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3/26/2020

Andrés Manuel tiene razón


Salvador Camarena

Este miércoles cambió mi óptica sobre los viajes, las giras y los actos de las últimas semanas del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Antes de ayer, creía que en esta crisis él trataba de mandar un mensaje de normalidad a la población en un intento por sostener la economía lo más posible.

También llegué a tener la hipótesis de que él cree que no se puede dar el lujo de asustar prematura o innecesariamente a la población. Pero ayer di con la clave. Creo.

El martes me fui en la bicicleta a recorrer algunas calles de la capital que han ido cambiando, dramáticamente, de piel: banquetas que han perdido transeúntes, parques solitarios, cafés y restaurantes de clientela en mínimos históricos y, por supuesto, muchos locales comerciales cerrados por aquí y por allá.

En @salcamarena puse varios videos de esos recorridos.

El miércoles quise visitar el Metro. Polanco luce vacío, sin oficinistas ni el turismo habitual. La Roma y la Condesa resisten un poco el apagón semidecretado por el gobierno local, pero igualmente parecen la sombra de la normalidad relajada que desde hace años caracteriza a ambas colonias. Pero desde hace medio siglo pocas cosas definen mejor la vida en Ciudad de México como el Metro capitalino.

Hice un recorrido corto, y por muchas estaciones que no necesariamente reflejan la parte más concurrida, o popular, de nuestro Metro. Fui de Chapultepec a Barranca del Muerto, con trasbordo en la caótica Tacubaya.

Y ahí se hizo la luz. López Obrador no está loco. No es un necio emberrinchado. O quizá un poco sí, pero no necesariamente por insistir en sus giras y apapachos en medio de la contingencia por el Covid-19.

AMLO sabe que en el Metro, y en miles de colonias y pueblos del país, Susana Distancia es una quimera, para decirlo en términos muy leves. Susana es una nada.

Con su bien probado instinto político, López Obrador sabe que él no podía, menos aún hace un par de semanas, ponerse gel cada cinco minutos ni distanciarse de la gente. Porque sabe que muchos de los que le votaron, muchos de los que le siguen teniendo fe, no pueden hacerle espacio a Susana Distancia porque simplemente en el Metro, o en el micro, no cabe la señorita esa que se supone que debe estar entre todos nosotros para que dejemos metro y medio de distancia. Ja. Metro y medio en Tacubaya debe valer tanto como un metro y medio en Rubén Darío o Campos Elíseos.

A las 8:30 horas el Metro iba atestado. No en sus peores formas, como se ve en Pantitlán, por ejemplo. Pero lo suficientemente lleno para tocarnos hombro con hombro todo el tiempo en un trayecto de unos 20 minutos.

Si el tabasqueño se refugiaba desde el viernes 13 de marzo en su despacho, si se alejaba a su alcoba presidencial, si se volvía invisible dentro de la pandemia, los suyos de tanto pueblo, ranchería y colonia popular se lo reclamarían.

Esto no es una defensa de la irresponsabilidad. Nadie bendice los besos y abrazos que reparte, contra toda instrucción médica, el titular del Ejecutivo en sus mítines y giras.

Pero si algún sentido tiene que vaya a seguir en sus giras, aunque ahora “solo” con mítines de 100 personas y sin saludos mano a mano, si una explicación hay es que él va a ir con los que no se pueden dar el lujo de no montar el puesto del mercado o de no abrir el taller para las talachas. AMLO es como ellos, y quiere que lo vean ser como ellos.

Mientras la gente tenga que ir chambear en la obra, o en el tianguis, en la fonda, en la farmacia popular, etcétera, Andrés Manuel seguirá en la calle. Y tiene razón. Mucha razón.

Porque este gobierno –ni ningún gobierno mexicano de ningún tiempo– no tiene dinero o medios para sufragar con el erario el que los mexicanos se queden en casa días, y menos semanas. No hay para eso.

