Mostrando las entradas con la etiqueta trabajo informal. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta trabajo informal. Mostrar todas las entradas

12/30/2023

Solo 2 de cada 10 mujeres reciben pensión tras laborar en sector formal

 

.- Ciudad de México.- En México, solo 2 de cada 10 mujeres mayores, 25.4 por ciento, reciben ingresos por pensión contributiva, es decir, una remuneración exclusiva para quienes laboraron en el sector formal y que contaron con seguridad social, mientras que en el caso de los hombres mayores este ingreso lo adquieren 4 de cada 10, 41.5 por ciento, apuntó la académica del Instituto de Investigaciones Económicas (IIEc) de la Universidad Autónoma de México (UNAM), Isalia Nava Bolaños.

Al dictar la conferencia La seguridad económica de las mujeres en edades avanzadas, organizada por el IIEc en el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer 25N, la universitaria explicó que en ello se observan marcadas diferencias de género en relación con este derecho que otorga la seguridad social a la población mayor.

La académica expuso que 21 por ciento de la población mexicana se ubica en el rango de edad de 65 a 74 años, 54.4 por ciento son mujeres y 45.6 por ciento hombres. Conforme se avanza en edad se observa mayor sobrevivencia de ellas, lo que implica una feminización de la vejez.

Indicó que lo anterior significa que alcanzan mayor esperanza de vida en comparación con los varones. Aunque nacen más, conforme transcurre la vida ellos tienen mayores índices de mortalidad, sobreviven menos y un número reducido alcanza edades avanzadas.

Sin embargo, precisó Nava Bolaños, es importante considerar las características con las cuales ellas llegan a esa etapa: conforme avanza el ciclo de vida presentan numerosas desigualdades, como mayor dificultad para ingresar a la escuela y permanecer, por lo tanto, tienen menos nivel de escolaridad; lo mismo sucede para incorporarse a la actividad laboral debido a las cargas de trabajo doméstico y de cuidados que deben realizar, y que históricamente les han sido asignadas.

De aquellas que logran insertarse en el mercado laboral, pocas tienen la posibilidad de participar en empleos formales y bien remunerados; la mayoría está en la informalidad o en empleos precarios, como una forma de atender las necesidades de cuidados y actividades domésticas, es una manera de conciliar entre la vida laboral y familiar, apuntó la especialista en economía y envejecimiento de la población.

Manifestó que una parte recibe una pensión contributiva como dependientes económicos (por viudez), y no como sujetos de derechos que pueden mandatar esta garantía en edades avanzadas.

En este contexto, dijo, las no contributivas como la Pensión para el Bienestar de los Adultos Mayores -pactadas como un derecho universal para la población de 65 años y más- adquieren relevancia debido al panorama de desprotección en términos de ingresos económicos que enfrenta esta población.

“De hecho, existen personas que prácticamente dependen de ese ingreso dadas las condiciones que permean en la sociedad mexicana, sobre todo en el caso de las mujeres, y que permite una disminución del riesgo de alguna condición de vulnerabilidad o pobreza”, enfatizó la experta.

Planteó la necesidad de preguntarnos qué país queremos en una sociedad que envejece, “pensando en las próximas generaciones y en las actuales personas mayores que, a pesar de las situaciones de desventajas que experimentan, están en mejores condiciones, en tanto que los jóvenes de hoy podrían no alcanzar una movilidad social como la de estos grupos etarios”. Es necesario alcanzar la consolidación de la cobertura total de las pensiones no contributivas y lograr que sean suficientes.

Proceso de envejecimiento poblacional

México no solo experimenta un proceso de envejecimiento poblacional, este se ha presentado en diversas zonas del mundo –en especial Europa y Estados Unidos–. Las causas del fenómeno son diversas, mencionó Verónica Montes de Oca Zavala –investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS)–, pero las más importantes se relacionan con un descenso de la fecundidad desde los años 60 y 70 del siglo XX en México, que se ha combinado con una baja de la mortalidad.

“Hoy en día, tenemos bastantes nonagenarios y centenarios en el país, por esto ya no se habla de tercera edad porque ahora también hay personas de cuarta y de quinta edad. Es un fenómeno muy interesante, único en la historia; por eso, es tan relevante en el mundo, pues no hay un antecedente en la historia de la humanidad en el que se haya visto el incremento de estos individuos envejecidos de pronto”, añadió Montes de Oca.

