Mostrando las entradas con la etiqueta Rosario Ibarra. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Rosario Ibarra. Mostrar todas las entradas

10/27/2019

El mensaje de doña Rosario



Doña Rosario Ibarra de Piedra no pudo participar en la ceremonia en la que el Senado le entregaría la medalla Belisario Domínguez 2019. En su representación recibió la presea su hija Claudia Isabel, quien leyó el mensaje en el que su madre le dice al presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, por qué deja en sus manos la custodia de tan preciado reconocimiento.
Te pido que me la devuelvas junto con la verdad sobre el paradero de nuestros queridos hijos y familiares y con la certeza de que la justicia anhelada por fin los cubrirá con su halo protector ( La Jornada, 24/10/19). Desde la década de 1970 doña Rosario y otras tantas familias entregaron toda su energía a la búsqueda por encontrar con vida y hacer justicia a los cientos de desaparecidos políticos en México, lucharon de manera incansable contra el terrorismo de Estado y la guerra sucia. Esa exigencia, pese a los discursos del Presidente, ha sido mal atendida por los funcionarios del actual gobierno.
Siete días después del 19 de junio de 2016, día de la masacre en Nochixtlán, Oaxaca, Andrés Manuel López Obrador convocó a una marcha-mitin. Durante el acto dijo que se había convocado a esa manifestación del silencio en defensa de los maestros ultrajados, heridos, perseguidos o que han perdido la vida; y en el mitin advirtió: el país ha entrado en un proceso preocupante y riesgoso, para luego exigir la destitución de Miguel Ángel Osorio Chong (entonces secretario de Gobernación del gabinete de Enrique Peña Nieto) porque ordenó lanzar a la Policía Federal contra los profesores, padres de familia y población de Nochixtlán, y exigió castigo a los autores intelectuales y materiales de esos hechos ( La Jornada, 27/6/16).
Discursos, acontecimientos, posiciones y prácticas que van a marcar la vida y la obra de dos personajes en temasde justicia: la de una mujer valiente, digna y comprometida con la causa de los desaparecidos, perseguidos, encarcelados y exiliados políticos y la de un hombre en la cúspide del poder otorgado por el pueblo de México, para que haga honor a su apotegma de no mentir, no robar, no traicionar.
Sin duda que doña Rosario Ibarra, si se lo permitieran sus 92 años de vida, acompañaría con gallardía y coraje, caminaría junto a los familiares en la exigencia de justicia para los pobladores de Nochixtlán y cárcel para los que dieron la orden de matar, y gritaría junto a ellos ¡ni perdón, ni olvido!
Por eso, sorprende la actitud del presidente López Obrador en su visita a Nochixtlán el 19 de octubre pasado; primero eludió a los familiares de las víctimas y a los maestros que le pedían diálogo y luego los recibió 15 minutos, después de que le cerraron el paso a su llegada a Cuicatlán, Oaxaca, otro punto de su visita.
¿Ese es el trato que debe dar un gobierno humanista a un pueblo que en el ataque policiaco-militar del 19 de junio de 2016 sufrió la represión del Estado mexicano y que le dejó un saldo de ocho ciudadanos muertos, más de 100 heridos, 150 víctimas directas –67 menores de edad– y entre 300 y 400 víctimas indirectas?
En el uso de la palabra en Nochixtlán el sábado anterior, el Presidente de la República dijo: “nunca más lo de Nochixtlán, fíjense, a tres años, todavía se recuerda, hay víctimas, a todos ellos se les va a apoyar, ya di instrucciones…” Cerró su discurso sobre el tema con estas palabras: la justicia tarda, pero llega, cuando existe voluntad, cuando hay decisión, y en el caso de Nochixtlán, no se van a repetir actos de represión en ninguna circunstancia. (https://youtu.be/wpcmWe5jOws). Las palabras y la actitud del Presidente causaron desconcierto entre las víctimas y los profesores presentes, pues se esperaba que reafirmara sus palabras de junio de 2016.
Doña Rosario, enorme como siempre, en su carta le dijo al Presidente que su nieto le había dicho un día antes que estaba enojado, que estaba lleno de rabia e indignación porque la justicia no llega después de 40 años de lucha y a casi un año del gobierno de la Cuarta Transformación (https://youtu.be/Ej_wDz82dn8).
Andrés Manuel López Obrador, al mediodía del 28 de junio de 2016, en las oficinas de un diario de la capital, y estando fresca la masacre de Nochixtlán, me dijo que no bajáramos la guardia, que siguiéramos luchando con dignidad, que la justicia tendría que llegar, que los asesinos tenían nombre y apellido.
Ironías de la vida. En la ceremonia de entrega de la medalla Belisario Domínguez a doña Rosario Ibarra, estaba un senador aplaudiendo, sí, el mismo que ordenó reprimir a la gente del pueblo de Nochixtlán.
Ojalá que la presea, depositada en manos del Presidente y la petición de su devolución el día que haya justicia, remueva la conciencia de Andrés Manuel para que ningún acto criminal del Estado mexicano sea perdonado ni quede impune.

