4/01/2023

Caballo de Troya

 tribunafeminista.org

Teresa Mollá

Teresa Mollá

https://teresamolla.wordpress.com/

Mujer trabajadora, profundamente de izquierdas, feminista, republicana y atea. Comunicadora de opinión en diferentes medios del Estado Español y México. Autora de “Pensamientos, reflexiones, rabias y protestas” (2014).

Gracias a una amiga acabo de conocer que Ada Colau, alcaldesa de Barcelona y firme defensora de la legalización de la prostitución, ha acusado a Carmen Calvo de alienarse con la derecha en materia de igualdad.

No seré yo quien defienda a Carmen Calvo, que sabe defenderse sola, pero si comparto con ella su visión del feminismo radical el que, como ya he dicho en muchas ocasiones, va a la raíz de l0s problemas para, desde allí, identificarlos y buscar soluciones.

Y, además, Ada Colau según noticias publicadas, acompañará a Yolanda Díaz en su propuesta electoral SUMAR. Con lo cual, si ese es el planteamiento en el tema de la prostitución y con la recién aprobada ley trans de estas dos referentes políticas que buscan ser la alternativa de PODEMOS, apaga y vámonos.

Estas nuevas izquierdas que abandonan la defensa de la realidad material de las mujeres como referentes específicos y biológicos, para las políticas de igualdad, no nos representan a muchas feministas. Y, lo que es peor, por mucho que se llamen feministas, al igual quelas representantes del Ministerio de Igualdad, esencialmente no lo son. Sencillamente y una vez más están intentando convertirse en un caballo de Troya del feminismo para destruirlo desde dentro.

Como es obvio, yo no soy quien para repartir carnets de feminismo a nadie, pero llevo a mis espaldas muchos años de formación, de estudios y de reflexiones para reconocer qué es el feminismo que me representa y cual es una farsa que sólo busca apropiarse de los logros históricos del feminismo para, de ese modo, autoproclamarse feministas,

El feminismo es un movimiento político y social de carácter universalista y solidario y que, básicamente defiende que mujeres y hombres somos iguales en derechos, libertades, oportunidades y acceso a los recursos de todo tipo. Es una teoría y práctica política articulada por mujeres que, tras analizar la realidad en la que vivimos y las diferentes opresiones que seguimos padeciendo por haber nacido mujeres, las identificamos, señalamos, nombramos y nos organizamos para cambiar esa sociedad patriarcal que nos oprime. Y lo hace por haber nacido con sexo femenino. Porque sexo y género son cuestiones diferenciadas. Mientras el sexo es biológico y, como dice mi amiga Maite, nacemos con cromosomas XX las mujeres y XY los hombres, el género es una construcción social, naturalizada a lo largo de los siglos y por grandes pensadores y, por qué no decirlo también por las grandes religiones monoteístas, para mantener un sistema de obediencia y sumisión de las mujeres ante los hombres que, de ese modo conservaban intactos sus privilegios y todo el poder económico, social y político.

El resto de los movimientos ideológicos, serán otras cuestiones, pero no es feminismo. Y que conste que me parecen todos ellos, salvo los relacionados con la ultraderecha homófoba, misógina y racista, muy lícitos en sus planteamientos y en su diversidad.

Querer convertir el feminismo en algo tan diverso que se pueda desdibujar su verdadero propósito y objetivo, per parece perverso por parte de quienes lo están intentando, bajo capas de purpurina y defensa de postulados opresores para con la inmensa mayoría de mujeres prostituidas, por ejemplo. O que niegan la realidad material del sexo como elemento básico de la opresión de las mujeres en su conjunto.

Intentar desdibujar, como se está haciendo, las diferencias entre el sexo con el género sentido, es intentar, no solo confundir a la gente, es también y desde mi punto de vista, negar la realidad material, biológica y la base científica sobre la que se basan las sociedades.

Bajo la capa de la diversidad como concepto aparentemente progresista, nos están intentando colar pseudo teorías misóginas y opresoras para con las mujeres, pero eso sí, de nuevo cuño y con mucha purpurina, mucho brilli brilli pero que, a poco que rasques, aparecen las contradicciones con los postulados realmente feministas radicales, que como dije anteriormente buscan la igualdad real entre mujeres y hombres, porque ya se han identificado y nombrado las desigualdades y opresiones existentes, para combatirlos. Y nunca para adornarlos con maquillajes, tacones y brilli brilli que es lo que nos proponen.

O para combatir el sistema prostitucional con leyes que penalicen a los proxenetas y a los puteros y ayuden a la reinserción completa de las mujeres en situación de prostitución. Por eso se plantea la abolición y no la ilegalización, para que aquellas que deseen seguir en ese camino, lo sigan andando a sus anchas, pero que, al mismo tiempo, las que sufren esclavitud sexual a manos de proxenetas que las explotan y maltratan y que las venden como si de infraseres se tratara, puedan salir de esas cárceles o campos de concentración como lo llaman las supervivientes de ese sistema prostitucional.

El caballo de Troya que las dirigentes del Ministerio de Igualdad y sus acólitas como Colau intentan colarnos al feminismo se les va a volver en contra electoralmente en primer lugar, porque las feministas no votamos a traidores. Y, posiblemente en segundo lugar, los éxitos de hoy con la aprobación de leyes infames y antifeministas, se van a convertir con el tiempo como oprobio contra quienes las promovieron.

Seguramente y por una cuestión de edad, ya no lo veremos algunas que ya peinamos canas, pero solo espero que aquellas que vienen empujando fuerte por detrás lo vivan con gozo y como un éxito más del movimiento feminista radical.

Eso es futuro, pero en la actualidad hay que seguir luchando por defender que el sexo no es el género y recordando que el feminismo no vota a traidores. Y las elecciones están a la vuelta de la esquina.


Las intrépidas comuneras de París

 En la vanguardia del feminismo popular
Por Guadalupe Treibel 

Fuentes: Página/12 (Argentina) [Imagen: La barricada de la Place Blanche defendida por mujeres al mando de Louis Michel. Créditos: litografía de Héctor Moloch]

Mañana sábado se cumple otro aniversario de la Comuna de París, una fecha digna de recordar el papel fundamental que tuvieron las mujeres en esta revolución obrera que, aunque fue apagada en poco más de dos meses, dejó huellas imborrables.


A fines de la década de 1860 París se moderniza por órdenes de Napoleón III, que pretende que la capital sea un paraíso para la alta burguesía. Para el pueblo, en cambio, la miseria y el hambre van en aumento, generando un descontento tan marcado que el emperador intenta desviar la ira social contra un enemigo externo: Prusia. La guerra resulta un fiasco, Napoleón III termina preso, la cité acaba sitiada, el Imperio se derrumba. Aunque el pueblo se opone a la rendición, el gobierno provisional francés -liderado por Adolphe Thiers- acuerda el armisticio y demanda que los milicianos entreguen sus armas. Es en este contexto que envía a soldados a retirar 271 cañones apostados en la colina de un barrio obrero, Montmartre, el 18 de marzo de 1871.

Sucede al alba, cuando el sol aún no ha despuntado, y son las mujeres las que -camino a comprar pan y leche para sus familias- se topan con la escena: hermanos parisinos se disponen a retirar sigilosamente la artillería, y ellas, con gran coraje, se interponen entre los varones y los cañones que “apuntaban hacia la urbe del lujo y los palacios, de las conjuras monárquicas, de los infames especuladores y de los gobiernos cobardes”, en palabras de la periodista, novelista y revolucionaria André Léo, nom de plume de Léodile Champseix, autora de varias obras sobre la igualdad de derechos. Ni siquiera cuando las tropas reciben la orden de abrir fuego, las mujeres se retiran; aún más, convencen a los soldados de volver los rifles hacia sus generales, lo que resulta ser el disparador de histórico momento revolucionario: la Comuna de París, de cuyo inicio se están cumpliendo 152 años.

El arresto de Louise Michel el 24 de mayo de 1871, por el pintor Jules Girardet

La utopía de este experimento radical de democracia directa duró, como bien se sabe, muy poco tiempo: fueron apenas 72 días en los que miles de personas dieron un paso al frente para participar en la defensa de su proyecto, un gobierno obrero y popular, laico y socialista, que tuvo brutal final, sofocado por el ejército de Versalles en la llamada Semana Sangrienta. Mientras resistió, empero, la Comuna de París impulsó una serie de medidas políticas y sociales de avanzada, aunque -por obvias razones- muchas no llegaran a implementarse en esas fechas. En su programa, figuraba: educación gratuita, laica y obligatoria; requisición de viviendas vacías para albergar a personas sans abri; eliminación de los intereses de las deudas; igualdad salarial para varones y mujeres; autogestión de fábricas abandonadas; prohibición del trabajo nocturno en panaderías; creación de guarderías para hijos/as de obreras; supresión de la distinción entre mujeres casadas y concubinas; apertura de instituciones de élite -como la Biblioteca Nacional y el Louvre- al gran público; consejeros municipales elegidos por voto en cargos que, además de ser revocables, no podían ser remunerados con sueldos mayores al promedio del proletariado…

Pese a su corajudo accionar, durante largo rato apenas se les reconoció a las mujeres un rol poco menos que accesorio, limitando la figura heroica a Louise Michel, educadora y escritora anarquista que pasaría a la Historia como una rara avis que se calzó el uniforme miliciano y defendió la causa desde las barricadas, dando perseverante batalla.

