11/28/2009


Construir bienestar no puede hacerse sin la mitad del mundo”

La cultura de paz requiere eliminar violencia de género: mujeres periodistas


Por Carolina Velázquez y Lucía Lagunes/enviadas

Bogotá, Colombia 27 nov 09 (CIMAC).- “La paz no es ausencia de guerra, requiere de una cultura propia que tenemos que empeñarnos en construir. El abuso del poder, la injusticia y la desigualdad son la semilla de la violencia. Por ello, la cultura de paz requiere eliminar la violencia de género, que sabemos es estructural; aquella que ejercen los hombres contra las mujeres por el hecho de serlo y que se asienta en la desigualdad entre mujeres y hombres”.

Tras señalar que esta posibilidad es un reto para las nuevas generaciones en esta profesión, la periodista española Nuria Varela participó con la conferencia magistral “Feminismo y conflicto armado” al iniciar los trabajos del Tercer Encuentro de la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género en las instalaciones de la Universidad Javeriana.

Podemos confirmar los datos con respecto a las formas en que se ejercen la violencia en el mundo y la trata de personas, cuyas principales víctimas son mujeres y niñas y niños, reiteró: “La violencia contra las mujeres es estructural y tiene múltiples formas de manifestarse; no sólo es ausencia de guerra, lo que significa conservar nuestras vidas en lo que se ha llamado tiempos de paz”.

Y añadió: “Estamos en una época donde lo que impera en los medios de comunicación es el espectáculo. Esto hace difícil el trabajo periodístico con perspectiva de género, pero también hay nuevos paradigmas que desde las redes de periodistas se pueden impulsar; aliadas en esta tarea son las nuevas tecnologías y la construcción de redes de periodistas”

La también feminista y autora de libros como “Íbamos a ser Reinas” y “Feminismo para principiantes”, así como de diversos reportajes acerca de conflictos armados y campamentos por la paz en Bosnia, Irak y México en publicaciones españolas como la revista “Interviú”, apuntó que reuniones como ésta son muy valiosas porque estimulan el sentimiento de pertenencia y unión entre periodistas para aliviar las dificultades en el trabajo cotidiano.

Con una experiencia de varios años en la práctica de un periodismo con perspectiva de género para visibilizar la desigualdad y la violencia que viven las mujeres alrededor del mundo –antes, durante y después de un conflicto armado– dijo que quienes hacen periodismo “no podemos entender la guerra y el poder sin la perspectiva de género” y alertó sobre la posibilidad de que hoy se puedan perder los avances construidos en los últimos años en favor de las mujeres.

“La crisis económica internacional actual, precedida de la crisis alimentaria, no debe llevar a recortes en los programas en favor de las mujeres. Construir bienestar con sociedades más justas no puede hacerse sin la mitad del mundo, las mujeres; el tipo de modelo económico actual no sirve para construir sociedades sostenibles si no se apuesta definitivamente por la igualdad entre mujeres y hombres”.

El feminismo y los diferentes feminismos nos han dado una mirada y una ética de cómo estar en el mundo; de ahí que “quienes hacemos comunicación tenemos la obligación de erradicar la violencia con nuestras herramientas y cambiar los paradigmas en el mundo de la comunicación”, aseveró.

Y agregó: “Durante décadas han sido asesinadas mujeres en todo el mundo con el fin silenciarnos. Crímenes que apenas han dejado rastro en los medios de comunicación. Mujeres que en su mayoría no ejercían la violencia y no han estado en contextos violentos, sino en espacios que los medios de comunicación han considerado ‘normales’ y, en general, fueron abusadas por un miembro de su familia o un conocido en sociedades que se supone están en paz”.

En relación a los conflictos armados apuntó que “la violencia está antes de la guerra. A las mujeres rara vez se les respetan sus derechos humanos. Siempre pierden todas las guerras –antes, durante y después–. Es el caso de Irak, que se volvió más peligroso para ellas cuando Bush decidió que ya se había acabado la guerra”.

