3/20/2011

SCJN, sometida e incapaz

Mayela Sánchez

Encargados de determinar la constitucionalidad de las normas y actos de la autoridad, los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación son designados en su encargo mediante un mecanismo que no garantiza la idoneidad de su perfil ni la independencia de su trabajo. A 186 años de haberse constituido, la Corte no logra consolidarse como la cabeza de un Poder Judicial autónomo y al servicio de la sociedad

El trabajo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) está lleno de claroscuros, pues lo mismo se muestra progresista en temas como la despenalización del aborto, que poco diligente en otros, como la defensa de los derechos humanos.

Además, el máximo tribunal constitucional del país mantiene su dependencia al titular del Ejecutivo, a pesar de que la reforma judicial de 1994 intentó romper el vínculo entre éste y el Poder Judicial.

Muestra de ello es que continúa siendo el presidente de la República quien propone a los candidatos para ocupar alguno de los 11 lugares del pleno de la Corte, en un proceso en el que se desconoce el criterio con el que el mandatario elige.

De este modo, persiste la “dependencia política” de los ministros respecto de aquél que los elige, acusa el abogado Juan de Dios Hernández Monge, miembro del Colectivo de Abogados Zapatistas.

En este proceso discrecional, poco vale la experiencia académica y profesional de los candidatos, pues incluso los requerimientos establecidos para ocupar el cargo de ministro son laxos al respecto, al solicitar sólo el título de licenciado en derecho, “con, por lo menos, 10 años de antigüedad”, como se lee en el portal electrónico de la SCJN.

De este modo, no hay garantía de que quien ocupe el más alto cargo del Poder Judicial de la Federación tenga el perfil idóneo para ello, explica Pedro Salazar Ugarte, experto en control de la constitucionalidad.

El investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) también considera que el procedimiento de designación de los ministros favorece la opacidad en la construcción de los argumentos para seleccionar a los candidatos.

No es de extrañar que, bajo estos criterios, apenas la mitad de los ministros actuales tenga un grado académico superior al requerido. Y que de éstos, únicamente tres sean especialistas en derecho constitucional, aun cuando parte de su trabajo en la SCJN sea precisamente dirimir cuestiones relativas a la constitucionalidad o inconstitucionalidad de una norma o acto de la autoridad.

Ministros sin preparación

A decir de Salazar Ugarte, el trabajo de los jueces es una de las pocas tareas de un Estado democrático que requiere un alto grado de especialización en derecho y de una formación sólida en derecho constitucional, toda vez que sus resoluciones se basan en su interpretación de la Constitución y tienen efectos generales e inapelables para todo el país.

Sin embargo, para ser ministro de la SCJN basta con haber estudiado sólo la licenciatura en derecho, tal como lo han hecho seis de los 11 ministros actuales, incluido el presidente de la Corte, Juan Nepomuceno Silva Meza.

De acuerdo con lo que consignan sus currículos, de los cinco ministros que cuentan con estudios de posgrado, únicamente José Ramón Cossío Díaz, Margarita Beatriz Luna Ramos y Arturo Zaldívar Lelo de Larrea son especialistas en derecho constitucional.

“En general, los ministros de la Suprema Corte carecen de los méritos y de los conocimientos académicos para ocupar el cargo de ministro”, opina Monge.

Al respecto, el abogado recuerda que durante la discusión en la SCJN sobre los matrimonios entre personas del mismo sexo, los ministros no supieron diferenciar la cuestión moral de la ética.

“Y eso en la Corte representa un golpe muy fuerte porque son conceptos fundamentales que tienen que ver con la impartición de justicia. Creo que ése es un problema muy grave”, apunta.

Cuestionado sobre la importancia de su profesionalización, el ministro José Ramón Cossío Díaz concuerda con que los ministros deben tener una formación en derecho constitucional, porque básicamente su trabajo es determinar la constitucionalidad de los actos y normas.

Sin embargo, defiende que “no es lo único” que los ministros deben conocer, pues también atienden asuntos de materia civil, penal, laboral, administrativa, fiscal o mercantil, y señala que “es muy difícil” que se tenga una especialización en control de la constitucionalidad.

Cossío Díaz defiende que los requisitos establecidos para ser ministro son adecuados y considera que “no es malo” el que sólo se estipule el grado académico de licenciatura para el principal encargo del Poder Judicial de la Federación.

Una postura contraria es la que expresa el experto en control de la constitucionalidad Miguel Covián Andrade, para quien la especialización de los ministros en materia constitucional es fundamental para el desempeño de su trabajo.

En su libro La Suprema Corte y el control de la constitucionalidad (diez años de fallas e imprecisiones), Covián Andrade analiza casos en los que la falta de conocimiento en materia constitucional de los ministros los ha llevado a hacer interpretaciones equivocadas.

Una de ellas se refiere a que los partidos políticos no son los únicos que pueden ejercer una acción de inconstitucionalidad en contra de leyes electorales. El argumento esgrimido por los ministros es que la referencia expresa a que los partidos políticos pueden utilizar este recurso de impugnación no significa que otros actores estén impedidos de hacerlo.

Covián Andrade explica que en derecho público rige el principio “lo que no está permitido, está prohibido”; por ello, cuando no se concede una atribución a un órgano, se entiende que no puede ejercerla justamente porque la norma no se lo autoriza.

Otro ejemplo documentado por el actual profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM es el de la supremacía de la Constitución por encima de las leyes nacionales y los tratados internacionales.

Una interpretación incorrecta del artículo 133 llevó a los ministros a sustituir con una tesis errónea un trabajo previo en el que se había establecido que las leyes federales y los tratados internacionales están en el mismo nivel de jerarquía.

“Sumo derecho, suma injusticia”

El doctor en derecho Daniel Márquez Gómez recuerda el aforismo latino “sumo derecho, suma injusticia” para explicar que el trabajo de los ministros de la Corte también se ve mermado por una aplicación excesiva de los aspectos formales de la ley.

Tal fue el caso de la controversia constitucional promovida en 2003 por el entonces presidente Vicente Fox Quesada para impedir que la Auditoría Superior de la Federación (ASF) solicitara a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público la suspensión del pago de los créditos asumidos por el Fondo Bancario para la Protección del Ahorro (Fobaproa).

El argumento esgrimido por Fox Quesada fue que la Auditoría no tenía facultades para hacer tal solicitud, por lo que pidió a los ministros la anulación de los oficios emitidos por la ASF.

La mayoría de los ministros (a excepción de Cossío Díaz, Juan Silva Meza y el exministro Genaro Góngora Pimentel) votó a favor de la controversia promovida por el expresidente. Con ello, se impidió que cuatro instituciones de la banca privada asumieran créditos por más de 4 mil millones de pesos incluidos de forma irregular en el Fobaproa.

Para Márquez Gómez, esta resolución es ilustrativa de cómo la SCJN ha optado por privilegiar un apego excesivo a la ley en contiendas que no están dirimiendo sustancialmente un tema jurídico, sino que se relacionan con el entorno político, económico y social del país, que es “el enfoque sustancial de la controversia constitucional”.

En el mismo tenor se resolvió el caso de la guardería sonorense ABC, subrogada por el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y que se incendió en junio de 2009 y provocó la muerte de 49 niños y decenas de heridos.

La SCJN atrajo el caso por estar entre sus facultades la de investigación. Sin embargo, en la resolución los ministros rechazaron señalar como responsables a 14 funcionarios involucrados, entre ellos Juan Molinar Horcasitas, exdirector del IMSS y actual secretario de Comunicaciones y Transportes; Daniel Karam, titular del IMSS; y Eduardo Bours, exgobernador de Sonora.

La propuesta de fincar responsabilidades a los funcionarios fue hecha por el ministro Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, pero fue desestimada por ocho de sus compañeros con el argumento de que la Corte no tenía facultades para hacerlo. Al final, el término responsables se matizó con el de involucrados.

Para el miembro del Colectivo de Abogados Zapatistas, Juan de Dios Hernández Monge, más allá de la capacidad que tengan los ministros para hacer resoluciones, el problema está en que ésta “queda supeditada a intereses de orden político y administrativo, y no se busca empatar la verdad histórica de los hechos con la verdad jurídica”.

El abogado sostiene que en México no hay justicia, pues ésta no existe en tanto no se empaten ambas verdades, un ejercicio ausente no sólo en la mayoría del trabajo de la SCJN, sino de todo el Poder Judicial.

Corte, “cada vez más derechista”

Como resultado de la permanencia de la derecha en el poder, en la SCJN se ha acrecentado la influencia del sector empresarial y de instituciones privadas, sostiene Edgar González Ruiz, especialista en estudios de la derecha política en México.

