5/19/2019

México SA de Carlos Fernández-Vega


Empleo: problema estructural
Sandoval, ejemplo nacional
Al presidente López Obrador no lo convencen las cifras reportadas por el Inegi sobre la desocupación en el país, pues, dijo, hay más oportunidades de trabajo en la actualidad y no se miden porque no todo lo registra el Instituto Mexicano del Seguro Social.
La víspera, el citado instituto informó que en el primer trimestre de 2019 la tasa oficial de desocupación (que no de desempleo) fue de 3.4 por ciento de la población económicamente activa (PEA), proporción que se traduce en 1.9 millones de mexicanos en tal condición. Dicha tasa resultó ligeramente superior a la registrada en los primeros tres meses de 2018 (cuando fue de 3.1) y apenas por arriba de la reportada en octubre-diciembre del año pasado (3.3).
Pero López Obrador dice que el Inegi no considera algunos elementos. Por ejemplo, en el programa Jóvenes Construyendo el Futuro están contratados 500 mil y 200 mil sembradores. En el caso de los jóvenes, 3 mil 600 pesos mensuales de aprendices, pero son 500 mil que no están registrados; se puede decir que es apenas un poquito más del salario mínimo, pero en el IMSS se inscribe a partir de salario mínimo. En el caso de los jornaleros, de los sembradores, son 200 mil y es un jornal de 5 mil 600 pesos mensuales; estamos hablando de 700 mil que no están incorporados y va a ir creciendo el número; calculamos que en tres meses ya vamos a tener un millón de jóvenes. No me atrevería a decirles mentiras: hay más oportunidades de trabajo en la actualidad.
Se supone que el Inegi debió incluir en su contabilidad lo descrito por López Obrador, pero en cualquiera de los casos lo cierto es que en materia de ocupación y empleo México no está precisamente en la gloria. La precarización del mercado laboral ha sido la norma a lo largo de muchísimos años, y los últimos tres sexenios (Fox, Calderón y EPN) son muestra fehaciente de ello.
Un ejemplo inmediato es el caso de la administración peñanietista, a lo largo de la cual se presumieron cifras históricas en generación de plazas laborales, sin mencionar que eran de muy baja calidad y, desde luego, salario, mientras tres de cada cinco mexicanos en edad y condición de laborar sobreviven en la informalidad. Y esta última proporción no se ha modificado en décadas. El problema, pues, no es coyuntural, sino estructural.
Las cifras oficiales revelan que al cierre de marzo pasado la población económicamente activa en el país sumó poco más de 56 millones de personas y de ellas alrededor de 54 millones oficialmente están ocupadas. Pero de ese universo sólo 20 millones tienen registro en el IMSS, o lo que es lo mismo cuentan con un empleo en el sector formal de la economía. El resto se encuentra en la informalidad (más de 30 millones) o en la desocupación abierta (1.9 millones).
El panorama, pues, resulta nada agradable, y como bien lo advierte el Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC), la economía mexicana se encuentra en un momento de definición, pues la desaceleración económica viene acompañada de una precarización del mercado laboral y de un incremento en la inflación, de tal suerte que nuestro país debe atender su agenda pendiente: el fortalecimiento de las capacidades productivas internas, la que pueden crear empleo formal a través de la inversión productiva.
El citado instituto subraya que el debilitamiento del empleo y la ocupaciónrepercute en la capacidad de consumo de los mexicanos: la moderación en la demanda de bienes y servicios es producto tanto del ligero incremento en la tasa de desempleo como del repunte en la precarización del mercado laboral.
Las rebanadas del pastel
Allá por febrero de 2017 el entonces inquilino de Los Pinos, Enrique Peña, reconoció el trabajo del gobernador Roberto Sandoval en materia de seguridad, pues es un ejemplo nacional; Nayarit evidencia los buenos resultados que hemos tenido en esa materia. Pues bien, dos años después se confirma que el nayarita tiene vínculos con el cártel Jalisco Nueva Generación. De ese tamaño es el ejemplo nacional.

El campo: sociedad rural


Las principales transformaciones recientes en el campo pueden resumirse en cinco aspectos.
Resalta en el sector el crecimiento desigual –aguacates, berries, tomates, cerveza–, en medio de un magro dinamismo del conjunto de actividades agropecuarias y forestales. Las consecuencias se aprecian en términos de pobreza, en donde poco más de 50 por ciento de la población en pobreza extrema habita en localidades rurales y la tasa de pobreza extrema es notoriamente superior en zonas rurales (17.4 por ciento) que en zonas urbanas (4.4 por ciento).
La sociedad rural se ha transformado profundamente. Se ha envejecido y se ha feminizado como producto, sobre todo, de la migración. La agricultura ha dejado de ser fuente principal de ingresos para la mayoría de los hogares rurales, pero la producción de alimentos generada en la pequeña producción rural es clave para la seguridad alimentaria del país. En el campo sigue viviendo entre 20 y hasta 38 por ciento de la población total, dependiendo de la definición de población rural –sea 2 mil 500 o 15 mil habitantes la frontera entre lo urbano y lo rural.
La sociedad rural es fundamental para el desarrollo del país, más allá de las cifras sobre PIBA, por el conjunto de bienes ambientales, culturales y económicos que provee y podría proveer hacia el futuro a la sociedad nacional.
La sociedad rural es extraordinariamente compleja y diversa. Coexisten diversas lógicas productivas y sociales expresadas en las diversas tipologías que se han elaborado para los productores agropecuarios. Reconociendo la enorme heterogeneidad rural, se podría proponer una tipología de familias rurales basada en cinco estrategias que siguen en general los hogares rurales: hogares con participación activa en los mercados agrícolas (pequeños productores orientados a los mercados), hogares compuestos por productores de autosubsistencia; hogares orientados al mercado de trabajo que dependen del salario agrícola o ingresos no agrícolas; hogares determinados por la migración y el envío de remesas, y, finalmente, hogares diversificados que obtienen ingresos de la agricultura, de las actividades no agrícolas, así como de las remesas. La importancia de cada una de estas estrategias es distinta, dependiendo del peso del sector rural medido tanto en términos económicos como sociales y políticos.
Desde los años 90 se afirmaba que las políticas agropecuarias basadas en un modelo tecnológicamente ineficiente habían llevado a graves deterioros del capital natural: suelos, agua, vegetación primaria, bosques y selvas. La consecuencia es que se requieren políticas diferenciadas, responsables ambientalmente y con un fuerte anclaje en el desarrollo regional para que permitan una transformación en la matriz tecnológica y en las condiciones de desigualdad y pobreza.
En resumen, el campo mexicano exhibe demográficamente tres características: un envejecimiento de los propietarios ejidales en medio de una fuerte presencia de jóvenes subocupados o desocupados, un grado importante de feminización en las actividades productivas rurales y una cartera de ingresos de los hogares muy diversificada. Un alto porcentaje de las familias rurales tienden a obtener la mayor parte de sus ingresos de actividades rurales no agrícolas, de salarios agrícolas o de transferencias públicas o privadas; dicho de otra manera, funcionan como unidades económicas multiactivas.
Desde un punto de vista político, los mecanismos de gobernabilidad en el campo estaban asociados al funcionamiento de los ejidos y comunidades –a partir de sus autoridades y asambleas– como sostén de las localidades rurales y de los gobiernos municipales. Al debilitarse los mecanismos internos de los ejidos y comunidades se afectan la cohesión social de las comunidades, la capacidad de gobernanza de los municipios y el manejo sustentable del capital natural. A este tema dedicaré mi siguiente artículo.
Twitter: gusto47

Dan sólo inhabilitación temporal a jueces con anomalías financieras

La judicatura detecta ingresos millonarios

La decisión de sancionar es colegiada, no hay forma de que sea discrecional // Se les cambia de lugar para investigarlos con sigilo

▲ En 2012, 179 funcionarios del CJF tuvieron irregularidades en sus ingresos. La imagen corresponde al juzgado 69, en el penal de Santa Martha Acatitla.

A pesar de que entre 2012 y 2017 el Consejo de la Judicatura Federal (CJF) detectó casos de irregularidades financieras en cuanto a los ingresos reportados por jueces y magistrados federales y que algunas investigaciones internas llegan a establecer que los impartidores de justicia han ingresado cantidades millonarias a sus cuentas, las sanciones que ese órgano del Poder Judicial ha impuesto concluyen en la gran mayoría con inhabilitaciones temporales.

