En junio la Organización
Mundial de la Salud (OMS) resolvió retirar el oseltamivir (Tamiflu o
Zanamivir) de su lista de medicamentos esenciales. Fue el resultado de
una larga lucha de los científicos, que inició en 2009 a raíz de la
pandemiade influenza A/ H1N1. En esta lucha el British Medical Journal (BMJ) ha desempeñado un papel sobresaliente junto con investigadores especialistas de Cochrane (organismo internacional dedicado a evaluaciones basadas en evidencias) sobre el tema. A partir de este proceso se han creado nuevas reglas para la publicación en algunas revistas científicas con el requisito de proporcionar las bases de datos completos que apoyan un artículo y una creciente conciencia de la falta de rigor aún de las investigaciones publicadas en revistas reconocidas.
Su gran contrincante en este combate es la farmacéutica La Roche. La
vergonzosa historia empieza con la publicación del primer plan para
influenza pandémica de la OMS en 1999 a raíz de los primeros casos
humanos de influenza aviar elaborado junto con un grupo (ESWI)
financiado por Roche y otros productores de medicamentos contra la
influenza. Durante los años siguientes oseltamivir es autorizado en
Estados Unidos –con ciertas reservas– y en Europa. En 2002 la OMS
recomienda a los países mantener grandes reservas de este medicamento.
Se basa para ello en una investigación que supuestamente mostraba que
oseltamivir disminuía las complicaciones de la enfermedad.
El siguiente capítulo empieza con la pandemia de influenza A/ H1N1 en
2009, cuando Cochrane volvió a revisar los artículos sobre oseltamivir y
descubrió que Roche tenía más resultados no publicados. Solicitó a
Roche las bases de datos completos, pero al recibirlas encontró que
todas estaban incompletas. Mientras tanto Roche contrata otro estudio de
las mismas bases de datos a la Escuela de Salud Pública de la
Universidad de Harvard, cuyo director en este momento era Julio Frenk.
Finalmente Cochrane consigue los informes de investigación completos de
Roche (25,453 páginas) por medio de un nuevo mecanismo de transparencia
de la Unión Europea en 2011.
Los hallazgos finales del estudio hecho con estos datos (Ebell, 2017
10.1136/bmj.j3266) fueron una pequeña reducción del tiempo de duración
de los síntomas, ningúna evidencia de que se reducía la probabilidad de
neumonía, hospitalización o complicaciones que requerían tratamiento con
antibióticos. Estos resultados llevaron a la OMS a retirar oseltamivir
de su lista de medicamentos escenciales, donde había estado desde 2010.
El negocio para Roche ha sido de 18 mil millones de dólares entre 1999 y 2014 (BMJ 2014;348:g2695).
Paralelamente se desató una polémica internacional en 2009 sobre la
recomendación de la OMS respecto al uso masivo de oseltamivir y de
vacunación con biológicos sin las debidas pruebas clínicas. Fue
especialmente cuestionada la composición de su grupo de expertos con
vínculos estrechos con la industría farmacéutica productora de
medicamentos y vacunas. Como resultado varios países suspendieron la
vacunación masiva, y posteriormente se ha comprobado que la vacuna
Panderix ha causado casos de narcolepsia.
Esta historia tiene importancia para México por ser el país donde que
desató el pánico por la epidemia de la influenza A/ H1N1. Como se
recordará la autoridad sanitaria mexicana inicialmente no descubrió la
epidemia por fallas en la vigilancia epidemiológica y la falta de
recursos de virología a pesar de que se tenía en el papel un plan de
emergencia presentado a la OMS en cumplimiento de sus recomendaciones.
Tal fue el miedo del gobierno mexicano que paralizó el país, lo que
provocó un costo de uno por ciento del producto interno bruto (PIB). La
OMS originalmente hizo una declaratoria de pandemia, pero al observar la
progresión de la epidemia negó a México un apoyo especial lo que se ha
interpretado como un reconocimiento de que se había precipitado.
Adicionalmente el gobierno mexicano hizo compras masivas de
oseltamivir y las polémicas vacunas, violando las reglas de compras
gubernamentales, de tiempos de caducidad y de registro sanitario de los
productos. La Auditoría Superior de la Federación demostró que no sólo
se había violado estas reglas, sino también se había cargado ilegalmente
el costo, unos mil millones de pesos, al Fidecomiso de Protección
Social en Salud.
Cabe preguntar si están mejor preparadas las autoridades sanitarias
del país para enfrentar una emergencia epidemiológica actualmente. Por
lo pronto parece que el intenso debate sobre oseltamivir no ha llegado a
oídos de la Secretaría de Salud que h
ace poco declaró que el país tenía el Tamiflu suficiente para enfrentar los casos de influenza.
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