El mundo se enfrenta a
una crisis humanitaria y sanitaria sin precedentes en el pasado siglo
en un contexto económico, social y ambiental ya adverso. Si bien la
historia registra antes el paso de grandes pandemias, ninguna irrumpió
en un mundo tan poblado ni tan interconectado y con un planeta
ambientalmente enfermo.
Hace cinco años el papa Francisco lanzó la encíclica Laudato si’,
donde aborda la degradación ambiental y el cambio climático. En ella,
llama a la acción rápida y unificada para cambiar la dirección de la
relación humana con su entorno que, si continúa así, acabará con la
humanidad misma.
Tras la emergencia sanitaria, nos enfrentaremos a la depresión
económica más grave en 120 años. La urgencia de reducir sus impactos ya
se está aduciendo para abandonar avances regulatorios y consideraciones
ambientales y climáticas que, si no se integran al centro de la
recuperación económica, empujarán a la región hacia efectos más
dramáticos y a mayor plazo que los del Covid-19.
La reanimación económica requerirá recursos y endeudamientos que
restarán capacidad de gasto público. La potencia de nuestros países para
responder a las crisis climáticas recurrentes y cada vez más intensas
se verá gravemente disminuida: sequías, inundaciones, huracanes,
pérdidas en la producción agrícola, pérdidas de energía y exposición a
un aumento de las pandemias, entre otras. Preocupa especialmente la
región del Caribe, que ya estaba previamente asediada por golpes tanto
climáticos como económicos, incluyendo un fuerte endeudamiento y una
alta exposición a desastres naturales. Por ello, es tan importante tomar
medidas de reactivación económica sostenibles y a prueba del clima, no las usuales.
La salida de la crisis de 2008 en la región vio programas muy
tradicionales, como estímulos a industrias altas en emisiones. Doce años
después, nos encontramos frente a la sexta extinción masiva, que
evidencia la interacción entre la crisis sanitaria y la del medio
ambiente.
La reorientación del desarrollo con otros sectores y políticas
coherentes tiene ahora importantes expresiones, como el Pacto Verde de
la Unión Europea, la Civilización Ecológica China, el Nuevo Pacto Verde
de Corea del Sur y las propuestas demócratas de Estados Unidos con su Green New Deal.
La recuperación debe ser distinta esta vez, basada en sectores
verdes, con un gran impulso a la sostenibilidad o de economía verde.
Estas inversiones alentarían la innovación, nuevos negocios y empleos
decentes, efectos positivos en la oferta y demanda agregada en las
economías de la región, superiores a los de sectores tradicionales de
infraestructura. El liderazgo político es clave para abordar
simultáneamente la crisis sanitaria, la económica y la climática, con
coraje y audacia, y el momento es ahora.
Es imperativo otorgar certidumbre a la inversión para la economía
sostenible con contextos coherentes, legislativos, regulatorios y de
política pública. Las áreas de mayor oportunidad para alcanzar la Agenda
2030 y la recuperación verde son, al menos, las de energías renovables y
eficiencia energética, transporte público y de última milla
electrificado, soluciones basadas en la naturaleza, restauración de
ecosistemas, ampliación de la infraestructura sanitaria básica y
producción de materiales bajos en carbono para la construcción.
Este crecimiento selectivo debe expresar un acuerdo social recogido
en política económica y regulatoria en favor de esos sectores, en
ascenso, y de desincentivo a los sectores en ocaso. Es necesario que los
flujos financieros apoyen la lucha contra el cambio climático y las
asociaciones con el sector privado.
La Agenda 2030, con su llamado a la universalidad y simultaneidad, al
igual que el Acuerdo de París, orientan el desarrollo en el sentido
correcto y para una recuperación verde. Si tomamos estas acciones,
América Latina y el Caribe saldrá reforzada de esta crisis y podremos
decir que fuimos responsables para con la casa común que, como dice la
encíclica, se nos ha confiado.
*Alicia Bárcena es secretaria ejecutiva de la Comisión Económica
para América Latina y el Caribe. Leo Heileman es director regional para
América Latina y el Caribe del Programa de la ONU para el Medio Ambiente
El Presidente ve signos de estabilidad y recuperación
▲ El presidente Andrés Manuel López Obrador emitió ayer un mensaje en
redes sociales en el que destacó que comenzará la recuperación de la
actividad industrial y mejorará el ingreso de las familias.
El presidente Andrés Manuel López Obrador señaló que la crisis económica mundial no nos agarró mal parados y tampoco nos tumbó del todo.
En un video grabado desde su casa en Palenque, Chiapas, agradeció a
grandes empresas por pagar adeudos al fisco y pidió que el esfuerzo para
sacar adelante a México sea de ricos y de pobres.
En un recuento, en medio de la pandemia por coronavirus, indicó que
la economía nacional muestra signos de recuperación. Enseguida habló del
comportamiento ejemplar y de dimensión social de las corporaciones como Walmart, Femsa e IBM.
El presidente viajó por tierra de la Ciudad de México a Chiapas, para
iniciar mañana una gira de trabajo en cinco estados del sur y sureste
del país, donde encabezará reuniones de seguridad y dará el banderazo
para la construcción de los primeros tramos del Tren Maya.
“Al término de la Jornada Nacional de Sana Distancia y ante el
ingreso a la nueva normalidad –dos momentos de control de la epidemia–,
el jefe del Ejecutivo retomará sus actividades públicas siguiendo los
protocolos de seguridad sanitaria establecidos por la Secretaría de
Salud”, informó la Presidencia.
Para procurar la propia salud, la de sus colaboradores y la
población, el Presidente viajó a Chiapas por carretera, añadió su
oficina.
A su vez, en el video difundido en sus redes sociales, López Obrador indicó que hay buenas noticias para el país a
pesar de que se cayó la economía mundial por esta pandemia y también
por su nivel de fragilidad, ya el modelo neoliberal, como lo he dicho en
otras ocasiones, está en franca decadencia.
Entonces se cae la economía mundial, nos afecta a nosotros, afecta
a todos los países del mundo, pero a nosotros afortunadamente no nos
agarró mal parados, no nos tumbó del todo y ahí vamos, poco a poco,
recuperándonos en lo económico, destacó.
Al referir datos de Bloomberg, explicó que la variación del tipo de
cambio respecto al dólar es de 8.9 por ciento, del 30 de noviembre de
2018 al 29 de mayo de 2020.
El dólar se encuentra en 22.20 pesos, luego de que en semanas
anteriores se superó la línea de los 25 pesos por moneda estadunidense, pero ya vamos recuperándonos poco a poco.
También se refirió al precio del petróleo, el cual pasó de cero a 28 dólares con 91 centavos, casi 30 dólares por barril.
Otro dato que es muy alentador, aludió el mandatario, es el de la
recaudación tributaria, concepto que pasó de un billón 673 mil millones a
un billón 777 mil millones, durante el periodo enero-mayo de 2020,
respecto al mismo lapso del año anterior.
¿Por qué no se nos ha caído afortunadamente la recaudación? Porque
se están cobrando deudas que tenían algunas empresas, corporativos y
esto nos ha permitido tener ingresos para fortalecer la hacienda pública, indicó.
Walmart pagó 8 mil 79 millones depesos; Femsa, 8 mil 790 millones de
pesos e IBM de México se puso al corriente con 669 millones de pesos,
detalló.
El Presidente agradeció a los directivos de estas corporaciones por
aceptar la convocatoria, hacer valer el estado de derecho y eliminar
privilegios. Y esto afortunadamente se ha ido entendiendo como un comportamiento ejemplar; están demostrando que tienen dimensión social, ponderó.
Algunos expertos y periodistas insisten en comparar la crisis económica provocada por la pandemia de Covid-19 con la gran recesión de 1929-32. Sin embargo, se trata de dos fenómenos por entero diferentes.
En aquel entonces se produjo una sobreproducción que llevó a la caída generalizada de precios porque gran parte de las mercancías no se podían realizar en el mercado, es decir, vender. En consecuencia, la producción cayó. Sus efectos se prolongaron hasta 1938 y quizás después.
El crack de Wall Street (martes negro) no fue el inicio de la crisis, como algunos siguen creyendo, sino una de sus consecuencias con el derrumbe de precios de las acciones, las cuales se habían usado a menudo como garantías de préstamos bancarios para comprar las mismas. Luego, quebraron también muchos bancos al dejar de tener precio los valores bursátiles recibidos como avales y, además, aquellas acciones que tenían en propiedad como parte del nuevo capitalismo financiero: industria y banca fusionadas. Las carteras vencidas eran la inmensa mayoría.
