12/04/2012

Los periodistas pal cafe.....


Cuarenta y ocho horas después, todo pareció lo que siempre había sido (hasta el sábado negro sexenalmente inaugural). Gritos, consignas, pancartas, proclamas, denuncias, enjundia y creatividad, entre la maraña de vigilancia integrada por agentes encubiertos, infiltrados e informantes, policías uniformados, escudos y toletes preventivos. Sin incidentes ni destrozos. Cero violencia.
Una marcha enérgica, plena de convicciones, dolida por detenciones injustas, contenida apenas por cordeles y tiras plásticas por los lados, con policías auxiliares de fosforescentes chalecos que a prudente distancia iban abriendo camino, una fila lateral de agentes con cascos y escudos que caminaba al paso de los manifestantes y decenas de patrullas y camiones de transporte policiaco a la retaguardia. Del Ángel al Zócalo, sin que se reprodujera ni una pizca del vandalismo del primero de diciembre recién pasado.
¿Cómo pueden tenerse resultados tan distintos, en materia de orden público, si los manifestantes fueron en esencia los mismos (aunque esta vez en menor número) y las fuerzas públicas también? Tal vez la respuesta esté en el único ingrediente que cambió en esa fecha trágica: los mandos políticos y policiacos.
El sábado de la violencia extrema las corporaciones policiacas se mantuvieron descontroladamente fluctuantes entre la displicencia que prefería ver o saber de extraños destrozos sin decidirse a montar cuando menos sacrificadas barreras de protección y la agresividad de resortes poco claros que llevaba a golpear y detener en redondo, muchas veces sin justificación (de ambos casos fue testigo directo un astillador andarín que lo mismo vio decenas de policías inmóviles, instalados en un callejón, a 50 pasos del Sanborns a un lado de Bellas Artes donde comenzó el ataque abierto a firmas emblemáticas, sin recibir órdenes de establecer una línea de protección como –casi– siempre sucede, que a otros policías de pronto catapultados contra manifestantes que les hostigaban y también agredían pero a los que toleraban sin más, hasta que de pronto una chispa extraña los lanzaba al frente, pescadores en busca de llenar canastas de cuota, con jefes complacientes o cuando menos rebasados).
Fueron dos momentos claramente definidos. Uno, en San Lázaro, adonde fueron grupos juveniles decididos a enfrentarse al poder público, cargados muchos de ellos de genuino rechazo a la institucionalidad, cansados de ver el mismo circo político que les causa náusea, provenientes de rupturistas fuentes ideológicas y deseosos de desahogar frustraciones e ira contra el aparato, el sistema.
La segunda etapa, al dejar San Lázaro y encaminarse al Zócalo, tuvo ya una presencia extraña, decidida a causar explícitos daños a mobiliario público y a inmuebles de gran renombre. Tal vez el punto está en los porcentajes: un tanto de legítima irritación popular insurrecta que por sabida y anunciada debió haber sido materia de prevención y control gubernamental con inteligencia; otro tanto de provocación montada desde los sótanos alineados con Peña Nieto pero deseosos de manejarlo con más soltura al satisfacer su vocación represora anunciada en la Iberoamericana (la complicidad es el pegamento fundamental de esas élites), y otra parte adjudicable a un factor que de tan conocido pareciera esfumarse a la hora de los análisis que por la naturaleza del asunto prefieren tejer en ámbitos más elevados y complejos: en realidad, el equipo peñanietista se ha conducido con una proclividad al equívoco que hasta ahora ha perjudicado sus inmediatos intereses (por dar ejemplos: los jaloneos y zigzagueos en materia de reformas legislativas, los 15 minutos con Obama, la convocatoria fallida a la firma del Pacto por México antes del 1º de diciembre, la toma de protesta a su gabinete de seguridad sin haber rendido la propia; por cierto, ¿debería repetir el procedimiento?).
La hipótesis del criminal Segundo Error de Diciembre tiene sustento (el primer error fue en 2004, con la gran devaluación que Carlos Salinas quiso enjaretar como culpa a la administración entrante, la de Ernesto Zedillo). Las primeras horas del sexenio fueron dedicadas a instalar un gabinete de seguridad cuyos mandos fueron tomados en transición por el absolutamente previsto estallido en las inmediaciones de San Lázaro. Manuel Mondrágón y Kalb quedó como recién llegada pieza floja de la maquinaria que horas antes ¿manejaba? entre complicidades transexenales Genaro García Luna. Y la policía capitalina osciló ese sábado entre la represión abierta y el pasmo. Mondragón y Kalb no manejó ni controló a las fuerzas federales y tampoco a las capitalinas que en función de las circunstancias estaban bajo su coordinación y a las que conocía plenamente.
Miguel Ángel Osorio Chong, como vicepresidente político, tampoco pareció tener información de los grupos extremos en contienda (disponible en las redes sociales). La dupla que forma el Sexenio de Hidalgo, es decir, el propio MAO y Jesús Murillo Karam, a pesar de tener experiencia previa y ahora mando institucional sobre grupos, informantes y provocadores, pareció rebasada por circunstancias que por responsabilidad oficial debería conocer, prever y contener con sensatez política. De lo sucedido el sábado deben responder Mondragón y Kalb, MAO y, en caso de protegerlos y sostenerlos (lo que es totalmente previsible), el jefe de ellos. Por cálculo provocador o por incapacidad se produjo un escenario de violencia que debería llevar al par mencionado a la renuncia, cuando menos.
Mientras tanto (luego de ese sábado oscuro en que los recién llegados no supieron qué hacer o no quisieron hacerlo), 48 horas después, ya asentados los nuevos funcionarios, sin la presencia de la policía federal demostradamente protectora de porros que paseaban frente a los agentes amistosamente, la policía capitalina volvió a ser más o menos la de siempre, y las manifestaciones de protesta también. Así fue el segundo error de diciembre. Todo vuelve a parecer lo de antes (aunque en realidad, ya no lo es). ¡Hasta mañana!
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Facebook: Julio Astillero


