12/06/2012

Los periodistas pal cafe.....



Miguel Ángel Mancera instaló ayer su primer borrador de gabinete. Lo hizo aún bajo el signo de la continuidad marcelista que lo llevó al poder y que ahora le obliga a retribuciones de tutifruti que lo exhiben como político de identidad ideológica difusa (es el menos izquierdista de quienes han llegado a ese puesto o, dicho de otra manera, el más cargado a la derecha de esa lista). El suyo es, desde luego, un equipo con más novedades y apertura que el de quien desde días atrás administra los Estados Unidos Mexiquenses (o mexico-hidalguenses, precisarían algunos), pero ese abanico no suministra elementos para pensar en que hay un sabio acomodo de piezas firmes y exactas para desarrollar un trascendente proyecto de trabajo capitalino bajo una conducción hábil y fuerte y por ello capaz de tener bajo su mando institucional a fichas que pertenecen a otros tableros y otras partidas.
Por principio de cuentas y para que no haya duda de que Marcelo Ebrard seguirá cogobernando, la segunda plaza en importancia en el organigrama fue mantenida sin cambios, tal como la dejó el jefe que ahora se lanza tempranamente por la candidatura presidencial de 2018. Héctor Serrano sigue siendo el secretario de Gobierno, al igual que Armando Ahued continúa en la Secretaría de Salud. El procurador marcelista de justicia, Jesús Rodríguez Almeida, encargado de supervisar la integración de las averiguaciones previas contra los detenidos del 1º de diciembre (1DMX), es propuesto para que Peña Nieto apruebe su traslado a la Secretaría de Seguridad Pública (del tolete jurídico al tolete directo). Y el secretario ebrardista de Educación, Salvador Pablo Martínez Della Rocca, conocido como El pino, da paso a Mara Robles, en una transferencia con acento personal y con dedicatoria al conflicto de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.
Novedades también las hubo: Salomón Chertorivski apenas había dejado de ser secretario de Salud de Felipe Calderón y ayer fue designado secretario de Desarrollo Económico del gobierno capitalino. Carlos Navarrete, quien fue senador y buscó la candidatura perredista al DF, miembro distinguido de los Chuchos, va a la cartera de trabajo y fomento del empleo. Dos propuestas de Andrés Manuel López Obrador para su propio gabinete fueron asumidas por Mancera: el consuegro de Carlos Slim, Miguel Torruco Marqués, a Turismo, y René Drucker a Ciencia y Tecnología (¿podrá Morena decir que son piezas propias, que ganó presencia en este gabinete, o será que esas propuestas dentro del lopezobradorismo eran a su vez cuotas o arreglos de cúpula con un grupo económico y con otro universitario?). En Comunicación Social, Fernando Macías, quien estuvo cinco años como responsable de esa área en el SNTE y luego pasaría a la ALDF.
Y en un golpe político notable, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano a la Coordinación de Asuntos Internacionales. Gana Mancera un aval en la izquierda histórica y se hace de una especie de embajador. Otra designación interesante fue la de Rosa Icela Rodríguez a la Secretaría de Desarrollo Social: fue secretaria técnica del gabinete de seguridad con AMLO y directora de atención a adultos mayores con MEC.
Pero el escénico Mancera no fue capaz de fijar una postura respecto del problema mayor que vive la ciudad de México: el sábado recién pasado se vivió una gran violencia pública en el Centro Histórico, con destrozos en los que se combinaron provocación política y hartazgo juvenil, y con el actuar de policía capitalina que como si hubiese recibido la orden de exacerbar la situación o de cubrir cuotas de detenciones arremetió contra ciudadanos sin vinculación con las protestas o en respetable ejercicio de derechos cívicos, así fueran relacionados con denuncias electorales y políticas o con la defensa de personas agredidas a sus ojos.
Ese día quedó al descubierto el tamaño del peligro que para esta ciudad progresista representa el retorno del dinosaurismo represivo y la ambivalencia convenenciera de gobernantes como Marcelo Ebrard, quien en aras de su futuro electoral ha sostenido controvertidas alianzas de facto con la derecha calderonista y ahora con el atenquismo peñista. La crítica y las protestas públicas recibieron un golpe de dimensiones aún imprecisas ese sábado negro, pues a partir de las redadas ejemplarizantes, de las consignaciones por encargo y de la amenaza de estancias carcelarias prolongadas, se busca inhibir la participación política, la denuncia y la disidencia, de una población que es el mayor punto de resistencia contra el proyecto del pactismo con tolete (pactas o te la pacto). Frente a todo eso, Mancera prefirió guardar silencio.
(Por cierto, un pajarito fotográfico asomó el sábado negro al centro de mando de la Secretaría de Seguridad Pública en el DF. Vio a Marcelo Ebrard, Héctor Serrano, Jesús Rodríguez Almeida y Julio César Sánchez Amaya –éste, coordinador de asesores de Manuel Mondragón y Kalb en SSP-DF–. El pajarito asegura que en ese momento se tomó la decisión de limpiar el Centro Histórico. Y empezaron las detenciones.)
Astillas
En Gobernación se produjeron nombramientos que dan cuenta de nuevas relaciones políticas del peñismo, por ejemplo con Roberto Campa Cifrián como subsecretario, en otro guiño adverso a Elba Esther Gordillo a cuyo grupo pertenecía el ahora funcionario... Nombres femeninos también destacaron: Paloma Guillén Vicente; Lía Limón, quien renunció al PAN al no ser postulada candidata... Al Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), Eugenio Imaz Gispert y a la subsecretaría de normatividad y medios el que fue beligerante vocero de la campaña peñista, Eduardo Sánchez... Y, mientras cae con pesadez la evidencia de que los pactos felices firmados por opositores al PRI bajo el señuelo de reformas profundas necesitan un financiamiento que sólo podrá provenir de aumentos a los impuestos o recortes que hagan hoyos en algunos lados para tapar otros, ¡hasta mañana, con la Casa de Gobierno de Tamaulipas como muestra de que sigue adelante y se agrava la violencia entre cárteles, y algunos de estos contra ciertos funcionarios!
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Facebook: Julio Astillero
 