Llegó un momento en que el sistema de pagos estaba casi a diario al borde de desaparecer. Los precios agrícolas se desplomaron en 60%, lo que hacía para muchos incosteable producir. La deflación alcanzó un 25% en toda la economía. La producción industrial se redujo entre el 60 y el 80%. La producción total bajó en un 30%. El comercio internacional disminuyó 50%. El desempleo llegó en EU al 33%. Los aranceles subieron. Las exportaciones mexicanas pasaron de 274 mdd en 1929 a 96.5 en 1932.
La crisis actual no tiene expresión propiamente financiera. Esos mercados gozan de razonable salud por más que hayan "perdido valor" durante algunos días consecutivos. El problema es el de un enorme parón de la producción, el comercio y los servicios que abarca las actividades que se consideraron no esenciales, en especial la industria.
El desempleo formal que vivimos bajo la crisis de Covid-19 ha sido provocado por la decisión de muchos patrones de despedir a una parte de sus trabajadores como parte del cálculo de la situación nueva que vendrá cuando se reanude el trabajo. En la zona informal es generado por el cierre forzado de pequeños establecimientos o la ausencia de suficientes compradores. Esto quiere decir que, en el momento en que se reanude la producción y el comercio, una parte de los puestos de trabajo cancelados se podrán recuperar, aunque sólo en la medida en que las industrias vayan restableciendo sus anteriores niveles de producción y los comerciantes y prestadores de servicios recuperen su clientela. Pero esto no lo podemos medir antes de tiempo ya que estamos en una situación nunca antes vivida.
Las empresas de todo tamaño requieren crédito para sostenerse hoy y reanudar mañana. La banca privada y la estatal tienen suficiente liquidez para atender la demanda de dinero. Las moras pueden ser manejables. El Banco de México ha abierto un amplio programa para que los mecanismos del crédito cuenten con el respaldo suficiente con intereses moderados, menores que los predominantes en el mercado.
El gobierno se está encargando de ofrecer pequeños créditos a la palabra a quienes no tienen acceso a la banca. Esa es la parte que se puede atender solamente desde el presupuesto de egresos. Creo que habría también que brindar ayudas gubernamentales a trabajadores formales e informales en paro efectivo porque en México no existe un sistema de seguro de separación o de desempleo. Algo de esto último ya se está haciendo en algunos lugares.
El pronóstico de que la crisis de la pandemia agregará en México 10 millones de pobres y 6 más en extrema pobreza quizá sea producto de un cálculo sobre el posible comportamiento del Producto Interno Bruto. Sin embargo, la correlación entre éste y la pobreza es algo que se seguirá discutiendo porque no existe una regularidad que resuelva el punto. No hay duda de que el PIB decrecerá pero eso no significa que automáticamente y en semejante medida se va a profundizar la pobreza y/o aumentar el número de pobres. El cálculo de la cantidad de personas que no son consideradas en pobreza y que pasarán a esa categoría, así como el de pobres que serán arrojados al extremo no es un asunto de aplicación de fórmulas porque existe la política social.
A la luz del primer trimestre del año es aún imposible calcular la caída exacta que tendrá el PIB en 2020. Abril y mayo han sido el momento del mayor parón económico en el país, pero esa situación no se mantendrá idéntica durante el tercer trimestre del año (julio, agosto y septiembre) ni menos durante el cuarto. La capacidad de recuperación de la planta productiva que ha sido llevada al paro es una incógnita porque no conocemos otra crisis como la actual.
En realidad, lo que se sabe sin discusión es que habrá un decrecimiento del producto y un aumento del desempleo (AMLO lo estima ya en un millón), pero no parece que el nivel de precios vaya a modificarse, cuestión esencial en cualquier pronóstico sobre pobreza monetaria.
Las crisis de los años ochenta del siglo XX, en el marco del colapso de la deuda externa y de la caída del precio del crudo, cortaron de golpe el crecimiento económico de México. El PIB se redujo una y otra vez, de tal forma que decreció en promedio durante la década. Hoy, nadie parece ser responsable de esos desastres. Pero era el PRI.
En 1994, la sobrevaluación del peso con un esquema de deuda indexada al dólar (tesobonos), decidida en gran medida por motivos políticos, es decir, una especie de economía pendida de hilos imaginarios, inventada por Carlos Salinas dentro de su proyecto transexenal, trajo como consecuencia una crisis de dimensiones criminales.
El Efecto Tequila de 1995 que provocó un oleaje internacional, llamado en México "el error de diciembre" (del año anterior) para exculpar al autor y justificar al operador (así era la prensa en México), condujo al país a una especie de ruina. La producción disminuyó casi el 7% en ese año, la banca privada colapsó, la devaluación del peso alteró todos los parámetros, la inflación se hizo galopante, las tasas de interés se revolucionaron, el desempleo se profundizó, los salarios reales cayeron aún más y México acabó bajo los inicuos términos fijados por los acreedores.
Como corolario, se le impuso al país desde el gobierno zedillista una nueva deuda de cien mil millones de dólares sólo para salvar a la banca privada y a los deudores de la misma (Fobaproa), la cual sigue devengando intereses que se pagan a través del presupuesto federal.
Era otra vez el PRI, pero Ernesto Zedillo (el entonces recién investido presidente) pretende ahora decidir lo que se debe hacer. Sus amigos periodistas están en lo mismo, aunque parezca increíble.
En 2009 el PIB disminuyó también casi 7 puntos de golpe, a pesar de que el gobierno panista, con operadores financieros priistas, había pronosticado un simple "catarro" frente a la pulmonía que se esperaba en Estados Unidos. Felipe Calderón es uno más de aquellos neoliberales que ahora pretenden dar lecciones.
Muchos de los críticos del gobierno actual, los inconformes de que no haya subsidios a los ricos ni condonaciones fiscales, incluidos intelectuales que no son capitalistas pero piensan peor, estaban en aquellas funestas crisis bastante tranquilos y se les veía muy cerca de los círculos oficiales.
La crisis económica del Covid-19 no durará tanto como la de los treinta del siglo XX ni como el efecto tequila ("el error") o la más reciente del colapso financiero, gran operativo del crimen organizado de Wall Street. Pero su superación no será cosa sencilla en México debido al conflicto político.
Los líderes empresariales se han dedicado a exigir el cumplimiento de su pliego petitorio de ayudas gubernamentales mientras la intelectualidad conservadora defiende los esquemas neoliberales que han fracasado en el mundo. Los partidos de oposición se han convertido en corifeos de aquellos y, ante la falta de propuestas propias, se dedican a tratar de bloquear todo.
Ninguna fuerza al margen de la 4T apoya el golpe de timón nacional de la nueva política económica y social. Se ha acortado extremadamente el terreno de las alianzas políticas en las que se pudieran incluirse a las izquierdas. El diálogo mismo, aunque fuera ritual, está casi interrumpido a la espera de una reanudación tan incierta como el curso de la economía.
Por lo pronto, se acusa desde el conservadurismo a López Obrador de buscar lo que él mismo está diciendo: un cambio mayúsculo en el cual no tengan lugar ni puedan regresar los esquemas neoliberales. Se afirma, nomás por decir algo duro, que la democracia está en peligro, como si ésta consistiera en el predominio de minorías rapaces que han usado al Estado para enriquecimientos ilícitos.
La confrontación política se aprecia hasta en materia epidemiológica, en la que improvisados "especialistas" critican lo que dicen los médicos encargados de gestionar la emergencia sanitaria.
Encima de todo, la prensa maledicente del gobierno se ofende y protesta porque se le ataca, sin admitir que cualquiera puede ser criticado como lo es el jefe del Estado. La república es el espacio de la igualdad política de todos sus miembros, las ciudadanas y los ciudadanos. No hay fueros ni privilegios. Lo que debería ser motivo de moderación moral son las falsas noticias (mentiras, se decía antes) que hoy parecen ser materia de competencia entre difusores.
Por primera vez desde 1988 hay que ver la crisis económica como momento de confrontación política directa. En aquel año eran los conservadores haciendo fraude electoral a un movimiento democrático de ruptura contra el neoliberalismo encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas. En los años 2019-20 es la ruptura democrática contra el neoliberalismo encabezada desde el gobierno del país por Andrés Manuel López Obrador.
Los conservadores (muchos son reaccionarios en toda forma) no van a ser convencidos porque no les conviene serlo. Aunque han transcurrido más de 30 años, los bandos siguen siendo básicamente los mismos, casi no se mueven, aunque la correlación de fuerzas y el emplazamiento de cada uno de ellos es por completo diferente. Aquí nada será a muerte: esta lucha no tiene caducidad, es diaria.
Anticipa pérdida de entre 800 mil y 1.4 millones de empleos
El país atraviesa por un choque exógeno
La actividad económica en el mundo se enfrenta a una contracción generalizada muy profunda
y en este escenario México se enfila a una de las mayores caídas desde
que existe registro. Según el Banco de México (BdeM), este año la
economía nacional puede resentir un retroceso de 8.8 por ciento del
producto interno bruto (PIB) y la pérdida hasta de un millón 400 mil
empleos formales, una destrucción de plazas sin precedente.