Tres mujeres acusadas de pétroleuses

Asimismo prevaleció la caricatura de las “pétroleuses”, término peyorativo que designó a presuntas pirómanas delirantes, acusadas de hacer arder París para vengar a sus compañeros masacrados; un escuadrón que… nunca existió: mito de larga data, sirvió para satanizar y enmascarar la verdadera participación femenina en la Comuna, de vital importancia para la revuelta. “Los ojos enrojecidos, la piel agrietada, el cabello despeinado, los labios negruzcos y excoriados, presentaba un conjunto de fealdad repulsiva”: así describía un abad a Hortense Aurore Machu, condenada a trabajos forzosos de por vida por haber participado en un incendio de las Tullerías; acusación que careció de pruebas; no así la valentía de la susodicha, diestra e intrépida con el rifle según crónicas de época.

Lo cierto es que las mujeres lucharon para ser aceptadas en los batallones, a los que asistieron primeramente ofreciendo provisiones y como auxiliares médicas, cuando no recargando las armas de sus compatriotas. De los tantos testimonios que han sobrevivido, está la correspondencia de la ambulancière Alix Payen a su familia, describiendo el duro día a día en un batallón. La cantinière Victorine Brocher también relató con pelos y señales cómo fueron esas jornadas en Les souvenirs d’une morte vivante, biografía que publicó en 1909, a los 71 años, recordando el despertar de su compromiso político.

Tenaces y sumamente comprometidas, en muchos casos ellas lograron que se las admitiera en las filas; la famosa barricada de la Place Blanche, por ejemplo, fue sostenida por -al menos- un centenar de communardes. Pero además de apuntarse en la línea de fuego, las milicianas armaron comités de vigilancia, de apoyo; también talleres en cada distrito. La organización más grande y eficaz durante la revuelta, sin ir más lejos, fue obra suya: la Union des femmes pour la défense de Paris que, desde su creación, postuló que la lucha por la defensa de la Comuna era la lucha por los derechos de las mujeres. 

Por otro lado, se hicieron escuchar en clubes políticos -tanto mixtos como femeninos- mostrando sus dotes como elocuentes oradoras, afirmándose en la arena pública. Paule Minck, la mentada André Léo, Jeanne Deroin, Nathalie Lemel, Béatrice Excoffon, Sophie Poirier, Anna Jaclard, entre las ponentes que suelen destacarse, aunque también hubo lavanderas, panaderas, parteras, costureras que intercambiaron ideas durante días de ardientes debates en los que se hablaba sobre cómo reorganizar el trabajo, dar acceso a la educación, entre otras conquistas por alcanzar.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/531921-las-intrepidas-comuneras-de-paris-vanguardia-del-feminismo-pa

La internacionalización de las guerras de género


Nuria Alabao

Diversos actores laicos y religiosos han encontrado la manera de vincularse internacionalmente y establecer redes de colaboración a partir de políticas sexuales conservadoras. El objetivo final: conseguir poder y recursos para apuntalar al orden de desigualdad existente.



Ilustración adaptada de la portada de ‘Odios’, de Emma Gascó.

En 2022 se celebró en México una nueva edición del Congreso Mundial de las Familias –CMF–. Su lema fue “Acompañando a las familias en un mundo desafiante”, que captura bien el marco ultra: ante las indeterminaciones de un mundo en crisis, ofrecen una férrea guía moral anclada en un pasado idealizado. De hecho, cuando oigamos hablar de “defender a la familia” –natural– tenemos que encender las alarmas, lo más probable es que estemos frente a ideologías conservadoras o fundamentalistas. Este es su reino. Detrás de esta palabrería encontraremos un impulso a leyes que criminalizan a las personas LGBTIQ o sus derechos y a “guerreros y guerreras culturales” dedicados a luchar contra los derechos sexuales y reproductivos –en particular contra el aborto–; la igualdad de género, la educación sexual, la legislación contra la violencia contra las mujeres, la libertad sexual y los derechos trans, entre otros. De hecho, detrás de este congreso se encuentra una de las principales organizaciones ultraconservadoras del mundo –la Organización Internacional para la Familia, IOF, de origen estadounidense pero con financiación internacional– cuyas reuniones son fundamentales para la coordinación discursiva, financiera y política de los ultras de todo el planeta.

Hoy las guerras del género se han globalizado y son impulsadas por un poderoso movimiento social, político y religioso de carácter transnacional. Algunos de estos agentes pondrán el acento en la parte más comunicativa o performativa de estas guerras culturales destinadas a refractar malestares sociales o a desviar debates que puedan perjudicar a sus apuestas políticas en momentos puntuales, sobre todo cuando están en gobiernos –como en el caso de Hungría o Polonia–. Esto es posible gracias al extraordinario poder de movilización que tienen las cuestiones sexuales o aquellas que desestabilizan el orden de género. Otros se centrarán en hacer retroceder derechos o impedir su avance. Sea como sea, no hay que olvidar su principal trasfondo: la búsqueda de poder político. Lo que es cierto, es que todos ellos han encontrado en las cuestiones de género una manera de vincularse internacionalmente que potencia su acción política. Que el concepto de guerra cultural no nos despiste: pese al su posible uso táctico, defender el orden de género tradicional no tiene una función únicamente instrumental, sirve para apuntalar el actual régimen de desigualdad atravesado por jerarquías de raza, género y clase.


Si quieres leer esta entrevista puedes comprar el monográfico de Odios de Pikara Magazine.
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Ellas son las mujeres que buscan la presidencia del INE

  

El Comité Técnico de Evaluación dio a conocer la terna de mujeres que buscan la presidencia del Instituto Nacional Electoral (INE), la cual se definirá entre: Bertha María Alcalde Luján, Guadalupe Álvarez Rascón, Rebeca Barrera Amador, Iulisca Zircey Bautista Arreola y Guadalupe Taddei Zavala.

La Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados deberá integrar una propuesta de la nueva consejera presidenta del INE, la cual deberá entregarse al pleno con fecha límite del 30 de marzo. 

Perfiles de las mujeres que conforman quinteta para presidir el INE

Bertha María Alcalde Luján

Bertha María Alcalde Luján es licenciada en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y maestra por la Universidad de Nueva York, donde focalizó sus estudios en Derecho Penal y Derecho Comparado.

De 2007 a 2015 trabajó en torno a la Reforma del Sistema de Justicia Penal y a partir de 2015 se desempeñó como abogada litigante y docente. De diciembre de 2018 a noviembre de 2020 trabajó en la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana federal (SSPC), primero como abogada general y luego como jefa de oficina. También fungió como delegada de programas federales en Chihuahua. 

Guadalupe Álvarez Rascón

Es maestra en Administración y Políticas Públicas. Durante las elecciones de 2017 y 2018 fungió como coordinadora de Fiscalización en el INE, donde realizó tareas de planeación, ejecución, coordinación y ejecución. 

Además fue integrante del Servicio Profesional Electoral Nacional (SPEN) y laboró en la Auditoría Superior de la Federación (ASF) donde realizó auditorías especiales y de desempeño. 

Rebeca Barrera Amador

Es licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS). De 2012-2014 fue secretaria Auxiliar en la Sala Regional Guadalajara del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. 

Un año más tarde fue Consejera Presidenta del Instituto Estatal Electoral de BCS. Y en los últimos meses ha fungido como titular de la Consultoría Jurídica “Rebeca Barrera y Asociados” donde atiende asuntos de tipo penal, civil, laboral, administrativo, amparo y político-electoral.

Iulisca Zircey Bautista Arreola 

Es doctora en Ciencias Sociales con Especialidad en Sociología por el Colegio de México. De 2000 a 2001 fue asesora en el Senado de la República. 

De noviembre 2004 a septiembre 2010, Bauxita Arreola fungió como directora de Imagen Institucional del gobierno del estado de Zacatecas. Durante los dos años posteriores trabajó como consultora independiente en Comunicación Política.

Finalmente, en la actualidad realizó labores como asesora de Consejero Electoral en el INE. 

Guadalupe Taddei Zavala

Es licenciada en Administración Pública por la Universidad de Sonora. Ha formado parte del servicio público desde 1986. Sus últimos 23 años ha formado parte del INE, donde fungió como directora de Centro Regional de Cómputo, directora del Sistema Nacional de Consulta Electoral y como vocal estatal del Registro Federal de Elecciones de la Junta Local Ejecutiva de Sonora.

Taddei Zavala también formó parte del Observatorio de la Participación Política de la Mujer durante los años 2018 y 2019.

«El feminismo blanco asume que todas las mujeres somos iguales, por eso solo hay que luchar por cuestiones de género»

 Entrevista a Ochy Curiel, una de las más lúcidas exponentes del feminismo latinoamericano y caribeño

Fuentes: Página/12 (Argentina) [Imagen: Ochy Curiel bajo el sol de Bogotá. Créditos: Negrx, tomada de Página/12]

Rosa Ynés Curiel Pichardo, mejor conocida como Ochy Curiel, es una de las más lúcidas exponentes del feminismo latinoamericano y caribeño. Doctora en Antropología social, cofundadora de Grupo Latinoamericano de Estudios, Formación y Acción Feminista (GLEFAS), cantautora y activista, Ochy Curiel se define como feminista decolonial antirracista, invitándonos a una lectura profunda y compleja sobre los feminismos y la realidad latinoamericana y a seguir politizando la alegría.