*Profesor de educación básica en Oaxaca 

9/15/2011

No a la represión


Rosario Ibarra
Siempre que hay una huelga, un paro de labores, una marcha que exige justicia, hay quienes culpan a los promotores de estos movimientos de todo lo malo que encuentran y, además, de todo lo que se les ocurre inventar en su contra.

A veces resulta hasta ridículo lo que suelen afirmar los eternos defensores de los patrones (lambiscones profesionales), que se regodean en las acusaciones a los obreros… Que si son flojos, que son mañosos, que no tienen “sentido de responsabilidad...”.

Claro que el vocabulario utilizado por dichos señores no es —por decirlo de alguna manera— tranquilo, apegado a las reglas gramaticales, “decente”, dirían no pocas buenas personas; en fin, creo que a todos nos resulta sencillo imaginar el léxico acostumbrado por no pocos renegados de su “estrato social”, envidiosos además de quienes están peldaños por encima de ellos, que sienten horror de descender hasta los niveles de los que califican como “jodidos”…

Me vino esto a la mente a raíz del plantón de los trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) en el Zócalo capitalino, acto al que las madres y familiares todos de los desaparecidos políticos apoyamos sin reserva, como un gesto de gratitud a la solidaridad que siempre ellos nos han brindado y por lo justo de sus demandas. Además, por la admiración que sentimos por ese gremio democrático y nacionalista al que tanto le debe México desde su nacimiento, en 1914. No es posible hacer a un lado la historia de sus luchas y demandas, junto a las de Cananea y Río Blanco, que contribuyeron a elevar a rango constitucional los derechos obreros pisoteados por el tirano Porfirio Díaz, finalmente reconocidos en el Artículo 123 de la Constitución que nos rige.Resulta imperdonable la absurda guerra de exterminio en contra de una organización sindical precursora e impulsora de la nacionalización de la industria eléctrica. Quien tenga una pizca de conciencia no podrá negar que lo que somos como país se debe en mucho al desarrollo nacional eléctrico y a las manos de los trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas. No olvidamos, ni olvidaremos nunca, que en el año 1985 el SME levantó de sus ruinas a la ciudad de México y el área metropolitana, salvando muchas vidas y restableciendo en “tiempo récord” el servicio eléctrico sin pedir nada a cambio.No olvidamos tampoco, especialmente las madres del Comité Eureka, el apoyo del SME a nuestro reclamo por la presentación de los desaparecidos políticos, menos ahora que tenemos que exigir, juntos nuevamente, la libertad de presos políticos, hoy en el caso de los electricistas injustamente encarcelados por su participación en la resistencia del SME contra la extinción de la compañía de Luz y Fuerza del Centro.Nosotros, las madres y familiares de todos de los desaparecidos políticos, agrupados en el Comité Eureka, estamos al lado de los amigos y compañeros electricistas, que hoy sólo piden, con razón y justicia, que les regresen el trabajo que el gobierno les arrebató pretextando mentiras que el tiempo ha puesto al descubierto. Por ello y por muchísimas cosas más que tienen que ver con el espíritu de solidaridad del SME, quienes integramos Eureka queremos gritar a los cuatro vientos: ¡Estamos con ustedes, miembros del glorioso Sindicato Mexicano de Electricistas!Dirigente del Comité Eureka

9/01/2011

¿Día especial?


Rosario Ibarra
Desde el fondo de la profunda tristeza que por muchos años ha embargado a los familiares de los desaparecidos de la nefasta era echeverrista, brotan la inconformidad acumulada, la frustración por la ilegalidad que se sigue viviendo en el México actual, con la simulación del actual gobierno ilegítimo y hasta con la pasividad y la impotencia de todo un pueblo víctima de abusos y de injusticia.

Quisiéramos saber en qué lugar se aloja en este país la justicia, desde la más simple hasta la llamada suprema, porque por más tenaz que haya sido nuestra búsqueda, no hemos logrado encontrarla. Desde hace mucho tiempo acudimos a la autoridad competente para demandar al sátrapa copartícipe del crimen del 68, autor intelectual de los hechos terribles del 10 de junio de 1971 y del inicio del crimen de lesa humanidad (la desaparición forzada) y de la cauda de dolor que durante su mandato fue dejando por todo el país.