El gobernador del BdeM, Alejandro Díaz de León Carrillo reconoció: Estamos en una contracción generalizada y profunda en la actividad económica, no sólo en nuestro país, sino en el mundo.
En conferencia de prensa para presentar el informe enero-marzo de 2020, Díaz de León dijo: no hay duda de la gravedad que estamos enfrentando en esta situacióninédita.
La caída en el PIB se extendería a 2021, con una contracción de 0.5
por ciento, que contrasta con la expectativa de crecimiento de entre 1.1
y 2.1 por ciento del informe trimestral previo.
El funcionario explicó que la economía atraviesa por un choque exógeno
en la actividad económica y el ciclo financiero, por lo que la
recuperación va a depender de cuánto dura el impacto del distanciamiento
social derivado de la pandemia del Covid-19.
En la medida en que no se pierdan más empleos, actividad
productiva y éstas puedan mantener y sobrellevar esta emergencia
estaremos en una mejor posición para una recuperación más ágil, confió.
La profunda incertidumbre a la que está sujeta la economía global y
las diferentes trayectorias que podría presentar la pandemia del
Covid-19 ocasionaron que, en un hecho sin precedente, el banco central
presentara en su informe tres escenarios posibles para la economía
mexicana. Usualmente publica un intervalo en el que espera que se mueva
la variación del PIB.
Al primero de los escenarios lo calificó de tipo V, en el cual
después de la caída de este año se observaría un rebote en 2021, con
una contracción de 4.6 por ciento en 2020 y recuperación de 4 por ciento
en 2021; el segundo, tipo V profunda, en el cual se observaría
una caída de 8.8 por ciento en 2020, para luego crecer 4.1 por ciento en
2021, y el tercer escenario, tipo U profunda, con una caída de 8.3 por ciento en 2020 y una contracción de 0.5 por ciento en 2021.
La evolución de la pandemia tanto a escala global como nacional
genera un alto grado de incertidumbre para cualquier proyección de la
actividad económica de México, indicó el banco central.
El rango de los tres escenarios propuestos por el BdeM, marca que el
producto interno bruto (PIB) caerá en 2020 entre 4.1 y 8.8 por ciento,
nivel que contrasta con las expectativas del periodo octubre- diciembre
de 2019 que fijaba una expectativa de crecimiento de entre 0.5 y 1.5 por
ciento.
Las tres previsiones tienen una diferencia entre escenarios de más de 4 puntos porcentuales tanto en 2020 como en 2021. Ello
representa la profunda incertidumbre a la que está sujeta la economía y
las diferentes trayectorias que podría presentar el PIB, explicó el BdeM.
Alejandro Díaz de León describió: Hemos optado por esta estrategia
porque no tenemos elementos probabilísticos para poder inferir, de una
manera estadística y con base en el pasado, algún tipo de modelo.
Jonathan Heath, subgobernador del BdeM, al comentar sobre la actual
política gubernamental de tratar de evitar un mayor endeudamiento, dijo,
que muchos países están apostando a endeudarse más a corto plazo, pero
después van a tener un dolor de cabeza mayor al tratar de resolver sus problemas fiscales; el actual gobierno trata de lidiar con la recuperación sin tomar esa vía.
Recordó episodios, como el de la crisis de 1982, la cual ocasionó que
México perdiera una década para resolver el problema de la deuda.
El banco central indicó que la incertidumbre en torno a las
previsiones de crecimiento se traduce, a su vez, en dudas respecto de
las expectativas para la variación del número de puestos de trabajo
registrados en el IMSS.
Con base en los escenarios del BdeM se presenta un rango de posibles
resultados en el empleo. Así, en 2020 podría observarse una variación
negativa de entre un millón 400 y 800 mil puestos de trabajo, en tanto
que para 2021 se podría presentar una pérdida de 200 mil plazas o la
creación de 400 mil puestos de trabajo.
México se adelantó al derrumbe del modelo neoliberal
precipitado por el coronavirus y el plan de reactivación económica
anunciado el domingo permitirá al país enfrentar inclusive una recesión
mundial, sostuvo el presidente Andrés Manuel López Obrador.
Incluso, consideró que la vía mexicana será modelo para que
otros países puedan recuperar su actividad económica y refirió que en la
conversación que tuvo la semana pasada con el presidente de la empresa
Black Rock, Larry Fink, habló de su propuesta de rescate a los países en vías de desarrollo, una especie de Plan Marshall, pero lamentó que no hay ningún pronunciamiento de ayuda, de apoyo, de parte del Fondo Monetario Internacional o del Banco Mundial.
Ante las críticas emitidas por el alcance de su plan, López Obrador afirmó que el dilema al que se enfrentó fue optar
entre inconvenientes. ¿A quién ayudamos? ¿Quién lo necesita más? El
rescate es a los olvidados. Ya al que le fue bien puede salir adelante.
Agregó que si bien escuchará a los empresarios, la estrategia se
limita a lo que ya explicó el domingo. “Los más condescendientes afirman
‘bueno, el Presidente dio a conocer los lineamientos generales, pero ya
en esta semana el secretario de Hacienda (Arturo Herrera) va a
puntualizar, a desglosar las medidas, vienen otras medidas’. No, ya”.
–¿Son medidas que no se mueven? –le insistió una reportera.
–Es esto. Solamente que objetivamente no funcionara, pero no nos adelantemos, no descalifiquemos –respondió.
Rechazó referirse a la advertencia de empresarios de que podrían darse despidos por falta de apoyos a la iniciativa privada. Hasta ahora no ha habido despidos masivos.
–Pero se prevén, Presidente –le comentaron.
–Sí, pero vamos a esperarnos. ¿Por qué nos adelantamos? ¿Por qué no somos optimistas?
Evaluó que la gente a la que va dirigida su política sí la entenderá,
no así “los especialistas, porque están acostumbrados a otras acciones,
se quedaron en el almanaque, quieren las recetas del periodo neoliberal
y esas, ya dijimos, no se aplicarán porque no resuelven el problema; al
contrario, lo agravan y sólo profundizan la corrupción.
“Por eso algunos dicen: ‘¿Dónde está el plan para reactivar la
economía?’, porque lo que quieren es un banderazo de salida para de
nuevo instaurar la corrupción en México y eso no”.
Reiteró que se otorgarán programas sociales a 22 millones de
personas, generar 2 millones de empleos, contratar 200 mil personas más
para el programa Sembrando Vida, dar créditos de nómina para la
burocracia, la construcción de 50 mil viviendas más, 500 mil préstamos
de 25 mil pesos a pequeñas empresas del sector formal e igual número del
informal.
Ciudad de México.-Para superar la
crisis económica derivada de la pandemia del COVID-19 los países podrían
desarrollar políticas de reactivación económica centradas en el crecimiento
inclusivo, la inclusión social y la sostenibilidad ambiental e implementar
medidas de alivio fiscal para personas en condiciones de vulnerabilidad como
mujeres, adultas mayores y trabajadoras informales.
De acuerdo con la nota técnica “Los impactos socio-económicos
del COVID-19 y las desigualdades de género. Recomendaciones y
lineamientos de políticas públicas”, elaborada por el Área de Género del
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para América
Latina y el Caribe, para enfrentar la crisis socioeconómica derivada de
la pandemia, se necesita una política fiscal “activa género responsiva”.
El documento, elaborado a partir de recomendaciones realizadas por el
PNUD y otras agencias de Naciones Unidas, explicó que la experiencia en
otros brotes epidemiológicos como el virus del ébola EVD4, el Zika, el
MERS, el SARS o el AH1N15, muestran que las personas en mayor situación
de vulnerabilidad son quienes resultan más afectadas, como personas
adultas mayores o con discapacidad, familias en situación de pobreza o
con alto riesgo de recaer en la pobreza y en general quienes trabajan
por cuenta propia o en actividades informales y sin protección social.
Se estima, explicó la nota técnica del PNUD, que la crisis del COVID-19
disparará una recesión económica aún más profunda que la crisis
financiera de 2008. La desaceleración global de la economía situará la
tasa de crecimiento anual del PIB por debajo del 2.5 por ciento, con un
potencial estimado de afectación del ingreso a nivel global de al menos 1
billón de dólares. De acuerdo con la Comisión Económica para América
Latina y el Caribe (Cepal), en un escenario conservador, América Latina y
el Caribe crecerá a una tasa negativa de -1.8 por ciento.
La
desaceleración de la economía impactará los ingresos y el empleo de las
personas, particularmente de mujeres y aquellas en situación de
vulnerabilidad, por ello el organismo recomendó que las políticas para
responder a esta realidad deben incorporar el enfoque de género, pues la
pobreza también tiene esta dimensión.
