En una columna para Milenio, el periodista Epigmenio
Ibarra, señala que los 30 millones que en 2018 votaron por un cambio de
régimen, sabían que al momento de cruzar la boleta ” no podría ser tarea
fácil y menos consumarse en unos cuantos meses”.
Por lo que de forma pacífica se desplazará al poder de uno de los más
logevos, corruptos y represivos, al votar por la democracia.
“Sabemos lo que hicieron y de lo que son capaces esos ex gobernantes y
líderes políticos y empresariales que hoy se presentan como defensores
de una libertad y una justicia que por décadas se empeñaron en negar a
las mayorías. Sabemos que tienen las manos manchadas de sangre y los
bolsillos llenos de dinero del pueblo, y que están detrás de las
campañas para sembrar el miedo y la incertidumbre. Sabemos que operan en
la oscuridad” señala.
Y sostiene que aunque hoy por primera vez en la historia, se vive un
tiempo de libertades plenas, el viejo régimen hace uso de las mismas
para llevarnos de nuevo al pasado autoritario. Epigmenio Ibarra sostiene
que los que tienen nexos históricos con el crimen organizado comparten
el mismo propósito impedir que la democracia siente en definitiva sus
reales entre nosotros.
“Sabemos reconocer a columnistas y comentaristas de radio
y televisión que vendieron su voz al régimen corrupto. Hoy sus intentos
de presentarse como mártires de la libertad de expresión se estrellan
ante el recuerdo del ominoso silencio que guardaron ante la masacre y el
saqueo. No pretendemos que callen. Pero no cala en nosotros la mentira.
La decisión de cambiar de régimen fue consciente y razonada.”
Finalmente sostiene que quienes votaron por el cambio conservan una
memoria puntual de los crímenes del pasado y “y no estamos dispuestos a
permitir que se repitan. Queremos justicia, no venganza”.
Están molestos porque tenían una mina de oro en la que se invertían 90 mil millones de pesos, señala
▲ Tres empresas son investigadas por influyentismo; controlaban 70% de la venta de medicinas, informó López Obrador.
El presidente Andrés Manuel López Obrador acusó a las
tres empresas que monopolizaban gran parte de las ventas de fármacos
deestar detrás de las campañas de que se están muriendo los niños porque no hay medicinas para el cáncer.
De gira por Veracruz, el mandatario señaló: Claro que están molestos, porque tenían una mina de oro, y recordó los excesos cometidos en el esquema de adquisición de medicamentos en el que se invertían 90 mil millones de pesos. A esas tres empresas –cuyos nombres no mencionó– dijo que se les investiga por el influyentismo que tenían para controlar 70 por ciento de la venta de medicinas.
Entonces, están molestos, están inconformes y es una red, como todo, de intereses, y muy fuerte, muy poderosa. Si el ex presidente de Estados Unidos, Barack Obama
no pudo, nosotros sí vamos a poder, con todo respeto. No es que estemos
diciendo que somos mejores, es que no vamos a permitir la corrupción,
no vamos a ceder, señaló ayer desde temprana hora en su conferencia de prensa en Palacio Nacional.
López Obrador aseguró que se está atendiendo el desabasto de
medicamentos en hospitales para la atención de niños con cáncer; de gira
por Veracruz,
Ayer, pidió ponderar todos los aspectos en la investigación sobre la
muerte de una niña en el Hospital Infantil de México Federico Gómez,
porque se tiene que castigar a los responsables.
Por ello, llamó a ser muy objetivos y no mentir ni crear campañas de desprestigio. En
el fondo, sin duda hay una inconformidad no sólo de los padres y de los
niños, de los pacientes, sino de los que vendían los medicamentos,
porque se pasaban, se rayaban, al recordar el monto destinado para el abasto de los fármacos.
Dijo que es un asunto complejo porque se pagaba de más, se robaban
el dinero de las medicinas, había una gran corrupción. A pesar de que
se compraban esos 90 mil millones de pesos, no había medicamentos en
centros de salud, en hospitales.
Ratifica y amplía las sanciones a los creadores de Populismo en AL
Por mayoría de votos, el Tribunal Electoral del Poder
Judicial de la Federación (TEPJF) concluyó que durante el proceso
electoral del año pasado hubo una campaña negra en contra del ahora
presidente Andrés Manuel López Obrador, a partir de la difusión de la
serie Populismo en América Latina, material en el que se le calificaba al entonces candidato como redentor furioso.
El hecho, advirtió el TEPJF, se presentó bajo la fachada del
ejercicio de libertad de expresión; sin embargo, violó el modelo de
comunicación política que prohíbe la contratación de espacios en radio y
televisión con fines electorales.
Así, el tribunal ratificó y amplió las sanciones a los creadores de
la serie en mención, por las denuncias presentadas por los partidos
políticos Morena y PAN. Este último impugnó al considerar que el
documental beneficiaba al PRI.
En el proyecto aprobado ayer por la sala superior del tribunal, luego
de una discusión de más de dos horas, se advirtió que la producción
afectó la imagen de López Obrador, y se acreditó un despliegue de
publicidad para influir en las preferencias electorales.
Ya no es tan controvertido (decir) que había una campaña negra contra uno de los candidatos, expuso el magistrado Felipe de la Mata.
El magistrado presidente, Felipe Fuentes, ponente del proyecto, subrayó que el derecho de la libertad de expresión no puede ser utilizado como una fachada para vulnerar las normas y principios que le dan contenido a nuestra democracia.
Gústenos o no, existe una regulación muy definida de lo que es el
modelo de comunicación política desde la reforma constitucional de 2007, advirtió.
Simulación
Para mí, agregó, se llega a la conclusión de que sí
existió una estrategia de comunicación que, simulando un auténtico
ejercicio de la libertad de expresión, pretendió influir en la pasada
contienda electoral para elegir al presidente de la República, y para mí
esto sí es violatorio del modelo constitucional de comunicación
política.
En contra votaron los magistrados Janine Otálora y Reyes Rodríguez,
quienes –con distintos matices– sostuvieron que no se comprobó la
contratación ilegal (de publicidad) y que el material se enmarcó dentro
del ejercicio de libertad periodística.
En el proyecto se documenta la existencia de publicidad en camiones,
teléfonos celulares, promocionales en televisión, entrevistas y
cintillos en medios audiovisuales para generar una campaña integral negativa hacia el entonces candidato.
La información e investigaciones realizada por el Instituto Nacional
Electoral y la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de
Hacienda mostraron el complejo esquema integrado por personas físicas
y morales destinado a violar el modelo de Comunicación Política para,
con recursos presuntamente privados, intentar influir negativamente en
la percepción pública de un candidato presidencial en el proceso
electoral federal del pasado 2018 mediante una campaña negra, advirtió el tribunal
El contingente de la Facultad de Derechose incorporó atrás de la Prepa Popular y así iniciamos la marcha que después de un largo tiempo por fin salía a las calles del entonces Distrito Federal. Esa tarde la temperatura era magnífica y a pesar del nerviosismo colectivo había la resolución de marchar, desafiar al régimen echeverrista y volver a ganar la calle como consigna de los grupos estudiantiles más radicales. La marcha estuvo marcada por una intensa polémica entre organizaciones políticas de izquierda sobre la conveniencia desalir a la calleo realizar un acto en la Universidad o el Politécnico. Los tres años anteriores los estudiantes habían experimentado manifestaciones en la vía pública, pero la mayoría habían sido bloqueadas por los cuerpos de seguridad. Mientras transcurrían los dos últimos años del sexenio de Gustavo Díaz Ordaz la actividad política del movimiento estudiantil se constriñó al campus. Se salía en brigadas buscando influir en colonias populares y en la clase trabajadora sólo para comprobar cada 1º de mayo quién tenía el control sobre esa clase.
A pesar de que arengábamos y distribuíamos propaganda contra el control charro de la CTM entre las filas de los trabajadores que cada Día del Trabajo salían por miles en marcha, los golpeadores de esos contingentes apenas si nos tomaban en cuenta, quizá porque nos veían muy chavos e inexpertos. Además, con métodos más sofisticados estudiantes e intelectuales ensayaban programas de educación política en barrios populares o en áreas rurales, siguiendo parcialmente el experimento de San Miguel Topilejo, comunidad campesina que hasta las últimas consecuencias se mantuvo al lado del movimiento durante 1968.
Sin embargo, por las condiciones de riesgo en la Facultad de Derecho, sus activistas eran más bien prácticos, con cierto menosprecio por la actividad intelectual y académica. La consigna de no al academicismo y sí a la acción política prevalecía entre el grupo de activistas de derecho, la mayoría de ellos anarquistas, poco proclives a los círculos de estudio, aunque nunca dejaron de leer. Me sorprendió cómo en una tarde de verano, sentados en las islas de Ciudad Universitaria, Gilberto Argüello, intelectual del Partido Comunista, pudo mantener su atención hasta por tres horas explicando la situación de México a través de su historia y su relación con el mundo.