Autora de innumerables artículos y libros, profesora y conferencista, escuchar y/o leer a Ochy Curiel es un imperativo. Sus aportes traen problematizaciones nuevas, profundas y necesarias. En esta entrevista con Negrx, nos habla del mito de la unidad en el feminismo, de la necesidad de accionar a la par de teorizar, de los límites que enfrentan los movimientos sociales que no se mantienen autónomos, de la vigencia del racismo en la coyuntura latinoamericana en gobiernos de izquierda como de derecha y de cómo aún hoy nos atraviesa la herida colonial. Por sobre todo, Ochy nos regala un ejercicio brillante de articulación de temas que confluyen en un proyecto de liberación para erradicar todas las violencias.


Federico Pita.- ¿Qué significa ser una feminista decolonial antirracista?

Ochy Curiel.- El feminismo decolonial explícitamente es antirracista. Es decir, si hay una cuestión que aborda el feminismo decolonial es la matriz de opresión, de raza, de clase, de sexo, de sexualidad, de nacionalidad, de geopolítica, etc. El problema es que en la medida que estas propuestas se van institucionalizando, en la academia, por ejemplo, se va perdiendo lo fundamental de esta apuesta. Muchas personas que se asumen feministas decoloniales, no tienen una postura antirracista, y sobre todo no tienen una acción política antirracista colectiva. Por ello cuando me defino como “feminista decolonial antirracista” insisto en mi compromiso para combatir el racismo estructural, conjuntamente con todas las formas de poder y violencia.

Federico Pita.- Hay quienes interpretan en este tipo de diferenciaciones o posicionamientos una amenaza, una disolución de la unidad en la lucha. ¿Qué le respondés?

Ochy Curiel.- Yo creo que pensar en la unidad en el feminismo es un mito. Como feministas decoloniales, y antes como feministas afrodescendientes, como lesbianas feministas, como autónomas hace tiempo que estamos diciendo que hay elementos claves que ese feminismo hegemónico blanco no aborda. Uno de ellos, el racismo. El feminismo blanco hegemónico, aún hoy, asume que todas las mujeres somos iguales y que en ese sentido tenemos que luchar solo por cuestiones de género. Por ejemplo, los derechos sexuales y reproductivos o la violencia hacia las mujeres. Otras estamos comprometidas fundamentalmente con derribar esa matriz de opresión moderna-colonial que atraviesa a nuestros pueblos. De hecho, muchas nos hemos separado de ciertos feminismos, precisamente por ese carácter racista-clasista-heterosexista que ha tenido, no solamente en las teorías sino también en las acciones políticas.

Creo que el feminismo blanco y hegemónico que se reproduce en esta región es una herencia europea y norteamericana que sigue vigente y le atraviesa la colonialidad. En estos momentos existe un movimiento en bastante peligroso, lo que son las TERF [TransExclusionaryRadicalFeminist], que reactivan el esencialismo y el biologicismo que siguen pensando que el sujeto del feminismo es una mujer cis, en singular, que solo le atraviesa el género sin color y sin clase.

Federico Pita.- ¿Cómo ves al movimiento feminista latinoamericano y caribeño y a los feminismos negros en la actualidad?

Ochy Curiel.- Creo que el feminismo es muy variado en la región, hay muchas corrientes y eso es bueno. Muestra el mito de la unidad. Veo una tendencia que yo diría que sigue en esa onda de reproducción del sujeto del feminismo unitario, homogéneo, donde centran sus luchas en los derechos sexuales y reproductivos y la violencia hacia las mujeres. Son una gran tendencia, pero la mayoría de estas feministas no tienen un compromiso con combatir el racismo y el clasismo. Estando en este continente, siendo producto de esta modernidad/colonialidad, es imposible no hablar de raza, porque aunque esto comenzó con el colonialismo, aún hoy tiene impactos violentos en mucha gente racializada desde el no privilegio.

Esto tiene mucho que ver con la geopolítica de nuestro continente. La propuesta del pañuelo verde, el tema del aborto surge fundamentalmente de Argentina, de Chile, y se reproduce en otros países. Y tiene que ver con los lugares que ocupan la mayoría de las feministas en estas sociedades, donde tienen privilegios raciales y no les interesa acoger en sus proyectos políticos lo racial y los efectos que ello tiene en nuestros países, en los pueblos y en muchas mujeres. Por ejemplo, el despojo y la entrada de multinacionales en las comunidades afrodescendientes e indígenas. Para nosotras, como feministas decoloniales, eso es una prioridad, porque ahí es donde una ve la manera en que se articula el capitalismo, el racismo, la pobreza, la guerra, los conflictos armados, el narcotráfico y obviamente el heterosexismo. El pañuelo verde ha tenido mucho impacto a nivel internacional y eso no es malo en sí, pero yo creo que el feminismo tiene que ampliar la mirada y comprometerse con un proyecto mucho más complejo que lucha por todas las formas de violencia.

Por otro lado, sobre el feminismo negro, también veo varias cosas. Yo creo que ahora está muy de moda el tema de la interseccionalidad, un concepto que Kimberlé Crenshaw ha propuesto para entender las subjetividades intrínsecas que no solamente están atravesadas por el tema del género, sino también por la raza, la clase, etc. Hace tiempo que el feminismo afroestadounidense, el afrolatinoamericano y afrocaribeño lo estamos proponiendo. Es una genealogía que hay que recuperar, porque parecería que esta mirada no fragmentada de la opresión surge con Kimberlé Crenshaw en 1984. El problema es que muchas feministas negras se limitan a pensar que se trata de identidades cruzadas. No es que dejen de hablar de racismo, sino más bien enfatizan una lucha por el reconocimiento social, que es importante, pero para un proyecto de liberación no es suficiente. Siempre lo he dicho: yo prefiero, en mi posición política, ser antirracista que solamente quedarme con el hecho de ser orgullosamente afrodescendiente. El proyecto tiene que ser estar en contra y actuar en contra de la matriz de opresión.

En los últimos años, y tengo que decir gracias al feminismo decolonial que nosotras hemos impulsado, muchas feministas negras están haciendo una lectura mucho más compleja. Lo que lamento es que la mayoría de ellas están en la academia. Aunque varias de ellas son activistas, yo no veo eso suficientemente expresado en una acción política colectiva en la región. Muchas de las acciones se dirigen al Estado (demanda de políticas públicas, acciones afirmativas. No es que no sea importante, pero en una disputa política con el Estado. Eso no es el proyecto que proponemos desde el feminismo decolonial antirracista. Aspiramos y construimos, insisto, un proyecto de liberación, de transformación, proponemos acciones mucho más comunitarias, colectivas, autónomas. Autónomas con relación al Estado, con relación a la cooperación internacional y las políticas globales de desarrollo, instituciones y políticas fundamentales de esa colonialidad contemporánea.

Federico Pita.- Volviendo al caso argentino que mencionaste, ¿Cuál es tu lectura de la marea verde y su agenda, como la ley de interrupción voluntaria del embarazo o sobre las llamadas políticas de cuidado?

Ochy Curiel.- La lectura que yo tengo es que esas son las prioridades del feminismo blanco y hegemónico en la región. No estoy diciendo que no son importantes estas agendas, porque tienen que ver con la libertad de la mujer para decidir. Lo que pasa es que aquí, a lo que se apela es al Estado, y muchas de nosotras hace tiempo, desde la autonomía, estamos planteando que el tema de la reproducción tendría que ser vista desde la autonomía. Esto implica, por ejemplo, reconocer una serie de conocimientos que tienen mujeres en las comunidades, que hacen abortos con las plantas, que no tienen que pedirle permiso al Estado. Entiendo que esta política es importante como política pública y sobre todo para que no se penalice y criminalice, pero creo que tenemos que hacer una mirada más compleja de lo que significa la reproducción.

Muchas feministas dicen que son las mujeres más pobres las que no tienen derecho a abortar por la falta de acceso a servicios de salud. Pues bien, esas mujeres muchas veces indígenas o afrodescendientes se hacen abortos en sus comunidades. Que este tema sea prioridad en muchos feminismos tiene que ver con el impacto de la cooperación internacional que desde sus lugares de privilegios del Norte asumen posiciones neocoloniales, y asumen que las mujeres del sur, llámese América Latina y el Caribe, “se reproducen como conejos”. Tiene que ver con una política de población, de control, muchas veces de eugenesia, como ha pasado con las esterilizaciones de las mujeres indígenas en Perú y en Brasil con las mujeres negras.

Estas propuestas [de la marea verde] no colocan en discusión la articulación entre la reproducción, el racismo y la geopolítica. Esto sucede en Colombia. Parecería que es el único tema del feminismo: el pañuelo verde, la marea verde, el tema del aborto. Este país, está azotado por la guerra, por el empobrecimiento, por el despojo de comunidades enteras, por un racismo estructural que sigue cobrando vidas, y la mayoría de las feministas no se comprometen con enfrentar esos problemas.

