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6/25/2019

Inaugura Sánchez Cordero foro sobre Constitución Moral


Con una convocatoria para dejar atrás la discordia que tanto daño nos ha hecho y a que juntos encontremos el camino de la reconciliación y respeto a nuestras diferencias, la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, refrendó el compromiso del gobierno federal para recomponer el tejido social y las mejores formas de convivencia.

La funcionaria inauguró ayer el foro Constitución Moral, reflexiones para una mejor convivencia, en el que representantes de los diferentes sectores sociales y de la academia analizan la Cartilla Moral, de Alfonso Reyes, con la finalidad de construir un nuevo documento en el que se garantice la libertad de elección con base en valores laicos y republicanos.

Dijo que en el foro que inició ayer y concluye hoy, se intercambiarán ideas, habrá diálogo y debate con el objetivo de diseñar un mecanismo con principios morales que guíen la convivencia.

Puntualizó que no será un documento jurídico, no restringirá libertades ni fijará sanciones.

Periódico La Jornada

3/03/2019

Moral y Humanismo

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Moral y Humanismo 
(en la Cuarta Transformación de México)
Fernando Buen Abad Domínguez
Rebelión
Toda acción política lleva en sí la filosofía real, con sus contradicciones, de cada sistema en que se produce. En ella están los embriones de la historia y, algunas veces, de los pueblos que han desarrollado conciencia crítica de la realidad que los rodea y conciencia proactiva sobre las tareas que tienen ante sí para transformarla. En esos embriones se identifica la sustancia, en lucha, de la vida Moral que se requiere para una vida emancipada. No hay que tenerle miedo. Pero para algunos, lo deseable es negarle a la Moral todo espacio en el debate social. Les estorba porque los incomoda. No pocos tienden a la ridiculización negacionista y se esmeran en hacerse pasar por “seres superados” que prescinden de la Moral porque es “vieja”, “inútil”, “estorbosa” o “reaccionaria”. Pero el problema va muy por otro lado. 
Andrés Manuel López Obrador, convoca a la creación de una “Constitución Moral” que habrá de comportarse como una “una guía de valores” para incidir en las prácticas impulsoras de la “Cuarta Transformación de México”. Se trata de afirmar paradigmas de conducta nuevos, dinamizados por el pueblo mexicano a contrapelo del escenario macabro y del desgarramiento social dejados por el neoliberalismo. Es una iniciativa contra el horror de la pobreza, de la violencia y de la corrupción “naturalizados” por el sistema económico burgués que ha atacado salvajemente a un pueblo multicultural y lo ha sometido a las peores canalladas de la explotación. Lo ha deprimido y humillado, lo ha despojado de la educción, la salud, la vivienda y el trabajo y, además, lo ha aplastado con el alcoholismo, la drogadicción, el machismo… y la Guerra Mediática de los monopolios privados. La barbarie ideológica en su esplendor.
La idea de una “Constitución Moral”, basada en valores democráticos, laicos y republicanos, tiene desde su base el desafío de operar en el corazón de la lucha de clases, no como un paliativo cargado con “buenas intenciones”, sino como un programa político emancipador capaz de caracterizar, con toda precisión, las perversiones objetivas de la ideología de la clase dominante y sus expresiones concretas en el saqueo de la riquezas naturales y la riqueza producida por los trabajadores. Por eso los nuevos “Porfirio Días” ya actualizan la verborrea descalificadora (dicen que Moral es un árbol de moras) y se aprestan a ridiculizar el proyecto de López Obrador y su papel como movilización de valores y acciones que se convertirán en conciencia colectiva hacia una nueva etapa histórica, política, económica y anímica objetivada en la nuevas prácticas que recuperen lo mejor de nuestra historia pero, especialmente, consolide mejores patrones de conducta dignificante y emancipadora.
Todo eso implica arrebatarle a la oligarquía mexicana su control material y subjetivo sobre la clase trabajadora (obrera, campesina e indígena) y consolidar bases de la convivencia nacional sin opresores ni oprimidos, fortalecer la unidad de los mexicanos, redefinir el internacionalismo, reconocer la pluralidad de identidades y sus conflictos. La “Constitución Moral” requerirá un esfuerzo teórico y práctico para refundar la solidaridad y el respeto por las individualidades -con su  intimidad- sin perder de vista su ser social irrenunciable. Debe ser fuerza de conciencia para la acción contra la corrupción inherente al capitalismo… su violencia innata y la impunidad con que se ha desplegado a lo largo de toda su historia. Moral, pues, para la honestidad, para la paz y para la justicia social con respeto concreto por los derechos humanos y erradicación definitiva del abuso de autoridad. Una Moral de la igualdad. Por cierto, la defensa de los Derechos Humanos exige una base concreta con definiciones objetivas sobre la calidad de la vida Humana, con salud integral, ecosistemas limpios, justicia social, dignidad y felicidad honesta. Buen vivir para todos. No es un asunto de abstracciones filantrópicas en discursos demagógicos.
Con el nombre de “Constitución Moral” no cabe el método de la coerción con “leyes”, por eso es fundamental entenderlo como un movimiento político de raíces humanistas, no para imponer conductas o creencias de coyuntura, sino para elevar el nivel de la convivencia basada en principios de buena vida para todos, fortalecer los valores y rescatar nuestra identidad de clase y nuestras raíces como seres genéricos cooperativos.
México necesita rebelarse contra los valores y principios inoculados por el neoliberalismo pero también necesita liberarse de las lacras ideológicas que sobre la Moral se han fabricado en ciertas aulas y en algunas deformaciones burocráticas de la política. Dicho de otro modo liberarnos de la Moral conservadora que se impone comotediosa, pétrea y absoluta. México necesita abandonar todo escapismo filosófico y vincular el pensamiento Moral a la vida, no como una simple exigencia teórica o decorativa, sino un requerimiento práctico, exigido por las nuevas realidades de un país impactado por la movilización de masas que hizo de López Obrador su presidente. México necesita una Moral de nuevo género construida, esta vez, por sus luchas emancipadoras. 
Una Moral así, como motor del comportamiento social, necesita una filosofía humanista. Tal Moral naciente debe ser un motor  histórico, social y práctico, para dinamizar la naturaleza interior de un mundo que se transforma por la praxis como actividad humana, con su historia y sus contradicciones. La Moral también es un ser histórico, que se produce social y constantemente porque es el modo de comportarse de un ser que es histórico por naturaleza. Y la ética, como estudio científico de la Moral, sabe que la Moral cambia históricamente. 
No es inútil insistir. Contra todas las concepciones a-históricas que entienden a la Moral como algo dado para siempre, es necesario oponer su historicidad. La Moral cambia históricamente de acuerdo con el desarrollo social, precisamente, de ese carácter histórico se desprende la necesidad de exigirnos una “Constitución Moral” para una sociedad dispuesta a terminar con los estragos del neoliberalismo y su corrupción. “Constitución Moral” como fuerza de hábitos y costumbres de una relación colectiva libre y consciente. Pero esa “Constitución Moral” también debe ser fuerza para la crítica en política. Ser fuerza de anticipación donde el conocimiento sea crítica del “realismo político” y el conformismo que siembran ilusiones nocivas acerca de la posibilidad de realización de la justicia social y la eliminación de todas las opresiones.  Crítica, por eso, también, a la gestión gubernamental (incluso a las responsabilidades militares) al Estado burgués y a partir de ella, a las consecuencias que tiene para sus pueblos, y en general. para la humanidad. Una Moral en pie de lucha.