Los estudiantes de la Juventud Comunista en ese turbulento ambiente de la facultad pudimos plantear la mayoría de las propuestas coherentes y los programas políticos a desarrollar, pero siempre discutiéndolos con el resto del comité hasta lograr consenso. Nuestra relación con las otras facultades se daba mediante el Comité Coordinador, pero éramos poco proclives a protagonizar conferencias de prensa. Los últimos meses de 1969 fueron particularmente agitados. Estaba por definirse quién sería el candidato del PRI a la Presidencia; Alfonso Corona del Rosal y Luis Echeverría punteaban en la pugna intrapartidista. En medio de esa tensión, el 20 de octubre por la noche, en el estacionamiento de la facultad fue asesinado Miguel Parra Simpson, estudiante del último semestre y simpatizante del Comité de Lucha.
El crimen cometido por porros menores que repartían volantes contra el movimiento estudiantil y los presos políticos, tenía alcances fuera del campus. La provocación buscaba encender los ánimos en un ambiente en que las porras profesionales servirían de contrapeso a los estudiantes cuyo derrotero estaba marcado por la liberación de los presos políticos y la reforma universitaria.
El 10 de junio de 1971 la marcha fue bloqueada primero por los granaderos, pero el plan consistía en encajonarnos por bloques, para aislar la cabeza y comunicación de la marcha y facilitar la acción los Halcones, cuerpo paramilitar formado en el sexenio de Díaz Ordaz. Pese a su disciplina militar, al principio los Halcones fueron rechazados, pero al reaparecer con armas de alto poder supimos que la teníamos perdida y, desde el sitio privilegiado donde nos encontrábamos, a gritos condujimos a parte de los despavoridos contingentes hacia una avenida.
En la noche, en un recuento de quiénes faltaban por reportarse al comité, acudimos a las oficinas de Excélsior, que publicó sus nombres al siguiente día. Eso permitió que pronto aparecieran y al menos se nos quitaba una preocupación. Pero hay algo que a pesar de los años no logro explicarme: nunca lloramos por los muertos, aunque fueran cercanos. Quizá fue la actitud de aferrarnos a la vida o quizá no tanto saber (como un proceso consciente de comprender), sino de sentir instintivamente que los próximos podríamos ser nosotros en la cadena de represión y muerte con que el poder se aferraba a seguir reciclándose. Muchas experiencias después me enseñaron a ver las apasionadas discusiones de la izquierda, culpándose unos a otros de reformistas o de traidores, como pérdida de tiempo ante las crisis y amenazas reales del poder.
Rindo aquí humilde homenaje a los compañeros del Comité de Lucha de la Facultad de Derecho: Pedro Castillo, Antonio Castillo Deloarte, Castillito, Carlos Arango, Napoleón; José Jacques Medina, Pablo Sandoval Ramírez, Cecilia Soto Blanco, Francisco Gordillo y Manuel Mirón Lince, El Rojo. Como ha documentado el investigador René Ontiveros, tras el 10 de junio el Comité de Derecho entró en una espiral de descomposición de la que ya no se recuperaría (Rivas Ontiveros, José René. 2007. La izquierda estudiantil en la UNAM: organizaciones, movilizaciones y liderazgos, 1958-1972. México, UNAM-Porrúa).
Incluye sótanos de Tlaxcoaque y Campo Militar 1: Alejandro Encinas
▲ El Comité 68 encabezó la marcha para recordar los 48 años del halconazo.
Por orden presidencial, la Secretaría de Gobernación (SG) abrirá los sótanosutilizados durante la guerra
sótanosutilizados durante la guerra sucia (años 70), donde se cometieron detenciones arbitrarias, torturas y asesinatos, informó Alejandro Encinas, subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración de esta dependencia, durante la inauguración de un Sitio de Memoria, en la colonia Roma.
Fueron muchos los espacios de tortura y represión. Ya hablamos de Morelia 8, de las instalaciones de la Dirección Federal de Seguridad en la Plaza de la República, dijo en el 48 aniversario de la agresión contra jóvenes, conocida como el halconazo o matanza del jueves de corpus.
“El presidente López Obrador nos ha insistido –y lo haremos muy pronto– abrir los sótanos de la Secretaría de Gobernación allá en Bucareli, y hay otros más, como fue la Plaza de Tlaxcoaque, centro de tortura también en esos años en la ciudad, e iremos dando a conocer otros lugares como el Campo Militar 1, la base militar de Santa Lucía, porque no solamente no tenemos nada que ocultar sino tenemos la obligación de que se conozca la verdad de estos hechos”, subrayó.
Por la mañana, el presidente Andrés Manuel López Obrador reiteró su compromiso de no utilizar nunca jamás la fuerza, la represión, para detener las expresiones de inconformidad contra el gobierno. Nunca más el autoritarismo, la represión en México. Esto lo dejo de manifiesto en un día que se recuerda un acto de represión que no se va a olvidar, dijo en alusión al halconazo del 10 de junio de 1971.
Reparación y no repetición
Durante la ceremonia Verdad, Memoria, Justicia, Reparación y no Repetición, y la inauguración del Memorial Circular de Morelia, precisamente donde se torturó a opositores, participaron sobrevivientes de la guerra sucia como Martha Alicia Camacho, Alberto Híjar y Mario Cartagena, El Guaymas, así como varias decenas de familiares de desaparecidos y perseguidos de la época, como Jesús Martín del Campo, entre otros. Se difundió por primera vez un documental con testimonios de víctimas, y se montó una amplia exposición pictórica alusiva al periodo de represión.
La secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, aseguró que esta dependencia está cambiando de imagen, al pasar de una instancia oscura y sorda a un espacio de respeto a los derechos humanos.
En estos sitios, advirtió, se cometieron actos fuera de toda ley para ejercer una guerra de exterminio, lo cual ha sido reconocido mediante archivos, testimonios y reportajes.
Es un hecho histórico que el gobierno reconozca este episodio negro que aconteció en sus sótanos, por lo cual es imprescindible rescatar los testimonios en aras de no repetirlos y dignificar la memoria de las víctimas, dijo.
En este edificio, ubicado en la calle circular de Morelia número 8, se encontró la sede de la extinta Dirección Federal de Seguridad (y sede de la Brigada Blanca) donde despacharon personajes como Miguel Nazar Haro, Fernando Gutiérrez Barrios, Luis de la Barreda y (José Antonio) Zorrilla, entre otros, señaló.
Enseguida muchos de los asistentes empezaron a corear: ¡asesinos!, ¡asesinos!
El subsecretario Encinas destacó la importancia de terminar con esa impunidad que por décadas ha socavado la dignidad de las personas. Recordó que en 2006 hicieron pública la nómina del Metro que en aquellos años fue utilizada para pagar a los halcones.
A la ceremonia asistió Beatriz Gutiérrez Müller, esposa del presidente Andrés Manuel López Obrador; Claudia Sheinbaum, jefa del gobierno capitalino, así como funcionarios y legisladores.
En entrevista en Palacio Nacional, Encinas consideró que si bien en su momento la Fiscalía especializada en movimientos del pasado logró imputaciones en contra del ex presidente Luis Echeverría –que se encuentra bajo arresto domiciliario–, existen condiciones para que en la actualidad, con la autonomía de la Fiscalía General de la República, pudiera finiquitar el proceso legal inconcluso.
Destacó que la recuperación de espacios destinados a la tortura pretende tener fresco en la memoria estos lamentables hechos con los que se pretendió aniquilar la disidencia.
El presidente durante su conferencia matutina. Foto: Germán Canseco
(apro).- Con alusiones sin nombre, un recordatorio
de campañas negras y la declaración “perdón sí, olvido no”, fue como el
presidente Andrés Manuel López Obrador abordó hoy –recordando las
oposiciones empresariales a su postulación de 2006 y de 2018– la
situación de las aerolíneas Mexicana de Aviación y Aeroméxico.
“En el caso de Mexicana nosotros estamos esperando que se desahoguen
los juicios que están en el Poder Judicial”, dijo para añadir que no hay
consigna para perjudicarlos.
“Vamos a pedir al Poder Judicial que actúe de conformidad con la ley,
porque fue de las injusticias que se cometieron en los pasados
gobiernos conservadores”, añadió.
Fue entonces cuando se refirió, sin decir su nombre —que ya iba
explícito en la pregunta—- a Gastón Azcárraga y de paso a Felipe
Calderón:
“Un candidato que recibió apoyo, un candidato presidencial que recibió apoyo de este señor”.