Sobre el tema del cuidado tengo una lectura mucho más compleja. Siempre se dice que el cuidado ha caído en las mujeres. Yo me pregunto en cuáles. ¿Cuántas feministas de esa misma marea verde, no tienen trabajadoras domésticas en sus casas que son negras, indígenas, populares, campesinas? Esto que denominan la feminización del trabajo no se articula con el racismo y el clasismo.

Por otro lado, creo que si solo vemos género en analizar el cuidado hay cuestiones importantes que se nos quedarán por fuera. Por ejemplo, hay hombres que son negros, que son populares, que son indígenas que están trabajando en edificios, cuidando un edificio completo y están haciendo trabajo de cuidado ulos hombres que están labrando la tierra, que también es trabajo de cuidado. En esta línea feminista hay una visión del cuidado que es fundamentalmente reproductivo, que está en el ámbito familiar, del hogar, que no se problematiza.

Ochy Curiel. Imagen: Negrx

Federico Pita.- ¿Qué expectativas te genera la llegada de Francia Márquez a la vicepresidencia de Colombia? ¿Qué oportunidades y obstáculos ves para con su gestión?

Ochy Curiel.- Conozco a Francia desde sus luchas comunitarias. La he admirado siempre por su gallardía, por su manera de transmitir lo que siente, porque es una mujer negra que tiene un proyecto de liberación, por su propuesta, por su lucha, por su inteligencia. Y por supuesto que me metí a hacer campaña en las pasadas elecciones, aunque no pueda votar en este país. Además, creo que con Francia ha pasado algo muy importante, aunque empezó con el Paro Nacional [de noviembre del 2019], fue colocar el tema del racismo en el debate público, aunque fue muy doloroso para ella.

En Colombia las élites criollas, las élites blanco-andinas, siempre han sostenido el poder del Estado, y han estado ligadas a otros poderes, como el narcotráfico y el paramilitarismo. La llegada de Francia, de Petro y del Pacto Histórico, es una transición importante. No tengo la expectativa de que esto vaya a cambiar radicalmente, porque hay desigualdades profundas estructurales. Sin embargo, el hecho de que Francia sea una vicepresidenta, mujer negra, empobrecida, de La Toma de Suárez [municipio ubicado en el Departamento del Cauca], eso crea otro imaginario en este país.

Me preocupa que en los primeros meses del gobierno, a Francia la vi un poco desdibujada. Petro le asignó la cuestión “étnica” sobre todo negra y del Pacífico, pero creo que Francia Márquez tiene capacidad no solamente para la cuestión étnica. Por supuesto que son importantes todos estos encuentros que ella tiene con las personas del Pacífico, todo lo cual es clave para construir la paz, porque además de que son los lugares más afectados por el conflicto armado, son de las más empobrecidas, desde épocas de la colonia. Ella es una figura muy importante para poder articular una propuesta de ciertas reformas claves que hay que hacer con relación a la tierra, con relación a una política anti-narcotráfico, con relación a la construcción de la paz total. Y sobre todo tiene capacidad para articular diferentes sectores y actores, tal como hizo en la campaña y por eso obtuvo tantos votos, no solo de la gente indígena y afrodescendiente.

Me preocupa la relación entre gobierno y movimientos sociales, y esto es más allá de Francia Márquez. Quienes estamos en movimientos sociales tenemos que saber que el Estado tiene límites para la acción política. Así como allí se pueden hacer cosas, hay otras que nos tocan a nosotres, movilizarnos y estar atentos, porque por más intención que tengan algunos funcionarios, sabemos que hay lógicas de poder con relación al Estado. Por eso es importante mantener autonomía. Veo que algunos [movimientos sociales] se creen gobierno al mismo tiempo, y eso es peligroso. Eso se llama cooptación, ya lo vimos en Brasil con Lula en su primer mandato. Eso nos tiene que servir de ejemplo para mantener la autonomía y estar atentxs.

Por otro lado, la derecha se fortalece a través de sus grupos de presión como la iglesia y los empresarios, con un fundamentalismo religioso, epistémico y filosófico, sumado a que este gobierno recibió del anterior mucha deuda y mucha corrupción. Creo que estamos en un momento muy interesante en Colombia, pienso que no va a ser fácil gobernar por todos estos elementos que te estoy planteando, tanto nacionales como internacionales, pero tengo esperanza de que algo cambie en Colombia.

Federico Pita.- ¿En qué tema estás trabajando actualmente? ¿Estás planeando algún próximo libro?

Ochy Curiel.- Hace un tiempo vengo trabajando el nacionalismo articulado con el racismo. Es un tema que me apasiona y me duele. Me duele mucho porque en República Dominicana, en el país donde yo nací y me crié, el nacionalismo en relación con el racismo antihaitiano crece a niveles desorbitantes. Esto ha llevado a la deshumanización de personas migrantes haitianas y también de personas que han nacido en Dominicana hijos e hijas de madres y padres haitianos. En el año 2013 personas que tenían la nacionalidad dominicana, porque nacieron allá y tenían derecho a tenerla según la Constitución, el Tribunal Constitucional se las quitó [se refiere a la Sentencia 168-13 que desnacionalizó a miles de personas nacidas en Dominicana, hijas de madres y padres haitianos]. Sobre eso fue mi último libro [“Un golpe de Estado”: continuidades y discontinuidades del racismo en República Dominicana de 2019]. Creo que una discusión más profunda que debemos hacer los movimientos sociales, es el lugar del Estado y la construcción de la nación, que crea un sentimiento hacia les otres como si fueran enemigos.

Me interesa no solo escribir libros sino actuar políticamente también. Recientemente hicimos una campaña con relación a esta deshumanización que han producido las deportaciones masivas de personas haitianas migrantes, incluso a dominicanos y dominicanas negras [Se refiere a la campaña “Día de la solidaridad con Haití y la migración haitiana en República Dominicana y el mundo”]. Siento que el movimiento afrodescendiente regional no tiene la mirada puesta ahí. A Haití le debemos buena parte de la dignidad de los pueblos negros, por acabar con la esclavitud, con el sistema colonial e inspirar a otros pueblos a hacerlo. Sin embargo, Haití no existe para tanta gente. No existe como prioridad política en muchos de nuestros movimientos sociales, incluso los que son antirracistas.

Desde GLEFAS estamos haciendo las Escuelas Decoloniales, donde participa mucha gente de Haití. Quisimos hacer una escuela en Haití este año, pero no se pudo por las condiciones en este momento. Pero hay que mirar a Haití, hay que reparar Haití históricamente. Este tema me apasiona muchísimo ahora. Y me apasiona, te digo, con mucho dolor, porque es muy doloroso lo que está pasando. Hay una complicidad, de buena parte de la gente de República Dominicana y de buena parte de los agentes internacionales, quienes solamente hacen algunos informes en la CIDH [Comisión Interamericana de Derechos Humanos] pero no tienen ningún impacto. Al contrario, cuando estos informes que salen de la CIDH o de la Corte Interamericana que hacen recomendaciones al Estado, se vuelve contra las víctimas por parte del mismo Estado como represalia. La cosa está muy grave. De hecho, el presidente Abinader [actual presidente de República Dominicana], en relación a un informe de Naciones Unidas que decía que pararan esas deportaciones masivas, lo que hace es apelar a la soberanía nacional.

Hay otro tema que me da vueltas, pero no tengo mucho tiempo ahora para eso. En Dominicana, el arte ha sido fundamental para crear una conciencia antirracista y yo quiero recuperar esa memoria. Una memoria que se fortaleció en los años 90 desde “los artistas alternativos”, que empezamos a cuestionar la retórica de celebración del Quinto Centenario en el 92 del supuesto descubrimiento de América que organizaron la Iglesia Católica y los Estados. Hoy tenemos muchísimas expresiones maravillosas de mucha gente, tanto de la música como de las artes visuales, haciendo una contra narrativa de esta lógica racista, anti-haitiana, de negación de la negritud. No he tenido tiempo para empezar a formular esta investigación o, más bien, la recuperación de memoria de las resistencias. Porque una de las cosas claves del feminismo decolonial, no es solamente mostrar las relaciones de poder en la matriz de opresión, sino también las resistencias históricas que hemos tenido. ¡Que han sido muchísimas y múltiples! Y a mí me interesa, particularmente como artista, colocar esta memoria.

Federico Pita.- Hay voces en República Dominicana que interpretan las denuncias de violaciones a los derechos humanos por parte del Estado dominicano como una campaña anti-dominicana. ¿Qué opinión te merecen?

Ochy Curiel.- En la mayoría de los videos que han salido se ve como a las personas haitianes las entran a camiones cerrados, no pueden respirar; cuando tienen documentos, los oficiales de migración se los quitan y sabemos que cuando una persona no tiene documentos, tiene posibilidades de la explotación económica y de violencia.

