5/19/2015

Tortura sexual, mensaje del gobierno de lo que te puede pasar si “protestas o proteges tu territorio”


    PARTE I
Por:  / 19 mayo, 2015

(19 de marzo, 2015. Revolución TRESPUNTOCERO).- “La tortura sexual está fuera de control en México, y eso no sólo afecta a la persona que la sufre, sino a la sociedad en su conjunto”. Bárbara Italia Méndez, sobreviviente, San Salvador Atenco, Estado de México
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En México la violencia sexual como forma de tortura, ejercida por elementos de seguridad del Estado, incluye una forma de discriminación por razón de género, en la que se violenta el cuerpo y la libertad de las mujeres por medio de agresiones sexuales que pueden incluir violación, agresiones físicas en las partes más íntimas y/o la amenaza de cometer esos actos. Lo anterior ya reconocido por el Comité contra la Tortura de Naciones Unidas y Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Claudia Medina Tamariz declaró a Amnistía Internacional, que miembros de la Marina irrumpieron en su casa en Veracruz, el 7 de agosto de 2012, le ataron las manos y le vendaron los ojos antes de llevarla en una camioneta a la base naval local. Allí la torturaron mediante descargas eléctricas, la agredieron sexualmente, le propinaron golpes y patadas y la dejaron atada a una silla bajo el calor abrasador del mediodía. Al día siguiente, le volvieron a vendar los ojos y la trasladaron a la PGR junto con otras personas detenidas. La interrogaron, y un elemento de la Marina la presionó para que firmara una declaración sin permitirle leerla, donde aseguró ser miembro de una banda dedicada al tráfico de drogas. No se ha abierto una investigación de los hechos.
“México está siendo observado por organismos nacionales e internacionales, como es el caso de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), primero por Atenco, uno de los casos más sobresalientes, sin dejar pasar el de las indígenas de Guerrero, víctimas también de tortura sexual por parte de militares. Todo apunta a que no hay voluntad política de resolver tan grave problemática, porque mientras diversos órganos denunciamos la tortura sexual, el Estado mexicano se niega a reconocer la existencia de tal acción, y si lo hace, trata de repararlo sólo económicamente, pero jamás ve la situación de fondo, al contrario, se dice que el problema es de ‘algunos’ cuantos policías, unos ‘cuantos’ militares, unos ‘cuantos’ federales, quienes se conducen de dicha manera”, afirma Edith Mascareño Granados, Coordinadora de Rehabilitación del Colectivo Contra la Tortura y la Impunidad.
Y agrega: “la realidad es que la tortura sexual es parte del terrorismo de Estado que está viviendo México, desde hace varios años, como forma de control y sometimiento de toda la población, dicho acto de violencia tiene el objetivo de paralizar y romper el tejido social de una sociedad, ya que al someter a la sociedad de esa forma, ésta será temerosa. Porque el gobierno envía la prueba ‘de lo que te puede pasar si protestas, o proteges su territorio o simplemente transitas por una calle”.
Además asegura que, antes se pensaba que la tortura, incluida la sexual, se usaba para perjudicar a ciudadanos que participaban movimientos sociales, hoy en día nos puede pasar a cualquiera, hombre y mujer por igual, en cualquier circunstancia. Toda la población somos sensibles a ser torturado sexualmente, lo anterior a fin de que el Estado encuentre a un ‘culpable’ con tal de cumplir con su rendimiento de cuentas; Peña Nieto aseguró que en cualquier circunstancia se daría paso a la suspensión de derechos para que se realice la investigación, sobre todo en el tema del crimen organizado.
“Así, la suspensión de derechos equivale a torturar para tener información, se equivoque o no, finalmente después lo ‘repara’, es así como el derecho de integridad personal queda sin efecto. Esto lo comprobamos con la inexistencia de sentencias en casos de tortura sexual. Lo mucho que se puede conseguir, como en el caso de las indígenas de Guerrero, es una disculpa, y lo hizo un funcionario de bajo nivel, no hay un reconocimiento real de que la tortura perpetrada por militares. Si el Estado no ofrece disculpas por medio de un alto mando,  es porque aceptaría que la tortura sexual es un método de obtención de declaraciones. Ante los ojos del gobierno, en México no se tortura, no existe desaparición forzada y no hay ejecuciones extrajudiciales, aunque existen cientos de casos que dicen lo contrario.
