7/07/2015

México, una industria exitosa en crear falsos culpables; el inocente es encarcelado luego de sufrir tortura


    
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(07 de julio, 2015. Revolución TRESPUNTOCERO).- José María Cirilo Ramos Tenorio, “Don Pepe” como muchos le decían de cariño, falleció el 23 de octubre de 2013. Se encontraba internado desde hacía casi dos meses. Antes de su hospitalización, Don Pepe, de 65 años, se encontraba recluido en el Penal de Santa Martha Acatitla, donde cumplía su onceavo año de condena por un crimen que no cometió.
Los médicos que lo atendieron revelaron que se descubrió una serie de abscesos y hematomas en la zona del hígado, que refieren fueron producto de golpes, probablemente, los recibidos cuando fue detenido, ya que presentó graves signos de tortura.
En 2002 José María Cirilo Ramos Tenorio y cuatro personas más, fueron detenidas de forma arbitraria y sometidos a torturas, con el fin de que se declararan culpables del delito de privación ilegal de la libertad en la modalidad de secuestro, además les fue sembrada droga para agravar su situación jurídica y justificar una detención por flagrancia.
La detención fue realizada por agentes de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Tlaxcala (PGJE), en colaboración con la Procuraduría General de la República (PGR). Las cinco personas fueron trasladadas a la PGJE, lugar en donde las obligaron, mediante torturas, a inculparse en hechos en los que no participaron, así como a generar pruebas que los inculparan en la realización de secuestros, tales como grabaciones de voz.
Las torturas, entre otros consistieron en: golpes en diferentes partes del cuerpo, toques eléctricos, ahogamiento con agua y con bolsas de plástico, introducir refresco de Tehuacán en sus fosas nasales, vendarlos como momia y someterlos a golpes. Finalmente fueron presentados ante la autoridad competente y en una rueda de prensa en la que los exhibieron como peligrosos delincuentes, sentenciándolos a 11 años en prisión.
“La justicia en México se caracteriza por la paradoja en la que el culpable nunca es juzgado y el inocente es enviado a una cárcel de máxima seguridad, luego de ser torturado y culparlo de delitos que jamás son sustentados con pruebas. Es así como obtenemos la tan usada y cierta idea que en este país ‘todos los inocentes son culpables, aunque se demuestre lo contrario’ o lo que es lo mismo, el posicionamiento de la presunción de culpabilidad, como eje rector de la mal llamada impartición de justicia”, asegura a Revolución TRESPUNTOCERO, el abogado penalista Rodrigo Cabezuela, perteneciente al círculo legal de abogados de Iberoamérica.
En el ámbito de la justicia, la admisión y valoración de pruebas de cargo ilícitas es un acto violatorio del debido proceso y de la presunción de inocencia. Sin embargo en México la mayoría de los juzgadores han decidido prestarle mayor atención a lo ya escrito, dejando de lado las averiguaciones a profundidad, es así como finalmente no admiten o  dejan sin valor las pruebas aportadas por la defensa.
Según informes del Centro Prodh, “estas prácticas, dan pie a la regla en México, donde no se analizan y estudian las pruebas con base en su contenido, sino con base en la parte que las ofrezca: generalmente las pruebas de cargo son valoradas otorgándoles peso definitivo, incluso si contienen contradicciones o son impugnadas por ilegales, mientras las pruebas de la defensa son descartadas incluso si son contundentes y coincidentes”.
Así, con frecuencia, el resultado es un procedimiento que de manera sistemática presume la culpabilidad. Tan sólo el Centro Pro, en los últimos cinco años, ha atendido 350 situaciones de víctimas, que han denunciado estar enfrentando procesos penales, normalmente en reclusión, por delitos que no cometieron; en dichos casos, se configura la presunta violación al derecho a una defensa adecuada y el uso de pruebas obtenidas violando derechos humanos.
Taylin Narda Clotet, fue víctima de una detención ilegal y arbitraria en Distrito Federal, en febrero de 2014, pese a que se denunció ante el juez haber rendido declaraciones  falsas bajo tortura, y a pesar de la existencia de certificados médicos de lesiones, el juez resolvió en el auto de formal prisión que en “aplicación del principio de inmediatez, debe preferirse la primera declaración, dada a raíz de haber sido presentados a declarar en la averiguación previa origen de la presente causa, por su espontaneidad respecto de las posteriores declaraciones, por presumirse complacencia o asesoramiento”.
Además, respecto a la denuncia de Taylin de que la detención había ocurrido en circunstancias distintas a las narradas por los elementos aprehensores y que había sido víctima de tortura, el juez resolvió que su versión “no se encontraba corroborada en el sumario y sí controvertida con el señalamiento firme y categórico” en su contra, a pesar de que las declaraciones de Taylin y sus coprocesados coincidían en denunciar la tortura, de la existencia de los certificados médicos y de los testimonios de tres vecinas de Taylin que daban cuenta que la detención se realizó en un lugar distinto del indicado en el parte informativo.