Por ejemplo, en
2017 el índice de feminidad de los hogares en situación de pobreza era de 113
mujeres por cada 100 hombres y el de pobreza extrema era de 116 mujeres por
cada 100 hombres, según la Cepal.
La Organización Internacional del Trabajo destaca que 54.3 por ciento de las
mujeres en la región trabajan en condiciones de informalidad y en el caso de
las y los jóvenes, la situación es más apremiante ya que la informalidad afecta
al menos a 60 por ciento, una condición que implica bajas remuneraciones,
condiciones laborales precarias y nula protección social.
En este contexto, el PNUD mencionó que una política fiscal “activa género
responsiva”: empieza por que el Estado clasifique la propiedad y tamaño de
las empresas para identificar las micros, pequeñas y medianas empresas que son
propiedad de mujeres, y que los apoyos respondan a sus necesidades
particulares.
Entre las medidas recomendadas está activar subsidios, transferencias u otros
apoyos económicos directos o vía descuento fiscal a sectores afectados,
priorizando aquellos que garanticen el abastecimiento interno y la generación
de empleo. Otro ejemplo, es implementar el control de precios de la canasta
básica alimentaria, así como de insumos de salud masivos (cubrebocas, alcohol
en gel y desinfectantes) para responder al COVID-19.
Entre las medidas de alivio fiscal para personas y familias se encuentran:
ampliar los plazos para pagar contribuciones a la seguridad social e
implementar pagos diferidos o escalonados de impuestos para las y los
trabajadores por cuenta propia y para personas que hayan perdido su empleo, que
hayan reducido su jornada de trabajo o les hayan suspendido temporalmente el
contrato.
Las medidas propuestas por la agencia de Naciones Unidas también incluyen
ampliar las políticas de protección social, transferencias de recursos,
subsidios y pensiones a la población en mayor nivel de vulnerabilidad, como
personas adultas mayores, trabajadoras informales, trabajadoras del hogar y
familias en situación de pobreza; así como medidas dirigidas al mantenimiento
del empleo como proponer jornadas reducidas, vacaciones pagadas y otros
subsidios.
Las mujeres en situación de pobreza, explicó, se verán más afectadas, no
solamente por el trabajo de cuidados y la pérdida de ingresos si están en la
informalidad, sino por las propias condiciones de infraestructura en sus
hogares, barrios y comunidades.
Por esta razón, otras recomendaciones son la suspensión de pagos de servicios
esenciales como energía eléctrica, gas y agua, a familias y grupos de alta
vulnerabilidad; o bien, congelar las tarifas y precios del suministro de estos
servicios básicos, realizar la reconexión si fueron suspendidos o ampliar la
cobertura en zonas de concentración de alta vulnerabilidad. También propone que
los gobiernos prohíban cortes en el suministro de estos servicios esenciales,
aún cuando haya falta de pago por los mismos.
¡Esto ya se jodió!, dicen pequeños comerciantes que resienten la crisis
Aunque ahora sí la disposición va en serio, y ya está
vigente la emergencia sanitaria con el apremiante llamado a permanecer
en casa y guardar distancia para evitar los contagios por coronavirus,
los contrastes citadinos, por la conducta de la gente y la zona
económica que se vea, todavía ayer eran notables.
Así, por las calles del Centro Histórico el perfil era de un día casi
normal en avenidas como Madero, Corregidora, Palma, Donceles y otras:
mucha gente, por supuesto sin protección y la mayoría de los comercios
abiertos. Chavos en plena chacota, pregoneros de todo género, la compra
en el medio mayoreo para la reventa en abonos… lo acostumbrado, pues.
Aunque es ya perceptible la ausencia de turistas, el capitalino que
se aventuró a llegar hasta ahí en muchos casos seguía viendo raro y
hasta con sorna a quienes llevaban gel y cubrebocas por elemental
conciencia y que por obligaciones laborales transitaban esas mismas
calles.
Además, sea por fama, renombre o ubicación –más allá de sabor y
precio–, los numerosos puestos de tacos callejeros de las colonias
populares despachaban si acaso sólo con un poco –pero siempre
amontonada– menos clientela.
Los parados habituales, sus clientes: oficinistas, secretarias,
operarios, cargadores, chalanes, comerciantes en pequeño, mecánicos de
los rumbos populosos en las distintas alcaldías no se arredraban. Total,
ya para entonces habían desayunado temprano tamales en un espacio
similar.
Porque así son los hábitos, las necesidades o las órdenes, sobre todo las del bolsillo.
La diferencia
En contraste, en los supermercados de la zona de
Interlomas, los pedidos por teléfono se multiplican (total, que se
expongan otros) y también se lleva al extremo la costumbre de mandar a
choferes y empleadas domésticas (uniformadas) para encargarse de la
despensa y cubrir sofisticadas pautas: me da 17 rebanadas de pechuga de pavo (marca) muy delgaditas, pero que no se rompan.
Esto, mientras en otro pasillo de ese higienizado lugar –donde en el
piso hay marcas azules para delimitar distancias, se ofrece gel y
disculpas por la falta de algunos productos– dos empleadas comentan cómo
se guardan los cuidados en la Ciudad de México para evitar el contagio
de Covid-19, mientras ayer me habló mi hijo del pueblo para decirme que allá la vida sigue como si nada, dice con algo de escepticismo una de ellas.
Cada quien su historia
Para Alberto Mosqueda, dueño de un cibercafé en la
colonia Guerrero, a sus 44 años y frente al panorama de desolación en un
local con el cual ha mantenido a su familia durante 15 años, no hay de
otra: un mes completo sí lo aguanto. Después no lo sé.
Dice que sus pocos ahorros le permitirían cubrir por ese tiempo la
renta del local y los servicios de Internet, teléfono y luz. Pero si la
suspensión de actividades se extiende, no la voy a librar.
A Alberto, un día normal de trabajo –con venta también de artículos
de papelería– le deja unos mil pesos, sobre todo entre semana, pues a
unas calles está una oficina de expedición de pasaportes. Pero apenas
hace un par de semanas la clientela prácticamente se esfumó y, con
aquella, sus ganancias. Estoy sacando apenas 100 pesos o, cuando bien me va, 200, acepta lacónico.
Además, admite que esta situación lo tomó desprevenido, sin plan B, y
que cuando se enteró y quiso acogerse al programa del gobierno
capitalino para pequeños emprendedores y obtener un préstamo de 10 mil
pesos a pagar en cuatro meses y sin intereses, se sintió momentáneamente
animado.
Pero ayer que empezó la tramitología fue un desmadre. ¡Pinche
gobierno! Lo hace muy difícil. Fueron horas para subir los documentos a
la página web, y al final no me dieron el folio de registro. Ahora me
escribieron y me dicen que tengo que hacerlo por correo electrónico.
Pero ni modo. Todo sea para que nos den la lana, cierra con, todavía, un atisbo de buen ánimo.
Para donde se voltee hay un episodio así. Se trabaje por un salario o por cuenta propia.
En los centros comerciales el panorama tenía el mismo tinte
desolador. Ya con la inédita información de que cerrarán por un mes
(salvo los bancos y supermercados), algunos empleados y elementos de
vigilancia trataban de dejar todo lo mejor resguardado posible.
Todavía algunos se atrevieron a abrir sus puertas para compradores
inexistentes, y en uno de los recorridos la voz al teléfono de la
encargada de una tienda de decoración era todo un editorial: ¡Esto ya se jodió!
En sólo 20 días inversionistas extranjeros retiraron 321 mil 388
millones de pesos que tenían en bonos gubernamentales que se negocian en
el mercado financiero nacional, muestran datos oficiales. El primer
caso detectado del nuevo coronavirus en México, el 27 de febrero, fue el
punto de inflexión para un éxodo de recursos que mantenía una tendencia
al alza hasta el pasado día 18, de acuerdo con los datos más
actualizados del Banco de México (BdeM).
El saldo de deuda en manos de inversionistas foráneos es de 2
billones 84 mil 928 millones de pesos, equivalentes a 8.5 por ciento del
producto interno bruto (PIB). Esta suma no sólo representa la cifra más
baja de inversión de extranjeros en valores gubernamentales en lo que
va de 2020, sino casi seis años (desde el 28 de mayo de 2014), según
registros históricos del banco central.
La salida de recursos de economías emergentes durante marzo ha
superado los niveles de la crisis financiera de 2008-2009, reportó el
Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés).
En una consulta previa y con datos sólo hasta el 6 de marzo, el
economista Jonathan Fortun Vargas, del IIF, explicó que México habría
recibido los capitales que salieron de Asia cuando ésta era epicentro de
la pandemia.