Si quieren aprovechar en la Kennedy School de la Universidad Harvard la experiencia de Felipe Calderón, deberían darle la tarea de organizar conferencias sobre corrupción. No sobre cómo combatirla, sino cómo fomentarla. Muy al comienzo de su gobierno estalló el escándalo por el hallazgo de más de 200 millones de dólares en efectivo en una residencia de las Lomas de Chapultepec. Según el dueño de la casa, Zhenli Ye Gon, había recibido el encargo de Javier Lozano de guardarle el dinero, con la amenaza de coopelas o cuello. Ya era secretario del Trabajo; toda la fuerza del Estado se enfocó a defenderlo. Y siguen protegiéndolo; ahora es senador. Al parecer, el dinero provenía de aportaciones a la campaña presidencial. Ahora que revisamos los acontecimientos a la distancia, podríamos establecer tres hipótesis: 1) efectivamente, hubo dinero de origen sospechoso en la campaña calderonista; 2) lanzó a las tropas en el primer mes de su gobierno porque temía una insurrección por el fraude electoral, aunque nunca pasó tal posibilidad por la mente de los lopezobradoristas, y 3) alguna o algunas de las mafias que probablemente habían hecho contribuciones se sintieron atacadas y desataron la violencia. Es todo un tema, vale la pena analizarlo este año que Calderón será becario en Harvard. Mientras tanto, continúan los esfuerzos para llevarlo a la Corte de Justicia Internacional por la matanza que provocó su loca carrera hacia el poder.
Ningún presidente ha aprobado
Transparencia Internacional tiene una tabla de calificaciones que va de cero a cien puntos. Los países más corruptos son los que se acercan a cero. El promedio de la calificación de Calderón en su sexenio es de 3.3 puntos, inclusive peor que la de la familia Fox-Sahagún. Y eso que no cantaron mal las rancheras. En resumen, en los 14 años que Transparencia ha dado seguimiento a nuestro país, ningún presidente pasó el examen ni de panzazo.
¿De dónde?
Hay una contradicción aparente entre la afirmación del secretario de Hacienda, Luis Videgaray, de que no se aumentarán los impuestos, al menos en el presupuesto del año 2013, y lo que opinan investigadores y académicos. Según el análisis del doctor Carlos González Barragán, director del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria, AC, 47 de los 95 compromisos que contiene el Pacto por México firmado por el presidente Peña Nieto y dos partidos, el PRI y el PAN, y la mitad del PRD, dependen para su realización de una reforma hacendaria y fiscal. En otras palabras, se necesita dinero. Y mucho. La interrogante es de dónde piensan sacarlo, como no sea incrementar la carga fiscal a los contribuyentes. Hay una opción que no se menciona en el pacto: aplicar un impuesto especial a la riqueza. Varios de los personajes más ricos del mundo son mexicanos. ¿No es la hora de que contribuyan con más al bienestar del país?

