12/06/2014

Tras las críticas, la ONU da un paso hacia la paridad de género


© Reproducir este artículo| 


Algunos de los 43 militares y policías de 27 países que recibieron medallas de manos de Jean-Marie Guéhenno, secretario general adjunto de Operaciones de Mantenimiento de la Paz de la ONU. Crédito: Foto de la ONU/Eskinder Debebe
Algunos de los 43 militares y policías de 27 países que recibieron medallas de manos de Jean-Marie Guéhenno, secretario general adjunto de Operaciones de Mantenimiento de la Paz de la ONU. Crédito: Foto de la ONU/Eskinder Debebe
NACIONES UNIDAS, 3 dic 2014 (IPS) - Cuando el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, nombró a una comisión internacional en octubre que revisará las operaciones de mantenimiento de paz del foro mundial, el anuncio fue recibido con duras críticas porque solo tres de sus 14 miembros eran mujeres.
Para colmo de males, el anuncio se hizo el 31 de octubre, en el 14 aniversario de la histórica resolución 1325 del Consejo de Seguridad, que subrayó la importancia de la participación igualitaria de la mujer y de su plena participación en el mantenimiento y la promoción de la paz y la seguridad.
“La fecha del anuncio es una bofetada en la cara de las mujeres que trabajan por la paz en todo el mundo”, se quejaron Stephen Lewis, exsubdirector ejecutivo de Unicef, y Paula Donovan, ambos codirectores de la organización sin fines de lucro AIDS-Free World (Mundo sin Sida).
“De un solo golpe, usted logró convertir a la resolución 1325 en una burla”, se quejaron Lewis y Donovan, en una carta dirigida a Ban.
“De un solo golpe, usted repudió la importancia de la equidad de género en el nombramiento de comisiones de alto nivel”, añadieron.
“Usted le declaró al mundo su opinión de que no se encuentran mujeres en ningún lugar, ni en la política, la academia, la diplomacia, la sociedad civil o entre los premios Nobel, que sean lo suficientemente calificadas para satisfacer las exigencias de una comisión sobre las operaciones de paz”, continúa la carta.
La respuesta fue casi instantánea y, mayormente, positiva.
En primer lugar, el nombramiento en noviembre de los 10 integrantes de una comisión de alto nivel sobre un banco de tecnología para los países de menor desarrollo reflejó una paridad de género, con cinco hombres y cinco mujeres.
En segundo lugar, el lunes 1 Ban también duplicó, de tres a seis, el número de mujeres en la comisión de la ONU (Organización de las Naciones Unidas) sobre el mantenimiento de la paz, al parecer en respuesta a las críticas.
Además, Ameerah Haq, de Bangladesh y la actual subsecretaria general del Departamento de Apoyo sobre el Terreno y una integrante original de la comisión, será su vicepresidenta tras su retiro de la ONU el 1 de febrero.
Un comunicado difundido el lunes dijo que Ban “confía en que la incorporación de tres mujeres eminentes y el papel que la Sra. Haq desempeñará como vicepresidenta no solo traerá el equilibrio de género a la comisión, sino que enriquecerá su trabajo, sobre todo en temas relacionados con las mujeres, la paz y la seguridad”.
“Es una buena noticia, al menos como un paso adelante hacia nuestro objetivo de igualdad” total, declaró a IPS el embajador de Bangladesh, Anwarul Karim Chowdhury, considerado el autor de la resolución 1325.
“Supongo que este es un caso en el que simplemente tenemos que pedir una disculpa muy sincera”, declaró el vocero adjunto de la ONU, Farhan Haq, cuando surgieron las primeras críticas.
“Personalmente, creo que una mujer debería haber sido designada copresidenta y no vicepresidenta de la Comisión de Paz”, agregó Chowdhury.
Un objetivo clave de la resolución 1325 es lograr la participación igualitaria de las mujeres en todos los niveles de toma de decisiones, explicó.
Donovan, de AIDS-Free World, dijo a IPS que la reacción del secretario general de la ONU se acercó a cumplir con sus palabras.
“Pero su afirmación de que una relación de 11 a 6 de entre hombres y mujeres ‘traerá el equilibrio de género’ son las palabras de un líder que es obstinado o incomprensivo”, añadió.
Ban podría haber logrado la paridad de género con un golpe de su pluma, pero optó por mantener a las mujeres en la minoría en el 35 por ciento, subrayó.
“Sus acciones generan algo de esperanza, una gran preocupación y una clara advertencia sobre la necesidad de una vigilancia constante y la presión implacable de parte de los defensores de la igualdad de derechos de las mujeres”, expresó Donovan.
Barbara Crossette, otrora corresponsal del diario The New York Times en la ONU, dijo a IPS que la insistencia de AIDS-Free World sobre el desequilibrio original del Panel sobre la Paz tuvo resultados en muy poco tiempo, según el ritmo del foro mundial.
Para Crossette, que Ban haya elegido como vicepresidenta a Ameerah Haq, una de las funcionarias más calificadas y eficaces de la ONU con una carrera de casi cuatro décadas, hará mucho para remediar la situación.
Una de las nuevas integrantes del panel, Radhika Coomaraswamy, de Sri Lanka, fue la principal funcionaria de la ONU sobre la violencia contra las mujeres y los peligros que enfrentan los niños y niñas en los conflictos armados, además de directora del Centro Internacional de Estudios Étnicos de Sri Lanka.
Coomaraswamy se mantuvo en el cargo durante un período intenso en la guerra civil (1983-2009) de su país que le costó la vida a su antecesor, Neelan Tiruchelvam, el abogado de derechos humanos más importante de Sri Lanka, indicó Crossette.
“Nuestra esperanza sincera es que estos nombramientos no se conviertan en dos esfuerzos aislados para complacer a quienes se quejan”, comentó Mavic Cabrera-Balleza, coordinadora internacional de la Red Mundial de Mujeres Constructoras de la Paz.
“Queremos una representación igualitaria no solo esta vez, sino en todas las estructuras de toma de decisiones de la ONU”, subrayó.
Las personas designadas deben consultar a la sociedad civil y debe haber un mecanismo de consultas habituales, como parte de los términos de referencia de todos los paneles, comisiones y principales cargos en la ONU, añadió.
También reclamó un mecanismo de investigación para la selección de los miembros de los comités y cargos clave, con representación de la sociedad civil.
“El problema con muchos de los nombramientos de alto nivel en la ONU es que se basan en la influencia política de los Estados miembros… van a parar a los Estados… influyentes y por eso tenemos a personas poco calificadas en algunos puestos”, declaró.
“Una comisión de 11 hombres y seis mujeres, con un hombre como presidente y una mujer como vicepresidenta, no trae el equilibrio de género en ningún sentido”, denunció AIDS-Free World, en un comunicado difundido el martes 2.
La sociedad civil vigilará de cerca a la comisión sobre las operaciones de paz, y se exigirá la transparencia en todos los aspectos de su labor, añadió la organización.
“El secretario general debe hacerlo mejor. Las mujeres del mundo lo tendrán como responsable”, advirtió.
Editado por Kitty Stapp / Traducido por Álvaro Queiruga

Las incómodas feministas

QUINTO PODER
Por: Argentina Casanova*

Ahora que la sociedad habla de los desaparecidos, de muertos, de fosas, de crímenes de Estado. Ahora que la sociedad está “gritando”, nosotras las mujeres feministas desde la conciencia de mirar y desarmar los andamios del sistema patriarcal que nos invisibiliza, hay algo que incomoda de las mujeres que salen a reclamar justicia, las que insisten en hablar de las desaparecidas, las asesinadas, el feminicidio sin justicia, y las víctimas de la violencia institucional feminicida. Violencia del Estado.

Las mujeres gritamos, denunciamos, exigimos justicia, contamos a nuestras asesinadas, nuestras desaparecidas. Gritamos y seguiremos gritando, y nadie nos callará, y si nos callan vendrán otras y seguirán gritando... aunque la sociedad patriarcal se niegue a escuchar y pretenda borrar las voces que antecedieron los movimientos de hoy para reclamar a nuestras desaparecidas, nuestras asesinadas, que somos todas.

Hasta que las voces de todas las mujeres las escuchemos todas y todos. Porque las mujeres han gritado a través de la historia y nunca hemos dejado de hacerlo... Las feministas, las madres de las mujeres no dejaron de gritar y reclamar, manifestarse, marchar en solitario, bordar pañuelos, incluso ser asesinadas.

Aunque el resto de la sociedad se hace escuchar en sus gritos intermitentes cuando se siente víctima de injusticias. Cuando mataron a una joven obrera en Chihuahua no pasó nada. Cuando mataron a la madre de Rubí, a Marisela Escobedo, ella se sumó a los nombres de los casos de feminicidio del estado.