Los registros del BdeM reflejan que hasta el 26 de febrero anterior
la inversión de extranjeros en deuda del gobierno mexicano alcanzó su
nivel más alto desde el 30 de enero de 2015. Sumó en ese mes 2 billones
406 mil 317 millones de pesos, equivalentes a 9.8 por ciento del PIB,
pero un día después comenzó a caer y así se mantuvo hasta el 18 de
marzo.
La salida de capitales sumada a la incertidumbre generada por la
pandemia han resultado en que del primero de enero al pasado día 23 el
peso mexicano haya perdido 25 por ciento de su valor y se ubique como la
moneda de mercados emergentes más afectada por la situación, expuso la
calificadora de riesgo Standard & Poor’s (S&P).
La velocidad de salida de economías emergentes no tiene precedente,
aseguró. Según la firma de riesgo, la incertidumbre sobre qué tan
profundo y amplio será el impacto de la pandemia en la economía global y
en las cadenas de suministro motivaron la salida de estos activos.
Por debajo de México están Rusia, Brasil , Sudáfrica, Colombia, Indonesia y Chile. El
virus ya no es sólo un impacto indirecto. El fuerte aumento de casos
confirmados en toda la región está provocando prohibiciones de viaje,
medidas de distanciamiento social y cierres de fábricas, indicó S&P.
En México, la calificadora consignó el decrecimiento de 0.1 por
ciento en 2019, prevé una contracción de 2.5 para el año en curso y
expansiones de 2.2 y 1.8 por ciento para 2021 y 2022, respectivamente.
Esperamos que la actividad económica comience a recuperarse hacia
finales de 2020 y hasta 2021. Sin embargo, los errores de política y el
fracaso para mitigar la propagación del virus podrían retrasar la
recuperación esperada, enfatizó en un comentario para todas las economías emergentes.
Pide no cerrar fronteras por políticas
arancelarias
La ONU debe controlar compraventa de medicinas y equipos
Debe darse atención especial a los pobres
▲ El presidente Andrés Manuel López Obrador, acompañado por el
subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, y el canciller Marcelo
Ebrard, en conferencia de prensa en Palacio Nacional.
El presidente Andrés Manuel López Obrador pidió a los
jefes de Estado de las grandes potencias una tregua económica con el fin
de estabilizar los mercados financieros afectados por la pandemia de
Covid-19. Planteó que no haya cierre de fronteras por políticas
arancelarias unilaterales, que no prevalezcan los monopolios comerciales
ni se utilice el precio del petróleo para afectar la economía de los pueblos, y cerrarle el paso a la especulación financiera.
Durante su intervención en la cumbre extraordinaria del Grupo de los
20 (G-20), que se realizó ayer se por videoconferencia, planteó que la
Organización de las Naciones Unidas (ONU) controle el mercado de
medicamentos y equipos, porque hay escasez y, al mismo tiempo, están siendo acaparados por los que tienen más posibilidad económica. También se pronunció en contra de la discriminación y el racismo.
Subrayó que la ONU debe intervenir con el propósito de que no haya especulación
en la adquisición de todo lo que se requiere en materia sanitaria,
incluidos ventiladores para atender a enfermos de coronavirus, porque
–precisó más tarde en su conferencia de prensa– tiene que darse un trato igualitario a los países, además de un trato humanitario, no especulativo, no lucrativo.
Al preguntarle sobre la escasez de ventiladores en México, López Obrador respondió que hay una
gran demanda que rebasó, y aquí lo comenté, porque el presidente (de
Estados Unidos, Donald) Trump habló de las compras (de equipo médico por
parte de su gobierno) por miles de millones de dólares. Por eso mi
intervención.
Indicó que en México se cuenta con ventiladores, pero no hablamos
nada más por nosotros, hablamos por todos, aprovechando que están los
jefes de Estado de las 20 economías más fuertes del mundo.
En su intervención en la cumbre del G-20, que duró unos siete minutos, expresó su solidaridad con los pueblos del mundo que están padeciendo por esta pandemia,
y propuso para la recuperación económica dar atención especial a los
pobres, a las microempresas familiares y a quienes viven de la economía
informal, por ser de los más afectados.
La crisis provocada por el coronavirus nos está dejando lecciones importantes, agregó, y es fundamental apoyarse en médicos y científicos, porque “los políticos no somos todólogos, necesitamos de la asesoría de los especialistas para no cometer errores”.
Acompañado por los secretarios de Relaciones Exteriores, Marcelo
Ebrard, y de Hacienda, Arturo Herrera, así como por los subsecretarios
de Promoción y Prevención de la Salud, Hugo López-Gatell, y de la SRE,
Julián Ventura, consideró fundamental, como se ha llevado a cabo en México, contar con el apoyo de los pueblos, porque la crisis de salud pública no se resuelve solo en los hospitales, se resuelve en nuestros hogares.
Destacó a la familia como institución fundamental, que en México
ayuda a cuidar a los más vulnerables: adultos mayores, enfermos con
padecimientos crónicos y embarazadas. Contamos en nuestros hogares con millones de enfermeros.
Ánimo, vamos a vencer con la fraternidad universal, dijo al
final de su intervención a los líderes del mundo que, por primera vez,
en medio de la contingencia sanitaria, se reunieron con el fin de tener
una respuesta coordinada frente a la pandemia.
El mandatario mexicano consideró que podría haber otra reunión del
G-20. Mientras, cancilleres y ministros de Hacienda mantienen
comunicación permanente.
Por su parte, Marcelo Ebrard llamó a establecer un compromiso común
de las grandes potencias para la recuperación económica mundial, porque
el daño “va a ser inmenso y desigual… Es ahora o nunca, no podemos
pensar que haya un orden mejor en el ámbito global si hoy no podemos con
esta pandemia y no hay solidaridad”.
Subrayó que se tiene que garantizar a todos los países el acceso a
medicamentos, equipo, sobre todo ventiladores, y a las vacunas, cuando
llegue el momento. “Por ahí un jefe de Estado dijo, ‘a lo mejor nos va a
llevar un año, quizá un poco menos’”.
Podemos llegar a un arreglo internacional, pero hay que sentar las bases en las próximas horas.
En medio de la difícil
coyuntura internacional y nacional que enfrentamos, la serenidad de las
sociedades es un factor primordial para minimizar los impactos de la
pandemia global de Covid-19, tanto sobre la salud pública como en las
economías.
Es claro que hasta ahora una y otras han sufrido afectaciones
considerables que tenderán a extenderse y ahondarse a medida que la
epidemia avance hacia nuevas fases.
Durante semanas o meses habrá un incremento de los contagios en las
naciones que, como la nuestra, aún pasan por etapas tempranas del
fenómeno –un proceso que se da por sentado, con base en el
comportamiento típico en la expansión global de virus nuevos– y resulta
imperativo que la población llegue a esa fase con información precisa,
rigurosa y puntual, tanto para minimizar la transmisión del coronavirus
como para evitar oleadas de temor que empeorarían de manera obligada la
peligrosidad del padecimiento.
Algo similar ocurre en los ámbitos financieros, en los que proliferan
las malas noticias y en los que la incertidumbre pueden provocar
estragos aún mayores a los ya generados por el brusco frenazo de las
economías, derivado de las medidas de contención de la pandemia.
Tales estragos quedaron claramente ilustrados ayer por la caída
generalizada de las bolsas de valores en el mundo –uno de los casos más
graves, el índice Dow Jones, de la bolsa de Nueva York, perdió 9.8 por
ciento en la jornada– y, en México, por el desplome de la moneda
nacional, que llegó a cotizarse en 23 unidades por dólar.
En estas condiciones, la desinformación y los rumores suelen
traducirse en estampidas de pánico que no hacen sino agudizar la
inestabilidad en los mercados y, en consecuencia, magnifican los
impactos dañinos al conjunto de la economía y retrasan su reactivación.
En tales circunstancias resulta ineludible reflexionar sobre la
enorme responsabilidad que recae en medios, informadores, usuarios de
redes sociales, instancias públicas ajenas al sector salud,
organizaciones civiles y entidades empresariales.
Todos estos actores pueden desempeñar un papel crucial en la
construcción, el fortalecimiento y la socialización de nociones precisas
y claras y de incidir así en comportamientos colectivos razonables y
sensatos; en contraste, la difusión de noticias falsas o no verificadas,
rumores y descalificaciones sin sentido ni fundamento se traduce
obligadamente en una degradación de la capacidad nacional para hacer
frente a la pandemia y, a final de cuentas, en una mayor vulnerabilidad e
incluso en un incremento de la mortalidad asociada al Covid-19.
Es de lógica y ética fundamentales, pues, informar con
responsabilidad, precisión y mesura, ceñirse a los mensajes e
indicaciones de las autoridades sanitarias y abstenerse de introducir
factores discordantes que dificulten la necesaria coordinación en la
respuesta nacional ante el desafío del coronavirus.
