglesia, lo confirma: “El trabajo de las mujeres es muy importante, porque ya no es como antes, cuando ellas no salían. Ahora están abiertos los ojos y ya saben dónde buscar su trabajo, cómo mantener a su familia con sus artesanías. Se apoyan mucho entre ellas, con sus hijos e hijas, con las que no tienen nada. No a todos los hombres les gusta que la mujer tenga su palabra y que trabaje, no están de acuerdo porque piensan malas cosas y sienten envidia por sus mujeres”.

Zoila Gómez tiene 42 años y cuatro hijos de entre 4 y 22 años de edad. Borda la puntada conocida como cinco espinas, representativa de la región. La enseñó su mamá Antonia, que ahora tiene 73 años y quien a su vez aprendió de su abuela María, que está por cumplir 100 años y tuvo ocho hijos. Cristina Paz está a su lado. Ella tiene 39 años y no tuvo hijos, borda desde los 10 años y viste una blusa con 50 mariposas moradas, una pieza artesanal que representa más de tres meses de trabajo. Cristina no fue a la escuela, pero dice que le hubiera gustado.

Cuando Elena Pérez, de 32 años, se refiere a lo que le gusta de su comunidad, su rostro se ilumina. “Ahí está mi casa, mi cama, mi comunidad, el cafetal. Todo me gusta”, dice sin empacho. Y a Lorena también le gusta, pero habla de lo duro que es trabajar mucho tiempo bordando para ganar un promedio de 200 pesos a la semana, de los cuales son 100 de inversión en materiales.

En grupo salen rumbo al cafetal de Olga. Se suben a la camioneta, y con sus hijos ceñidos a la espalda con el rebozo, emprenden el camino. Llegan y caminan machete en mano cortando hierba y moviendo la tierra con el azadón. Son campesinas, mamás, bordadoras, esposas, defensoras de una vida que les gusta. Mariana afirma que no se imagina en otras tierras, pero habla de lo difícil que es vivir por la escasa venta de sus bordados.

El grupo de mujeres posa para las cámaras de Raúl Ortega y Xun Sero. No paran de hablar y de reír mientras trabajan en un cafetal de autoconsumo, cuya cosecha estará lista entre octubre o noviembre de este año. A un lado, en la milpa, se asoman los primeros elotes de agosto. Y empieza ya la cosecha de frijol. En Tsajal Uk’um las mujeres tienen una tienda colectiva y una granja de pollos. Hasta hace poco tenían algunas cabezas de ganado que tuvieron que vender para cubrir necesidades de salud.

El regateo, acto de discriminación que no valora su trabajo

El regateo en las calles de San Cristóbal de las Casas es histórico, tanto de turistas locales como extranjeros que les insisten a las artesanas para que les ofrezcan precios más bajos por su trabajo. “En San Cristóbal rentamos casa para la cooperativa, le pagamos a quien pinta y de la venta de una de nuestras artesanías sólo nos queda el 30 por ciento”, explica Rosa.

Rosa y el resto de las mujeres ven el regateo como “algo discriminatorio”, y por eso muchas veces “si alguien viene a ofrecer 25 pesos, pues le decimos que no, porque el proceso de realización es tardado. Si es un tejido, primero preparamos nuestros hilos en bolas, luego en el urdidor, lo que nos lleva varios días, y luego el bordado. No vamos a ceder en los abusos cuando lo quieren más barato porque nosotras sabemos el trabajo que conlleva, sabemos cuánto invertimos para comprar hilos y telas y todo lo que necesitamos. Por eso nosotras estamos en una organización, para apoyarnos y evitar los abusos”.

Mariana remata y exige “que no abusen las personas al vernos que somos indígenas, que no hablamos bien el español y que no sabemos explicar el proceso y el tiempo que nos llevan hacer nuestro trabajo. Hay gente que quiere que casi se le regale el trabajo. Y no sólo es el trabajo, es también la cultura. Yo pienso que la gente no ve todo lo que hay, la tortuga, el gallo, la flor. Pienso que la gente no está mirando a la Madre Tierra cuando regatea”.

Un cuarto de siglo sin justicia verdadera

“Ya van a ser 25 años de la masacre y no hay justicia. Nosotros no queremos dinero, ni para mis hermanos ni para mis familiares, sólo justicia”, dice María Vázquez, quien aquel 22 de diciembre sobrevivió porque salió del campamento por la mañana rumbo a Chixiltón, y ahí estaba cuando llegaron los paramilitares a disparar y atacar con machetes a quienes se encontraban en ayuno orando por la paz.

Actualmente, en la hondonada donde ocurrió la barbarie, se levanta una iglesia con murales exigiendo justicia, la oficina de la mesa directiva de la Asociación Civil Las Abejas de Acteal, una cocina y un comedor comunitario, la casa de comunicación y, entre otras rudimentarias edificaciones, el local de la cooperativa de mujeres bordadoras.

Los niños juegan fútbol en el espacio/auditorio al aire libre en el que se celebran las misas y eventos públicos de Las Abejas, que a su vez se prepara para los festejos de su 30 aniversario. Todos estos niños nacieron después de la masacre y su corta vida ha estado marcado por la misma violencia. Pero juegan y ríen, mientras sus madres bordan, están en la cocina o se preparan para salir a limpiar el cafetal.

Del paraje vecino de Tsajal Uk’um son originarios tres de los presos liberados por la masacre de Acteal. No regresaron a vivir al pueblo pero llegan a visitar a sus familiares, al igual que el resto de los 29 asesinos confesos puestos en libertad en 2009 por “fallas al debido proceso”. “El Estado mexicano no sólo armó a los paramilitares y propició la masacre de Acteal, sino que también se encargó de liberar a los autores materiales, a través de la mal llamada Suprema Corte de Justicia de la Nación, que para nosotros es una suprema corte de ricos y criminales”, dijeron Las Abejas en una campaña lanzada en 2017 bajo el nombre de Acteal: Raíz, Memoria y Esperanza, en la que responsabilizaron como autores intelectuales a Ernesto Zedillo Ponce de León, Emilio Chuayfet, el general Enrique Cervantes Aguirre, el general Mario Renán Castillo, Julio César Ruiz Ferro, entre otros que no han sido juzgados.

Tsajal Uk’um colinda con Chimix, Pechiquil y Polhó, todas tierras arrasadas por el paramilitarismo no reconocido aún por el Estado. Aquí se siguen disparando las mismas armas de alto calibre usadas en la masacre. Lo han denunciado innumerables ocasiones sin obtener respuesta alguna.

“Tenemos esperanza de que Dios cambie el corazón del gobierno y que castigue a los autores materiales e intelectuales de la masacre”, dice Vicente Ruiz, al tiempo que recuerda que “han pasado ya cuatro años del actual gobierno y no hay cambios. Ya van cuatro presidentes y la justicia no llega”.