Gritaron otras, gritaron muchas para que fuéramos ciudadanas, para tener derechos y las mujeres víctimas de violación de militares, de policías y marinos, es violencia de Estado y se reconoce en las convenciones sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés), y la Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Belem do Pará), al igual que la Constitución.

Implícita en el derecho a una vida libre de violencia y en la incapacidad del Estado mexicano para proteger o garantizar la vida de las mujeres y en prevenir la violencia feminicida, en ser omiso en la violencia institucional y en la indiferencia por las que mueren por violencia obstétrica y abortos mal practicados.

Reclamamos el derecho de gritar, de nombrarlas en femenino, de ponerles nombres y rostros, de hablar de ellas como nuestras hermanas.

En las manifestaciones se suman las mujeres para reclamar a los desaparecidos, a sus hijos. Aunque en México a diario son asesinadas seis mujeres. Somos muchas y aún así no alcanzamos a hacer marchas multitudinarias desde que empezamos a contabilizar los casos de feminicidio.

En medio de las manifestaciones, las organizaciones, las estructuras de lucha social mantienen sus esquemas patriarcales, el machismo de la derecha es idéntico al de la “izquierda”, reprochan a las organizaciones feministas que insistan en visibilizar a las mujeres desaparecidas y asesinadas.

Nosotras nunca nos callamos. La historia de los movimientos sociales es una, y la de las mujeres ha ido en paralelo buscando la transformación de fondo, porque los grandes movimientos sociales no abordan la igualdad sustantiva y no reconoce la necesidad de nombrarnos.

Retomo a la feminista argentina Diana Maffía: “El feminismo incluso va a ser crítico respecto de aquellos movimientos que pretenden producir cambios en la sociedad, pero no tienen preocupación y no son sensibles a los cambios en la situación de subordinación y control de las mujeres”.

Considera “si la democracia hubiera recogido la equidad de género no habría reivindicaciones de las feministas, si hubiera recogido la equidad étnica no habría reivindicaciones culturales de los pueblos originarios”.

Si hay resistencia, si persiste la visión de las “incómodas feministas” es porque aún hace falta abordar la lucha desde el reconocimiento a las mujeres, donde cada una exprese su palabra, reconociendo en las colectividades a las mujeres y nuestras luchas como columna de la construcción de alternativas.

El camino es el diálogo de respeto entre organizaciones comprometidas en la lucha contra la lógica de dominación del capitalismo, hijo del patriarcado, con alianzas con “movimientos sociales que fortalezcan ideales emancipatorios reales, no aquellos que pretenden cambiar los lugares del sometimiento y conservan la concepción del poder como dominio”. No olvidemos a Olimpia de Gouges y a quienes la condenaron a muerte.

*Integrante de la Red Nacional de Periodistas y del Observatorio de Feminicidio en Campeche.
 Cimacnoticias | Campeche.- 

Negar derecho al aborto es otra forma de violencia de género


Estados obstaculizan interrupción legal del embarazo: OEA




La no garantía por parte de los Estados de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres –especialmente en el acceso a la interrupción legal del embarazo–, además de limitar a la población femenina una amplia gama de servicios de salud, constituye una de las formas de violencia de género más oculta.
 
En ello coincidieron expertos y especialistas en Derechos Humanos (DH) y de las mujeres reunidos en la “Mesa Redonda Violencia contra las mujeres y derechos sexuales y reproductivos en las Américas: avances y desafíos persistentes”, que se realizó ayer –como parte de los 16 Días de Activismo contra la Violencia de Género–, en la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA), en Washington.
 
Carmen Moreno, secretaria ejecutiva de la Comisión Interamericana de Mujeres (CIM), señaló que pese a que los derechos sexuales y reproductivos han sido reconocidos como DH, una gran proporción de las mujeres en América Latina (AL) y el Caribe enfrentan severos obstáculos para acceder a estas garantías, “que a su vez son puente para acceder a una serie de servicios y al pleno goce de todos los derechos”.
 
Sostuvo que en la región, las mujeres todavía no tienen derecho a decidir sobre su cuerpo, y en su sexualidad y capacidad reproductiva en igualdad de condiciones que los hombres. “Esta realidad perjudica su desarrollo y participación económica y política dentro del desarrollo de sus naciones”, alertó.
 
Jean-Claude Nolla, observador permanente de Francia ante la OEA, señaló que la igualdad entre los sexos es todavía un reto en la región, y “las disparidades” en cuanto a los derechos sexuales y reproductivos “son aún más grandes”.
 
De acuerdo con el embajador, el rechazo de las naciones a garantizar el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo “es una violencia oculta” en contra de la población femenina.
 
Argumentó que al no garantizarse este derecho, “la opción que se le ofrece a las mujeres es un aborto clandestino”, que pone en riesgo la salud y la vida de las mujeres.
 
Aunque no existen cifras reales sobre los abortos inseguros, el representante francés dijo que desde 1994 la proporción de mujeres que recurren a esta práctica se mantiene constante en AL, y se estima que el 13 por ciento de casos de muerte materna corresponde a abortos inseguros.
 
Al recordar que al año se realizan 450 millones de abortos inseguros en el mundo, que derivan en la muerte de 50 mil mujeres, Nolla sostuvo que “la interrupción legal del embarazo es un derecho fundamental que salvaría la vida de miles de mujeres y con él, le evitaríamos a millones de ellas que pongan su vida en riesgo, al mismo tiempo que evitaríamos que millones sean estigmatizadas en los casos de violación sexual, como ocurre actualmente”.  
 
Rosa Celorio, abogada y especialista en DH de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), señaló que el acceso a la información y educación son claves para avanzar en los derechos sexuales y reproductivos.
 
Dijo que a través del trabajo de la CIDH –que recibe testimonios, y realiza informes especiales o visitas a los Estados– se tiene conocimiento del impacto “desmesurado que tiene en las mujeres” la prohibición total del aborto, “que propicia la realización de abortos inseguros que ponen en riesgo la vida y seguridad” de las latinoamericanas, sostuvo la experta.
 
Agregó que la CIDH también tiene conocimiento de las barreras que deben enfrentar las mujeres incluso para acceder a las excepciones legales del aborto que se garantizan en algunas naciones: “Vemos con preocupación que también deben enfrentar barreras para ejercer sus derechos dentro de la ley”.
 
También se han documentado “problemas bastante serios” con respecto a la criminalización del aborto, especialmente cuando las mujeres deben acceder a servicios médicos por complicaciones durante el embarazo o abortos prematuros, pues son denunciadas por el personal de salud, y es así que ellas “tienen que tomar una decisión (en medio de emergencias obstétricas): ‘o no acudo a los servicios de salud o accedo a ellos y me arriesgo a que me consideren una criminal’”. 
 
Al mismo tiempo indicó que en la CIDH “estamos muy preocupadas por las mujeres que trabajan en la defensa de los derechos sexuales y reproductivos”, ya que su criminalización “se acentúa más por las causas que ellas persiguen y el carácter polarizante de las causas que persiguen”.  
 
Finalmente recordó que la CIDH, en reiteradas ocasiones, se ha pronunciado –con medidas cautelares, informes especiales y recomendaciones– porque las naciones garanticen de manera plena todos los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.
 
Enfatizó que un ingrediente crítico para garantizar estos derechos  es que las naciones desarrollen espacios que permitan la participación femenina en el diseño, aprobación y aplicación de las leyes y normativas que protegen estos derechos.
 
La mesa redonda fue realizada en conjunto por la CIM, la Organización Panamericana de la Salud (OPS), y la Misión Observadora Permanente de Francia.



Por: Anaiz Zamora Márquez
Cimacnoticias | México, DF.- 

Violencia de género afecta la salud reproductiva de las mujeres



Adital
Los embarazos no deseados, las infecciones de transmisión sexual y los abortos espontáneos son más frecuentes en las mujeres que informan haber sido víctimas de violencia en algún momento de sus vidas. Ante esta realidad, la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) ha difundido un comunicado instando al sector de la salud — especialmente los servicios de salud sexual y reproductiva — a involucrarse en las actividades dirigidas a prevenir y responder a la violencia contra la mujer.
diariofemenino

"Este es un problema de gran magnitud, con muchas implicaciones para la salud”, afirma la doctora Carissa F. Etienne, directora de la OPS/OMS. "El sector de la salud tiene un papel que jugar tanto en la prevención como en la respuesta”, señaló y añadió que para abordarlo también se necesita del involucramiento de otros sectores.
La violencia contra la mujer sigue siendo un grave problema de salud pública en las Américas, donde una de cada tres mujeres experimenta durante su vida violencia física o sexual por parte de su pareja o violencia sexual por parte de alguien que no es su pareja, y donde 20% de las mujeres informan haber sido víctimas de abuso sexual cuando eran niñas. Las mujeres jóvenes de entre 15 y 19 años de edad son las más expuestas al riesgo de violencia física o sexual por parte de su pareja, y muchas de ellas indican que su primera experiencia sexual fue un acto que no buscaron o que les fue impuesto.
Esa violencia no solo provoca lesiones o incluso la muerte, sino que además tiene una repercusión poco reconocida en la salud reproductiva de las mujeres, que se traduce en más complicaciones en el embarazo, así como en embarazos no deseados, abortos espontáneos e infecciones de transmisión sexual (ITS), incluido el VIH. En algunos países de las Américas, los niveles de embarazo no deseado son dos a tres veces mayores en las mujeres que informan haber sufrido violencia a manos de su pareja que en aquellas que no lo hacen. La pérdida de embarazos es dos veces mayor en las mujeres que informan haber sido víctimas de violencia, en tanto que el riesgo de parto prematuro es 1,6 veces superior.