¿No les parece extraño el silencio de los poderes fácticos? Están en la mira del Pacto por México, en particular el de las telecomunicaciones, pero no han dicho ni pío. Televisa sigue celebrando jubilosamente el triunfo de Peña Nieto, y los oligopolios, duopolios y monopolios conocidos ni se han inmutado. Ahí están los del tabaco, la plata, el pan, la cerveza, los refrescos y un largo etcétera. Caben dos posibilidades: 1) o de tan asustados hasta el habla han perdido (poco probable), o 2) saben que al final no sucederá nada. Y con suerte hasta salen favorecidos. No hay que perder de vista que en las campañas políticas los principales contribuyentes de partidos y candidatos son los dueños de las grandes fortunas. ¿Por qué alarmarse si es hora de cobrar las facturas?
Oro y euros bajo el colchón
Un empresario español, que fuera propietario del grupo Marsans, firma ampliamente conocida en el negocio del turismo y viajes de México, Gerardo Díaz Ferrán, fue detenido en Madrid por presuntos delitos de blanqueo de capitales y de ocultación de bienes. Los cateos en su domicilio y en los de algunos ejecutivos que le son cercanos han llevado al descubrimiento de verdaderas fortunas. La policía ha encontrado un kilo de oro y 150 mil euros en metálico en la casa de Díaz Ferrán; 400 mil euros en el domicilio del empresario valenciano Ángel de Cabo y más de un millón de euros, también en efectivo, en el domicilio de Susana Mora, quien ejercía de secretaria. Están acusados de lavar dinero. Fuentes policiales han precisado que en el marco de este operativo preparan más arrestos. Está relacionado con la investigación iniciada a partir de la querella presentada por AC Hoteles, Meliá, Pullmantur y el grupo Orizonia contra los antiguos propietarios de la agencia de viajes Marsans, Gerardo Díaz Ferrán y el fallecido Gonzalo Pascual, su nuevo dueño, Ángel de Cabo, y la empresa Possibilitum. Es un nuevo caso de hombres de negocios del extranjero que desaprovechan la oportunidad de autoexiliarse en México cuando todavía es tiempo. Aquí nadie los molestaría y saldrían en las portadas de la revistas.
Renuncian al PRD
Se achicó el número de diputados del PRD en la Cámara de Diputados. Gerardo Villanueva Albarrán y Rodrigo Chávez Contreras renunciaron al grupo por estar en desacuerdo con la decisión de los chuchos de firmar el Pacto por México. Quizás éstos van a salir beneficiados en forma personal, pero han acabado con la frágil unión de las izquierdas.