Dr. Fernando Buen Abad Domínguez
Director del Instituto de Cultura y Comunicación
y Centro Sean MacBride
Universidad Nacional de Lanús

11/16/2018

Exhorta López Obrador a crear una constitución moral



En redes sociales, López Obrador resaltó que es preferible que se debata en el Congreso una reforma a la Constitución para contar con una Guardia Nacional, que dependerá de la Secretaría de la Defensa Nacional, porque no quiero utilizar al Ejército y la Marina, como se ha venido haciendo, para labores de seguridad pública, si no están facultados para llevar a cabo estas funciones.
José Agustín Ortiz Pinchetti, uno de los integrantes del consejo asesor que trabaja en la elaboración de la constitución moral, señaló en entrevista previa que ésta será en apoyo del plan de pacificación y seguridad del próximo gobierno, pero no será un instrumento jurídico.
Evidentemente no será obligatoria, será producto de un gran consenso en el sentido de que es importante dar un vuelco en los aspecto éticos y espirituales en la vida interna de la sociedad mexicana, que debe reforzarse mediante un gran consenso sobre las cosas en las que creemos.
López Obrador, por su parte, señaló en un video que se convocará a los ciudadanos a elaborar la constitución moral en la idea de que no sólo de pan vive el hombre, o en la idea de (José) Martí, que nos decía que nos debe importar el bienestar material, pero también el del alma.
Resaltó que se puede avanzar en lo material, con la reactivación de la economía, pues habrá empleos, bienestar, pero necesitamos fortalecer los valores, de los cuales, dijo, hay gran reserva en México, que queremos exaltar, ponerlos por encima de todo para que de esta manera podamos llevar a cabo la cuarta transformación de la vida pública del país.
Al término de una reunión entre el presidente electo y el consejo asesor –conformado además por Jesús Ramírez, Verónica Velasco y Enrique Galván Ochoa–, Ortiz Pinchetti especificó que la convención se realizará dentro de seis meses, y expuso que el punto de arranque para la constitución moral es la cartilla de moral de Alfonso Reyes, publicada en 1944, definió como de gran consistencia interna que puede ser discutido y renovado.