rpp
Hay estudios en los que también se ha constatado que la violencia es una causa importante de mortalidad materna. La violencia infligida por la pareja fue la causa principal de muerte materna — responsable de 20% de esas defunciones — en tres ciudades de los Estados Unidos entre 1993 y 1998. A su vez, se comprobó que las hemorragias fueron tres veces más comunes en las embarazadas víctimas de actos de violencia en una provincia del Canadá en 2003. Entre 3% y 44% de las embarazadas en América Latina y el Caribe informan haber sufrido actos de violencia por parte de su pareja durante el embarazo.
El papel del sector de la salud
El rol del sector de la salud incluye entre otras cosas, la recolección de datos sobre la prevalencia de violencia que se puedan utilizar como insumo para la elaboración de políticas y la programación, y al mismo tiempo capacitar a sus trabajadores a fin de que puedan prestar una atención integral, sin emitir juicio alguno, a las sobrevivientes de la violencia doméstica. Los trabajadores de la salud deberían derivar a las sobrevivientes a los servicios jurídicos y de apoyo social. Las estrategias de salud pública deberían incluir actividades dirigidas a cambiar las normas sociales y los comportamientos vinculados con la violencia.
Además, en el caso de las mujeres víctimas de agresión sexual, los servicios de salud deberían evaluar su necesidad de profilaxis contra el VIH o las ITS, poner a su disposición medios anticonceptivos de emergencia, ofrecer abortos sin riesgo de conformidad con las leyes nacionales (en los casos en que una mujer llega a los servicios de salud cuando ya es demasiado tarde para la anticoncepción de emergencia o si esta ha fracasado) y proporcionar apoyo de salud mental.

El escote es mío, me lo quieren quitar


Una historia cotidiana, pero terrorífica precisamente por lo cotidiana que es.

Por María José Gaona
Tugce Albayrak

Tugce Albayrak
Hace unas pocas horas circuló la noticia sobre la muerte de Tugce Albayrak, la joven golpeada en Alemania por haber defendido a unas muchachas que estaban siendo acosadas. Una golpiza con un bate fue la respuesta ante sus intenciones por ayudar a quienes pedían auxilio.
Un asesinato como éste, a pesar de que nos conmueve, pareciera ser una realidad ajena. La cosa es que Tugce se vio envuelta en una de las acciones más cotidianas que atraviesan el mundo entero: el acoso callejero. Lo más terrorífico del caso, es que todas pudimos haber sido Tugce. 
Lo más grave no es la crueldad de los hombres, no es el arma que utilizaron, sino el acoso cotidiano donde sea, a la hora que sea, con quién sea. Los acosadores pueden tener cualquier edad, cualquier clase social, cualquier estado mental. Enfermos y sanos, acosadores hay por doquier.
Hace unos días, pasé el fin de semana en la casa de mi pololo. Vimos películas. Ya bajaba la tarde del domingo y mi novio, fanático albo, quería ver el partido del “Colo”. Como no comparto su lamentable decisión, me fui a mi casa y preparar las cosas para la jornada laboral. Para trasladarme desde su casa hasta la mía, debía tomar dos micros. Antes de salir, me puse pantys a pesar del calor, ya que el vestido que usaba era un poco corto y todas sabemos lo desagradable que es que los viejos te miren las piernas en la micro. Asimismo, le consulté a mi pololo si mi vestido era muy escotado y me dijo “un poco, pero te queda increíble”. Menos mal no tengo una pareja castradora y celotípica. 
Después de esa experiencia, mi cuerpo se empezó a sentir mal. Quería llegar a la casa y ponerme un polerón enorme, un buzo. Quería taparme y sentirme segura en mi cama. Me senté en la micro al lado de una mujer y me tapé con la mochila.
La cosa es que salí al primer paradero. Llegando, percibí la soledad dominical de las calles y ahí estaba el primer acosador de una larga lista. Mientras esperaba la micro sentía su mirada, su rostro asqueroso expectante a que pasara un poco de viento y alcanzar a ver algo debajo de mi vestido. No le importó que yo me diera cuenta, que me sintiera incómoda. La micro no pasaba y como es costumbre, mi incomodidad me ganó y decidí irme a otro paradero. Mientras me iba, pasé a su lado y me miró fijamente. Lo miré de vuelta con un rostro enojado y le hice un “ki ti pah!”. Me devolvió una mirada perturbada mientras se acercaba. Me asusté porque no había nadie más, entonces dieron el verde y crucé la calle. Viejo asqueroso.

Llegué a la otra esquina y pasaron dos jóvenes de mi edad en bicicletas de buena marca y full equipados. Se veían decentes. Mientras
esperaba el otro semáforo uno de ellos me miró el escote descaradamente y partió.

Parecía broma. Llegue al nuevo paradero donde me encontré con el tercero. Éste, un poco más entrador, se me acercó. No tenía cara de perturbado o de asesino, era un jote centroamericano que me preguntaba puras tonteras mientras se deleitaba con mis pechitos. “Sí, la micro pasa por Grecia”, le dije. Este acosador no era el tímido con cara de gil, era más bien corporal, pero acosador asqueroso al fin y al cabo.
Después de esa experiencia, mi cuerpo se empezó a sentir mal. Quería llegar a la casa y ponerme un polerón enorme, un buzo. Quería taparme y sentirme segura en mi cama. Me senté en la micro al lado de una mujer y me tapé con la mochila. Mi cara de odio alejaba a las personas de mí. Me bajé en Grecia con Pedro de Valdivia a esperar la siguiente micro y pensé ¿Por qué chucha no tengo plata para un maldito taxi?
Mi ansiedad por llegar a casa se incrementaba, sin embargo no podía gastar cuatro lucas en un taxi. En el nuevo paradero había una chica joven, un joven de alrededor de 18 años y un hombre de unos 50. El joven no paraba de moverse a causa de la espera eterna. “Maldita micro por qué no pasas, te odio Ricardo Lagos y tu Transantiago asqueroso”, pensé. Lo que no imaginaba es que de nuevo tendría que pasar por lo mismo.
Llegó la hora de hablar de esto sin tapujos. Muchos amigos y conocidos (hombres y mujeres) que incluso le dieron un “like” a mi estado en facebook, más de alguna vez  han tenido  comentarios machistas, una discriminación por género.
perro silbatoEsta vez, el hombre tenía cara y actitud de loco. No sacaba su sonrisa y sus ojos que más que ojos parecen manos cochinas que te desvisten. Me moví varias veces, imitando el andar del cabro joven. Su mirada no se detenía, se paraba y me perseguía sólo para mirarme mejor. A estas altura quería pegarle, pero me sensibilicé porque evidentemente parecía un hombre con discapacidad mental. Quería pegarle igual. Afortunadamente llegó la micro y logré esconderme entre la multitud, no quería ser sujeto visible, quería ser un monstruo, tapado, seguro. Me dio pena. Rabia. Ganas de gritar. Ganas de dejarlos en ridículo. Ganas de taparme con una manta. 
En un solo día se acumuló una situación que vivo a diario, cuando salgo del diario, cuando me subo a la bici, cuando el tipo de la oficina que me cae mal me mira las tetas cuando me subo al ascensor, cuando llego a mi casa y el conserje me ve pasar y me saluda como si fuera amoroso, pero sé que es un jote que me mira cuando voy a la piscina. Siempre me tapo en la piscina y me escondo de las cámaras. Lo peor de todo es que me da vergüenza admitirlo. Supuestamente la mujer empoderada es choriza y no se deja pasar a llevar.
Pero en mí se esconde un profundo miedo. No es miedo a los temblores, ni a un incendio, ni a los ratones ni a los pacos: le tengo terror a la violación, le tengo miedo a los hombres. A esos que miran en menos mi opinión política porque soy mujer a pesar de que se llaman revolucionarios y ahora defienden el feminismo porque está de moda. Esos son igual de machistas y te andan “tasando” igual que los viejos de los paraderos, o incluso peor, me llamaban “es-COTÉ-ta” (me dicen Coté).
Mi editor me pidió que escribiera esta historia que publiqué en mi facebook, no porque mi experiencia fuera más dramática que otras, sino porque llegó la hora de hablar de esto sin tapujos. Muchos amigos y conocidos (hombres y mujeres) que incluso le dieron un “like” a mi estado en facebook, más de alguna vez  han tenido  comentarios machistas, una discriminación por género. El miedo a veces nos paraliza y no hay fórmulas secretas, pero estoy segura que podemos partir por la empatía. Por sacarnos las trabas. Muchas veces por ser comprometida con “causas rebeldes” y ser una mujer “moderna empoderada” me trago temas que muchos consideran menores, o no centrales para cambiar el mundo. Es el miedo histórico al hombre, ese miedo que me inculcó mi padre cuando golpeaba a mi madre, ese miedo que sintió Tugce Albayrak cuando vio que dos muchachas desconocidas, estaban siendo acosadas en el baño de una restaurante de comida rápida. Ese miedo, de a poco, lo vamos a ir venciendo. No necesitamos ser grandes estrategas, simplemente, un poco de empatía.