Todo parece indicar que esta epidemia representa una ocasión ideal para justificar la recesión económica capitalista que se acerca
El nuevo coronavirus (SARS-Cov-2) tiene muchas caras. La faceta relacionada con la salud lleva semanas siendo minuciosamente examinada, o mejor dicho escrutada, por los medios de comunicación. Desde la última semana de enero hasta el momento de escribir este texto, el 9 de marzo, el coronavirus ha infectado de forma reconocida a más de 114.000 personas en más de 100 países, ha causado la muerte de más de 4.000 individuos, y es más que probable que varios miles de fallecimientos más engrosen la cuenta en las próximas semanas o meses en lo que ya se prevé será una pandemia.
Sin lugar a dudas, es un problema de salud serio, pero no el más importante, tal vez ni siquiera el más urgente. Un ejemplo de ello es la tasa de letalidad, estimada en un 3,4%, lo que se puede comparar con el 11% en el caso del SARS (síndrome respiratorio agudo grave) o el 34% del MERS (síndrome respiratorio del Oriente Medio). Pensemos además que cada día mueren en promedio en España más de 1.100 personas de causas muy diversas, y que la gripe común causa anualmente en nuestro país entre 6.000 y 15.000 muertes. No sabemos cuánta gente está infectada por el coronavirus, pero parece muy probable que un elevado porcentaje de casos pase desapercibido, con una sintomatología inadvertida o no registrada, lo que implicaría que la tasa de letalidad real sería bastante menor de la registrada hasta el momento.
Ello no significa, sin embargo, que el coronavirus no sea un tema de salud relevante o incluso preocupante.
En primer lugar, la mortalidad generada por el COVID-19 en los grupos de edad más avanzados o en las personas con patología previas es alta (cerca del 15% en mayores de 80 años) y su morbilidad y afectación general de salud puede ser importante.
En segundo lugar, tiene una elevada contagiosidad, lo que genera un problema de salud pública destacado en muchos países y potencialmente para todos. China, Corea del Sur, Japón, Irán e Italia son hasta el momento los más afectados. Y, aunque el riesgo de mortalidad sea bajo, dado que el potencial número de afectados podría llegar a ser muy elevado, esto podría llegar a implicar un recuento total de muertes muy alto.
Y tercero, el impacto de la epidemia sobre el sistema sanitario puede ser muy relevante por razones diversas: el periodo de incubación en que las personas son contagiosas es de cinco días; el número de casos es exponencial; un porcentaje elevado requerirá hospitalización bien sea por su situación clínica, vigilancia o aislamiento; los pacientes deberán estar aislados hasta que dejen de ser contagiosos, lo que requiere de afinados sistemas de cribado, un elevado volumen de procesamiento de muestras en centros de referencia, y una gobernanza integrada de decisiones clínicas y salud pública para identificar los pacientes cribados, puestos en cuarentena y si esta debe hacerse en domicilio o en un centro hospitalario.
Además, una parte importante del trabajo de muchos profesionales sanitarios españoles se está destinando al abordaje de la emergencia en curso. A ello se añade que el personal sanitario es el colectivo más expuesto y a la vez el que mayor riesgo alberga de contagiar a individuos particularmente vulnerables frente a la infección, por lo que la sobrecarga es doble.
Las sociedades científicas de diferentes especialidades médicas han realizado protocolos conjuntos y documentos informativos muy valiosos. Sin embargo, la complejidad y el coste asociados a estas medidas excepcionales son altos y suponen un elevado estrés para el sistema sanitario, que se traduce en un no menospreciable riesgo de desborde o incluso colapso si los hospitales actúan durante un periodo prolongado como principal frente de contención de la epidemia.
Por último, es también motivo para la preocupación la probabilidad de que, al menos a corto plazo, se trate de una epidemia “recurrente” que pueda repetirse cada año. Parece probable que el SARS-CoV-2 haya llegado para quedarse, y que permanezca entre los virus que habitualmente afectan a la humanidad como ocurrió con la gripe A.
Además, pueden aparecer epidemias de origen similar al coronavirus actual o incluso mucho más graves que podrían generar una pandemia con una mortalidad global mucho mayor. No hay olvidar que la causa del actual brote epidémico –y de otros previos como el SARS-CoV en 2002, la gripe aviar (H5N1) en 2003, la gripe porcina (H1N1) en 2009, el MERS-CoV en 2012, el ébola en 2013 o el Zyka (ZIKV) en 2015)– radica, en gran medida, en la compleja transmisión a través de animales relacionada con el desarrollo de una agricultura y avicultura intensivas y de un creciente mercado y consumo de animales salvajes y exóticos. A ello se une la capacidad actual de extensión de epidemias debido a la falta de higiene y recursos adecuados invertidos en salud pública, la densidad urbana, y la globalización turística, entre otros factores[1].
La globalización ha transformado la relación entre humanos y virus, donde lo local es global y lo global es local. Y muchos países no tienen sistemas de salud pública efectivos para hacer frente a los retos que se plantean, ni existe tampoco un sistema de salud pública global apropiado[2].
En todo caso, la mayoría de los países con recursos sanitarios públicos efectivos y que han aplicado medidas drásticas, como China, donde la ciudad de Wuhan, con 11 millones de habitantes, en la región de Hubei (58 millones), lleva desde finales de enero en una cuarentena draconiana, o Japón que ha cerrado colegios durante semanas, o Italia y España que progresivamente están ampliando el territorio de control y contención del coronavirus, deberán ser capaces de contener la epidemia en un tiempo relativamente breve, evitando así que el impacto en la salud colectiva se agrave con el paso del tiempo.
Una situación bien diferente puede ocurrir en muchos países pobres, con sistemas sanitarios muy débiles y con determinantes sociales de la salud muy deficientes (pobreza, hacinamiento urbano, sistemas de agua residuales defectuosos o inexistentes, negligencia de la industria farmacéutica, sistemas de salud pública débiles, dietas alimentarias deficientes, etc). Es el caso de muchos países africanos, donde el riesgo de que la epidemia cause daños muy notables o incluso extremos es elevado.
Pero si el problema de salud pública no es necesariamente tan extremadamente alarmante como se presenta en los medios, ¿por qué entonces se trata a esta epidemia como una cuestión que merece una atención casi exclusiva y con un seguimiento a tiempo real? El COVID-19 no es sólo un problema de salud global, sino también un problema con otras caras interconectadas de tipo económico, ecológico y social. Estas lo convierten, de hecho, en un problema sistémico y político sobre el que conviene reflexionar.
Desde el punto de vista económico, según numerosos analistas, consultoras o auditoras como Deloitte, el FMI, o la OCDE[3], la epidemia ha contribuido a frenar la economía generando un menor crecimiento y un descenso en la producción, comercio, consumo, turismo y transporte, o incluso la caída de las bolsas. Las fábricas y negocios cierran; millones de personas no realizan sus viajes habituales; se promueve el teletrabajo, la videoconferencia o la posibilidad de una mayor producción local para proteger las cadenas de suministro; amén de una fuerte subida en los precios de productos como los geles desinfectantes o las mascarillas. En una economía tan interdependiente, caótica y frágil como el capitalismo, donde la incertidumbre, la especulación y la constante búsqueda del beneficio son esenciales, las complejas consecuencias sistémicas futuras son una incógnita, pero todo apunta a la posibilidad de una cercana y grave recesión económica.
Desde el punto de vista ecológico, estrechamente conectado con la economía, el frenazo económico ha reducido el consumo de combustibles fósiles, la emisión de CO2 y la contaminación del aire. Por ejemplo, en China se ha reducido el consumo de petróleo notablemente y las emisiones de gases en un 25%. Lo mismo ocurrirá en otros muchos países.
El impacto de la epidemia del coronavirus puede parecer paradójico: sus evidentes efectos negativos en la salud, la sociedad y la economía, a corto plazo, son beneficiosos para la crisis climática y ecológica, y tal vez también para la salud, a medio plazo. Como en toda crisis económica, al frenar la actividad industrial y el transporte se reducen la mortalidad y morbilidad asociados a accidentes laborales, de tráfico, a la contaminación ambiental, etc.
Esa aparente paradoja queda despejada cuando se comprende que la lógica de crecimiento exponencial y muchos de los desarrollos característicos del capitalismo son altamente perjudiciales para la homeostasis del planeta y el desarrollo social y, por tanto, para la salud colectiva.
