5/23/2020

"En la estrategia de lucha contra la trata, necesitamos datos y conocimiento para poder innovar"






Para esta trabajadora social, especializada en sensibilización en institutos y universidades, es fundamental saber cómo los tratantes están captando a las víctimas, cómo las obligan a moverse, por dónde se mueven, qué edad tienen, qué factores intervienen en el proceso, y construir soluciones con una perspectiva un poco más compleja que las medidas por las que se apuesta actualmente




Madrid, 14 may. 20. AmecoPress.- La vida de Alejandra Acosta cambió cuando, siendo estudiante de Trabajo Social, asistió a un congreso en el que supo que, en su ciudad, Madrid, existía la esclavitud y conoció el testimonio de una chica nigeriana de su edad a la que habían rescatado de una red de explotación sexual, que tenía “las mismas aspiraciones y sueños que yo, pero no las mismas oportunidades”. Entonces, junto a una amiga estudiante de Psicología, decidió “hacer algo”. Ese algo se llama Break the Silencie, un proyecto formado por voluntarias universitarias que nació para concienciar a los y las jóvenes sobre la trata de personas, a través de charlas en institutos y universidades y que ha ido ampliando y profundizando su estrategia en la medida que encuentra límites para avanzar.
Alejandra Acosta no rehúye del cambio y defiende el conocimiento como parámetro necesario para combatir una realidad cruel en la que los verdugos transforman permanentemente sus estrategias para seguir explotando y esclavizando. En la trata se entrelazan capas y opresiones que sostienen nuestro mundo y la categorización simplista y ramplona no forma parte de la estrategia que esta joven risueña y clara elige para luchar contra ella.
¿La gente es consciente de la existencia de esclavitud en las ciudades en las que vive y pasea?
Todavía falta mucha conciencia, pero es preciso destacar que, gracias al auge del movimiento feminista, el tema de la trata se ha puesto encima de la mesa y cuando hablas de trata de personas con fines de explotación sexual la gente conoce unos mínimos conceptos. Pero, aunque agradecemos mucho este avance, la trata es un fenómeno sumamente complejo, aunque es una cuestión de género -que obviamente lo es- va mucho más allá. Es una cuestión de derechos humanos transversales y afecta a niños, niñas, mujeres, hombres, personas de muchas condiciones y situaciones diversas. Por supuesto trata es explotación sexual, pero la trata es uno de los cimientos de nuestra sociedad, es decir, el mundo, tal y como lo construimos, está fundamentado o al menos uno de sus pilares es la esclavitud.
Cuando se trata de explicar los factores que hacen que una mujer caiga en las redes de trata se alude a la “vulnerabilidad”, ¿la vulnerabilidad es siempre y solo económica?
No, efectivamente, no solo es económica. Nosotras empezamos a ir a los institutos bajo la premisa de que, si la gente se enteraba de lo que estaba pasando, las chicas serían un poco menos vulnerables porque tienen conocimiento. Era un poco inocente. Pero cuando llegamos a las aulas encontramos chicas que no sólo eran vulnerables económicamente. En barrios muy adinerados por ejemplo, encontrábamos chicas que eran captadas para explotación sexual y la premisa para captarlas estaba mucho más relacionada con la vulnerabilidad emocional; estas chicas establecían un vínculo por redes sociales con un hombre, (sobre todo por Tinder, que es una red que tristemente han usado mal muchas chicas), establecían este vínculo romántico tóxico, compartían imágenes desnudas o en situaciones de intimidad, y luego este chico las extorsionaba y las amenazaba con difundir las imágenes y mediante esta presión las explotaba: “si no haces lo que yo te pido voy a decir en tu instituto que eres una prostituta”. Entender la complejidad es un proceso.
¿Cómo habéis modificado la estrategia?
Empezamos yendo a institutos hablando de trata con fines de explotación sexual y encontramos tanto chicas potenciales de ser captadas como víctimas de explotación sexual, y chicos con un alto consumo de pornografía y una normalización de la prostitución que empeoraba este problema. Pero, además, vimos que, entre estos adolescentes, había círculos en los que por ejemplo sus familias eran dueñas de un burdel o un club de striptease y era complicado para ellos enfrentar esa situación. O también, cuando encontrábamos a alguna chica estaba siendo explotada, tratábamos de ponerla en contacto con alguna organización que pudiera ayudarla, y a veces el profesorado o las familias se oponían, no querían remover más la situación. Es decir, era el propio sistema el que planteaba dificultades a estos chicos y chicas. Porque la trata es el resultado de un complejísimo sistema de opresiones que se entrelazan (económicas, raciales, identitarias,…) y por eso normalizamos determinadas lógicas y narrativas que no son normales.
Nos dimos cuenta de que lo que estamos intentando solucionar tenía una envergadura a la que no llegábamos y decidimos ir un pasito más allá, planteando hacer incidencia política a nivel municipal, quisimos que las personas que hacían ordenanzas y políticas locales tuvieran conciencia del problema y supieran cómo se desarrollaban en su municipio la trata, para que pudieran maximizar la actividad de prevención y sensibilización. Lo cual está muy bien, pero volvimos a llegar una limitación porque vimos que sin una ley integral contra la trata que tipifique adecuadamente el delito, esta acción se quedaba pequeña.
Ahora estamos en otra fase. El trabajo de acompañamiento de mujeres de modo informal y voluntario nos permite recoger muchos testimonios y comprender situaciones, para plantearnos cómo poder hacer más y mejor; y de repente, un día, una chica nos contó cómo a ella la trasladaban constantemente en Uber y abrimos otro melón: la trata, para legitimarse, se sirve de la estructura de las ciudades, es decir, todas aquellas cosas que todos los ciudadanos y todas las ciudadanas usamos, los tratantes también las utilizan para llevar a cabo su negocio y una por ejemplo es una estructura de movilidad que se llama Uber. ¿Es Uber un proxeneta? No, posiblemente Uber no tenga ni siquiera noción de lo que está transportando, y si la tiene, no se mete ahí. Entonces, nosotras nos planteamos la posibilidad de ofrecer a Uber o a estas cadenas de movilidad una solución para que entiendan que en su negocio viajan víctimas de trata y que si ellos y ellas son conscientes de lo que ocurre e implementan protocolos pequeños, vamos a acelerar la identificación de víctimas de trata. En esa fase estamos, investigando qué puede hacer el sector privado en la lucha contra la trata, pensando cómo coaligar estas entidades con otros sectores como ejes de administración pública y producir datos, producir conocimiento, saber cómo están captando a las víctimas, como las están moviendo, por dónde se mueven, qué edad tienen, y construir soluciones con una perspectiva un poco más compleja.
¿Es fundamental contar con una ley integral contra la trata?
Por supuesto, si no se tipifica el delito con todas las particularidades y todos los tipos de trata que hay, no va haber sentencias condenatorias.

“Evidentemente no podemos sostener que prostitución y trata van separadas, porque esto no es cierto, pero, aunque beben una de la otra, me parece demasiado categórico hablar de que una y otra son lo mismo”

¿Trata y prostitución van de la mano?
Yo diría, y me vas a permitir citarla porque la admiro mucho, lo que siempre dice Martina Capelli, siempre explica la trata y la prostitución como dos alianzas que se entrelazan, y ahora mismo, ante la ausencia de suficientes datos veraces y de calidad (lo cual dice mucho de un Estado que no invierte en investigación) que impiden medir bien muchísimas aristas que tiene este problema, hace que sean unas alianzas que beben una de la otra, pero no sabemos en qué medida. Evidentemente no podemos sostener que prostitución y trata van separadas, porque esto no es cierto, pero, aunque beben una de la otra, me parece demasiado categórico hablar de que una y otra son lo mismo. Y lo explico al menos desde mi perspectiva de sensibilización. Si yo en un instituto o en una universidad digo que prostitución y trata es lo mismo, aquella persona que está siendo tratada pero no está explícitamente en la prostitución, no se va identificar con este problema. Entonces, hay una escala de grises desde que eres “víctima de trata de manual” hasta que eres lo que definiría mucha gente como una “prostituta empoderada”. Lo digo entre comillas porque soy abolicionista y creo que la prostitución es una institución patriarcal. Pero creo que hay que ser capaz de evaluar la escala de grises porque las realidades no son tan simples.
Hay investigaciones realizadas por defensoras de derechos humanos, feministas, que ponen de manifiesto que a veces, las llamadas mafias, se convierten en redes que “protegen” a las mujeres en su tránsito migratorio, si no estuvieran en ellas sufrirían una violencia aún mayor. ¿Es necesario cuestionar las fronteras y las leyes de extranjería si queremos acabar con la trata?
Absolutamente. Para mí un activismo abolicionista que no cuestione la Ley de Extranjería, por ejemplo, o un activismo contra la trata de personas que no esté cuestionando el sistema de fronteras me parece que no está teniendo en cuenta un factor esencial. Porque, aunque hay víctimas de trata por supuesto españolas, también menores de edad, sabemos que la mayoría de las víctimas son migrantes o en situación de vulnerabilidad económica. Entonces, no podemos dejar de tocar todo el tema del racismo, el control de fronteras, que está hecho así a propósito. Cuando hablamos de vulnerabilidad no hablamos de algo etéreo, hablamos de un conjunto de condicionantes que impiden acceder a unas oportunidades y unas condiciones dignas y esos condicionantes no son inocentes, se han creado a propósito para que quien quienes están en los márgenes estén todavía más.