Un recuento de los jueces y magistrados sancionados por irregularidades que van desde inconsistencias en su evolución patrimonial, probables conductas delictivas –como ocurrió en el caso de Los Porkys donde un juez concedió irregularmente protección de la justicia federal a un inculpado de cometer actos de pederastia–, así como situaciones de falta de profesionalismo, únicamente un caso es recordado en esos niveles como una situación que se llevó al ámbito penal, el del magistrado Jesús Guadalupe Luna Altamirano, quien otorgó la libertad a Iván Archivaldo Guzmán Loera, hijo de El Chapo Guzmán, y se le imputó haber realizado transacciones financieras por más de tres millones de pesos que no correspondían con sus ingresos.
De acuerdo con el Listado de Servidores Públicos con Sanciones Administrativas Definitivas del CJF, en el periodo de 2012 a 2017 un total de mil 204 casos fueron sancionados con amonestaciones, inhabilitaciones o destituciones de los cargos; de estos, el número de jueces y magistrados que recibieron algún castigo se reporta en 122 casos.
Fuentes del CJF señalaron que dentro de este organismo, aunque esté encabezado por el presidente del Poder Judicial de la Federación, que es también el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), durante las deliberaciones de pleno no se toman decisiones de manera unilateral.
En todo momento se sancionó a quien se tenía elementos para hacerlo. No sé buscó ocultar ninguna conducta indebida sólo cambiando a alguien de juzgado o tribunal, y en todo ese lapso la decisión de sancionar o no fue una decisión colegiada y por tanto no hay forma de que sean discrecionales; es decir, las sanciones son acordadas por el presidente del CJF y los consejeros.
En ese contexto, explicaron los entrevistados, “los movimientos de jueces y magistrados se realizan por necesidades del servicio y son aprobados por el pleno.
Cuando se tiene dudas de la actuación de alguien, pero no se tiene ningún elemento probatorio, efectivamente se acuerda en el pleno cambiarlo en lo que se le investiga con sigilo, y esto se realiza así por precaución y prudencia, a fin de que no se vulnere la presunción de inocencia.
Sin embargo, tan sólo en 2012 los registros de la Judicatura refieren que un total de 179 servidores públicos relacionados con acciones de impartición de justicia, como lo es desde los secretarios y actuarios que tienen relación con notificaciones o integración de los expedientes, así como jueces y magistrados que dictan las resoluciones, tuvieron irregularidades en sus reportes de ingresos, sin que se llevara sus casos a instancias de tipo penal para conocer el origen de los recursos que presuntamente obtuvieron y que son excesivos a sus salarios e ingresos reportados oficialmente.
Foto Jesús Villaseca
Gustavo Castillo García
Periódico La Jornada

Lanzan sitio web para hallar a los ausentes



Foto
▲ Aspecto del acto en que el Movimiento por Nuestros Desaparecidos en México presentó su portal web, ayer en el Museo de la Ciudad de México.
No bastan discursos, necesitamos acciones concretas, porque no puede haber un desaparecido más. Con esa exigencia, decenas de familiares de personas ausentes expresaron su compromiso de seguir trabajando para que México deje de ser un país de fosas clandestinas y desaparecidos.
Ayer, el Movimiento por Nuestros Desaparecidos en México (MNDM), formado por 64 colectivos de familiares del país y de Centroamérica, presentó su portal web, con el que reivindicó su proceso organizativo y su lucha para encontrar a todas las personas desaparecidas en el país.
María Elena Larios, originaria de El Salvador y cuyo hijo desapareció en su paso por México, señaló que para las familias, las cifras son más que números, representan vidas. Las más de 40 mil personas en esta situación y que se reportan oficialmente y las 2 mil fosas clandestinas halladas en territorio mexicano pueden ser aún mayores, pues por cada 10 desaparecidos, sólo se denuncian cuatro.
En ese marco, el representante en México de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Jan Jarab, subrayó que el país hoy vive una coyuntura favorable, gracias al compromiso expresado por el gobierno federal, incluso en palabras del propio presidente Andrés Manuel López Obrador, que ha identificado el tema como una prioridad para su administración y la búsqueda de personas, las investigaciones y procuración de justicia y la identificación de miles de cuerpos, como una obligación del Estado. El Comité Internacional de la Cruz Roja y la ONU-DH seguirán acompañando a las ­familias.
El movimiento detalló que se mantendrá atento al cumplimiento de las promesas del gobierno de López Obrador en la materia. Y exigió una reunión urgente con el fiscal general de la República, Alejandro Gertz, antes que nombre fiscal de derechos humanos.
El sitio web del movimiento es: https://movndmx.org/.

Foto Cuartoscuro
Periódico La Jornada

Se alcanza acuerdo en leyes secundarias para la GN: Monreal


Sólo falta dirimir si los elementos del Ejército conservan o no su fuero

El coordinador de Morena, Ricardo Monreal, comentó que hay consenso en 96 por ciento del contenido de las cuatro propuestas de ley y sólo sigue pendiente lo relativo a la forma en que se incorporarán a la Guardia Nacional los elementos provenientes de las fuerzas armadas.
El PAN y los demás partidos de oposición insisten en que en la ley referida no se establezca que los miembros del Ejército y la Marina pasen comisionados a la nueva corporación policiaca, sino que soliciten licencia.
Es un tema complejo, de fondo, ya que consideran que si entran en la calidad de comisionados prevalece el fuero militar, porque en el fondo, la Sedena y la Marina quieren conservar, aun cuando estén en la Guardia Nacional, la jerarquía sobre sus soldados y elementos navales, agregó Monreal.
Sostuvo que ese no es el propósito, ya que el mando es civil y resaltó que aunque coincide con ello, la discusión no es con él, sino frente al gobierno, Defensa y Marina, y es una lucha muy dura en el Congreso.
En entrevista aparte, el coordinador del PRD, Miguel Ángel Mancera, dijo que confía en que el gobierno federal acepte los cambios propuestos, entre ellos especificar que sobre los miembros de las fuerzas armadas que pasen a formar parte de la Guardia Nacional no tendrán mando las jerarquías militares.
Conservarán todos sus derechos, rango, antigüedad, seguridad social, ya que así se establece en un transitorio de la reforma constitucional.
El senador Mancera señaló que es muy probable que el lunes haya un acuerdo total de las cuatro leyes, y que el martes se pudiera firmar una iniciativa conjunta del total de la legislación secundaria. Es decir, de las leyes orgánica de la Guardia Nacional, la legislación nacional de detenciones, la del uso de la fuerza y el marco legal de la general del sistema de seguridad pública.

Periódico La Jornada

Acuerda la SEP la basificación gradual y carrera magisterial: SNTE




En un comunicado, el SNTE señaló que el programa de basificación se implementará en todos los niveles educativos, incluyendo al personal que ingresó y se promovió conforme a los procesos del Servicio Profesional Docente. Aquí el compromiso es que de acuerdo con las disposiciones presupuestales se vaya basificando a los compañeros en toda la República. Se trata de erradicar de una vez por todas la contratación por honorarios.

En el Centro Cultural del México Contemporáneo, donde asistieron integrantes de la cúpula sindical, agregó que entre los beneficios alcanzados en la negociación SEP-SNTE 2019 se incluye el destinar presupuesto del rubro de infraestructura educativa a la construcción y equipamiento de los Centros de Desarrollo Infantil (Cendis).

Cepeda Salas señaló como un logro la recuperación de la carrera magisterial para quienes tuvieron que renunciar a ella por cambio o permuta, la creación de categorías de supervisor y de jefe de zona para prescolar indígena, la reactivación del programa especial de financiamiento a la vivienda para el magisterio, el derecho a formación, capacitación y actualización docente, así como mayores apoyos a los profesores de educación indígena y de zonas rurales.

En su intervención, Garza González aseguró que “no se puede concebir la historia del país sin el amor, pasión, convicción, empeño, sacrificio y labor de los docentes (…) Tengan la certeza de que con hechos les vamos a reflejar el amor que les tiene el presidente de México. Ahí vamos y vamos muy bien. Vamos a ir mejor, serán bien correspondidos”.

Periódico La Jornada

El cine negro de otras partes

La Jornada
Leonardo garcía tsao

Cannes. Prueba de lo perdurables que son las propuestas del cine negro en el cine mundial, hoy la competencia ofreció un par de muestras de cómo el clásico hollywoodense ha sido bien retomado por culturas diferentes.

Ya en su anterior Más negro que el carbón (premiada en Berlín y milagrosamente estrenada en México), el realizador chino Diao Yinan había demostrado su afinidad con el género neo-noir. Ahora compitió en Cannes por primera vez con Nan fang che zhan de ju hui (El lago de los gansos salvajes), la historia de un gángster (Hu Ge) que, tras una violenta reyerta con bandas rivales, asesina por accidente a un policía; dado que se ofrece una jugosa recompensa por su captura, el hombre está condenado a ser perseguido tanto por el hampa como por la ley, siendo su única compañía una prostituta (Gwei Lun Mei) en busca de redención.
Si bien Diao subraya algunas instancias melodramáticas y el héroe parece escapar de chiripa en algunas ocasiones, su destreza visual está siempre en evidencia en una persecución fundamentalmente nocturna, según mandan las reglas. Rara vez se ha visto en una película china un mundo tan oscuro y sórdido, de barrios bajos y calles peligrosas que la fotografía de Dong Jinsong retrata con maestría.
Al final de su función de gala, el público ovacionó largamente al equipo de la película. Entre los miembros del público y aplaudiendo de pie, estaba nada menos que Quentin Tarantino, quien por lo menos demostró un sentido del fair play al reconocer públicamente el trabajo de un colega con quien compite.
Más referida a Hollywood fue la rumana La Gomera,de Corneliu Porumboiu, que tiene por protagonista a un policía corrupto (Vlad Ivanov), que actúa de manera clandestina para una banda de asaltantes mientras opera también a favor de una férrea procuradora (Rodica Lazar). Para mayores datos, hay una hermosa femme fatale llamada Gilda (Catrinel Marlon), los criminales se valen de un lenguaje de silbidos para no ser descubiertos, hay homenajes a Más corazón que odio, de Ford, y Psicosis, de Hitchcock, y la pista sonora recurre tanto a canciones de Iggy Pop como de Lola Beltrán. ¿Así o más ecléctica?
Pero Porumboiu no se queda en la referencia pop, sino desarrolla con aplomo su embrollada e improbable trama, apoyándose en la estupenda jeta de Ivanov (los cinéfilos lo recordarán como el abortista canalla de Cuatro meses, tres semanas y dos días, de Cristian Mungiu). La Gomera es muy diferente del grueso del nuevo cine rumano y sus impávidos retratos sociales, y demuestra que también puede ejercer el juego ingenioso de la revisión genérica.
No tan afortunada en esos menesteres resultó Little Joe, de la austriaca Jessica Haussner, quien hizo una versión neutra y antiséptica de La invasión de los usurpadores de cuerpos, el clásico paranoico de Don Siegel. Aquí unos científicos crean genéticamente una planta cuya flor, se supone, causa una sensación de bienestar en quien la aspira. Claro, las personas cambian y le resultan ajenas a sus propios familiares. Como todo es ambiguo –y finalmente indiferente–, Haussner sabotea la tensión dramática de una premisa que no tiene pierde. Los actores hablan todos como autómatas, estén o no poseídos, y la música japonesa de Teiji Ito (de los años 70) sumada a ruidos extraños, crean un aire artificioso y rebuscado inútilmente.
Twitter: @walyder