Hay muchos allá afuera que no pueden parar. Ni un día. Y mientras eso ocurra, él seguirá en la calle, con ellos, como ellos. No podría ser de otra manera.

https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/salvador-camarena/andres-manuel-tiene-razon

3/06/2019

Cisen, Pegasus y un peligroso fetichismo


Salvador Camarena
En México se han desperdiciado varias oportunidades para revisar el pasado. La más clásica fue la foxista, en la primera alternancia. El medroso foxismo renunció a su deber histórico y poco relevante parió sobre las violaciones a la ley y a los derechos humanos durante el autoritarismo priista.
A Calderón no le daban los equilibrios (el PRI le hubiera quitado el banquito), por lo que entre el acecho del Peje y la guerra antinarco, en ese otro sexenio panista se perdió una coyuntura más para conocer misterios de la negra noche del priato.
Al volver a Los Pinos en 2012, el PRI no tenía necesidad ni incentivos para revolver los secretos político-policiacos del régimen del que emanó. Incluso hubo más cerrazón con una polémica ley de archivos.
Pero un día de 2018 llegó a Palacio Nacional Andrés Manuel López Obrador, y prometió abrir los archivos de la Dirección Federal de Seguridad y del Cisen. Ese paso podría ser alentador si de ajustarle cuentas al pasado hablamos, pero podría resultar muy insuficiente, o de plano contraproducente, en al menos dos sentidos.
La prensa no aguanta las ganas de que llegue la hora en que AMLO dé a conocer la ficha que le hicieron los del Cisen (o los de la DFS, para el caso es lo mismo). Cada semana cuestionan sobre ello al Presidente en la conferencia mañanera. Cualquier iniciativa a favor de la transparencia es positiva, pero dar a conocer fichas de la DFS o del Cisen podría redundar en mucho ruido y pocas nueces.
En otras palabras, abrir los archivos es una medida en el sentido correcto, pero debe ir acompañada de un esfuerzo colectivo, uno que incluya al gobierno pero vaya más allá del mismo. Uno que privilegie la búsqueda de las historias de las víctimas, pero que simultáneamente vea esos casos como pedazos del rompecabezas que, de armarse, dará un panorama sobre cómo desde el sistema priista se intentó –y no pocas veces logró– someter a ciudadanos, opositores y líderes de todo orden.
Es bueno abrir los archivos, pero es más bueno abrirlos con un propósito nacional de encontrar verdad y justicia. Que los archivos sean para que las instituciones, y los ciudadanos, se den a la tarea de conocer cómo funcionaba la opresión, la represión, el cooptamiento en la “dictadura perfecta”. Y, mediante las sanciones que todavía sea posible aplicar, se garantice que nada parecido se repita. Si sólo recibimos fichas y que cada quién se las apañe, podría ser un esfuerzo insuficiente.
Ahora bien. Eso del Cisen y la DFS sonará a distractor si este gobierno –surgido de un hartazgo popular por la corrupción, crímenes y abusos desde el poder– no manifiesta un compromiso claro para esclarecer otros casos de espionaje. Y hay uno, grave y agraviante, a mano: Pegasus.
Los especialistas han declarado que ese sistema de espionaje del peñismo estuvo activo al menos hasta pasadas las elecciones del 1 de julio. Se ha probado, además, que 24 defensores de derechos humanos, activistas y reporteros (entre ellos los colegas de Javier Valdez, luego de que éste fue asesinado) fueron espiados.
Qué será lo que frena al gobierno de AMLO de manifestarse por la apertura total de los expedientes de Pegasus y por la investigación a fondo sobre quienes compraron y operaron los mismos.
No vaya a resultar que eso de abrir las fichas del Cisen y de la DFS sea puro fetichismo, maniobra que refuerza sólo la narrativa oficial del cambio, mientras para otros crímenes de espionaje, con autores en activo a la mano, se dispensa graciosa amnistía.