Semana trágica y perversa

DESDE LA LUNA DE VALENCIA

Hay semanas que casi mejor olvidarlas y ésta que hemos terminado podría ser una de ellas. Los asesinatos de dos niñas por parte del cobarde de su padre que después se suicidó; el hallazgo de los dos cuerpos sin vida de una madre y su hija dominicanas y que llevaban desaparecidas desde el verano en el fondo de un pozo en la localidad de San Vicente de la Cabeza (Zamora).

El violador de su hija y de las hijas de su pareja durante años; las evidencias de lo que ocurría en el Arzobispado de Granada y Zaragoza. Y seguramente hubo más asuntos de muertes y agresiones a mujeres, niñas y niños menores. Terrible. Y esto no cesa.

Miguel Lorente afirma que el machismo se reinventa para permanecer y mantener así su poder. Estoy completamente de acuerdo con esta afirmación. Pero lo que no se reinventa son los asesinatos de mujeres y niñas como venganza. Eso permanece inalterable. Terriblemente inalterable.

La tragedia que supone el asesinato de una mujer a manos del terrorista es difícilmente comprensible para quienes sólo hacen políticas de maquillaje de cara a la galería y en días señalados, como muy acertadamente escribe Mar Esquembre en su columna dominical. Y precisamente por eso es perverso.

Quienes hacen este tipo de políticas poseen la voz y la palabra que se les ha arrebatado a las víctimas que ya no pueden defenderse. Tienen acceso a los grandes medios de comunicación, a las televisiones públicas y privadas y a las cadenas de radio.

Si algo se les “escapa” es internet, donde las voces disidentes tenemos un poco más de libertad para expresarnos y cuestionarlo todo. Pero cuando se diseñan documentos que teóricamente han de prevenir este tipo de terrorismos se suelen olvidar a quienes quedan atrás.

No hay reparación a las víctimas ni a las familias que, en el peor de los casos, quedan huérfanas de una de las mujeres que las conforman. Y lo peor de todo sabiendo que la han asesinado por ser mujer o niña. Sólo por eso.

La tragedia suele ser olvidada con mucha rapidez por el conjunto de la sociedad porque duele, pero queda lejos. Sólo desde los diferentes movimientos de mujeres y desde el feminismo insistimos para que su recuerdo sea imborrable. De ahí la perversión.

Avanzamos mucho con la entrada en vigor ya hace una década de la Ley Orgánica 1/2004 sobre Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Pero la gente de la judicatura apenas se la creyó y la cuestionó desde el primer momento.

Incluso hubo jueces que alzaron enérgicamente la voz contra ella afirmando que dejaba en situación de indefensión a los hombres. Hay que fastidiarse que se afirmen este tipo de cosas mientras quienes asesinan son los hombres. Discurso perverso e hipócrita. Me gustaría saber qué opinan si una de las mujeres asesinadas les tocara cerca y se quedaran huérfanos de su presencia.

Otra perversión ha sido el hecho de que quien tenía perfil para gobernar y que de hecho nos desgobierna desde hace tres años, presentara recursos ante el Tribunal Constitucional contra todas las normas que se aprobaron en su momento y que denunciaban desigualdades y obligaban a replantear normas presentes y futuras para incluir la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, la protección a mujeres víctimas del terrorismo machista y del patriarcado, y daban un mayor grado de libertad a la hora de elegir su maternidad o no.

El alto tribunal no les ha dado la razón en lo que respecta a los recursos de la Ley Orgánica 1/2004 antes mencionada, ni a la Ley Orgánica 3/2007 sobre Igualdad Efectiva entre Mujeres y Hombres.

Lo cual en sí mismo es un varapalo político. Pero en el colmo de la perversión, lo que estos miserables desgobernantes han hecho ha sido vaciarlas de contenido y sobre todo de presupuesto con la excusa de esta estafa llamada crisis. De ese modo no están derogadas, pero su cumplimiento es “virtual”.

Y si entramos en la situación de las víctimas de los abusos sexuales que han cometido los de faldas largas y negras a lo largo de la historia y de las cantidades de dinero pagadas con fondos públicos por los silencios de esas víctimas, ya la perversidad es de nota.

En aras al sagrado vínculo del matrimonio, predican resignación cristiana a las mujeres víctimas de violencia de género del tipo que sea, mientras ellos cometen tropelías con los niños que tienen más cerca y de ese modo pervierten y ensucian lo que tocan. ¿Y estos son hombres sagrados? Menos mal que hace muchos años que soy atea...

El terrorismo machista es el máximo exponente de la violencia contra las mujeres. Y cuando una víctima es asesinada ha de existir reparación para su familia que queda rota e instalada en el dolor por la incomprensión social.

No puede quedar olvidada, no puede ser sólo un titular en la sección de sucesos en los diferentes medios de comunicación que, además (quiero pensar que por falta de formación en temas de igualdad) suelen tender a justificar y exculpar al asesino maltratador.

Del mismo modo que las víctimas del terrorismo político y/o religioso tienen unos derechos, exijo derechos para las mujeres asesinadas por el terrorismo machista. No se les asesina por ser quienes son. Se les asesina por ser como son, por ser mujeres. Y se les asesina por hijos del patriarcado que creen que son suyas por derecho natural. Y los gobiernos deben impedir estas situaciones.

De ahí la necesidad de que se construya todo un discurso político desde la praxis y no desde las buenas palabras para evitar estas situaciones. Y yo, sinceramente, no me creo nada de los actuales desgobernantes que nos toca sufrir. Y mucho menos en este tema.

Pero no por ello voy a dejar de exigir la protección especial de las mujeres y niñas vulnerables, y que va mucho más allá de las órdenes de protección y de alejamiento.

Exijo aplicación y cumplimiento exquisito de la ley. Exijo que se dote presupuestariamente para su total cumplimiento. Exijo muchas más acciones de sensibilización en los centros educativos. Exijo que se incluya como materia transversal en el currículum de los centros escolares.

Exijo formación continua y continuada a todas las personas que de un modo u otro son agentes involucrados en la prevención y ejecución de esta ley. Exijo que sea real la frase de “tolerancia cero” con los malos tratos y no sólo un bonito eslogan para colocar en chapas o carteles que mostraremos el día que toque.

Exijo respeto a los medios de comunicación para que a la hora de tratar estos temas lo hagan desde la neutralidad y el respeto a la víctima y no hacia el maltratador. Exijo reparación a las víctimas.

Exijo que no exista ninguna complicidad con los asesinos de mujeres y niñas. Ni con los violadores. Ni con los abusadores de menores. Ni con los consumidores que compran sexo que también constituye una forma de maltrato. Exijo una socialización correcta de nuestras hijas e hijos, donde la igualdad total presida esos espacios.

Exijo ni más ni menos que el cumplimiento del actual marco jurídico en materia de igualdad efectiva entre mujeres y hombres, y en materia de protección y prevención de la violencia machista. Y por supuesto eso pasa por pedir responsabilidades a gentes de la política, de la judicatura y de la Iglesia, así como a los medios de comunicación y a la ciudadanía en general.

Si se dejara de pervertir la realidad cotidiana y de mirar a otro sitio cuando una mujer o niña es asesinada o violentada, o cuando un niño es abusado, quizás este tipo de tragedias tenderían a disminuir.

Quizás si el patriarcado fuera un poco menos indestructible habría menos tragedias. Quizás si fuéramos capaces de mirar de cara los orígenes de este tipo de terrorismo seríamos menos tolerantes con él.

Estoy muy harta de tanto asesinato justificado, de tanta mentira, de tanta justificación de lo que es injustificable, de tanto hijo del patriarcado suelto que en nombre de una teórica indefensión de los hombres no hace una aplicación justa de la actual legislación.

Muy harta, pero sin menguar ni un milímetro la fuerza ni la contundencia en alzar la voz y señalar con el dedo acusador a quienes se empeñan en mantener un orden patriarcal y desigual, para intentar mantenernos a las mujeres como ciudadanas de segunda.