“Faltan herramientas: vemos chicas en el aula con un discurso feminista súper interiorizado y en situaciones de trata de explotación sexual”

La trata con fines de explotación sexual afecta cada vez a mujeres más jóvenes. También parece haber un aumento de adolescentes y jóvenes que se acercan al sexo a través de la prostitución y la pornografía. ¿Es así tu percepción? ¿Qué hacer? ¿Cómo prevenir esta situación?
Yo veo varias tendencias confluyen y que si queremos hacer una sensibilización eficaz y acercarnos a esta franja de la población hay que pararse a analizar. Lo primero es que, gracias a la conciencia feminista, hay cuestiones que la gente joven conoce y tiene la posibilidad de pensar. Pero el problema es que, aunque estos adolescentes tienen mucha más información que antes, gracias al feminismo, sobre temas relacionados con pornografía, con violencia, con sexualidad, sin embargo, no tienen herramientas. No podemos pelear en una charla de 45 minutos con 23 horas y cuarto diarias de sexualización. Entonces, fantástica la divulgación, pero creo que tenemos que mutar de etapa y empezar a dar herramientas, porque ves a chicas en el aula con un discurso feminista súper interiorizado y en situaciones de trata de explotación sexual. Hablo de herramientas para poder poner trabas o para poder pedir ayuda, construir capacidades es un proceso largo en el tiempo. Por otro lado, creo que hay un claro auge de la normalización de la pornografía, de la prostitución, y del consumo, que es absolutamente preocupante y que tiene que ver también con el auge del sexismo y con lo que los partidos de la ultraderecha están reforzando. ¿Cómo puedo ser un chico de 18 años y no normalizar el consumo de prostitución por ejemplo si llevo consumiendo pornografía desde los 10? Si he normalizado que puedo comprar lo que quiera con un clic, que puedo conseguir lo que quiera en cualquier país del mundo, que ser racista es normal, todos los parámetros de este mundo que va rápido, donde todo es inmediato, que normaliza la prostitución, que normaliza la precariedad, que normaliza la falta de opciones, he interiorizado una narrativa mucho más compleja que simplemente el lado de la explotación sexual, son visiones que se entrelazan.

“¿Cómo puedo ser un chico de 18 años y no normalizar el consumo de prostitución por ejemplo si llevo consumiendo pornografía desde los 10?”

¿Sigue habiendo mucha violencia sexual dentro de las paredes de las casas?
Si, de hecho los casos que aparecen en las aulas casi siempre son chicas que han sido agredidas sexualmente por personas de su entorno y de su confianza. En institutos donde nos permiten hacer un trabajo permanente de talleres semanales puedes ir profundizando y hemos trabajado mucho la cultura de la violación.
¿Sanan las heridas de la esclavitud sexual?
Sí, claro que sí. Ayuda mucho que estas mujeres tengan acceso a la justicia y también que como sociedad estemos dispuestos y dispuestas a ayudar a que estas mujeres sanen. No son un caso aislado, es un sistema que legitimamos entre todas y todos.

Medidas durante el estado de alarma provocado por el covid-19

Durante el estado de alarma provocado por el covid-19 se han implementado algunas medidas dirigidas a las mujeres víctimas de trata, de esclavitud sexual o en contextos de prostitución. ¿Qué opina de etas medidas? ¿Cómo ha afectado este confinamiento a las víctimas de trata?
Las medidas son un avance en el sentido de que contemplan a estas mujeres como receptoras ese tipo de ayudas pero tristemente no es suficiente. Y con “no es suficiente” no quiero decir que ya tendríamos que tener la ley integral estatal. El coronavirus nos ha pillado por sorpresa a todos y a todas y no vamos a esperar que el gobierno en tres días apruebe una ley integral contra la trata, pero no se han dado ni siquiera para las entidades, a las que tanto muchas veces acusan, protocolos y criterios claros para saber cómo estas mujeres pueden acceder a los recursos y las ayudas previstas. Y otro aspecto que deja en evidencia el trabajo que está realizando también por parte de las asociaciones es que no tenemos suficientes datos y estructuras para poder agrupar el trabajo que se está haciendo. Necesitamos, de cara a coordinarnos con instituciones, tener hechos claros, saber lo que está pasando y como está pasando.
Las redes y los tratantes van cambiando de estrategia y a veces van por delante del trabajo que se realiza desde las organizaciones e instituciones. Da la impresión que el ritmo de los datos y del conocimiento de la situación no se adecúa a la necesidad.
Sí, efectivamente, dentro del problema de la trata, esta es mi causa: la necesidad de conocer para innovar. Entiendo que muchas organizaciones están haciendo un extraordinario trabajo a pie de calle y están ocupadas con intervención y a menudo desbordadas. Pero necesitamos fomentar la investigación, saber cuáles son las tendencias, qué está pasando, como está pasando, porque si no, sigue sucediendo que los tratantes van 15 pasos por delante de nosotras.
La trata es un gran negocio, donde están involucrados muchos sectores y muchos estamentos de la sociedad.
En todos los sectores hay gente que cierra los contratos en los burdeles pero también hay gente convencida de querer acabar con la trata. Desde mi punto de vista no podemos caer en un discurso simplista donde convirtamos a todos en verdugos o a todos en víctimas. La realidad es mucho más compleja. Y lo que va a hacer que la trata acabe es que seamos capaces de permear en toda la sociedad.

Escuchar y dar voz a las supervivientes y preguntar también cómo quieren ser ayudadas

Danos un mensaje para los medios de comunicación, que de alguna manera también contribuimos a construir o transformar determinados imaginarios. ¿Cómo abordar la trata en los medios?
Para mí es fundamental que los medios de comunicación reciban formación por quien toca terreno. Claro que hay formación sobre estos temas para medios de comunicación, claro que hay más gente queriendo estar en la conversación y aportar, pero realmente ¿cuánta de esta gente está tocando terreno? Ahí te das cuenta de que no es mucha y esto es peligroso, porque al final vendemos mitos, cosas desactualizadas y excesivamente politizadas ante la falta de datos. Creo que es fundamental que los y las periodistas estén formados y formadas por quien toca terreno. Y lo segundo, escuchar en la medida de lo posible, o dar voz en la medida de lo posible, a las consignas de las supervivientes, no desde el morbo, sino preguntar también cómo quieren ser ayudadas.
¿Hay algún testimonio que te haya marcado especialmente?

Hay un testimonio que me marcó especialmente porque puso en cuestión muchísimas de mis valoraciones patriarcales y paternalistas sobre las víctimas y supervivientes de trata. Nelly es una chica de Veracruz que fue tratada en la universidad con 18 años. Fue de los primeros testimonios mediáticos que escuché. Era un caso parecido a los que yo trabajaba en los institutos, una chica que está en una situación de vulnerabilidad económica, pero sobre todo de vulnerabilidad emocional y es engañada por un hombre, inician una relación, ella se va a vivir con él a otra ciudad, él le cuenta que trabaja en una fábrica de coches y lo que hacía era explotar a mujeres, él logra prostituirla y ella ni siquiera estando en la prostitución es consciente de que él la ha tratado. Finalmente, Nelly logró escapar y entrar en un recurso de reinserción social especializado para mujeres supervivientes se trata. Por cosas de la vida, me invitan a un congreso internacional para hablar sobre trata de personas en México y ahí coincidimos, ella es uno de los testimonios de supervivientes. En esos días yo me entero de que Nelly está terminando su carrera, se va a graduar, ha conseguido fondos para montar un negocio y además la han nombrado una de las 50 mujeres más poderosas de México. 
No quiero resaltar este testimonio como una cuestión de éxito individual de Nelly, sino porque supuso poner en cuestión muchos de los prejuicios y parámetros que yo tenía establecidos con respecto a las supervivientes de trata. De hecho, creo que aquí en España todavía las oportunidades que desde las organizaciones se les ofrece no son suficientes y están enfocadas a un tipo de trabajos que son los que creemos que una superviviente será capaz de hacer, cuando esto no es así.

Foto: archivo AmecoPress, cedidas por Alejandra Acosta

Lo personal es político, en la pandemia y siempre




 


La forma como estamos experimentando el confinamiento en todos los países ha puesto en el centro, nuevamente, la vieja proclama feminista “lo personal es político”, al trastocar los ámbitos público y privado. Por decirlo así, la calle entró a la casa, pero también la casa está tomando la calle





Cd. de México, 21 may. 20. AmecoPress/SemMéxico.- Trabajo en una consultoría educativa y hace unos días, en una reunión con un cliente, le dije que podía atender su solicitud cuando regresara del supermercado, mi primera salida en varias semanas. Después caí en cuenta de que con varios clientes estaba tocando temas “privados” que en otros tiempos habrían sido impensables. Ese darme cuenta, y la lectura de algunas narrativas de mujeres a las que admiro, es el origen de esta reflexión.

La forma como estamos experimentando el confinamiento en todos los países ha puesto en el centro, nuevamente, la vieja proclama feminista “lo personal es político”, al trastocar los ámbitos público y privado. Por decirlo así, la calle entró a la casa, pero también la casa está tomando la calle.

La clasificación binaria de los roles, estatus y espacios, a partir del sexo biológico y la carga cultural de género, supone que el espacio privado está reservado para las mujeres, los afectos, el cuidado de los otros, el así llamado trabajo doméstico, etcétera. El espacio público, en cambio, sería el ámbito de los varones, del trabajo remunerado, de la empresa y el éxito, de la política, etcétera.