De los 11 ministros que actualmente integran la Corte, siete han sido nombrados durante los gobiernos panistas de Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa.

“Éste, como corresponde a sus propias ideas y raíces, ha impulsado a personajes más reaccionarios que los que ascendieron en la época de Fox, cuya falta de congruencia ideológica era conocida”, señala González Ruiz.

En lo que va del actual sexenio, Calderón Hinojosa ha nombrado a tres ministros de la Corte. Dos de ellos, Saldívar Lelo de Larrea y Jorge Mario Pardo Rebolledo, provienen de la Escuela Libre de Derecho (ELD), de donde también es egresado el mandatario.

El ministro José Fernando Franco González Salas también es egresado de esa institución educativa, vinculada a la derecha, donde además impartió clases.

Tanto él como los ministros Cossío Díaz y Zaldívar Lelo de Larrea tuvieron vínculos laborales con el Instituto Tecnológico Autónomo de México y, en el caso de Cossío Díaz, con la Universidad Panamericana, ambas instituciones privadas, calificadas por González Ruiz como “instituciones donde se defienden los intereses empresariales”.

En el caso del ministro Zaldívar Lelo de Larrea, es conocida su trayectoria como abogado al servicio de grandes empresas, entre ellas los bancos vinculados con el caso del Fobaproa, de acuerdo con el reportaje “Ministros marcados”, del periodista Jorge Carrasco Arriaga, publicado en el número 1731 de la revista Proceso.

Además, el semanario dio cuenta de que el ministro fue contemporáneo de Fernando Gómez Mont en la ELD, y fue éste quien operó su inclusión en la terna elaborada por el consejero jurídico de la Presidencia, Miguel Alessio Robles, también egresado de dicha institución.

Aunque González Ruiz aduce un “claro compromiso con el gobierno derechista y con los empresarios” de parte de todos los ministros, señala que es Sergio Salvador Aguirre Anguiano quien representa nítidamente a la ultraderecha católica, “que abandera el emblema de la cruz-espada del catolicismo”.

Dado que antes de que concluya el sexenio, Calderón Hinojosa tendrá que nombrar a dos ministros más (en sustitución de Aguirre Anguiano y Guillermo Ortiz Mayagoitia), el filósofo prevé que la SCJN “será cada vez más servil a la derecha en el poder y más opuesta al bienestar del pueblo de México, así como más represiva hacia la disidencia social y política”.

Claroscuros de la Corte

La composición actual de la SCJN es muy diversa por haberse constituido de forma escalonada, lo que le ha dado perfiles muy diferenciados, considera el investigador del IIJ Salazar Ugarte.

Y es que, aunque la mayoría de los ministros han sido nombrados durante las administraciones panistas, persisten cuatro jueces que fueron nombrados en 1995 por Ernesto Zedillo Ponce de León, el último de los presidentes priistas.

Dos de ellos serán sustituidos antes de que concluya el sexenio; sin embargo, los otros dos –Silva Meza y Olga Sánchez Cordero– permanecerán en sus cargos hasta 2015: el sucesor de Calderón Hinojosa definirá esos nombramientos.

En opinión de Salazar Ugarte, con los últimos cinco nombramientos se está configurando una Corte con una “vocación democrática más clara”, contraria a la tendencia de los ministros de la primera generación, a los que califica como “sólidos juristas, pero no necesariamente demócratas”.

Para González Ruiz, las recientes decisiones de la SCJN han manifestado dos tendencias de signo opuesto, ya que por un lado han prevalecido posiciones progresistas en casos como la despenalización del aborto y la autorización del matrimonio entre personas del mismo sexo en el Distrito Federal, incluso a pesar de la oposición del ministro Ortiz Mayagoitia, entonces presidente de la Corte.

Sin embargo, en casos de violaciones a los derechos humanos, como el de la periodista Lydia Cacho, el de la represión contra activistas sociales en Atenco y el de la Guardería ABC, “la gestión de la Corte fue calificada de poco diligente y poco eficaz, al grado de que los culpables de esos actos quedaron sin sanción jurídica alguna”.

Lo que ha prevalecido, sin embargo, es el compromiso de algunos ministros con la defensa del poder ante cualquier desafío proveniente de sectores sociales o de los medios de comunicación, concluye González Ruiz.

El Fobaproa y la “independencia” de los ministros

Durante su encargo como ministro, Humberto Román Palacios contó al entonces periodista Carlos Avilés Allende una anécdota que ilustraba la independencia que había ganado la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) respecto del presidente de la República tras la reforma judicial de 1994, impulsada por Ernesto Zedillo Ponce de León.

La historia se refería a la petición hecha por la Cámara de Diputados a Zedillo Ponce de León de los informes del Fondo Bancario para la Protección del Ahorro (Fobaproa).

El exministro recuerda que se hizo la petición al presidente “a sabiendas de que estábamos haciendo el requerimiento hacia quien había sido la persona que nos propuso”.

Ante el hecho, el ministro reflexionó: “Qué mejor forma de demostrar nuestra independencia que estar resolviendo en contra de la persona que nos propuso”.

El testimonio de Román Palacios forma parte del libro Los rostros de la Suprema Corte, publicado en 2003. Ese mismo año, el entonces presidente Vicente Fox Quesada presentó una terna para nombrar a un nuevo ministro de la SCJN. En ella, figuraba Margarita Beatriz Luna Ramos, quien hasta ese momento se desempeñaba como magistrada del Consejo de la Judicatura Federal.

A pesar de su amplia formación académica –es doctora en derecho y cuenta con varios cursos de especialización– y profesional –había ocupado todos los cargos de la carrera judicial posibles hasta entonces–, Luna Ramos no fue elegida y su terna fue desechada.

En la segunda propuesta de Fox Quesada, Luna Ramos fue nuevamente incluida, aun cuando el artículo 96 constitucional establece que debe tratarse de una terna nueva.

Esta vez, Luna Ramos fue elegida ministra y meses más tarde fue la encargada de dictaminar la controversia constitucional promovida por Fox Quesada en contra de la Cámara de Diputados, en la que la ASF reclamaba el pago de fondos del Fobaproa a cuatro bancos.

El 23 de junio de 2005, la mayoría de los ministros, entre ellos Luna Ramos, votaron a favor de que la petición de la ASF había invadido atribuciones, por lo que se invalidó. De este modo, la ASF no pudo recuperar 4 mil millones de pesos entregados a los bancos a través del Fobaproa.

De acuerdo con una nota de El Universal publicada el 8 de mayo de 2009, Carlos Ahumada reveló en su libro Derecho de réplica que él había operado la aprobación de Luna Ramos en el Senado de la República gracias a su relación con el entonces líder de la bancada panista, Diego Fernández de Cevallos.

El nombramiento había sido, según Ahumada, un favor personal a su amigo Alejandro Luna Ramos, hermano de la actual ministra y magistrado de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Fuente: Contralínea 225 / 20 de marzo de 2011

El expediente Leyzaola



Opinión

El teniente coronel Julián Leyzaola Pérez, exsecretario de Seguridad Pública (SSP) municipal de Tijuana y hoy titular de Seguridad Pública de Ciudad Juárez, representa fielmente una política de Estado y una visión oficial sobre la seguridad pública que ignora olímpicamente los derechos humanos y la responsabilidad del Estado como garante.

Raúl Ramírez Baena*

Las loas que hablan y escriben de él periodistas de la talla de José Cárdenas y el periódico El Universal (“Leyzaola va a Juárez tras limpiar Tijuana”, Yahoo, 10 de marzo de 2011), en el sentido de que bajo su gestión como jefe policiaco se logró convertir a esa ciudad fronteriza en “modelo de seguridad”, son harto preocupantes porque eso quiere decir que, finalmente, dio resultado la campaña mediática del XIX ayuntamiento de Tijuana y del gobierno de Baja California en medios locales y nacionales: difundieron las andanzas del militar metido a jefe policiaco como si fuera el salvador de la patria.

Podemos asegurar que Leyzaola no es precisamente un jefe policiaco, sino un concepto de Estado basado en la fuerza y la brutalidad para cumplir, a como dé lugar –sin éxito, por cierto–, el objetivo de acabar con las mafias del narcotráfico.

Es increíble que el presidente municipal de Ciudad Juárez, Héctor Munguía Lardizábal, haya menospreciado los principios constitucionales y los tratados internacionales, así como las recomendaciones de la Procuraduría de los Derechos Humanos de Baja California (PDH) y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos contra Leyzaola por el delito de tortura, y las denuncias llevadas ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la Organización de los Estados Americanos.