Jorge Luis Hernández Castro, del Frayba, explica que dentro del trabajo de reflexión que acompaña actualmente el centro fundado por el obispo Samuel Ruiz García con las bordadoras de Acteal, ellas han dejado claro que la paz no vendrá del gobierno. “Desde la aguja y el hilo bordan su propia historia y la cosmovisión del mundo para hacer justicia y para fortalecer su trabajo como defensoras de derechos humanos”, dice el entrevistado. Y Mariana confirma: “Nuestra esperanza no está en nuestros gobernantes, está en nuestra organización y trabajo”.

Las Abejas junto con las víctimas y sobrevivientes de la masacre están empujando a la justicia a nivel internacional ante la Corte Internacional de Derechos Humanos (CIDH), organismo que se encuentra en periodo de análisis para rendir el esperado Informe de Fondo, cuyo contenido es la demanda y esperanza de justicia de la organización que no ha pactado con el gobierno. Se espera que en Informe de Fondo de la CIDH se contemplen no sólo las graves violaciones a los derechos humanos, sino también las consecuencias de la contrainsurgencia en México y en Chiapas específicamente.

División inducida con programas de gobierno y soluciones “amistosas”

La cita con las mujeres de la cooperativa es en la parte baja de Acteal, convertida en santuario y sede de la memoria en la que mes con mes se reúnen los sobrevivientes y desplazados por la violencia. Aquí 45 cruces rodean el escenario levantado para rendir homenaje a las 19 mujeres, 8 hombres, 14 niñas, 4 niños y 4 aún no nacidos asesinados por el grupo paramilitar priísta del municipo de Chenalhó, quien, como advirtió el Frayba, “actuaba con la aquiescencia y tolerancia de las autoridades mexicanas, en aplicación de una política de contrainsurgencia de Estado claramente diseñada en el Plan de Campaña Chiapas 94”.

¿Cómo imaginar vida después de tanta muerte?, se les pregunta a las mujeres bordadoras que se definen también como defensoras del territorio. María Vázquez Gómez, originaria de Acteal y sobreviviente de la masacre, cuenta que después de las muertes y el desplazamiento forzado las familias se quedaron sin tierras y sin sustento, y “nos empezamos a preguntar cómo le podíamos hacer, cómo podíamos vivir. Así nos dimos cuenta de que podíamos vender. Había muchas mujeres que lloraban porque no sabían cómo iban a vivir con sus hijos, porque dejaron sus pertenencias en sus casas y se tuvieron que desplazar de Queshtic. Allá quedaron su cafetal, sus animales, su comida, y se preguntaban cómo le iban a hacer. Por eso empezamos a organizarnos, para empezar a trabajar con los bordados y poder vender”.

Nueve familiares de María fueron asesinados aquel 22 de diciembre. Su mamá, sus hermanos mayor y menor, su cuñada y cinco sobrinas. Guadalupe Vázquez, conocida como Lupita en el trabajo político, es una de sus sobrinas sobrevivientes.

“Nosotras”, dice María, “somos resistencia”, y explica que no reciben apoyos del actual gobierno federal, ni del programa Sembrado Vida, ni becas ni las casas que les construyen a quienes salieron de la organización original y pactaron un Acuerdo de Solución Amistosa con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. “Por eso”, continúa María, “las mujeres trabajan y trabajan, aunque ahorita no hay mucha venta ni dónde vender”.

La mujer tsotsil lamenta que “el dinero que reparten para los mayores de edad ha desintegrado a las comunidades del municipio. A nosotros, como sobrevivientes, el gobierno nos quiere desintegrar para que ya no haya más que resolver, por eso muchas compañeras se han desintegrado. Pero nosotras queremos que haya solución, aunque nos digan que ya no somos muchos los de Las Abejas. Seguiremos en la búsqueda de que se resuelva y haya verdadera justicia por la masacre”.

Olga, por su parte, también lo tiene claro. Dice que no aceptan los programas gubernamentales porque “siempre nos van a decir que ya nos dieron y recibimos algo y nos van a querer callar. Por eso preferimos salir adelante solas, así tenemos la fortaleza de hablar y decir, y hay quienes nos escuchan más al ser independientes. Nos sentimos más fortalecidas así con nuestra organización, a pesar del cansancio por toda nuestra labor.”

La diferencia entre los que aceptan los apoyos del gobierno y los que no, explica Olga, es que “quienes reciben dinero ya no hacen más cosas, ya no quieren trabajar y se la pasan esperando a que les llegue el dinero. Cuando a un hombre le llega el dinero se le pide a su mujer para ir a emborracharse, o comprar alguna otra sustancia. Al llegar a su casa regaña a su mujer, le paga y la corretea, es lo que yo he podido ver. Ya les da igual trabajar o no, ya sólo están en espera del apoyo”.

“Nosotras”, añade Mariana, “nos diferenciamos de los que sí reciben del gobierno porque si dejamos la tierra podemos terminar hasta de sirvientes para los ricos. Por eso nosotras queremos buscar nuestros propios recursos. Cuando el gobierno reparte proyectos siempre quiere saber cuántas hectáreas de terreno tiene cada persona, te piden cuánto tienes para que te den fertilizantes o herbicidas. Pero nosotras no queremos eso”.

Luis Hernández, coordinador del Área de Trabajo Regional del Frayba, organización de derechos humanos que ha acompañado a Las Abejas desde su nacimiento, explica que con la llamada Solución Amistosa pactada con un grupo de Las Abejas que se escindió de la organización original, y que está recibiendo programas, casas y materiales, “el gobierno federal está enviando el mensaje de que los que negociaron sí consiguieron justicia (material) y que los que se quedaron en Las Abejas no, y a ellos parece decirles ‘ustedes sigan resistiendo, mientras los que pactaron ya tienen casas y luz’”.

Pero la postura de las mujeres bordadoras de Acteal, señala el entrevistado, “es muy clara, porque ellas no buscan una casa de concreto o postes de luz. También les ofrecieron Sembrando Vida, becas Benito Juárez, apoyos en la salud y otros programas del Estado, todo lo cual no tendría nada de malo si fuera acompañado de un verdadero plan de justicia, si hubiera una respuesta verdadera a lo que exigen desde hace 25 años, que tiene que ver con la responsabilidad efectiva del Estado y, luego, una reparación integral, pero hasta la fecha no está sucediendo. Entonces ellas dicen que lo que quiere el gobierno con esos apoyos es callarles la boca”.

Lo que es definitivo, sintetiza Hernández, es que aunque ya se habían dado divisiones en Las Abejas, “es en este sexenio cuando ha salido más gente de la organización”, básicamente debido a los proyectos y a la situación de precariedad en la que viven quienes siguen buscando justicia.