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Belinda Garza Melo fue detenida en Torreón, Coahuila, hace 7 años, por elementos de la Policía Federal Preventiva (PFP), quienes por más de 40 horas la torturaron física, sexual y psicológicamente. Tres meses después fue presentada ante los medios de comunicación como integrante del cártel del Golfo. “Fui una víctima de la guerra contra el crimen organizado, impulsada desde el sexenio anterior”.
En Washington, la CIDH realizó un ejercicio en donde participó el Centro de Derechos Humanos Agustín Pro Juárez (PRODH), junto a la Comisión Mexicana de Defensa para los Derechos Humanos y otras cuatro organizaciones convocantes, en esa audiencia la  temática fue la tortura sexual en México.
En dicho encuentro se denunció al Estado mexicano. El principal punto fue la visibilidad del fenómeno de la tortura sexual a manos de agentes Estatales (militares, marinos, policías, ministeriales y federales), además de señalar que los casos de tortura sexual  han quedado en la impunidad, siendo ésta la manera en que el gobierno esconde este tipo de hechos quedando así en el olvido, ya que no existe castigo para los responsables.
Además se afirmó que existe una gran inacción por parte del Estado Mexicano ante las denuncias de mujeres que ha sufrido tortura sexual.
“Existen dos vertientes en la tortura sexual: la primera tiene que ver en cómo las mujeres han sido criminalizadas y el uso de esta violencia para inculparlas en procesos penales; y la segunda es el reto que representa para ellas la decisión de denunciar. Porque detrás de esta grave problemática existen muchas intenciones, no solamente es obtener una confesión, que muchas veces se logra, pero en varios casos hemos visto que no necesariamente hay una confesión donde diga ‘sí soy culpable de un delito’, sino también es una forma de represión por medio de métodos de  intimidación”, asegura la abogada Gabriela Carrión Lee, colaboradora del área de Defensa de PRODH.
“También se debe tomar en cuenta las maneras y las formas en que estos agentes estatales utilizan los actos de tortura sexual, ya que no solamente consisten en una violación física, también puede haber maltrato psicológico, uso de estereotipos basados en género,  amenazas para sus familiares, incluso muchas veces hacen a las mujeres testigos de las torturas hacia sus seres queridos o parejas, uno de los principales patrones que se pueden observar en la actuación de agentes estatales”, comenta Carrión Lee.
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Amnistía Internacional sentencia que el gobierno de Enrique Peña Nieto se ha distanciado de la explosión de violencia y violaciones de derechos humanos que se inició durante el mandato de su antecesor. Y considera que es imprescindible que tome las medidas a nivel doméstico para garantizar que este tipo de abuso no vuelva a ocurrir, y que asegure la debida diligencia en la investigación de casos de tortura sexual contra las mujeres, para que los responsables rindan cuentas ya que hasta este momento ni siquiera ha hecho pronunciamiento alguno.
En 2002 en dos eventos diferentes, Inés Fernández Ortega y Valentina Rosendo Cantú, indígenas me’phaa del estado de Guerrero, fueron víctimas de graves violaciones de derechos humanos, incluyendo la tortura sexual,  cometidas por elementos de las Fuerzas Armadas.
El 1 de octubre del 2010, la CIDH notificó dos sentencias condenatorias contra el Estado mexicano, que entre otras medidas de reparación  del daño  de no repetición, ordenó la investigación y subsecuente sanción de los responsables. A 12 años de los hechos, tras una larga lucha, los procesos penales contra los presuntos responsables de las graves violaciones de derechos humanos, apenas se encuentran en su etapa inicial en juzgados civiles.

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