Dice Teto Munguía que, para contratar a Leyzaola, “consultó” a Felipe Calderón y al gobernador César Duarte. Peor todavía: conociendo los antecedentes de Leyzaola, que son del dominio público, no se le ocurrió consultar a la CNDH y a las organizaciones no gubernamentales (ONG), que tienen a punto el expediente Leyzaola (ignoramos por qué la CNDH no ha girado la recomendación correspondiente, si cuenta desde el año pasado con las pruebas de tortura obtenidas mediante la aplicación del Protocolo de Estambul).

Asimismo, han sido ignorados por el alcalde juarense los llamamientos al gobierno de Calderón hechos por Amnistía Internacional, Human Rights Watch, el Observatorio para la Protección de los Derechos Humanos y la Oficina de Washington para América Latina, y las recomendaciones de la PDH, la CNDH y la CIDH para la aplicación de medidas cautelares con el fin de salvaguardar la integridad y la vida de Blanca Mesina y Silvia Vázquez, defensoras investigadoras en Tijuana de los casos de tortura perpetrada por Julián Leyzaola, por militares en el 28 Batallón de Infantería en Tijuana y por el capitán Gustavo Huerta, discípulo de Leyzaola y hoy flamante jefe policiaco en la administración priista de Carlos Bustamante.

Blanca y Silvia tuvieron que salir urgentemente de Tijuana por las graves agresiones y amenazas de muerte recibidas en 2010, cuya principal sospecha recae precisamente en Leyzaola y en sus escoltas. La Secretaría de Seguridad Pública y el gobierno de Baja California tuvieron que cumplir un urgente emplazamiento de la CIDH, vía recomendación, para el establecimiento de las medidas cautelares.

Nada de esto valió, ni las denuncias penales contra Leyzaola, Huerta y el ejército ante el Ministerio Público local y federal, interpuestas en octubre de 2010 por policías municipales y civiles de Tijuana, víctimas de tortura.

Por cierto, en Baja California ya se aplica pomposamente el nuevo Sistema de Justicia Penal, Oral y Alternativo, cuyo pionero fue, precisamente, Chihuahua, con la asistencia, promoción y costo de la United States Agency for International Development (la ONG Proderecho, creada ex profeso en México por el gobierno estadunidense).

Julián Leyzaola, antes en Tijuana ahora en Juárez, reproduce el proyecto de militarización de la seguridad pública impuesto por Felipe Calderón en su “guerra” personal contra el narcotráfico, que ha costado ya más de 36 mil “daños colaterales”.

Durante el paso de Leyzaola por Tijuana, murieron más de 70 policías acribillados por el narco, y muchos más se corrompieron (o plata o plomo) por esa torcida visión de meter a los policías preventivos en tareas de persecución del narco, que es una atribución federal, no municipal, estatal ni militar en tanto no se decrete la suspensión de garantías.

Tijuana no es Ciudad Juárez. En la primera, los narcos han llegado a acuerdos de no agresión, dada la aparente debilidad del cártel de los Arellano (que es la principal razón de la disminución de la violencia después de la captura del Teo y el Muletas, no por Leyzaola, como nos quieren hacer creer). Tijuana es una plaza en la que no han entrado los cárteles de los Carrillo Fuentes, del Golfo y Los Zetas, como en Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas y Nuevo León, donde se vive una violencia desbordada.

Ignorando las recomendaciones de la PDH y la CNDH, el alcalde de Ciudad Juárez dijo que, desde Tijuana, los empresarios le “recomendaron” a Leyzaola. Sería bueno saber qué empresarios tijuanenses le vendieron la idea barata al edil juarense y cuáles se la compraron, y por qué no observó las recomendaciones de referencia.

Algo tenemos que agradecer desde Baja California a un ingenuo y desesperado Héctor Munguía: sacó a Julián Leyzaola de esta entidad, donde acababa de ser nombrado subsecretario del Sistema Estatal de Seguridad Pública por el gobernador Osuna Millán, en la antesala de ser designado secretario (¡gulp!). En su primera reaparición estelar, Leyzaola encabezó un grupo de 300 policías municipales, estatales y ministeriales en un operativo masivo de arrase en Mexicali, que arrojó, como siempre, la detención mayoritaria de adictos, infractores e inocentes que de inmediato fueron liberados, pero cuyas estadísticas cumplieron la función mediática de consumo popular. Y todos contentos.

Mil gracias, don Teto, y mucho éxito con su nuevo jefe policiaco. De lujo…

*Presidente de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste; exombudsman de Baja California

Fuente: Contralínea 225 / 20 de marzo de 2011

Calderón y la corrupción



Miguel Badillo *
20 Marzo 2011

Provocado por un niño de 13 años de edad, Elías Mussali Bissu, quien reclamó al presidente que se preocupe por los niños que, por su pobreza, no pueden estudiar, Felipe Calderón confesó ante la comunidad judía que en México se han hecho fortunas inmensas al abrigo del poder, por lo que hacen falta servidores públicos orientados al bien común.

Sin nombrarlos, Calderón aludió a los gobiernos priistas cuando declaró, en una reunión con la Cámara de Comercio de México, que el país fue educado en la cultura de la complicidad, la corrupción y la transa.

Habría que precisar ambas afirmaciones. No es el país el que se ha educado en esa cultura de la corrupción, sino el gobierno. Y no hay nada nuevo en lo dicho por Calderón. Funcionarios y políticos del Partido Revolucionario Institucional (PRI) se enriquecieron con el erario. Al grado de que, con cinismo, acuñaron la frase “vivir fuera del presupuesto es un error”.

Pero si la corrupción fue la marca de los priistas durante sus 70 años en el poder, ¿qué han hecho los panistas en los 10 años que llevan al frente del gobierno federal? Sería interesante que Calderón hiciera una autocrítica de su gobierno y del de Vicente Fox. Ambos, simplemente, han sido cómplices, omisos y promotores de esa corrupción que lacera a la sociedad mexicana.

Lejos de combatir la corrupción, los gobiernos panistas alentaron, en la última década, el abuso del poder, el desvío de recursos públicos, la complicidad con empresarios, el chantaje político y el encubrimiento y protección de funcionarios y políticos que han corrompido las leyes y han asaltado las arcas públicas.

Calderón puede acusar a los priistas una y otra vez, y no se va a equivocar. Pero donde falla es al excluirse de la crítica, pues las evidencias de corrupción en este gobierno y en el de su antecesor Fox son, quizás, igual o más perversas que las cometidas en los 70 años que el PRI mantuvo el poder político.

En esta columna, hemos documentado hechos vergonzosos de corrupción de servidores públicos con empresarios, y nadie en el gobierno se ha interesado por investigar y aplicar la ley. Por ejemplo, las corruptelas de los hermanos Bribiesca Sahagún, hijos políticos de Fox, quienes desde Los Pinos exigían al exdirector general de Petróleos Mexicanos, Raúl Muñoz Leos, contratos para empresas privadas que los tenían como comisionistas. O aquella auditoría a la administración de la Residencia Oficial de los Pinos, donde la misma Contraloría documentó onerosos gastos y desvío de recursos en la reconstrucción de las cabañas y el menaje, a cargo de un amigo constructor del presidente Fox. Ese expediente se fue al archivo sin haber sancionado a nadie.

Más reciente, fue la acusación penal que la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público presentó ante la Procuraduría General de la República (PGR) en contra del hasta hace poco procurador federal de Protección al Ambiente, Patricio Patrón Laviada, y de sus hermanos, por los delitos de delincuencia organizada, lavado de dinero y vínculos con bandas del narcotráfico.

Ese expediente que recibió la PGR en noviembre de 2006 fue extraviado premeditadamente para proteger a un destacado miembro del gabinete de Calderón. Han pasado cuatro procuradores, incluido Arturo Chávez Chávez (quien, por cierto, será despedido en breve), y todos han encubierto a los Patrón Laviada.

¿Qué puede entonces criticar Calderón a esa cultura de la complicidad, la corrupción y la transa si él mismo forma parte de ella y como presidente no hace absolutamente nada para combatirla y, por el contrario, la promueve, la alienta y la estimula? Cuando habla de las fortunas inmensas hechas al abrigo del poder, ¿estaría pensando en su propia familia, en la de Vicente Fox y Marta Sahagún, en la familia Patrón Laviada? ¿O sólo en la gran familia priista que incluye a los Echeverría, a los López Portillo, a los Salinas, a los Zedillo, sólo por mencionar a algunos, pues la lista es tan grande que se llenaría toda la revista sólo con sus nombres y faltaría aún espacio?

Claudica Calderón ante EU

Mucho antes de que Felipe Calderón termine su mandato, menos de dos años si logra concluirlo, las tropas de Estados Unidos habrán invadido México. Los pretextos son los mismos, narcotráfico y violencia. Éstos han provocado un clima intervencionista mediante declaraciones constantes de funcionarios y militares estadunidenses, sin descontar que también Naciones Unidas se sumó a la crítica, y mediante un pronunciamiento, preparó el camino para que “fuerzas de tarea” estadunidenses ingresen a territorio nacional.