Hoy los desaparecidos son muchísimos más y el gobierno utiliza a la perfección el subterfugio de que son acciones del “crimen organizado”, cuando algunas de las madres de las víctimas han asegurado: “se lo llevaron los soldados”.

Aparte de las desapariciones, los abusos en los procesos de los acusados de algún delito, se vive bajo la amenaza y la prepotencia de la mal llamada justicia y de la desfachatez del gobierno, que cree que con acudir a los lugares en donde ha ocurrido algún hecho violento, su “mágica presencia” logrará que el dolor de los familiares de las víctimas se amortigüe, como sucedió en Monterrey con los trágicos hechos del Casino Royale, en donde murieron más de 50 personas.

Hurgando en la historia del llamado México moderno, es decir, de los últimos 50 o 60 años, es fácil encontrar tragedias como la ocurrida en la llamada Sultana del Norte, o de índole distinta, pero, en las que, al igual que ahora, se piensa y se pretende que los familiares de las víctimas “pronto se resignarán, caray, si las vino a ver el señor Presidente”. Ante la pérdida de un ser querido, nada, absolutamente nada, quita el dolor y la enorme tristeza en la vida de su familia, más aún, cuando se sabe de la injusticia contra ellos cometida y la desaparición forzada es uno de los más crueles y despiadados hechos de poder de los malos gobiernos, hecho que, por cierto, no se inició en el Cono Sur (como se ha pretendido hacer creer), sino aquí, en el “México lindo y querido”, el 29 de mayo de 1969, cuando fue secuestrado y encerrado en instalaciones militares el maestro guerrerense Epifanio Avilés Rojas, a quien nunca se ha vuelto a ver y a quien secuestraron dos elementos del Ejército: el mayor Antonio López Rivera y el general Miguel Bracamontes.

Los malos gobiernos sufridos por los mexicanos han hecho caso omiso de las quejas y demandas de los familiares de los desaparecidos y jamás, ni una vez siquiera, la “justicia” ha hecho posible el castigo de alguno de los responsables de las violaciones a las leyes… Nunca se ha castigado a los torturadores ni a los “policías” de la ilegal Dirección Federal de Seguridad, lugar tenebroso en la calle Circular de Morelia número 8, en donde se perpetraban infinidad de violaciones a la ley y en donde se supo al menos de la muerte de un joven terriblemente torturado.

El pasado domingo 28, un grupo de compañeras del nuestro Comité Eureka, acompañadas de la organización HIJOS, estuvieron frente a la Catedral, en conmemoración de la primera huelga de hambre que las madres de los desaparecidos políticos llevamos a cabo allí, iniciada el 28 de agosto de 1978, mediante la cual se logró una amnistía para mil 500 presos políticos, el cese a la persecución de 2 mil activistas y el regreso de 57 exiliados. Seis meses más tarde nos llenamos de júbilo al recibir en nuestros hogares a 148 presos políticos liberados por una Ley de Amnistía que habíamos sugerido al gobierno. Algunos hogares se llenaron de alegría pero muchas de nosotras no tuvimos la misma suerte y la tristeza siguió anidando en nuestros corazones… Pero nunca lograron matar nuestra decisión de seguir luchando (como solemos decir y gritar): ¡Hasta encontrarlos!

Ignoramos dónde, cómo y cuándo se inició la idea de hacer del 28 de agosto “el día del desaparecido”; recuerdo una lejana discusión al respecto, en una enorme reunión con familiares de los desaparecidos de toda Latinoamérica, en la que, “las mexicanas” estuvimos en contra de que se dedicara un día a los desaparecidos, porque nosotros pensábamos que los desaparecidos, su búsqueda y el anhelo de encontrarlos era de todos los días. En fin, para nosotros siguen siendo todos los días del año, días de los desaparecidos... el dolor inconmensurable de su ausencia y el anhelo de encontrarlos hacen que para nosotros todos los días de todos los años sean días de los desaparecidos y nunca un día especial.

Dirigente del Comité Eureka


6/23/2011

¿Mal de muchos...?


Rosario Ibarra


Hace algunos días, el lunes 13 de este mes, en la primera plana de un conocido diario, leímos: “Con el PRI hubo masacres y desapariciones”, palabras del señor Calderón, quien se atrevió a añadir: “Desde joven decidí sumarme a una cruzada heroica para derrotarlo”… y justo al lado derecho del encabezado, se leía: “Ayer, 69 asesinatos en el país por la ola criminal. En Chihuahua, Jalisco y la Comarca Lagunera, 42 de los decesos. Matan en la Tarahumara a tres mujeres y dos niños”.