Los tricolores siguen de fiesta por su regreso a la residencia oficial, pero alguno de ellos medianamente sobrio debería recordarle a los demás que es necesario hacer a un lado el festejo, olvidarse de las serpentinas y ponerse a chambear, porque no sólo se acabaron los tiempos de los discursos –y no es figura–, sino porque se aprietan los tiempos legales para el presupuesto de egresos de la Federación y los resultados tangibles no pueden esperar.
Es de suponer que entre copa y mariachi los priístas se han dado tiempo para medianamente estructurar y negociar el paquete económico 2013, que sería punta de lanza para dar cuerpo a tales resultados y, desde luego, del arranque formal del llamado Pacto por México, el cual alegremente promete sustanciales aumentos en el presupuesto de varias causas sociales, entre ellos los destinados a la población indígena (salud, educación e infraestructura) y a la investigación científica y el desarrollo tecnológico, con el fin de alcanzar, gradualmente, el uno por ciento del producto interno bruto (una promesa, dicho sea de paso, incumplida desde tiempos del salinato). Lo anterior, desde luego, sin considerar la voluminosa paquetería social ofrecida por el flamante inquilino de Los Pinos.
Así, a más tardar el próximo día 15 el gobierno de Peña Nieto debe entregar al Congreso su paquete económico 2013 (el cual incluye criterios de política económica, iniciativa de ley de ingresos, más misceláneos, y proyecto de presupuesto de egresos de la federación), de tal suerte que en la segunda mitad de diciembre los diputados y senadores puedan procesar la propuesta, y aprobarla o modificarla, según sea el caso. En tiempos normales este proceso consume alrededor de dos meses y pico, pero como en esta ocasión hubo cambio de gobierno, según dicen, los tiempos son mucho más cerrados que los tradicionales.
Como ha documentado la propia Cámara de Diputados, el margen de maniobra es extremadamente limitado en materia presupuestal, pues de cada peso que se asigna, 90 centavos ya tienen destino inamovible y sólo los 10 centavos restantes pueden reacomodarse de acuerdo con las necesidades de los legisladores (que operan en nombre de los gobernadores), no del país. Y como ya es tradición, cuando se registra un mayor ingreso (sobre todo por excedentes petroleros y/o nuevos impuestos) suele dilapidarse en gasto corriente, fundamentalmente en la nómina de la burocracia dorada.
Eso es lo normal en tiempos normales, pero ahora las cosas toman un perfil distinto, siempre y cuando Enrique Peña Nieto y los señores abajo firmantes en realidad quieran demostrar que van en serio. Conservadoramente, sólo la paquetería social comprometida en el Pacto por México tendría un costo fiscal cercano a 250 mil millones de pesos, mismos que, sin aumentar impuestos en 2013 (Videgaray dixit) y con déficit cero, nadie tiene la menor idea de dónde saldrían, por mucho que le recorten a unos para entregar a otros.
Por ejemplo, el seguro de desempleo prometido en el citado pacto implicaría una erogación de alrededor de 45 mil millones de pesos (considerando un salario mínimo por cada uno de los desocupados contabilizados oficialmente por el Inegi. A lo anterior debe sumarse el costo fiscal de cuando menos el sistema de seguridad social universal; la pensión para adultos mayores de 65 años que no cuenten con un sistema de ahorro para el retiro o pensión del IMSS o ISSSTE; el seguro de vida para jefas de familia y el sistema nacional de programas de combate a la pobreza, por sólo citar algunos de los compromisos del Pacto por México, todos ellos de inmediata entrada en vigor, según lo ofrecido.
No se trata de cuestionar la validez de tal paquetería social, sino de darle sustento financiero: ¿de dónde saldrán los recursos? De los discursos no, desde luego, pero sí de algo que no es el tema favorito del gobierno entrante (ni del saliente que la incrementó de manera espeluznante): la descomunal nómina burocrática, especialmente la relativa a los mandos superiores. Al cierre de 2012, de acuerdo con lo establecido en el presupuesto de egresos de la federación correspondiente a ese año, los mexicanos habrán pagado algo así como un billón 100 mil millones de pesos por sus servidores públicos; alrededor de 25 por ciento de ese monto corresponde a prestaciones, y en éstas como en los sueldos, los funcionarios de primer nivel se llevan la palma.
De lo anterior nada se dice en el multicitado pacto, ni una línea, cuando es uno de los renglones de gasto federal que urge revisar y corregir, porque durante los dos gobiernos panistas los voraces mandos superiores se sirvieron con la cuchara más grande que encontraron, al igual que los integrantes del Congreso y los organismos electorales. Lo mismo sucede en los gobiernos estatales y municipales: gastan como si el dinero fuera suyo y cobran como si lo desquitaran.
El anterior es un enorme barril sin fondo de recursos derrochados, los cuales bien podrían destinarse no sólo a renglones productivos, sino mucho más justos para impulsar el desarrollo nacional. Ejemplo de ese despilfarro es el inenarrable Felipe Calderón (todo indica que ya se refugió en el vecino del norte), quien gastó alrededor de 32 mil millones de pesos en propaganda, monto equivalente a siete veces el presupuesto anual de la Secretaría del Trabajo, institución encargada de fomentar la generación de empleo formal en el país, el cual brilla por su ausencia.
La celebración por el retorno (haiga sido como haiga sido) debe concluir si en realidad quieren ofrecer resultados tangibles (Peña Nieto dixit). Los muchachos de la Secretaría de Hacienda han dicho que mañana viernes 7 comenzarán a entregar el paquete económico, así sea en parcialidades; arrancarían con la iniciativa de Ley de Ingresos, justo el capítulo que debe especificar de dónde saldrá el recurso para financiar las ofertas del nuevo inquilino de Los Pinos, en particular, y del Pacto por México, en general. Si tal iniciativa lo aclara, lo cual es dudoso (de hecho, bajaría la tasa del ISR de 30 a 29 por ciento), cuando menos ya se sabría cómo se echaría a andar el operativo; lo demás no trasciende la saliva.
Sin embargo, las proyecciones de la propia autoridad financiera no son nada halagüeñas: la economía mexicana seguirá hundida en la mediocridad, y en el mejor de los casos avanzaría 3.5 por ciento en 2013 (menos que en 2012).
Las rebanadas del pastel
Entonces, como bien dice el filósofo tabasqueño, el Pacto por México, más que un cheque en blanco, es un cheque sin fondos.