El año pasado dijeron en Naciones Unidas: las bandas del narcotráfico que operan en México son una “superpotencia”.

Ahora se conoce el verdadero motivo de la visita de Calderón a la Casa Blanca: aceptar operativos encubiertos de agentes estadunidenses en México; persecuciones en “caliente” de aviones de Estados Unidos en territorio nacional; que los policías de las agencias Central de Inteligencia, Federal de Investigación, de administración de drogas y aduanas adscritos a la embajada estadunidense en México puedan portar armas.

Sin embargo, la prensa mexicana ha documentado que desde hace muchos años esos agentes portan armas, realizan interrogatorios ilegales a testigos protegidos, tienen casas de seguridad que utilizan como centros de espionaje y de intervención de comunicaciones y participan en operaciones de persecución en contra de cualquier persona en México que signifique un “riesgo” para su país, sin importar si son políticos, legisladores, empresarios, periodistas, luchadores sociales o delincuentes.

Pero la verdadera presión de Obama fue para que Calderón autorice el acceso de las fuerzas militares estadunidenses a territorio nacional en el momento que lo consideren necesario, pues estiman que el presidente mexicano ha perdido el control del país y eso pone muy nerviosos a los grupos ultraconservadores estadunidenses, sobre todo porque vienen los procesos electorales de 2011 y 2012, que a Washington le preocupan, y donde todo hace prever que el Partido Acción Nacional perderá la Presidencia de la República.

*Periodista

Fuente: Contralínea 225 / 20 de marzo de 2011

El “yo acuso” de 66 periodistas asesinados


Álvaro Cepeda Neri *

En el búnker, en Los Pinos y en las mansiones en Acapulco y Cancún para descanso del presidente y su familia, domicilios del señor Calderón, nada importa el sangriento saldo de varias decenas de miles de homicidios (ajustes entre bandas de narcotraficantes, “daños colaterales” de mexicanos ajenos a la guerra panista-calderonista, cadáveres sin identificación, desaparecidos, etcétera). Y menos interesan los asesinatos de periodistas, casi todos reporteros en el ejercicio de las libertades constitucionales para buscar y dar información, publicar escritos y manifestar las críticas a los abusos del poder, que son su trabajo y deber, muy a pesar de las declaraciones del propio Calderón y de su cuarto secretario de Gobernación.

En los cuatro años del calderonismo y seis del foxismo, 66 periodistas fueron privados de la vida cuando desempeñaban su función para la prensa escrita, audiovisual y oral. El reporte de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) –urge la creación, por el Senado, del defensor del periodista de competencia federal y defensores de los periodistas en cada una de las 32 entidades– es más que trágico. Contiene el drama nacional de las embestidas de la delincuencia organizada del narcotráfico y de la delincuencia burocrática-política; aquéllos desde el clandestinaje y éstos desde el abuso del poder gubernamental, en especial de quienes ocupan los ejecutivos en las entidades y el federal. Esos dos poderes, criminal y político, han cometido homicidios directa o indirectamente o puesto las condiciones para privar de sus vidas a los periodistas.

Los reportes de la CNDH (El Universal y Reforma, 2 de enero de 2011) coinciden con la Fundación Knight (El Universal, 17 de diciembre de 2010), donde mencionan los datos duros de homicidios, ataques a instalaciones, secuestros, amenazas y otros delitos contra los informadores; y cómo éstos una y otra vez presentan denuncias ante la Procuraduría General de la República, y ésta con la Secretaría de Gobernación (de Chávez a Blake) hacen caso omiso. Estos funcionarios calderonistas andan con el chincual (en su sentido de alboroto, bullanga, diversión) de integrar un sospechoso comité consultivo para dizque implantar “medidas de seguridad” para el desempeño periodístico, ejecutado por el subalterno de Blake, Felipe de Jesús Zamora, subsecretario de Asuntos Jurídicos y Derechos Humanos, sin que haya sido aterrizado para que los periodistas lo analicen y decidan. Este comité huele a seguir ampliando los tentáculos del golpe militar y policiaco, y está muy por encima de garantizar la seguridad a todos los mexicanos, entre los cuales están los periodistas.

El yo acuso al calderonismo por los cientos de miles de homicidios y que en el país, en lugar de prevalecer el imperio de la ley, los matones al servicio de los cárteles del narcotráfico se hagan “justicia” por su propia mano y disparen a diestra y siniestra, privando de la vida a quienes les viene en gana para practicar el tiro al blanco. Y que los poderes ejecutivos en todos los niveles, con las supuestas fuerzas del orden para lograr la paz pública, son órganos del Estado, cuyos titulares, cuando no son cómplices de esas rebeliones anticonstitucionales, son incapaces, incompetentes e inútiles que deben aceptar el ultimátum de “¡si no pueden, renuncien!”, escupido en sus caras en una de las múltiples reuniones calderonistas.

El yo acuso de los periodistas por las agresiones y homicidios de que son víctimas, y por salir al paso de las constantes advertencias calderonistas para que prive la censura y las limitaciones al ejercicio de las libertades jurídicas para informar exhaustivamente. En esta década panista perdida en todos aspectos, no parecen “daños colaterales”, como justifica Calderón, los abusos policiacos y militares (como el bárbaro de la señora Marisela Escobedo, ametrallada en las barbas del desgobernador César Duarte), sino maneras de quitar de en medio a mexicanos que protestan, informan, demanda, critican y hasta exigen las renuncias de los funcionarios que no cumplen, no ya con su deber, sino ni con sus obligaciones por las que cobran y se enriquecen.

El yo acuso contra Calderón y dizque “servidores públicos” se sustenta en el recuento de hechos sangrientos: los oficialmente reconocidos que son más de 30 mil. Y en el expediente de la CNDH, donde se consigna el baño de sangre contra los periodistas que insisten en informar y criticar, contra viento y marea de los amenazantes comités, los llamados a la censura y a una guerra que abusa militar y policiacamente.

*Periodista

Fuente: Contralínea 225 / 20 de marzo de 2011

La economía del narcotráfico


Jorge Luis Sierra *


Un análisis de los impactos económicos del narcotráfico podría arrojarnos algunas pistas de áreas descubiertas del combate actual a los grupos de la delincuencia organizada. Esas áreas sin atención sistemática del gobierno, o valoradas de manera deficiente en las estrategias actuales de seguridad, han producido un vacío que favorece la reproducción del crimen organizado en el país.

Control de la actividad económica informal. Los grupos de la delincuencia organizada han tendido a monopolizar y controlar el rango completo de la actividad ilícita en las zonas bajo su control. Esto abarca desde el tráfico de armas y de seres humanos, hasta el robo de autos, la extorsión y el secuestro. Sin embargo, por la necesidad de ampliar su base asalariada y aumentar sus ingresos, la delincuencia organizada ha empezado a imponer una “obligación fiscal” a todos aquellos comercios o individuos que operan en la economía informal y no pagan sus impuestos de manera regular a las autoridades hacendarias. Esto fue parte de la debacle de todas las actividades de negocios en la zona fronteriza de Tamaulipas con Texas, pues pequeños comercios, vendedores callejeros y comerciantes ambulantes fueron obligados a pagar su contribución económica al crimen organizado. No existe, por supuesto, un registro de las ganancias derivadas de este giro, pero diversos testimonios de pequeños empresarios en esa región fronteriza indican que hasta los vendedores más humildes eran conminados a pagar sus “impuestos”.

Creación de una fuerza de trabajo especializada en la violencia. El incremento de la presión gubernamental y el aumento de la rivalidad intercárteles forzaron a los grupos del narcotráfico a fortalecer sus cinturones de seguridad y desarrollar métodos y lugares de “capacitación” y entrenamiento en el manejo de las armas. Jóvenes pertenecientes a pandillas o simples habitantes de barrios inseguros comenzaron a recibir entrenamiento que los colocaba de inmediato en un nivel de especialización en la violencia. Estimaciones recientes de investigadores de la Universidad de Harvard indican que los cárteles han producido cerca de medio millón de empleos, la mayor parte de ellos dedicados a cultivar, proteger, cosechar y procesar mariguana y amapola. Las cifras más recientes del propio gobierno mexicano establecen que los decomisos de esas drogas han declinado. En su reporte de la Estrategia de control de drogas, difundido a principios de este mes, el gobierno estadunidense explica la elevada concentración de efectivos federales en las zonas urbanas. Más allá del empleo rural, los cárteles han generado una importante fuerza de trabajo criminal en las ciudades. El mismo estudio de Harvard estima que por cada 100 campesinos dedicados a la producción de drogas, existen otras 46 personas involucradas en otras fases de la industria del tráfico de drogas, entre ellas la protección de las células de mando, operaciones, vigilancia, inteligencia y la aplicación forzada de sus propias reglas (mediante secuestros y asesinatos).