El anti-haitianismo es algo que viene de la colonización. Ese análisis es parte de lo que abordo en mi último libro. Tiene que ver con la separación de la Isla que hicieron franceses y españoles, y luego con la llegada de la dictadura de Trujillo se fortalece. La identidad nacional dominicana se define siempre en relación a Haití. Esto tiene que ver con un hecho histórico, con los 22 años que los haitianos ocuparon la parte que hoy se llama República Dominica [Se refiere a la ocupación de Haití en Santo Domingo, que se produjo en 1822 y duró 22 años]. Pero eso fue una demanda de la gente, no fue que los haitianos invadieron a República Dominicana, que ni siquiera existía como Estado-nación. Esas reacciones que me cuentas es un ejemplo de cómo a la gente dominicana se le ha metido en la cabeza que la gente haitiana lo que hace es invadir y cualquiera que se oponga a las violencias que ocurren contra ellxs entonces es antidominicana.

Considero que hay que hacer mucha pedagogía para que se pueda entender cómo esto se construyó históricamente y cómo tiene estos efectos hoy. Me preocupa la poca empatía humana que hay. Ni siquiera es por papeles, ni siquiera es por regularización, es una actitud anti-haitiana visceral. Inclusive de parte de gente igualmente negra y empobrecida. Obviamente algunos políticos, y algunos empresarios sobre todo, toman eso para reforzar lógicas electorales. La gente migrante es chivo expiatorio de todo, lo vemos con la población venezolana también, lo vemos siempre y por todos lados. Esta lógica del nacionalismo me interesa mucho porque no es solo una cuestión teórica, sino que pasa por las emociones, por tanto, es más peligroso y difícil de cambiar.

Federico Pita.- ¿Qué lectura hacés de los avances de la «nueva derecha» y la utilización de los llamados “discursos de odio”?

Ochy Curiel.- La izquierda latinoamericana, sobre todo los gobiernos latinoamericanos, no han tenido nunca una apuesta decolonial. Han repetido, en muchísimos casos, estas líneas políticas de la derecha. Más allá de que hagan algunas reformas, el racismo sigue tan rampante como lo ha hecho con la derecha. Creo que este “Socialismo del siglo XXI”, aunque fue importante para la región, no logró consolidar regionalmente una apuesta que fuera, digamos, a transformar desigualdades profundas. Es una revisión que tiene que hacer la izquierda latinoamericana y caribeña porque, la verdad, la han cagado en muchos sentidos. Por ejemplo, siempre pienso en Ecuador, que fue el primer país que constitucionalmente colocó el derecho de la naturaleza. El mismo Correa dio muchísimos permisos para la entrada de multinacionales en la Amazonía ecuatoriana, cuyas víctimas principales han sido pueblos indígenas amazónicos. Además de eso, creo que uno de los problemas que han sucedido son estas alianzas por cuestiones electorales. Brasil es un ejemplo perfecto. Lula hizo una serie de alianzas con empresarios e iglesias evangélicas, que son un ultra poder.

Pero hay una pregunta importante que nos debemos hacer ¿Qué es la izquierda y la derecha hoy? porque muchos de izquierda se comportan como de derecha. Veamos a Nicaragua. Debe haber más bien propuestas descolonizadoras. Estamos en un momento muy complejo, eso se articula con la crisis económica que es un caldo de cultivo para las tensiones, para las disputas, y sobre todo para el reforzamiento de las derechas. Mucha gente está desesperada por no tener qué comer una o dos veces al día y eso es terrible. Sumado a lo que implica la guerra con Ucrania, que, aunque estamos lejos, nos afecta por la geopolítica guerrerista, que lo que más le interesa es vender armas a través de la OTAN en la cabeza de Estados Unidos. Y Rusia y China no se quedan detrás. Es un tablero que tenemos que considerar para este análisis complejo que tenemos en este momento. Y en todo esto pues la derecha se fortalece.

Con respecto a los discursos de odio, creo que no son nuevos, siempre han estado, quizás antes un poco más ocultos. Lo que pasa es que ahora esta lógica de odio está más legitimada. El odio en sí mismo tiene que ver con las desigualdades sociales, que son de clase, de sexo, de raza, de género, etc. No es una actitud solamente, sino que hay que entender que viene de unos grupos, unas élites que tienen privilegios históricos. Han tenido por mucho tiempo privilegios en términos económicos, de acceso a la salud, de acceso a la educación, y eso va generando situaciones emocionales, hacia esos que consideran “otros” que no tienen esos privilegios. Es racismo, es heterosexismo, es clasismo.

No creo que solamente debamos actuar en torno a la actitud del odio, sino a lo que produce ese odio, que es la base fundamental por la cual se crean las emociones. Por eso hay que historizar, contextualizar, etnografiar ese odio, para saber de dónde viene; no se trata de una persona individual odiando a otra persona, sino que tiene explicaciones históricas, estructurales y sistémicas.

Federico Pita.- Para cerrar ¿Nos compartís un mensaje para nuestro pueblo afrodescendiente?

Ochy Curiel.- Tenemos que seguir en la lucha, tenemos que ver todas las cosas maravillosas que hacemos. Si hay algo que nos ha caracterizado como personas antirracistas decoloniales, es siempre ver la resistencia y las alegrías de la gente. Alice Walker decía que la alegría es el secreto de la resistencia. Entonces creo que tenemos que seguir politizando la alegría. Seguimos vivos, vivas, vives y tenemos que agarrarnos de ahí para tomar fuerzas. No estamos en un momento fácil, pero hay experiencias maravillosas que muestran la resistencia que hemos tenido históricamente y que estamos mostrando ahora frente a estos hechos. Creo que la humanidad tiene que ser antirracista, antisexista, antinacionalista, para poder articularnos entre pueblos. Si no, vamos a seguir fragmentando nuestras vidas y nuestras luchas, como lo ha hecho el sistema moderno-colonial. Hay que ser alegre, hay que bailar, hay que hacer poemas, hay que cantar, eso es parte de nuestra existencia y es muy importante para poder seguir.

Para ver y escuchar en acción a Ochy Curiel les compartimos su conferencia «Aportes del feminismo decolonial antirracista a procesos de transformación» de su última vista al Cono Sur. Universidad Diego Portales, Chile.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/529750-ochy-curiel-el-feminismo-blanco-hegemonico-aun-hoy-asume-que

Por un movimiento de mujeres*

 tribunafeminista.org

Laura Lecuona

Las feministas llevamos tiempo pidiendo a las congresistas que nos nos presten oídos. Llevamos tiempo queriendo hablarles, a ellas y a otras mujeres que desempeñan cargos públicos o están en puestos de toma de decisiones, sobre algunas preocupaciones muy grandes que tenemos, a saber, el borrado jurídico de las mujeres, los peligros de la autodeclaración del sexo registral y la desaparición de los derechos de las mujeres basados en el sexo. Esto ha ocurrido, no sólo en México sino en todo el mundo, de manera subrepticia, a escondidas, por debajo de la mesa, en lo oscurito, lejos de los reflectores y del obligatorio debate de cara a la sociedad, mediante la maniobra de sustituir la categoría de “sexo” por la de “identidad de género” o “género” en leyes y en documentos oficiales, como el acta de nacimiento. Hemos observado la experiencia en otros países y queremos evitar que en México se siga cometiendo ese mismo error.

Para mí este día es una gran oportunidad de expresar ante algunas diputadas y la prensa unas preocupaciones. Unas preocupaciones compartidas por miles y miles de mujeres en México y alrededor del mundo, feministas o no, que son poco escuchadas. Pero hoy están ustedes aquí y voy a hablar de eso. Imposible desaprovecharlo.

¿Por qué esas mujeres, esas preocupaciones, son, somos, poco escuchadas? Porque hay gente que no quiere que hablemos. Pero no es cualquier gente: es gente con poder. Hay un intento activo de callarnos. Callarnos incluso con violencia; más de una mujer aquí presente lo ha vivido. Matando varios pájaros de un tiro nos niegan la libertad de expresión y la de asociación, cometen contra nosotras violencia política, violencia económica, violencia digital, y no contentos con eso nos amenazan con violencia física y con atentar contra nuestra integridad personal. Muchas veces, y esto hay que subrayarlo, con la complacencia e incluso complicidad de algunas instituciones… y también, y lo digo con profunda tristeza, el apoyo incondicional de muchas mujeres.

Cabe sospechar que la virulencia contra nosotras es proporcional a la importancia del debate público que queremos promover y avivar. La virulencia de quienes se nos oponen es proporcional al miedo que les da que sus mentiras queden expuestas.

Porque su postura se basa en mentiras. Mentiras y chantajes.

Para empezar, lo que nosotras promovemos, y que nos parece más urgente que nunca, no es, como ellos dicen, un debate sobre el derecho de ciertas personas a existir. No. Nosotras, un grupo importante de feministas radicales y también un grupo creciente de mujeres que no necesariamente se consideran feministas, promovemos un debate de cara al público sobre los peligros de una agenda política internacional que simula defender los derechos de unas cuantas personas cuando en realidad lo que pretende es acabar con los derechos de 51 por ciento de la humanidad.

promovemos un debate de cara al público sobre los peligros de una agenda política internacional que simula defender los derechos de unas cuantas personas cuando en realidad lo que pretende es acabar con los derechos de 51 por ciento de la humanidad.