El flamante secretario de Hacienda divulgó ayer la primera buena noticia de la administración peñanietista: no se contemplan nuevos impuestos para 2013. La primera declaración de Luis Videgaray como titular de la citada dependencia resulta por demás alentadora, sobre todo si se tiene en cuenta el feroz tiroteo fiscal al que fueron sometidos los mexicanos con Felipe Calderón en Los Pinos (nuevos gravámenes y aumento en la tasa de los ya existentes).
Entonces, sonrían mexicanos pagadores, que ya lo dijo uno de los secretarios de despacho pertenecientes al círculo íntimo del nuevo inquilino de Los Pinos: en 2013, nada de nuevos impuestos. Qué bueno: música en los oídos de los mexicanos. Pero surge la duda: si el gobierno de Enrique Peña Nieto no transitará por la desgastada ruta de clavarle el puñal fiscal a los mexicanos, si fuera de sus planes está incrementar la carga impositiva, ¿de dónde saldrán los recursos para financiar el rosario de paquetes sociales ofrecidos en campaña, en el discurso de toma de posesión y en el pacto firmado el pasado domingo?
Lo anterior, porque la propia Cámara de Diputados advierte que el margen de maniobra del presupuesto de egresos de la federación resulta extremadamente limitado, toda vez que de cada peso presupuestal 90 centavos ya están comprometidos (nómina burocrática, servicio de la deuda, etcétera) y son inamovibles, de tal suerte que sólo restan 10 centavos para reasignaciones y reacomodos, y con esa proporción no alcanza para financiar los citados paquetes.
Así, de alguna parte tendrán que salir esos dineros para cumplir cabalmente con los ya famosos resultados tangibles ofrecidos por Peña Nieto. Y no es un asunto de centavos, de morralla, cuando se trata de financiar, por ejemplo, el prometido sistema de seguridad social universal (Felipe Calderón sostenía que con el seguro popular había resuelto todo en la materia); la pensión para adultos mayores de 65 años que no cuenten con un sistema de ahorro para el retiro o pensión del IMSS o Issste; el seguro de desempleo; el seguro de vida para jefas de familia y/o el sistema nacional de programas de combate a la pobreza, por citar unos cuantos.
Es de suponer que cuando ofreció tal paquetería social (indistintamente durante la campaña electoral, el discurso de toma de posesión y en el pacto) a la mano tenía el cálculo de lo que costaría aterrizar ese cúmulo de programas (además de financiar los existentes) y de dónde saldrían los recursos para financiarlos. Y se supone, porque en México el deporte favorito de los políticos es prometer tal o cual cosa y financiarlo con saliva, porque a la hora de la hora nunca hay con qué. Y una patinada de ese tamaño en el arranque sexenal no será del agrado ni tendrá una respuesta positiva y sonriente de una sociedad que está hasta el tope de promesas incumplidas.
Entre las posibilidades para que el gobierno capte más recursos por la vía fiscal sin aumentar los impuestos está, por ejemplo, un aumento sustancial en el ingreso de los mexicanos (mayores sueldos y salarios implican mayor pago fiscal). Sin embargo esto es sueño guajiro, porque la estrategia oficial para que México sea cada día más competitivo se basa, precisamente, en sueldos y salarios de hambre. Entonces, esta acción se descarta por competitivamente improcedente.
Queda, pues, el camino de las propuestas. Por ejemplo, el pacto recién firmado ofrece realizar una reforma hacendaria eficiente y equitativa que sea palanca de desarrollo (o lo que es lo mismo la prometida reforma fiscal), la cual, entre otros elementos, eliminaría los privilegios fiscales (“en particular el régimen de consolidación fiscal), reduciría el voluminoso sector informal de la economía y revisaría el diseño y la ejecución de los impuestos directos e indirectos. Sin duda, el primer punto es fundamental (la consolidación fiscal), pero (más supuestos) el gobierno de Peña Nieto habrá evaluado el costo que conlleva reducir, o de plano eliminar, los privilegios fiscales a los barones, todos ellos monopólicos u oligopólicos zares en sus respectivos sectores económicos (telefonía, cemento, televisión, tortilla, minería, etcétera). ¿Está preparado para enfrentar al Frankenstein empresarial que el propio sistema político inventó y alimentó, y que, por si fuera poco, financia no pocas campañas electorales? Dudoso.
Existe otra opción, también comprometida en el pacto: reforma fiscal para Petróleos Mexicanos, con el fin de transformar a Pemex en una empresa pública de carácter productivo, que se conserve como propiedad del Estado pero que tenga la capacidad de competir en la industria hasta convertirse en una empresa de clase mundial. Para ello será necesario dotarla de las reglas de gobierno corporativo y de transparencia que se exigirían a una empresa productiva de su importancia.
¿El fisco captaría más recursos con esa reforma? Todo indica que no, porque al transformarla en un corporativo que opere con las reglas y en las condiciones de una empresa privada, su aportación fiscal se limitaría a cubrir el ISR (30 por ciento) y el IETU, y no pagaría, como lo hace ahora, 110 por ciento de su rendimiento de operación. Con ello, se abriría un enorme agujero en las finanzas públicas, pues actualmente entre 35 y 40 centavos de cada peso presupuestal provienen de la citada paraestatal. Lo anterior, sin considerar que el gobierno de Peña Nieto se vería obligado a repartir ganancias con los desinteresados inversionistas privados que patrióticamente participarían en la modernización de Petróleos Mexicanos.
Como se observa, no parece sustentable la buena noticia divulgada por Luis Videgaray (no se contemplan nuevos impuestos en 2013) si es que en realidad quieren hacer tangible el programa social anunciado. Ahora que sí es posible, siempre y cuando la citada paquetería se intente concretar a partir de 2014, cuando sí habría aumento y creación de impuestos para financiar el rosario de seguros, pensiones, sistemas y conexos comprometidos por el inquilino de Los Pinos y partidos políticos que lo acompañan. Eso sí, queda el camino del endeudamiento, cuyo pago, de cualquier suerte, saldría de los impuestos.
Las rebanadas del pastel
El flamante titular de la SHCP también anunció un nombramiento estratégico en la estructura de esa institución: Fernando Aportela es el nuevo subsecretario de Hacienda y Crédito Público, el segundo al mando, quien, al igual que Luis Videgaray, es hechura de Pedro Aspe, que regresa a casa. El nuevo funcionario fue director general de Protego (la casa de inversión creada por el de los mitos geniales), empresa que se fusionó con Evercore Partners Inc (un banco de inversión tipo boutique, según su propia definición). Todo en famiglia, pues.