Isalia Nava Bolaños, investigadora en el Instituto de Investigaciones Económicas (IIEc), comentó, por su parte, que “este proceso de envejecimiento tiene una serie de especificidades. Una de ellas es la rapidez del fenómeno. Tenemos poco tiempo para prepararnos para los retos y desafíos que plantea el envejecimiento de la población. Y, el otro, son las pocas oportunidades que como sociedad tenemos para prepararnos, tomando en cuenta los antecedentes internos que hemos tenido como país y la evolución de distintos indicadores económicos”.

Más años de vida

Para ambas investigadoras universitarias es necesario que el país comience, lo más pronto posible, procesos que permitan anticipar los desafíos que conlleva una población con más años de vida a cuestas, sobre todo en términos económicos.

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), por ejemplo, señaló en el documento Pobreza y personas mayores en México 2020 que “la población mayor presenta menor incidencia de pobreza que el resto de las personas, aunque se encuentra expuesta a la reducción de las capacidades físicas y el retiro del mercado laboral, así como a condiciones específicas de salud y educación, entre otros factores”.

De acuerdo con la instancia gubernamental, en 2020, el 46.1 por ciento de la población de 65 años o más contaba con ingreso inferior a la Línea de Pobreza por Ingresos. Mientras que poco más de la mitad (55.7 por ciento) de las personas mayores contaba con ingresos por pensión no contributiva (programas sociales) y el monto promedio fue de 1,292 pesos por persona al mes. Además, el porcentaje de personas mayores en situación de pobreza alcanzó el 37.9 por ciento.

“Sabemos que el comportamiento económico de las personas se modifica a lo largo de la vida y que en edad avanzada hay una serie de transformaciones importantes: el retiro de la actividad económica, menores niveles de productividad y un cambio en el gasto, sobre todo un incremento en salud. Uno de los grandes retos que tenemos como país es considerar la importancia de la salud, debemos tener en cuenta alguna inversión o innovación en estos servicios. Poner mucho énfasis en medicina preventiva, alimentación saludable y ejercicio. Pensemos en un envejecimiento que sea activo”, argumentó Isalia Nava Bolaños y agregó:

“Es muy importante considerar toda una serie de mecanismos de seguridad económica que permitan a la población mayor contar con los recursos suficientes para poder satisfacer las necesidades más básicas. Igualmente, hay una serie de retos en términos de vivienda y movilidad para que las personas mayores participen en el mercado laboral. También en términos de educación para la actualización de esta población, para que sigan participando en distintas actividades de la vida cotidiana”.

Uno de los aspectos más importantes, convino la especialista en efectos económicos del cambio de estructuras de la población del IIEc, está relacionado con pensar el envejecimiento desde enfoques positivos y no como un obstáculo para la economía del país.

“Tenemos que reconocer su capacidad para efectuar distintas actividades productivas que contribuyen a la economía, al desarrollo del bienestar, tanto de los hogares como de la sociedad en general. La población en edad avanzada que continúa en la actividad económica está desarrollando un trabajo –no es por gusto propio, muchos están de tiempo completo, otros de manera parcial”, afirmó.

Y destacó: “es necesario poner énfasis en que las personas mayores son seres activos y positivos, que no son dependientes; por el contrario, pueden aportar bastante a los hogares. Es muy importante que no se generen presiones sobre ellos para que emprendan actividades que no desean o dar pie a algún tipo de explotación. Hay que tener mucho cuidado”.