3/05/2019

El PAN y los millones desviados en Cultura


Salvador Camarena

En diciembre de 2013 varios artistas enviaron una carta al delegado Jorge Romero, de la Benito Juárez, para quejarse de que se les debían los honorarios por haber participado en la primera Feria Internacional del Libro de esa demarcación (FIL-BJ).
https://www.elfinanciero.com.mx/opinion/salvador-camarena/el-pan-y-los-millones-desviados-en-cultura
La carta, que acusaba del incumplimiento a una entidad de nombre Institución Romero Mac Gregor A.C., que les daba cheques sin fondo por un total de 1 millón de pesos, fue reproducida por el semanario y en ella alertaban que se estaban constituyendo asociaciones civiles “dizque ‘promotoras de la cultura’” que eran “fachada para ‘delincuentes de cuello blanco’, quienes aprovechando la complicidad de parientes, amigos, socios o familiares asambleístas; diputados o senadores, logran hacerse de millones de pesos al cabildear, entre sus cómplices, ‘proyectos de promoción cultural’ para hacerse de recursos que deberían canalizarse a verdaderos planes culturales y promotores artísticos… Los hechos que a continuación denunciamos son sólo la punta de un gran iceberg…”. (https://www.proceso.com.mx/361444/mal-cierra-el-ano-la-delegacion-benito-juarez)
Cinco años después vemos algo más que la punta de ese iceberg.
Con datos de los colegas de Mexico.com, hoy sabemos que a pesar de las denuncias como la ya referida, la Romero Mac Gregor recibió en el sexenio pasado más de 33 millones de pesos de fondos federales.
¿Es poquito dinero? Bueno, pongámoslo en otros términos: con esos fondos se podría pagar un año de operación de 66 estancias infantiles de esas que el Peje ya dejó sin fondos.
O pongámoslo así: ¿quién estuvo involucrado en que se le asignaran fondos a esa organización que ha sido empleada en la delegación Benito Juárez, exgobernada (es un decir) por Jorge Romero? Pues otro político del grupo de Romero: Santiago Taboada, hoy alcalde de la BJ y quien se hizo famoso porque al llegar a presidir (2015-2017) la Comisión de Cultura de San Lázaro hizo un oso monumental en una entrevista con Reforma en la que exhibió su ignorancia cultural.
Los panistas tuvieron el poder en la Comisión de Cultura durante tres legislaturas (2009-2018). Y en los últimos seis años aprobaron fondos para la Romero MacGregor, a la que la Auditoría Superior de la Federación encontró que para “probar” el uso de 8.5 millones de pesos de la cuenta pública del 2017 se usó documentación apócrifa, y que el dinero acabó en las cuentas de al menos tres de sus cuatros socios Ana Carolina Terán Treviño, Pedro López Mac Gregor y Lucía Juárez Mejía. El otro socio es David Romero Cano. https://www.mexico.com/politica/la-secretaria-de-cultura-pago-millones-a-ong-por-festivales-fantasma-asf/
Dos datos más: Juárez Mejía se presenta como asesora de la Asamblea Legislativa y del Congreso de la Unión. Asesora y beneficiaria: qué padre.
De Juárez Mejía se sabe que por estos días ha sido la carta del PAN capitalino (qué raro, verdad) para contralora del Congreso de la Ciudad de México (qué podría salir mal, verdad).
Tenemos mucho por preguntar a los panistas de la Comisión de Cultura de San Lázaro (Romero and compas) sobre dineros dados a grupos como la Romero MacGregor, millones del erario para realizar proyectos como este:
Realizar un festival multicultural con una duración de 3 días, que incluirá la exposición de 50 especies de flores y de 50 distintos modelos de bordados de flores, 5 conferencias sobre el valor cultural de las flores, 5 talleres, lo anterior, con el propósito de fomentar la cooperación y vinculación de instituciones comunitarias y municipales para la realización de proyectos que eleven el nivel cultural de la comunidad.
¿Para cuánto les gusta tan original proyecto? Pues le dieron 3 millones 240 mil pesos en el año 2016. Los panistas tienen muchas cosas qué explicar.