El día 9, en el puesto donde acudo a comprar el periódico, un vecino en el colmo del enojo decía casi a gritos: “¿Pero qué le pasa a este hombre? No se conforma con haber llegado a donde está por un fraude, sino que se burla de los sentimientos de la gente que sufre la pérdida de seres queridos calificándola como ‘un precio a pagar’… que lo pague con los suyos para que sepa lo que se siente”.
En otra página, el mismo día 9 se leía: “Mil 627 desaparecidos en Morelos desde 2007. Ignoran Sedena y PGR invitación del Congreso estatal para aclarar desaparición de joven”. Era una larga nota sobre muchos jóvenes desaparecidos…

Desde hace ya muchos años, mis compañeras del Comité Eureka y yo hemos luchado por la vida y la libertad de nuestros familiares desaparecidos en la época nefasta del echeverrismo y de los que llegaron después. De los años de Díaz Ordaz solamente tenemos denunciado al primero de nuestra larga lista, el maestro Epifanio Avilés Rojas, detenido en Coyuca de Catalán, Guerrero, por el mayor Antonio López Rivera y el general Miguel Bracamontes. Con Luis Echeverría inició una era de terror con su persecución a los jóvenes integrantes de los diversos grupos armados que proliferaron en el país contra el autoritarismo y la ilegalidad de LEA, como apodaban al sátrapa.

Recuerdos tremendamente dolorosos por el sadismo y la crueldad de quienes servían a Echeverría en la ilegal Dirección Federal de Seguridad (Circular de Morelia No. 8), en donde, en testimonios notariados de jóvenes salvajemente torturados por Miguel Nassar Haro y subalternos, se narró lo que sufrieron y de lo que fueron testigos. Documentos valiosos entregados hace muchos años a organizaciones como la ONU… pero que… triste es decirlo, jamás hicieron cosa alguna para enmendar la situación que se vivía (¿mal de muchos…?). Tal vez, pero aquí es necesario decir que mis compañeras y yo, hartas de injusticia, decidimos cambiar las siglas de la famosa ONU, por OGU, o sea Organización de Gobiernos Unidos… y hubo alguna que añadió en tono interrogante: “¿Dios los cría…?” y una frase que no alcancé a comprender, que tenía que ver con la palabra cañón.

En fin, luchamos 36 años contra la sevicia de los malos gobiernos, contra la hipocresía de quienes ocuparon (como hoy) puestos obligados por ley a respetar y hacer respetar las leyes, pero que se pliegan a los designios del poder y del dinero... Y que no nos venga a presumir el actual titular fraudulento del Poder Ejecutivo Federal de que “su gobierno, sostiene, asume el desafío de vencer a la impunidad y someter a criminales” y que deje de repetir mentiras como que “el país avanza sin cesar en la protección de los derechos humanos”… Y que los organismos “creados” para defender los derechos humanos (sobre todo uno que formó un especialista en violarlos), no presuman de que “inicia una nueva etapa en sus trabajos”… que trabajen a favor de las víctimas, de las personas cuyos derechos humanos no son respetados, que se alejen del poder y que se acerquen al derecho, a la justicia y sobre todo… al pueblo.

No saben hurgar en el pasado, en ese negro, oscuro tiempo en el que los malos gobiernos hacían lo que les daba la gana…

¿Cómo vamos a cambiar las cosas si no nos remitimos al pasado siniestro que hizo de la ilegalidad su fuerza? ¿Vamos a seguir creyendo las mentiras de un “Presidente” ilegal, ilegítimo, como creyeron en los que desaparecieron a nuestros familiares y amigos…? ¡Nosotros no!... y la gran mayoría del pueblo tampoco. Es necesario tomar conciencia de lo que pasa. Hay que defenderse de sus negras intenciones… y me refiero a los “unos” y a los “otros”, porque a la hora de la hora se entienden muy bien, si hasta parecen hermanitos siameses.

Es necesario sembrar en el ánimo del pueblo de México que los derechos establecidos en la Constitución son para todos los mexicanos; que tenemos derecho a exigir que se nos respeten; que ahuyentemos la sombra maligna de “las palancas” y “el cuatachismo”; que desterremos esos vicios creados por la infamia y la ilegalidad de los de arriba que se sienten dueños de todo. El Poder (así con mayúscula) es patrimonio del pueblo, de los que trabajan, de quienes generan la riqueza y no de los zánganos que viven a expensas del trabajo de las mayorías. Nosotros no encajamos en ese mal que da nombre a estas líneas y menos en el complemento de la frase “Mal de muchos”…

Dirigente del Comité Eureka

5/26/2011

Terca insistencia


Rosario Ibarra

Se conduelen conmigo algunas de mis compañeras madres, esposas, hermanas, hijas de los desaparecidos políticos (más acosadas que los parientes varones) con la pregunta obtusa de algunas personas y con la afirmación categórica de su despiadada opinión: “Caray, ¿no se cansan ustedes de andar gritando eso de vivos los llevaron, vivos los queremos? Mejor díganles sus misas... ¿no?” Algunas veces, el llanto paraliza las palabras de las “doñas”, mis entrañables compañeras, pero en más de una ocasión, sin insultos, pero con voz sonora sacudida por la emoción de una prolongada tristeza, se les responde con la sinceridad de que —a pesar de todo— somos capaces de sentir: ¡ojalá nunca te pase lo que a nosotros!...