Periódico La Jornada

11/04/2018

La moral, ¿debe permanecer al margen de la legalidad?


Miguel Ángel Porrúa*

Hay quienes consideran que lo moral, desde los puntos de vista social e individual, debe permanecer fuera de los ámbitos de la legalidad de una nación. La propuesta del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, para dotar a la nación de una Constitución moral no se contraponen con los principios del Estado de derecho, régimen bajo el que, afortunadamente, vivimos los mexicanos. El problema que enfrentamos, y éste es un hecho cierto, es que siendo un país de leyes, éstas no se cumplen a cabalidad: la corrupción, la violencia, la impunidad y la injusticia se perciben como una constante en la vida de los mexicanos.
La forma en que la Constitución moral se ha planteado conlleva la finalidad de contribuir al proceso de la llamada Cuarta transformación, brindando un conjunto de normas éticas y cívicas que permitan una convivencia en condiciones de vida digna. En otras palabras, que sean la pauta para recobrar el amor a la patria y, por supuesto, los elementos sustanciales del civismo y la vida republicana, las virtudes y valores que tanto en el hogar como en la escuela se deben fomentar.
En el ámbito de la conducta, los valores son aquellos principios que permiten a los seres humanos ser mejores personas. Son cualidades, convicciones y creencias que ayudan al individuo a encaminar su vida hacia la plenitud y autorrealización en el bien. Los valores cívicos son la base para vivir en colectividad, permiten regular nuestra conducta en orden para el bien común, asegurando la convivencia en armonía, y en la sociedad se cultivan al interior de las comunidades, preservándose como parte de su tradición y legado. Sin embargo, no todas las personas comprenden la importancia de este garante de ciudadanía, lo que trae consigo problemas o conflictos que provocan el rompimiento de las normas establecidas y en ocasiones trastocan el orden jurídico. Por ello es importante la educación y formación en valores cívicos que garanticen la paz social y destierren el individualismo generador de descontrol y desorden en las comunidades.
Creer en la honestidad, la igualdad, la libertad, la solidaridad, la tolerancia, la equidad y el respeto, así como honrar y respetar el entorno y privilegiar el diálogo, es parte de una estructura adecuada para el desarrollo de un pensamiento crítico y autónomo, abierto a un proceso de contrastación desde una buena voluntad de los diversos puntos de vista, de su entendimiento y aceptación, lo que es propio también de los valores cívicos como referentes del mejoramiento social.
Para poder definir cuáles son los valores cívicos es importante, primeramente, entender cuáles son los valores trascendentales, es decir, aquellos que van más allá de los límites de la vida misma, como el amor, la verdad, la bondad, la libertad, la paz y, entre otros, la felicidad. En cambio, las virtudes son disposiciones firmes y habituales hacia el bien, y permiten realizar actos buenos; por ello, implican que libre y voluntariamente se ha decidido hacer el bien.
Es importante establecer la diferencia entre virtudes y valores, ya que la mayoría de las veces éstos se confunden entre sí; las cuatro virtudes cardinales llevan a la plena realización del valor, éstas son: prudencia, justicia, fortaleza y templanza.
Por todo lo dicho, resulta absurdo que este instrumento de carácter moral que no pretende más que una convivencia cordial, pacífica y tolerante haya despertado críticas y burlas, y no dudamos que la idea de una Constitución moral no sólo sea justificable sino viable y necesaria.
Por otra parte, recordemos que en el mundo existen leyes que se rigen bajo los preceptos morales de una religión y se advierten en Estados-nación que no han hecho la legal separación entre Estado e Iglesia. Un claro ejemplo es el caso del Reino Unido: la Carta Magna británica considera algunos preceptos de esta doctrina en la redacción de sus artículos y la reina Isabel II no sólo es jefa de Estado, sino gobernadora suprema de la Iglesia anglicana de Inglaterra.
La Constitución moral de los mexicanos será redactada por expertos investigadores y especialistas en el tema, necesario será el incluir varias disciplinas, a fin de que contenga una estructura sólida que responda a los objetivos planteados.
* Librero-editor.