4/06/2020

Trabajo informal y Covid-19

Iván Restrepo


A principios de febrero el sistema de salud de México supo del arribo del coronavirus al país. Lo trajeron viajeros procedentes de Estados Unidos (EU). Luego, de Italia y España. Muy publicitado fue el caso del destacado empresario José Kuri Harfusch, ligado familiarmente al ingeniero Carlos Slim. Kuri llegó procedente del centro turístico de Vail, EU, el 7 de marzo, sin que presentara ­síntomas. Pero comenzaron a manifestarse dos días después y fue hospitalizado en estado crítico. El periodista Raymundo Riva Palacio anunció su fallecimiento. Lo desmintieron indignados los familiares. En el vuelo mencionado también estaba Jaime Ruiz Sacristán, presidente del consejo de administración de la Bolsa Mexicana de Valores y ex secretario de Comunicaciones y Transportes durante el sexenio de Ernesto Zedillo. También resultó positivo de Covid-19.
En febrero también se supo oficialmente del virus en California. Y un mes después, en Nueva York. Pero mientras en el estado más rico del vecino país procedieron a tomar las medidas más adecuadas, en la Gran Manzana y áreas conurbadas se tardaron en hacerlo. Hoy la ciudad turística por excelencia de EU ocupa el primer lugar en muertes y contagios. Además, ese país encabeza la lista mundial en contagios y será el que tenga mayor número de víctimas mortales.
No debemos sorprendernos, pues el presidente Trump estuvo durante varias semanas alardeando de que no afectaría a su país y celebrarían la Pascua como cada año. Que tenían un servicio de salud de primera y no había motivo para tomar medidas en la economía. En paralelo le endilgó a China la culpa de lo que pasaba. Pronto tuvo que reconocer la realidad, comenzando por que han perdido su empleo más de 10 millones de trabajadores.
El neofascista presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, también restó importancia al coronavirus. Lo calificó de una gripita que no debía detener la actividad económica. Criticó a los 27 gobernadores del país por decretar aislamiento social, algo que pide la Organización Mundial de la Salud (OMS) para detener la expansión del virus. Los llamó exterminadores de empleo. Como Trump, Bolsonaro maneja a su gusto conceptos y cifras sobre la pandemia. Cabe recordar que cuando visitó al magnate en la Casa Blanca, se contagiaron del virus 25 integrantes de su comitiva. Y que ha acusado a los medios de comunicación de sembrar la histeria y el pánico por la gripita.
Recientemente mintió al decir que la OMS le daba la razón cuando pidió a los trabajadores informales de Brasil no abandonar actividades. En realidad esa organización sugiere a los gobiernos de los países pobres dar asistencia social a quienes laboran en la informalidad a fin de que permanezcan en casa. En México una parte muy importante de la economía recae en ese segmento poblacional y requiere todo el apoyo de las instancias oficiales. Los informales suman de­cenas de millones en América Latina.
Otra afirmación que unió por semanas a Trump y a Bolsonaro fue la de que contaban con los recursos necesarios para atender a los infectados. Sin embargo, EU arrastra severos problemas sanitarios: faltan hospitales, centros de salud primaria, médicos y enfermeros. Y millones no tienen garantizada la atención que requieren para cuidar su salud pues viven en situación precaria. A ellos se suman los trabajadores indocumentados, la mayoría de origen mexicano. Luego de satanizar el Medicare (progra­ma de cobertura de seguridad social del gobierno que brinda atención a todos los mayores de 65 años o los considerados discapacitados por graves problemas de salud), ahora Trump ordena cubrir todos los gastos que por coronavirus demanden decenas de millones de estadunidenses carentes de servicio médico.
La pandemia ha mostrado en otros países los frutos de no reforzar los sistemas de salud pública por privatizar la atención médica. Los resultados se ven ahora en España, Italia y Francia, por ejemplo. También en México, donde el Presidente reconoce que hay un déficit de 9 mil especialistas en terapia intensiva. En las demás ramas el panorama es igualmente desalentador. Pero el mandatario dice que vamos a triunfar sobre el virus con dignidad y felicidad. Si de eso se trata, los primeros que necesitan atención son los millones de habitantes que laboran en la informalidad y hoy están sin trabajo. Una prueba más de que fracasó el modelo neoliberal establecido en el país desde fines del siglo pasado. Y con el agravante de que hasta hoy no existe el programa de justicia social y económica que lo remplace.

6/12/2016

Más de un millón de menores trabajan sin pago en México


Laboran 2.5 millones de niños y adolescentes, cerca de 400 mil tienen entre 5 y 11 años

Seis de cada 10 son mujeres que además realizan quehaceres domésticos y estudian, según el Inegi