En las prolongadas reuniones que a veces celebramos en alguno de los puntos del país en donde hay compañeras de nuestra organización, discutimos el “qué hacer” ante la falta de sensibilidad de las autoridades del país y —sobre todo— ante la ilegalidad que cubre, que envuelve por completo la actuación de las dependencias obligadas por la ley a proteger los derechos de la ciudadanía… pero… ¿por qué culpar a los de abajo, a los que obedecen órdenes que no deberían de ser dictadas? ¿Cómo culpar a la tropa de los desmanes que se cometen día a día, si la “instrucción” que reciben los soldados es la de disparar?

¿Será culpable “el pueblo uniformado” (como suelo llamar a los soldados) de lo que ordena el llamado “comandante supremo de las Fuerzas Armadas” desde su “superioridad”, en desacato al mandato constitucional?

La ilegalidad, la ilegitimidad son conocedores convencidos de la voz que les ordena el actuar cobijados por la “superioridad”… Esa “superioridad” ilegítima que suele insistir en el progreso del país bajo su férula… que lanza loas al bienestar que cubre al territorio nacional…

Habemos quienes no pensamos que “el progreso” sea la civilización. Aquí quiero repetir las palabras del gran escritor José María Vargas Vila. “El progreso no es la civilización, es muchas veces su antípoda. Ninguna civilización es verdaderamente tal, si el alma de la libertad no la anima; fuera de la libertad, no hay civilización”.

Nosotros, familiares de los desaparecidos políticos desde hace ya varias décadas, hemos aprendido que las cosas no podrán cambiar en el país... ¡Que no van a cambiar! mientras la movilización y la fuerza del pueblo no partan organizadas, cohesionadas, cuando menos, por la idea común del deseo del cambio radical en relación a la legalidad y a la justicia que desde hace muchos años, las luchas de otros mexicanos nos legaron. Es necesario entender que es obligación de quienes hemos aprendido a defendernos de la injusticia, el hacer comprender a otros que solamente unidos podremos lograr vencer al enemigo (el mal gobierno y los encaramados en el poder económico que nos ha producido tanto daño y al que acecha en busca de la oportunidad de atacarnos y vencernos). Es importante dar nuestra solidaridad a quienes han sido víctimas de injusticias; es igualmente importante llenar calles y plazas con nuestra presencia y expresar lo que pensamos y lo que queremos lograr; pero es necesario también que conozcamos nuestros derechos para saber exigirlos.
Se ha expresado últimamente que los movimientos deben de ser “incluyentes”; en buena hora, siempre y cuando se trate de gente que busque el bien común y no sólo un beneficio propio, malsano, que se traduzca en perjuicio de la lucha de todos; debemos de estar alertas ante la eventualidad de estos hechos para evitarlos.

Puede haber diferencias que habrá que analizar y discutir, en la forma de organizarse y actuar, pero lo que debe quedar muy claro es quién es el enemigo y quiénes son los responsables de la trágica situación del país.
En esta renovada lucha contra la ilegalidad, la injusticia y tantos crímenes cometidos desde el poder, no tienen cabida ni los traidores ni los simuladores… fácilmente reconocibles a los ojos limpios del pueblo.
Dirigente del Comité Eureka

3/31/2011

Infamia


Rosario Ibarra

En reciente sesión del Senado de la República, el senador Ricardo Monreal subió a la tribuna un tema, al que a muchas familias de este país ha llenado de dolor: la tortura.

Su exposición era fuerte, contundente, en contra de la práctica infame que sigue en oprobiosa vigencia en instalaciones policiacas y militares, según quejas y testimonios de quienes la han sufrido.

En la larga lucha que madres y familiares de los desaparecidos políticos hemos sostenido en busca de justicia, uno de los temas más crueles ha sido el de la tortura. Las narraciones de quienes hemos liberado y que fueron víctimas de ella, a manos de perversos y sádicos personajes, aparte de la tristeza que dejan en nuestras mentes, han sembrado duda y desconfianza en pasadas y actuales “autoridades” de todos los niveles de gobierno y en la pomposa judicatura, que ya en el presente —preciso es decirlo— se han tornado en verdades absolutas, no sólo para nosotros, sino para la mayoría del pueblo de México.