Incursión en nuevas áreas de criminalidad. Los traficantes de drogas han levantado negocios paralelos que no estaban hasta hace unos años en el radar de las autoridades policiales o militares. Uno de ellos es el robo de petróleo condensado y turbosina a Petróleos Mexicanos, que los cárteles posteriormente colocaban en los mercados internacionales a través de una red de empresas estadunidenses y guatemaltecas. Aunque varias de esas compañías han sido llevadas a juicio en Estados Unidos, el negocio sigue adelante; legisladores mexicanos estiman que las ganancias de los grupos criminales se elevan a varios miles de millones de dólares anuales.

El flujo de dinero hacia la economía mexicana ha tenido un impacto mínimo en el desarrollo de las zonas más afectadas por la violencia. Análisis cartográficos de la Universidad de San Diego establecen que la mayor parte de los habitantes de la región fronteriza con Estados Unidos recibe un ingreso anual per cápita no mayor de 7 mil dólares. En el lado estadunidense, la mayoría obtiene un ingreso anual per cápita mayor de 14 mil dólares, lo que coloca a toda la región fronteriza por debajo de las líneas de pobreza.

La mano de obra asalariada por el narcotráfico apenas supera esa cantidad. En promedio, un joven que está empleado como sicario, guardián o vigilante de las bandas del narcotráfico recibe un ingreso que fluctúa entre 6 mil y 12 mil dólares al año, parte en dinero en efectivo, parte en drogas y otra parte en prebendas: un auto, un celular, etcétera. La investigación de la Universidad de Harvard revela que los 468 mil individuos empleados por la delincuencia organizada reciben una parte importante de las ganancias generadas por el narcotráfico. Los niveles más bajos del sicariato, que suman cerca de 145 mil individuos, reciben en conjunto cerca de 1 mil 740 millones de dólares al año. Los mandos policiales y militares corrompidos se llevan una tajada semejante, pero el número de personas que recibe ese dinero es sensiblemente menor. El resto de las ganancias se queda en manos de los líderes de los cárteles.

Los cálculos de las ganancias globales de la delincuencia organizada en México difieren entre sí. El Departamento de Estado de Estados Unidos estima que las ganancias van de 12 mil a 80 mil millones de dólares. Estimaciones más mesuradas, que incluyen el costo de los decomisos y las operaciones antidroga, indican que las ganancias de los narcotraficantes mexicanos oscilan entre los 3 mil y 9 mil millones de dólares anuales.

Cualquiera que sea la cifra real de las ganancias del narcotráfico, lo cierto es que la delincuencia organizada mexicana cuenta con un poder económico semejante o superior al del conjunto de fuerzas policiales y militares dedicadas a combatirla. Los grupos del narcotráfico han estado adquiriendo un arsenal liviano de tipo militar que los ha ayudado a contrarrestar la ofensiva gubernamental mediante una ola histórica de violencia.

El punto crucial de la lucha contra los cárteles no radica sólo en el combate fuerza a fuerza, sino en el desmantelamiento de las formas de acumulación de riqueza de los narcotraficantes. Esto implicaría pensar en varios frentes: uno, el más inmediato, es el desarrollo social y económico en las zonas de pobreza urbana y rural donde la delincuencia organizada alimenta sus filas. Otro que es más lento, por el tiempo que toma documentar una operación de lavado de dinero, es cerrar las puertas de las industrias al dinero de origen ilícito. El tercer frente, mucho más complejo, es reducir el mercado mediante políticas de salud, educación y, sobre todo, de legalización del consumo de drogas. Mientras estas áreas no sean atendidas, el narcotráfico seguirá gozando de los vacíos de la política gubernamental.

*Especialista en Fuerzas Armadas y seguridad nacional; egresado del Centro Hemisférico de Estudios de la Defensa, de la Universidad de la Defensa Nacional en Washington

Fuente: Contralínea 225 / 20 de marzo de 2011

Calderón en campaña y la nación en más desgracias


Por todas partes de las economías, prácticamente en el torbellino de las diferentes modalidades del capitalismo, se anuncian más crisis con fines de estancamiento, pero el calderonismo con su jefe Calderón están dedicados a la disputa presidencial. La producción agrícola de maíz, frijol, arroz y otros granos indispensables para surtir la demanda interna se perdió por las heladas en Sinaloa, Sonora y Chihuahua, de tal manera que ni volviendo a sembrar se lograría tener a tiempo suficiente producción. Esto presagia un desastre para la alimentación general de las clases medias, los pobres y los que obtienen su raquítico salario para sobrevivir. Incluso, cientos de miles de jornaleros regresaron a sus entidades, sin un centavo y muertos de hambre, ante ese problema. Y Calderón sólo les dijo que se les pospondría el pago de los impuestos… ¡como ayuda federal!

Toda la economía pública, desde el foxismo, se encuentra sin impulso. Los panistas siguen creyendo que sin la intervención gubernamental, todo se ajusta conforme a las decisiones del sector privado, cuando éste espera la reactivación de las inversiones públicas para salir con las suyas que han escaseado por la indolencia calderonista. No hay, pues, políticas públicas para impulsar el crecimiento agrícola, industrial, y, por tanto, no hay creación de empleos; antes bien, siguen los despidos. Y como se reduce el consumo, se disminuye la producción, con lo cual se crea el círculo vicioso de alza de precios porque no hay demanda.

Pero Calderón está entretenido en imponer sucesor en Los Pinos, cerrarle el paso al Partido Revolucionario Institucional (no de Peña Nieto, al que quiere sea el candidato, que al fin y al cabo le tiene reservada una sorpresa por medio de la Unidad de Inteligencia Financiera, que persigue los dineros mal habidos y enviados al extranjero o guardados bajo siete llaves). Y buscará un candidato a modo (dicen que Juan Ramón de la Fuente, la señora Wallace, quien persiguió al delincuente que mató a su hijo, y hasta se menciona a su esposa Margarita), con tal de que ninguno de los “10” panistas obtengan la candidatura del Partido Acción Nacional que Calderón quiere controlar a como dé lugar.

Tenemos serios y gravísimos problemas: la creciente inseguridad y desafiante rebelión del narcotráfico; el aumento de la delincuencia tradicional, desempleo, conflictos sociales, y el que Calderón trae con Estados Unidos por sus desplantes con el embajador de ese país); el desbordamiento político por la adelantada competencia electoral de 2012; su adicción alcohólica, tráfico de migrantes, homicidios de civiles a la par de violaciones infames a los derechos humanos; empobrecimiento masivo, etcétera. Con todo eso, Calderón y su equipo están de lleno en la lucha electorera, haciendo a un lado sus obligaciones de atender lo que les compete federalmente. Vamos en camino a que en cualquier momento se provoque una explosión política si los problemas cierran el circuito y dejan de ser manifestaciones, protestas, críticas. Son demasiadas las desgracias como para que el pueblo permanezca indiferente.

Reforma constitucional en derechos humanos: pasos adelante


Miguel Concha Malo *

El 8 de marzo, el Senado aprobó por fin en lo general, en segunda lectura y por unanimidad, con 106 votos a favor, cero en contra y cero abstenciones, el proyecto de decreto que modifica la denominación del capítulo I del título primero de la Constitución, y reforma en materia de derechos humanos los artículos 1, 3, 11, 15, 18, 29, 33, 89, 97, 105 y el apartado B del artículo 102 de nuestra carta magna.

La minuta no difiere mucho del dictamen con modificaciones que el Senado había aprobado el 8 de abril del año pasado y turnado a la Cámara de Diputados, ni de la que ésta, con las modificaciones aceptadas, volvió a someter a su consideración y aprobación el pasado 15 de diciembre. Únicamente se aceptó en lo particular, luego de muchas discusiones previas, el añadido de “sexuales” al concepto de “preferencias”, como causal también de no discriminación, en el artículo primero de la Constitución; y se rechazó en votación nominal el cambio que la Cámara de Diputados le había hecho a los párrafos décimo primero y décimo segundo del artículo 102 B de la carta magna, con sus respectivos transitorios, otorgándole al Consejo Consultivo de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) la facultad de poder iniciar, por la mayoría de sus integrantes, la investigación de violaciones graves a los derechos humanos que el Senado, en su anterior reforma al artículo 97, le había transferido de la Suprema Corte de Justicia de la Nación a este organismo público.