“Nosotros pensamos que si se recibe el dinero del gobierno nosotros ya no tenemos palabra. Con eso matan la palabra, tapan la boca, nos tapan el ojo. El gobierno busca la forma de dividir a la gente, vienen con sus campañas y cambian el corazón”, dice por su parte Vicente Ruiz, esposo de Olga y párroco de Acteal.

Si destruyen la naturaleza, nos destruyen a nosotras

Olga no para un segundo sus labores cotidianas. Ahí, dice, está su vida. “Lo que me da esperanza es tener nuestro sembradío de maíz para luego tener dónde ir a cortar elotes. Eso me da alegría. En el caso de los pollos, voy a verlos y me río y hablo con ellos. Producir lo que consumimos nos da también felicidad. Para Rosa no es distinto: “nos da alegría darle buen uso a la tierra y que no estamos aprendiendo a depender del gobierno o a vender nuestras tierras. Nos gusta estar juntos y reunidos, podemos caminar, hablar y nos defendemos entres nosotras, es lo que nos gusta”. Aquí la autonomía, sin nombrarla, se ejerce. “No estamos por parte de nadie, nadie nos está mandando. Estamos agrupados por nuestros propios medios, eso nos hace orgullosas de nuestro andar”, remata Olga.

María Vázquez vuelve al bordado y sus recuerdos. “Las muchachas siempre trabajan bien sus cabezas, sus pensamientos, y pensaron en hacer animalitos. Antes hacíamos casi sólo la figura que se conoce como cinco espinas, la florecita y uno como hueso de pescado, que tiene su nombre en tsotsil”.

El bordado, sintetiza María, se relaciona con el territorio porque “ahí están las plantas, los gusanos, las abejas y las mariposas en las flores. Nosotras copiamos de la naturaleza. Por eso, si la destruyen, nos destruyen a nosotras”.

9/07/2020

Acteal: disculpa e impunidad



El 3 de septiembre, el subsecretario de Gobernación, Alejandro Encinas, pidió perdón a nombre del Estado mexicano por la matanza de Acteal, cometida el 22 de diciembre de 1997. Ese día, 45 indígenas tzotziles fueron asesinados mientras oraban en la ermita de la comunidad de Acteal, en el municipio de Chenalhó, Chiapas. De las víctimas, 34 eran mujeres, 16 de ellas niñas, y 11 varones, entre ellos cuatro infantes; 26 personas más resultaron heridas, en su mayoría niños que quedaron con lesiones permanentes.
Las víctimas pertenecían a la sociedad civil Las Abejas, y fueron masacradas de manera salvaje por unos 80 hombres fuertemente armados, entre los que había personal de la Brigada de Policía Militar y de servicios logísticos de la Secretaría de la Defensa Nacional procedentes de diversas zonas militares del país, vestidos de civil y con antecedentes de mala conducta castrense. En una operación que se extendió durante siete horas, las víctimas fueron asesinadas con disparos de fusiles FAL y G3, usados por la Policía Militar y el Ejército. Oficialmente, el responsable directo de la matanza fue el grupo paramilitar Máscara Roja, de filiación priísta, preparado y entrenado por el Ejército Mexicano para operar en la región de Los Altos de Chiapas. Según testigos oculares, el grupo de civiles armados actuó respaldado por una brigada de operaciones mixtas (BOM), integrada por militares, policías judiciales y de seguridad pública del estado, que se encontraba a menos de 200 metros de distancia de la comunidad.
Ante el desconocimiento de los Acuerdos de San Andrés por el presidente Ernesto Zedillo, ayuntamientos autónomos de bases civiles del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, con eje en el ejercicio de los usos y costumbres indígenas, habían derivado en un poder paralelo que ejercía el gobierno de hecho, y los caciques tradicionales del Partido Revolucionario Institucional (PRI) se asimilaron a la violencia paramilitar para frustrar ese proceso.
El múltiple homicidio de Acteal fue un castigo ejemplar dirigido a diluir por la vía del terror la resistencia civil. La matanza respondió a una lógica contrainsurgente de guerra difusa contra el EZLN, sus bases de apoyo y las organizaciones civiles y eclesiales solidarias, pero fue también una reacción racista, autoritaria y patológica del gobierno zedillista y los militares contra el ejercicio de las autonomías indígenas. Testimonios de víctimas sobrevivientes dieron cuenta de prácticas de violencia inéditas en Chenalhó; en la región de Los Altos no existían antecedentes de técnicas de exterminio como las allí practicadas por los verdugos. En los conflictos intercomunitarios no se había involucrado a mujeres y niños; tampoco se había mutilado a las víctimas con machetes después de ser asesinadas con armas de fuego, como ocurrió con cuatro embarazadas a quienes profanaron sus vientres, extrayendo sus fetos, como modo de represión para acabar con el enemigo, típico de la contrainsurgencia, la guerra sucia y el terrorismo de Estado.
La revelación del Plan de Campaña Chiapas 94 de la Sedena 12 días después de la matanza, vino a demostrar que la acción paramilitar fue una operación de guerra irregular. Y como tal, un crimen de Estado. Redactado por quien se ostentaba bajo el nombre clave de S-3 –presumiblemente el general Mario Renán Castillo−, dicho plan tenía como objetivo estratégico-operacional destruir la voluntad de combatir del EZLN, aislándolo de la población civil y lograr el apoyo de ésta, en beneficio de las operaciones del Ejército. Como objetivos tácticos figuraban destruir y/o desorganizar la estructura política y militar del EZLN, para lo cual, junto con operaciones de inteligencia, sicológicas, de control de población civil y logísticas, se instruía la organización, adiestramiento, asesoramiento y apoyo de las fuerzas de autodefensa u otras organizaciones paramilitares (sic). Agregaba: En caso de no existir fuerzas de autodefensa, es necesario crearlas. De manera textual se ordenaba “organizar secretamente a ciertos sectores de la población civil –entre otros, a ganaderos, pequeños propietarios e individuos caracterizados con un alto sentido patriótico–, quienes serán empleados a órdenes en apoyo de nuestras operaciones”.
En Acteal también se aplicaron los lineamientos del Manual de guerra irregular, operaciones de contraguerrilla y restauración del orden, de la Sedena, donde se afirma, citando a Mao, que el pueblo es a la guerrilla como el agua al pez. Pero al pez, agrega, se le puede hacer imposible la vida en el agua, agitándola, introduciendo elementos perjudiciales a su subsistencia, o peces más bravos que lo ataquen, lo persigan y lo obliguen a desaparecer. Esa estrategia paramilitar estuvo dirigida a tender un cerco sanitario en torno al EZLN, para fijarlo en un terreno previamente cuadriculado y, una vez aislado de su base social, intentar destruirlo y/o aniquilarlo.
El Acuerdo de Solución Amistosa entre el Estado y un grupo de familias escindidas de Las Abejas, y la disculpa pública del subsecretario de Gobernación Encinas no extingue las demandas de verdad, juicio a los culpables y no repetición de quienes siguen perteneciendo a esa organización indígena. Zedillo y la cadena de mando de la Sedena siguen impunes, igual que el ex gobernador Julio César Ruiz Ferro. Y la violencia paramilitar también sigue vigente en Aldama, Tila y Chenalhó contra comunidades bases de apoyo del EZLN.