Al llegar a la presentación de los Puerto Rico All Stars, gracias al señor Miguel Herrera que me proporcionó una pulsera, pude acceder al camerino y darme cuenta de que Papo Lucca tenía una máscara de oxígeno. No supe a ciencia cierta qué le pasaba, lo real fue que no tocó. No pude saludarlo, tampoco despedirme; sin embargo, me esperaba una gratísima sorpresa con una criatura del señor conocida como Zoi-la pianista.
En otras actuaciones de la Sonora Ponceña me encontré con Héctor Infanzón, pero esta vez no apareció. Sin embargo, esta niña suplió a Papo con algo que no es baba de perico inglés, según mi punto de vista, al leer a primera vista y con la responsabilidad de suplir a quien ha demostrado calidad aquí, allá y acullá. Ojalá sorpresas así me las siga encontrando lo más seguido posible.

Demandan unidad en la defensa de los derechos
Ante una avanzada que pretende ocupar la totalidad de nuestros territorios, apropiarse nuestros recursos naturales, nuestra fuerza de trabajo –una parte migrante–, nuestra capacidad de generar conocimiento propio, de mantener y ampliar la libertad de pensamiento y la democracia en nuestro sistema educativo integral.

La terminación de un gobierno, sin duda, debe ser traumática y llena de temores e incertidumbre para el que lo ha dirigido. Más aún si no está consciente de los graves errores y deudas sociales que deja. Muy pronto se dará cuenta de su paso superficial y efímero y de su disfrute transitorio del poder. Esto mismo le debe estar pasando o le va a pasar a Felipe Calderón, porque desde el comienzo de su administración fue seriamente criticado por la ilegalidad y posible fraude cometidos para instalarlo o imponerlo como gerente de intereses privados, y con sus hechos de gobierno confirmó la sospecha.