Este asunto no es menor, porque, como ha declarado la Academia Mexicana de Derechos Humanos, siguiendo a algunos de sus miembros, como el doctor Jorge Carpizo MacGregor, el principio de actuación del ombudsman radica en la fuerza moral, laica, autónoma e independiente de los poderes públicos. Por lo cual, atribuir a este defensor la facultad de autoridad investigadora sería transformarlo en un agente del Ministerio Público. Dejar además esa facultad a una autoridad no jurisdiccional, cuyas resoluciones no son vinculatorias, y que no tiene facultades para ejercer acción penal, dejaría también en la indefensión a las víctimas.

Felizmente, la minuta aprobada acepta la incorporación en el artículo primero de la Constitución el principio pro homine o principio pro persona, por el que el derecho debe interpretarse y aplicarse siempre por la autoridad de la manera que más favorezca a sus titulares, sea ésta la Constitución o los tratados internacionales aprobados por México; así como la aclaración, con base en el artículo 13 de la Ley sobre Refugiados y Protección Complementaria, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 27 de enero del año en curso, de la condición de refugiado y de las causas por las cuales se puede solicitar refugio en el país. No dejan tampoco de ser trascendentales las modificaciones que la Cámara de Diputados le hizo a varios de los artículos aprobados por el Senado, y que éste ya aceptó, puntualizando en el texto constitucional que las violaciones a los derechos humanos pueden darse no exclusivamente en los tratados específicos en la materia, sino en cualquier tratado internacional aprobado por México.

Para no tener que volver a mandar estas reformas al siguiente periodo de sesiones, con el riesgo de que se pudieran volver a empantanar, y teniendo en cuenta que la Cámara de Diputados ya no las puede modificar, porque ya pasaron dos veces por San Lázaro, en su decreto aprobatorio de la minuta la Mesa Directiva determinó que en caso de que la colegisladora no apruebe las enmiendas, el Senado manifiesta su aceptación para que, con los artículos aprobados por ambas cámaras, se construya el Proyecto de Decreto que se remita a la aprobación de la mayoría de las legislaturas de los estados, tomando quizás en cuenta lo establecido en el artículo 72 E de la Constitución.

No obstante sus limitaciones, algunas importantes, como la imprescriptibilidad explícita de los delitos de lesa humanidad (genocidio, tortura y desaparición forzada de personas), las reformas han sido saludadas por cientos de organizaciones civiles de derechos humanos como un avance en la vía hacia la plena armonización con los más altos estándares internacionales en derechos humanos de nuestro marco normativo e institucional interno, que además favorecen el cumplimiento de diversos compromisos que nuestro país ha contraído ante la comunidad internacional, como las recomendaciones que diversos organismos internacionales, entre ellos el Mecanismo del Examen Periódico Universal y el Comité de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas, le han hecho a México en 2009 y 2010.

Dadas las graves circunstancias de violaciones a los derechos humanos que se siguen padeciendo actualmente en el país, por la forma como se combate a la delincuencia organizada y al narcotráfico, siguen siendo de trascendental importancia las reformas al artículo 29 de la Constitución que ya había hecho el Senado en su proyecto de decreto del año pasado, con el único añadido, de los diputados, de que la Comisión Permanente puede también conocer y resolver, además del Pleno del Congreso de la Unión, sobre los estados de excepción decretados por el presidente de la República, con acuerdo de los titulares de las secretarías de Estado y la Procuraduría General de la República, en los casos de invasión, perturbación grave de la paz pública, o de cualquier otro que ponga a la sociedad en grave peligro o conflicto.

En el primer párrafo de esta reforma se añade, además de la suspensión de garantías, el supuesto de restricción de las mismas, y se establece que lo que se restringe o suspende temporalmente no son los derechos o libertades públicas, sino simplemente sus garantías y ejercicio. En un segundo párrafo adicionado, se enlistan los derechos que no podrán ser restringidos ni suspendidos en caso de una declaratoria de estado de excepción, recogidos del artículo 27 de la Convención Americana de los Derechos Humanos y del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, entre otros instrumentos internacionales de derechos humanos. En este tenor, se establece que no podrá restringirse ni suspenderse el ejercicio de los derechos a la no discriminación, al reconocimiento de la personalidad jurídica, a la vida, a la integridad personal, a la protección de la familia, al nombre, a la nacionalidad; así como los derechos de la niñez; los derechos políticos; las libertades de pensamiento, conciencia y de profesar creencia religiosa alguna; el principio de legalidad y retroactividad; la prohibición de la pena de muerte; la prohibición de la esclavitud y la servidumbre; la prohibición de la desaparición forzada y la tortura; ni las garantías judiciales indispensables para la protección de tales derechos.

Además, se establece, en un tercer párrafo adicionado, que se debe fundar y motivar la restricción o suspensión del ejercicio de los derechos y garantías con base en los principios de legalidad, racionalidad, proclamación, publicidad y no discriminación. Y en un cuarto párrafo nuevo se señala que el Congreso de la Unión puede decretar el fin de la restricción o suspensión del ejercicio de los derechos y las garantías, lo cual dejaría sin efecto cualquier medida legal o administrativa, así como que el Ejecutivo no podrá objetar este decreto. Finalmente, se plantea que durante la restricción o suspensión, la Suprema Corte de Justicia de la Nación deberá revisar, de oficio e inmediatamente, el decreto expedido por el Ejecutivo, y pronunciarse con la mayor prontitud.

Destacan, desde luego, la elevación a rango constitucional de los derechos humanos reconocidos en los tratados internacionales, por la que las organizaciones civiles han trabajado durante tantos años, así como el reconocimiento de su universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad, y las obligaciones que tienen las autoridades de cualquier nivel de prevenir, investigar, sancionar y reparar sus violaciones. Es igualmente importante la inclusión del respeto a los derechos humanos en la educación, la organización del sistema penitenciario y la política interior, así como la modificación al artículo 33, para reconocer el derecho de audiencia a las personas extranjeras que se pretendan expulsar del territorio nacional, y el fortalecimiento de los organismos públicos de derechos humanos, además de las facultades expresas a la CNDH para ejercer acciones de inconstitucionalidad contra leyes federales, estatales y del Distrito Federal que vulneren derechos humanos reconocidos en los tratados internacionales, que la Suprema Corte de Justicia de la Nación le había venido negando, hasta ahora, en algunas de sus resoluciones.

*Filósofo, sociólogo y teólogo; director del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria, OP, AC

Fuente: Contralínea 225 / 20 de marzo de 2011

Discapacidad burocrática



Opinión

En México, las personas con discapacidad son un grupo de población altamente vulnerable. En el devenir histórico del quehacer gubernamental, habían sido casi invisibles como población objetivo de las políticas públicas, salvo aquéllas de corte asistencial elaboradas por el Sistema de Desarrollo Integral de la Familia y por la Secretaría de Salud, a las cuales se suman las de naturaleza filantrópica, cargadas, en la mayoría de los casos, de sentimientos caritativos por parte de los proveedores de “apoyos”.

Arturo Allende González*

producto del esfuerzo de diversos actores, tanto de carácter individual como colectivo, el 10 de junio de 2005 se publicó, en el Diario Oficial de la Federación, la Ley General de las Personas con Discapacidad, que tiene por objeto establecer las bases que permitan la plena inclusión de las personas con discapacidad, en un marco de igualdad y equiparación de oportunidades, en todos los ámbitos de la vida.

El 25 de mayo de 2006, se creó el Consejo Nacional para las Personas con Discapacidad, que es el instrumento permanente de coordinación intersecretarial e interinstitucional para contribuir al establecimiento de una política de Estado en la materia, así como promover, apoyar, fomentar, vigilar y evaluar las acciones, estrategias y programas derivados de la Ley General de las Personas con Discapacidad.

México fue un destacado promotor de la Convención sobre los Derechos de la Personas con Discapacidad, la cual fue suscrita por la Organización de las Naciones Unidas el 30 de marzo de 2007. En la consecución de este objetivo, el liderazgo, el reconocimiento internacional y trabajo incansable de Gilberto Rincón Gallardo fueron determinantes.

El propósito de la Convención es promover, proteger y garantizar el disfrute pleno y por igual del conjunto de los derechos humanos y las libertades fundamentales a las personas con discapacidad.

El 24 de julio de 2009, el presidente de la República presentó, en la Residencia Oficial de Los Pinos, el Programa Nacional para el Desarrollo de las Personas con Discapacidad 2009-2012, cuya misión es conjuntar políticas de Estado y conducir la operación de estrategias en las instituciones del sector público en los tres órdenes de gobierno, para favorecer el desarrollo integral y la inclusión plena de las personas con discapacidad y sus familias en la vida social y productiva del país, con absoluto respeto a sus derechos humanos y libertades fundamentales.

