10/04/2014

Sobre la "no ficción" del feminicidio de Sandra Camacho




Sinnúmero de críticas le han llovido en los últimos días al periodista Alejandro Sánchez por su texto El joven que tocaba el piano (y descuartizó a su novia) publicado el 21 de septiembre en el semanario Emeequis, y no es para menos.

No sólo desde el título se tergiversa la información del famoso caso del feminicida, “genio de la física”, Javier Méndez que asesinó y descuartizó a la joven de 17 años Sandra Camacho en un departamento en Tlatelolco el 27 de junio de 2013, al hacer creer al lector que la joven era novia del agresor sin ahondar en que la reunión era principalmente con fines laborales pues Javier le había ofrecido un empleo como edecán, sino que a lo largo del desarrollo de la historia que es narrada como “un texto periodístico de no ficción”, según se anota al final del reportaje, el periodista se centra en glorificar los logros educativos del confeso asesino, entre ellos haber sido ganador de la Olimpiada Nacional de Física, y sorprenderse de haya actuado tan visceralmente como si el crimen lo hubiera cometido “un otro que se apoderó de él”, al grado de invisibilizar por completo a Sandra.

El asesino, Javier Méndez es descrito como un sujeto modelo: “Ya ha sido un excelente deportista, un quarterback nato de las Águilas Blancas y los Búhos del Instituto Politécnico Nacional, un ágil nadador, un buen pianista. Por si fuera poco, ha demostrado un desempeño académico superior” y en suma pretende estudiar la universidad en el extranjero.

Mientras que de Sandra tan sólo un párrafo es dedicado a describir de manera somera y desventajosa a la joven oriunda de Ixtapaluca:

“Sandra Camacho, en contraste, no atina a definir qué hacer. Ha buscado ingresar a la Universidad Autónoma Metropolitana pero no pasó el examen de admisión. De origen humilde, su familia no puede costear el lujo de una universidad privada, así que debe intentarlo de nuevo. Mientras tendrá que hacer algo. Y ella fantasea con la idea de trabajar de edecán”.

Es todo lo que llegamos a saber sobre Sandra. Se le retrata como indecisa, sin mayores aspiraciones, ignorante y superficial, en contraposición a Javier que se le retrata como experimentado, seguro y confiado. El simple hecho de señalar que Sandra fantasea con trabajar de edecán, oculta que en principio esa ha sido la razón por la que se ha reunido con Javier para obtener un empleo en ese ramo y que no es una simple fantasía infantil o única meta en su vida sino que es un medio de tener dinero en lo que se define su situación escolar, en la cual está preparándose pues hará de nuevo el examen de ingreso a la universidad.

Si esta descripción junto con todos los hechos descritos en el texto surge como el mismo periodista señaló de “entrevistas y relatos de los protagonistas, expedientes judiciales, la evaluación sicológica, correos electrónicos y mensajes de celular”, me parece es muy reduccionista, pues sólo se está enfocando en un protagonista Javier, mientras que Sandra es descartada. No se toma en cuenta la postura de ella que bien debe haberse reflejado no sólo en la seguramente manipuladora declaración de Méndez en el proceso judicial sino también en el intercambio de mensajes electrónicos vía redes sociales, correos, mensajes de texto, previos a que se reunieran.

¿Dónde quedó toda esa información? ¿A qué tipo de datos tuvo acceso el periodista? ¿Cuáles nos compartió y cuáles ignoró? Sandra se nos escurre entre los dedos y no alcanzamos a conocerla, más que a través de Javier el asesino quien justifica su accionar violento a una pérdida de control sobre sí mismo al sentirse burlado por la joven quien según su relato se muestra incrédula ante las proezas académicas de él de las cuales se siente tan orgulloso.

En una clara justificación de sus actos, Javier evidencia que no pudo controlarse y no le quedó más remedio que matarla, resultando él en víctima al ser burlado por una joven que no conoce de universidades prestigiosas en el extranjero y que actúa según él “en plan mala onda, de plano ojete”. Así que se justifica el que la mate pues ella según la narración al no creer en los logros y esplendoroso futuro académico del joven y en suma burlarse cínicamente ha provocado al “genio”. Sandra se erige en la narración del periodista en la mala de la historia “¡Sandra y su enloquecedora risa malvada!”, “como una niña chiquita que no tuviera corazón; se burla y se le acerca.”, en fin “lo provoca” .

Es cuando viene la respuesta de Javier ante tal acoso como si fuera en defensa propia termina por matarla. En un ánimo de justificar la violencia de Javier, el periodista redacta: “No le quiere pegar, solo defenderse, pero la golpea en la cara. Ha sido un accidente”, “Como si no fueran suyas, las manos de Javier se aferran al cuello de Sandra”.

¿Por qué quitarle la responsabilidad a Javier? ¿Por qué ubicarlo en la mirada del lector como víctima? ¿Dónde quedó la historia de Sandra? ¿Acaso sólo por no haber ingresado en un primer intento a la universidad y contar con menos experiencia académica ya merece menos importancia?