Con los acontecimientos callejeros del primero de diciembre, tanto en San Lázaro como en Reforma y la avenida Juárez de la ciudad de México, no pude evitar el recuerdo de Seattle (Estados Unidos) el 30 de noviembre de 1999. Ese día, hace 13 años, se expresaron decenas de miles de personas, sobre todo jóvenes, para evitar la cumbre de la Organización Mundial de Comercio. La diversidad de los opositores era tal que llamó la atención que estuvieran juntos los anarquistas (principalmente del Black Block) con los neonazis del Anti-Globalism Action Network (AGAN), además de fuerzas sindicales y grupos ecologistas. El común denominador de los manifestantes fue su rebeldía en contra de los grandes capitales y el neoliberalismo, además del rechazo del mundo que se les imponía y se les impone desde los grandes centros de poder económico y político. Cuando la policía en Seattle, resguardada por cercas metálicas y vehículos antimotines, comenzó a disparar balas de goma y granadas de gases lacrimógenos, lo que era una manifestación pacífica y festiva se convirtió en violencia, y especialmente los anarquistas iniciaron actos vandálicos en contra de comercios, hoteles, bancos y monumentos y edificios públicos. A muchos nos pareció sorprendente que estuvieran juntos anarquistas y neonazis, históricamente incompatibles y enemigos por definición, pero así son algunos movimientos.

El discurso inaugural de presidente Enrique Peña Nieto en Palacio Nacional (y no ante el Congreso, como manda la tradición republicana) dejó en claro que el nuevo gobierno ensaya un estilo propio para inscribirse en la dialéctica cambio-continuidad que ya esbozó en la campaña. A la pregunta de si hay detrás de esas palabras un verdadero proyecto reformador de largo aliento, capaz de iniciar un nuevo ciclo histórico de prosperidad y desarrollo nacional, la respuesta es no, aunque se ofrezca un conjunto más o menos articulado de propuestas necesarias, imprescindibles algunas (en ocasiones contradictorias entre sí), para saldar las dificultades inmediatas, tranquilizar los ánimos y reconstruir las deterioradas relaciones en el seno de la clase política. A esa lógica pertenece la firma del pacto que ya se tenía prevista incluso antes de la toma de posesión cuya pretendida tersura fue aniquilada por la violencia en San Lázaro y la Alameda.

Prefiero, al aludir al fiscal cliff del que todo mundo habla, sobre todo en Estados Unidos, referirme a un acantilado fiscal, más que a un precipicio o abismo, dada la equivalencia usual del vocablo inglés. Suelo aclarar enseguida que se trata de un acantilado artificial, hecho por el hombre. No existiría y no habría riesgo de que algo como la mayor economía del mundo se despeñase desde su borde de no ser porque así lo decidió en el verano de 2011 el propio Congreso de ese país. Recuérdese que entonces se llegó a un arreglo interino para elevar el tope de endeudamiento gubernamental y permitir la continuada operación de la administración y el servicio regular de la deuda pública. Como parte del arreglo, alcanzado in extremis, los legisladores decidieron obligarse a lograr en el curso de 2012 una corrección a largo plazo del déficit fiscal. Son muy debatibles la urgencia y la relevancia de este objetivo. Convinieron además en que, de no conseguirlo, al inicio del siguiente año se pondrían en vigor, en automático, incrementos de recaudación y recortes de gasto público que equivaldrían a un ajuste fiscal súbito, de magnitud sin precedente al menos en cuatro decenios y con graves consecuencias recesivas. La motivación de esta acción insólita se encuentra en la idea de que nadie en su sano juicio se atrevería a bloquear un acuerdo ante el peligro inminente de precipitarse desde tal acantilado. Supongo que congresistas y funcionarios tuvieron en cuenta que el acuerdo tendría que conseguirse en el ambiente exacerbado de un año electoral. Lo que quizá no justipreciaron fue el grado en que se enconarían las posiciones y la irracionalidad con que se comportaría una de las fuerzas políticas: la derecha republicana, dolida además por un resultado electoral adverso. Faltan unos cuantos días para llegar al filo del acantilado. Se acepta que las negociaciones están estancadas, por lo que sería incierta, en estos momentos, cualquier previsión sobre su desenlace. Si la economía estadunidense cae desde el acantilado, arrastrará al resto de la economía mundial y la gran recesión, que aún no se supera, parecerá apenas un modesto preludio de la que sucedería en los años venideros.