“Son pocos los individuos (ya sean autoridades, medios de comunicación y sociedad civil), que se detienen, ante el caso, analizan y sugieren hipótesis distintas a las ya hechas. Es por ello que un acusado (de un delito no cometido), lucha contra su juzgador y contra las condenas que miles allá afuera hicieron en su contra, cuando leyeron ‘detienen a secuestrador’, en el país no se ha enseñado, después de miles de desapariciones, ejecuciones extrajudiciales y casos de tortura, que no se puede apoyar y enarbolar la presunción de culpabilidad, que desde hace poco más de una década se ha posicionado e imperando en este país, porque uno de los factores clave para que las autoridades juzguen sin averiguar, es una sociedad solapadora de actos ilegales”, sentencia la Doctora en Ciencias Jurídicas Mercedes Carrió.
A esto agrega, la también especialista en derecho penal, “un elemento más con el que luchan los ‘inocentes culpables’ y sus familiares, es el olvido que origina abandono, que al mismo tiempo beneficia a quienes los inculpan. Porque en efecto, lamentablemente estos actos, también mantienen a estas personas en las cárceles, en muchas ocasiones algunos, no de manera general, defensores de derechos humanos, sociedad civil y principales medios de comunicación, minimizan un caso por haberse perpetrado hace diez o cinco años atrás”.
Puntualizando que “no es que prioricen los más recientes, es que no toman en cuenta al ‘pasado’, porque al parecer no es ‘tan relevante’, cuando son justo estos, que llevan años en la lucha, sin resultados, quienes deben ser mayormente respaldados, un recordatorio por medio de una mención, un pronunciamiento, una visita, una pregunta sobre lo que ha acontecido, puede llegar a ser definitorio, porque el que realiza la tan noble y admirable vocación de defensor o quien es un comunicador, debe aplicar su oficio a una injusticia de hoy, como a una de hace veinte años atrás”.
A los argumentos anteriores, se le suman la ausencia en diligencias, la falta de intervención eficaz del abogado de oficio y la criminalización, que produce la impotencia total de quienes aún teniendo pruebas de inocencia son condenados y así aumentan la cifra (desconocida) de personas presas, por delitos de que cometieron.
Según la última encuesta realizada por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) en 2012, a 821 personas sentenciadas en 8 Centros Federales de Readaptación Social. Del total de encuestados (que se declararan culpables en la agencia del Ministerio Público), las razones para declararse culpable fueron: 48.3% porque “es culpable”, 30.5 % porque lo torturaron o golpearon, 24.5% porque lo presionaron o amenazaron, 4.7 % porque alguien en el Ministerio Público le dijo que era lo mejor, 4.4 % dio como razón que amenazaron a su familia, 3.7 % porque se lo recomendó su defensor y 2.7 % por exonerar a sus amigos o a algún familiar”.
Otras cifras, aportadas por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), en México cada día, poco más de 95 mil presuntos inocentes viven en las cárceles, como presuntos culpables. De estos, 45 % sale libre, el día de su sentencia, pero ya purgaron la pena.
De los casos reconocidos por el Centro Prodh, el promedio de años para ser sentenciado en primera instancia va de 2 a 3 años de prisión preventiva. Sin embargo, han documentado casos en los que la prisión preventiva se ha prolongado hasta por cinco o siete años, e incluso diez años. “Lo anterior es cada vez más relevante considerando que actualmente hay más personas en prisión preventiva, que personas sentenciadas en el fuero federal (es decir, 26 mil 647 contra 23 mil 391) y en el fuero común, suman 83 mil 469 contra 121 mil 134 sentenciadas)”.
“A diario 100 o más personas en todo el país están siendo juzgadas sin pruebas, sin juez, sin abogado defensor, sin el apoyo de sus familiares, finalmente son condenados, incluso muchos bajo delitos graves, por lo que son enviados a cárceles de máxima seguridad, en donde las investigaciones son deficientes o incluso ausentes, dando mayor margen de impunidad a la hora de sentenciar”, aseguraCabezuela.
“La realidad es que hoy por hoy México es una industria exitosa, en la creación y distribución de falsos culpables en todas las cárceles del territorio nacional, no importa lo evidente que sea la inocencia de un individuo, cuando es necesario ‘presumir’ que se ha detenido a un delincuente o es urgente dar carpetazo a una denuncia, ‘cualquiera sirve’ y de ellos están plagados los penales, producto de un sistema penitenciario mediocre, corrupto e impune”, afirma Cabezuela.   
“Hay mucha gente como yo, injustamente en las cárceles pagando delitos que no han cometido, y quisiera que no fuese yo el único al que apoyaran, sino también a la demás gente para que también salgan libres”. Hugo Sánchez Ramírez, joven mazahua detenido arbitrariamente y acusado de delitos que no cometió en el Estado de México, por los que pasó más de 5 años injustamente encarcelado.
Estando ahí dentro [en prisión] me di cuenta de toda la gente inocente que estaba ahí injustamente”. —Jacinta Francisco Marcial, mujer ñhä-ñhú (otomí) de Querétaro detenida arbitrariamente y acusada de delitos que no cometió, por los que pasó más de 3 años de injusta reclusión.

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