Con la irrupción masiva de las mujeres al espacio público desde hace algunas décadas, su papel en ese mundo de hombres ha ido ganando fuerza y contundencia, pese a las enormes resistencias que aún se observan. Pero estos cambios en su presencia pública no han disminuido el rol de las mujeres en el ámbito privado, particularmente en la familia. Así es como las mujeres tienen que planificar la vida del hogar y realizar tareas domésticas y de cuidados, además de desempeñarse en el mundo laboral. Dos mundos, dos espacios, dos cargas, eso que se llama la doble jornada de trabajo, pero que es mucho más que una suma de horas trabajadas.

Las mujeres tienen décadas cargando doble, pero cada carga se sostenía en un espacio diferente. El obligado confinamiento actual tiene múltiples aristas desde dónde analizar lo que estamos viviendo, pero una de ellas que llama la atención es el trastrocamiento de los espacios público y privado, entendidos como espacios físicos, demarcaciones territoriales: lo público está la calle, lo privado está en la casa.

En estas semanas, el ámbito público (laboral y político) invadió el espacio privado, convencionalmente reservado a los otros quehaceres domésticos y a las relaciones afectivas. El comedor de la casa se convirtió en oficina, salón de clases, estudio de grabación, etc. La habitación para dormir podría ser también el nuevo gimnasio y la sala de meditación. Los espacios, las dinámicas familiares y las mentalidades se han reajustado para dejar entrar la calle a la casa.

Pero al revés también. Lo privado y la vida en el hogar toman relevancia pública. Lo íntimo se vuelve algo que compartir abiertamente, motivo de debate público, sociológico y político. Estas semanas nos han dejado relatos de mujeres de distintas profesiones, ocupaciones y niveles socioeconómicos, que desde diversas latitudes cuentan cómo hacen malabares para lidiar con el trabajo a distancia, la organización del hogar, el cuidado de la familia y ¡la educación en casa!

Este es el caso de Arcelia Martínez (Aprendizajes en la cuarentena), que cuenta su experiencia en este mismo blog y el de Jimena Hernández-Fernández (Consejos para sobrellevar la escuela en casa). Arcelia y Jimena son investigadoras educativas, así es que han enfocado desde ahí la experiencia. Toman como eje articulador de su reflexión, los retos de la educación en casa, pero sus textos no son los típicos análisis de política educativa. Ellas comparten lo que están viviendo, sus emociones, alegrías y frustraciones, las negociaciones familiares y los logros conseguidos a fuerza de flexibilidad inagotable.

Otras mujeres, desde el periodismo, también nos han regalado maravillosas historias, como Daniela Rea (Un refugio que es un refugio), quien relata la experiencia de sus hijas de mudarse a vivir en una tienda de campaña en la sala del departamento que habitan. Especial mención merecen los diversos textos de Cynthia Rodríguez (Noticias desde el encierro) quien nos ha mantenido al tanto de lo que sucede en Italia, al mismo tiempo que narra lo que cocina y lo que significa estar en casa con sus tres hijos pequeños.

Como los mencionados, hay muchos textos más. En el trastoque de los espacios, la casa salió a la calle. Quizá no fue una ventana la que se abrió, sino una pantalla de Zoom la que ha permitido visibilizar el ámbito privado que habitan las mujeres, pero más allá de visibilizar, lo que hacen estos textos es politizar, en el mejor sentido del término, las experiencias de la vida en confinamiento de la mitad de la población.
Foto: SenMéxico.
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Faros en la tormenta


Tengo una buena noticia. Y sé que la celebrará conmigo.
Haré el relato desde el principio.
La pandemia por COVID-19 ya tenía sumida en el caos a un par de países en Europa, pero yo no me había dado cuenta de la gravedad. Estaba muy ocupada pronunciando conferencias sobre los derechos de las mujeres, y el significado profundo de la huelga de mujeres en México. Transcurría la segunda semana de marzo.
Venía de regreso de Cancún, donde había dado dos conferencias a unas 200 personas, cuando me cancelaron un foro en Chiapas, “por precaución y porque no tenemos las condiciones en el estado para hacer frente a la epidemia”, dijeron. Fue mi primera alarma.
Cuatro horas después, al llegar a casa, mi esposo sugirió que repensara mi agenda, “es muy grave”, afirmó. Fue mi segunda alarma, porque él es sereno y prudente.
Entonces lo consulté con un buen amigo médico. No dudó: “Cancela todo, quédate en tu casa y, ¿dónde dices que estuviste?, ¿te hospedaste en hotel?, ¿viajaste en autobús?, quédate en casa y avísame de cualquier síntoma”.
Me detuve de golpe. Empecé a prestar atención. Y, entendí, dimensioné, fui al miedo y de regreso, me abrazó la incertidumbre y la sacudí. Volvieron emociones que ya conocía, que ya me habían visitado antes.
De todas las malas noticias, la que más tocó mi corazón fue el duelo de miles de personas. Si yo me había sentido en un naufragio y a la deriva tras la muerte de mi hijo Alejandro, no fue difícil imaginar lo que sería vivir el duelo en aislamiento. Y pensé que podía escribir un artículo, porque algo de lo que yo había aprendido podía servir a quien estuviera viviendo un duelo.
Al día siguiente, en un chat, varias compañeras comenzaron a manifestar angustia, porque personas que conocían se habían enfermado. La pandemia se volvía tangible y cercana. Escribí mensajes con algo de lo que había descubierto cuando me sentí muy angustiada durante la enfermedad de Alex.
Así que cuando llegó el momento de preparar mi artículo, comencé a escribir reflexiones de lo que había aprendido desde que recibió el diagnóstico de cáncer, y no pude parar. Tres horas después yo tenía 10 cuartillas y varios apuntes con frases sueltas e ideas.
Decidí entonces continuar. Será un pequeño texto, me dije, pero le puede ser útil a quienes están en duelo por distintas razones. En realidad, pensé, todas las personas estamos en duelo, porque con esta pandemia ya perdimos las certezas y eso sólo ha sido el principio para muchas. Será para quien lo necesite, concluí.
Las siguientes cinco o seis semanas teclee y teclee. Lloré a mares y volví a llorar. Leí parte del Diario que escribí en los 8 meses que duró el camino por el infierno para Alex, y volví a ser un alma en pena. Leí los artículos que publiqué en el suplemento “Siglo Nuevo” y me volvió a doler el corazón, regresó el nudo en la garganta. Y seguí escribiendo.
¡Y lo acabé! Hoy le doy la noticia. ¡Está por ver la luz un nuevo libro! Lo he titulado: “Claves para atravesar la tormenta” (mis aprendizajes para vivir el duelo).
Se conforma de dos partes. La primera contiene las Claves en las que sintetizo mis aprendizajes con algunas breves reflexiones. Y la segunda se compone de los artículos que he publicado al respecto, y algunos apuntes de mi Diario.
Mi hija Talía diseñó la portada y trabaja en el diseño editorial. Amigas suyas, Anahí, María José y Mireya, hicieron las ilustraciones que le dan vida al texto. Carlos, mi esposo; Luis, mi yerno; y mis amigas Lía y Celina, leyeron todo el texto, hicieron preguntas, correcciones y sugerencias que, sin duda, lo enriquecieron notablemente. Así que hay mucha energía amorosa en este libro.
Este nuevo libro está escrito con el ánimo de compartir algunas “tablitas” o “faros” para quienes se sienten a la deriva en plena tormenta; pero particularmente está escrito para quienes se encuentran en duelo por la muerte de un ser que aman.
Confío en que cumpla su propósito. El libro pronto estará a disposición. Por ahora, ¡celebro con alegría esta noticia con usted!

"Convertirse en Beauvoir", una nueva biografía


lasillarota.com

María Teresa Priego

"Convertirse en Beauvoir", una nueva biografía. Para quienes somos lectoras/es casi fanáticas/os de Beauvoir, cada publicación que lleva su nombre es como un imán impostergable