Entre las muchas preparaciones hechas con masa de nixtamal, están los tlacoyos. Ya Bernardino de Sahagún y sus informantes describían en el siglo XVI, que en el tianguis se vendían tortillas delgadas y gruesas, redondas y prolongadas “y otras enrolladas hechas redondas, y las que tienen dentro masa de frisoles cocidos o por cocer…” También mencionan el íztac tlaxcalli ética tlaoyo que significa tortilla muy blanca que tiene de dentro harina de frijoles no cocidos.
Jesús Vargas Valdés, quien viaja con frecuencia de Chihuahua a la capital, ha reflexionado sobre el gusto de los mexicanos del norte por los frijoles bayos, y el de los del centro por los frijoles negros, que él ha aprendido a apreciar. Al respecto nos regala estas líneas para el Itacate; las compartimos gustosos:



El oratorio El Mesías, de Georg Friedrich Haendel, obra cumbre de la religiosidad del barroco inglés, ahora convertido en ballet por la sensible creatividad del coreógrafo argentino Mauricio Wainrot, para la Compañía Nacional de Danza (CND), es sin duda un paso importante en la diversidad de obras y estilos del repertorio de la agrupación, el cual es conocido esencialmente por su casi especialización en obras tradicionales del ballet y que ha logrado un auditorio importante para el espectáculo de la danza en México.
La obra, con generosa promoción y arduo trabajo de los bailarines fue programada cuatro fechas de noviembre pasado en el Palacio de Bellas Artes, en las que logró un sonado éxito. La función del 18 tuvo un público abarrotado de jóvenes, bailarines, en su gran mayoría, perfectamente capaces de comprender una composición de tal envergadura, de 80 minutos de duración.