Así, continuó con su alusión a quien en 2006, obtuvo la presidencia con “el fraude electoral”.
“Ya cuando ganó le entregó Mexicana de Aviación y el otro presidente
le permitió la quiebra. Voló una empresa que era pública, Mexicana. Voló
Mexicana… En el fraude del 2006, como pago también, el que se impuso de
presidente le entregó la otra línea aérea a quienes le ayudaron en el
fraude electoral. Y volaron las dos empresas”.
López Obrador se refería concretamente a las acciones en el sector de la aviación comercial decididas por Felipe Calderón:
“Ni debería yo de recordarlo, pero como a veces hay una especie de
amnesia, no está de más decirlo, que no se olvide, el presidente de la
última empresa que entregaron era de los que declaraba diciendo que yo
era un peligro para México. Y pasando -y estaba en un organismo
empresarial, como representante- la elección se privatiza, no Mexicana,
la otra (Aeroméxico)”.
La referencia es a Eduardo Tricio, presidente de Grupo Lala, actual
presidente también de Aeroméxico, cuyo papel en las elecciones de 2018
fue abordado por el mandatario, al recordar: “Y subsidiaron la campaña
del populismo (en América Latina, pieza documental que forma parte de
una investigación penal por el origen del financiamiento, presuntamente,
de empresarios miembros del Consejo Mexicano de Negocios).
Los señalamientos a la elite empresarial que actuó en su contra en
elecciones pasadas, son más o menos frecuentes en las declaraciones de
López Obrador que una vez sugeridos hoy los casos, concluyó:
“Es que ya no me puedo meter en esas cosas, porque luego se ofenden.
Nada más es no olvidar. Ya ven cómo se dice: ‘ni perdón, ni olvido’. Yo
digo: Perdón sí, olvido no. Ese es mi punto de vista”.
Por
Fabrizio Mejía Madrid, (Proceso).- Las dos representaciones que usamos
del intelectual provienen de los textos de Antonio Gramsci y de Julien
Benda. La primera fue escrita por el pensador comunista en la cárcel de
Milán a la que Mussolini lo arrojó entre 1926 y 1937, cuya condena, en
palabras del fiscal, era “impedir que su cerebro funcione durante los
próximos 20 años”. Se enfrentó a la maquinaria del Estado que tenía a su
servicio académicos, periodistas y publicistas. Por lo tanto, lo que
Gramsci acuñó en sus Cuadernos de la cárcel como “intelectual orgánico”
describe la forma en que un estudioso está conectado con una clase
social o una empresa que se sirven del intelectual para darle
justificación a sus intereses y aumentar así su control. La idea es que,
como los clientes en una tienda, los ciudadanos deben ser “guiados” en
sus decisiones por alguien que tiene la legitimidad para hacerlo. El
intelectual es “orgánico” porque está ligado a sus empleadores no sólo
en lo exterior sino en la constitución de ellos mismos: los dota de
coherencia y justificaciones para dominar a los demás. Su función es
política.
La segunda imagen del intelectual es la que Julien Benda teje en La
traición de los intelectuales (1927), un libro que tiene como divisa:
“Me gustaría que hubiera un caso Dreyfus ininterrumpido para saber
diferenciar a los intelectuales de los que se disfrazan de tales”. A lo
que se refiere es a su idea de que los intelectuales deben oponerse al
poder –en el caso Dreyfus, a condenar a un soldado judío sobre
consideraciones patrioteras de espionaje para los alemanes– como lo hizo
Émile Zola en el célebre Yo acuso en el que pedía la excarcelación de
Alfred Dreyfus; o Baruch Spinoza cuando escribió “el colmo de la
barbarie” para denunciar el asesinato de su amigo, el líder republicano
Johan De Witt, en La Haya en 1672. Estos “clérigos” no sirven más que a
su propia conciencia moral y no se esconden de la vida en torres de
marfil. Al contrario, Benda concibe a los intelectuales como “movidos
por desinteresados principios de justicia y verdad, denuncian la
corrupción, defienden al débil, se oponen a la autoridad opresiva”. Para
Benda, que creía en cierta pureza de las ideas y principios, los
intelectuales no podían jamás anteponer sus necesidades prácticas o
materiales a su función social. Su función es moral.
De todos los intelectuales que podemos nombrar al vuelo: Bertrand
Russell, Noam Chomsky, Hannah Arendt, Susan Sontag, Jean-Paul Sartre,
quizás éste sea el más emblemático. “Soy un autor, ante todo, por mi
libre intención de escribir –explica en su texto de 1947 ¿Qué es
literatura?–. Pero inmediatamente después viene el hecho de que yo me
convierto en un hombre que otros consideran escritor, es decir, alguien
que debe responder a cierta exigencia y que ha sido investido de una
determinada función social”.
Está claro, entonces, que la representación del intelectual en
nuestras sociedades no es una decisión propia del escritor sino también
de quienes le atribuimos una función colectiva. Sea “orgánica”, “moral” o
“social”, está dotado de la “facultad de representar, encarnar y
articular un mensaje, una visión, una actitud, filosofía u opinión para y
en favor de un público”, como explica el pensador palestino Edward
Said.
Pensando en México, intelectuales como Daniel Cosío Villegas o Carlos
Monsiváis plantearon cuestiones fuertes contra el Partido Único y el
presidencialismo, y sacaron a la luz asuntos que eran secretos o
caerían, sin su ayuda, en el olvido, como la matanza del 2 de octubre de
1968 y las guerras sucias. El sustrato sobre el que hablaron y
escribieron para un público –no hay tal cosa como un “intelectual
privado”– suponía una libertad y una justicia de los ciudadanos
defendible ante los poderosos, y la denuncia de la violación de esos
derechos. Su función a favor de los débiles –los poderosos no la
necesitan, para eso tienen publicistas– tenía como precondición que
decían la verdad.
El caso de esta semana, en el que se formulan denuncias contra el
ingeniero Enrique Krauze y sus empleados por organizar un centro de
noticias falsas, rumores y mentiras contra Andrés Manuel López Obrador
cuando apenas era un candidato (y contra algunos de sus cercanos
colaboradores), da cuenta del desmoronamiento de las cualidades
intrínsecas y de la disfunción del intelectual en nuestra sociedad. Al
lado de lo que constituye un delito electoral –financiar una campaña
sucia con dinero privado–, está el otro extremo de la grave violación
social: el que se ostente como intelectual quien miente deliberadamente
sobre temas tan delicados como la supuesta injerencia rusa en las
elecciones mexicanas, el que, en vez de contrastar realidades –como
supone uno que debería hacer un intelectual– las confunda asociando
malintencionadamente a los dictadores de América Latina con un
candidato, o inventando que plagió un libro. No se trata de defender su
supuesta “opinión”, distinta a la del poderoso, sino de un fraude:
faltar a la función que se espera de los intelectuales. Se espera de
ellos que nos ayuden a reflexionar, a hacer más profunda la comprensión
del presente, a contrastar ortodoxias y realidades. Nunca a mentir
deliberadamente. En ese comportamiento hay una traición a la sociedad, a
su público, y a lo que dice representar. Ese tipo de publicista no debe
llamarse “intelectual” porque no es ni siquiera “orgánico” a la
formación de un grupo de empresarios como los que se presume lo
financiaron. Es simplemente alguien que los defraudó, dedicado a cobrar y
repartir el dinero que le daban. Para la audiencia, este defraudador no
le sirvió para construir el debate social, sino que lo cerró, con base
en una mentira, en la mediocridad del maniqueísmo, en la pereza mental
de decir que alguien –López Obrador– era algo que no podía ser, al menos
no al mismo tiempo, comunista, trumpista, putinista, chavista.
Eso que Walter Benjamin llamó “cobardía intelectual” y que consiste
en no dilucidar de qué se trata el presente y, en su lugar, decir que se
parece a otra cosa, para la que sí tiene una definición. En todo caso,
esos publicistas defraudaron como “pensadores” al nunca establecer la
especificidad del demonio que agitaron: el populismo. Instalados en la
“cobardía intelectual” benjaminiana, no les pareció inmoral decir que
eran lo mismo Hitler, Evita Perón, José López Portillo, Hugo Chávez,
Vladimir Putin, Donald Trump y el candidato de Morena. Con prepotencia
pensaron lo mismo de los ciudadanos: no sabrían la diferencia, no saben
votar, “no están preparados para la democracia”, como célebremente dijo
el dictador Porfirio Díaz en 1910.