En el verano de 2019, la filósofa inglesa Kate Kirkpatrick (Universidad de Oxford), publicó la biografía "Becoming Beauvoir", ahora recién publicada en castellano por Paidós. Simone de Beauvoir murió en 1986. Cuatro años después, Deirdre Bair, (biógrafa también de Anaïs Nin, Samuel Beckett, Jung), publicó su biografía autorizada. Viajó muchas veces a París, entrevistó a Beauvoir, a sus amigas/os, a sus alumnas/os, recorrió sus calles y sitios preferidos. Analizó detalladamente su trabajo autobiográfico, sus aportaciones a la filosofía y desde allí, a los movimientos de mujeres. 
Murió hace un mes, Deirdre Bair, en su casa en Connecticut. Una mujer inolvidable.
Tuve la oportunidad de conocer a Deirdre en París, poco después de la muerte de Beauvoir, fue muy generosa con su tiempo y me permitió acribillarla con preguntas, en ese momento trabajaba la biografía y continuaba haciendo entrevistas para afinar detalles. Conoció al escritor Jean-Claude Courchay (papá de mi hijo mayor, la conocí por él), por su larga amistad con Beauvoir, y lo entrevistó en varias ocasiones. La fascinación de ambos y su lealtad hacia Beauvoir eran hipnóticas. Lectora casi febril de Beauvoir desde mi adolescencia, me bebía sus palabras. Cuántas enseñanzas, cuántas copas de vino, cuántas horas. Visitamos juntos un lugar de peregrinaje: la tumba de Beauvoir y Sartre en Montparnasse. Beauvoir vivió por muchos años, justo enfrente.
Una excelente biografía en su momento, y acoto de esta manera, porque si bien sigue siendo una obra imprescindible para entender y intentar aprehender la personalidad y las aportaciones de Beauvoir, diversas publicaciones después de su muerte dejaron claro que, en vida, hay demasiadas cosas que Beauvoir eligió no decir. Autorizó, sin embargo, a Sylvie Le Bon, su compañera e hija adoptiva,a publicar después de su muerte textos inéditos como "Cuadernos de juventud", "Diario de guerra" y partes muy importantes de su correspondencia. Una bomba colocada a mitad de la mesa. Las publicaciones suscitaron oleadas de escándalo, desilusión, rabia. Tanto en personas muy cercanas a Beauvoir, como en sus lectoras/es. Deirdre misma, en algún momento, se sintió devastada. Ciertas "revelaciones" hacían temblar la certidumbre de una Beauvoir feminista, a la manera en la que la habíamos imaginado. 
Quedó claro que Simone de Beauvoir escamoteó vivencias esenciales en su vida, como sus relaciones amorosas con mujeres, sus (después tan célebres) tríos con Sartre, la importancia de su vínculo con Jacques Laurent Bost, la manera en la que se sostuvo el "pacto" entre ambos filósofos, con mucha frecuencia, a costa de otras personas. Beauvoir especificó en su biografía que, "no lo diría todo". Sin embargo, las publicaciones posteriores a su muerte provocaron una sensación de traición y de engaño.
Bianca Lamblin, su ex alumna, amiga y pareja sexual (también de Sartre), publicó "Memorias de una joven perturbada", ("Mémoires d'une jeune fille dérangée"), juego de palabras con el título del primer tomo de la biografía de Beauvoir "Mémoires d'une jeune fille bien rangée". Con un dolor inmenso escribe el daño que le causó la relación a tres y su enorme desilusión, cuando leyó la manera en la que Beauvoir se expresaba de ella en sus cartas a Sartre. 
Treinta años y cientos de páginas ya publicadas después, la biografía de Kate Kickpatrick no está llena de revelaciones, para quienes hayan seguido con detalle todo lo que se publica alrededor de la autora de "El segundo sexo". Es, sin embargo, un recorrido muy interesante para quienes no. También suma la información que nos ofrece la correspondencia de Beauvoir con el cineasta Claude Lanzmann ("Shoa"), accesible apenas en 2018 y que devela las intensidades de un vínculo que duró siete años, además, con un dato raro en la vida de Beauvoir: fue el único hombre con el que vivió bajo el mismo techo. Y al que le permitió tutearla.
A la muerte de Sartre, Lanzmann fue director de la revista "Les Temps Modernes". Quiso publicar en Francia las cartas que le escribió Beauvoir, pero no fue posible por un conflicto con Sylvie por los derechos de autor (para la ley francesa las cartas son de quien las escribe, no de quien las recibe). El reproche del cineasta: "Sylvie quiere desaparecerme de la vida de Beauvoir". Ya era un hombre muy mayor, murió en 2018 a los 92 años, no estaba dispuesto a permitirlo. 
En tiempos de cuarentena, cuando vivimos el no acceso a las librerías, la publicación ebook de las versiones inglesa y castellana de "Becoming Beauvoir", es un regalo. Cada vida como un inmenso rompecabezas cuyas piezas nunca terminan de acomodarse. Para quienes somos lectoras/es casi fanáticas/os de Beauvoir, cada publicación que lleva su nombre, cada publicación que habla de ella, es como un imán impostergable. A pesar de sus hondas contradicciones y también con ellas, Simone de Beauvoir transformó la vida de millones de mujeres en el mundo. Fui una de ellas. Se derrumbó el mito de "la mítica" pareja de Sartre y Beauvoir, hace ya mucho. Ese derrumbe nos mostró una Simone más entrañable, más desesperada, más, mucho más cercana.
Y, de todas maneras, para cuando tantas ilusiones de sus lectoras/es estallaron, porque ella así lo decidió al autorizar las publicaciones post mortem, ya sus palabras, su vida, su obra... nos habían acompañado durante la adolescencia y nuestros años veintes. Nos formaron. Me pregunto si alguna vez se apagará nuestra sed de Beauvoir. Creo que no. Ni de Beauvoir, ni de su generación, ni de ese París tan fascinante que fue el suyo.

“Sin pensar agarré lo que pude y escapé con mis hijas”

Gloria Muñoz Ramírez, Karen Moreno, Iolany Pérez y Héctor Madariaga para Otras Miradas*