Sin duda una semana trágica y perversa la que acabamos de vivir. Ni siquiera considero una buena noticia la dimisión el pasado 26 de noviembre de la ahora ex ministra española de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Ana Mato, puesto que incluso esa dimisión me parece perversa.

tmolla@telefonica.net

*Corresponsal en España. Periodista de Ontiyent.
  CIMACFoto: César Martínez López
Por: Teresa Mollá Castells*
Cimacnoticias | España.- 

Policías y ladrones

Carmen Boullosa
Policía… No, disculpas, quise decir ladrón. No, no, quise decir secuestrador. No, no, quise decir fuerza del orden. No, no, quise decir fabricar delitos. No, quise decir batalla campal. No, eran federales. No, eran municipales. No, no, quise decir gresca. No, quise decir partido de futbol. No, quise decir partido político. No, quise decir carroña. No, no, quise decir manifestación pacífica. No, no, quise decir bombas molotov. No, no, quise decir que iba en bicicleta. No, no, quise decir quemaba la puerta de Palacio. No, quise decir que a los provocadores les dieron carta blanca. No, no, perdón, quise decir desaparecidos. No, no, quise decir calcinados. No, quise decir esclavizados en campos de amapola. No, quise decir mariguana. No, quise decir corrupción. No, no, quise decir silencio. No, quise decir furia. No, quise decir “fírmele aquí, en su declaración”. No, no, quise decir tortura. No, no, quise decir testigo. No, quise decir golpiza. No, quise decir contrato. No, quise decir cohecho. No, no, quise decir tomada de pelo. No, quise decir justicia. No, quise decir horror, infierno. No, quise decir 43. No, quise decir 100 mil. No, no, quise decir 2 mil decapitados. No, no quiero decir números redondos es que no se sabe preciso. ¿Cuántos? No, no quise decir cuántos, quise decir tocan a la puerta.
Tocan a la puerta y los que llegan están más confundidos, y a la una se sueltan a hablar.
Que te dije que no, que no están confundidos, que traen consigna. Que no traen consigna. Que sí traen. Que son infiltrados. Que quieren quitarnos el piso. Que no, que son manifestantes. Que no, que son senadores. Que no, que sobornos. Que no, que rateros. ¿Policías?, ¿dijiste policías? Te dije que ya estamos hartos.
—A mí, véme a traer unos sopes.
—¿Dijiste sopes? ¿De dónde saco sopes?
No, no, no dije que pone la carne de gallina, dije tristeza. No, no dije tristeza, dije violencia. No, no, te dije que nos hicieron cenizas. No, de ninguna manera nos quemaron, ¿cómo crees que nos hicieron cenizas?, es imposible. Nos hicieron pedazos. Que somos víctimas, pobrecitas. Que no nos lo hizo nadie, que fuimos nosotros. ¿Cómo crees? No, no, no lo creo. ¿En qué voy a creer? No, no, que les apliquen el Protocolo de Estambul. Que no, que fue con agua de tehuacán. Que los golpearon. Eran las fuerzas del orden. ¿No eran narcos? Que no, que eran paramilitares. Que sí, que era la demanda al norte del Río Bravo de sustancias ilegales.
—A mí tráigame dos de longaniza.
Que te digo que no, que no es jauja, que los ríos están contaminados o se han ido quedando secos. Que los campos están sembrados de huesos humanos. Que de los ductos, los criminales ordeñan petróleo y gas. Que te digo que se llevan los tráilers y nadie los vuelve a ver. También ingenieros. Que te digo que eran inmigrantes. Que pidió soborno, que porque no dan licencias. ¿Por qué no dan licencias? Porque son unos corruptos. ¡Ah, por fin algo hace sentido! ¿Hace sentido? Pero no importa. Que te digo que sí, que sí importa. Que qué más da. De ninguna manera qué más da, no podemos ser irresponsables. Ya no hay tiempo para eso…
—¿Y qué horas son?
Ya se acabó la hora. Estamos viviendo minutos extras. Te digo que no, que ya no hay vuelta atrás. Que te digo que sí, se revierte muy fácil, cada quien tiene que hacer su trabajo y ya, ahí acaba el enredo, ¿no viste al juez?, clarito dijo déjenlos libres, y ya se acabó el fandango. Que fue porque le dieron indicaciones de arriba. ¿Dónde está arriba? ¿A poco hay arriba? Arriba está bien abajo. Que nos movieron el piso, somos víctimas. Que no, que es nuestro hacer, que nosotros pusimos los cimientos, que no lo podemos permitir, que ha sido por dejadez, que el ahí se va, que la costumbre de voltear para otro lado, que no hay derecho, que nada en realidad se ha movido, que desde los 70 cuando veías a un judicial te echabas a correr. Pero ya basta. Basta. Ya no más. Hay que decir, decir pero ya, y decir clarito, y ser conciso, poner los puntos sobre las íes o ya nos llevó la ch.

Lo tenía merecido, por puta



Ilka Oliva Corado
Adital


Llevo una hora y media parada frente a la ventana de mi habitación, estoy viendo nevar. Debí levantarme a primera hora a lavar los platos que dejé anoche en el sink, también a hervir agua con canela para preparar mi café, debí levantarme a hacer mi rutina diaria de abdominales; bueno, debí levantarme a escribir este artículo, pero no, llevo hora y media repesada en la ventana de mi habitación, viendo nevar mientras pienso: ¿cuántas mujeres en el mundo no amanecieron hoy por ser víctimas de violencia? No podrán preparar su café, abrazar a sus hijos, vestirse con esa falda favorita, abordar el autobús para ir a estudiar, cuántas ya no podrán soñar. ¿Cuántas mujeres en el mundo murieron víctimas de violencia mientras yo dormía?




Anoche anunciaba el presentador del noticiero en español, con su voz quedada y ese rostro de aburrimiento cuando habla de violencia de género, ya común y aceptado por la sociedad que, una jovencita de 16 años fue abusada sexualmente por desconocidos en la estación de tren en la avenida tal, del barrio tal, a eso de las seis de la tarde y fue golpeada brutalmente, se encuentra en la sección de intensivos del hospital tal. Como si nada, cambia a otra noticia. Y así llevo años escuchando en los noticieros en este país en español y en inglés, de la infinidad de niñas, adolescentes y mujeres que son víctimas de violencia. Por lo general los casos quedan sin resolver, les dan carpetazo cuando se trata de indocumentadas.



Encasillan las agresiones en temáticas como las de la violencia doméstica, problema de faldas, las estereotipan: era pandillera porque su cuerpo está lleno de tatuajes, era prostituta porque llevaba minifalda y las uñas pintadas de rojo, engañaba a su pareja lo comentan los vecinos del lugar, era drogadicta, porque tiene unos pinchazos de agujas en los brazos. Cuestionantes que a la vez avalan la agresión: ¿pero qué hacía a esas horas y vestida así? ¿Pero qué hacía caminando sola?



La palabra feminicidio no existe en el lenguaje policial en este país. Creo que tampoco a nivel mundial y si ya existen algunos países que tienen leyes y juzgados que tratan específicamente el tema del feminicidio también es cierto que a nivel mundial es una palabra estigmatizada como la del socialismo, la homosexualidad, el lesbianismo y el feminismo. Ser socialista es señal de ser terrorista. Ser homosexual es señal de ser depravado sexual. Ser lesbiana es seña de odiar a los hombres. Ser feminista es sinónimo de imitar las mismas conductas machistas. Por lo tanto ser víctima de violencia de género tiene su razón de ser: entre tantas deducciones llega la primera: merecido se lo tenía, por puta, por cascos ligeros, no era una mujer decente.



Yo me pregunto, ¿quiénes son las mujeres decentes? ¿Quiénes la indecentes? ¿Es válido agredir a una mujer en base a cómo rige su vida? ¿Su vida sexual? Y si vamos más allá y vemos la forma en que se utiliza la violencia de género como botín de guerra, cuando la utilizan para intimidar y silenciar a mujeres que no se doblegan ante la impunidad de un sistema corrupto, (el caso de las hermanas Mirabal).

¿En qué casilla entran las desaparecidas en tiempos de dictadura militar y en tiempos de paz? Hay mucho para reflexionar en el tema de la violencia de género, desde los insultos, agresiones físicas y sexuales hasta el macabro feminicidio. Habrá quién desde una postura de especialidad en el tema con experiencia de profesional graduado de universidad lo explique mejor que yo, eso no quita que por no tener el conocimiento teórico no pueda y no deba pronunciarme. Exponerlo es responsabilidad de todos, sin distinción.



Y aquí quiero explicar cómo fue que cambió mi mentalidad en cuanto a las clases sociales y la violencia de género. Lamentablemente -porque así es, se lamenta una agresión y un feminicidio venga de donde venga- hace unos años cuando recién saltó a la luz el feminicidio de Cristina Siekavizza fue bien sonado porque la clase social de la víctima no pertenecía a la del arrabal, entonces el pueblo decía que por ser ella niña rica sí le prestaban atención a su caso pero sucedía todo lo contrario con otras mujeres víctimas de feminicidio que no tenían ni para comprar las tortillas, ni contactos en las altas esferas del sistema de justicia y de la sociedad.