La crisis de la representación de los intelectuales, además de
coaligarse para publicitar un paquete de mentiras, a sabiendas de que lo
son, tiene que ver con la otra vertiente: el experto. Durante toda la
campaña y hasta ahora son estos académicos los que degradan la idea
social del intelectual, dedicados a agitar sus credenciales doctorales y
a intimidar a los inexpertos. Están, si acaso, a favor de su propia
promoción académica, pero de modo alguno a favor del debate social.
Hemos llegado al extremo de leer o escuchar a un experto sólo para
preguntarnos: ¿sostiene un punto de vista independiente o es vocero de
un gobierno, de un grupo de presión, de una causa organizada? ¿Quién le
paga por su opinión? Esa decadencia es responsabilidad de los que,
ostentándose como “pensadores” o “expertos”, defraudan a su audiencia
con alevosía haciendo pasar su obediencia al orden como “interpretación
personal”. Es una forma de corrupción.
En La educación sentimental, Flaubert describe de alguna forma lo que
le sucedió a esos autoproclamados “intelectuales” de todo fin de
régimen. Sus protagonistas son dos estudiantes, Deslauriers y Moreau,
que quieren ser eruditos, historiadores, teóricos sociales, filósofos y
hasta jueces. Pero el fiasco es su destino en el trasfondo de la derrota
de la Revolución intelectual de 1848 en Francia. Al paso de los años,
Moreau se lamenta de cómo se ha achicado su mente y de la “inercia del
corazón”. Deslauriers pasa sucesivamente de “director de colonización en
Argelia” a secretario particular de un pachá, a publicista de una
compañía industrial. Nada les queda al final sino la evocación de sus
años de estudiantes.
Lo que evocan es lo que describió apasionadamente Walter Benjamin:
“Una sensibilidad inhabitual para lo sagrado, esta necesidad interior de
penetrar más allá de la experiencia concreta inmediata…”. Eso que
debería ser el fuego perdido de los intelectuales.
Esta columna se publicó el 24 de marzo de 2019 en la edición 2212 de la revista Proceso.
Toluca, Méx., El pleno del Congreso del estado de México
aprobó ayer un exhorto para que la Secretaría de Finanzas de la entidad
turne un informe a la Legislatura local sobre el manejo y destino de los
recursos del Programa de Apoyo a la Comunidad (PAC) correspondiente al
ejercicio fiscal 2018.
Hace unos días el responsable de la Unidad de Investigación
Financiera de la Secretaría de Hacienda, Santiago Nieto, informó que con
recursos de este programa se financió la producción de la serie El populismo en América Latina, que formó parte de la guerra sucia contra el hoy presidente Andrés Manuel López Obrador en el pasado proceso electoral.
El PAC era un programa mediante el cual cada uno de los diputados
locales contaba con una bolsa de 2.5 millones de pesos, con la que
podían gestionar apoyos de diversa índole para sus distritos.
El programa era manejado por la Secretaría de Finanzas, que recibía
los expedientes técnicos que justificaban los apoyos y autorizaba su
entrega.
Hace seis años se elaboraron reglas de operación para evitar que los
legisladores pudieran lucrar o hacer mal uso de los recursos o bien que
la Secretaría de Finanzas tuviera pretextos para negar la autorización
de los apoyos.
López Obrador afirmó durante su campaña que este programa era
herramienta que usaban el PRI y el gobierno del estado para controlar a
los diputados de oposición, pues a través de éste premiaba o castigaba a
los legisladores.
El PAC estaba viciado, pues era un mecanismo de control político
del gobernador hacia los legisladores y carecía de transparencia en su
ejecución o rendición de cuentas, dijo Faustino de la Cruz, quien promovió el exhorto.
Al llegar la nueva legislatura –dominada por Morena–, en septiembre pasado, se tomó la determinación de desaparecer el PAC.
“El importe de operación del PAC en 2018 ascendió a 187 millones y
medio, que dividido entre los 75 diputados de la legislatura
corresponden unos 2 millones y medio de pesos para cada legislador.
Proporcionalmente, a cada diputado le corresponden 208 mil 333 pesos
mensuales para la gestión y operación del PAC, entonces de septiembre a
diciembre cada diputado dejó de ejercer 833 mil 333 pesos, con un
acumulado total de 62 millones y medio de pesos”, explicó el diputado.
Todas las mañanas, de lunes a viernes, llegaba a Berlín 245, en la
alcaldía de Coyoacán. Me abría la puerta la señora Maura, mujer afable y
quien había trabajado en el Partido Acción Nacional (PAN) desde hacía
cinco décadas: “Conocí a Carlos Castillo Peraza, a Vicente Fox, a Diego
Fernández de Cevallos, a Felipe Calderón; cuando llegaba a ir Margarita
Zavala al partido (en la época en que su esposo había sido Presidente de
México), era a mí a quien saludaba primero”, me contó la mujer. Y lo
comprobé: en marzo de 2017, siete meses antes de renunciar al PAN,
Zavala apareció en la casa y, entre aspavientos, abrazó a doña Maura.
Margarita Zavala llegó acompañada de Consuelo Sáizar, quien había
sido directora del Fondo de Cultura Económica (FCE) durante el sexenio
de Vicente Fox y presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las
Artes en la gestión de Felipe Calderón. Un grupo de aproximadamente 10
personas las acompañaban.
“Todos son militantes del PAN”, me dijo mi compañero Rubén Cota Meza,
haciendo un mohín despectivo, y volvió a sentarse frente a su
computadora. Fernando García Ramírez, nuestro jefe y operador de Enrique
Krauze, le había encargado a Cota un reporte sobre el “autoritarismo”,
el cual decía, entre otras cosas, que López Obrador mezclaba “un
nacionalismo revolucionario o neocardenismo (estatista en lo económico,
intervencionista y asistencialista en lo social y aislacionista en lo
internacional) con un liderazgo populista asentado sobre el carisma del
propio Andrés Manuel López Obrador y la coordinación de su red
clientelar”.
La idea —y buscando siempre dinamitar al tabasqueño— era presentarlo
ante la opinión pública como un amante del populismo y, peor aún, del
totalitarismo.
Ricardo Rojo, extrovertido y exultante, condujo al equipo de Zavala.
El dueño de Expertaria, exdirector de comunicación social de la
Secretaría de Economía durante la administración calderonista, mostró el
lugar a Margarita y a su equipo.
La casa estaba dividida en dos construcciones. En la primera había
cinco habitaciones amplias: la primera estaba habilitada como una sala
de juntas (había una mesa con 12 sillas, un pizarrón anaranjado y seis
pantallas Full HD en la pared); la segunda como una sala de monitoreo
(nueve pantallas Full HD y poco más de 20 equipos de computación); las
tres siguientes eran oficinas. Rojo ocupaba una, García Ramírez, otra
—que compartía con Gabriel García Jolly— y la tercera la ocupábamos Cota
y yo.
En la parte superior se habilitó un estudio de televisión. Ahí se
producían y grababan cápsulas, programas para internet y se editaban
memes y videos a favor de Margarita Zavala y Ricardo Anaya y, por otra
parte, en contra de López Obrador.
Los canales de Facebook por los cuales se transmitían eran, entre
otros, Prensa México, Política Meme, Injoportable, Napoleopez y
Populismo Autoritario.
Margarita Zavala, Consuelo Sáizar, Ricardo Rojo, García Ramírez y
Jesús Ramón Rojo (jefe de la operación en Berlín y colaborador del
empresario Agustín Coppel), entre otros personajes, participaron en la
junta. Ricardo Rojo les mostró el lugar y, ya en la sala de juntas, fue
el encargado de presentarles el proyecto antilopezobradorista.
Mediante un proyector, Rojo les habló de cómo posicionarían en sus
comunidades digitales, en el ciberespacio y en las redes sociales al
candidato panista, el que fuera (en ese momento todavía no se sabía que
Anaya se quedaría con la candidatura).
Dos horas después, García Ramírez nos llamó a su oficina. “La junta
fue muy productiva”, nos dijo. Una de nuestras tareas sería hacer
guiones que, poco después, se traducirán en cápsulas, videos y memes en
los diferentes portales que Ricardo (Rojo) y su equipo harán. Nos
informó que habría comunidades de todo: cristianismo, series
televisivas, futbol y todo lo que pudiéramos imaginarnos. “¿Cómo ves, Ric,
si haces unas páginas de literatura? Le dije a Rojo que te gusta la
literatura”. La pregunta —un mero ejercicio retórico— era, en realidad,
una orden. Sin saber nada sobre la administración de páginas, comencé a
ver cómo hacía para cumplir con la encomienda. De ahí saldrían tres
comunidades:
www.facebook.com/historianovelada/
www.facebook.com/espacioficcion/
www.facebook.com/terrorytemblor/
Las páginas —donde hice cápsulas literarias y hasta un programa que
conduje al lado de Gabriel García Jolly— fueron un fracaso de principio a
fin.