Otra condición de las mujeres en la guerra es la invisibilidad de su vida cotidiana. “Tienen más dificultades para defenderse y sobrevivir. Eso no está en los relatos de los medios de comunicación. Hacemos mejor periodismo cuando nos importan las personas. Tenemos que contar lo difícil que es narrar un reportaje con lágrimas en los ojos, el miedo que vemos. Tenemos que hablar de los dolores, olores y horrores de la guerra, de los sentimientos que se producen en una ciudad bombardeada donde todo el esfuerzo es encontrar comida y agua”.

NUEVOS PARADIGMAS INFORMATIVOS

Nuria Valera subrayó que es ilusorio pensar que se puede cambiar el periodismo si la sociedad no cambia, y viceversa.

“Los medios de comunicación, además de informar, proponen modelos de comportamiento y contenidos que afectan a la ciudadanía. Preparar un mundo sin violencia sin tomar en cuenta los medios de comunicación y el control que ejercen es imposible. No se puede concebir una información sin intención; de ahí la importancia de tomar en cuenta la posición que ocupa el emisor. Las redes de periodistas deben romper la distancia entre quien emite la comunicación y quien la recibe, rompiendo también la desigualdad histórica que existe”.

Un nuevo paradigma en los medios de comunicación es la decisión acerca de cómo se va trabajar la información, la persona que lo va a hacer, cuál es su mirada y cuanto tiempo va a dedicar a su trabajo periodístico.

“El sistema de género impone una forma de jerarquizar la información. La mirada y el punto de vista es fundamental en los medios de comunicación. Debemos tener presente quién la emite y el mensaje. Los medios de comunicación son androcéntricos. Su mirada, en general, es masculina; no es neutra ni imparcial. Todo lo que queda fuera de ese marco se invisibiliza, es parte del discurso mediático, y cuando a las mujeres se nos da la voz, nos colocan como víctimas”.

Añadió que, cuando hay violencia de género, “el énfasis esta en el móvil del crimen, no en el origen estructural de la violencia; su único fin es la sumisión de las mujeres, por eso se ejerce. Esto le cuesta mucho trabajo entenderlo a los medios de comunicación. Para hacer un periodismo diferente tenemos que partir de la desigualdad y de todo lo que hay alrededor de ella. Un mundo en igualdad es lo único puede evitar que se ejerza la violencia contra las mujeres”.

Para Nuria Varela, las características del mundo patriarcal están en la práctica periodística cotidiana: los hombres, singulares, y las mujeres, colectivo; los varones continúan siendo autoridades mediáticas y las mujeres carenen de ella. La opinión de los hombres es imparcial, y las mujeres, sospechosas. A lo masculino le corresponde una mirada universal y neutra: en las mujeres se muestra la vida privada y aparecen en los medios con su pasado. Las únicas respuestas femeninas que se aplauden son las que imitan comportamientos masculinos, y cuando aparecen como víctimas, rara vez se les da la voz.

En cuanto al periodismo de opinión y la publicad, Varela considera que es necesario cambiar la mirada actual: “Las reglas que usamos no son rigurosas; dan una mirada deformada del mundo y alimentan la desigualdad en el corazón de la sociedad. Son reglas en las que a las mujeres se les va la vida. La visión masculina sigue. Los medios de comunicación han insistido tercamente en representar a las mujeres de manera tradicional y mostrarlas en forma jerarquizada con relación a los hombres, especialmente los medios dirigidos a la población más joven”.

Por último, Norma Varela retomó la propuesta periodística de Richard Kapushinski. “Decía el periodista polaco que hay tres formas de estar en el mundo: aislarse, la guerra o establecer un diálogo. Las mujeres estamos en esta última posibilidad, podemos poner ahí nuestro esfuerzo y pensar que vivimos un momento de transición. Tras considerar que es el verdadero periodismo es intencional, que se fija un objetivo, podemos poner nuestros cinco sentidos profesionales para estar, oír, ver, oler, pensar otra mirada a la realidad y hacer sociedades más democráticas”.

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