8/29/2018

Legalidad y constitución moral



Carlos Martínez García


El Estado debe hacer cumplir las leyes, normar las conciencias es asunto de otras instancias. Siempre será de beneficio público reforzar la construcción de virtudes cívicas, y en esto tiene parte importante el sistema escolar/educativo. Sin embargo, el recurso pedagógico que puede calar más hondo en quienes infringen las normas es que sus acciones no queden impunes.


La impunidad, ominoso legado de los regímenes de PRI y PAN, es un disolvente de la sociedad mexicana que causa graves daños a la ciudadanía y entre ella. Mientras al gobierno le toca cuidar que organizaciones de todo tipo y personas no hagan el mal que tiene consecuencias públicas, instar a realizar el bien es terreno de instituciones que forman conciencia de lo importante que es darse para servir a otros y otras. Debe haber consecuencias legales para quienes vulneran derechos de otros reconocidos en las leyes, pero no puede haber sanciones a quienes rehúsan colaborar en causas altruistas.

El sistema mexicano de procuración de justicia está hecho trizas. Reconstruirlo para que cumpla el cometido plasmado en la Constitución es uno de los mayores retos que enfrentará la presidencia de Andrés Manuel López Obrador (AMLO). El conjunto legal de un país necesariamente debe tener transformaciones, pero el principal déficit que tiene México no es jurídico, sino el abismo existente entre las leyes vigentes y el cumplimiento de las mismas. Y además con el agravante de que por décadas han sido los gobiernos en turno los que han pervertido el uso del aparato del Estado para horadar en su beneficio el sistema jurídico y judicial.

Ante el desastre que significa el alto nivel de impunidad que campea en México, cuyos principales beneficiados han sido la delincuencia organizada, así como los integrantes de la clase política y empresarial, es ineludible fortalecer aceleradamente el cumplimiento del marco legal por parte de las instancias del Estado encargadas de impartir justicia, o si no justicia, al menos velar por que el derecho a la legalidad no sea una quimera.

AMLO dio a conocer los integrantes de la comisión que redactará su prometida constitución moral. Los encargados deben, me parece, replantearse el nombre del documento. Como no podrá poseer el alcance obligatorio de una constitución o estatuto, de tener buen fin, es decir, llegar a ser escrita, podría llamarse cartilla o ideario. No puede ser constitución porque el pretendido documento no será prohijado por una asamblea constituyente, necesariamente plural, convocada y elegida para la tarea. Tampoco estatuto, porque, como bien observó ayer Luis Hernández Navarro, llamarle así sería una una contradicción, porque, según el diccionario de la RAE, un estatuto es la regla que tiene fuerza de ley para el gobierno de un cuerpo. Debido a esto y, en consonancia a que todo apunta a que concluirá en puntos declarativos de generalidades ético/morales, los comisionados habrán de abandonar la idea de bautizar como constitución lo que finalmente redacten. Para hacer más viable la convivencia entre gobierno y ciudadanía y entre ciudadano(a)s basta con hacer cumplir la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y, como dice el juramento, las leyes que de ella emanen.

Ahora el presidente electo quiere cristalizar lo que propuso desde la campaña de 2012. Entonces convocó a la construcción de una república amorosa y delineó sus fundamentos. En su escrito, López Obrador planteó la necesidad de una reconstrucción ética, nacida de convicciones morales abrevadas en muchas fuentes. A varias de éstas se refirió llamándolas reservas morales. La fuente a la que más recurrió en su escrito fue la Cartilla moral, de Alfonso Reyes.

La Cartilla de Reyes fue publicada en 1944. Inicia con una premisa: el ser humano “debe educarse para el bien. Esta educación, y las doctrinas en que ella se inspira constituyen la moral o ética […] Todas las religiones contienen también un cuerpo de preceptos morales, que coinciden en lo esencial. La moral de los pueblos civilizados está toda contenida en el cristianismo […] Podemos figurarnos la moral como una constitución no escrita, cuyos preceptos son de validez universal para todos los pueblos y para todos los hombres. Tales preceptos tienen por objeto asegurar el cumplimiento del bien, encaminando a este fin nuestra conducta”.

El diccionario de la RAE define cartilla como tratado breve y elemental de algún oficio o arte. En este sentido, el de Alfonso Reyes apunta hacia la internalización de principios para hacer posible la civilidad ciudadana. La fuerza de tal documento está en la persuasión, intentar mediante argumentos convencer a los lectores de adoptar determinadas conductas. El México contemporáneo es mucho más diverso que el de Reyes y lo que hace falta, más que una guía moral, es nada más, pero nada menos, hacer cumplir las leyes.