Incapaz de desempeñar un papel digno en ésa área y sin el menor talento para convertirme en una suerte de communitymanager, jamás logré hacer crecer a @historianovelada, @espacioficcion ni @terrorytemblor.
Las cifras de seguidores fueron ridículas: tres mil 53, cuatro mil
002 y siete mil 492, respectivamente. Pese a todo, me pidieron que
pautara.
Piel azul. En la imagen, la excandidata independiente, Margarita
Zavala, a la derecha; y la extitular del Consejo Nacional para la
Cultura y las Artes, Consuelo Sáizar, a la izquierda.Foto: Cuartoscuro.
“Te asignaremos cinco mil para que pautes tus páginas. Poco a poco te
iremos subiendo el saldo”, me informó Mayra Garza, contadora de
Expertaria. Y así lo hice. Como pagaba con mi tarjeta de débito, el
reembolso me lo hacían mediante una transferencia bancaria.
Cuando me pagaron mi primer reembolso, le envié a Mayra los datos de
mi cuenta bancaria y una imagen de mi tarjeta de débito, así como las
copias de los pagos que me había expidió PayPal y Facebook. Ella, a su
vez, me envió por correo electrónico, los datos fiscales de Expertaria:
Episodia SAPI de CV RFC: EPI170127I84 con dirección en Berlín 245, Col.
Del Carmen, Coyoacán, CP 04100.
Pese a los ineficaces esfuerzos antilopezobradoristas, Sergio
Navarro, el segundo al mando después de Ricardo Rojo, decidió abrir un
grupo de Telegram y, desde ahí, dirigir y darle seguimiento a la
operación. García Ramírez nos pidió que colaboráramos con Rojo. Cota y
Gabriel, como pudieron, alegaron cualquier cosa y lograron zafarse del
compromiso. Yo, por mi parte, me vi, de pronto, en las garras de una
granja de trolls que, conforme fue pasando el tiempo, fueron tornándose más feroces contra López Obrador.
Al mismo tiempo que coordinaba al grupo
de jóvenes que producían memes y videos contra AMLO, el panista fue
contratado por Coparmex y organizaciones de la sociedad civil para
difundir foros y conferencias, todo en el marco de la campaña
presidencial.
La Operación Berlín no sólo se dedicó a la producción masiva de
memes, videos y notas negativas para tratar de descarrilar la
candidatura de Andrés Manuel López Obrador.
Los confabuladores —algunos de ellos
declarados abiertamente antilopezobradoristas— trabajaron simultáneamente en
foros y debates convocados por organizaciones sociales y empresariales durante
las campañas presidenciales.
El ejemplo más claro es Ricardo
Martín Rojo, un comunicador con 30 años de experiencia y especializado en
estrategia y análisis político, y actual director de la empresa Expertaria.
Este panista sería pieza clave en la conjura contra el hoy Presidente de la
República, pues se movió en tres pistas durante los pasados comicios.
Por un lado, Ricardo Rojo era el coordinador del
colectivo de jóvenes que, desde la casa de Berlín 245, se encargaban de la
producción de materiales que denostaban al tabasqueño.
“Pauten sin miedo, carajo”, gritaba Rojo para que su brigada de trolls invirtiera
lo más posible en redes sociales y así se viralizara la campaña negra
contra López Obrador. Pero, al mismo tiempo, Ricardo Rojo fue contratado
por la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) para
diseñar el formato, transmitir y darle difusión a los 20 “debates
ciudadanos” convocados por el gremio que dirige Gustavo de Hoyos y que
se llevaron a cabo entre abril y junio del año pasado.
Además, de manera paralela, la
empresa del panista fue la encargada de producir, transmitir y divulgar los
foros y conferencias de #MXConFuturo, un colectivo de organizaciones sociales
—entre ellas México Evalúa, México ¿Cómo vamos?, Mexicanos contra la Corrupción
y el Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco)— que impulsó diálogos en
las universidades sobre el porvenir del país, en el marco de las campañas presidenciales.
Es decir, al mismo tiempo que se
hacía cargo de la rama digital de la Operación Berlín, Ricardo Martín Rojo —así
es su nombre completo— fue el principal difusor de esfuerzos ciudadanos para
discutir el futuro de México en plena contienda por la Presidencia de la
República.
La cabeza visible
En su edición 142, ejecentral dio a conocer el testimonio de
Ricardo Sevilla, quien relató haber sido reclutado por el historiador Enrique
Krauze y el crítico literario Fernando García Ramírez, para formar parte de un
grupo de intelectuales de “alto rendimiento”, el cual tenía la instrucción de
elaborar materiales informativos que denigraran la imagen de López Obrador y
así evitar que llegara a la Presidencia.
Sevilla —quien en la pasada edición fue llamado “Miguel Ángel” para
proteger su identidad, pero que ha decidido aparecer con nombre y
apellido—, sostuvo que la conjura fue financiada por Agustín Coppel,
presidente y director general de Grupo Coppel; Alejandro Ramírez Magaña,
director general de Cinépolis, y Germán Larrea, presidente del Consejo
de Administración de Grupo México.
›Hasta
el momento, Ricardo Martín
Rojo es el único de los mencionados en la campaña antiAMLO que ha reconocido
ser opositor al tabasqueño, haber trabajado en la casa de Berlín y además haber
elaborado materiales críticos hacia el hoy jefe del Ejecutivo federal.
—Los documentos y testimonios con que contamos señalan
que la empresa Expertaria ayudó a generar contenidos adversos al entonces
candidato López Obrador —le planteó ejecentral el
pasado 12 de marzo a Ricardo Rojo al ser contactado vía WhatsApp.
—Dos cosas: tú utilizas la
expresión “contenidos adversos”, pero no eran adversos, eran críticos; nadie me
puede reclamar que fuera crítico de AMLO. Es mi derecho político de elegir la
opción política de mi preferencia, y también apelo a la libertad de expresión
que tenemos todos los mexicanos de decir lo que uno piensa.
En aquella conversación por chat, Martín Rojo se refirió a lo escrito por Tatiana Clouthier en su libro Juntos Hicimos Historia,
en el que señala que, a mediados de 2016, para frenar el crecimiento de
López Obrador, Agustín Coppel le encargó a su amigo, el exdiputado
panista Jesús Ramón Rojo Mancillas que coordinara los esfuerzos para
habilitar una oficina de “inteligencia” que tuviera como objetivo frenar
el avance de López Obrador.
A su vez, Rojo Mancillas —agrega
Clouthier en su texto— “convocó a su amigo Ricardo Rojo para que se encargara
de encabezar los esfuerzos operativos. De inmediato puso al servicio de ese
ataque a su empresa, Expertaria. Dicha agencia, que según su propio portal de
internet dice encargarse del monitoreo, análisis y estrategias de comunicación
en redes sociales, desde ese momento se convirtió en una agencia para acechar
—y denostar— todos los movimientos de López Obrador”.
El objetivo era urgente y riguroso,
dice quien fuera la coordinadora de la campaña del tabasqueño: “Menoscabar la
imagen pública de Andrés y, si las circunstancias lo exigían, y así lo
exigirían, a todos su círculo de colaboradores y familiares”.
Al respecto, Ricardo Rojo acotó:
“Lo que publica Tatiana Clouthier en su libro es falso. Y la otra cosa: qué
bueno que utilizas la palabra ‘ayudó’, porque fue eso, yo aporté personalmente
lo que estaba a mi alcance para advertir que la opción política de AMLO era un
riesgo para el país; nadie me pagó por eso. Afortunadamente tengo ingresos que
me permiten hacer otra cosas, entre ellas hacer oposición política”.
Panista y comunicador
Ricardo Rojo es militante panista y antes de incursionar
en los negocios, comenzó en 1989 a coordinar programas en Imevisión, TV Azteca
y MVS. Después, entre 1996 y 1999, fue subdirector de Comunicación del entonces
gobernador de Jalisco, Alberto Cárdenas Jiménez, uno de los exgobernadores que
el año pasado dieron su apoyo a Margarita Zavala como candidata presidencial
por la vía independiente.
Ricardo Sevilla, el editor, profesor y traductor que admitió haber participado en el plan contra López Obrador, dijo a ejecentral
que existe una amistad muy estrecha entre Ricardo Rojo y Margarita
Zavala, quien fue vista varias veces en las instalaciones de Berlín 245
los días previos al arranque de las campañas.