9/04/2020

El Estado pide perdón por la masacre de 45 personas en Acteal

Ofrecen compensación económica

El portavoz de las víctimas exige juicio contra el ex presidente Ernesto Zedillo y el ex gobernador Julio César Ruiz Ferro



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▲ Familiares de las víctimas de la masacre de Acteal en 1997 aceptaron ayer las disculpas del Estado que el subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas, ofreció, así como el anuncio de la reparación del daño.

Desde la Secretaría de Gobernación (SG) se escuchó en tzotzil y en español el reconocimiento del Estado mexicano por su responsabilidad en la masacre de Acteal (Chenalhó, Chiapas), perpetrada el 22 de diciembre de 1997, con saldo de 45 muertos y 26 heridos. A nombre de las víctimas, Fernando Luna Pérez se pronunció a favor de que se lleve a juicio a los ex presidentes, en particular a Ernesto Zedillo.
El Acuerdo de Solución Amistosa fue firmado luego de que el Estado, en voz del subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración de la SG, Alejandro Encinas, ofreció disculpas y señaló que el ataque fue perpetrado por grupos paramilitares con la complacencia de las autoridades, en el contexto de un Estado anquilosado que alteró la escena del crimen en la que fueron asesinadas personas indefensas, entre éstas cuatro mujeres embarazadas y 18 menores de edad.
Como parte de la reparación del daño, se hará un documental de los hechos y se entregará una compensación económica individual, la más alta en los estándares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, instancia ante la que se interpuso la demanda en 2005.
La solución incluye a 18 víctimas fallecidas y 12 sobrevivientes. El subsecretario Encinas declaró que están a salvo los derechos de quienes esperan la resolución a fondo en el sistema interamericano de derechos humanos. Luna Pérez señaló como responsable de la agresión a unos 100 paramilitares pertenecientes al PRI y al Partido Frente Cardenista, todos armados y adiestrados por el Ejército Mexicano que, con una lógica de contrainsurgencia, alevosía y predeterminación, ingresaron al campamento de desplazados, disparando armas deuso exclusivo del ejército y masacraron a nuestros hermanos.
Destacó que fue un crimen de lesa humanidad y pidió juicio para los autores intelectuales que implementaron la estrategia de insurgencia; esto es, precisó, los gobiernos en turno, encabezados por el presidente Ernesto Zedillo.
Sin embargo, refirió que su lucha no termina hoy al caducar la mentira de Zedillo que planteaba la masacre de Acteal como resultado de un conflicto intercomunitario, de tierra y religión; al contrario, es necesario llevar ante lajusticia a todos los involucrados en el crimen, de los tres niveles de gobierno.
Declaró que más allá de la consulta ciudadana, promovida actualmente, se debe juzgar a los mandatarios anteriores. “No hacer justicia con nuestras propias manos, añadió, no es olvido. Aceptamos la disculpa porque la actual administración reconoce la acción de los paramilitares y la omisión de las autoridades mexicanas.
Exigimos que así sea, que se cumpla, se investigue y se lleve a juicio a Ernesto Zedillo Ponce de León, ex jefe del Ejecutivo de México y toda su cadena de mando, por ser los autores intelectuales de la masacre de Acteal, expresó Luna Pérez.
Mencionó también como responsables a otros funcionarios en turno en ese año: Julio César Ruiz Ferro, ex gobernador de Chiapas; Emilio Chuayffet Chemor, ex secretario de Gobernación; general Enrique Cervantes Aguirre, ex secretario de la Defensa Nacional; Homero Tovilla Cristiani y Uriel Jarquín Gálvez, entre otros.
Recordó que con la denuncia de los afectados fueron procesados 88 civiles paramilitares, 15 funcionarios públicos y hubo 29 órdenes de aprehensión no ejecutadas, pero no se agotó la línea de investigación relacionada con la estrategia de contrainsurgencia.
En el acto de gobierno estuvieron ayer familiares y víctimas de los hechos, funcionarios del gobierno federal y de Chiapas, comisionados de organismos no gubernamentales y el embajador de Canadá; en videoconferencia, fue testigo la comisionada y relatora para México de la CIDH, Esmeralda Arosamena.


Foto Secretaría de Gobernación
Periódico La Jornada

8/25/2019

Encinas: el Estado asumirá responsabilidad por la matanza de Acteal



El Estado mexicano asumirá la responsabilidad en los hechos ocurridos hace casi 22 años por la masacre de Acteal, Chiapas, prometió el subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración, Alejandro Encinas Rodríguez.
En la Secretaría de Gobernación (SG) se llevó a cabo una reunión con un grupo de víctimas de la masacre de Acteal –cometida el 22 de diciembre de 1997–, autoridades federales y estatales, para concretar los términos para la firma de un acuerdo de solución amistosa sobre este caso.
Tras el encuentro, Patrocinio Hernández, vocero de la organización de la sociedad civil Las Abejas, indicó a medios de comunicación que nosotros consideramos que sí va a haber un acuerdo frente a la promesa hecha por Encinas de un reconocimiento de responsabilidad del Estado en la matanza de Acteal.
Recordó que desde abril hicieron una propuesta en la que se solicitaba al Estado mexicano que reconociera los hechos que fueron presentados desde 2005, cuando el caso llegó a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
Para esta organización era fundamental que se aceptara la propuesta de responsabilidad del Estado mexicano por acción y omisión. La primera condición, explicó el portavoz, porque la masacre se consumó en el contexto de una política de Estado encaminada a cometer ataques generalizados y sistemáticos contra la población civil, ejecutados por grupos paramilitares, financiados, adiestrados y protegidos por las mismas autoridades para debilitar las bases del EZLN y las comunidades que le habrían manifestado su simpatía.
En tanto, por omisión, por la presunta deliberada falta de integración de la policía de Seguridad Pública durante la consumación de los hechos denunciados.
Patrocinio Hernández destacó que esta promesa es muy importante para las víctimas porque “cuando el Estado reconoce que la masacre de Acteal no fue una guerra entre poblaciones, sino que sucedió en el contexto de una política de Estado encaminada a la contención social… finalmente las víctimas van a tener satisfacción” porque su palabra triunfó y no la mentira del Estado mexicano.
En tanto, la SG informó que refrendó la total disposición para atender de manera integral la reparación del daño, investigación y garantía de no repetición, con apego a estándares del Sistema Interamericano de Derechos Humanos y las peticiones de las víctimas agraviadas por los lamentables hechos de 1997.
Encinas aclaró que los acuerdos alcanzados no afectan los derechos de otro grupo de víctimas quienes han recurrido a la CIDH en ejercicio pleno de su legítimo derecho.
La matanza de Acteal, ocurrida en 1997, dejó un saldo de 45 muertos, incluidos niños y mujeres embarazadas, en la localidad de Acteal, municipio de Chenalhó, Chiapas.