Desde el punto de vista social, estamos ante una epidemia de pánico, cuyo origen podemos rastrear en algunas de sus características esenciales: no es una epidemia altamente letal pero es nueva y de un origen aún no del todo esclarecido; no podemos predecir su evolución, lo que crea una gran incertidumbre; no existe un tratamiento ni vacuna efectivos; se ha extendido con rapidez en los países más ricos del planeta y, seguramente, en todo tipo de clases sociales; los medios de comunicación y las redes sociales han magnificado su impacto entre una población que mayoritariamente siente fobia al riesgo; la epidemia es una oportunidad para degradar y aislar a China, al tiempo que localmente se generan respuestas racistas y xenófobas.
Pero, además, la crisis del COVID-19 plantea dos asuntos adicionales de importancia. Por un lado, el imprescindible papel de los gobiernos, los servicios y la investigación pública para controlar de forma coordinada tanto la epidemia en sí como una probable ‘epidemia de autoritarismo’, visible en China con medidas de vigilancia y control extremas para detectar casos de infección inadvertidos y la aplicación de medidas restrictivas poco transparentes, cuando no directamente represivas. La falta de claridad en la información difundida se refleja también en unos medios ciegos de inmediatez, atados al poder de grandes corporaciones, que buscan audiencia mediante el impacto inmediato emocional y el entretenimiento, y que son incapaces de transmitir un diagnóstico crítico y sistémico de lo que ocurre.
En segundo lugar, la actual ‘epidemia mediática’ del coronavirus representa un coste de oportunidad, en un sentido bien conocido por muchos políticos: cuando no se quiere hablar de un tema que molesta se distrae la atención hablando de otro.[4] Ejemplos de ello son los ataques de Clinton en Sudán y Afganistán para tapar su affaire con Monica Lewinsky, o la la puesta en libertad por Berlusconi de políticos con cargos de corrupción el mismo día que Italia se clasificó para la final de la copa del mundo de fútbol. Al hablar casi exclusivamente del coronavirus durante tantas semanas no hablamos de otros problemas mucho más graves que pasan desapercibidos. Como ha señalado el filósofo Santiago Alba Rico: “Desde que existe el Covid-19 ya no ocurre nada. Ya no hay infartos ni dengue ni cáncer ni otras gripes ni bombardeos ni refugiados ni terrorismo ni nada. Ya no hay, desde luego, cambio climático”. O también el economista Fernando Luengo al decir que ya no se habla del “elevado endeudamiento de las corporaciones privadas no financieras, el cordón umbilical que une la política de los bancos centrales a las grandes entidades bancarias y corporaciones”, o “el aumento de la desigualdad, la represión salarial”, ni tampoco del drama de “las personas refugiadas en Lesbos, aplastadas por la policía griega y la extrema derecha”, o “los asesinatos de mujeres”. Ni desde luego tampoco se habla de la atroz crisis ecológica que vivimos, que pone en peligro la vida en el planeta y la propia existencia de la humanidad, o de la precarización laboral masiva que padecen miles de millones de personas en el mundo, incluso las investigadoras italianas de la Universidad de Milán y el Hospital Sacco que aislaron la cepa del coronavirus.
El COVID-19 es un detonador complejo de la crisis sistémica del capitalismo, en la que todos los factores anteriores están fuertemente interconectados, sin que se puedan separar entre sí. Todo parece indicar que esta epidemia puede representar una ocasión ideal para justificar la crisis económica capitalista que parece estar acercándose[5]. El miedo produce una brusca caída de la demanda, que baja el precio del petróleo, lo que revierte en la emergencia de una crisis anunciada hasta este momento. Muy probablemente el coronavirus no es el único responsable de las caídas en las bolsas, como se dice, ni de una economía capitalista desacelerada, con las ganancias de las corporaciones y la inversión industrial estancadas, sino que es la chispa de una crisis económica pospuesta donde la mala salud de la economía es muy anterior a la epidemia.
Como han señalado diversos economistas críticos, como Alejandro Nadal, Eric Toussaint o Michael Roberts[6], aunque los mercados bursátiles son imprevisibles, todos los factores de una nueva crisis financiera están presentes desde al menos 2017. El coronavirus sería tan solo la chispa de una explosión financiera pero no su principal causa[7]. Además, no debe menospreciarse el papel de los gigantes accionistas (fondos de inversión como BlackRock y Vanguard, grandes bancos, empresas industriales, y megamillonarios) en la desestabilización bursátil vivida en las últimas semanas. Estos agentes recogerían así los beneficios de los últimos años y evitarían pérdidas, invirtiendo en los más seguros aunque menos rentables títulos de deuda pública, y exigiendo a los gobiernos que una vez más echen mano de los recursos públicos para paliar pérdidas económicas.
La propaganda de los grandes grupos económicos y mediáticos oculta la realidad e impide comprender adecuadamente lo que está ocurriendo. Transformar la compleja estructura social de un tren sin frenos, como el capitalismo, requiere imaginar una sociedad distinta y realizar un cambio radical con políticas globales sistémicas en ecología, economía y salud, que diseñen y experimenten formas alternativas de vida en un modelo productivo y de consumo más justo, homeostático, simple y saludable. Un primer paso necesario es no engañarnos con las informaciones incompletas, emocionales o tóxicas del relato mediático hegemónico del coronavirus y tratar de comprender la crisis sistémica que oculta.
––––––––––
Joan Benach es profesor, investigador y salubrista (Grup Recerca Desigualtats en Salut, Greds-Emconet, UPF, JHU-UPF Public Policy Center), GinTrans2 (Grupo de Investigación Transdisciplinar sobre Transiciones Socioecológicas (UAM).
Notas
[1] Se produce mediante una reacción en cadena, con una retroalimentación positiva de desastres, que es común en países pobres. Ver: Mike Davis. El Monstruo llama a nuestra puerta. [Traducción de María Julia Bertomeu con prólogo de Antoni Domènech]. Barcelona, Viejo Topo, 2006.
[2] Idem.
[3] La OCDE advierte sobre la posibilidad de que el Covid-19 reduzca a la mitad el crecimiento económico mundial de 2020 que podría pasar del 2,9% al 1,5 del PIB. Ver: Michael Roberts. Coronavirus, deuda y recesión. Sin Permiso.
[4] Ver por ejemplo: Christenson DP Kriner DL. Mobilizing the public against the president: Congress and the political costs of unilateral action.American Journal of Political Science 2017; 61(4):769-785; Djourelova, M and R Durante (2019), Media Attention and Strategic Timing in Politics: Evidence from US Presidential Executive Orders, CEPR Discussion Paper 13961; Durante R, Zhuravskaya E. Attack when the world is not watching? US media and the Israeli-Palestinian conflict. Journal of Political Economy 2018;126(3):1085-1133.
[5] Dado que esta recesión no está causada por una falta de demanda sino de oferta (pérdida de producción, inversión y comercio), las soluciones keynesianas y monetaristas no funcionarán. La causa principal del estancamiento es la disminución de la rentabilidad del capital. La enorme deuda, particularmente en el sector corporativo, es una receta para un colapso grave si la rentabilidad del capital se redujera drásticamente. La epidemia acaba por fragilizar un sistema financiero que tiene el potencial de desencadenar una nueva crisis de deuda que podría llevar al colapso de empresas y el mundo financiero. Ver: Michael Roberts. Coronavirus, deuda y recesión.Sin Permiso.
[7] Antes de la aparición del nuevo coronavirus ya se habían manifestado indicadores inquietantes en la economía mundial como la inversión de la curva de rendimientos (los rendimientos de títulos de más corto plazo superan a los de títulos de largo plazo), lo que es un indicio de lo mal que están las expectativas de los inversionistas. Un ejemplo de este tipo de distorsión son las distintas evaluaciones convencionales de los últimos trimestres en el mercado de valores que revelan cómo se ha abaratado dicho mercado en relación con el rendimiento de los bonos de 30 años. Y ese no es un fenómeno nuevo: la inversión de la curva de rendimientos en los mercados europeos lleva años y en los últimos viene aproximándose a niveles récord. Ver: Alejandro Nadal. Tasa de interés: ¿vacuna contra el coronavirus?. Sin permiso.
Los ciclos y crisis en el
capitalismo pueden suceder de manera irregular. Esto es parte del
movimiento anómalo de una economía que es intrínsecamente inestable. La
gran crisis de 2008 fue resultado de ese tipo de procesos. Y para sacar a
flote a una economía que ha caído en el desequilibrio se necesita
inyectarle liquidez en buenas cantidades. Por ejemplo, las medidas de
política de flexibilidad monetaria aplicadas por la Reserva Federal se
hicieron sentir antes de la crisis y sus efectos especulativos
comenzaron a difundirse por toda la economía desde 2009-2010. Cantidades
astronómicas pasaron a fondos de pensión y departamentos de tesorería
de grandes corporaciones, en donde sirvieron para aceitar la
especulación a escala mundial. Pero lo que sí no hicieron fue promover
la inversión y el empleo.