Se comenzó a formar un grupo en las redes sociales para exigir justicia por Cristina, en esa ocasión una amiga me invitó a formar parte y yo le dije que no porque la víctima era niña rica y que por eso sí le prestaban atención a su caso. Ella me dijo muy serena: por eso mismo, hay que aprovechar esa luz para visibilizar la violencia de género, hoy fue Cristina pero seguirán más sino los denunciamos. De todas formas no acepté. Cerrada de mente no acepté. Supe también leyendo que una Miss Guatemala en 1968 fue brutalmente asesinada por el gobierno de turno. Rogelia Cruz Martínez fue el botín de guerra de un gobierno dictador. Se ensañaron con ella por su ideología política. Ser de izquierda es cosa de pocos, de los de verdad y son muchos los que han perdido la vida por ello. Comentando con algunos catedráticos de universidades, les preguntaba de Rogelia, me dijeron que su caso fue muy sonado porque era una Miss, en el tono como me lo dijeron se notaba que la pronunciación Miss era para desacreditarla.



Las torturas, (que incluyen violaciones sexuales) asesinatos y desapariciones de mujeres en tiempos de dictaduras y guerras no han sucedido solo en Guatemala, eso lo sabemos de sobra. Así como han sido víctimas nombres conocidos también hay anónimos. La impunidad no reconoce clases sociales. Tampoco el tráfico de influencias, la injusticia, el poder de la mediatización, el dinero que todo lo compra y todo lo destruye. En los casos de violencia contra la mujer no hay nombre reconocido al que la justicia le haga honor.



El problema de la violencia de género sigue siendo estigmatizado por la sociedad y los medios de comunicación, por el propio sistema y la macilenta iglesia. Yo agradezco las voces que han estado ahí durante décadas gritando, denunciado, y también a las que se van uniendo desde sus espacios.



Yo me doy cuenta que cuando escribo de violencia de género (depende el título, porque cuando escribo la palabra puta, -como carnada- muchos se imaginan que será un relato candente, que incluye orgasmos y eyaculaciones) mis artículos no son bien recibidos, no recorren el mundo como cuando escribo de dos mujeres fornicando o de un romance entre dos personas que tienen ya compromiso por separado, el morbo es letal en la mente de los lectores. Y debido a ese desinterés de los lectores yo puedo medirle el pulso al problema de la visibilización de la violencia de género y es cuando más me lleno de energía y de coraje para no dejar de escribir al respecto, la denuncia la debemos hacer todos sea o no comunicador y tenga un espacio público.



Y como denuncia también me sucede que algunos editores hombres en los espacios independientes donde comparten mis artículos, se niegan a publicarlos porque "otra vez, la misma babosada, a seguir con la misma canción de la violencia de género cuando hay otras cosas más importantes qué denunciar.” No es menos importante la violencia de género que la generalizada. Van de la mano.



Eduquemos a nuestros hijos, nuestros hermanos, nuestros compañeros de trabajo, a nuestros padres, hablemos de la violencia de género cada vez que tengamos oportunidad, aunque nos acusen de "aburridos, amargados, ardidos, bochincheros.” Hagámoslo, hombres y mujeres por igual. Seamos parte del cambio. No esperemos a que nos toque de cerca para despertar.



Sirva este artículo como reivindicación y disculpa a mi amiga por haberme negado a formar parte de aquel manifiesto, aprendí la lección, he abierto mi mente, la violencia de género debe ser denunciada venga de donde venga; no hay clase social, profesión y oficio, conducta e ideología que justifiquen la violencia contra la mujer. ¿Y usted, cuándo se une? ¿O es de los que dice: lo tenía merecido, por puta?

Haga lo mínimo, por lo menos comparta este artículo y si le nace, coméntelo.





Noviembre 25 de 2014. Estados Unidos.

Mujeres y violencia en México. Numeralia desde un país en guerra




Adital

Por Eugenia Gutiérrez*
No existe un término para referirse a una madre que pierde a su hija, a su hijo. No será viuda ni huérfana. Simplemente madre por el resto de su vida, una madre sin sus hij@s. Ocurre lo mismo con un padre que padece la paternidad interrumpida, pues no dejará de serlo nunca. En México, gran parte de los hijos y las hijas que se pierden no lo hacen por enfermedad ni por accidente, sino a causa de la violencia institucional. No son pérdidas naturales sino pérdidas evitables. Ya sea por desnutrición, enfermedades curables, secuestro, asesinato o por detención y desaparición, se calcula que un cuarto de millón de madres y padres mexicanos han perdido a sus hij@s en lo que va de este siglo XXI, sin que alguien se haya tomado la molestia de llevar una cuenta precisa. Tampoco existe un término que pueda definir a los descendientes, familiares y conocidos de una persona secuestrada, asesinada o desaparecida por policías, militares y grupos abiertamente delincuenciales. Simplemente familias rotas. Nuestro país ha generado en los últimos ocho años al menos 150 mil.

Conforme avanzan las décadas, cada 25 de noviembre se intensifican las actividades mundiales por el día internacional contra la violencia hacia las mujeres, pues ésta no termina. En África, a ocho meses de su secuestro por parte del grupo terrorista Boko Haram, 219 niñas estudiantes de la secundaria cristiana de Chibok continúan secuestradas en Nigeria por señores de la guerra. Los extremistas musulmanes encabezados por Abubakar Shekau las han mostrado videograbadas, sometidas, insertas en doscientas burkas y repitiendo versos del Corán. En distintos videos, un Shekau armado hasta los dientes ha amenazado con venderlas por unos cuantos dólares para que se diluyan en un mercado sexual de jovencitas. No conforme, se ha burlado de la campaña mundial "Devuélvannos a nuestras hijas”, alegre y protegido por una escenografía de lanzamisiles. En otros países en guerra como Siria, Palestina, Afganistán o Rusia, por mencionar sólo algunos, decenas de miles de familias padecen los agravios del desplazamiento forzado, los enfrentamientos militares, la migración y la falta de acceso al alimento, la salud, la vivienda y la educación. Niñas, niños y mujeres pagan la cuota más alta de dolor.

Datos recientes recabados por la ONU indican que el 30% de las mujeres en todo el mundo (unos 1,000 millones) padecen violencia física, sexual y psicológica por parte de su pareja a lo largo de su vida, aunque menos del 10% lo denuncia. Cada año, un millón de mujeres son secuestradas por el mercado de la trata y la esclavitud. Niñas y mujeres realizan el 55% del trabajo forzado y esclavizante, y conforman el 98% de las personas explotadas sexualmente. Cerca de 130 millones de mujeres contemporáneas han sido sometidas a mutilación genital en África y Medio Oriente. Más de 120 millones de niñas (el 10%) han sido violentadas en una o varias ocasiones, la mayoría de las veces por sus padres, tíos y hermanos. Anualmente, unos 250 millones de niñas se casan antes de cumplir los quince años. De hecho, el terrorista Shekau asegura que casó a su hija antes de que la niña cumpliera los cinco años.

En un contexto mundial tan hostil, México ha hecho aportaciones sobresalientes a la numeralia de violencia contra mujeres en lo que va del siglo. Las cifras de asesinatos, torturas, violaciones, obstrucción de derechos, violencia intrafamiliar, niñas y niños sin hogar, trata de mujeres y abusos contra menores nos colocan por encima del promedio estadístico mundial, y superan, incluso, los registros de países en guerra declarada o que se recuperan lentamente de largos procesos de genocidio. En la primera década de este siglo quedaron registrados en México 14 mil feminicidios. Encuestas realizadas en 2011 (INMUJERES, 2014) arrojan datos que nos enmudecen: al 14% de las mujeres mexicanas (casi 8 millones), su pareja las ha "golpeado, amarrado, pateado, tratado de ahorcar o asfixiar, o agredido con un arma”. Pero el número de mujeres golpeadas, humilladas, amarradas, pisoteadas, amenazadas, pateadas, toleteadas y torturadas sexualmente por grupos delincuenciales y por integrantes de fuerzas policiacas y militares ni siquiera se puede contabilizar. Organismos de derechos humanos calculan que casi la totalidad de las mujeres que son detenidas en nuestro país padecen tortura sexual.

El México de hoy ofrece una amplia variedad de formas de violencia institucional a las mujeres nacidas en esta tierra o venidas de muy lejos. Cada año, miles de mujeres sin presente persiguen un futuro sueño americano que desde aquí deviene pesadilla. Las jóvenes fértiles se anticipan al terror que les espera en Chiapas, Veracruz y Tamaulipas colocándose, si pueden, dispositivos intrauterinos antes de salir de Guatemala, Honduras, El Salvador o Nicaragua, pues ya saben que ocho de cada diez serán atacadas (algunas, hasta tres veces) en su recorrido por la silueta del Golfo de México.