Cómprame un revólver

La Jornada

Bestias del sur salvaje. La cinta más reciente del guatemalteco-mexicano Julio Hernández Cordón (Las marimbas del infierno, Te prometo anarquía) tiene un título llamativo y deliberadamente ambiguo, Cómprame un revólver. Contrariamente a las expectativas que despierta, y a pesar de tener como tema central la espiral de desapariciones forzadas y feminicidios en México, la película no ofrece una descripción realista y descarnada de la violencia del crimen organizado, en el estilo contundente de Heli,de Amat Escalante, por ejemplo. La estrategia narrativa del director es aquí diferente y novedosa. La posibilidad de un futuro cercano en el que las diversas bandas criminales toman el control del país, haciendo desaparecer primero a un Estado impotente y fallido, para luego secuestrar y aniquilar a todas las mujeres, con el fin de hacer imperar la ley de la selva en un territorio dominado por la delincuencia, es una fantasía apocalíptica descrita desde el punto de vista de una niña de 10 años, la pequeña Huck (Matilde Hernández Guinea), quien sobrevive disfrazada de varón y con la protección ocasional de una máscara.

Huck vive al lado de su padre (Rogelio Sosa), un hombre taciturno y desencantado, adicto a las drogas, obligado a trabajar para los narcos como cuidador de un campo de béisbol. Su esposa y su hija mayor han sido secuestradas y él las busca afanosamente, aunque sin muchas esperanzas de volver a verlas. En los alrededores sobrevive también un grupo de niños casi salvajes, maltratados por los criminales, que anhelan una revancha final sobre sus verdugos con las irrisorias armas de piedras lanzadas desde una catapulta.

El conjunto de esta fábula social esta ambientado en un desierto sonorense,el cual, con una producción más sustanciosa podría haber sido un buen remedo del emblemático Mad Max de George Miller. Desafortunadamente, las buenas locaciones son aquí insuficientemente aprovechadas y el tono de fantasía desbocada termina volviendo incoherente una primera idea argumental que parecía atractiva. Ciertamente, sería insensato exigirle a una fantasía infantil una grana lógica en el encadenamiento de las situaciones dramáticas, pero de un realizador tan profesional y solvente como Hernández Cordón sí cabría esperar un control más riguroso de los elementos que componen esta cándida fábula sobre la violencia en nuestro país. La trama adolece de muchos cabos sueltos y propuestas un tanto absurdas. ¿Tiene acaso sentido imaginar un propósito criminal masculino que al eliminar de la faz de la tierra toda presencia femenina se condene de inmediato a su próxima extinción, o a la supresión de sus gratificaciones sexuales, a menos que se aluda aquí a una inconfesable fantasía homoerótica en las bandas criminales?
Si el realizador quiso elaborar una alegoría del feminicidio en México, lo que termina sugiriendo es la fantasía de un suicidio masivo a corto plazo. De igual modo, en el combate muy desigual de los niños contra sus perseguidores asesinos, ¿no cabía la posibilidad de conceder a esos niños una imaginación o inventiva mayor que el recurso a una catapulta? De nueva cuenta, es poca la justicia que se le hace a la inteligencia infantil en esta delirante fantasía de adultos. Y sin embargo, hay en Cómprame un revólver una vertiente narrativa subyacente que, sin cuajar por completo, no deja de ser fascinante.
Es el relato de aventuras, al estilo del Huckleberry Finn de Mark Twain (referencia declarada en la cinta desde el nombre de la niña hasta el de otro personaje llamado Sawyer), que apunta a un poético viaje interior de la joven protagonista por un territorio plagado de amenazas y terrores, similar al de aquella travesía de Hushpuppy, la niña protagonista de la cinta Bestias del sur salvaje (Ben Zeitlin, 2012), por las turbias aguas del delta de Louisiana. Es el horror circundante de un mundo adulto, corrompido hasta la médula, expuesto a través de una mirada inocente. Es evidente que Hernández Cordón ha tomado una clara distancia con una descripción realista y prueba de ello es la escena que muestra desde lo alto un reguero de cadáveres como meras figuras dibujadas, a la manera de un cuadro infantil. Una idea estupenda. Por esa misma razón, y por los referentes literarios que van de Mark Twain al William Golding de El señor de las moscas, había espacio suficiente para una fantasía infantil menos sentimental y más irreverente, ajena en lo posible a las fórmulas de un cine de acción (limitado aquí por un presupuesto modesto). La película de Hernández Cordón prometía si no un asomo de anarquía, al menos sí una dosis mayor de poesía y coherencia narrativa. Cómprame un revólver, un título prometedor para un resultado muy disparejo.
Se exhibe en la Cineteca Nacional y en salas comerciales.
Twitter: Carlos.Bonfil1

72º festival de Cannes Violencia urbana y rural

La Jornada

Foto
▲ Elenco y parte de la producción de Los miserables, durante la exhibición de ayer.Foto Afp
El segundo día de la competencia ofreció dos miradas diferentes sobre comunidades al límite, donde la violencia permea la vida cotidiana. La primera es el debut en la ficción del documentalista francés Ladj Ly, titulado Les misérables de forma significativa, pues la acción se localiza en el suburbio parisino de Montfermeil, donde se situaba también la célebre novela de Víctor Hugo. Hoy día sigue siendo una zona pobre, sobre todo en el barrio de población fundamentalmente negra llamado Les Bosquets.
Influida por cierto cine hollywoodense que ha descrito las tensiones entre policía y negros urbanos, la película sigue a tres miembros del Escuadrón Anticrimen en su desempeño habitual. Uno de ellos es un novato que obedece las órdenes de un fascista común y un agente negro. Al investigar el robo de un cachorro de león, los policías arrestan al niño culpable y desatan un minimotín entre sus amigos. Por error, el niño es gravemente herido. Más que atenderlo, los policías con experiencia se preocupan por minimizar el hecho con los líderes comunitarios e intentan adueñarse de las imágenes incriminantes tomadas por un dron. Al parecer el daño se ha controlado. No obstante, al día siguiente los mismos policías sufrirán la venganza de una banda organizada de niños negros.
Dada la experiencia de Ly en el documental, sus imágenes están cargadas de verosimilitud y urgencia. Uno siente una tensión permanente en la interacción de las diversas partes y resulta evidente que la violencia estallará en forma inaplazable. Tal vez lo único que ha hecho falta es una caracterización de las víctimas, pues todo está contado desde la perspectiva de los policías. Pero es una objeción mínima a un testimonio poderoso sobre una forma muy extendida de lucha urbana.
La brasileña Bacurau, de Kleber Mendonca Filho y Juliano Dornelles, peca por su parte de incomprensible. La historia se sitúa en el ficticio pueblo epónimo y durante una hora resulta difícil adivinar de qué va. Una matriarca muere y el lugar parece desaparecer de los mapas. Luego aparecen unos mercenarios gringos, comandados por un alemán (Udo Kier, siniestro y mal actor como siempre), que comienzan a asesinar a los lugareños. Éstos se defienden tomando una droga sicotrópica para animarse con la consecuente masacre.
El ex crítico Mendonca Filho había realizado antes Aquarius (2015), que también compitió en Cannes, y con ella demostró su habilidad para contar una historia lineal sin mayores pretensiones. La culpa, entonces, debe ser de Dornelles. Aunque se trata de una película claramente alegórica, queda por averiguar qué elementos de la realidad brasileña se desean representar. Hay mucha música, muchos colores, violencia… e incoherencia.
Lo que también ha sido un enigma duro de descifrar ha sido la lógica de las funciones de prensa. Diseñadas por el delegado general Thierry Frémaux con la peregrina noción de que la crítica no pueda hablar mal de las películas antes de su pase oficial, dichas funciones han roto un esquema que llevaba décadas funcionando bien. Ahora es imposible seguir un orden establecido. Las proyecciones de prensa pueden ocurrir en la tarde –cuando uno trataba de dedicarse a otras secciones– o a las 10 de la noche, que ya no son horas, francamente.
Twitter: @walyder

Inauguración zombi

La Jornada
Leonardo García Tsao

La película inaugural de la competencia oficial no puede ser considerada otra cosa que una decepción. The Dead Don’t Die (Los muertos no mueren), del estadunidense Jim Jarmusch, prometía ser una ocurrente revisión de la película de zombis de la misma forma que lo habían hecho anteriores realizaciones suyas con otros géneros. Por ejemplo, Sólo los amantes sobreviven (2013) –que también compitió en Cannes– era una reflexión sobre el cine de vampiros cuyo humor me llevó a calificarla entonces como una sitcom para hípsters.