Periódico La Jornada

En México 2.5 millones de niños y adolescentes trabajan. Casi la mitad (45.9 por ciento, un millón 147 mil 500) no recibe ningún ingreso por su labor y cerca de 400 mil (377.5 mil) son niñas y niños de 5 a 11 años, según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
De acuerdo con un reporte estadístico con motivo del Día Mundial contra el Trabajo Infantil (que se conmemora este 12 de junio), cuatro de cada 10 niños y adolescentes ocupados en el país son menores de la edad mínima de admisión en el empleo, que es de 15 años.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) define al trabajo infantil como aquel que los niños no deberían realizar porque son demasiado jóvenes, y para el caso de que no lo sean, porque esas labores son peligrosas para ellos.
De acuerdo con el reporte del Inegi, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) señala a la duración de la jornada laboral por encima del límite legal permitido como una de las condiciones de trabajo infantil inadecuadas que pueden convertir esa labor en una actividad de riesgo.
En México, la jornada de trabajo de los menores de 16 años no puede exceder de seis horas diarias; sin embargo, 29.3 por ciento de la población de cinco a 17 años ocupada labora 35 y más horas a la semana, es decir 7 horas diarias en una semana de lunes a viernes.
FotoLas cifras indican que de los 2.5 millones de niñas, niños y adolescentes de cinco a 17 años que trabajan en México, 15.1 por ciento (es decir 377.5 mil) tienen de cinco a 11 años; 26 por ciento (650 mil) son adolescentes de 12 a 14 años y 58.9 por ciento (un millón 472.5 mil personas) son adolescentes de 15 a 17 años.
Un niño vende ropa usada en la avenida Hidalgo, en el Centro Histórico de la Ciudad de MéxicoFoto José Antonio López
De acuerdo con información del Módulo de Trabajo Infantil de Inegi con cifras hasta 2013 (el dato más reciente disponible), seis de cada 10 niñas y adolescentes mujeres realizan quehaceres domésticos y estudian, además de estar inmersas en actividades laborales; situación que contrasta con 43.3 por ciento de niños y adolescentes varones.
Sin embargo, de los 2.5 millones de niñas, niños y adolescentes que realizan alguna actividad económica, 67 por ciento son niños y 33 por ciento niñas.
La mayoría de los niños y adolescentes que trabajan en México, lo hacen en el sector agropecuario (30.5 por ciento), seguido del comercio y los servicios que emplean a 25.9 y 24.6 por ciento, respectivamente, de los niños y adolescentes que trabajan.
Más de la mitad de niños que trabajan en México (55 por ciento) realiza actividades elementales y de apoyo y la quinta parte (20 por ciento) se emplea como comerciantes o agentes de ventas.
En cuanto a la remuneración, la información muestra que 45.9 por ciento de la población infantil que realiza actividades económicas no recibe un ingreso, seguidos por aquellos que reciben hasta un salario mínimo (28.4 por ciento) y solamente 1.2 por ciento perciben ingresos mayores a tres salarios mínimos.
Los motivos que los llevan a trabajar pueden ser de distinta naturaleza: 23.3 por ciento del total declararon que lo hacen para pagar su escuela y sus propios gastos; 22.5 por ciento porque el hogar necesita de su trabajo y 22.4 puntos porcentuales por gusto o sólo por ayudar.
En lo que respecta a la persona para quien trabajan, seis de cada 10 lo hacen para un familiar, señaló el Inegi.

4/04/2015

El trabajo informal y la precariedad laboral como forma de vida


Ser tu propio jefe”, creí que era lo mejor
Fragua

Desde muy chica había trabajado, mi madre me enseñó a “ganarme la vida”, como dice ella siempre. Vendiendo dulces en la escuela o estar de empacadora (“de cerillo” como comúnmente se dice) en un Walmart. Luego comencé a trabajar en cafeterías, me empezó a gustar ganar dinero y dejé la escuela; después me di cuenta que la había regado, no quería trabajar toda mi vida ganando una miseria y chingándome tanto para el patrón.

Regresé a la escuela, pero esta vez yo tendría que pagar mis estudios, busqué chamba, pero no me daba tiempo de trabajar e ir a la escuela, así fue como decidí vender gelatinas por mi propia cuenta, cargando botes llenos de gelatinas, caminando. Me daba tiempo de ir a la escuela y lo que ganaba me alcanzaba bien para los gastos. Mis clientes son de todo tipo, desde la gente que me ve vendiendo y se me acerca, los del mercado, albañiles, empleados de locales, hasta los mismos dueños.

Siempre me ha ido muy bien. Terminar temprano, ganar más que en un trabajo de “medio tiempo” y no tener que pedir permiso de faltar son algunas de las ventajas que tenemos quienes trabajamos por nuestra cuenta, “soy mi propio jefe” afirmamos, algunas veces, con sobrado orgullo. Pero, no todo es ventaja, cargar diariamente una cubeta llena de gelatinas durante dos años seguidos ha tenido consecuencias físicas. Me empezó a doler la espalda y el dolor fue agudizándose poco a poco. Aunque al principio no quise hacer caso, un día ya no aguanté el dolor y tuve que ir al médico. Para ese entonces, ya había terminado el bachillerato así que no tenía seguro social y, como muchos trabajadores informales más, tuve que pagar para recibir atención médica. Todo esto me hizo pensar en mis condiciones de trabajo y de vida, lo cual provocó que me surgieran muchas preguntas.