Tan sólo en la última década, decenas de mujeres han sido encarceladas por practicarse un aborto o por sufrir un aborto espontáneo. Adriana Manzanares, nahua madre de tres hijos, estuvo presa siete años en un penal de Guerrero luego de que su padre la acusara de haber abortado. Fue liberada en enero de 2014. En tanto, las mujeres presas por motivos políticos se acumulan. A casos como el de Remedios Alonso Vargas (detenida en 2000, madre de diez hijos y sentenciada a 22 años) se han sumado recientemente los de Enedina Rosas Vélez (en arresto domiciliario en Puebla), Néstora Salgado García (policía comunitaria de Olinalá, Guerrero, presa desde hace un año), Hillary Analí González Olguín, Liliana Garduño Ortega y Tania Ivonne Damián Rojas (estudiantes detenidas el pasado 20 de noviembre en el zócalo capitalino, trasladadas a un penal de alta seguridad en Nayarit), así como Jaqueline Santana López (estudiante detenida el 15 de noviembre pasado en el Distrito Federal). De los 31 periodistas asesinados en México en los últimos cuatro años (Animal Político, 2014), seis son mujeres: María Elizabeth Macías Castro (Tamaulipas), Yolanda Ordaz (Veracruz), Agustina Solano (Veracruz), María Elvira Hernández Galeano (Guerrero), Regina Martínez Pérez (Veracruz) e Irasema Becerra (Veracruz). La doctora y tuitera María del Rosario Fuentes Rubio fue asesinada el pasado 16 de octubre por denunciar la violencia del estado en su cuenta "Valor por Tamaulipas”. Sus asesinos la retrataron antes y después de morir. Luego publicaron en su propia cuenta de twitter un macabro mensaje póstumo acompañado de sus últimas fotografías.

El desprecio con que son tratadas las mujeres detenidas en México es parte de la normalidad de la conducta policiaca. El 6 de diciembre de 2012, desde el penal de Santa Martha Acatitla (D.F.), las 11 mujeres que fueron detenidas junto con 95 hombres el 1 de diciembre de 2012 en la Ciudad de México, durante las protestas en las que murió asesinado Kuy Kendall, informaron a la opinión pública la manera en que los policías las ofendían con frases como "Pero qué tal gritaban, perras”. La historia se repite este 2014, pues la abogada y cineasta Layda Negrete reporta que en los actos represivos del pasado 20 de noviembre contra la marcha pacífica en apoyo a los jóvenes normalistas atacados en Iguala, ella y varias mujeres de su familia fueron golpeadas brutalmente por policías del Distrito Federal al grito de "¡Pinches putas! Pero querían venir…”. Ante denuncias como ésta, el secretario de seguridad pública del D.F. ha optado por felicitar al cuerpo de granaderos por su "gallardía”, mientras espeta a Layda Negrete y a decenas de personas agredidas y detenidas un "le guste a quien le guste”.
En este marco de violencia institucional generalizada destacan más que nunca los esfuerzos organizativos de denuncia permanente y autonomía sostenida. El día de ayer (24 de noviembre), un inquebrantable grupo de mujeres que padecieron tortura sexual los días 3 y 4 de mayo de 2006 en la represión ordenada por Enrique Peña Nieto en San Salvador Atenco informaron que avanzan en su campaña "Rompiendo el silencio. Todas juntas contra la tortura sexual”. A la fecha, no hay ningún policía ni funcionario consignados por la tortura sexual de 26 mujeres, ni por los asesinatos de los jóvenes Francisco Javier Cortés y Alexis Benhumea, pero el grupo intensifica sus trabajos. A las 11 mujeres que comenzaron este esfuerzo colectivo (Ana María, Italia, Claudia, Cristina, Edith, Mariana, María Patricia, Norma, Patricia, Gabriela y Yolanda) se han unido más mexicanas que padecen cada día la tortura sexual de policías, militares y marinos. Las mujeres que lanzan esta campaña se fortalecen trabajando unidas para denunciar esta "especie de endemia de la tortura que hay que corregir”.
En una comunidad indígena mexicana, una mujer zapatista, madre de siete, descansa unos momentos en la cocina después de un día agotador de madrugada en el cafetal y trabajo cotidiano. Con la frente hervida de piquetes, sus ojos tristes se encienden en rabia junto al fogón mientras relata a sus compañeras las anécdotas de la semana. Toda la presión de un grupo paramilitar escapa por sus labios. Hay varios animales asesinados para lastimar a sus dueños. El recuerdo del charco de sangre que una perrita dejó en el camino esa mañana enciende más los ojos de la zapatista y la lleva a contar lo que vive todos los días en carne propia: insultos, majaderías, burlas a sus hijas que no van a la escuela (porque fue destruida), ofensas contra niñas y niños zapatistas, hasta llegar al "te voy a meter bala” de un paramilitar que, siempre que puede, la amenaza de muerte. Es en la colectividad indígena y en la autonomía rebelde, constructora de Juntas de Buen Gobierno, que esta madre mexicana resiste los embates de un sistema salvaje. Cada día, ese sistema violenta en mujeres como ella los quince tratados internacionales ratificados por México en materia de igualdad desde el 3 de mayo de 1938 hasta el 15 de marzo de 2002, además de una Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia que nació muerta. Esta ley fue diseñada desde la lógica de un feminismo sistémico que no incomoda, no trasforma, no cuestiona ninguna estructura verdaderamente patriarcal y no detiene la guerra. De hecho, la fomenta y la defiende porque no es feminismo sino protección a ultranza de intereses económicos.

La violencia institucional se teledirige hacia los amplios sectores sociales a los que se les niegan sus derechos más elementales. Por eso, no todas las mujeres viven mal en México. Muchas han recolectado las ganancias de cien años de lucha por nuestros derechos. Una vez acomodadas en las esferas de poder y corrupción, ellas ejercen la violencia. Una ladrona que no imparte clases porque no está preparada para hacerlo se autodenomina maestra, aunque ha robado durante toda su vida. Una mujer que compra bolsas de mano a precio de tres años de salario mínimo coordina a nivel nacional una cruzada contra el hambre, patrocinada por empresas que producen alimentos tóxicos. Una mujer de plástico contrae matrimonio con un hombre que aceptó públicamente su responsabilidad en los hechos de San Salvador Atenco donde hubo asesinatos, encarcelamientos y tortura sexual. Luego presta su nombre para la adquisición indebida de un palacio y tiene el cinismo de llamarse honesta. Otra mujer, hija y hermana de narcotraficantes y madre de cuatro hijos, ordena junto con su esposo el ataque a los hijos de otras.

Los actos de barbarie cometidos recientemente por policías municipales de Iguala, Guerrero, engrosan hoy la lista de agravios que debieron evitarse: una mujer, un hombre y cuatro jóvenes muertos (uno de ellos, torturado); veinte personas heridas, algunas en estado verdaderamente grave; un estudiante normalista en coma desde el 26 de septiembre de 2014; otro sometido a varias cirugías de reconstrucción facial; cuarenta y tres más secuestrados por la policía municipal y que aún no regresan. A esos saldos trágicos hay que sumar el dolor de las familias, con cinco jóvenes viudas, siete niñas y niños huérfanos (Melissa Sayuri Mondragón, apenas a los dos meses de nacida) y decenas de personas en espera de sus muchachos. Medio centenar más de madres y padres sin sus hijos. Nuevas familias rotas.

Es mucho el trabajo pendiente en México en materia de derechos humanos, particularmente de mujeres, niñas y niños, pues vivimos en el país que acuñó el término "feminicidio”. Frente a la inutilidad de exigir a las instituciones que combatan un mal que les da vida y razón de ser, decenas de miles de mujeres y hombres, en su mayoría jóvenes, siguen manifestándose contra la violencia en cada espacio de libertad construido con autonomía. Algunas y algunos de ellos se organizan con coraje para compartir experiencias de lucha en el próximo "Festival de las Resistencias y las Rebeldías contra el Capitalismo. Donde l@s de arriba destruyen, l@s de abajo reconstruimos”, que arrancará el 21 de diciembre. "Su dolor es nuestro, su rabia es la nuestra”. Con esa profundidad moral resumen las comunidades zapatistas su empatía con el dolor de los normalistas de Ayotzinapa, de sus familias heridas y de nuestro país tan lastimado. Es en esta sencilla convocatoria del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y del Congreso Nacional Indígena donde decenas de colectivos se disponen a trazar, desde un país en guerra, su propio camino de construcción y paz para México y el mundo.