Ojalá su más reciente película tuviera esa calidad. Con un reparto de lujo, integrado por previos colaboradores –Bill Murray, Adam Driver, Tilda Swinton, Tom Waits, Steve Buscemi, Iggy Pop, et al–, Jarmusch sigue la estructura rutinaria del género. Un día cosas extrañas parecen suceder: el atardecer se dilata más de lo debido, las mascotas se esconden… y los muertos resucitan convertidos en zombis caníbales. Toca a los representantes de la ley –dos sheriffs interpretados por Murray y Driver– tratar de explicar lo que está sucediendo e imponer una especie de orden, ejecutando zombis. Por supuesto, el ritmo es pausado y el humor es parco, como podría esperarse del autor. Sin embargo, se extraña su excentricismo, su voluntad de salirse del esquema.

Así, The Dead Don’t Die aspira a ser su película más convencional a la fecha. No podía faltar el homenaje a George A. Romero, el padre del género (la primera escena transcurre en un cementerio), ni la trillada explicación de que, sólo matando la cabeza, se muere el zombi. Jarmusch incluso ejerce la violencia gore en varias instancias sin que resulten irónicas siquiera. La única novedad es que cuando recibe disparos o es cercenada, la cabeza zombi estalla en una nube de humo negro.
Incluso el humor coquetea con la sangronada, como cuando la pista sonora insiste en tocar la canción tema, una composición country de Sturgill Simpson, y los personajes reaccionan a ella con gusto u odio (yo me inclino por lo segundo). Otros gags dudosos ocurren cuando el personaje de Driver insiste en predecir que todo va a acabar mal y explica que lo sabe porque ha leído el guion (Jim me lo prestó). Más que elementos meta, parecen chistes sacados de la revista Mad.
En cambio, lo inexplicable es la presencia de Swinton como una escocesa de la variante extraterrestre. Igual que el personaje de Michonne en la serie The Walking Dead, la mujer elimina a zombis con una espada samurái. De hecho, toda la película se asemeja a un episodio largo y lento de dicho programa.
Por vez primera, la ceremonia de inauguración del festival y la película fueron transmitidas a cerca de 600 salas en toda Francia. O sea, que junto con las personas que asistieron emperifolladas a la sala Lumière del Grand Palais, miles de ciudadanos franceses participaron del evento de manera informal. Todo hubiera sido mejor con un título más satisfactorio. Lástima.
Twitter: @walyder

72 Festival de Cannes: El artista gay y sus pesares



Cannes. Exhibida fuera de competencia, un par de semanas antes de su estreno mundial, Rocketman, de Dexter Fletcher, fue el acto de Cannes desde ayer, cuando el objeto de la biopic se hizo presente para desfilar por la alfombra roja. Raro es que alguien del mundo de la música pop, tan lleno de tragedias y muertes prematuras, pueda fungir de productor ejecutivo de su propia película. Pero Elton John es un sobreviviente y ese es uno de los temas principales.
Aunque no soy fan de sus canciones –de hecho, el único disco suyo que tengo fue un regalo– ni conozco los detalles de su vida personal, es cierto que Rocketman es superior a la reciente Bohemian Rhapsody (cualquier cosa lo es), porque acepta de entrada ser un espectáculo musical que utiliza las composiciones de John para ilustrar los diferentes momentos de su ascenso hacia la fama y fortuna. No intenta ser una biopic puntual con los hechos. Además, no escamotea su preferencia homosexual como se hizo con Freddie Mercury (curiosamente, Fletcher fue quien completó Bohemian Rhapsody cuando corrieron a Bryan Singer).
Ahora bien, la película no está libre de clichés y ciertamente algo más profundo llevó a Reginald Dwight a convertirse en Elton John que el desprecio de su padre homofóbico (Steven Mackintosh) o la indiferencia de su madre (Bryce Dallas Howard). Por su parte, el actor Taron Egerton –más carita que el verdadero John– no hace una interpretación matizada del biografiado sino reproduce bien su exuberancia, así como su gusto por lo extravagante. Y tiene el mérito adicional de haber cantado con su voz y no hacer playback. Pero, en esencia, Rocketman es un superficial jugo de hits de la primera parte de su carrera, bien diseñado para el placer de sus incontables fans.
No podría ser más opuesta Dolor y gloria, la realización más reciente del manchego Pedro Almodóvar, una mirada introspectiva a su arte y sus amores. Sin ser abiertamente biográfica, aunque sí muy personal, la película se centra en Salvador Mallo (Antonio Banderas), cineasta retirado de su oficio porque sufre de depresión y diversos achaques que lo disminuyen físicamente. Una serie de rencuentros fortuitos –un actor junkie (Asier Etxeandia), una ex pareja (Leonardo Sbaraglia) que fue fundamental en su vida en el Madrid de la movida ochentera– el recuerdo permanente de su madre (una terrenal Penélope Cruz) y de su primer momento homoerótico, lo reconcilian de alguna manera con su existencia y lo inspiran a seguir creando.
Tampoco conozco la biografía de Almodóvar como para discernir qué es ficción o realidad. Lo indudable es la fuerza emotiva de su discurso y la serenidad con la que el creador asume su sutil carga dramática. Y el depuramiento de su oficio ha llegado a niveles igualmente admirables de madurez, sin pasar por la ostentación. (Yo quitaría las gráficas de cuando el protagonista describe sus múltiples dolencias, pero eso es cosa mía). Por su parte, Banderas consigue el mejor papel de su carrera a la fecha, haciéndonos olvidar con su discreta sensibilidad todas las malas actuaciones que ha cometido en inglés.
Único representante del cine hispanoparlante en la competencia, Almodóvar ha aspirado seis veces antes a la Palma de Oro sin obtenerla. Dolor y gloria podría ser la buena, si el jurado encabezado por el mexicano Alejandro González Iñárritu es receptivo a sus enormes virtudes.
Twitter: @walyder

Los muertos no mueren, de Jim Jarmusch, abre el festival, cuyo jurado preside el mexicano

Haremos todo lo posible por encontrar la joya de Cannes, afirma González Iñárritu

▲ Frederick Elmes, Luka Sabbat, Tilda Swinton, Jim Jarmusch, su pareja, Sara, y Adam Driver a su llegada a la proyección de la película que inauguró el encuentro en la costa azul.

Cannes. La edición 72 del Festival Internacional de Cine de Cannes se abrió este martes con la comedia de zombis Los muertos no mueren, de Jim Jarmusch, después de una ceremonia que sonó sobre todo en español de la mano de Javier Bardem y Alejandro González Iñárritu.