¿Qué pasa con la gente que se dedica a esto del ambulantaje? ¿Cómo se atiende alguna enfermedad? ¿Cómo es que van trabajar toda su vida en esas condiciones tan precarias? ¿Qué van a hacer cuando ya no puedan chambear? Muchos de los comerciantes que he ido conociendo en estos dos años de recorrer las calles con la cubeta a cuestas, me dicen que es mejor salir y ganarse la vida así porque no hay buenos trabajos y los que hay no tienen buenos salarios, que en los trabajos formales siempre se trabaja por más de ocho horas sin pago de horas extras, que sale mucho mejor vender en la calle porque no hay horarios, etcétera y argumentos por el estilo que yo también he asumido con el paso del tiempo.

Sobre la cuestión de la atención médica me dicen que, por ejemplo, para ellos es mejor atenderse de una gripa, dolencias corporales y de los dientes, etcétera con médicos particulares pues, dicen, que en el Seguro Social (IMSS o ISSSTE) de por sí tienen muy mala atención, pierdes mucho tiempo y casi siempre las medicinas están agotadas; otros me decían que se atienden en el Seguro Popular.

Sin embargo, lo de la atención médica, muchos no lo ven, y mucho menos lo experimentan del mismo modo. Hubo, por ejemplo, una familia que se vio en una situación mucho menos agradable, ellos se mantienen también del comercio ambulante y les iba muy bien pero al señor, al padre de la familia, le ocurrió una lesión en el ojo y tuvieron que pagar estudio tras estudio, para saber qué era. Tuvieron que hacer demasiados y muy caros gastos con sus ingresos normales, y con el señor sin poder trabajar, apenas y salía para pagar los estudios y la manutención diaria de la familia.

Todo esto me ha llevado a la reflexión y a enterarme que cada uno de nosotros, en primera, tenemos derecho a la seguridad social y ésta debería de ser garantizada por el Estado, como lo marca el artículo 4ºde la Constitución. La seguridad social no sólo abarca que no estemos enfermos, si no que vivamos una vida digna, con un trabajo digno, que podamos disfrutar del descanso, que no estemos sólo trabajando para sobrevivir, que tengamos acceso a la educación, a una buena alimentación, al retiro y la jubilación, etcétera. Independientemente si estamos en un trabajo “formal” o no, la seguridad social (con todo lo que esta implica) es nuestro derecho.

Además de no gozar de seguridad social, últimamente se acentuado la persecución, el hostigamiento y la criminalización en contra de quienes somos vendedores ambulantes, sobre todo en contra de quienes ejercen esta actividad en el Metro. Siempre nos andan recogiendo y llevando a los Juzgados Cívicos o tenemos que pagar mordidas para que no nos lleve la camioneta de la policía. Además de que el gobierno no crea empleos, encima se ensaña y criminaliza a quienes, con sus propios medios o subcontratándose, tratan de ganarse la vida, “si no crean empleos, mínimo que no nos chinguen” dijo alguna vez un compañero.

En mi caso, a mis 21 años padezco ya dolores de la espalda, mi columna se enchuecó por el peso de cargar la cubeta llena de gelatinas y porque tengo una pierna más corta que la otra. No tengo seguro donde atenderme, en el Seguro Popular me cobran, en el Hospital General también, y aunque el gasto es “mínimo” es angustiante pensar si con la venta de gelatinas va a salir para los gastos y para mi tratamiento, mis papás también son ambulantes y vivimos día a día para sobrevivir. Ese es “el precio que hay que pagar para ser libres”, me decían algunos compañeros la otra vez, “libres” de algún patrón, “libres” del tiempo y del chequeo de tarjeta, pero ni tan libres… porque si no trabajo no como, no me compro ropa, ni las cosas que necesito en la escuela, así que no soy libre de dejar de trabajar.

Como ya dije antes, darme cuenta de mi situación me ha hecho reflexionar mucho. Me he dado cuenta de la precariedad en que vivimos y que en este sistema capitalista se busca que la gente apenas sobreviva con un nivel de vida bajísimo y sin seguridad social. Mientras nosotros nos preocupamos por lo que habrá mañana en la mesa, hay otros pocos que se preocupan por aumentar más su riqueza. Por ello, necesitamos construir una sociedad donde todos podamos tener acceso a la salud y a la educación sin tener que sacrificar una por otra. Sólo haciéndonos conscientes y haciendo conscientes a otros de todas estas injusticias, organizándonos y luchando juntos lo lograremos.

Este artículo fue publicado como parte de la sección TRABAJO del No. 6 de FRAGUA, órgano de prensa de la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), en circulación desde el 7 de marzo de 2015.