Sobra decir que se aprobaron las reformas que propuso el compañero senador, pero no pocos pensamos y dijimos ¡ojalá se cumplan! Porque podrá la ley ser perfecta, podrá estar escrita con claridad, ser “diáfana como la luz del día”… pero nunca han faltado ministerios públicos y jueces que hagan caso omiso de leyes y mandatos constitucionales y algo mucho más grave: hay testimonios de las exoneraciones de quienes ordenaron y/o practicaron la tortura, con nombres y apellidos de los torturados y de los verdugos… de qué sirven, sino para oprobio y vergüenza de este país.

En el que tres terribles males con nombres femeninos galopan como nuevos Jinetes del Apocalipsis: la corrupción, la impunidad y la simulación, la más peligrosa de todas, porque vive y “trabaja” en todas las dependencias gubernamentales ataviada con el esplendoroso ropaje de una honradez que es falsa, con un discurso mendaz, creíble por su capacidad para el engaño que nació y ha vivido solapada por quienes tienen la obligación de ser hon rados y limpios, pero (dicen quienes los han escuchado) que afirman, con un vergonzoso desparpajo de machismo, que “las leyes (como algunas mujeres), son para violarlas”.

Mientras escuchaba al senador llegaron a mi mente algunos de los recuerdos más amargos de mi vida. Rememoré la triste noticia que me dieron algunos pacientes de mi esposo, el doctor Jesús Piedra Rosales, testigos de cómo a empellones y golpes de judiciales, lo sacaron del consultorio y se lo llevaron a las oficinas donde los esperaba su jefe Carlos G. Solana Macías, amigo “íntimo” (decían los enterados) del gobernador Pedro G. Zorrilla Martínez, doctorado en la Sorbona de París, que al reclamarle por qué no presentaba a mi hijo, ya para entonces capturado “por la Judicial”, según la prensa, me contestó airado: “Señora, su hijo no es una mansa palomita”… No se lo dije, pero pensé (o es muy tonto, o no le enseñaron lo que debían en la Sorbona, porque las leyes deben de cumplirse a cabalidad).

A mi pobre esposo, que tenía entonces 62 años, le fracturaron la cuarta vértebra lumbar y lo aventaron sobre envases de refrescos que le produjeron un intenso dolor que le hizo desvanecerse, pero alcanzó a escuchar que el “jefe Solana” les dijo a los judiciales: “este viejito ya caminó, quítenle lo que lo identifique y tírenlo en otro estado”. Se incorporó como pudo y lo volvieron a golpear, pero por suerte, en ese momento llegó el abogado que nosotros, su familia había logrado conseguir, para gestionar —conforme a derecho— su inmediata libertad.

Mi esposo, compañero de mi vida por 50 años, lloraba al pensar “¿qué le estarán haciendo a mi hijo?” y ya han pasado 35 años desde su secuestro, al igual que de muchos otros compañeros de aquellos años de lucha, contra los sátrapas del 2 de octubre, del 10 de junio y a la vez (“este, el del 10 de junio, el iniciador de ese crimen de lesa humanidad que se llama: desaparición forzada... delito imprescriptible, sujeto a penas imprescriptibles, que el actual ocupante del sitial del Poder Ejecutivo federal trata de rebautizar con el inocuo y hasta soez vocablo de levantón y además, ha dicho que las desapariciones “caducan” a los 35 años, pero mientras las madres y los familiares tengamos vida; mientras haya gente honrada en este país, mientras la juventud rebelde diga lo que piensa y haga lo que quiera, mientras se mantenga viva la memoria de los agravios sufridos en todos y cada uno de los gobiernos de cualquier color, ese delito, ese crimen de lesa humanidad, jamás prescribirá. No se puede arrojar al olvido esa INFAMIA.

Dirigente del comité ¡Eureka!

3/10/2011

Un modesto saludo


Rosario Ibarra

Hace poco, apenas el pasado día 5, se llevó a cabo el Encuentro Continental de Mujeres Indígenas en Hueyapan, Morelos. Fui invitada, pero compromisos ineludibles contraídos con anterioridad me hacían imposible el asistir. Decidí entonces enviar un saludo que a continuación transcribo.