Luego del anuncio de que Israel construirá unas tres mil viviendas en los territorios palestinos ocupados de Cisjordania y Jerusalén Oriental, los gobiernos de Reino Unido, Francia, Suecia, Dinamarca y España llamaron a los embajadores de Tel Aviv en sus respectivas capitales, a fin de manifestarles su desacuerdo con dicha decisión. De su lado, Rusia deploró el avance de los asentamientos humanos ilegales anunciados por Benjamín Netanyahu –que son parte central de la política de transformación demográfica y fragmentación territorial que Israel practica en los territorios palestinos– y Alemania afirmó que Israel zapa la confianza en su voluntad de negociación.

No al autoritarismo
Como comunidad universitaria, ayudantes de investigación, becarios y profesores adjuntos adscritos al Centro de Estudios Sociológicos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM reprobamos, condenamos y repudiamos los actos de represión política ocurridos el 1º de diciembre.

Hacía muchos años que no veía un despliegue policial como éste. Millares de uniformados y algunos cientos de desuniformados a los que delata su corte de pelo. La ciudad azulea. El Viaducto cerrado en unos tramos, abierto en otros. No hay mucha lógica en el cerco, más allá de mostrar el poder, desplegarlo como un manto temible, amedrantador, símbolo de los nuevos tiempos, y crear la protección de cascarón sobre cascarón para impedir que Peña Nieto escuche que en esta ciudad la inmensa mayoría no lo quiere y piensa que compró las elecciones.

Viene a cuento el dicho popular, pues el pasado 1º de diciembre se pudo observar con toda crudeza lo que le espera a la ciudadanía que pretende serlo de manera crítica y autónoma. En un solo día se transformó en violento enfrentamiento con la policía lo que se organizó como protesta social contra lo que se considera imposición. Mientras transcurrían las horas sólo Andrés Manuel López Obrador desde su concentración política en el Ángel se anticipó a condenar la agresión a jóvenes y estudiantes; el resto de los políticos y la mayoría de siempre en los medios se apresuró a responsabilizar al líder de Morena, a destacar las respuestas de los jóvenes con palos y piedras, sin mencionar la acción policiaca con balas de goma y gases lacrimógenos, que provocó numerosos detenidos y heridos, dos graves.

La toma de posesión de Enrique Peña Nieto estuvo marcada por las dos caras de una misma moneda: por un lado, el supuesto acuerdo de la clase política en su conjunto; por el otro, las violentas protestas callejeras.

Veamos esta especie de planecito nacional de desarrollo que anunció el presidente Peña en su mensaje sabatino, que incluye 13 medidas para ser puestas en acto a la brevedad.

En su primer mensaje a la nación como presidente de la República, Enrique Peña Nieto presentó los rasgos generales de la política que guiará su gobierno. Con excepción de las 13 decisiones presidenciales que se refieren a acciones concretas a realizarse en los próximos meses, se trata de un pronunciamiento de carácter muy general en el que deben adivinarse los lazos –hasta ahora invisibles– que podrían unir los objetivos que fueron planteados con la ciencia, la tecnología y la innovación. Intentar hacer visibles estos vínculos pudiera parecer un ejercicio ocioso, pero creo que vale la pena realizarlo, pues es evidente que para alcanzar las metas planteadas el primero de diciembre en Los Pinos será indispensable el concurso de estas actividades.

Se ha dicho que el más afamado crítico-historiador de los tiempos recientes fue este australiano que murió el 6 de agosto pasado en un hospital neoyorquino del Bronx. Es ampliamente conocido entre nosotros su libro Nothing if not Critical, cuya versión en español es de Anagrama.



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