En el ejercicio fiscal 2010, por primera vez en la historia de nuestro país, la Cámara de Diputados aprobó en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) recursos etiquetados por 250 millones de pesos para el Fondo para la Atención a Personas con Discapacidad, decisión política trascendental, pues se reconoce que no hay política pública eficaz si no se cuenta con el soporte presupuestal para ejecutarla.

Los recursos del Fondo auguraban el financiamiento de diversos proyectos y acciones de política pública en beneficio de las personas con discapacidad y sus familias.

Lo anterior expresa la construcción del entramado institucional, organizacional y programático-presupuestal que el Estado mexicano ha construido para sustentar la instrumentación del paradigma de atención a las personas con discapacidad, basado en el reconocimiento pleno de sus derechos. Sin embargo, la discapacidad burocrática, entendida como la limitación o deficiencia para realizar determinada acción gubernamental, impidió ejercer con éxito los recursos etiquetados en el PEF-2010 para atender a este grupo de población.

Aspectos jurídicos, hacendarios y administrativos pudieron más que el compromiso institucional de diversas dependencias y entidades de la administración pública federal interesadas en la ejecución de proyectos de diversa naturaleza; pero, sobre todo, y éste es el punto más lamentable, los factores burocráticos pesaron más que las necesidades de las personas con discapacidad (en no pocos casos, verdaderamente críticas).

Resulta lamentable que, por discapacidad burocrática, diversos proyectos con viabilidad técnica y presupuestal, pero sobre todo de alto impacto social para este grupo de población y sus familias, no se hayan ejecutado y que esto derivara al cierre del año en un subejercicio.

Lo más lamentable es que por no haber tenido las instancias gubernamentales la capacidad de ejercer los recursos del Fondo aprobado en 2010, se canceló la posibilidad de mantener o incluso aumentar el presupuesto público destinado a las personas con discapacidad.

Lo anterior ha sido expresado públicamente por la diputada Claudia Edith Anaya Mota, secretaria de la Comisión de Atención a Grupos Vulnerables de la Cámara de Diputados, quien señaló enfáticamente durante su participación en el seminario el Ejercicio de los Derechos Políticos de las Personas con Discapacidad, celebrado en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación el 17 de febrero, que para 2011 la Cámara de Diputados no había destinado recursos para el Fondo para la Atención a las Personas con Discapacidad, en virtud de que en 2010 éste había registrado un subejercicio, motivo por el cual los recursos (445 millones de pesos) se destinaron al Fondo para la Accesibilidad en el Transporte Público para las Personas con Discapacidad, del Ramo 23, “Previsiones salariales y económicas”.

Ojalá la discapacidad burocrática no vuelva a generar subejercicio en la aplicación de este nuevo Fondo, acotado al financiamiento del transporte accesible. Cometer el mismo error sería verdaderamente censurable.

*Politólogo y administrador público por la Universidad Nacional Autónoma de México

ARREBATA REFORMA LABORAL DERECHOS DE MILLONES DE SUBCONTRATADOS; LOS DEJA A MERCED DE LOS PATRONES


· Exime a grandes empresas beneficiarias del outsourcing de sus responsabilidades frente a las y los trabajadores

· De aprobarse la reforma laboral se legalizaría lo que hoy se considera violación de derechos laborales

· Urgente informar y movilizar para evitar la imposición de esta infamia

México, D.F., 20 de marzo de 2011

Es mentira que la reforma laboral propuesta por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), —en complicidad con Acción Nacional (PAN), gobierno federal, grandes empresarios y mafias sindicales—, pretenda normar el outsourcing; lo que en realidad busca es legitimar jurídicamente la perversa práctica de la subcontratación que, de facto, ya despoja a millones de trabajadoras y trabajadores de su derecho a un salario justo, a beneficios y prestaciones, así como a su derecho a organizarse.

Las modificaciones a la Ley Federal del Trabajo (LFT), que buscan desesperadamente aprobar estos partidos, no son más que una simulación que pretende diluir las responsabilidades de la empresa beneficiara de la subcontratación, en su mayoría grandes compañías, y con ello burlar los derechos de las y los trabajadores, puesto que no se establecen de manera clara y concreta las garantías básicas para evitar el abuso contra éstos.

La coincidencia del PRI, PAN y gobierno federal en relación con el outsourcing no es nueva y responde a su interés de establecer un nuevo marco legal en materia del trabajo que permita al gran capital extranjero y nacional mejores condiciones de rentabilidad, mano de obra barata y paz laboral en México, de tal modo que se sienten las bases para que la subcontratación sea el paradigma, el núcleo duro de las relaciones laborales mexicanas.

A pesar de ser una práctica ilegal, desde hace años, y en paralelo con la imposición del neoliberalismo, en México se ha expandido la subcontratación de personal, de manera especial en la industria manufacturera y en los sectores público, financiero y de servicios. La reforma priista a lo que aspira —de ahí que sea aplaudida y avalada por el panismo, el gobierno federal y los grandes empresarios—, es a dar un marco jurídico para que las violaciones de derechos laborales que se vienen cometiendo dejen de serlo, en perjuicio de unos tres millones de mexicanas y mexicanos que están bajo ese régimen.

En México, actualmente, existen unas tres mil compañías que proporcionan personal a otras empresas. Ya en 2004 alrededor de ocho por ciento del empleo nacional se ofrecía bajo subcontratación; de entonces al 2009 el crecimiento de este fenómeno llegó a 95 por ciento y en la actualidad 40 por ciento de las y los trabajadores están, bajo alguna de sus modalidades, en condición de subcontratados.

Por otro lado, las cifras indican que del total de unidades económicas en México, sólo cinco por ciento tienen más de 50 dependientes —grandes empresas—, y es en ellas donde se ubica 70 por ciento de los subcontratados.

Copia de lo propuesto antes por el PAN, el documento priista retoma las aspiraciones patronales de reducir costos a través del abaratamiento de la mano de obra y de la omisión de obligaciones empresariales. En la modificación al artículo 13 de la LFT invierte los roles, porque ahora será el subcontratista quien asuma en primera instancia las responsabilidades directas ante los trabajadores; de ese modo, la empresa beneficiaria queda, apenas, como “responsable solidaria”.

Esta situación provoca una irresuelta contradicción: ¿cómo el intermediario —que según el primer párrafo del art. 13 es quien no tiene elementos suficientes para cumplir con los compromisos contraídos frente a las y los trabajadores— puede ser el responsable de esas obligaciones? A las empresas beneficiarias solamente les delega la responsabilidad de verificar que el intermediario sea una persona física o moral legalmente constituida y en cumplimiento de sus obligaciones fiscales.

Libera también a la empresa beneficiaria de sus responsabilidades dejando muy en claro que en el régimen de subcontratación los trabajadores involucrados están “bajo la dirección” del contratista (y sólo de él). En la práctica es imposible que el subcontratado no reciba órdenes directas del patrón beneficiario.

Tampoco se menciona siquiera alguna medida de protección a la materia de trabajo de los trabajadores de planta, es decir no se fija, por ejemplo, un tope en porcentaje de la plantilla laboral accesible a los trabajadores subcontratados o las actividades que podrían ser sujetas de subcontratación. Además, en ninguna parte se menciona la relación y los derechos que tienen los trabajadores subcontratados con respeto al sindicato de la empresa beneficiaria. Con esto se atenta objetivamente contra la libertad de asociación, haciéndola materialmente imposible.

Como en todo su contenido la exposición de motivos de la reforma PRI-PAN-gobierno federal, en su afán de servir a los grandes empresarios nacionales y extranjeros, intenta engañar al exponer que con ella se busca generar empleos cuando lo cierto es que dividirá el escaso empleo en puestos de trabajo de tiempo parcial y temporales, cada vez más precarizados y alejados de la definición de “trabajo decente” formulada por la Organización Internacional de Trabajo.

Los primeros y más afectados de consumarse la reforma serán los jóvenes mexicanos. Un millón de ellos se incorpora al mercado laboral anualmente y lo hará bajo este esquema de precariedad salarial y laboral. A estos hay que sumarles los que ya desde hace años trabajan en condiciones de semiesclavitud, con remuneraciones míseras, sin prestaciones, bajo contratos temporales y que son despedidos a voluntad del patrón, como en el caso de los call-center, los cines, tiendas de autoservicio, por poner algunos ejemplos.

La evidente condición propatronal de esta reforma y su turbia negociación entre quienes la apoyan, incluidas las mafias sindicales que nuevamente traicionan a sus afiliados, han propiciado una prisa desmesurada por aprobarla antes de que las y los trabajadores conozcan su contenido y, por tanto, la rechacen.