Me dirijo a las mujeres indígenas, nobles y valientes hermanas que llegan desde pueblos y comunidades lejanas de esta América a la que llaman Latina y a la que yo prefiero nombrar como el poeta que fue y ha sido la más alta cumbre lírica de esta tierra. Él la llamó la América fragante. Ustedes, hermanas, llegan hasta Hueyapan, a compartir las experiencias de lucha de sus vidas, reunidas bajo el verdor de los árboles, portando el estandarte verde de la esperanza reivindicadora de años y años de exigir una justicia que no llega; mujeres que anhelan que esta dolorida patria grande cambie, que sea “suave”, como la llamó otro poeta; que la miseria y el hambre no sean los eternos visitantes de sus hogares; que las enfermedades y el crimen no sieguen las vidas de los suyos. Que en este trozo del continente que es nuestra patria, el Ejército (pueblo uniformado) no sea el verdugo de los pobres, que siga siendo el pueblo hermano de aquellos que lucharon en 1910, al lado de los que anhelaban el bienestar para todos, pero que fueron traicionados por los ancestros de los ruines que hoy se sienten los dueños de esta tierra y que secuestran, torturan y desaparecen a seres humanos a los que encierran en cárceles clandestinas de campos militares y bases navales en desacato perverso y descarado de las leyes.

Mujeres, hermanas indígenas, que con su afán de lucha, me hacen recordar las enseñanzas de mis padres, su ejemplo que han sido como las cariátides que me han sostenido en mi dolor y en mi tristeza; que son mi energía para luchar, mi decisión de ser solidaria con todos los que sufren penas gemelas de la mía, o distintas, pero que provienen del autoritarismo, de la corrupción, de la impunidad y que se cobijan con la simulación y la hipocresía de los malos gobiernos. Mujeres que forman parte de este pueblo mexicano que nos apoyó, este noble abnegado y generoso pueblo, ha sido siempre la fuerza que ha sostenido a este país, a pesar de haber sufrido los desmanes de los malos gobiernos. Siento y pienso, lo imagino como un enorme ejército de fuertes columnas que han soportado el enorme peso de un país que no se derrumba por su estoicismo, por su valor y, repito, por su enorme bondad.

Quiero expresarles mi solidaridad a tantas mujeres indígenas que sufren violencia, como Inés Fernández Ortega y Valentina Rosendo Cantú, mujeres del pueblo Me’phaa, del estado de Guerrero, México, quienes fueron violadas y torturadas por efectivos militares en el año 2002 y que actualmente siguen sufriendo agresiones y amenazas de quienes las ofendieron, junto con sus familias y las organizaciones que las han acompañado. Nos indigna la falta de respuesta por parte del gobierno mexicano.
Por más de ocho años Inés y Valentina han sostenido una incansable lucha por alcanzar la justicia, la cual recientemente rindió uno de sus más importantes frutos. La Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) dictó dos sentencias condenando al Estado mexicano por su responsabilidad de haber violado los derechos humanos de ambas mujeres y, posteriormente, por haber negado su acceso a la justicia. Sin embargo, hasta el día de hoy el Estado mexicano no ha mostrado voluntad alguna para dar cumplimiento a las sentencias e implementar las medidas necesarias para evitar que los actos de amenazas y hostigamiento continúen. Lo vivido por Inés y Valentina muestra la recurrencia en México de tan graves problemas.

Sin embargo, la perseverancia y valentía de estas dos mujeres ha puesto en evidencia la indignante situación del manejo de los derechos humanos en México. Con su lucha, también han mostrado la inconveniencia del fuero militar contra el cual hemos luchado durante tantos años. Desafortunadamente las mujeres indígenas en este país sufren como se ha dicho, una acentuada discriminación por género, origen y pobreza.

Por lo anteriormente dicho las mujeres, madres, esposas, hijas, hermanas del Comité Eureka (de familiares de desaparecidos) saludamos este Encuentro Continental de Mujeres Indígenas como un espacio en donde del intercambio de ideas y experiencias surgirá no solamente la claridad necesaria para la defensa y el respeto de sus derechos ciudadanos de mujeres indígenas sino argumentos y fuerza para aportar a la lucha la exigencia de justicia e igualdad para todas las mujeres.

Dirigente del Comité ¡Eureka!

2/24/2011

Cárcel clandestina



Rosario Ibarra

La mañana se anunciaba hermosa; era domingo, un día después del dedicado a las llamadas Fuerzas Armadas, que habían recibido elogios sin fin, porque abrieron las puertas del Campo Militar Número Uno a quienes quisieran entrar a recorrerlo en bicicletas.

El anuncio me trajo a la mente los días lejanos guardados en la memoria cuando, en mi búsqueda de justicia para mi hijo, entré durante seis meses al temido Campo y a la prisión que allí había. Recuerdo con nitidez los grandes caracteres en el muro principal de la cárcel que decían: “Lealtad y valor”. Recuerdo también la simpatía que me mostraban las mujeres que en fila esperaban entrar a ver a sus padres, esposos, hijos, hermanos, en fin, a sus familiares que por alguna falta estaban allí.