7/20/2016

Usted disculpe, señor Presidente


EPN. (ilustración)


Usted disculpe, señor Presidente, pero le haría mucho bien leer el libro que le regaló la senadora Layda Sansores, ese de La Casa Blanca de Peña Nieto*. 

Sobre todo, le haría mucho bien leer el capítulo que se titula, precisamente, “Usted disculpe”. 

Ahí los autores señalan lo siguiente:

“Nada. Ni una sola mención, ninguna referencia. Para la Secretaría de la Función Pública (SFP) el reportaje original publicado en Aristegui Noticias sobre la casa blanca no fue digno de ser citado en la investigación sobre el conflicto de interés entre la familia presidencial y Grupo Higa, a pesar de que dicha indagatoria –irónicamente– fue originada por la publicación periodística”. 

Usted disculpe, señor Presidente, pero cuando el lunes en la promulgación del Sistema Nacional Anticorrupción dijo que “no obstante que me conduje conforme a la ley, este error (la casa blanca) afectó a mi familia, lastimó la investidura presidencial y dañó la confianza en el Gobierno”, de dónde saca usted, señor Presidente, que se condujo “conforme a la ley”, ¿de una investigación que en sus 60 mil fojas ni siquiera incluyó el material original (menos entrevistas con los autores para conocer más del caso) que dio pie a esa supuesta indagatoria?

La dizque investigación de Virgilio Andrade, secretario de la Función Pública hasta el lunes, fue de una chapucería portentosa, donde el único cuestionamiento que Andrade se atrevió a hacer a la Presidencia de la República fue mediante el folio 0000123, que decía (cito de nuevo el libro que le vendría bien leer, Presidente):

“Informe a esta Secretaría la intervención que, en su caso, haya tenido en la adquisición de los inmuebles ubicados en la calle de Sierra Gorda 150 y 160, en la colonia Lomas de Chapultepec, Delegación Miguel Hidalgo, Distrito Federal, aportando la documentación con la que cuente en relación con su intervención”.

El Presidente (o sea usted) tardó ocho días en responder dos párrafos, fechados el 16 de junio de 2015:

“Como se desprende del oficio en el que se me solicita información, en relación con los inmuebles, ubicados en la calle de Sierra Gorda 150 y 160 de la colonia Lomas de Chapultepec, Distrito Federal, los actos jurídicos los llevó a cabo mi esposa, la señora Angélica Rivera Hurtado, con su patrimonio y con quien me encuentro casado bajo el régimen de separación de bienes. 

“En atención a lo anterior, estimo que ella cuenta con la información y los documentos relacionados con esa operación”. 

Y tan tan, señor Presidente. La cosa (porque no podemos llamarla investigación) no fue a más, ni con usted, ni con nadie de relevancia. Porque en los 17 volúmenes del expediente de Virgilio no incluye otra pregunta a usted, o “algún testimonio de Angélica Rivera. Lo mismo sucedió con el empresario Juan Armando Hinojosa Cantú, aunque en este caso su representante legal atendió preguntas por escrito relacionadas con las fechas, condiciones y los montos de compra de la casa”. 

Tampoco fue interrogado Gerardo Ruiz Esparza, quien dio contratos a Higa en el Edomex que usted gobernó, señor Presidente, y en el gobierno federal. Y de las entrevistas que sí hicieron los sabuesos de la Función Pública, cito de nuevo, “en todo momento dieron por buenas las versiones” de sus funcionarios o de Higa. ¿Investigación?

Usted disculpe, señor Presidente, pero igual que ocurrió en agosto pasado, esta nueva disculpa nada corrige, enmienda, arregla…

Sin investigación oficial independiente y creíble, señor Presidente, no habrá disculpa que valga. 

*La Casa Blanca de Peña Nieto: La historia que cimbró a un gobierno. Daniel Lizárraga, Rafael Cabrera, Irving Huerta, Sebastián Barragán. Grijalbo, 2015.Twitter: @SalCamarena