Si bien en la disculpa pública que realizó el periodista Alejandro Sánchez ante la indignación que ocasionó su texto por tener una clara tendencia a enfocarse en el asesino como una pobre víctima de su propio descontrol como si no fuera dueño de sus actos, no termina por convencer. El periodista refiere que trató de ponerse en contacto con los padres de Sandra para tener otra mirada de los hechos pero que ellos no quisieron participar y al no hacerlo explícito pareció que los hizo a un lado, pero me parece hubieran podido haber otras vías para conocer más de la joven, sus amigas y amigos, sus profesores, los mensajes que enviaba a Javier en las redes sociales, su misma cuenta de Facebook.

Es más ni siquiera podemos saber verazmente cómo sucedieron los hechos pues todo está narrado a partir de las declaraciones de Javier, quien tras el asesinato y descuartizamiento de Sandra para que se esparcieran las huellas del delito, huyó cobardemente bajo otra identidad a Querétaro donde finalmente fue descubierto y detenido un año después. Seguramente hay muchos vacíos, información oculta, tergiversación de los hechos, como suele suceder.

A lo largo de toda la narración se difumina en donde empieza a hablar Javier Méndez, el asesino y en donde habla el periodista. ¿En qué momento es ficción? ¿En qué momento es no ficción? Pues pese a que al final del reportaje se anota que es una no ficción a mi me resulta algo extraño pues veo carece de rigor periodístico. Tan sólo pareciese querer generar adeptos a la figura del asesino desde una visión patriarcal.

Por fortuna he encontrado otro texto de Dahlia de la Cerda La joven que no sabía tocar el piano y fue asesinada por un feminicida que da voz y dignifica a Sandra Camacho con sus sueños, aspiraciones, cotidianidad. Siempre es necesario reconstruir la voz silenciada aquella que desafió tan sólo con el no aplaudir las proezas del joven, porque resulta que en este mundo las mujeres están para celebrar a los hombres mientras ellas sean disminuidas y silenciosas, nada de cuestionamientos ni risas, ellas siempre tienen que tener menos capacidades para que ellos se engrandezcan.

Lamentablemente no es nuevo que personajes que a simple vista parecen pacíficos, inteligentes, racionales e incluso inofensivos cometan este tipo de actos, ya tiene bastante tiempo que hemos descubierto como sociedad que no todo criminal cumple con el estereotipo de lo marginal, no sé porque sigue tal fascinación por el asesino y lo peor es que se le pondere por encima de la víctima. Debe estar relacionado con la medicalización de la salud mental en la sociedad contemporánea en donde todo lo que tenga que ver con supuestos transtornos mentales nos fascina indagar.

Pero ¿por qué seguir perpetuando la fascinación por estos personajes? ¿Por qué el afán por justificarlos? Cuando llanamente son unos asesinos, sin autoestima que sólo buscan víctimas, en este caso femeninas, que a sus ojos son menos experimentadas, con menores cualificaciones según ellos como en el caso del asesinato de Sandra donde Javier para aumentar enfermizamente su poquita estima la elige a ella.

 Ante él y a los mismos ojos de la sociedad que valoran en la juventud la cualificación educativa, la práctica deportiva, contar con el manejo de idiomas a ella no se le echará tan de menos como a él, a fin de cuentas ni el examen de admisión a la universidad podía pasar la joven y tan sólo quería ser edecán. Según la narración, una más del montón pareciese decirnos la narración y aparte de todo burlona, provocadora e ignorante.

Más bien la pregunta debería ser ¿quién fue Sandra Camacho? ¿Cuáles eran sus sueños, motivaciones, deseos, capacidades? De un momento a otro todo su potencial se perdió entre las paredes de un departamento de una unidad habitacional de Tlatelolco. Ese fue el primer silenciamiento cuando cayó su cuerpo al suelo sin vida.

El segundo al no poder narrar su historia al verse nublada por las declaraciones de Javier que la ubicaban como una “chiquita que no tuviera corazón”. Al no hacerse mayores indagaciones ¿qué sucedió en el departamento? ¿qué sucedió con el ofrecimiento de empleo? ¿la relación sexual entre ambos que refiere la narración fue en todo momento consensuada? ¿tan sólo hubo burla por parte de Sandra? ¿qué otras historias narró ella antes de morir?

Por último un tercer silenciamiento que devino en la total invisibilización de Sandra fue la del periodista al no indagar más sobre ella. Del asesino sabemos todo ¿qué más hay por saber?, pero de la víctima nada.

Las víctimas suelen caer en el olvido a menos de que hayan tenido vidas sórdidas que lleguen a justificar su trágico fin, lo cual las vuelve a poner en una situación de vulnerabilidad pues se culpabiliza a la víctima. Como historia ficticia El joven que tocaba el piano (y descuartizó a su novia) me parece hubiera resultado mejor, porque de reportaje periodístico se encuentra carente de una visión ética y comprometida con la violencia que viven las mujeres y con los familiares de las mismas en un país que como señalaron los periodistas Humberto Padgett y Eduardo Loza en su libro Las Muertas del Estado. Feminicidios durante la administración mexiquense de Enrique Peña Nieto, “el peor momento para la vida de las mujeres mexicanas es el presente”.

No todos los intentos de nuevo periodismo al estilo Truman Capote son posibles sobre todo con un tema tan delicado e indignante como es el feminicidio en México donde la impunidad, la indiferencia y el desprecio a la vida de las mujeres es cosa de todos los días.


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