Es indispensable frenar las maniobras que pretenden imponer fast track esta reforma; los sindicatos y organizaciones independientes deben movilizarse rápidamente, informar a las y los trabajadores de todos el país acerca de esta infamia; salir a las calles a movilizarse masivamente para evitar este nuevo golpe contra millones de mexicanas y mexicanos que serán arrastrados a una miseria mayor.

Debe presionar para que el gobierno cumpla sentencia de la CIDH sobre caso Radilla: Afadem


Visita de la ONU, oportunidad para denunciar miles de desapariciones forzadas en el país

El comité de Naciones Unidas irá a Coahuila, Chihuahua y Guerrero; hay preocupación mundial: Barrera

Fernando Camacho Servín
Periódico La Jornada
Domingo 20 de marzo de 2011, p. 32

La visita a México del grupo de trabajo de la Organización de las Naciones Unidas sobre desapariciones forzadas o involuntarias es una gran oportunidad para hacer visible la existencia de dicho crimen y presionar a las autoridades para que lo detengan y hagan cumplir la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sobre el caso de Rosendo Radilla, señalaron activistas de organizaciones especializadas en el tema.

Julio Mata, presidente de la Asociación de Familiares de Detenidos, Desaparecidos y Víctimas de Violaciones de Derechos Humanos en México (Afadem), informó que dicho comité –formado por Jasminka Dzumhur, Ariel Dulitzky y Osman El Hajj– visitará los estados de Coahuila, Chihuahua y Guerrero.

“En los 30 años que tiene el organismo, esta es la primera vez que el gobierno mexicano le permite visitar el país, y por ello es importante que conozca los más de mil 200 casos de desapariciones forzadas, la mayoría de ellos por causas políticas y ocurridos en el periodo de terrorismo de Estado conocido como guerra sucia”, apuntó.

La presencia de Naciones Unidas –dijo– puede ser importante para desmantelar la imagen supuestamente democrática y progresista que se han creado las autoridades mexicanas en el extranjero, cuando la situación en el país es completamente opuesta.

Sería importantísimo que el grupo presionara para que se cumpliera la sentencia de la CIDH sobre Rosendo Radilla. Si así fuera, podrían hacerse muchas modificaciones sobre fuero militar, sobre la investigación del paradero real de todos los desaparecidos y el juicio a los responsables de los crímenes.

De su lado, Abel Barrera, director del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, consideró que la visita del grupo especializado se debe a que ya hay preocupación a escala internacional por la cantidad de desapariciones forzadas que ocurren en el país, aunque el gobierno pretenda ocultar la gravedad del asunto al decir que todos los casos tienen que ver con el crimen organizado.

Una de las expectativas que tenemos es que sean escuchados los familiares de las víctimas para hacer más visible esta problemática y demostrar que el sistema de justicia está en crisis. Tenemos esperanza de que se escuche lo que ellos han gritado y documentado, subrayó.

El sistema penitenciario nacional refuerza estereotipos de género: experto


Repudio social mayor y penas más severas contra mujeres que delinquen
Ariane Díaz
Periódico La Jornada
Domingo 20 de marzo de 2011, p. 32

Los estereotipos de género son determinantes para el trato diferenciado que el sistema penitenciario da a hombres y mujeres. Análisis del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) indican que dichos prejuicios hacen que las conductas de extrema violencia sean vistas como más aberrantes en la mujer, lo que a su vez provoca que el repudio social sea mayor y las sanciones que recibe más severas.

Además, el sistema penitenciario mexicano se caracteriza por adoptar una política que favorece el contacto de los internos con su familia y pareja. Así, mientras a los varones se les da un amplio margen de libertad para definir sus visitas conyugales, a ellas se les impone una serie de requisitos que en los hechos limitan su derecho a esa visita.

Dicho sistema penitenciario refuerza el estereotipo de género y, en consecuencia, mantiene las diferencias sociales, que resultan en desventajas para las mujeres, cuyas necesidades son relegadas en las prisiones, como ocurre en otros espacios sociales.

En entrevista con La Jornada, Elena Azaola, autora de varios estudios del CIESAS sobre el tema, lamentó que a pesar de las múltiples investigaciones que se han realizado en México y otros países sobre la condición de las mujeres en situación de encierro, no se han fijado políticas públicas orientadas a que la justicia las trate de manera adecuada.

El sistema penitenciario se encuentra estructurado tomando como modelo al varón. Las mujeres son, en todo caso, una especie de apéndice que se agrega a dicho modelo, concluye el texto, realizado a partir de varias investigaciones en las que participó Azaola desde 1996.

Una muestra de lo anterior es el diseño arquitectónico de las prisiones, la distribución de sus espacios, o bien sus normas, reglamentos, discursos y manuales, los cuales no toman en cuenta las necesidades específicas de las reclusas. El texto resalta el alto índice de presas por delitos contra la salud, concretamente tráfico de drogas, pues mientras en 2005 sólo 15 por ciento de los varones se encontraba encarcelado por ese cargo, 48 por ciento de las reclusas había cometido ese delito.

Al respecto, Azaola comenta que actualmente hay alrededor de 11 mil mujeres en prisión. Esto muestra que a pesar de que muchos estudios han denunciado la situación de las mujeres que son utilizadas para trasladar droga, el gobierno no ha atendido la situación y ha permitido que siga habiendo mujeres en las mismas circunstancias, que por su pobreza se prestan a ingresar enervantes a los penales.

Resaltó la aplicación de los módulos de respeto en España, los cuales están dirigidos a reinsertar de manera efectiva a las mujeres que han delinquido. Se ha recomendado la aplicación de dichas medidas en México, sin que a la fecha se haya hecho algo por aplicarlas. Saben que no son delincuentes y que produce mayores daños el hecho de que las encarcelen durante años, porque abandonan a sus hijos y se les desarraiga de su ámbito familiar y comunitario, explicó.

El modelo contempla otorgar medidas progresivas de libertad, penas mucho menos severas y un adecuado programa de capacitación que les ayude a obtener un empleo que realmente les sirva, no a aprender a hacer bordaditos, apuntó.

Secuelas, en una de cada 4 que se practica abortos inseguros: INSP


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Protesta frente a la representación del gobierno de Baja California en la ciudad de México para exigir la libertad de 24 mujeres encarceladas en la entidad por haber abortadoFoto Francisco Olvera
Ángeles Cruz Martínez
Periódico La Jornada
Domingo 20 de marzo de 2011, p. 32

Una de cada cuatro mujeres que se practica un aborto inseguro sufre complicaciones y cerca de 5 millones a escala mundial terminan con discapacidad temporal o permanente, aseguró Belkis Aracena, investigadora del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP).

Lo anterior, durante un foro sobre el tema, en el cual el investigador Pedro Salazar, del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, advirtió que las reformas a las contituciones de 18 estados para criminalizar a quienes deciden interrumpir sus embarazos, son resultado de interpretaciones erróneas de lo que es el federalismo. El especialista señaló que modificar las normas no necesariamente se traduce en un cambio en la realidad social. El federalismo debe garantizar derechos iguales sobre una base universal en todo el país.

Sin embargo, en México, con la intención de limitar el poder de la Federación, se otorgaron ciertas atribuciones y facultades a los estados, las cuales, al ser erróneamente interpretadas, han convertido a las entidades en pequeños feudos con poderes absolutos, lo que ha provocado que algunas violen derechos fundamentales, lo que impide garantizar la igualdad de la población femenina ante la ley en todo el territorio nacional, apuntó.

Es por eso que una mujer tiene derecho a interrumpir su embarazo de manera legal y segura en el Distrito Federal, y a poca distancia, en el estado de Morelos, puede ser juzgada y castigada por la misma acción.

Desde el punto de vista de la salud, Aracena comentó que cada año se embarazan 210 millones en el mundo. De ellas, 80 millones (38 por ciento) terminan en aborto, y de éstas, 53 por ciento (42 millones) en aborto inducido.

De los 42 millones de interrupciones de embarazo, casi la mitad (20 millones) se realiza en forma insegura. Al comentar sobre los lugares donde tienen lugar estas prácticas, la especialista destacó que 98 por ciento ocurre en países en desarrollo.

Sobre las muertes maternas ocasionadas por legrado inseguro, indicó que dos terceras partes se producen en mujeres de entre 15 y 19 años. En Latinoamérica y el Caribe más de la mitad ocurren en el segmento de 20 a 29 años.

Sobre la situación en México, mencionó que de 1990 a 2005, más de 7 por ciento de las muertes maternas fueron causados por abortos y sus complicaciones. Además, entre 2001 y 2005, más de 167 mil mujeres se hospitalizaron en instituciones públicas por asuntos relacionados con legrados.