Ciudad de México, 25 de noviembre de 2014.
*Colectivo Radio Zapatista: www.radiozapatista.org

Mujeres trabajadoras tienen escasa protección social y salarios precarios




Adital
La sobrecarga de trabajo no remunerado merma la participación de las mujeres en la toma de decisiones, el avance de sus carreras y sus posibilidades ocupacionales, lo que a su vez reduce sus ingresos y sus perspectivas de acceso a protección social. Esta es la principal conclusión de un informe reciente de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) que evalúa dos décadas de políticas de igualdad de género en la región. Casi la mitad de las mujeres latinoamericanas y caribeñas (47,7 %) que trabajan se desempeñan en empleos de baja productividad, con escasa protección social y salarios precarios.

Además la tasa de actividad económica femenina en América Latina asciende solo al 49,8%, y una de cada tres mujeres en la región no cuenta con ingresos propios. El estudio revela aún que el tiempo que dedican las mujeres al trabajo no remunerado es al menos el doble que el que dedican los hombres a este tipo de tareas.

La secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, señala que en los últimos 20 años no se ha modificado la estructura del mercado laboral y agregó que los costos de la participación laboral han sido asumidos de manera individual por las mujeres. En este sentido, enfatizó la necesidad de fortalecer los caminos de autonomía económica de las mujeres, así como de consolidar las conquistas en la autonomía física y en la toma de decisiones. 

Bolivia avanza con rostro de mujer




Adital

El Parlamento boliviano tendrá el mayor porcentaje de mujeres de América Latina y el segundo del mundo. La Asamblea Legislativa Plurinacional contará desde el período que arranca el 22 de enero con el 48% de bancas femeninas.

A la par del arrollador triunfo de Evo Morales (más del 61% de los votos y 37 puntos de ventaja), la victoria en ocho de los nueve departamentos y la conservación de los dos tercios para la mayoría parlamentaria por parte del MAS, las elecciones del 12 de octubre dejaron otra conquista en la institucionalidad boliviana: el número histórico de mujeres en el Congreso.

La composición de la Asamblea Legislativa Plurinacional que asumirá el 22 de enero –día en que además Evo iniciará su tercer mandato- tendrá el 48% de bancas femeninas, es decir, 15 de los 36 escaños del Senado y justo la mitad de los 130 de la Cámara de Diputados. Así, Bolivia será el país de la región y el segundo en el mundo con mayor presencia parlamentaria femenina después de Ruanda -que tiene un 63,8% de mujeres-, según datos de ONU Mujeres y la Unión Parlamentaria.

Este lunes, el Tribunal Supremo Electoral entregó las credenciales a las autoridades electas en los comicios de octubre, los reelegidos Evo y el vicepresidente Álvaro García Linera, los 332 asambleístas titulares y suplentes para ambas cámaras y los 18 representantes ante organismos parlamentarios supraestatales.

La presidenta del TSE, Wilma Velasco, destacó esta creciente presencia femenina: "La participación efectiva de las mujeres como sujeto activo del sufragio es un proceso irreversible y es tarea de todos exigir permanentemente que el Estado garantice el pleno ejercicio de los derechos políticos de las mujeres". Igualmente, apuntó la necesidad de seguir fortaleciendo la conquista de estos derechos "eliminando los obstáculos que representan la intolerancia, la agresión y el acoso contra las mujeres en sus familias y en el mismo Estado".

El presidente Evo Morales también hizo referencia a lo que será la mayor representación femenina de la historia del país y resaltó, además, la presencia de diputados jóvenes y obreros del sector minero y petrolero. "Es emocionante ver a la nueva Asamblea Legislativa Plurinacional que, prácticamente, está vestida de todo el pueblo boliviano", señaló el mandatario.

Ramona Moye, diputada electa por el Beni, con un vestido típico de su región, comentó: "Estoy muy orgullosa de representar al TIPNIS y a la mujer indígena, nosotras ya no somos un adorno, ahora también proponemos y legislamos". Otra diputada electa, Betty Yañíquez, dijo que estas cifras muestran que "la inclusión y la pluralidad del nuevo Estado no sólo quedaron en discurso".

Yañiquez agregó que "como en ninguna época tenemos leyes favorables a la mujeres, lo que tenemos que hacer es que éstas sean funcionales, sean ejecutables".

La contracara

Este avance en la participación política de las mujeres, junto a otros avances en materia legislativa como la ley contra la violencia machista promulgada en 2013 (que prevé penas de hasta 30 años), no parece plasmarse aún en los indicadores de violencia de género en el país.

El Centro de Información y Desarrollo de la Mujer informó recientemente que entre enero y octubre de este año se registraron 103 feminicidios, 14 más que en el mismo período de 2013, lo que llevó al presidente Morales a admitir que "es muy grave lo que estamos viviendo".

En el Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer Honduras se destaca mundialmente por femenicidios



Cristina Fontenele
Adital

Más 328 mujeres fueron asesinadas este año en Honduras, según datos del Centro de Derecho de las Mujeres (CDM). Cada 18 horas una mujer es asesinada en el país centroamericano y el 98% de los casos sigue impune. Instituciones de defensa por los derechos humanos reclaman por la desidia del gobierno hondureño en este asunto. En el Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer, 25 de noviembre, Honduras es considerado uno de los países más violentos del mundo, ya que presenta números alarmantes.
CDM

El país recientemente atrajo atención internacional por el asesinato de Miss Honduras Mundo, María José Alvarado, de sólo 19 años. La Miss y su hermana, Sofía Trinidad Hernández, fueron asesinadas y sus cuerpos tirados en una fosa común en las márgenes de un río, en el oeste del país. Los supuestos asesinos, Plutarco Antonio Ruiz y Aris Maldonado Mejía fueron capturados, conjuntamente con otras cinco personas, posibles cómplices. María José y su hermana desaparecieron después de una fiesta de aniversario en un balneario cerca de la ciudad de Santa Bárbara, a 200 kilómetros al noroeste de la capital Tegucigalpa. Ruiz habría disparado sobre María José dos veces por la espalda, cuando la joven intentaba huir. La motivación del delito habrían sido celos.
Para Betty Vásquez, miembro de la Red de Mujeres de Santa Bárbara, la cosificación de la mujer es un enorme riesgo, principalmente en santa Bárbara. "Se ha creado un mito de que en Santa Bárbara y Atlántida están las mujeres más bellas de Honduras, pero ver esa belleza solo físicamente para exponerla ante el patriarcado es también un riesgo,” dijo Vásquez.
CDMSegún datos del Observatorio de la Violencia, de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras – UNAH, de 2005 a 2013, la tasa de homicidios de mujeres creció más del 260%. Regina Fonseca, del CDM, resalta que "tenemos más de año y medio de tener la tipificación de femicidio (en el Código Penal), pero hasta antes que estas dos niñas fueran asesinadas, solo había 7 requerimientos fiscales, ¿de qué nos sirven las leyes?”. Datos del CDM revelan que una de cada cinco mujeres hondureñas ya sufrió violencia doméstica y cada cuatro mujeres una ya sufrió violencia física.

El estudio titulado "Femenicidio: un problema global, realizado en 2012 por el Small Arms Survey, sitúa a Honduras entre los 12 países con las tasas más altas de femenicidio del mundo. En el informe se señala que la mayoría de los autores de los delitos es del sexo masculino, frecuentemente familiares o amigos de las víctimas, y, generalmente, es una pareja íntima (actual o antigua). De esta forma, un análisis de las relaciones más cercanas de la víctima puede ayudar a identificar al autor del delito.
Desaparecidas
Otro grave problema son las desapariciones de mujeres en Honduras. Según las instituciones de derechos humanos, no es posible llegar a una estadística precisa, pues la falta de atención de las autoridades es como si las desaparecidas nunca hubiesen existido.
CDM

De acuerdo con investigaciones, el perfil de las víctimas es en su mayoría: niñas menores de edad y mujeres de diferentes edades. Más de la mitad de los casos está relacionado con el objetivo de explotación sexual. Ya fueron desarticuladas redes que ofrecían mujeres y niñas a un grupo de clientes, entre los cuales se encontraban policías y militares del ejército.
Constantemente se descubren cementerios clandestinos con varias víctimas, posiblemente consideradas desaparecidas. En octubre de este año, por ejemplo, en la región de Colonia López Arellano, municipio de Choloma (Departamento de Cortés), noroeste de Honduras, se encontraron seis cuerpos. En junio de 2013, otros ocho cuerpos fueron descubiertos en la Aldea El Calan, en Villanueva, también en Cortés. En 2012, se encontraron tres cementerios clandestinos en la zona norte del país, en las ciudades de Tela, Ceiba y San Pedro Sula. En 2011, fueron identificadas 13 fosas comunes.
El Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer fue elegido por organizaciones de mujeres de todo el mundo, reunidas en Bogotá en 1981. La fecha es un homenaje a las tres hermanas dominicanas Mirabal, conocidas como "Las Mariposas”, brutalmente asesinadas por luchar por los problemas sociales en su país.