Especial “Coronavirus desde otras miradas”
Tercera Entrega
Foto: Las cifras de la violencia de género en México eran aterradoras antes de la pandemia. (Brian Torres)
El confinamiento forzoso para evitar la propagación del coronavirus se ha convertido en caldo de cultivo de otro virus de efectos devastadores: la violencia machista. Las llamadas de auxilio y denuncias de mujeres maltratadas se han disparado en México, El Salvador y Honduras.
Alejandra, de 19 años, y Lucero, de 30, (ambas utilizan seudónimos por motivos de seguridad) están ingresadas desde hace unas semanas en un refugio para mujeres maltratadas en la Ciudad de México. Intentan recuperarse del tormento. En plena pandemia del Covid-19 el marido de Alejandra mató a su bebé de nueve meses y la emprendió a golpes contra ella. Lucero vivía encerrada en casa. Su pareja no la dejaba salir y el abuso era constante. Ante la amenaza de la violencia machista y del coronavirus, el confinamiento en una casa refugio es la protección de Alejandra y Lucero, que no tienen ningunas ganas de volver a su “normalidad”.
Las cifras por violencia de género en México eran alarmantes antes de la pandemia. María de la Luz Estrada, coordinadora del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF), que agrupa a 40 organizaciones de 22 estados del país, señala que unas diez mujeres eran asesinadas cada día. Según el Sistema Nacional de Seguridad Pública, el primer trimestre de 2020 ha sido el más violento para las mujeres mexicanas en los últimos cinco años, con 964 homicidios. Pero el presidente Andrés Manuel López Obrador declara que la tendencia en el feminicidio “está a la baja”.
Con apenas 19 años de edad, Alejandra vive refugiada durante la contingencia sanitaria. Foto/ Refugio de mujeres
Lo que ocurre, precisa María de la Luz Estrada, es que de los 964 asesinatos, 720 están clasificados como homicidios dolosos y sólo 244 como feminicidios. Este último término define el asesinato de una mujer por la condición de serlo, cometido siempre por un hombre y con una clara connotación machista. Un número creciente de países han incorporado el feminicidio a su legislación penal.
El primer caso de Covid-19 en México se detecta el 28 de febrero. En las semanas siguientes se dictan medidas de aislamiento preventivo, y el 23 de marzo, con 316 casos confirmados y dos muertes, la Secretaría de Salud declara la Jornada Nacional de Sana Distancia, y poco después la campaña “Quédate en casa”. El 30 de marzo se declara una “emergencia sanitaria por causa de fuerza mayor” y el 21 de abril comienza la fase 3, con medidas que extienden el confinamiento. Los casos de violencia de género, –agresión físicas, sexual y emocional—se disparan de manera alarmante, según advierten mujeres víctimas de violencia, madres de mujeres asesinadas, activistas, y organizaciones feministas y de defensa de derechos humanos.
Machismo y misoginia en El Salvador
Son más de las 2 de la madrugada del 29 de abril en una vivienda humilde del municipio de Mejicanos, en San Salvador. Cristina, de 17 años, salta de la cama al escuchar ruido. A través de la cortina que divide el cuarto minúsculo vislumbra la silueta de su padre. “¡Qué haces!”, le grita. Salta por encima de la litera donde duerme su hermano de 10 años, enciende la luz y ve una escena dantesca. La madre ensangrentada en su cama, con el cuerpo del marido encima que trata de ahogarla. La muchacha consigue apartar al padre, y levanta a la mujer malherida.
Los gritos despiertan a su tío, Marvin Regalado, quien da un brinco y ve en el cuarto contiguo a su cuñado Edwin Alexander López Rivas, con los brazos extendidos, cubiertos de sangre. “Mátame, mirá lo que he hecho”, susurra el agresor. Detrás ve a su hermana, Susan Daly Regalado, que se tambalea agonizante.
Marvin avisa a la policía, mientras su sobrina recuesta a su madre, con los ojos cerrados y la lengua fuera. De camino al hospital Marvin graba con su teléfono celular a Susan, recostada en el asiento posterior del vehículo policial, con una toalla ensangrentada en la cabeza. Tiene puñaladas en el cuello, mejilla y frente. En pocos minutos llega a la casa otra patrulla de la Policía, que detiene al agresor. 
A las 3 de la madrugada, frente al Hospital Zacamil, en San Salvador, un médico sube a la parte trasera del vehículo policial para auxiliar a Susan. Demasiado tarde. “Lo siento, ya no se puede hacer nada. Está muerta”.
El 1 de mayo se presenta ante el juzgado el requerimiento fiscal contra Edwin Alexander López, por el delito de feminicidio agravado de Susan Daly, que en El Salvador está tipificado y sancionado con una pena de entre 30 y 50 años de prisión. López Rivas está detenido por orden judicial y Fiscalía sigue realizando diligencias en la etapa de instrucción.
Edwin Alexander López, antes de la audiencia inicial en el Juzgado Segundo de Paz de Mejicanos, San Salvador. Foto/Émerson Flores
El confinamiento forzado de la población a causa de la pandemia ha agravado la violencia contra las mujeres. El Gobierno ha olvidado otro virus, más letal y menos combatido: el machismo y la misoginia. Desde la entrada en vigor de la cuarentena en marzo, el covid-19 ha causado la muerte de al menos cinco mujeres hasta el 13 de mayo. En el mismo período ha habido 18 asesinatos de mujeres, según la Organización de Mujeres Salvadoreñas por la Paz (Ormusa), y el Centro de Atención Legal ha recibido 158 denuncias, que representa un aumento de la violencia del 58% respecto de meses anteriores.
Una “condena” de dos meses en Honduras
En los últimos cuatro meses el Sistema de Emergencia 911 de Honduras ha registrado más de 32.500 llamadas telefónicas de auxilio de mujeres, que denuncian agresiones de su marido o de algún otro miembro de la familia. Según el Ministerio Público, durante el confinamiento se presentan entre 15 y 20 denuncias diarias por violencia doméstica sólo en Tegucigalpa y San Pedro Sula, las dos principales ciudades del país.
Una de las llamadas es de una joven, Angie García, hasta ese momento desconocida para el gran público, que denuncia a su marido por maltrato físico y verbal. La noche del 13 de abril, la Policía detiene en su domicilio, en Tegucigalpa, a Román Rubilio Castillo, futbolista de la selección hondureña y delantero centro del emblemático club Motagua.
El vídeo de la detención se hace viral en redes sociales, así como una foto de la paliza que Castillo propinó a su esposa y madre de un hijo. El futbolista pasa 24 horas en dependencias policiales, tal y como estipula la legislación de Honduras, donde la violencia doméstica es tipificada como falta y no como delito.
El Ministerio Público confirma que el deportista estaba ebrio cuando fue detenido. Después de varios rodeos el caso ingresa en el juzgado de familia, y Castillo es “condenado” a dos meses de trabajo comunitario. Melvin Duarte, portavoz del poder judicial, afirma que el acusado reconoció los hechos denunciados por su esposa, “por violencia psicológica y física”, lo que fue confirmado “por un dictamen preliminar en materia forense”.
En Honduras 390 mujeres fueron asesinadas en 2019. El 60% de las víctimas, por ataques de sus parejas, exparejas o alguien con quien tuvieron una relación afectiva, según un informe del Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Las organizaciones de mujeres registran más casos, y alertan sobre la altísima impunidad: nueve de cada 10 crímenes contra mujeres no se investigan y los asesinos están libres.
Cristina Alvarado, dirigente feminista de la Organización de Mujeres Visitación Padilla, asegura que la violencia de género en las familias es una constante en Honduras. “La pandemia del Covid-19 sólo ha evidenciado la realidad histórica que viven las mujeres, producto de la violencia en el hogar. Esto lo venimos denunciando desde hace años las organizaciones feministas y de mujeres”, dice Alvarado.
La presión de la sociedad civil
En México, durante el primer mes de confinamiento las llamadas y mensajes de auxilio a los refugios de mujeres aumentan en un 80%, según explica Pilar Sánchez Rivera, directora de Espacio Mujeres para una Vida Digna y Libre de Violencia, uno de los 69 centros de la Red Nacional de Refugios. Pero el presidente Andrés Manuel López Obrador declara en una de sus conferencias de prensa “mañaneras” que el 90% de las llamadas de auxilio sobre violencia contra las mujeres son falsas, aunque los registros oficiales hasta marzo digan lo contrario.
Marilú Rasso, directora ejecutiva del mismo refugio, asegura que en la situación de encierro por el covid-19 “a las mujeres se les vuelve a meter en un papel de servicio obligatorio, y cualquier pretexto funciona para que el agresor ejerza violencia”.
En marzo, Alejandra y su hija de nueve meses sufren una vez más las agresiones del marido y padre. La pequeña pierde el conocimiento y la madre logra escapar con el bebé, que llega al hospital sin vida. El personal sanitario llama al Servicio Médico Forense y a la Fiscalía. “Les dije que en casa vivía amenazada, y que el papá nos golpeó a mi hija y a mí. No estaba borracho ni drogado, sólo se aburría porque no trabajaba”.
Diez mujeres son asesinadas en México todos los días. Foto / Brian Torres
Un informe de la organización Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) da cuenta de un 97% de impunidad en los feminicidios. Entre el 3% restante se encuentra el marido de Alejandra, que está en la cárcel por homicidio.
La historia de maltrato de Lucero empieza poco después del comienzo de la relación con su pareja hace 11 años. Madre de cuatro hijas de 10, 8, 6 y 5 años de edad, Lucero es víctima primero de violencia emocional. “Me insultaba, me decía que yo no valía nada y que si salía de la casa no iba a poder sola”. Cansada de los golpes y del engaño, Lucero da el paso: “Sin pensar agarré lo que pude y me fui con mis hijas. Una amiga nos acompañó hasta el Centro de Justicia.” Los exámenes físicos y psicológicos demoran una semana por falta de recursos humanos derivada de la contingencia, y después envían a la madre y a tres de sus hijas a un refugio. La mayor inquietud de Lucero es que la hija mayor está con el padre.
Despliegue militar contra el virus y las pandillas
En El Salvador, el Gobierno del presidente Nayib Bukele convierte una base militar en el primer centro de confinamiento para las personas que llegan del exterior. El 14 de marzo, la Asamblea Legislativa aprueba la “Ley de Restricción Temporal” o régimen de excepción, y el estado de emergencia y calamidad, para hacer frente al coronavirus. El plan Control Territorial, cuyo contenido era desconocido por la sociedad civil, había permitido anteriormente el despliegue militar y policial en todo el país para actuar contra las pandillas Mara Salvatrucha-13 y Barrio 18. El Salvador, un país de 6,7 millones de habitantes, tiene uno de los índices de violencia más alto del mundo.
Los datos del Ministerio de Justicia y Seguridad Pública indican que en 2019 se cometieron 230 asesinatos de mujeres, de un total de 2.398 homicidios, casi 1.000 menos que el año anterior. El Gobierno presenta esta tendencia a la baja como un éxito del plan Control Territorial, que entró en vigor en junio de 2019.
Con la ejecución del último decreto aprobado “la Fuerza Armada mantiene el 100% de sus efectivos colaborando en la lucha contra el covid-19”, declara el ministro de Defensa, René Merino Monroy. Las personas que, a juicio de las fuerzas de seguridad, no tienen una justificación válida para salir de casa, son detenidas. Más de 2.420 personas están retenidas en condiciones inmundas en centros de contención por violar la cuarentena.
Los militares y policías comandan los más de 800
cordones sanitarios implementados en el territorio
 nacional. Foto/Émerson Flores
La arbitrariedad de la actuación policial en muchos casos ha provocado choques del presidente con la Corte Suprema de Justicia (CSJ). Bukele ha desafiado al alto tribunal al hacer caso omiso a las resoluciones judiciales, y la CSJ ha admitido innumerables habeas corpus de personas que denuncian arbitrariedades.
Si bien El Salvador fue uno de los primeros países en cerrar el aeropuerto para vuelos comerciales, la improvisación ha sido la nota predominante en la estrategia de Bukele. Adultos mayores, los más vulnerables ante el contagio, han sido confinados en los mismos centros que las personas procedentes de países considerados focos infecciosos.