Periódico La Jornada

12/23/2018

Insiste Frayba en que CIDH se pronuncie sobre Acteal

Se cumplen 21 años de la masacre


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▲ Peregrinación en 2017 para recordar la masacre ocurrida el 22 de diciembre de 1997.

San Cristóbal De Las Casas, Chis., Al cumplirse 21 años de la masacre de 45 indígenas ocurrida en Acteal, la organización Sociedad Civil Las Abejas y el Centro de Derechos Humanos Fray Batolomé de Las Casas (Frayba) anunciaron que reforzarán las acciones internacionales para que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) se pronuncie sobre el fondo del caso.
Pedro Faro Navarro, director del Frayba, dijo: Desde hace tiempo la situación está cerrada en el ámbito nacional, ya que el Estado mexicano no sólo se negó a una acción de justicia, sino que le ha sumado impunidad con la liberación de casi la totalidad de los autores materiales.
En entrevista, dijo que el caso sigue estando en la CIDH, que debió dar una resolución de fondo desde hace años, pero por cuestiones que no entendemos hay también un retraso absurdo, pues ni siquiera el fondo del asunto ha dictado, aun cuando se han aportado todas las evidencias.
Recordó que en el contexto de la guerra de baja intensidad en contra del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, el 22 diciembre de 1997 fueron asesinados 45 indígenas en la comunidad tzotzil de Acteal, municipio de Chenalhó, por paramilitares priístas.
Señaló que debido a que el Estado mexicano no hizo justicia, los familiares de las víctimas acudieron ante la CIDH, pero desde hace varios años están a la espera de que emita un fallo sobre el fondo del caso para, a partir de ahí, generar otras acciones internacionales como acudir ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, nombrando claramente a los implicados, entre ellos el ex presidente Ernesto Zedillo, aunque al que se juzga es al Estado mexicano.
Subrayó: “Lo que vemos es que a 21 años hay un cansancio en el proceso de la lucha de la organización Sociedad Civil Las Abejas; este año se dedicaron a reforzar el proceso organizativo de sus órganos de autoridad –que hasta ahora ha sido la mesa directiva–, aunque ha salido otro grupo que ha pretendido usurpar su lucha utilizando el nombre y el logotipo, pero ellos han dado evidencia contundente de su camino de resistencia y esperanza por la construcción de la justicia y se han dedicado a trabajar en el Congreso Nacional Indígena y en el Concejo Indígena de Gobierno (CIG)”.
Agregó: Han impulsado la memoria viva desde abajo y su lucha desde adentro. Tienen en el CIG a su concejala, Guadalupe Vázquez, sobreviviente de la masacre, quien ha tenido un papel bastante público, de claridad política y de convicción en cuanto a su proceso de exigencia de justicia.
Faro Navarro señaló: Todo este año ha sido para colocar bien su postura política ante el gobierno anterior y ante el nuevo. Los sobrevivientes y sus familiares no le están pidiendo nada al Estado, sino que el que está pidiendo es el grupo usurpador que ha solicitado que atienda el asunto de la masacre.
Por ello, remarcó el director del Frayba, vamos a reforzar nuestra acción internacional junto con la mesa directiva de Las Abejas para que la CIDH emita cuanto antes el fondo del caso, pues ya pasaron 21 años de la masacre.
–¿Existe alguna esperanza de que con el nuevo gobierno federal se haga justicia? –se le preguntó.
–No vemos ningún interés. El presidente López Obrador se comprometió y ha estado pendiente del caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa, pero ni siquiera de los más de 37 mil desaparecidos. No ha habido claridad como en el asunto de los 43. Se habla de comisiones de la verdad sin tener claro hacia dónde se transitaría para combatir la gran impunidad existente. El nuevo gobierno opera desde arriba y no consulta a las víctimas.

Foto Moysés Zúñiga Santiago, Elio Henríquez
CorresponsalPeriódico La Jornada

12/16/2018

Matanza de Acteal no fue por conflicto interreligioso

Zedillo, culpable: investigadora


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▲ La politóloga Mónica Uribe es autora del libro 
El dolor de Acteal. Una revisión histórica 1997-2014.
Ernesto Zedillo es el gran culpable por omisión y comisión de la matanza de Acteal, dice de manera categórica la politóloga e investigadora de asuntos religiosos Mónica Uribe, a punto de cumplirse 21 años de este crimen de lesa humanidad que aún permanece en la impunidad.
Autora del libro El dolor de Acteal. Una revisión histórica 1997-2014, Uribe va más allá y afirma: El crimen de Acteal no fue un pleito interreligioso. Fue un pleito con muchas variables, pero la religión no entra.
En entrevista, recuerda que la fecha del 22 de diciembre de 1997 quedó grabada en su vida por la crueldad y el horror de haber visto a las víctimas: siete varones, 21 mujeres y 15 niños. Y la saña con la que los perpetradores actuaron: a las embarazadas les abrieron el vientre a machetazos.
Uribe desarrolla su investigación en tres vertientes. La primera: los documentos de Santa Fe 1 y 2 de la década de los 80, sobre la influencia de Estados Unidos en América Latina y las estrategias de contención del avance de la izquierda y el socialismo. La segunda: terror a la teología de la liberación, uno de los temas centrales, en su versión mexicana, exactamente en San Cristóbal de las Casas, con la llamada teología indígena. Y la tercera: centrada en la posición de la jerarquía católica mexicana.
La forma en la que se comportó el Episcopado es verdaderamente escalofriante. Hay una variable religiosa poco explorada que tiene que ver con los pleitos internos del clero, después de los cambios constitucionales en materia eclesiástica de 1991-1992. Hay una reformulación. Pero la constante es la presencia del nuncio Girolamo Prigione y todo el Club de Roma en el pontificado de Juan Pablo II y su odio al obispo Samuel Ruiz y a todo lo que le sonaba a progresismo y teología de la liberación, explica.