Bardem y la actriz francesa Charlotte Gainsbourg declararon inaugurado el encuentro, uno de los más ambiciosos de los años recientes con directores como Quentin Tarantino y Pedro Almodóvar en liza por la Palma de Oro.
“C'est fait!" (¡Está hecho!), gritó Bardem, tras dirigirse al público en español.
En el Gran Teatro de Lumières, González Iñárritu, presidente del jurado, tomó la palabra también en español y recordó su primera vez en Cannes, hace 19 años, cuando presentó su primera película, Amores perros.
Me siento como si fuera a comer frutas exóticas y deliciosas, afirmó a propósito de las 21 películas que verá en los próximos días para decidir junto al resto de los miembros del jurado cuál se llevará la Palma de Oro.
Haremos todo lo posible para encontrar la joya, agregó el director en el escenario, donde una silla vacía con el nombre de Agnès Varda inscrito sirvió para rendir homenaje a la cineasta francesa fallecida en marzo.
Una lluvia de estrellas había cruzado poco antes la alfombra roja del Palacio de Festivales. Desde una elegante Julianne Moore, en verde, hasta Eva Longoria, con un escotado vestido rosa, pasando por las espectaculares modelos brasileñas Alessandra Ambrosio e Izabel Goulart.
El desfile lo cerró el reparto de Los muertos no mueren, con Bill Murray, Adam Driver y Tilda Swinton, y también Chloë Sevigny y Selena Gomez, quien lucía un top tipo corsé en crudo.
Lucha por la supervivencia
La película se centra en una localidad donde empiezan a suceder cosas extrañas: la Luna está omnipresente, los animales se comportan de forma inusual... Los habitantes comprenden entonces que los muertos están saliendo de sus tumbas para asesinarlos salvajemente. Es hora de la lucha por la supervivencia.
Destacada figura del cine estadunidense independiente, Jarmusch es un asiduo de La Croisette, donde en 1984 se alzó con la Cámara de Oro por Extraños en el paraíso y en 2005 con el Gran Premio por Flores rotas.
Su compatriota Quentin Tarantino, otro gran habitual de la muestra, presentará su esperada Érase una vez... en Hollywood,protagonizada por Leonardo DiCaprio y Brad Pitt, que actúan por primera vez juntos.
El español Pedro Almodóvar es otro de los grandes nombres del certamen. Con Dolor y gloria, protagonizada por Antonio Banderas y Penélope Cruz, aspira por sexta vez al máximo galardón.
También figuran el estadunidense Terrence Malick y su A Hidden Life, ambientada en la Segunda Guerra Mundial, y el británico Ken Loach y su drama social Sorry We Missed You.
Los hermanos belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne, que como Loach poseen dos Palmas de Oro, competirán con El joven Ahmed.
De los 21 filmes en liza, cuatro han sido realizados por mujeres, entre ellas la austriaca Jessica Hausner y la franco-senegalesa Mati Diop, la primera directora negra que compite por la Palma de Oro en la historia de la muestra.
Además de Almodóvar, la otra película iberoamericana en la carrera por la Palma de Oro es Bacurau, dirigida por los brasileños Kleber Mendonça Filho y Juliano Dornelles y que cuenta con Sonia Braga en el reparto.
Gigantes de la música
Entre intérpretes y cineastas, La Croisette acogerá este año a varios gigantes del mundo de la música, como el británico Elton John, que presentará un documental sobre su vida, Rocketman, y el cantante de U2, Bono, con el documental 5B sobre la lucha contra el sida.
Otro astro, pero esta vez del mundo del futbol, se colará también en el certamen. El legendario Diego Maradona desfilará por la alfombra roja para presentar el documental del británico Asif Kapadia sobre sus años gloriosos con el Nápoles.
Una controversia repercutió en el festival en torno al actor francés Alain Delon, quien recibirá una Palma de Oro honorífica por su carrera. El grupo feminista Mujeres y Hollywood le reprocha sus declaraciones racistas, homófobas y misóginas pronunciadas en el pasado. 
Antes de la ceremonia, González Iñárritu defendió la experiencia de ver una película en salas de cine frente a las plataformas en streaming, como Netflix.
Creo firmemente que ver no es lo mismo que mirar una película, señaló en rueda de prensa. El director de Birdman y El renacido ha recalcado que la experiencia cinematográfica nació “para vivirla de forma colectiva. Ver es una cosa, pero mirar es otra. Mirar –en referencia a ver una película en una computadora o en un teléfono– no es la misma experiencia”, detalló.
No obstante, González Iñárritu no cree en la confrontación y aboga por la coexistencia de ambos formatos. No tengo nada en contra de que sea vea en un teléfono, en un iPad o en la computadora, pero sé que ver una cinta no es lo mismo. Netflix está haciendo un buen trabajo. Es genial que existan en televisión. No obstante, ¿por qué no ofrecer a la gente la opción de experimentarlo en cines?, sostuvo el cineasta, en referencia a la política de la plataforma de lanzamiento simultáneo.
El realizador alabó también las políticas de protección del cine en Francia. Es una excepción, protegen su cine, pero ¿cuántas de las películas que vamos a ver en los próximos 12 días serán mostradas en salas en el resto del mundo?, preguntó González Iñárritu. Netflix no participa en el festival de Cannes debido a su rechazo a las normas que exige el certamen de respetar los tiempos de estreno en salas francesas.
Foto Afp
Afp
Periódico La Jornada
Miércoles 15 de mayo de 2019, p. 7

72 Festival de Cannes; La aportación de Senegal... y el Reino Unido


Leonardo garcía tsao

Foto
▲ Llegada de Elton John a la premier de Rocketman en Cannes.Foto Ap
Cannes
Según se sabe, el cine africano se exhibe poco en el resto del mundo y casi nada en México. Esta vez la cuota de Cannes ha sido pagada por Atlantique, debut de la realizadora francosenegalesa Mati Diop que es, además, la primera cineasta negra en competir en el festival (aunque parezca mentira).
Por mucho que se ha visto con ojos benignos, la película no es para lanzar las campanas a vuelo. Es una curiosa historia de amor entre la joven Ada (Mama Sané) y el albañil Suleimán (Ibrahima Traore), aunque ella está comprometida a casarse con un rico; Suleimán se embarca para cruzar el Atlántico y llegar a Europa, pero cosas extrañas comienzan a suceder, que involucran una investigación policiaca. Aunque realista en un principio, la historia se vuelve una de fantasmas que regresan para vengarse.
Diop recurre a una subrayada estilización por la cual la mayoría de las secuencias se filmaron en el crepúsculo o de noche, y muchos de sus personajes son retratados a contraluz. Eso les da un tono creíble a sus elementos fantásticos, aunque no ayuda que los fantasmas tengan los ojos en blanco, como los piratas de La niebla (1980), de John Carpenter (a quien, por cierto, ayer se le otorgó la Carroza de Oro en la Quincena de Realizadores).
A ratos confusa –nunca entendí por qué a algunos personajes, como un inspector de la policía, los ataca cierta fiebre– Atlantique queda como un cúmulo de buenas intenciones, puntuadas por numerosas tomas del océano titular.
La otra película en competencia, Sorry We Missed You, es la realización más reciente del veterano británico Ken Loach, una marca registrada en el circuito de festivales. Uno ya sabe qué esperar: una narración sobre cómo sufre la clase trabajadora de su país, resuelta con rigor, sobriedad y compasión, sobre todo.
En efecto, la 14 participación de Loach en Cannes (donde ha ganado dos veces la Palma de Oro) trata sobre la crisis de una familia de Newcastle, cuyo padre (Kris Hitchen) acepta un trabajo esclavizante como repartidor de mercancía en camioneta, mientras la madre (Debbie Honeywood) cumple horarios imposibles cuidando a discapacitados a domicilio. Además, ambos deben lidiar con un hijo rebelde (Rhys Stone) que falta a la escuela por andar de grafitero.
Con un guion del inseparable Paul Laverty, Loach carga los dados en cuanto a las maldiciones que le acontecen a la familia, e incluso ejerce un poquito de sentimentalismo, todo sea para ilustrar que el capitalismo es un sistema que explota y exprime a los no privilegiados. No obstante, la fórmula funciona y Sorry We Missed You es una película que conmueve.
A la salida de la función vespertina de Atlantique, los organizadores de Cannes demostraron que, 72 años después, todavía no saben cómo manejar a las multitudes. Ya que venía a continuación el estreno de Rocketman, biopic sobre Elton John, y el divo iba a estar presente, el furor cundió y también el desorden. Una sola salida se abrió en el edificio del Palais para permitir que el gentío tuviera acceso a la calle como una especie de embutido. No quiero ver lo que pasaría en esas circunstancias si algo realmente grave sucediera.
Twitter: @walyder

Toc Toc

Arte y tiempo
Raúl Díaz

Toc toc es el cotidiano e inofensivo sonido que, prácticamente, todos los días escuchamos cuando alguien toca una puerta. Sin embargo, puede ser también algo sumamente ofensivo para quienes lo padecen y su entorno, aunque, afortunadamente no es mayoritariamente común. Este toc, son las siglas de Trastorno Obsesivo Compulsivo, que toma muchas formas y, en caso extremo, puede llevar hasta la muerte o a un hospital siquiátrico por largo tiempo.

Este toc toc, que en cualquiera de sus manifestaciones es un padecimiento nada grato, sirve, increíblemente, al dramaturgo francés Laurent Baffie para hacer una comedia realmente hilarante y, para quien quiera pensar un poquito más a profundidad en ella, ilustrativa.

A la espera, en su clínica, de una eminencia siquiátrica, seis pacientes que no se conocen empiezan, de manera natural, a hablar de sus problemas y qué los llevó a la consulta. Sus manifestaciones físicas aun antes que las palabras denuncian el problema de algunos. El retardo –por retraso del vuelo en que venía– del doctor, prolonga la convivencia y hace aflorar más la problemática personal de cada uno de los presentes.
Así, el primero en llegar, Alfredo, muestra claramente el síndrome de Tourette; Camilo es un aritmomaniático clavado y los otros pacientes igual tienen lo suyo. Blanca, María, Lulú y Otto son auténticos casos clínicos urgidos de ayuda profesional y, motivados por eso, aunque no plenamente conscientes, burlando empiezan una terapia de grupo que paulatinamente va modificando, así sea mínimamente, su conducta.
Este juego que desemboca en un final inesperado, llena las un poco más de dos horas que dura la representación sin que la atención decaiga, manteniendo el ritmo y la comicidad. Con esto estoy hablando de la muy buena factura original de la obra que, de algo que pudiera ser melodramático y hasta trágico en un momento dado, hace una pieza realmente divertida. De inmediato hay que agregar la estupenda versión en castellano de Julián Quintanilla, que es perfectamente mexicana.
Las acciones, obviamente, se desarrollan en el pequeño espacio de una sala de espera médica, lo que quiere decir que los actores están prácticamente expuestos todo el tiempo, con excepción de Blanca, por sus continuas idas al baño. El trabajo actoral, pues, y la interacción entre los personajes es permanente. Esto no es fácil, ya que cada actor-personaje debe estar pendiente de las acciones y reacciones de los otros cinco; es decir, en alerta constante para que el ritmo no decaiga en ningún momento ni se produzcan baches. Afortunadamente, bajo la atinada dirección de Lía Jelín, el elenco se desenvuelve con solvencia y totalmente creíble son la nosofobia de Blanca (Lolita Cortés) y la ecolalia de Dari Romo (Lulú), joven actriz a quien no conocía, pero es evidente que las tablas le sientan bien y tiene un futuro promisorio. Realmente estupendo está Ricardo Fastlich (Alfredo), y no a la zaga Faisy (Camilo). Con menor acierto, Pedro Prieto (Otto) y, extrañamente, porque es la más experimentada, Silvia Mariscal (María), quien se conformó con el estereotipo y con sus atrevimientos finales, desvirtúa totalmente su personaje, aunque en esto tiene también seria responsabilidad la dirección.
No obstante esos pequeños errores, ratifico, es una comedia estupenda que puede verse de viernes a domingo en el Teatro Libanés.