En 2003, cuando el secretario de Gobernación era Santiago Creel
Miranda, Rojo fue director de Información hasta 2005. Cuatro años
después, entre abril de 2009 y noviembre de 2012, Rojo fue director de
Comunicación de la Secretaría de Economía, durante el sexenio de Felipe
Calderón. En esa dependencia trabajó bajo las órdenes de Gerardo Ruiz
Mateos y Bruno Ferrari García de Alba.
“Llevo más de 30 años en las filas
de la oposición. Mi historia de vida ha sido esa. ¿Cuál es el problema?”, dijo
Ricardo Rojo en la conversación por chat con ejecentral.
—¿Su aportación, entonces, fue
desde la casa de Berlín? —se le preguntó.
—Es verdaderamente increíble que se
nos señalen a unos cuantos de hacer contenido crítico contra López Obrador de
manera personal, cuando durante toda la campaña había un ejército proAMLO
impresionante que atacaba, denigraba, trolleaba y amenazaba de muerte todos los
días a quien pensaba diferente o hacía críticas a la propuesta política de
AMLO. Ahí están los resultados: arrasó López Obrador gracias a sus “benditas
redes sociales”. ¿Acaso alguien ha hecho algún reportaje de cómo funcionaba esa
excelente maquinaria virtual, quiénes dirigían todo eso, de dónde, cómo
operaban, quién les pagaba?
—Le agradezco sus precisiones…
—Me llama la atención que le digan
“la casa de Berlín”. No era ninguna casa, era una oficina normal que hacía lo
que dice que hace, analizamos y monitoreamos redes sociales y tenemos foros de
TV y foto que rentamos, no somos ninguna oficina que funcionaba a escondidas.
Otra cosa que debo aclarar para evitar chismes: JAMÁS publicamos o hicimos fakenews, consignábamos los dichos y los hechos reales, hacíamos más bien crónica
de la campaña.
—De nuevo, gracias.
—Oye, otra cosa: en el libro, Tatiana insinúa o es muy
ambigua en el señalamiento, pero creo que nos asocia con la página de PejeLeaks.
No tuve nada que ver con esa página que, de dicho sea de paso, ni la conocí; me
enteré de su existencia por los medios y creo que vi algo publicado por ellos
vía Twitter. Hay muchas publicaciones y demandas formales ante la justicia (del
propio Julio Scherer) que detallan quiénes hacían esa publicación, pero
nosotros no tenemos nada que ver con eso. Es una mentira de Tatiana Clouthier.
Servicios alternos
Uno de los empresarios que durante la campaña
presidencial fue muy crítico con las propuestas de López Obrador es Gustavo de
Hoyos, presidente de la Coparmex.
Dicha agrupación organizó el año
pasado los llamados “debates ciudadanos”, donde los candidatos a alcalde,
legislador (local y federal) y gobernador respondieron a las preguntas de
personas de a pie, activistas sociales y usuarios de redes sociales respecto a
los principales problema del país.
La Coparmex tenía agendado un debate entre los candidatos a la
Presidencia de la República para el 21 de junio de 2018; sin embargo, de
última hora debió cancelar el encuentro debido a que no se logró
garantizar la presencia de todos los aspirantes.
A
debate. La empresa de Ricardo Martín Rojo (centro) participó en la
logística de los Debates Ciudadanos, organizados por la Coparmex el año
pasado en el contexto de las elecciones del 1 de julio.
De acuerdo con Tatiana Clouthier, el evento de Coparmex
no les inspiró confianza en el equipo de campaña y López Obrador decidió no acudir
para evitar una emboscada. No se sabe si el motivo de dicha decisión fue la
presencia de Ricardo Rojo en la organización del evento.
Ricardo Sevilla compartió con ejecentral una serie de correos de febrero de 2018 que él mismo envió a Ricardo
Rojo, en los que le detallaba avances en el diseño de los formatos de los
“debates ciudadanos” de la Coparmex, los cuales se hicieron desde los cubículos
de Berlín 245.
“Diseñamos formatos de debates políticos durante el
proceso electoral de 2018, donde producimos 20 debates ciudadanos de diferentes
cargos políticos a gobernador y alcaldes auspiciados por organizaciones
empresariales y de la sociedad civil, que fueron transmitidos en vivo a través
de plataformas digitales y en radio y televisión”, se lee en la
página www.expertaria.com.mx.
Además, Expertaria le dio a la
Coparmex un estudio en el que planteaban que los encuentros estaban orientados
a persuadir a los jóvenes de entre 18 y 40 años, y a los adultos menores de 55
años con el objetivo de “provocar que las clases medias urbanas voten en este
proceso electoral 2018 de manera significativamente superior al voto
corporativo y clientelar”.
El estudio encargado por Ricardo
Rojo a los operadores de Berlín incluye un “mapa de las clases medias urbanas”.
Se trata de un plano cartesiano en el que los ciudadanos son divididos entre
“activos” y “pasivos” en política, y entre los que tienen “nada qué perder” y
“todo qué perder”.
En el plano superior izquierdo (los que son activos en
política y que no tienen nada qué perder) está la meta de “tratar de convertir chairos” (como se les llama a los seguidores de López Obrador),
mientras que en el plano inferior izquierdo (los que no tienen nada qué perder
y son pasivos en política) está la meta de “tratar de convertir a votantes
clientelares”.
El estudio que Expertaria hizo para Coparmex —por el que la empresa
de Rojo habría cobrado tres millones de pesos, según los dichos de
Ricardo Sevilla— se realizó con base en cuatro mil 800 entrevistas entre
personas mayores de 18 años en cinco zonas del país.
La página de internet de Expertaria incluye un apartado
en el que explica “¿Qué hemos hecho?” Al darle clic a la liga aparece un texto
que reseña los foros #MXconFuturo: “Hemos transmitido en vivo más de 400 horas
de eventos, conferencias magistrales, mesas de análisis, foros, conferencias de
prensa, programas de entretenimiento, contenido noticioso, entre otros.
Contamos con la plataforma streaming Live U, una de las más utilizadas por
canales de noticias en el mundo. Contamos con recursos propios para generar
tres señales simultáneas en vivo, una en estudio y dos vía remota”.
Los cinco ejes temáticos sobre los que giraron los foros
de #MXconFuturo fueron “Apertura vs. exclusión”, “Seguridad vs. miedo”,
“Rendición de cuentas vs. opacidad”, “Instituciones vs. concentración del
poder” y “Libertad vs. autoritarismo”. Es decir, dos de las directrices
coinciden con las críticas que se lanzaron desde la casa de Berlín contra López
Obrador.
El formato de las conferencias consistía en discusiones
de 45 minutos en los que un experto y un emprendedor-empresario dialogaban y
respondían preguntas de los universitarios, todo ello moderado por un
periodista.
›A
dichos foros acudieron,
entre otros, Alejandro Ramírez Magaña, director general de Cinépolis; Antonio
del Valle, presidente del Consejo de Administración de Kaluz; Daniel Servitje,
presidente del Consejo de Administración y Director General de Grupo Bimbo, y
Eduardo Tricio, presidente del Consejo de Administración de Grupo Lala.
La lista de expertos estaba integrada por Carlos
Elizondo Mayer-Serra, Ernesto Cervera, Jonathan Heath, Macario Schettino, María
Amparo Casar, Edna Jaime, Federico Reyes Heroles, Juan Pardina y Valeria Moy.
La empresa Expertaria —cuya razon
social es Episodia SAPI de CV, con RFC EPI170127I84—fue fundada por Ricardo
Rojo en noviembre de 2016, fecha que coincide con el arranque de la Operación
Berlín, pues según el relato de Ricardo Sevilla, los intelectuales de “alto
rendimiento” que elaborarían los materiales contra López Obrador fueron
reclutados en esas fechas por Krauze y García Ramírez.
Ricardo Sevilla también compartió con ejecentral un correo electrónico enviado por Sebastián Escalante desde la cuentasebastian@expertaria.com.mx,
en el que da instrucciones al personal que laboraba en la casa de
Berlín 245 para que elaboran tuits, videos y notas con los mensajes más
importantes de los foros de #MXconFuturo, los cuales debían ser subidos a
las cuentas de Twitter @cambiemosmex1 y @MexicoPrensa, ambas ligadas a
perfiles de Facebook que son señalados por Sevilla de ser de los más
activos en la ofensiva cibernética contra AMLO.
El correo de Sebastián Escalante,
empleado de Ricardo Rojo en Expertaria, también incorpora instrucciones a los
operadores de Berlín 245 para trabajar videos de Krauze.