El mayor responsable
Uribe indaga en la vida y trayectoria política del que considera el mayor responsable de la matanza: el ex presidente Zedillo, de quien, dice, se tiene una idea equivocada al considerarlo el constructor de la democracia moderna de México.
“Zedillo no se ha ido, aquí sigue por interpósita persona. Su corte en términos de élite política sigue vigente hasta la fecha, como Liébano Sáenz, quien era no sólo espejo del príncipe, sino el consejero áureo, que siempre estuvo detrás de las decisiones políticas de Zedillo, porque éste no es un genio político”.
Explica que una de las cosas que demuestra que el crimen de lesa humanidad de Acteal no fue un conflicto interreligioso es la política zedillista: “Fue un conflicto muy provocado desde las esferas gubernamentales para tener el pretexto de entrar militarmente a Chiapas y acabar con la insurgencia. Los grandes bancos e instituciones internacionales estaban pidiendo resolver el problema de Chiapas, y Zedillo lo ‘resolvió’ a cualquier precio”.
Resalta que una de sus fuentes documentales, como los papeles de Santa Fe, nadie los había tocado, a pesar de que son muy importantes: Son cuatro documentos, uno de 1980, 1988, 1996 y 2003. Son generados por la Fundación Heritage, la Grand Corporation y la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés). Se juntaron todas las fuerzas de la ultraderecha estadunidense en 1980 para decirle a Ronald Reagan por dónde tenía que ir la política internacional con un capítulo sobre el continente y cómo mantener la hegemonía en toda América Latina.
Añade: Las Abejas son un grupo que surge del progresismo católico y para la lógica de Zedillo tenían que ser eliminados, porque el ex presidente hizo una alianza con la teología de la prosperidad, con el Club de Roma y los grupos neoevangélicos de Liébano Sáenz y tienen una agenda.
–¿Cuál es la agenda de Sáenz?
–De ser neoevangelizadores y acabar con el catolicismo como ideolatría. Como ellos ya son católicos renacidos tienen que expandir su fe. Fue parte de la agenda personal de Liébano Sáenz, sobre todo por su alianza con Hugo Eric Flores, dirigente de Encuentro Social. Samuel Ruiz encarnaba todo lo que detestaban Liébano y Zedillo.
–¿Quién es el responsable del crimen de lesa humanidad de Acteal?
–Ernesto Zedillo por comisión y por omisión.

Impunidad endémica
En su libro El dolor de Acteal, Uribe investiga las razones de la impunidad sobre este crimen de Estado, a pesar de la denuncia civil contra Zedillo en Estados Unidos, interpuesta por el clon de la organización civil de Las Abejas.
“Las Abejas se dividen. La organización de las Abejas de Acteal no el clon, se quedan horrorizados y dijeron ‘no vamos a cambiar nuestros muertos por dinero’, con toda la dignidad del mundo, pero no entran a la cuestión judicial. Hay un grupo de deudos que no son Las Abejas originales, son la organización clon y demandan a Zedillo en EU. Pero cometen dos errores: haberlo hecho de tipo civil y, dos, haber pedido reparación del daño en metálico”.
De acuerdo con su investigación, Zedillo recibió el apoyo del ex presidente Felipe Calderón: Nadie ha reparado en esto. Ambos son amigos.
Otro de los temas fundamentales, dice, es la tenencia de la tierra en Los Altos de Chiapas porque ahí la reforma agraria no llegó: No todos los indígenas son pobres, son muy ricos en tierras, tanto así que uno de los puntos centrales de la emergencia es una herencia.
–¿Quiénes más son los responsables de la matanza?
–Está el famoso documento de Plan Chiapas 1994 que sucede que es de 1995. Mis conclusiones surgen a partir de la segunda investigación. La primera que se hace a finales de 1997 con el libro blanco, con Jorge Madrazo, está mal hecha, porque pone el acento en el pleito interreligioso, cuando el crimen de Acteal no es un pleito interreligioso.
–¿Qué es?
–Es un pleito con muchas variables, pero la religión en sí misma no entra, lo único que pude registrar como un conflicto religioso fue la amenaza que hace el alcalde de Chenalhó, Jacinto Arias, que era profesor y presbiteriano, al padre Miguel Soto o al sacerdote francés a quien le dice: lo voy a matar y vamos a quemar su cuerpo para que ni los gusanos sean contaminados por usted. El conflicto es de los priístas contra el EZLN y contra los demás.
Uribe dice que hay dos niveles en su investigación: el documento contrainsurgente y el balance de la situación, resultado de la investigación que hace el gobierno de Juan Sabines después de 2009 y que proporciona unas pistas acerca de quién, cómo, por qué y para qué.
Lo que trata de hacer Jorge Madrazo en 1998 es decir que es un pleito intercomunitario por cuestiones religiosas, pero no habla de la militarización ni de la paramilitarización, ni de los conflictos entre partidos políticos, ni de los conflictos de estamentos de Chenalhó. Eso no lo toca. En cambio, encarcelan a una serie de personas con un juicio mal hecho sin el debido proceso. Esa es otra problemática.
Afirma que luego, para reivindicarse, Juan Sabines, casi 10 años después, abre el expediente de manera interna: Hay que recordar que en 1998 el tema se atrae a la esfera federal, pero Sabines lo deja en el Ministerio Público local, donde hay ciertas declaraciones que no se toman en cuenta, la más importante de Emilio Chuayffet que dice que él sabía y también Liébano, quien era quien tomaba las decisiones. Todos sabían que estaba pasando, porque tenían inteligencia militar y civil.
–¿Desde cuándo sabían lo que iba a pasar en Acteal?
–Lo sabían desde los primeros pleitos fuertes a principios de 1997 por la cantera que era comunitaria y los pleitos de la tenencia de la tierra. Luego hubo varios asesinatos, uno muy cerquita de la matanza de Acteal que asesinaron a un joven, hubo venganza y se hizo pasar el asunto como parte de los hechos, como si el crimen de Acteal hubiera sido una respuesta a este asesinato y no es así.
Finalmente, afirma que para afianzar la versión del Estado del supuesto pleito interreligioso se utilizó a intelectuales orgánicos, como Héctor Aguilar Camín, quien publicó en su revista tres grandes reportajes para defender la posición oficial: Desde el punto de vista académico intelectual se tomaron tres posiciones claras. Una, la de Aguilar Camín, que es completamente de lavarle la cara al gobierno de Zedillo, cuando el ex presidente estuvo por la zona de Acteal en octubre y el presidente municipal Jacinto Arias le dio una carta que permitiera hacer una excepción a la Constitución porque tenía que hacer acopio de armas ya que estaba el municipio de Polhó y había conflictos entre los partidos políticos. Aguilar Camín apuntala la hipótesis de conflicto interreligioso.