8/28/2018

La constitución moral



Luis Hernández Navarro


Andrés Manuel López Obrador dio el banderazo de salida a la redacción de una constitución moral. Para ello formó un grupo de cuatro personas, encargado de coordinar el trabajo para recoger ideas, opiniones y sentimientos para su elaboración.


La propuesta fue presentada originalmente durante la campaña electoral, en un acto con el Partido Encuentro Social. En la constitución moral –dijo el entonces candidato– deben incluirse principios y derechos de nuestro tiempo, conseguidos o por conseguir, como la no discriminación, la diversidad, el respeto a la diversidad, la pluralidad, el derecho a la libre manifestación de las ideas. Es­tos fundamentos deben tomarse en cuenta para poder hacer realidad una república amorosa.

Es comprensible que el futuro gobierno quiera moralizar la administración pública. La administración que concluye estuvo marcada por sonados escándalos de corrupción y frivolidad que ofendieron e indignaron a amplios sectores de la población. El triunfo electoral de López Obrador caminó de la mano de su imagen de político honesto capaz de poner fin a esta falta de decoro.

Las iniciativas de moralización no fueron inusuales en gobiernos anteriores. Ante las desvergüenzas y las corruptelas del periodo alemanista (1946-1952), el presidente Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958), en uno de los clásicos movimientos pendulares que caracterizan la política, propuso que los funcionarios y los empleados públicos procedan con la más absoluta honradez y así lograr la moral administrativa y pública de México. Para aterrizarlo formó Juntas de Mejoramiento Moral, Cívico y Material.

Algo similar sucedió años después con la descomposición y la suntuosidad, de la administración de José López Portillo (1976-1982). Su sucesor, el ­neoliberal Miguel de la Madrid, respondió con una supuesta cruzada contra la corrupción moral y metió a la cárcel al jefe policial Arturo Durazo. El resultado final de su iniciativa (como la de Ruiz Cortines) fue un absoluto fracaso.

El futuro presidente y la comisión re­dactora de la constitución moral han reconocido que su propuesta está ­inspirada en la Cartilla moral, de Alfonso Reyes, un texto elaborado por el literato mexicano a petición del entonces secretario de Educación Pública, Jaime Torres Bodet. En él se establece que la moral es una constitución no escrita con preceptos de validez universal.

La Cartilla moral fue redactada en 1944 en el contexto de la ofensiva del presidente Manuel Ávila Camacho en contra de la educación socialista, finalmente sustituida por la escuela del amor. En los hechos, nunca funcionó. La campaña de alfabetización para la que fue escrita como complemento se echó a caminar sin ella. En la historia de la educación en México es apenas una anécdota. En su voluminosa autobiografía, Torres Bodet apenas le dedica unas cuantas líneas. Esa es la importancia del documento. Que se le quiera revivir ahora es un absurdo.

¿Qué es la constitución moral? Jesús Ramírez Cuevas, coordinador de Comunicación Social del presidente electo y cabeza del equipo encargado de la redacción de la constitución moral, dijo: No es una ley que vaya a ser obedecida: se trata de un tratado de ética y de moral que llevara el nombre de Constitución. Consiste –añadió– en hacer un compendio de valores, ideas que puedan ayudar a la transformación desde la perspectiva de la moral y la ética. En otra entrevista señaló que la iniciativa la definió como un tratado filosófico que buscará replantear los valores sociales para constituir una sociedad incluyente, democrática.

Otro de los integrantes de la comisión para elaborar el documento, el periodista Enrique Galván Ochoa, explicó que “la idea de @lopezobrador es agrupar en un estatuto los valores que ya tenemos. Con la participación de la sociedad. No es una legislación coercitiva. Es un estatuto que agrupará valores éticos”. Una contradicción, porque, según el diccionario de la RAE, un estatuto es la regla que tiene fuerza de ley para el gobierno de un cuerpo.

Llamar constitución a lo que no es una constitución es un absurdo. Es como llamarle perro a un gato. La Constitución –afirma Alfonso Reyes en la Cartilla moral– es la ley de todas las demás leyes. Y las leyes están para cumplirse. Son de observancia obligatoria. No existe una legislación que no sea coercitiva. La moral y las leyes son cosas distintas. Como señala Luis Gómez Romero, estamos obligados a acatar el derecho, pero no a ser buenos. En nuestro corazón sólo manda la conciencia.

Es descabellado pretender elaborar desde el Estado un tratado filosófico o un tratado de ética y moral. No corresponde al Estado hacerlo. Es fundamental que combata la corrupción. Es comprensible que promueva un código de ética para los servidores, que impulse la enseñanza del civismo y el estudio de ética en la educación media superior. Pero es inadmisible que pretenda establecer lineamientos morales.

Twitter: @lhan55