Lo que nosotras planteamos no es un discurso “antiderechos”. Todo lo contrario. Las feministas que estamos en pie de lucha contra los peligros y las mentiras de la identidad de género lo hacemos porque nos preocupa cómo, con el pretexto tramposo de que tenemos que ser empáticas e incluyentes, se están desmantelando los derechos de las mujeres y las niñas basados en el sexo.

Porque tengámoslo claro: los derechos de las mujeres se basan en el sexo, no en la identidad, en la personalidad, en lo que cada quien piense sobre sí misma. En México antes de 1953 a las mujeres se les negaba el derecho al voto no por cómo se sintieran, cómo se llamaran a sí mismas o cómo se vistieran, sino porque eran mujeres. Y todo mundo sabe qué es una mujer. Pretender que no se sabe y que tenemos que definirlo es una descarada maniobra de distracción. Y es también un acto de poder. La historia de siempre: los hombres definiendo lo que es una mujer. Y no sólo lo que es una mujer, sino lo que tiene que pensar, dónde tiene que estar y a quién tiene que rendirle pleitesía.

Quienes quieren negarnos a las mujeres nuestro derecho a la libertad de asociación saben perfectamente qué es una mujer. Saben cuál es el sexo que sale perdiendo y cuál es el sexo que sale ganando cuando, por ejemplo, desaparece de las actas de nacimiento el dato del sexo y se pone “género”. Saben quiénes salen perdiendo cuando los baños de mujeres se convierten en baños “para todos los géneros”. Saben quiénes salen perdiendo cuando a las madres dejan de decirles madres y les dicen “personas gestantes”. Saben quiénes salen perdiendo cuando a las niñas rebeldes les dicen que sus gustos en juegos y ropa indican que en realidad son niños.

Cuando los talibanes deciden que las niñas no pueden asistir a la escuela, saben muy bien quién es una niña y quién es un niño. Cuando unos activistas dicen defender el derecho de “las infancias” a que “se reconozca su identidad de género”, también saben muy bien cuál “infancia” tiene más probabilidades de ser vendida y convertida en esclava sexual.

Cuando los talibanes deciden que las niñas no pueden asistir a la escuela, saben muy bien quién es una niña y quién es un niño.

Las mujeres que insistimos en que esto se hable, se debata racionalmente, se analice, se piense, no negamos la libertad de creencia de otras personas y por supuesto rechazamos que se discrimine a unas personas por su apariencia, o que se les niegue trabajo, acceso a la salud, vivienda digna.

Pero para garantizarles esos derechos no se necesita que el mundo entero adopte un conjunto de creencias más bien esotéricas y que en las leyes se consagre el concepto de “identidad de género”. Las feministas que después de la Conferencia Mundial sobre la Mujer que tuvo lugar en Beijing en 1995 popularizaron el concepto de “género”, lo usaban para distinguir conceptualmente entre el sexo y los roles estereotipados que se nos imponen de acuerdo con el sexo. Una frase que se atribuye a la historiadora Gerda Lerner, autora del libro La creación del patriarcado, ilustra muy bien esta diferencia: “El sexo hace posible que las mujeres tengan hijos. El género asegura que sean ellas quienes tengan que cuidarlos”.

Los derechos de las mujeres se basan en el sexo, y uno de esos derechos es poder vivir libres de las imposiciones sociales de eso que unas llaman “género”. El sexo es inmutable, pero el género se puede y se debe abolir.

Un diputado local, Jorge Gaviño, del Partido de la Revolución Democrática, creyó haber dado con una solución definitiva que permitiría acabar con unas discusiones que él califica de “bizantinas” cuando en septiembre de 2021 propuso al Congreso de la Ciudad de México una iniciativa para eliminar la casilla de “sexo” en las actas de nacimiento: “Qué objeto jurídico tiene, qué nos da más derecho, ser de un género femenino o de un género masculino en un acta de nacimiento”. Como tantos otros de su mismo sexo, Gaviño finge ignorar que no es lo mismo ser hombre que ser mujer. Pero claro que no da lo mismo. Las mujeres encarceladas que tienen que convivir con unos hombres que se dicen mujeres, las deportistas que ven arrebatadas sus medallas por la descarada trampa de poner a unos hombres en su categoría, los millones de mujeres que han sufrido violencia machista, las que han sentido en su cuerpo la fuerza del golpe de un puño masculino, las adolescentes que desearían ser hombres para escapar de sexualización de sus cuerpos, las familias de las víctimas de feminicidio… Todas ellas saben que de ninguna manera da lo mismo. En particular, para efectos del derecho a una vida libre de violencia, no da lo mismo ser hombre que mujer.

La violencia masculina contra las mujeres no desaparece por arte de magia fingiendo que los hombres son materialmente indistinguibles de las mujeres o que el sexo es intrascendente; en cambio, omitir el dato de cuál es el sexo del perpetrador y cuál el de la víctima vuelve imposible registrarla y combatirla.

Dice la iniciativa de Gaviño, buen ejemplo de la creencia, tan común en nuestros días, de que “sexo” significa algo a medio camino entre personalidad y manera de vestir:

“Lo que se propone […] es eliminar de las actas de nacimiento la parte correspondiente al sexo de las personas registradas, esto es en virtud de que se trata de uno de los atributos de la personalidad y cada persona es libre de imponerse el género que mejor satisfaga sus necesidades. Con esto se pretende darle mayor protección a todas las personas cuando se lleve a cabo su registro de nacimiento en la oficialía del registro civil y con ello se garantice toda la protección de los derechos humanos de los individuos […]. Cada persona y su familia son libres de determinar el sexo que quieren llevar socialmente, incluso y médicamente también es posible hacerlo y existen en el mundo miles de personas que han tomado la decisión de cambiarse de sexo quirúrgicamente y han tenido que pasar por infinidad de tramites legales, administrativos y burocráticos para lograr ser reconocidos como quieren aparecer ante la sociedad” (las cursivas son mías).

Ay ay ay. ¿Por dónde empezar?

Hay tanto que criticar en este tipo de iniciativas y tanto que informarles a los diputados que creen que el sexo puede cambiar y que las mujeres quedan protegidas y no todo lo contrario cuando se estipula que todo mundo debe hacer como si creyera que algunos hombres son mujeres.

Sobre todo, la pregunta que más me intriga es: ¿cuál será el género que mejor satisface la necesidad de parir sin violencia obstétrica? ¿Con cuánta antelación tendrá que imponerse ese género una mujer embarazada para llegar al parto bien preparada?

Pero es difícil criticar esa clase de iniciativas tan deficientes y las peregrinas teorías que las sustentan. Hablar de estos temas está virtualmente prohibido.

La experiencia, que quizá muchas de ustedes conozcan, con el foro Aclaraciones Necesarias sobre las Categorías Sexo y Género, organizado por el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM, lo ilustra.

Desde que se supo quiénes participarían: Angélica de la Peña, Alda Facio, Marcela Lagarde, Andrea Medina, Amelia Valcárcel y Aimée Vega, unos activistas se movilizaron para tratar de impedir que se llevara a cabo. Decidieron de antemano que lo que estas seis mujeres tuvieran que decir sobre esas dos categorías centrales hoy día en el feminismo sería un discurso de odio. Acusaron de transfobia, que es su movida más común. Parece una tontería, pero la estrategia les trae muchas satisfacciones.

Es como cuando en Europa en el siglo XVII se gritaba “¡Bruja!” y el testimonio del acusador era prueba suficiente para quemar en leña verde a la supuesta bruja en cuestión. Hoy alguien grita “¡Transfobia!” y otros dan por buena la versión del acusador y proceden a hacer lo que éste dice y manda. “¡Transfobia!, no quiero que se presente ese libro”. “¡Transfobia!, no quiero que sigas dándole trabajo a esa mujer”. “¡Transfobia!, no quiero que le permitas hablar”.

Escribe Frank Donovan en su libro Historia de la brujería: “Hubo acusaciones y pruebas que enviaron a miles de supuestas brujas a la tortura y a la muerte, que provenían de niños. En su mayor parte, estos jovencitos eran los hijos, u otros parientes de corta edad, de las personas sospechosas, a los cuales amedrentaban los inquisidores para que prestaran declaración contra sus mayores. Pero muchos juicios famosos se originaron por las acusaciones deliberadas que hacían los hijos sin presiones de fuera, por motivos diversos. Algunos de estos jovencitos vieron cómo gritando ‘bruja’ se salvaban del castigo por mala conducta; si estaban embrujados no eran responsables de su mal comportamiento. Otros, probablemente, eran patológicamente histéricos y estaban alucinados con la idea de que los habían embrujado. En la mayoría de los casos, los niños parece que perpetraron su nefanda travesura para ‘desquitarse’ de sus mayores o porque gozaban con la atención y excitación que ocasionaban. Una de las niñas de Salem, cuyas travesuras trajeron como consecuencia la muerte de veintidós personas, admitió más tarde: ‘Alguna diversión teníamos que tener’”.