“Conferencias de E. Krauze. Al igual que con
#MxConFuturo, habrá que hacer las tres tareas anteriores: 1) Detectar los
mensajes clave para armar gráficos a publicar en las páginas de Facebook y
Twitter de @EligeBien. 2) Generar guiones o formatos para la elaboración de un
video en el que se muestren los cortes
respectivos. Para eso habrá que estar atento a los tiempos del evento, los
cuales son mucho más precisos una vez que se revisa el video compactado que yo
les tengo que enviar una vez que acabe el evento. Las cápsulas o videos cortos
con lo más representativo se subirán a dichas cuentas para su difusión y pauta.
3) Por último, los mensajes más importantes se tuitean en tiempo real en la
cuenta, por lo que también se tendrá que utilizar el programa de Hootsuite. Eso
en un principio lo puedo hacer yo hasta que ustedes conozcan bien la plataforma
de Hootsuite (luego agendamos reunión para eso).”
Ahí están los resultados: arrasó López Obrador gracias a sus ‘benditas redes sociales’. ¿Acaso alguien ha hecho algún reportaje de cómo funcionaba esa maquinaria, quiénes dirigían todo eso, de dónde, cómo operaban, quién les pagaba?” Ricardo Rojo, Expertaria.
La
Coparmex tenía agendado un debate entre los candidatos a la Presidencia para el
21 de junio de 2018; sin embargo, de última hora canceló el encuentro debido a
que no se logró garantizar la presencia de todos los aspirantes.
EL DATO. La campaña para intentar descarrilar la candidatura de López Obrador comenzó en diciembre de 2016 y terminó en mayo de 2018.
Es increíble que se nos señalen a unos cuantos de
hacer contenido crítico contra López Obrador, cuando durante toda la
campaña había un ejército proAMLO que denigraba y amenazaba de muerte a
quien pensaba diferente.” Ricardo Martín Rojo. Director de Expertaria.
El presidente Andrés Manuel López Obrador y el escritor Enrique Krauze, señalado por participar en la "Operación Berlín". Fotos: Miguel Dimayuga
Por
José Gil Olmos (apro).- El affaire de la campaña sucia contra
Andrés Manuel López Obrador en la contienda presidencial pasada,
conocida como “Operación Berlín”, donde se menciona la participación de
Enrique Krauze, nada tiene que ver con la libertad de expresión, sino
con el uso de recursos privados para incidir en el voto por parte de un
grupo de empresarios contrarios ideológica y políticamente al candidato
de Morena.
Lo presuntos delitos que se cometieron con la difusión financiada por
empresarios del documental “El populismo en América Latina” en el que
califican de populista y dictador a López Obrador, son lavado de dinero y
violación a las leyes electorales por el uso de recursos económicos
privados, interviniendo en la campaña electoral.
El responsable de la Unidad de Inteligencia Financiera de la
Secretaría de Hacienda, Santiago Nieto, anunció una demanda contra los
autores de esta estrategia electoral contra López Obrador que fue
revelada el jueves 14 de este mes en el portal Eje Central, según la
cual los dueños de las tiendas Coopel, Agustín Coopel, de la cadena de
cines Cinépolis, Alejandro Ramírez, y del Grupo México, Germán Larrea,
pagaron la elaboración de este documental y la difusión en redes
sociales de mensajes contra López Obrador.
La idea habría sido concebida por el historiador Enrique Krauze,
quien lo negó categóricamente en una entrevista radiofónica el lunes 18,
y por Fernando García Ramírez, columnista del diario El Financiero,
cabeza de un grupo que fue descrito por el escritor Ricardo Sevilla en
una entrevista reveladora con Carmen Aristegui.
Confesó Sevilla:
“Durante poco más de 18 meses trabajé en el equipo de
Enrique Krauze en una estrategia antilopezobradorista para que el actual
presidente de México no triunfara en las elecciones que, finalmente –y
pese a la despiadada campaña sucia que elaboramos en su contra–,
terminaría ganando.
“En octubre de 2016 fui reclutado por Enrique Krauze, director de
Letras Libres y pagado por Coppel, a través de la A.C. Colección Isabel y
Agustín Coppel, una asociación que presume estar comprometida ‘con la
investigación y difusión del arte contemporáneo.
“Desde que elaboré mi primera factura de pago, en enero de 2017, mi
contacto con Coppel sería a través de Leticia Gámez, enlace
administrativo de la firma Colección Isabel y Agustín Coppel (CIAC), AC.
El operador de Enrique Krauze, Fernando García Ramírez, sería el
encargado de ponerme en contacto con ella. Mi tarea principal consistía
en elaborar materiales –que tenían una forzada careta periodística– para
atacar la imagen del político tabasqueño. El rigor era mínimo. Se
trataba, en el peor de los casos, de hacerlo parecer zafio, intolerante
y, sobre todo, como un dictador”,
“Nuestra oficina estaba ubicada en la calle de Berlín, número 245, en
la colonia Del Carmen, alcaldía de Coyoacán. No obstante, también
llegamos a reunirnos en las oficinas de la revista Letras Libres.
Fernando García Ramírez, quien fuera subdirector de esa revista y
actualmente escribe y forma parte de su consejo editorial (aunque lo ha
negado sistemáticamente), nos citaba ahí”, reveló el escritor y
académico.
No son dichos ni palabras. Ricardo Sevilla Gutiérrez tiene pruebas
que corroboran su historia, una historia emblemática de una serie de
estrategias que se han reproducido en las últimas tres campañas de las
cuales no se tenían datos fehacientes y comprobables jurídicamente.
Hasta ahora.
Por cierto… La participación de empresarios en las
campañas políticas es una historia de años, desde el pase de la charola
de Salinas hasta la alianza de Televisa con el PRI para elaborar el
perfil de Enrique Peña Nieto. La diferencia hoy con la “Operación
Berlín” es que hay una decisión gubernamental de investigar, y la
difusión en redes sociales de toda la trama en la que los personajes
aparecen con nombre y apellido. A ver si se llega a las ultimas
consecuencias, llevar a tribunal judicial a los responsables.
Por
Octavio Islas* (Proceso).- El despliegue de campañas negras como
recurso político no es nuevo en la geografía mundial, y desde luego
tampoco lo es en México; mucho menos lo ha sido en lo que respecta a la
figura de Andrés Manuel López Obrador… Pero no buscamos aquí victimizar a
quien se ha dicho perseguido y atacado durante lustros, sino documentar
en forma somera y fáctica que ningún actor político como él ha
concitado en la historia del país tanto descomunal gasto en recursos
humanos, materiales, institucionales y económicos, todo lo cual suma
miles de millones de pesos.
El pasado jueves 14 de marzo Santiago Nieto Castillo, titular de
la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de la Secretaría de Hacienda y
Crédito Público (SHCP), reveló pormenores de una de las campañas de
propaganda negra que fueron desplegadas en contra de Andrés Manuel López
Obrador (AMLO) durante el proceso electoral 2017-2018, y anunció que el
gobierno federal interpondrá una demanda por la presunción de delitos
electorales y de lavado de dinero.
Según el titular de la UIF, en el financiamiento y producción de la
serie “El populismo en América Latina” participaron el gobierno del
Estado de México a través de la Coordinación del Programa de Apoyo a la
Comunidad (PAC); la empresa Bufete de Proyectos de Información y
Análisis; los hermanos Angel y Federico Berrueto Pruneda; Alejandro
Quintero Íñiguez, sus hermanos Germán Arturo y Carlos; Grupo TV Promo SA
de CV; Piña Digital S de RL de CV; Canaxis, OHL –propiedad del
empresario Juan Armando Hinojosa Cantú, quien para intentar limpiar la
imagen de su principal empresa optó por darle nuevo nombre: Aleática–;
Grupo Peñoles y el Consejo Mexicano de Negocios.
La campaña fue intensa y costosa. Incluso participaron en ella
algunos periodistas. El 28 de abril de 2018 Pascal Beltrán del Río,
director de Excélsior, difundió en su cuenta en Twitter la programación
de la serie, que comprendió seis capítulos; se pretendía que el último,
dedicado a presentar al tabasqueño como populista, pudiera coincidir con
la fecha más próxima posible al cierre de campañas establecido por la
ley electoral.
Ante el aplastante triunfo de López Obrador en las urnas, Televisa y TV Azteca optaron por no transmitir la serie.
El mismo jueves 14, en el portal Eje Central, Juan Carlos Rodríguez
reveló detalles acerca de la maquinación de una supuesta estrategia,
denominada “Operación Berlín”, con base en la cual los empresarios
Agustín Coppel (Grupo Coppel), Alejandro Ramírez (Cinépolis) y Germán
Larrea (Grupo México) financiaron una campaña de desprestigio contra
AMLO.