El proceso de recuperación ha sido muy publicitado, pero la realidad
es que si por recuperación se entiende un periodo más o menos prolongado
de crecimiento, pues eso sí se ha manifestado. Pero, otro lado, si ese
crecimiento ha sido muy lento y la creación de empleos ha sido débil,
entonces la recuperación puede caracterizarse como una larga recesión.
Aun antes de que se desatara esta gran recesión, era evidente que los
esquemas de flexibilidad cuantitativa en materia de política monetaria
no estaban funcionando como fomento de la economía real. Lo único que
habían logrado era promover la recompra de acciones, las operaciones de carry trade,
en la que las grandes corporaciones llevaron la especulación a todos
los confines de la tierra, en territorios en los que prevalecían menores
rendimientos.
Frente a este panorama de fragilidad, con una economía estadunidense
perezosa, creadora de empleos de mala calidad, una Europa reticente y
unas economías china e india cayendo en recesión, el fantasma de una
guerra comercial con todas sus implicaciones, unos desequilibrios muy
marcados en toda la economía mundial y el espectro de una crisis
mundial, se manifiesta con mayor claridad. Y frente a la amenaza
generalizada de una recesión que se cierne sobre la economía mundial,
las cosas se confunden. Y lo primero que hay que observar con claridad
es el prospecto de una crisis que se intensifica. El nuevo coronavirus
promueve que la gente permanezca en sus hogares y evite viajar,
recortando la demanda de transporte aéreo y servicios de hotelería de
manera significativa. Los recortes de producción en China y otros
lugares han perturbado las cadenas de valor. Este proceso, a su vez, ha
detonado un flujo constante de avisos de alarma sobre cómo afectará el
ya tristemente célebre virus al resto de la economía.
Por el lado de la economía estadunidense, entre más dure la pandemia y
más intensos sean los esfuerzos para contrarrestarla –aunque por el
momento la situación sigue siendo muy incierta porque hay muchos sitios
afectados y gran cantidad de gente ha sido perjudicada–, la gravedad de
la situación no ha podido ser evaluada con precisión.
Para una economía que ya se encontraba en fase de semiestancamiento,
la situación se ha complicado mucho. Para comenzar, con China todo
depende de la velocidad con que se pueda controlar la epidemia mundial,
las perspectivas para frenarla y el proceso de restricciones masivas y
cuarentenas nunca vistas. Ese país está sufriendo su primera contracción
económica desde 1971 y las consecuencias se dejarán sentir en toda la
economía global. Si estos procedimientos no funcionan, la recesión será
inevitable.
Varios analistas predicen caídas de 2 y hasta 3 por ciento en el PIB
mundial si la recesión se declara y se extiende más tiempo. Pero que
nadie se deje engañar en este contexto. Los temblores que se vienen
pronosticando están presentes desde hace meses y los remedios que
supuestamente estaban diseñados para aplacar el dolor los han
intensificado. Las contradicciones del capitalismo se ha dejado sentir
desde la crisis de 2008 y los remedios no constituyen la superación de
estos problemas. De todos modos, los más los vulnerables frente a la
crisis de la pandemia siguen siendo los más pobres y explotados por el
sistema capitalista. Bajo el capitalismo, ésta seguirá siendo la
historia y el signo de los explotados de la tierra.
El país tiene finanzas sanas y un fondo de 150 mil millones de pesos para estabilizar el presupuesto
▲ Vamos resistiendo porque tenemos finanzas públicas sanas, no se gastó
más de lo que tenemos de ingresos ni se endeudó al país, sostuvo el
presidente Andrés Manuel López Obrador en la conferencia matutina en
Palacio Nacional.
México está blindado ante el desplome de los
mercados financieros por la caída en los precios del petróleo y el
coronavirus, aseguró el presidente Andrés Manuel López Obrador. Sostuvo
que el país tiene finanzas públicas sanas y, en caso de requerirlo, se
cuenta con un fondo de 150 mil millones de pesos para estabilizar el
presupuesto.
Afirmó que el peso resistió al hundimiento mundial de las bolsas de
valores y precisó que el monto de las reservas creció en unos 10 mil 500
millones de dólares, al pasar de 173 mil millones, al inicio del
gobierno, a 184 mil millones.
Ahí vamos resistiendo; nos ayuda que tenemos finanzas públicas
sanas, porque logramos blindarnos: no se gastó más de lo que tenemos de
ingresos, no se endeudó al país, por primera vez no creció la deuda
pública, al contrario, poquito, pero bajó, señaló en su conferencia de prensa matutina.
Un día después del derrumbe de los mercados en el mundo, por los temores fundados e infundados
acerca del coronavirus y las diferencias que se están generando por la
producción de petróleo entre Rusia y Arabia Saudita, López Obrador
subrayó: Tenemos condiciones para resistir y confió en que el peso recuperará su fortaleza.
Desde temprana hora, cuando públicamente dio instrucciones al
secretario de Hacienda, Arturo Herrera, de que por la tarde informara
sobre la situación económica nacional, el Presidente apuntó que el fondo
para estabilizar el presupuesto público –de 150 mil millones de pesos–
se utilizará en caso de que tuviésemos problema de ingresos.
Pero, agregó, resistió nuestro peso el lunes, que fue un
mal día porque se afectaron todas las bolsas del mundo, se cayó todo el
sistema financiero, todas las monedas se depreciaron y la nuestra
resistió. Yo espero, que se vaya fortaleciendo el peso hacia adelante.
La economía está empantanada, a consecuencia de una caída
en la inversión y el gasto público. Ambos efectos, internos, se han
gestado con el cambio de administración, coincidieron especialistas.
La víspera, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi)
publicó los datos revisados del producto interno bruto (PIB) al tercer
trimestre de 2019, mismos que dieron pie a una jornada en la que se
debatió si la economía mexicana entró en recesión técnica, al haber
sumado tres trimestres con variaciones negativas.
Y es que hay tres formas de presentar los datos: el primero, la
variación trimestral. Entre julio y septiembre de 2019 el PIB no
registró cambio respecto de abril-junio, desempeño de cero por ciento;
pero los tres trimestres anteriores (de octubre de 2018 a junio de 2019)
la economía se contrajo 0.1 por ciento en cada periodo.
El segundo es la comparación anual. Se confrontan los datos de julio a
septiembre de este año con los mismos meses de 2018. En el tercer
trimestre de 2019, el PIB registró una caída de 0.2 por ciento, siendo
el dato negativo más alto desde la crisis financiera de 2009.
Por último, las cifras acumuladas de enero a septiembre, que exhiben
una economía con crecimiento de cero por ciento frente a los mismos
nueve meses de 2018.
En todos los escenarios, lo única opinión homogénea es que la economía está estancada. Decretar que hay recesión o no es
una discusión un poco absurda, como fue la celebración del Presidente
cuando en el segundo trimestre los datos sugerían que la economía había
crecido 0.08 por ciento, manifestó Raúl Feliz, investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas.
Si estamos viviendo una recesión o un empantanamiento es discutible,
sostuvo. Ello, porque las contracciones de finales de 2018 y los
primeros seis meses de este año están tan cerca de cero que hasta ahora
sólo reflejan que la economía se paró.
Explicó que una recesión implica un caída generalizada de la mayoría
de las variables y en gran parte del territorio. Por el momento, en el
país sólo se han desplomado la inversión y el gasto público, mientras
las exportaciones crecen, lo mismo que el consumo –que es casi 70 por
ciento de la economía–. El empleo se mantiene.
Hay cambio de reglas. Las que estaban podrían ser corruptas,
ineficientes y malas, pero eran las que ya conocían. Súbitamente, al
cambiarse, que además no se han definido cuáles son, hay incertidumbre
al respecto, comentó.
Sus declaraciones coinciden con las de Carlos Ramírez, investigador
de Integralia, quien dice que la contracción del último trimestre de
2018 tiene origen en la decisión de cancelar, a finales de octubre, el
aeropuerto de Texcoco.
Ramírez consideró que no hay ninguna duda de que se cumple en estricto sentido técnico lo que es una recesión,
pero el dato más importante, a su parecer, es el estancamiento y que
desde 1995 la situación económica viene de las políticas internas y no
del contexto internacional.
Carlos Vázquez, investigador de deuda en el Centro de Investigación
Económica y Presupuestaria, detalló que los datos que difundió el Inegi
no apuntan a una contracción en los términos del Buró Nacional de
Investigación Económica de Estados Unidos, que implicarían industria,
comercio y consumo en números rojos.
No está cayendo toda la actividad económica en su conjunto. Sólo la industria. Añadió que todo ello está asociado, en particular, con la caída de la construcción. Si
tu sector más importante está congelado, en espera de mayor
certidumbre, vas a tener frenada toda la inversión para otros sectores.