Pienso en esos niños que de pronto tuvieron ese gran poder en sus manos, el poder de si la mujer que les caía mal vivía o moría, cuando veo a estos tiktokeros y activistas que no quieren que las mujeres nos reunamos sin presencia de hombres a hablar de los problemas que en una sociedad patriarcal nos aquejan a nosotras pero no a ellos. Pienso en la niña que alguna diversión tenía que tener y en sus compañeros de juegos cuando veo a las hordas de internautas acusarnos, a mujeres que podríamos ser sus madres, de “terf”, “tránsfobas”, “transodiantes”, “nazis” o “instrumentos de la extrema derecha”.

El problema es que el mundo actúa como si los deseos de estos niños traviesos y los inquisidores que los azuzan fuera palabra divina. Son los profetas del dios del género y, como diría José Alfredo Jiménez, su palabra es la ley. Ay de quien se atreva a llevarles la contraria.

Esto es por lo menos curioso en una democracia y en espacios que se suponen plurales, y en 2023.

 La novedad con el foro del CEIICH fue que el director del centro y las participantes, admirablemente, no se dejaron amedrentar, y el foro, a pesar de los intentos de cancelación, tuvo lugar de manera virtual en marzo de 2022. Entonces los activistas fueron a protestar a Ciudad Universitaria. Exigían que desapareciera de YouTube la grabación del foro y pedían la cabeza de los responsables. Su protesta no tuvo nada de pacífica. Al representante del rector de la UNAM que bajó a hablar con ellos le gritaron, desgañitándose, “¿A quién quieres que te mate?”, lo tiraron al suelo, le quitaron los zapatos… y el hombre fue a dar al hospital. ¿Hablaron de esto los periódicos? ¿Emitió un comunicado la UNAM? ¿Se juzgó a los responsables? No, no y no. Animal Político, por ejemplo, lo que hizo fue avalar la versión falsa de que se trató de un “foro transfóbico”. De la violencia de la protesta nadie dijo nada. Pero por suerte quedó un registro de lo que pasó.

Hay en torno a estos temas muchas confusiones, muchas veces deliberadas. Es normal que la gente no entienda de buenas a primeras y es normal que tenga preguntas.

Lo que con frecuencia las legisladoras y las mujeres en puestos de toma de decisiones votan o deciden sin tener toda la información que se necesita. Ya sea por miedo, porque así se lo ordenó el partido o porque no han tenido tiempo de profundizar en el tema y optan por creer las mentiras que los otros les cuentan, votan a favor de iniciativas que son un balazo en el pie. Pasó aquí mismo hace dos días. En una movida similar a la que proponía Gaviño y alimentada por las mismas confusiones y por la misma ignorancia, el pleno de la Cámara de Diputados votó mayoritariamente a favor de eliminar en las actas de nacimiento el dato material, objetivo, trascendente, verificable del sexo y sustituirlo por el dato subjetivo, intrascendente, inverificable y oscuro del “género”. No puedo expresar lo lamentable que es que la legislatura de la paridad, producto de la lucha de las mujeres por nuestros derechos políticos, esté, por ignorancia, por omisión o por comisión, promoviendo leyes que terminan acabando con nuestros derechos políticos, entre ellos la paridad.

Escribí este libro para esas diputadas; para ayudarlas a entender a lo que se enfrentan, y también para que el público conozca los argumentos de un lado y del otro y pueda sacar sus propias conclusiones.

Hay algo más que quisiera abordar antes de despedirnos. Es a lo mejor eso que en inglés llaman “the elephant in the room”, el elefante en la sala, el tema incómodo que todo mundo tiene presente pero nadie quiere tocar. El tema es: ¿Por qué yo, que estoy a favor de la libertad reproductiva de las mujeres y que admiro y divulgo el pensamiento feminista radical, acepto la amable invitación a hablar sobre mi libro que me hace una mujer que no en todo piensa igual que yo?

Hay varias razones. La primera es esa palabra clave. Una palabra que empieza con M y que unos quisieran eliminar del diccionario.

 Mujer. La invitación me la hace una mujer. Una vez oí a esa mujer contar parte de su historia, y es una historia que se repite en las vidas de las mujeres aunque se encuentren en extremos opuestos del globo y en extremos opuestos de la política.

Janice Raymond, feminista radical lesbiana abolicionista, la primera en escribir sobre los peligros que representaba el transgenerismo para los derechos de las mujeres, escribió en la introducción a la reedición de su libro The Transsexual Empire (1979) publicada en 1994:

“[Las fantasías de los hombres sobre sentirse mujeres atrapadas en cuerpos de hombres] se basan en la imaginación masculina, no en ninguna realidad femenina. Es esta realidad de ser mujer lo que el mujer quirúrgicamente construido no posee, no porque las mujeres contengan de manera innata alguna esencia de feminidad, sino porque esos hombres no han tenido que vivir en un cuerpo de mujer con toda la historia que eso entraña. Es esa historia lo que es básico a la realidad femenina, y sí, la historia se basa hasta cierto punto en la biología femenina”.

Las mujeres compartimos una biología, por supuesto, pero también una historia. Y esta historia empieza mucho antes de que decidamos ser madres o no, mucho antes de nuestras primeras lecturas sobre feminismo, mucho antes de nuestra primera relación amorosa, mucho antes de que nos afiliemos a un partido político o nos mantengamos, como hago yo, al margen de los partidos, o, como hace el feminismo, por encima de ellos.

Pero además esta mujer, a pesar de nuestras indudables diferencias, estuvo dispuesta a escuchar.

Las mujeres compartimos una biología, por supuesto, pero también una historia. Y esta historia empieza mucho antes de que decidamos ser madres o no, mucho antes de nuestras primeras lecturas sobre feminismo,

A diferencia de unas que se dicen feministas y bajita la mano justifican despliegues de violencia masculina, como la que vivió América Rangel hace unas semanas, el día que unos hombres envalentonados irrumpieron en el Palacio Legislativo de Donceles con propósitos declaradamente violentos, a diferencia de estas feministas de dientes para afuera que se ponen del lado de los agresores de mujeres y no de las mujeres, yo me pongo, siempre, del lado de las mujeres. No me importa que no piensen igual que yo.

Y en este momento de la historia, aquí y ahora, es urgente que las mujeres busquemos la unión y, más allá de las diferencias, subrayemos las coincidencias.

La feminista radical Andrea Dworkin, que luchó con tenacidad en contra de la prostitución y la pornografía (cuando además la pornografía no era ni de lejos la fuente de violencia que es ahora y la prostitución no era un negocio trasnacional), dijo estas palabras:

“El feminismo es la práctica política de combatir la supremacía masculina en nombre de las mujeres como clase, entre ellas todas las mujeres que te caen mal, todas las mujeres con las que no quieres juntarte, todas las mujeres que eran tus mejores amigas pero ya no quieres ver ni en pintura. No importa quiénes sean esas mujeres en lo individual. Son igual de vulnerables a la violación, a los golpes, y al abuso sexual infantil cuando son niñas. Las mujeres más pobres son más vulnerables a la prostitución, que es básicamente una forma de explotación sexual intolerable en una sociedad igualitaria, que es la sociedad por la que estamos luchando”.

Por si alguien lo dudara, defiendo un feminismo para todas las mujeres, incluso, oh herejía, para las mujeres que no piensan como yo… como si yo dictara lo que las mujeres tienen que pensar. No, eso de dictar lo que tienen que pensar los demás es lo que hacen el transgenerismo y sus representantes. Yo, por el contrario, como feminista y librepensadora, defiendo el pensamiento crítico y me interesa que la gente escuche a las diferentes partes de un debate para llegar a sus propias conclusiones. Y como defensora de los derechos de las mujeres sumamente preocupada por la embestida que representa para estos derechos la doctrina de la identidad de género y la idea rarísima de que para garantizar los derechos humanos de las mujeres hay que abrir a unos hombres la categoría de mujer, quiero llamar a la unión entre nosotras.

El enemigo nos quiere desunidas y enemistadas. No le demos gusto.


* Versión abreviada de mi discurso en la Cámara de Diputados de México el 16 de marzo de 2023 con motivo de la presentación de mi libro Cuando lo trans no es transgresor. Mentiras y peligros de la identidad de género (edición de autora, informes y pedidos en disentirnoesodio@gmail.com), organizada por la diputada Teresa Castell, del Partido Acción Nacional, e impulsada por Paulina Mendoza Castillo, del grupo Mujeres Incidiendo, a quienes reitero mi agradecimiento.

3/31/2023

De George a Córdova: No habrá cacería de brujas

 Utopía

Eduardo Ibarra Aguirre

El titular del Órgano Interno de Control del Instituto Nacional Electoral compareció ante los diputados de la Comisión de Reforma Política-Electoral y dijo a los reporteros a pegunta expresa una obviedad, que con la salida de Lorenzo Córdova Vianello al frente del INE, no se pretenda iniciar una cacería de brujas.

Mas el lugar común no lo es tanto cuando detalla que el papel del OIC es simplemente investigar y, en su caso, sancionar o promover ante el Tribunal Federal de Justicia Administrativa las sanciones graves que procedan… Hasta este momento no existen procedimientos abiertos” contra ninguno de los miembros del Consejo General del INE que concluirán su gestión el 3 de abril, a saber, el muy parcial y rijoso consejero presidente que se retira forrado con más de 10 millones de pesos, la consejera Adriana Favela y los consejeros Ciro Murayama –el álter ego de Lorenzo– y José Ruiz Saldaña.