5/18/2019

Bettina Lucila Cruz Velázquez Quieren ocupar el agua, las tierras, el viento, los montes, y a nosotros tenernos como peones


En esta región en la que las transnacionales se roban el viento para venderlo, Bettina Lucila Cruz Velázquez camina erguida enfundada en su huipil de flores de colores y nagua vaporosa. Enormes planicies con miles de aerogeneradores rodean Juchitán de Zaragoza, uno de los 570 municipios en los que se encuentra dividido el estado de Oaxaca. Aquí creció, se formó, se casó y sigue luchando la integrante del Concejo Indígena de Gobierno.
Es noviembre y han pasado dos meses desde el sismo que cimbró el Istmo de Tehuantepec y destruyó más del 80 por ciento de las casas y edificios de la cabecera municipal de Juchitán. Las calles parecen zona de guerra. Maquinaria pesada recoge los escombros, mientras las casas de campaña se ponen al sol, pues para colmo de males no ha dejado de llover. El 7 de septiembre un terremoto de magnitud 8.2 cambió la historia de esta región. El reloj del palacio municipal se detuvo junto con la vida de un millón 500 mil damnificados. “Se fue el mercado, la casa de la cultura, la iglesia, la escuela, el palacio municipal y casi 20 mil casas se derrumbaron, por lo que prácticamente toda la población de Juchitán quedó en la calle”, refiere Bettina.
En las calles la gente monta salas y comedores. Hasta adornos les ponen. Una con florero por ahí, otra con una lámpara en un buró. Cunas, camas, libreros y máquinas de coser se despliegan en la nada, a un lado de los escombros de lo que fue su casa. Ahí las familias retoman la vida. Y en el mercado recién instalado florecen, entre iguanas en caldo, huevos de tortuga, rebozos, huipiles multicolores y bolsas del mandado.
No ha dejado de temblar ni un solo día desde aquel 7 de septiembre, pero este pueblo no se rinde. Y sus mujeres menos.

Su modernización llegó para contaminar el suelo, matar aves y destruir la flora y la fauna de la región

Bettina es una de las fundadoras de la Asamblea de Pueblos Indígenas del Istmo de Tehuantepec en Defensa de la Tierra y el Territorio (APIITDTT), que se constituyó hace diez años para enfrentar al proyecto eólico encabezado por las empresas españolas Unión Fenosa Gas Natural, Endesa e Iberdrola. Son ya 25 los parques construidos en el Istmo de Tehuantepec, “todos sin ningún tipo de beneficio para la gente”, señala Bettina. Aquí no le preguntaron a nadie si querían que la fuerza del viento se utilizara para la generación de energía, “aquí la descubrieron y vinieron a imponerse”, acusa.
Del calentamiento global y el cambio climático, realidades emergentes en el mundo, los políticos y los empresarios crearon un discurso para instalar los parques. La Concejala explica que la energía renovable llegó en forma de empresas, prometiendo empleo para la gente y desarrollo para la región “que jamás se vieron”. Ni siquiera cumplieron con el pago de impuestos, dice, se ampararon para no pagarlos. “Los empresarios en Juchitán deben más de 3 mil millones de pesos de impuestos y en toda la región del Istmo suman más de 6 mil millones”, señala Bettina.
Bettina no habla de lo que no sabe. Se doctoró por la Universidad de Barcelona, a la que llegó como beneficiaria de una beca para estudiantes indígenas, en Planificación Territorial y Desarrollo Regional, con la tesis “Desarrollo regional en el Istmo de Tehuantepec: una perspectiva desde el territorio”. El discurso empresarial y gubernamental, dice, es simple: “Llegan con el rollo del desarrollo y el empleo, dicen que se tiene que modernizar el estado o la región, y con el desarrollo vienen los parques eólicos y la energía renovable”. Pero para los istmeños, refiere Bettina, “esa modernización ha significado despojo, impactos negativos en la vida cotidiana, en la cultura, la economía y la vida social. Su modernización llegó para contaminar el suelo, matar aves y destruir la flora y la fauna de la región. Vino a acabar con actividades económicas como la agricultura, la ganadería y el pequeño comercio realizado por mujeres”, entre otras afectaciones.

| La energía renovable llegó en forma de empresas, prometiendo empleo para la gente y desarrollo para la región “que jamás se vieron” |

La dieta del pueblo zapoteco, basada en el maíz, animales de caza y plantas de recolecta, también se transformó. “Todo es desplazado por la presencia de los parques eólicos que se posicionan en el terreno, lo cierran y ya no permiten que siga la vida como antes. Rompen el tejido social que, como pueblo indígena, es lo más importante que tenemos”, acusa Lucila Bettina.
Los pueblos, afirma, “hemos sobrevivido porque vivimos en colectivo. Nos apoyamos mutuamente, estamos relacionados, nuestras fiestas son masivas y colectivas. Todos tenemos formas de apoyar al otro y eso se está rompiendo porque las empresas nos dividen beneficiando a unos, pagándoles más a otros, enfrentándolos con los que nos oponemos. Ya no podemos estar juntos ni en las fiestas, estamos divididos. Se han dado intentos hasta de asesinarnos por la misma gente de la región que es utilizada por las empresas”. En resumen, dice, “nos estamos perdiendo como pueblo indígena, nuestras costumbres y nuestras relaciones”.
El manual del despojo se ha seguido en territorio juchiteco al pie de la letra. Los empresarios van casa por casa ofreciendo dinero por las tierras. Primero poquito, lo menos que pueden, por si pega. Aquí empezaron pagando mil pesos el contrato y 12 mil 500 pesos al año por la renta de las tierras para la instalación de cada aerogenerador. Cuando los oponentes se empezaron a organizar, los empresarios aumentaron la tarifa: 10 mil pesos por el contrato y hasta 20 mil pesos por aerogenerador, además de 7 pesos por metro cuadrado por las afectaciones.
La doctora binnizá explica cómo las empresas se han aprovechado de las necesidades de la gente: “Si un campesino renta para dos aerogeneradores (aproximadamente cinco hectáreas), más las afectaciones, recibe aproximadamente 100 mil pesos al año, y eso lo ve como algo que nadie más le dará. Pero no toma en cuenta las afectaciones a la tierra y a la vida de los pueblos”. Para que alguien obtenga realmente una ganancia que valga la pena, tendría que rentar por lo menos 50 hectáreas para la instalación de varios aerogeneradores, pero nadie con necesidades tiene tanto.
Las empresas, a diferencia de los campesinos, ganan tres millones al año por un megawatt producido. Hay aerogeneradores que generan un megawatt, otros megawatt y medio y otros de tres megawatts. La energía la producen las empresas españolas y hay otras, como Gamesa, que venden la tecnología. Las españolas se unieron a las mexicanas y formaron un consorcio “para autoabastecimiento”. Producen para Walmart, Bimbo, Oxxo, hasta para el Papalote Museo del Niño. Aparte, la Secretaría de la Defensa Nacional cuenta aquí con su propio parque eólico. Y hasta las minas tienen su propio parque, como Peñoles. Todos se benefician, menos los pueblos, que cada día pagan más por el suministro. Bettina, por ejemplo, muestra su recibo más reciente por la cantidad de mil 500 pesos. “De dónde vamos a pagar eso. Además, es justo de los dos meses después del sismo, cuando ni siquiera ocupamos la casa”. Así las cosas.
Enormes franjas del territorio son ocupadas por los 25 parques eólicos. Los pesados tráilers de doble y triple remolque pasan en dos columnas para cubrirse de la fuerza del viento, que es tanta que los voltea. Con Bettina subimos al cerro y desde ahí muestra la región cubierta por los gigantescos rehiletes de aspas blancas. Por donde se mire están metiendo la llamada “energía verde” que, asegura Bettina, “no es renovable y no porque sea verde es buena”. Cómo puede hablarse de un proyecto ecológico “si lo primero que hacen cuando llegan es deforestar, tumbar la vegetación y el hábitat de los animales”.
Bettina conoce al revés y al derecho todo lo que a los parques se refiere. “Yo no sé si la energía verde lo que busca es acabar con las partes verdes”, ironiza, “porque aquí es lo que está haciendo, está acabando con la vida”. Y explica: “Una energía que se sustente en la explotación, el despojo y la aniquilación de los bienes naturales de los pueblos indígenas no puede ser verde. Sólo podría serlo si los pueblos se apropian de ella y la utilizan para lo necesario. En ese sentido, si les preocupara realmente, tendrían que dejar de generar energía con las hidroeléctricas y termoeléctricas que dañan enormemente. Pero el gobierno no quiere hacer eso, sino producir para vender, sin importar el medio ambiente”. Los eólicos, continúa, “les permiten comprarse la etiqueta verde y seguir contaminando”. Todo es una mentira, “ni se baja ni se sustituye la energía fósil por la energía renovable, y no hay justicia ambiental hacia los pueblos”.
Con la mar de los pueblos y estrategias jurídicas se logró detener la construcción del parque en el mar de la Barra Santa Teresa, de la empresa Mareña Renovables, pero la amenaza entra en una segunda fase, pues ese parque se renombró y se llevó a Juchitán con el nombre de Eólica del Sur. “El gobierno, para no tener el mismo problema que tuvo con los pueblos organizados de la zona huave, estrenó en Juchitán una consulta supuestamente previa, libre e informada, pero no fue así. No fue previa porque ellos ya habían dado permisos antes de hacerla y no fue libre porque se hizo con personas coaccionadas, que ya tenían contratos con la empresa y que ya estaban comprometidas. Los empresarios han aprendido que para entrar a la comunidad deben tener aliados, y ahora hasta grupos de porros tienen”.
El movimiento por la defensa del territorio obtuvo, vía amparo, la suspensión definitiva de ese proyecto en diciembre de 2015, “pero el gobierno cambió al juez y sustituyó al Séptimo de Distrito, quien estaba tomando en cuenta la perspectiva de los pueblos indígenas. A este juez lo enviaron a una zona de alto riesgo en Tamaulipas, y aquí trajeron a otro que lo que hizo fue sobreseer nuestro amparo argumentando que la empresa hizo la consulta previa antes de que el parque fuera construido y estuviera funcionando. Nosotros argumentamos que no fue así y que tampoco fue de buena fe, sino que vinieron a aprobar un parque que ya estaba establecido”. Empresarios y gobiernos manejan este proceso como “la consulta maestra”, pero el amparo 554/2015 continúa en la sala 1 de la Suprema Corte de Justicia, probando lo contrario.
Hoy el mar y el viento siguen amenazados, pues el contrato del proyecto original que hicieron con el comisariado de San Dionisio del Mar sigue vigente y “lo tienen a la espera de que las condiciones cambien”. El gobierno, insiste Bettina, “no está estático, nunca se detiene. Está inyectando su veneno, contaminando, comprando gente, compañeros mismos de la lucha y autoridades, controlando a la gente por medio de dádivas de dinero”, como en todos lados.