Foto Sanjuana Martínez
Especial Para La Jornada
Periódico La Jornada

12/25/2017

"Se olvidaron de nosotros": Acteal


Dos décadas de impunidad


20 años después de la masacre de Acteal, en Chiapas, donde murieron 45 personas en manos de grupos de civiles armados, sobrevivientes y organismos humanitarios coinciden en que el crimen sigue impune, porque los autores materiales fueron liberados paulatinamente desde 2009, bajo el argumento de que hubo fallas en el proceso judicial en su contra; en tanto la autoría intelectual en la que habrían estado involucradas autoridades estatales y federales, nunca se sancionó.
Los sobrevivientes de los hechos ocurridos en Acteal el 22 de diciembre de 1997, continúan afectados por las secuelas físicas, emocionales y sociales que dejó ese acontecimiento, explicó el especialista Carlos Martín Beristain, en el estudio que llevó a cabo con ayuda de varios psicólogos, y que se publicó bajo el título “Acteal: resistencia, memoria y verdad”.

A pesar de ello, las personas sobrevivientes persisten en su demanda ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) desde 2005, para que este organismo emita una recomendación al Estado mexicano, porque aseguran que los civiles armados (paramilitares) que los agredieron, actuaron con aquiescencia del gobierno.
En su argumento señalan que fueron víctimas de la guerra de baja intensidad utilizada como estrategia para anular cualquier adhesión al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
En el marco de la conmemoración de los 20 años de este hecho, el representante de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en México, Jan Jarab, visitó la comunidad Acteal, y escuchó los testimonios de las y los sobrevivientes.
El diplomático expresó su solidaridad y se sumó a la exigencia de justicia “para romper este círculo vicioso de la impunidad que prevalece hoy por hoy en México”.

“SE OLVIDARON DE NOSOTROS”

Fernando Luna Pérez tenía 7 años cuando ocurrió la masacre. Su madre, Juana Pérez Pérez, y su hermano Juan Carlos, de 2 años, murieron asesinados. “Fue difícil vivir sin una madre, mi padre estuvo conmigo pero hubo momentos en que no tenía ni para comer”, recuerda.
A pesar de esta situación, Fernando logró estudiar hasta la escuela Preparatoria, después no tuvo recursos para continuar. En 2009 asistió junto a la delegación de sobrevivientes a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) en la Ciudad de México a pedir que no fueran liberados los autores materiales de la masacre. No fueron escuchados.
“Para el gobierno es como si no hubiera pasado nada. Es una indignación porque no ha habido justicia, se olvidaron de nosotros. Murieron nuestros familiares y no les importó. Se olvidaron de nosotros”, señala.

Micaela y María Vázquez Pérez también son sobrevivientes de Acteal. En la masacre murieron sus hermanas Marcela y Antonia Vázquez Pérez
Viven en una pequeña casa de una sola pieza, en la entrada a la comunidad. Actualmente tienen 32 y 40 años de edad. Se mantienen vendiendo artesanías en las calles de San Cristóbal de Las Casas. Los recursos que obtienen son insuficientes para poder pagar atención médica que les permita recuperarse de las secuelas que les dejó la masacre.

“Mi papá, Francisco Vázquez Hernández, cuando se murieron mis familiares se puso muy triste. Todavía sobrevivió y apenas el año pasado (2016) falleció… ahora estoy sola. Ojalá tuviéramos un espacio para vender artesanías, ojalá haya justicia, ojalá nos reparen los daños y nos indemnicen”, explica María.
 Antonio Luna Santis también murió buscando justicia.  En la masacre perdió 5 familiares, su hija y tres nietos, Marcela Luna Ruiz;  Alejandro, Juan y Silvia Pérez Luna; y su yerno Miguel Pérez Jiménez.
Se quedó a cargo de sus tres nietas, entre ellas Zenaida, quien perdió parcialmente la vista a consecuencia de un disparo que recibió durante la masacre. Hoy su familia se suma a la petición para que el Estado mexicano sea sancionado por la masacre, y a los sobrevivientes se les repare el daño y sean indemnizados. Esto les permitiría recibir atención médica.
A pesar de este escenario, los sobrevivientes insisten, “nosotros no queremos venganza, lo que queremos es justicia. Ellos, los paramilitares que participaron en la masacre son nuestros primos, son nuestros vecinos… entendemos que fueron engañados, por la pobreza los engañaron, los manipularon. Pero sólo la justicia puede traer la paz, solo la justicia puede impedir otra masacre”.

Imagen retomada del portal Chiapas Paralelo|Familia Luna Pérez, sobrevivientes de la masacre de Acteal. 
Foto: Ángeles Mariscal
Por: Ángeles Mariscal
Cimacnoticias | Tuxtla Gutiérrez, Chis .- 

12/24/2017

Acteal es una herida abierta

Veinte años de la masacre


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Procesión en Acteal

Durante la visita el miércoles de Jan Jarab –representante en México de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos– al campamento de Acteal, Chenalhó, donde hace dos décadas ocurrió la masacre de 45 personas y cuatro nonatos, Las Abejas solicitó al organismo su intervención para que la injusticia en este crimen de lesa humanidad no siga prolongándose, para evitar la repetición de hechos, que Acteal sea reconocido como un sitio de memoria y esperanza, y que se reconozca al Estado mexicano como responsable de la masacre.
En la víspera del vigésimo aniversario de la tragedia, Jarab expresó aquí que la ONU tiene como prioridad los derechos de los pueblos originarios y la lucha contra la impunidad.
Integrantes de la organización de la sociedad civil Las Abejas narraron ante Jarab la verdad que el Estado mexicano intentó negar y continúa ocultando: las graves violaciones a derechos humanos como estrategia contrainsurgente en la región Los Altos de Chiapas.
Guadalupe Vázquez Luna, entonces una niña, y que perdió a su familia ese día, hoy es integrante del Concejo Indígena de Gobierno del Congreso Nacional Indígena. Leyó un escrito entregado al representante de la ONU: Señor Jan Jarab, como víctimas sobrevivientes de la masacre y miembros del pueblo tzotzil estamos cansadas y cansados de tanta injusticia, humillación, desprecio y discriminación de parte del Estado mexicano. A pesar de ello nos hemos propuesto, junto con otros pueblos originarios, construir Otra Justicia, digna y humanizada. No sabemos cuántos años más deben pasar para conocer la verdad y ver la justicia. Acteal sigue siendo una herida abierta, en México no hay justicia. La dilación es discriminación.
El escenario donde se recuerda el crimen está formado hoy por 49 velas y 49 cruces, que representan a los 45 caídos más cuatro no nacidos, asesinados por paramilitares el 22 de diciembre de 1997. Se instaló en la misma ermita donde los entonces desplazados rezaban y ayunaban por la paz. En este sitio, Jarab escuchó testimonios que, como apunta el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas, duelen en la memoria, pero se hacen necesarios para continuar la reivindicación de justicia.
El jueves la conmemoración de los indígenas dio comienzo a las ocho de la mañana con una marcha desde la mina de arena de Majomut hasta la hondonada donde hace 20 años se encontraban refugiados, en condiciones muy precarias, centenares de desplazados de Las Abejas del municipio de Chenalhó, al igual que miles más perseguidos desde meses atrás por grupos de civiles armados respaldados por el gobierno y las fuerzas armadas, como parte de la campaña contrainsurgente que combatía a los rebeldes zapatistas y sus aliados, como es el caso de Las Abejas.
Aquellos 45 indígenas no fueron los primeros asesinados a causa del conflicto, ni serían los últimos. Con notable constancia, 20 años después Las Abejas siguen demandando justicia.
Foto Moysés Zúñiga
Hermann Bellinghausen
Enviado
Periódico La Jornada
Sábado 23 de diciembre de 2017, p. 2
Acteal, Chis.