El regreso a casa del agresor
La pasividad de la Justicia hondureña provoca que muchas mujeres retiren las denuncias, y que los familiares de las víctimas renuncien a luchar. El miedo se apodera cuando el Estado es claramente ineficiente y no responde a las víctimas.
El caso del futbolista Castillo, denunciado por agresión por su esposa, da un vuelco en cuestión de días, cuando Angie García se retracta de sus acusaciones y dice, a través de las redes, que su marido puede volver a casa.“No entraré en polémica, simplemente quiero aclarar que las fotos expuestas en redes sociales no son de mi persona. Pido respeten mi privacidad, no es justo que mi familia sea el centro de atracción”, escribe la cónyuge del jugador.
La legislación permite a las autoridades ordenar la puesta en libertad del agresor, para regresar a casa y convivir de nuevo con la víctima, si no es un caso reincidente. En opinión de la dirigente feminista Cristina Alvarado, la vuelta del agresor al hogar supone un alto riesgo para la víctima. “Lo que estamos promoviendo como organización es que las mujeres agredidas vayan a las casas refugio, o con familiares o amigos. Por lo general, el gran problema es que la violencia doméstica está tipificada como una falta y no como un delito, entonces el enfoque de la ley es preventivo nada más”.
Jueza Claudia Isabela López – Honduras /
 Foto Radio Progreso
La jueza Claudia Isabela López puntualiza que, si el agresor no cumple con las medidas que dicte un juzgado, el proceso se convierte en penal. “El antecedente de violencia doméstica, cuando es reiterativo, pasa a ser un proceso judicial”.
Ciudad Juárez, cuna del feminicidio
La propagación del virus ha provocado la suspensión de las clases en todos los niveles educativos de México. Muchas madres y padres que aún trabajan han dejado a sus hijos en manos de familiares. Es el caso de Miguel Ángel Z y María Guadalupe M, en Ciudad Juárez (Chihuahua), que quedan al cuidado de su nieta de seis años. El padre de la niña no vive en la ciudad. El 11 de abril, en plena contingencia sanitaria, la pequeña presenta una insuficiencia respiratoria grave que acaba con su vida. La primera sospecha de los padres apunta a coronavirus, pero el informe médico revela que la niña fue violada, golpeada y estrangulada.
El abuelo es el principal sospechoso y es detenido junto con su esposa. Yadira Soledad Cortés, coordinadora de la Red Mesa de Mujeres Juárez, dice que éste es uno de los muchos casos en plena pandemia: “La violencia sexual infantil se da principalmente por un conocido o un familiar, y las niñas confinadas están más expuestas”.
Ciudad Juárez es un municipio emblemático de los asesinatos de mujeres en México. En los primeros años de la década de los 90 se propagó en esta ciudad fronteriza una ola de homicidios de mujeres, en su mayoría trabajadoras de las maquilas y habitantes de las colonias populares. Aquí nacieron organizaciones de defensa de mujeres como “Ni una más”, “Nuestras Hijas de Regreso a Casa” y “Mesa de Mujeres Juárez”, que aglutina a una decena de colectivos.
Del 1 de enero al 14 de mayo se han registrado en esta ciudad 65 feminicidios, un 27% más que en el mismo periodo de 2019, según la Mesa de Mujeres.
El aumento de la violencia de género se repite en todo el país. En enero hubo 15.851 denuncias por violencia familiar en México, en febrero, 13.000, y en marzo, ya con las medidas de confinamiento, se abrieron 20.000 casos. Las llamadas al teléfono oficial de emergencia (911) se multiplican cada mes.
El panorama ya era difícil antes de la pandemia, señala Irinea Buendía, madre de una joven estrangulada por su pareja y referente nacional en la búsqueda de justicia. “Vivíamos una emergencia nacional, pero nadie nos hizo caso, y por eso hubo una manifestación histórica el 8 de marzo, y un paro nacional de mujeres, sin precedentes en México, el 9 de marzo”. Pero al presidente López Obrador “en ese momento le importaba más el sorteo simbólico del avión presidencial y despreció nuestras denuncias”, acusa Buendía.
Mensaje de impunidad
La historia de El Salvador está marcada por la muerte, la guerra, levantamientos campesinos, mártires y dictaduras militares. El conflicto armado de los años 80 entre la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y el Ejército, generado por la injusticia social, se prolonga 12 años, hasta la firma de los Acuerdos de Paz de Chapultepec en 1992. El problema de fondo, como en toda la región, se resume en dos palabras: desigualdad y exclusión de la gran mayoría. Según Oxfam, los 160 más ricos acaparan el 87% de la riqueza. Y la mayoría vive al día.
“El presente no está desvinculado del pasado”, subraya Silvia Juárez, de la organización de mujeres Ormusa, que cita como ejemplo el informe De la locura a la esperanza, elaborado por la Comisión de la Verdad tras la firma de la paz. Dicho informe describe la violencia sexual como un hecho colateral y no como una violación sistemática contra las mujeres.
Tras la firma de los acuerdos de paz no hay un proceso de reconciliación nacional. El año siguiente, en 1993, la Asamblea Legislativa aprueba la ley de Amnistía General para la Consolidación de la Paz, que pone en libertad a todos los presos involucrados en violaciones de derechos humanos durante la guerra civil.
Después de décadas de reclamos por parte de las víctimas, en 2016 la Corte Suprema anula la ley de Amnistía. Los enfrentamientos en la Asamblea Legislativa continúan y el 26 de febrero pasado, el pleno aprueba una ley de amnistía disfrazada, la llamada Ley Especial de Justicia Transicional, Reparación y Reconciliación Nacional. “Si ni siquiera se reconoce esta violación, estamos lejos de construir la paz”, lamenta Silvia Juárez. 
En El Salvador, la violencia deja las trincheras y muta en forma de grupos pandilleros. Hasta el 30 de abril, la Fiscalía General de la República (FGR) reporta dos casos en los que hay indicios de asesinatos de mujeres a manos de pandillas o maras desde que comenzó la cuarentena domiciliaria.
Las autoridades policiales y militares cierran las calles para implementar 
 el cerco sanitario y habilitan un acceso. 
Foto/Emerson Flores
La coordinadora de la mujer de la Fiscalía, Graciela Sagastume, explica que no hay diferencia en cuanto al procedimiento de mujeres asesinadas por integrantes de maras, porque en todos los casos se aplica el protocolo de feminicidio. Según las reglas de las pandillas, las mujeres no tienen voz y no pueden opinar ni decidir. La coordinadora fiscal considera que los feminicidios dentro del mundo de las pandillas son un problema estructural. “En la medida que el Estado invierta en problemas sociales, las mujeres podrán salir de ese mundo”. 
San Pedro Sula, violencia y emigración
Iberoamérica es la región más violenta del planeta, según un estudio de la ONG mexicana Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal. De las 50 ciudades con más homicidios 15 están en México (con Tijuana a la cabeza), dos en Honduras (San Pedro Sula y Tegucigalpa), y una en Guatemala (Ciudad de Guatemala) y una en El Salvador (San Salvador).
San Pedro Sula, la capital industrial de Honduras con 1,1 millones de habitantes, estuvo considerada durante cuatro años consecutivos, de 2011 a 2014, la ciudad más violenta del mundo. Llegó a registrar 142 homicidios por cada 100.000 habitantes, según el Observatorio de la Violencia de la Universidad Autónoma de Honduras. San Pedro Sula es también el epicentro del éxodo migratorio de Centroamérica hacia Estados Unidos.
Una de las zonas más conflictivas de la ciudad es Chamelecón, un suburbio pobre, de calles de tierra, donde pandillas y grupos criminales ligados al narcotráfico libran su propia guerra por el control territorial. Aquí se registra el 5 de mayo un caso de violencia que sacude la ciudad. Un abogado asesina a su esposa, después a su hijo y finalmente se suicida. Los vecinos declaran que escucharon gritos y una fuerte discusión.
Para la abogada y feminista Karol Bobadilla, quien integra el Foro de Mujeres por la Vida, en Honduras no hay condiciones para que las mujeres permanezcan en cuarentena y, sobretodo en casos donde tienen un agresor al lado.
¿Qué explicación tiene tanta violencia en Honduras? Tiene raíces profundas, según detalla un análisis político del sacerdote Ismael Moreno: “La acumulación de riqueza, tierra y recursos en pocas manos, y la acumulación de poder en instituciones del Estado controladas por esas mismas personas ha generado una violencia que hoy nos parece incontrolable”.
La oligarquía hondureña, bajo la tutela del capital multinacional y con el aval de las instituciones del Estado, ha logrado el control de todos los hilos: del capital comercial, especulativo y agroindustrial, de la energía, las comunicaciones, el turismo y el transporte. “Las decisiones que de verdad pesan son las que toman estas familias, que en su conjunto no pasan de doce apellidos”, explica Moreno.
Una segunda característica es la cantidad de conflictos sin resolver: “Educación y salud deficientes, recaudación de impuestos, inseguridad y violencia. Es como una enorme olla de presión a punto de estallar”.
El tercer rasgo, según Ismael Moreno, es la subordinación del Estado al sistema de partidos políticos. “Es una institucionalidad que genera violencia, y que sirve como refugio a personas que se dedican a delinquir, a establecer alianzas con organizaciones criminales transnacionales, convirtiendo a instituciones enteras, como la Policía Nacional, en maquinarias delictivas”. La violencia impregna toda la sociedad hondureña y abona el sistema patriarcal, que convierte muchos hogares en campos de batalla, donde muchas de las víctimas son mujeres.
Inseguridad en la UNAM
Antes de que el coronavirus llegue a México, las movilizaciones de mujeres contra las distintas formas de violencia de género están en un punto álgido. La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la de mayor prestigio de América Latina, según la página UniRank, vive una convulsión inédita debido al incremento de la violencia y a la falta de respuesta de las autoridades universitarias.
Una joven es encontrada sin vida el 2 de mayo en la Ciudad de México, 
en plena fase 3 de la pandemia. Foto / Brian Torres
Durante más de cinco meses, hasta el 14 de abril, la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM ha estado ocupada por un colectivo de mujeres estudiantes denominado Mujeres Organizadas, que exigen el fin del acoso sexual, de las violaciones y desapariciones de estudiantes en la facultad y en el resto de la Universidad. La alumna Mariela Vanessa desapareció en 2018 sin dejar rastro, cuando se dirigía desde su casa a la facultad.
Mientras dura la protesta, las ocupantes de la facultad de Filosofía y Letras son “vigiladas, perseguidas por todos los medios posibles, agredidas y criminalizadas”. Lo que no consiguen las amenazas ni las autoridades lo logra la pandemia, y finalmente tienen que desalojar las instalaciones al no contar con “las herramientas necesarias para hacer frente” al covid-19.
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Las historias de México, El Salvador y Honduras, reflejadas en este trabajo colectivo, ponen de relieve que la pandemia del covid-19 sólo echa más leña al fuego de la violencia machista. El confinamiento forzoso ha convertido muchos hogares en auténticos infiernos para las mujeres.
La conclusión más tremenda, a la luz de lo que ocurre en estos tres países, es que la violencia intrafamiliar o de género no es por temporadas, ni se detendrá una vez pasada la pandemia. Como afirma la fiscal salvadoreña Gabriela Sagastume, la violencia hacia la mujer está sostenida por los patrones socioculturales que imperan en El Salvador, que no difieren mucho de los de México o de Honduras.
Antes del coronavirus las agresiones de toda magnitud a mujeres, incluido el feminicidio, se repetían diariamente en cada uno de los tres países. La pandemia esboza una nueva realidad llena de claroscuros. Las instituciones del Estado brillan por su ausencia cuando son más requeridas que nunca, pero en contrapartida la sociedad civil muestra vigor y capacidad de presión para ser tenida en cuenta. En medio, las mujeres, las víctimas, empiezan a perder el miedo y a romper el silencio.