Luchando solos no vamos a poder

El Istmo es parte del Corredor Biológico Mesoamericano, uno de los más importantes del mundo, pero con los proyectos eólicos se ha ido rompiendo esa conexión. Por su ubicación estratégica, forma parte también de la Zona Económica Especial, y está bajo amenaza permanente por la construcción de un puente interoceánico de Salina Cruz hasta Coatzacoalcos. Recuperar el tren transísmico de alta velocidad y hacer una autopista para acercar a las cuencas económicas del Pacífico por medio del Istmo de Tehuantepec, que es mucho más barato que ir hasta Panamá, es otro de los proyectos en ciernes.
El tren transísmico es un proyecto concebido desde que Hernán Cortés llegó a esta región y se dio cuenta de que el trayecto de Coatzacoalcos, Veracruz, hasta esta zona del mar, era corto e ideal para transportar mercancía a Europa. Posteriormente, el dictador Porfirio Díaz retoma el proyecto, pero fue Benito Juárez el que firma el Tratado McLane-Ocampo, con el que el gobierno cede el Istmo de Tehuantepec. Afortunadamente, señala Bettina, “lo regresan, pues de lo contrario seríamos una región anexa a Estados Unidos”.
Las minas, como en todo el territorio nacional, se despliegan poco a poco sobre el estado de Oaxaca. En el Istmo hay tres concesiones en San Dionisio del Mar, dos en San Juan Atepec, y ya opera una en Ixtepec. Oro, hierro, plata y litio son algunos de los recursos que le arrancan al subsuelo. También hay minas de sal y otras para hacer cemento. La afectación es devastadora.
La compra de voluntades es el modus operandi de las mineras. En Ixcatepec, por ejemplo, rompieron la resistencia “comprando al comisariado de bienes comunales, el mismo que ha facilitado las concesiones a los parques eólicos y a la línea de transmisión”. La estrategia del gobierno, explica la Concejala, “consistió en comprar a los comuneros para que en una asamblea eligieran a este señor como comisariado”.

| Quieren acabar con nosotros porque menosprecian nuestra vida como pueblos indígenas, lo que somos y nuestra cultura |

En San Juan Atepec la resistencia va ganando. Aquí la población cerró la oficina de una consultoría que trabajaba para la mina y declararon a la comunidad territorio libre de minería, con el aval del presidente municipal. “Son cuestiones aún declarativas”, advierte Bettina, pero “ahí va la organización”. Se trata, indica, “de no esperar a que se instalen, pues si lo logran ya no se van”.
El despojo y destrucción avanzan también con el decreto de la Zona Económica Especial, que se une a las que hay en Puerto Chiapas y Lázaro Cárdenas, Michoacán. La experta en el análisis de estrategias gubernamentales de desarrollo explica que son especiales “para que los empresarios puedan tener exención de impuestos y decidir hasta los salarios que pagarán a la gente o qué recursos deben utilizar los municipios para los servicios que requieren las empresas, como la recolección de basura o la construcción de una autopista. De por sí los recursos son pocos, y se quedan en manos de los que administran, presidentes municipales y cabildo. Bueno, pues ahora se los llevarán a las empresas”, advierte Bettina Cruz.
“Quieren ocupar el agua, las tierras, el viento, los montes, y a nosotros tenernos como peones. Quieren acabar con nosotros porque menosprecian nuestra vida como pueblos indígenas, lo que somos y nuestra cultura”, resume. Por eso, insiste, “nosotros como asamblea, con los pueblos y la gente organizada, estamos en el Congreso Nacional Indígena y el Concejo Indígena de Gobierno, porque pensamos que luchando solos no vamos a poder”.

Encarcelada, encañonada, perseguida y amenazada

La represión y el encarcelamiento ha sido la respuesta a las demandas de los istmeños. A ella la han perseguido y golpeado, le han apuntado con una pistola en la sien y la han torturado. También ha estado presa y ha tenido que refugiarse en diversas ocasiones fuera de su comunidad, ante el acoso y la vigilancia.
Un día del 2012, llegó la policía a su casa y se la llevó. La acusaron de atentar contra la riqueza nacional y de privación ilegal de la libertad. Fueron 72 horas las que estuvo detenida y luego salió para enfrentar un proceso jurídico de casi cuatro años, hasta que la absolvieron en el 2015. “Ah, que tú eres defensora de derechos humanos, pues aquí adentro se acabaron tus derechos humanos, aquí los que mandamos somos nosotros”, le dijeron quienes la detuvieron de manera ilegal durante cinco horas, tiempo en el que la trasladaron de una camioneta a otra para infundirle temor. Cuando la presentaron viva en la cárcel de Tehuantepec, se dio por bien servida. Ahí sus compañeros hicieron vela.

| Un día del 2012, llegó la policía a su casa y se la llevó. La acusaron de atentar contra la riqueza nacional y de privación ilegal de la libertad |

En otra ocasión, durante una manifestación en el puente de La Venta, llegó un grupo de trabajadores de la empresa Acciona con pistolas y tirando patadas. La amenazaron de muerte y ella tuvo que salir de Juchitán por tres meses. Más adelante, un año después de su detención, también tuvo que huir, pues por el amparo contra Mareña Renovables intentaron a asesinarla a ella y a su esposo. Sicarios armados vigilaban su domicilio y la pareja tuvo que abandonar su comunidad por más de seis meses.

Las mujeres del Istmo

En el Istmo lo mismo participan hombres que mujeres en las luchas y en las decisiones importantes de la familia y la comunidad. Bettina confirma que aquí las mujeres “se mueven, hablan y deciden”. Aunque, reconoce, “hay algunas que no lo pueden hacer porque, aun teniendo una familia de mujeres fuertes, se sojuzgan con la presencia de un hombre, por eso no podemos decir que aquí se ha acabado el tema del patriarcado”.
Las mujeres istmeñas, tan retratadas con sus iguanas por la fotógrafa Graciela Iturbide, van con el hombre a la pesca y a la milpa y “si tiene en sus manos el producto, lo transforma, le da un uso y con eso puede hacer un intercambio. Las mujeres bordan, cosen, hacen comida, hacen todo”, dice la orgullosa juchiteca.
En la organización, por supuesto, es común verlas en primera fila, como en los enfrentamientos con la policía, donde no dudan en defenderse con las herramientas que encuentran a la mano. “Las mujeres siempre van al frente en las movilizaciones, con la creencia antigua de que a las mujeres no las tocan, pero eso ya se acabó”, pues las golpean parejo, sólo que ellas siguen avanzando. Cuando Mareña Renovables entró a la Barra con 70 patrullas, ellas se organizaron con piedras, agua, palos, y así, con su fuerza, enfrentaron la agresión. También están en las asambleas y hablan, discuten, deciden, “pero no les gusta estar en espacios para ser candidatas o algo, piensan que van a perder su tiempo y mandan a alguien a que les informe”.
Por eso, dice, es importante que la vocera del CIG sea una mujer indígena, “que habla una lengua y que viene de una comunidad”. Las mujeres del Istmo se asombran y “se empieza a generar una reflexión, queda claro que ser indígena y hablar una lengua no es una limitante, sino todo lo contrario. Por eso este proceso nos fortalece a todas”.