Marcha de la organización Las Abejas para recordar a víctimas

Veinte años de la masacre

Marcha de la organización Las Abejas para recordar a víctimas


Foto
Integrantes de la organización Las Abejas recordaron a las víctimas de la agresión paramilitar


El gobierno quiere legalizar nuestra muerte, dice Guadalupe Vázquez Luna, quien habla desde la parte posterior de una camioneta de redilas de cara a los que caminan en procesión, más de un millar de personas que inician en el paraje Majomut la conmemoración del 20 aniversario de la masacre ocurrida unos kilómetros adelante. Lupita, sobreviviente de la matanza, se refiere en su arenga rodante a la Ley de Seguridad Interior recién promulgada como una ley que asesina.
La marcha y conmemoración política y religiosa de la matanza de civiles indefensos que el 22 de diciembre de 1997 se encontraban muy precariamente refugiados en la hondonada de Acteal bajo, tiene el sello de Las Abejas. Es un acto de memoria, y también una declaración de actualidad con reclamos directos al gobierno por imponer la citada ley, que consideran la continuación de la política de Estado que llevó a la masacre.
El recuento es sucinto: Un día como hoy, paramilitares priístas y (frente)cardenistas de Chenalhó creados, financiados, entrenados, armados y protegidos por el Poder Ejecutivo y el Ejército federal en el marco del Plan de Campaña Chiapas 94, masacraron con saña, premeditación y alevosía a 45 hermanas y hermanos nuestros, más cuatro que no habían nacido.
Luego, durante el acto solemne enmarcado en la campaña Acteal: Raíz, Memoria y Esperanza, la joven de 30 años, quien a los 10 perdió a nueve integrantes de su familia, es la encargada de leer el comunicado oficial a los 20 años de la masacre y 25 de lucha y organización de Las Abejas. Y dice: “Nos encontramos con la noticia de que el mal gobierno de Enrique Peña Nieto ha hecho una ley anticonstitucional para que su Ejército pueda seguir cometiendo, ahora ‘legalmente’, graves violaciones a derechos humanos. A este gobierno criminal no le bastó legalizar el despojo de nuestras tierras y territorios con sus reformas estructurales; con la aprobación de esta Ley de Seguridad Interior el mal gobierno confirma su guerra de exterminio en contra de los pueblos indígenas y no indígenas, como lo aplicó en Acteal”.
Lupita, primera mujer en recibir un bastón de mando para que represente a Las Abejas en el Concejo Indígena de Gobierno del Congreso Nacional Indígena, se refiere a una de las partes más siniestras de aquella desgracia: Nunca olvidaremos a las mujeres embarazadas que les fueron abiertos sus vientres, sacándoles a sus bebés como un mensaje de querer acabar con la semilla.
Este paraje, alguna vez llamado Los Naranjos, sigue siendo el sitio de una tragedia inolvidable, de una cicatriz que todavía duele, y lo que es más, todavía sangra. Al abordar la Otra Justicia, el mensaje de los indígenas subraya que la alevosa agresión fue contra un pueblo tzotzil pacífico y organizado.
Nuestra experiencia de horror y desesperación por estar siendo cazadas literalmente durante casi siete horas, nos duele al contar todo esto, porque es como si hubiera ocurrido ayer ese infierno, expresa Lupita. Queremos que nuestros jóvenes sepan bien lo que pasó, tenemos que compartirles y formarlos para que sigan el ejemplo de nuestra lucha y así la memoria de nuestro pueblo esté floreciendo por siempre. El sistema de justicia mexicano ya está caducado, sentencia la organización tzotzil, como pueblos nos hemos propuesto construir una justicia digna y duradera.
El momento climático del mensaje de Las Abejas adopta el carácter de una sentencia al invitar a la concurrencia a condenar simbólicamente a los autores intelectuales de la masacre, para evitar que sigan cometiendo más crímenes en contra del pueblo mexicano. Los asistentes se ponen de pie y pronuncian en alto la palabra culpable, cuando su comunicado nombra a los criminales. Se enumera a los nueve funcionarios que actuaron en la cadena de mando de la operación genocida, empezando por el entonces presidente de la República, Ernesto Zedillo Ponce de León. Por cierto, él sería el único de todos los nombrados que no renunció a su cargo tras la masacre. Uno tras otro, todos son declarados culpables por la concurrencia.
Participan con los indígenas en la conmemoración el obispo de Saltillo (llamado Tatic en Chiapas), Raúl Vera; varios ex párrocos católicos de Chenalhó, representantes de organizaciones indígenas y de solidaridad nacional e internacional, incluso un enviado de la Organización de las Naciones Unidas. El obispo Vera manifiesta que la mancha de muerte que se mueve por México se ilumina gracias a la fuente de esperanza que no se apaga, representada por la memoriosa lucha de Las Abejas.
Enseguida, Pedro Faro, del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas (Frayba), organización que ha acompañado a los sobrevivientes durante 20 años, insiste en que está demostrada ante instancias nacionales e internacionales la responsabilidad del Estado mexicano en la creación, formación y apoyo a grupos paramilitares y en la estrategia de contrainsurgencia elaborada por la Secretaría de la Defensa Nacional. Ahora, indica Faro, las fuerzas armadas tienen su Ley de Seguridad Interior, lo que significa que el gobierno mexicano afirma su lenguaje de guerra.
De nueva cuenta hoy, como hace dos décadas, el Frayba denuncia el éxodo de población, en esta ocasión del vecino municipio de Chalchihuitán, y la destrucción comunitaria como resultado del desprecio del gobierno hacia los pueblos originarios, y la lacerante impunidad que por décadas ha creado raíces en estas tierras.

Foto Gloria Muñoz
Hermann Bellinghausen y Gloria Muñoz Ramírez
Enviado y especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Sábado 23 de diciembre de 2017, p. 2
Acteal, Chis.