La covid-19 agudiza las desigualdades de género, pero ¿a quién le importa?


Fuentes: CTXT

Reconstruir una sociedad sostenible, justa y equitativa solo será posible si se reconoce el papel que desempeñan las mujeres en esta lucha, y más allá. Y si el peso con el que cargan se redistribuye de forma más igualitaria
Las manos invisibles: la lucha de las trabajadoras del hogar en la ...
Una mujer limpia una ventana. CADE MARTIN
Han pasado casi dos meses desde que la pandemia del coronavirus sacudió los cimientos de Europa y estremeció al mundo. La pandemia afecta a todos los elementos de nuestra vida. Estamos quedándonos, trabajando (de ser posible) y educando a nuestros hijos desde casa, y también manteniéndonos en contacto con nuestros seres queridos por teléfono o videoconferencia. Aunque, como es lógico, estamos asustados. Son tiempos devastadores.
Las mujeres líderes como Jacinda Ardern han actuado con celeridad y decisión, pero no hay un número suficiente de ellas
Hemos leído miles de artículos y noticias de actualidad, se han adoptado planes de emergencia, se ha asignado ayuda financiera y se ha consultado a los investigadores. Esto es vital e importante: la prioridad debe seguir siendo salvar vidas, y de eso no cabe ninguna duda, pero ¿solo hay expertos y virólogos hombres? ¿Por qué los líderes populistas de derechas como Donald Trump, Jair Bolsonaro y Viktor Orbán no solo están negando la ciencia, sino también aferrándose a unas tóxicas formas de masculinidad, sin que nadie les cuestione por ello?
La pandemia nos está demostrando de nuevo quiénes son los propietarios del poder en el mundo. Los hombres creen que tienen las soluciones, mientras que las mujeres constituyen el grupo mayoritario de las que trabajan en los empleos esenciales. ¿Realmente le importa a alguien cómo la crisis les está afectando a las mujeres?
No lo suficiente
Las mujeres líderes como Jacinda Ardern han actuado con celeridad y decisión, pero no hay un número suficiente de ellas. En enero de 2020, según la Unión Interparlamentaria, solo 10 de los 152 jefes de Estado eran mujeres, y un 73% de los que trabajan en medios de comunicación eran hombres. Como explicó la directora ejecutiva de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka: “Hemos creado un mundo en el que las mujeres están apretujadas en un 25% (un cuarto) del espacio, tanto en las salas donde se toman las decisiones físicas, como en las historias que contamos sobre nuestras vidas”. El ejemplo de éxito que están dando las mujeres líderes a la hora de controlar la pandemia nos demuestra que la igualdad de género es fundamental para la salud pública mundial y para la seguridad internacional.
Al mismo tiempo, un 70% del personal de salud y asistencia en el mundo (doctoras, enfermeras y asistentas sociales) son mujeres. Las cajeras y limpiadoras son también mujeres en su mayoría. No solo trabajan a menudo en condiciones muy precarias, con salarios mínimos, sino que además no cuentan con la necesaria tribuna que les permita alzar su voz y articular sus preocupaciones, aun cuando en su caso el riesgo de haber estado expuestas al virus es mayor. 
Me duele el alma cada día, cuando escucho hablar a mujeres que trabajan en la primera línea de fuego. He retomado (temporalmente) mi antiguo trabajo como proveedora de atención psicológica para ayudar a los que necesitan hablar de sus experiencias: trabajadoras sociales que han tenido que lidiar con pacientes de coronavirus. Ellas son mis héroes, y son mujeres en un 99% de los casos. Y además de todo lo que tienen que afrontar en el trabajo, cuidan de sus familias, hacen las compras y educan a sus hijos. Su carga de trabajo es triple. 
Preocupantemente numerosos 
Los casos de violencia de género eran preocupantemente numerosos antes del brote, y han aumentado de forma significativa desde que las mujeres se han visto atrapadas en casa con sus maltratadores
Como hemos observado con anterioridad, en muchas ocasiones en tiempos de crisis, aunque las mujeres están entre las personas más vulnerables, siguen permaneciendo invisibles. Los casos de violencia de género eran preocupantemente numerosos antes del brote, y han aumentado de forma significativa desde que las mujeres se han visto atrapadas en casa con sus maltratadores, como consecuencia de las rigurosas cuarentenas. El acceso a la salud y a los derechos sexuales y reproductivos es limitado o está siendo atacado en muchos lugares del mundo, que lo restringen cada vez más. Además, los gobiernos de extrema derecha están haciendo un uso indebido de los poderes que les confiere el estado de emergencia para prohibir aún más el acceso a los métodos anticonceptivos y al aborto. 
En tiempos normales, las mujeres realizan tres veces más trabajo asistencial y doméstico impagado que los hombres. Como consecuencia de la actual crisis y de las actuales medidas, el trabajo no remunerado de las mujeres ha crecido, así como lo ha hecho la presión que reciben y la inseguridad que experimentan. Esto está provocando un desgaste mental y físico adicional, en particular para quienes crían solos a sus hijos, que en un 85% de los casos son mujeres. Las mujeres ya eran económicamente más frágiles antes de la crisis, pero ahora se enfrentan al riesgo de la pobreza, del desempleo, de la exclusión social y del sinhogarismo, además de que, como demuestra la historia, serán las más afectadas a largo plazo. 
Para sintetizar, la COVID-19 pone de manifiesto y consolida las existentes desigualdades de género. Las consecuencias son devastadoras, en particular para las más desfavorecidas, que son las mujeres mayores, las mujeres pertenecientes a minorías étnicas o mujeres de color, las mujeres con discapacidad o enfermedades mentales, las mujeres inmigrantes o refugiadas y las mujeres en riesgo de caer en la pobreza. No solo se trata de un problema de patriarcado, sino también del privilegio de los blancos.
Totalmente imprescindibles 
Aunque el número de fallecidos es mayor entre los hombres, las mujeres están entre las más afectadas si tenemos en cuenta el impacto socioeconómico general de la pandemia. De igual modo, las mujeres son totalmente imprescindibles para la recuperación. La reconstrucción de una sociedad sostenible, justa e igualitaria solo será posible si el papel de las mujeres en esta lucha y, en general, más allá de esta crisis, se reconoce adecuadamente y el peso desproporcionado con el que cargan se redistribuye en consecuencia.
Normalmente, las mujeres realizan tres veces más trabajo asistencial y doméstico impagado que los hombres. Como consecuencia de la actual crisis y de las actuales medidas, el trabajo no remunerado este ha crecido
No obstante, mientras se valore más el capital que las personas, no podremos sentar los cimientos de una recuperación sostenible e inclusiva. Existe una oportunidad real para llevar a cabo un cambio radical de la economía: regresar al statu quo no debería ser la respuesta que demos a esta crisis o la visión que se imponga en Europa para nuestro futuro a largo plazo. Es una oportunidad única y es nuestro deber común como miembros de una comunidad global aprovechar este momento y utilizar este acontecimiento trascendental para finalmente dar un giro hacia una sociedad más equitativa y justa que no se olvide de los rezagados. Aunque por el momento esta oportunidad está siendo desdeñada, al igual que las mujeres.
Estamos elevando el listón durante esta pandemia. Lo que los movimientos feministas europeos y mundiales llevan décadas afirmando y gritando en las calles no solo se demuestra que es verdad y esencial, sino que ahora es todavía más importante.
Necesitamos mayores inversiones en servicios públicos con perspectiva de género, así como unos mecanismos de prevención y unas leyes que eviten la violencia de género. Tenemos que garantizar los derechos sexuales y reproductivos como un derecho humano y de salud pública fundamental. También tenemos que procurar una mejor protección social para las familias, mayores sueldos en el sector de los cuidados, un mayor reconocimiento para el trabajo asistencial no remunerado, más mujeres en los puestos de toma de decisiones, una educación con perspectiva de género, una recolección de datos desglosada por sexo, así como incorporar la perspectiva de género en los presupuestos y en el conjunto de las políticas, por nombrar solo algunas cosas. 
Derechos esenciales
Las mujeres ya eran económicamente más frágiles antes de la crisis, pero ahora se enfrentan al riesgo de la pobreza, del desempleo, de la exclusión social y del sinhogarismo
Ya es hora de que los líderes mundiales cuiden a las mujeres tanto como las mujeres cuidan a nuestras sociedades. Ya es hora de visibilizar a las mujeres, de hacer que sus opiniones cuenten y de hablar en nombre de las que no pueden. El secretario general de la ONU, António Guterres, está dando un buen ejemplo y está utilizando su posición para exigir que las mujeres y las niñas ocupen un lugar central en los esfuerzos que se realizan para superar la COVID-19. Por desgracia, Guterres está entre un número muy reducido de personas que se dan cuenta de que la igualdad de género y los derechos de las mujeres son esenciales para salir de esta pandemia. 
La covid-19 ya está instaurando una nueva normalidad porque está poniendo a prueba los valores a la altura de los que queremos estar y el tipo de sociedades que queremos construir. Las soluciones que ofrezcamos deben enmarcarse en la justicia mundial, los derechos humanos y la equidad. Pero, ¿quién va a hacerme caso? Al fin y al cabo no soy más que una mujer, ¿a quién le importa lo que diga?
Marja Bijl es la vicepresidenta del PES Women, formó parte del PvdA holandés y fue coordinadora del grupo de trabajo sobre género de la Alianza Progresista de Demócratas y Socialistas.
Este artículo se publicó en Social Europe.
Traducción de Álvaro San José. 