| Cuando la empresa Mareña Renovables entró a la Barra con 70 patrullas, ellas se organizaron con piedras, agua, palos, y así, con su fuerza, enfrentaron la agresión |

“El Istmo no es un lugar idílico ni aislado”, indica la Concejala. El machismo existe y sigue habiendo hombres que golpean a sus mujeres, que no las dejan salir y que mantienen su dominio sobre ellas. Pero Bettina no es una de ellas.
La entrevista se realiza en domingo. Está de regreso de un recorrido con Marichuy, la vocera del CIG, por Santiago Jocotepec Choapan, y este 12 de noviembre va camino a Álvaro Obregón, una de las comunidades del Istmo más combativas contra las eólicas. Ahí la espera una asamblea de hombres y mujeres. Ella llega, saluda y habla en binnizá. En la asamblea comunitaria se habla de los partidos políticos “que sólo ofrecen y prometen, dividen y nada cumplen”. Se habla también de las amenazas al territorio, de la organización y de la propuesta del CNI y del CIG. Bettina explica cada uno de los siete principios, como el de “convencer y no vencer” y el de “obedecer y no mandar”. Y todos hablan de los tiempos duros que vienen.

En las calles me gritaban que cuánto para llevarme a la cama

Bettina Lucila empezó adolescente su participación política. Entonces, dice, no hablaba tanto como ahora, pero ya participaba. A los 13 años se involucró en un movimiento de estudiantes campesinos que se organizó en varias escuelas secundarias de la región. Se fueron a paro exigiendo que bajara el precio del transporte. Se hicieron llamar nada menos que Concejo Estudiantil de Apoyo Popular. Era 1977, año en el que la Coalición Obrero Campesino Estudiantil del Istmo de Tehuantepec (COCEI) iniciaba un importante trabajo organizativo.
La influencia de su madre, sin duda, fue preponderante para su formación. En una época en la que la separación era inconcebible, su mamá decidió dejar a su pareja porque no la trataba bien. Se había casado a los 15 años, se separó a los 16, se regresó con su madre y a partir de ese momento no dejó de trabajar hasta su muerte. Bettina y sus hermanas crecieron con sus abuelos, y cuando éstos faltaron, fueron las tías las que la cuidaron, pues la mamá se dedicó al comercio y viajaba a Mérida y a Chetumal, donde compraba telas, juguetes, embutidos, quesos grandes y mantequilla en una lata azul para vender.
Es famoso y hasta mítico el papel protagónico de las mujeres en la sociedad istmeña. Todo es grande en ellas, empezando por la inteligencia, la fuerza y la alegría. Son también grandes conversadoras y organizadoras y han tenido, desde siempre, un papel relevante en los movimientos sociales, como en la COCEI, que en 1981 ganó por primera vez la presidencia municipal de Juchitán al hasta ese momento invencible Partido Revolucionario Institucional. En este enramado femenino crecieron Bettina, sus antepasadas y su descendencia. Ella es la cuarta de cinco hijos, quienes cuidaban y alimentaban a los marranos mientras su madre comerciaba. De ahí el dicho de “vete a ver si ya puso la marrana”, pues lo común es que los niños cuiden de los animales y no se metan en las pláticas de adultos.

| La lucha es también hablar nuestra lengua, comer nuestra comida, hacer nuestras fiestas, bailar nuestros bailes. Todo esto hay que reivindicarlo |

De niña Bettina tenía vestiditos comunes, aunque la mayoría de las mujeres usaban la nagua tradicional. En las escuelas las obligaban a portar el uniforme, por lo que, ya de grande y como parte de la lucha, “de la resistencia y de la rebeldía”, decidió recuperar la vestimenta binnizá: el huipil bordado de flores de colores y cadenilla, a juego con la nagua de largo vuelo.
A diferencia de muchas comunidades indígenas en las que las mujeres ya no visten su ropa tradicional, en el Istmo la mayoría porta su vestimenta y habla zapoteco sin sufrir discriminación alguna. Es una región en la que muchas veces hasta la gente de fuera se tiene que vestir con el atuendo indígena para poder, por ejemplo, entrar a las fiestas. El racismo lo viven cuando salen del Istmo y quieren seguir hablando y vistiendo como lo que son.
Bettina, por ejemplo, lo vivió en carne propia en Barcelona, ciudad cosmopolita a la que llegó a estudiar el doctorado. Ahí no sólo la discriminaban por ser indígena, sino también por el simple hecho de ser mexicana. “En las calles me gritaban que cuánto para llevarme a la cama, pues piensan que una está en su país sólo por trabajo sexual o del que sea”, recuerda.
En la Ciudad de México no fue ni es muy distinto. Cuando enfundada en su huipil recorre las calles y acude a hoteles y restaurantes, “no te atienden igual que a los demás”. Pero eso, dice, “es también parte de la lucha. Una tiene que entrar a todos los lugares con orgullo. La lucha es también hablar nuestra lengua, comer nuestra comida, hacer nuestras fiestas, bailar nuestros bailes. Todo esto hay que reivindicarlo, y si alguien tiene algún problema, pues tendrá que vivir con eso”.
Al salir de la secundaria, Bettina se fue a estudiar a la Ciudad de México. Se matriculó en el CCH Sur y luego en la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán de la UNAM, donde estudió la carrera de Ingeniería Agrícola, “pensando en regresar a mi pueblo y trabajar en el campo”. Paralelamente empezó a participar en la COCEI desde la Ciudad de México. Eran los momentos álgidos de la Coordinadora Nacional Plan de Ayala, del Frente Nacional Contra la Represión, de la CNTE y de otros grandes movimientos de 1980.
Como integrante de la COCEI, participó activamente en el Frente Nacional Contra la Represión y en la Coordinadora Nacional Plan de Ayala, donde conoció a muchos líderes campesinos que después se institucionalizaron. Pero aquellos eran tiempos de combatividad. En 1981 tomaron las embajadas y Bettina pisó la cárcel por primera vez. “Estuve tres días presa por esa acción organizada para visibilizar la problemática de Juchitán y el fraude electoral”. También organizaron una huelga de hambre y otras acciones, hasta que lograron nuevas elecciones. “Fueron momentos gloriosos en los que la COCEI pasó de la lucha por la tierra y la democratización del comisariado de bienes comunales a la reivindicación del ayuntamiento popular”. Años después, lamenta Bettina, “el movimiento quedó en manos de los dirigentes y se institucionalizó, y hoy son la gente contra la que tenemos que estar luchando: mis antiguos compañeros”.
Cuando el movimiento empezó a institucionalizarse “y se hacían otras cosas”, Bettina dejó de participar y se fue a la academia. Terminó la universidad en 1986, se recibió de Ingeniera Agrícola, se casó con Rodrigo, “un compañero de la costa” a quien conoció en la Universidad y en la lucha. Y regresó a Juchitán. Ella tenía 26 años y hasta la fecha están juntos.
Posteriormente, esta juchiteca inquieta y de carácter fuerte se inscribió en la maestría de Desarrollo Rural Regional en la Universidad de Chapingo, y al terminar obtuvo una beca para estudiar el doctorado en Planificación del Desarrollo Territorial en la Universidad de Barcelona. Era común verla por los pasillos de Chapingo con sus hijas, a quienes se llevó también un tiempo a Europa, sin su marido.
Su vida transcurría entre la maternidad y la academia. Se tituló con la tesis “Desarrollo regional en el Istmo de Tehuantepec: una perspectiva desde el territorio”, y fue en el proceso de su escritura que se encontró con información sobre el desarrollo contemplado por el gobierno para la región, y decidió dársela a ex compañeros de lucha. La información era sobre la actuación de las empresas y el tipo de ganancias que tenían. La indignación los llevó a organizarse y así nació la Asamblea de Juchitán en Defensa de la Tierra en 2007, que en 2009 se convirtió en Asamblea de Pueblos del Istmo en Defensa de la Tierra y el Territorio, pues se unieron San Francisco del Mar, San Dionisio del Mar, Chahuites, San Juan Atepec, Tapanatepec, Unión Hidalgo, Álvaro Obregón y Xadani, y juntos dieron la lucha contra Mareña Renovables.
Lo que ocurre en el Istmo, señala Bettina, “ocurre en todo México. Y por eso pensamos que si nos unimos todas las luchas e iniciativas de organización, por pequeñas que sean, nos hacemos grandes. Ése es el proyecto del CNI, organizarnos, no para las elecciones, sino para la vida”.
La lucha toda, asegura, “ha valido la pena”. Aquí han logrado visibilizar el problema de las eólicas, “se desenmascaró el rollo de la energía verde, se pusieron en discusión los impactos y se trabaja en la resistencia. La organización ha crecido y han surgido nuevas para defender el territorio”.
“No es posible, no es justo que haya unos cuantos ricos que se han apoderado de nuestro país, junto con algunos extranjeros. Por eso sueño con cambiar las cosas y tener una vida digna. No, no sé si soy fuerte. Yo siento, y mucho, pero tenemos que sacar fuerzas porque tenemos derecho a la libertad y a la vida”, finaliza.