La renovación periódica del personal político ha sido una de las claves de la estabilidad del sistema. Este fenómeno no se inició con la democratización; sin embargo, la pluralización del Congreso y de los gobiernos estatales lo ha acentuado, además la intervención de variables que en el pasado eran irrelevantes ha aumentado su complejidad, porque hoy el personal político es mucho más diverso que en el pasado y también más representativo de la sociedad que antes. El gabinete del presidente Peña Nieto ofrece un ejemplo de esta evolución, pues si en una época la institución universitaria en la que se había formado el funcionario era decisiva para su ingreso al gabinete presidencial, ahora otros datos de su biografía pesan más, por ejemplo, el estado de origen y, por fin, la experiencia profesional. Con Vicente Fox los leoneses de Guanajuato ocuparon varias carteras ministeriales, incluso sin ninguna experiencia administrativa previa y con un récord mediocre en la empresa privada; pero más en general, los leoneses colonizaron la administración pública. Ahora es el turno del estado de México, con la salvedad de que los mexiquenses miembros del gabinete se apoyan en una carrera administrativa previa. Cabe hacer notar que en los gobiernos de Alemán y de Ruiz Cortines, por ejemplo, Veracruz fue un terreno privilegiado de reclutamiento de elites, como antes lo habían sido Sonora, Coahuila o Chihuahua. No obstante, a partir de los años 70, la inmisericorde centralización del poder que llevó a cabo Echeverría, y el origen defeño de él mismo y de sus sucesores, cerraron la puerta a la representación de las regiones en el gabinete, hasta que Fox la reabrió.

Hace una semana la Asamblea General (AG) de la ONU reconoció a Palestina como Estado observador no miembro por amplia mayoría. ¿A qué se debe la disminuida condición de observador no miembro? Muy sencillo. Debido al sistema dictatorial existente en la ONU, cinco grandes potencias (China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia) tienen poder de veto en el Consejo de Seguridad (CS) del organismo, que a su vez es el único facultado para recomendar a la AG el ingreso de nuevos estados miembros y para tomar otras decisiones cruciales. Eso es lo que hizo posible que el año pasado Washington, en su condición de sempiterno abogado del sionismo, impidiera que se votara en ese órgano una solicitud de ese tenor formulada por la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y le diera los honores de la gaveta. De allí que la ANP tomara el camino intermedio de proponer el estatus concedido el 29 de noviembre por la AG, que no requiere ser considerado por el CS, a la vez que ratificaba en el texto aprobado la petición de ingreso como Estado miembro.

Tras 12 años de panismo en la conducción estatal de la economía, han retornado los que se fueron. En realidad, en términos reales quienes llegaron y quienes pretendidamente se fueron dispusieron la misma estrategia económica. Suman 30 años de una visión económica centrada en retirar al Estado de la participación en mercados importantes, al tiempo que se promovía que los dueños de empresas privadas asumieran el rol protagónico en la dinámica económica.

El riesgo corrido por Lorena Maza al adaptar para la escena los himnos a la deidad sumeria Inanna se tradujo en un espectáculo teatral de gran calidad que conjuntó muchos talentos y una buena cantidad de las diversas artes, en esta producción de la CNT: Como se recordará, Inanna es la diosa del cielo y de la tierra, de la fertilidad, además de la guerra, adorada hace más de 4 mil años en la antigua Mesopotamia, primera figura femenina en la historia y en las mitologías que se liberó de trabas e intentó saber de sí misma, ya que no dudó en bajar al inframundo para obtener ese conocimiento. La directora y adaptadora –del himno traducido por Elsa Cross– hace que su periplo sea narrado a dos voces, la del arqueólogo estadunidense originario de Kiev, Samuel Noah Kramer (Jerónimo Best) y sobre todo la de la poeta sumeria Enheduanna (Angelina Peláez), añadidos escénicamente al texto literario. El primero se especializó en los signos cuneiformes, la escritura inicial de que se tiene noticias en la historia de la humanidad y es gracias a su empeño en descifrarla que se tienen mayores datos de esta antigua cultura. La segunda vivió hace más de 4 mil años y sus poemas, muchos de ellos dedicados a Inanna –de cuyo templo fue sacerdotisa–, son los primeros textos que reconocen autoría, es decir no son anónimos, en todo el devenir del género humano.

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