Unesco convoca a mujeres para "Imaginar el mundo de mañana"




El Foro fue inaugurado por la Directora General de la Unesco Audrey Azoulay


París, 21 may. 20. AmecoPress.- La Unesco presentó los primeros testimonios de pensadoras, artistas y activistas de diversos ámbitos, a las que había invitado a expresar su visión sobre los desafíos y oportunidades que se presentarán tras la pandemia de Covid-19.
Estas intervenciones, publicadas en vídeo, aportaron la visión de la mujer en cuestiones como el medio ambiente, la educación y las relaciones internacionales, que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, quiso enfatizar frente a las voces masculinas que, con demasiada frecuencia, monopolizan estas reflexiones.
Las seis primeras mujeres inspiradoras que hablaron y compusieron el panel en este Foro de la UNESCO fueron:
Katharine Hayhoe (Canadá), climatóloga, Directora del Centro de Ciencias Climáticas de la Universidad de Texas Tech, profesora de ciencias políticas y Campeona de la Tierra de las Naciones Unidas.
Fadia Kiwan (Líbano), profesora de ciencias políticas, Directora General de la Organización de Mujeres Árabes y miembro del Comité de Asesoramiento Científico del Programa de Gestión de las Transformaciones Sociales (MOST) de la UNESCO.

Sara Purca (Perú), investigadora del Instituto Peruano del Mar y ganadora del Premio Nacional L’Oréal-UNESCO del Perú “La Mujer y la Ciencia” 2017.

N’Dri Assie-Lumumba (Costa de Marfil), Profesora del Centro de Estudios e Investigaciones sobre África de la Universidad de Cornell y Presidenta del Comité deAsesoramiento Científico del Programa MOST de la UNESCO.
Sakiko Fukuda-Parr (Japón), profesora de Relaciones Internacionales y Directora del Grupo Independiente sobre la Gobernanza Mundial de la Salud de la Universidad de Oslo.
Márcia Barbosa (Brasil), física, Directora de la Academia Brasileña de Ciencias y ganadora del Premio L’Oréal-UNESCO “La Mujer y la Ciencia” 2013.
La Unesco propuso este Foro de ideas como un laboratorio de abierto e inclusivo, con el objetivo de contribuir al pensamiento estratégico sobre los programas de la Organización, y con la esperanza declarada de que la iniciativa inspire a los responsables políticos y contribuya positivamente a la gobernanza mundial.
De acuerdo con los organizadores de este Foro, en los próximos meses se incorporarán nuevas contribuciones de mujeres y hombres de todo el mundo, que destaquen por sus trabajos en una amplia diversidad de disciplinas.
Foto: Prensa Latina.

Mujeres e indígenas, tienen la clave para afrontar crisis del Capitalismo: R Zibechi


Mujeres e indígenas, tienen la clave para afrontar crisis del Capitalismo: R Zibechi
Foto: Contagio Radio
Este jueves 14 de mayo se llevó a cabo un espacio virtual de diálogo de saberes, impulsado por Planeta Paz y que contó con el apoyo de Vortex, Incidem y Contagio Radio. Este primer diálogo títulado Coronavirus desnuda crisis del capitalismo conversaron teóricos y analistas sobre la crisis que se está viviendo, lo que significa para el sistema global y dieron algunas pistas sobre lo que debemos aprender los pueblos de las luchas de los pueblos indígenas y las mujeres.

Luis Jorge Garay, y la crisis del capitalismo

Luis Jorge Garay, investigador y analista en asuntos económicos colombiano, sostuvo que la crisis del capitalismo viene de antes y tiene razón en el quiebre de dos paradigmas fundamentales: la meritocracia, que premia al más capaz; y la movilidad ascendente intergeneracional, es decir, que las sociedades avanzan y ascienden en posiciones sociales con el paso del tiempo.
Por ambas razones estructurales, Garay asegura que «el modo de desarrollo del capitalismo en el neoliberalismo ha hecho eclosión con la crisis», y la pandemia es solo una de sus expresiones; «no la última tampoco, probablemente veremos la profundización de la crisis». En ese sentido afirma que el reto de la humanidad en este momento es pensar en caminos para evitar la profundización de la crisis y transformar la sociedad.
En análisis de Garay, hay dos tendencias claves en el mundo en términos políticos: Las de gobernantes que en medio de la democracia han tomado medidas de corte autoritario, «que podría alimentarlas tendencias de gobiernos ultraderechistas de democracias iliberales», es decir, sin derechos y con menor control ciudadano; o las de gobiernos que parecen encontrar en la pandemia una oportunidad «para avanzar en la búsqueda de un modelo de Estado posbenefactor, posneoliberal y poscapitalista».
El experto reconoce que en medio de esos dos relatos políticos hay multiplicidad de versiones, pero reitera en la necesidad de iniciar un proceso de transición inmediato, o de lo contrario, la crisis desvelada por la pandemia solo será seguida por crisis con multiplicidad de estilos.

Iolanda Fresnillo: la crisis de la deuda y el cambio de un modelo insostenible

Iolanda Fresnillo, investigadora especialista en política económica y economía feminista española, centró su intervención en la crisis de la deuda. Estuvo de acuerdo con Garay en que la crisis tiene una característica estructural: es crisis de la democracia, crisis de la deuda…
Y respecto a este tema, recuerda que las políticas monetarias que se pusieron en marcha tras la útlima crisis de la deuda en 2008 que afectó sobre todo a países del norte global, llevó al mundo a niveles de deuda hasta entonces desconocidos, sobre todo en la deuda privada. Ello, debido a que se promovió el endeudamiento de las familias incluso para sustenar el consumo.
Lo que signfica una situación inédita: «nunca ha habido una deuda pública tan alta en tiempos de paz, y nunca una deuda privada tan elevada», señala. Adicionalmente, añade que las anteriores crisis de deuda (la de los 80´s en América Latina, por ejemplo) estaban focalizadas en una región particular o en cierto tipo de países, pero esta es una situación generalizada y que afecta a todos los sectores.
En esa medida, y aclarando que es imposible determinar lo que pasará en el futuro, sostiene que es previsible una situación como la de la década perdida en el continente americano; por lo tanto, afirma como necesario romper con el sistema de deuda actual para evitar que los niveles que ya existen de deuda se sigan profundizando.

Silvia Rivera: el reconocimiento de las mujeres como cuidadoras de la vida

Silviea Rivera, sociologa e historiadora boliviana, retomó a Garay en tanto los elementos estructurales de la crisis, y los explica mediante el ejemplo de los migrantes. En Bolivia, relata, se tenía el imaginario de que la economía avanzaba pero realmente había sectores que salían del país y eran invisibilizados.
Ahora que se está dando un retorno masivo, sobre todo desde Chile, el gobierno de facto puso una barrera para evitar el regreso, en parte porque entienden que hay una fragilidad en la economía. Ello quiere decir que los indicadores de Producto Interno Bruto (PIB) o la llegada de remesas no medían realmente la situación de algunas personas que se hace evidente con el retorno al país.
Respecto al futuro, la sociologa rercuerda que «lo que nos ha enseñado la crisis es que tras ellas, viene una exacervación de los factores que la provocaron». Pero también asegura que esta crisis tiene el elemento particular de reconocer a las mujeres como ciudadoras de la alimentación y de la vida.

Raúl Zibechi: el momento para aprender de las mujeres y los pueblos indígenas

Raúl Zibechi, investigador social y analista uruguayo, expresa que en las útlimas décadas asistimos a una concentración de la riqueza y el poder que continúa y en estos momentos se está acelerando. Además, los modos de la democracia están ausentes, en tanto los gobernantes toman desiciones autoritarias en medio de estados de excepción.
Zibechi fue enfático en que en este momento de la historia vívimos un colapso generacional porque el capitalismo está creando crisis ante las que no tiene la capacidad de responder. A ello se suma el fortalecimiento del autoritarismo de algunos Gobiernos, no obstante, también añade que los movimientos sociales se están haciendo fuertes.
El analista uruguayo destaca por ejemplo el trabajo del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), que está haciendo una minga hacia dentro, armonizando sus territorios, fortaleciendo la comunidad y cuidándose. Al tiempo, cuidando a otros mediante la propuesta de trueques en los que no se intercambia bajo la idea de equivalencia sino de necesidad, es decir, poniendo de presente el coperativismo.
En medio de esa tensión planteada, para Zibechi es claro que no se debe pensar en un choque de trenes o una confrontación, porque es necesario evitar «aquello que nos puede eliminar». En cambio propone que aprendamos de la lucha de las mujeres y de los pueblos originarios, para enfrentar la muerte mediante la multiplicación de la vida.
El analista concluye que lo que pase en el futuro dependerá de lo que hagan los pueblos organizados para convertir esta coyuntura en una oportunidad, «no será de los Estados y lo que se haga en términos de crecimiento o desarrollo», finaliza. (Le puede interesar: «Condonación de deuda, control a capitales y emisión productiva: La posible trilogía económica»)

Un espacio para pensar en lo que viene

El diálogo de saberes continuará emitiéndose todos los jueves de 2 a 4, con temas que buscan hacer análisis sobre la coyuntura y el seginficado de lo que está pasando en el mundo respecto a la pandemia. En este link puede ver el programa completo desde la emisión que realizó Contagio Radio este jueves. (También lo invitamos a consultar: «Cinco propuestas de mujeres que le apuestan a la paz»)