La referida campaña, afirma, fue concebida y operada por un grupo de
intelectuales encabezados por Enrique Krauze y Fernando García Ramírez,
uno de los principales colaboradores del primero, quien es columnista
del diario El Financiero. Ambos son mencionados como los autores
intelectuales de algunos de los principales sitios web y perfiles en
Facebook antilopezobradoristas, como Populismo Autoritario, Napoleopez y
Prensa México.
De hecho, algunos de los nombres que consigna Rodríguez en su
investigación periodística coinciden con los que se incluyen en el
libro Juntos Hicimos Historia, puesto en circulación hace dos semanas
por Tatiana Clouthier, en el cual se exponen los resultados de las
investigaciones de la excoordinadora de campaña de AMLO en torno al
origen de PejeLeaks.org.
No queda lejos en el tiempo –mediados de enero de 2018–, cuando León
Krauze, hijo del historiador, intentó abrir otro frente contra López
Obrador al advertir, en una nota publicada en The Washington Post, sobre
la posible intervención de Rusia en los comicios mexicanos.
Los antecedentes de otras campañas semejantes contra AMLO se remontan
a varios lustros, hecho que revela un camino de continuidad en técnicas
de guerra sucia con claros visos de complot. Destaca la emprendida en
1998 por el entonces llamado Consejo Mexicano de Hombres de Negocios,
cuando el tabasqueño encabezó un movimiento social contra el rescate
bancario del Fobaproa. El hecho de que el embate de este grupo
empresarial se haya prolongado ya por dos décadas revela un claro plan
para destruir a quien hoy es presidente de la República.
Figuran también las campañas del gobierno del panista Vicente Fox en
contra del tabasqueño, entonces jefe del gobierno del Distrito Federal,
al presentarlo como violador de la ley por abrir un camino de acceso a
un hospital; la lanzada durante las campañas presidenciales con miras a
los comicios de 2006 y que dirigió Antonio José Solá Reche, contratado
por el equipo del también panista Felipe Calderón. El resultado fue la
creación de la propaganda negra desplegada bajo el eslogan “AMLO, un
peligro para México”.
En 2012, con Enrique Peña Nieto en la contienda, para favorecer a
éste los mismos poderosos grupos político-empresariales decidieron
impedir el eventual triunfo de López Obrador en las urnas, pero ahora
mostrándolo como el “Hugo Chávez mexicano”.
En el ciberespacio destacó la furiosa ofensiva de bots y trols –los
“peñabots” que introdujo Alejandra Lagunes Soto Ruiz, distinguida
discípula de Alejandro Quintero Iñíguez, entonces vicepresidente de
Ventas y Mercadotecnia de Grupo Televisa.
Una vez instalado en el poder, el priista mexiquense pretendió
gobernar a través del marketing y despilfarró altas sumas de recursos
federales en la promoción de su imagen pública. La firma Olabuenaga
Chemistri, por ejemplo, recibió por lo menos 865 millones de pesos en
contratos por la realización de campañas publicitarias en favor del
gobierno de Peña Nieto.
Además, esa empresa destinó millonadas a tareas de manipulación
informativa en las redes sociales. La firma Agavis Digital, propiedad de
Aaron Fernández y Santiago López –amigos de Alejandra Lagunes desde los
días en que laboraban en Google, según destaca el reportaje difundido
en Eje Central–, logró conseguir más de 131 millones de pesos en
adjudicaciones directas, es decir, sin pasar por licitaciones o
concursos.
Resulta ingenuo suponer que Peña Nieto permaneció al margen de las
distintas campañas de propaganda negra que fueron implementadas en la
guerra sucia desplegada contra López Obrador. Tan ingenuo como creer que
el Consejo Mexicano de Negocios nada tuvo que ver con la campaña de
propaganda negra de la cual formó parte la serie “El populismo en
América Latina” l
*Director del Centro de Altos Estudios en Internet y Sociedad de la Información, Universidad de los Hemisferios, Quito, Ecuador.
Este análisis se publicó el 17 de marzo de 2019 en la edición 2211 de la revista Proceso.
El acierto definitorio en las
campañas electorales de AMLO –mafia del poder– se encontró, por fin, sin
la tersa sábana que la cubría. Por largos años se mantuvo en la
semioscuridad. Muy a pesar del repetido señalamiento y acusaciones
continuas del entonces candidato presidencial, carecía tal mafia del
cuerpo suficiente para presentarse frente a la sociedad. De pronto,
quedó al descubierto y sin tapujos que la disfrace o desfigure. Ahí los
ha situado ahora el trabajo del encargado de la investigación
hacendaria, Santiago Nieto. Al describir los flujos del dinero para
realizar el fallido documental llamado Populismo un chorro de
luz iluminó los rostros de los autores de fondo. Aparecieron entonces
los patrocinadores financieros junto a los operadores. Varios con
cartilla de integrantes de esa mafia. La investigación llevada a cabo,
los describe en plena intentona de sabotaje durante la última
competencia electiva de 2018. Ahora, muchas de las tortuosidades
acontecidas antes de las votaciones encuentran su lugar y explicación.
No era la primera vez que lo hacían estos personajes de la élite
económica. Durante los anteriores procesos (2006 y 2012) concurrieron
con activa propaganda negra para inducir miedo en la población y de esa
manera alterar la voluntad del votante. Es casi un hecho, asentado como
verdad, que esta actividad clandestina e ilegal logró el cometido de
parar, de neutralizar, la ruta ascendente de AMLO en el aprecio popular.
Lo cierto es que quedaron lejos de revertir el sentimiento de la
mayoría en favor de la candidatura del tabasqueño. Es posible, sí, que
al menos en algo, hayan contaminado el creciente apoyo popular. Hay,
también, evidencias de que la supuesta derrota que le atribuyeron, no se
debió a esa propaganda mal intencionada. En efecto, la izquierda no
alcanzó el éxito que se esperaba en esas dos elecciones y, según el
recuento oficial, salió derrotada en la contienda. Aunque tal numeralia
final pudo ser puesta en entredicho, las dudas aún flotan en el
ambiente. No se pudieron hacer las revisiones reclamadas debido a los
innumerables obstáculos que el oficialismo interpuso. El sistema
completo puso en movimiento todos los recursos necesarios para evitar
conocer lo que, en verdad, pasó tanto en 2006 como en 2012. Lo
registrado es que los gobiernos de PAN y PRI, emanados de ellos, no
contaron con la legitimidad suficiente para poder gobernar como era
debido y solicitado por la ciudadanía. La historia recontada de los
daños ocasionados ha quedado ahora patente, registrada.
Ahora se sabe, con cierta precisión, que la compra y manipulación
directa, antes, durante y después de las votaciones, ha sido el vehículo
mayor del fraude electoral. La propaganda ayuda, sin duda, para ocultar
todo el cúmulo de tropelías injertadas en el proceso de la contienda
por el poder. Aun así, el grupo de traficantes de influencia que
integran la llamada mafia del poder no ha cesado en su cometido.
Recurren, hasta hoy día, a maquinaciones para detener o neutralizar la
vigorosa marcha emprendida por AMLO y los morenos.
Por estos movidos días y en forma concurrente ha visto la luz otra de
las conspiraciones llevadas a cabo durante la última campaña. Un grupo
de mercenarios de la pluma ha revelado sus conjuras. Trataron de
emparejar a López Obrador con figuras estigmatizadas en los medios de
comunicación, casi todos controlados por la derecha –nacional y
continental–. Desfilaron en las redes y en noticiarios y en boca de
opinólogos, las comparaciones con Hugo Chávez o Maduro. Se llegó al
despropósito de ligarlo con la perversidad rusa. La propia ineficacia de
estos personajes quedó neutralizada de manera completa. La tentativa
conspiracional, sin embargo, tomó cuerpo con endeble secrecía. Los
mismos actores se han acusado y el nombre de Enrique Krauze apareció en
tales tramas. Lo señalan como el centro de distribución de órdenes,
creatividad y recursos provenientes de empresarios, de nuevo acusados:
Coppel y demás asociados.
De inmediato comenzó una andanada de exculpaciones de este personaje
central: intelectual afamado, editor, opinócrata y guía de exclusivos
centros de actividad social y económica. Un activo de la actual
oposición al nuevo gobierno. Se trata de neutralizar lo denunciado en
días recientes, tanto por la investigación hacendaria mencionada como
por lo escrito en el libro de Tatiana Clouthier, coincidente con lo
revelado, con pruebas en las redes, por los mismos conspiradores. El
enfoque es transparente: el gobierno abusa de su autoridad. Sus cañones
son destructivos de prestigios y trayectorias. Un ataque sin proporción,
polarizante en extremo. Un patíbulo mañanero y demás argumentos salidos
de aquellos que ven peligros, tonterías y serias amenazas en cada
promoción gubernamental.