Sin embargo, Jesús George Zamora afirmó que no existen procedimientos sancionatorios en contra de ellos, pero (el infaltable) “la posibilidad siempre existe, si es que tuvieron algún tipo de participación en los presuntos hechos irregulares que hemos señalado en el informe” y que se determinará en la etapa de investigación y, eventualmente, en la etapa de procedimientos y responsabilidades”.

Hechos irregulares contenidos en el Informe Anual de Gestión y Resultados 2022, que presentó George Zamora el 28 de marzo, y pueden resumirse así: En el caso de Modelo de Gestión por Procesos, después de tres años de su aplicación, son 70 millones de pesos de erogación sin cumplir los resultados esperados. La auditoría, en términos de arrendamiento, a aproximadamente 700 bienes inmuebles que posee el INE, se encontraron deficiencias. Diversas irregularidades en la contratación de servicios, con daños al INE (al erario) superiores a 400 millones de pesos.

El auditor informó que 10% de las observaciones hechas en la revisión de bienes del INE y las adquisiciones en 2022 no se han solventado, por lo que las investigaciones podrían derivar en procedimientos sancionatorios. En la contratación de personal de más de 17 000 empleados, faltó sustento y rigor técnico. También se detectó la falta de sustento documental para el diseño de estructuras.

Y respecto a los fideicomisos, George Zamora estima que será necesario esperar la decisión de la Suprema Corte, luego de que dio pausa a la aplicación al “Plan B” de reforma electoral, ya que la eliminación de estos fideicomisos era una disposición.

Para que a nadie le quede duda que en esta nueva etapa del INE, sin el muy parcial y beligerante árbitro, “será necesario apegarse y dar cumplimiento a la ley que establece los principios de eficiencia, racionalidad y austeridad en el ejercicio de recursos públicos”. Al término de la reunión de trabajo, el auditor expresó que es militante de “todos los partidos que combaten la corrupción”. Así de claro y directo.

Como si todo lo anterior no fuera suficiente y harto delicado, el contralor del INE denunció que el Órgano de Control Interno “sí ha sido sometido en estos últimos meses a las presiones”. Advirtió que el aún presidente del INE y otros consejeros “buscan atentar contra la autonomía del Órgano de Control Interno por pretender anular el servicio de carrera de esta instancia. Detalló que “Lo acompañan varias consejeras y consejeros, afortunadamente no todos los del Consejo General tienen esta visión, pero es coincidente con que es en la última etapa del consejero presidente actual”.

Éstos son los cabecillas del faccioso discurso de ¡El INE no se toca!

Acuse de recibo

El reportero Hans Salazar recibió de Carmen Aristegui la siguiente observación hace alrededor de dos años, “se dice que a ustedes les siembran preguntas en la mañanera. ¿Es así? La respuesta de Salazar fue: “¡Cómo crees! (…) Incluso hemos presentado al presidente Andrés Manuel López Obrador las preguntas de tus reporteros”. Y la “paladina de la libertad de expresión” (AMLO dixit) pidió a Hans que eso no lo dijera “porque van a pensar que nosotros (…)” Profesionalismo e imparcialidad, sin duda… Ricardo Bravo Anguiano presentó al Grupo María Cristina su primera novela La casa de las golondrinas, Yo Publico, Ciudad de México, 2021, 438 pp. Usted puede adquirirla en: ricardo.bravo.anguiano@gmail.com… Esquela: “El Movimiento Comunista Mexicano ha perdido a uno de sus cuadros políticos más activos. La mañana de hoy el corazón generoso y valiente del camarada José Luis Alonso Vargas, Chelís, dejó de latir. Expresamos nuestra solidaridad y afecto a la camarada Luz María Aguilar Terrez y a sus camaradas y amigos. Ciudad de México, 17 de marzo de 2023”… De Manú, la autora de la columna Satiricosas: “Ayer hablé en este espacio de Javier Laynez Potisek, hoy llamado por el presidente ‘su alteza serenísima’, porque fue quien so-li-ti-to decidió tronar descaradamente la propuesta presidencial de bajarle el sueldo a los sinvergüenzas consejeros del INE.

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3/30/2023

Subversión del orden constitucional

 


La suspensión del decreto de reformas a las leyes electorales, ordenada por el ministro Javier Laynez, es un intento de llevar a la Suprema Corte de Justicia de la Nación al terreno de una organizada beligerancia política opositora. Se trata de un bloqueo indefinido de la capacidad legislativa del Congreso mediante la habilitación del recurso de controversia contra normas generales que establece la Carta Magna, pero con excepción de las que se refieran a la materia electoral (artículo 105. I).

El ministro Laynez dice querer salvaguardar el orden democrático nacional y proteger derechos humanos de los votantes, pero no explica su desobediencia al dictado de la Constitución donde se establecen orden democrático y derechos. La decisión de admitir la controversia presentada por el Instituto Nacional Electoral (INE) contra el llamado Plan B parece más bien ser una interpretación del texto del artículo 105 constitucional, pero sin haber asunto, es decir, se admite la controversia del INE, pero, para ello, Laynez desacata la Carta Magna precisamente en el artículo en el que está estatuida la controversia, mediante una interpretación absolutamente impertinente. Pero eso no lo puede hacer la Suprema Corte. Sí es posible la interpretación de los textos constitucionales, pero sin rescribirlos con un sentido contrario o, como es el caso, mediante su supresión total. Se suponía que esos tiempos ya habían pasado.

Además, no se trata sólo de un texto constitucional sino de dos. Aunque parezca increíble, Laynez no sólo desconoce la prohibición expresa y directa del uso del recurso de controversia para atacar leyes electorales, sino que también borró otro texto que, al establecer otro recurso, el de acción de inconstitucionalidad, señala aun con mayor claridad: La única vía para plantear la no conformidad de las leyes electorales a la Constitución es la prevista en este artículo (Art. 105.II). En otras palabras, no se admite el uso de la controversia sino sólo la acción de inconstitucionalidad, la cual no está conferida al INE.

El grupo que domina el INE se atrevió a ir a la controversia a sabiendas de que ese instituto carece de posibilidad constitucional para atacar ante la Suprema Corte las leyes electorales emitidas por el Congreso y por cualquier otro órgano legislativo del país. Esto lleva a suponer que hubo un arreglo previo con algunos círculos dentro del máximo tribunal.

En síntesis, en las controversias constitucionales no se admite el tema de normas, actos y omisiones de carácter electoral. El INE presentó controversia porque en las acciones de inconstitucionalidad no se admite al INE para ningún tema.

Lo anterior se debe a que desde 1996 se llegó al acuerdo (PRI-PAN-PRD) de que el acceso directo a la Suprema Corte en materia electoral quedaba limitada a las minorías legislativas y a los partidos políticos para evitar el manoseo, los chantajes y, en general, la mercantilización jurídica del tema electoral. La única excepción (sólo por ley) ha sido la capacidad otorgada al Tribunal Electoral para resolver la no aplicación de una norma electoral legal en caso concreto, la cual ha sido una flexibilización muy debatida, de la que se abusa con cierta frecuencia.

La propuesta de Laynez para que la Suprema Corte borre dos textos constitucionales y, por tanto, suspenda un decreto de reformas de las leyes electorales es una convocatoria meramente política de subversión constitucional que hasta ahora no se había producido, ni aun en el curso de la larga lista de interpretaciones a modo y atropellos judiciales.

El proyecto presentado por el Presidente para realizar una reforma política que modificara la representación popular, la integración de los órganos electorales y el sistema de partidos fue rechazada por la minoría legislativa en ejercicio de la prerrogativa que tiene el tercio más uno en sede parlamentaria para bloquear reformas a la Constitución. La respuesta de López Obrador, al mantenerse en el plano del estado de leyes, fue proponer reformas a las normas secundarias. Si alguna de éstas se aprecia contraria a la Carta Magna, la Suprema Corte puede anularla, siempre que medie un recurso de inconstitucionalidad, así y sólo así. Ya se han presentado varios por parte de quienes tienen esa prerrogativa, por lo que el tribunal en pleno deberá pronunciarse.

Pero a Javier Laynez admitió a trámite el recurso de controversia, que no existe en materia electoral para nadie, porque su propósito era dictar la suspensión mientras la Corte resuelve, es decir, posiblemente cuando ya se hubiera iniciado el periodo electoral y el decreto de reformas fuera inaplicable. El punto es que para declarar una inconstitucionalidad en la vía del artículo 105 se requieren ocho votos, pero para dar por buena una suspensión dictada por un solo ministro o ministra son suficientes tres votos en una sala o seis en el pleno. Aquí podría estar la maniobra para consumar una conspiración política contra el Congreso que expidió el decreto e, incluso, contra el Poder Ejecutivo que inició el proyecto de reformas.

Una mayoría de la Corte debe detener esta conspiración, no sólo porque atraviesa por una evidente violación de la Carta Magna, al grado de que la oposición está callada para no enlodarse más a destiempo, sino porque llevaría al máximo tribunal a un alineamiento político confesado, una subversión del orden constitucional cuya defensa tiene a su cargo.a