Nadie sabía quién era, nadie me conocía, ni yo conocía a persona alguna de las que por allí veía. Me acerqué a ellas y les dije que era norteña, que era la madre de un desertor, que no sabía si tendrían a mi hijo preso por allí y que quería verlo. Con mi pequeña estatura y mi delgadez, se notaba la angustia en mi rostro por la tristeza que me producía la desaparición de mi hijo —por el secuestro llevado a cabo por la policía judicial de Nuevo León, que se lo entregó, (según la prensa) a Nassar Haro, director de la ilegal Dirección Federal de Seguridad—, así como el terror, ya que conocía la fama del centro de tortura que se albergaba en la calle Circular de Morelia No. 8.

Sola viajé de Monterrey al DF porque mis hijos cuidaban a su padre que había sido torturado antes de que detuvieran a mi hijo. La tortura lo dejó maltrecho. Estuvo en cama porque no podía caminar por la fractura severa de una vértebra lumbar a sus 62 años y afónico, con infección de las vías respiratorias, por la inmersión de su cabeza en un tonel lleno de agua sucia y de orina de sus captores, que pretendían arrancarle el lugar en el que se encontraba nuestro hijo.

Las mujeres a las que me he referido fueron bondadosas y comprensivas, a pesar del temor de que los custodios descubrieran la verdad sobre mis visitas al Campo y se inconformaran con ellas. Opté por decirles la verdad… “Ay, doña, por allí hubiera empezado. A esos, a los que dicen que son guerrilleros, los tienen en ‘el Acapulco’… y me señalaron una barraca enorme”. ¿Y por qué le dicen así? “Porque allí están la madre y la esposa de Lucio Cabañas”.

Hurgando aquí y allá, supe que a los de la Liga 23 de Septiembre, a los del MAR, del FUZ, de las FRAP y a todos los de los distintos movimientos que se dieron en el sexenio echeverrista, los tenían en el llamado “túnel del radio”, un sótano, que en efecto fue un escondite para el radio en tiempos de la guerra y que, al volverse inútil, lo transformaron en una cárcel clandestina inexpugnable… pero donde, en el sexenio de José López Portillo, logramos que salieran 148 compañeros que dieron valientes testimonios de lo que allí vieron y sufrieron.

La mañana esplendorosa del domingo estuvimos frente a la puerta 8 del Campo Militar Número Uno, a donde decidimos ir a señalarlo con el nombre que durante tantos años lo llamamos: “cárcel clandestina”. El grupo de madres del Comité ¡Eureka! muy mermado por la ausencia inexorable que trae la muerte, se sintió fortalecido por la presencia de los HIJOS que, con su juventud, dieron fuerza y vigor al acto pensado por ellos y que sembró el ánimo en las “doñas” (como desde hace años nos llaman a partir de un acto en Culiacán).
“¡Vivos los llevaron… Vivos los queremos!”. El grito estentóreo se escuchaba repetido innumerables veces. ¡Campo Militar Número Uno, cárcel clandestina!

Los soldados sorprendidos se movían de un lado para otro sin acertar qué hacer. Nosotros nos acercamos a ellos y les dijimos suavemente: “Somos gente de paz y sólo buscamos justicia”. Callados nos veían, no sin cierto asomo de conmiseración, por los cientos de fotografías que podían ver en nuestras mantas.

Les dije que buscaran por allí, que indagaran si tenían encerrado a un teniente de Jalisco que fue desaparecido en tiempos de Zedillo. Se veían unos a otros, pero nada respondieron. Sin embargo, estoy convencida de que saben muy bien, que el famoso refrán no está errado del todo. Me refiero a aquello de que “cuando la perra es brava hasta a los de casa muerde”. Nosotros también reclamamos a ese joven teniente, como reclamaríamos y reclamamos a todo el que sea víctima de esa práctica infame… Y para terminar, diré convencida lo que pienso en boca del Hamlet del enorme Shakespeare:
“Los actos criminales surgirán a la vista de los hombres, aunque los sepulte la tierra”.

Dirigente del Comité ¡Eureka!

2/10/2011

Impunidad y miedo


Rosario Ibarra

Una de las muchas personas que acuden a mi oficina de la Comisión de Derechos Humanos del Senado de la República, me habló durante largo rato del miedo, rayano ya en terror, que se siente y que se ve en la gente de la mayoría de los estados del país.

Decía: “cuando sale ya uno a la calle de noche, da miedo la soledad en la mayoría de los barrios, sean los que sean, lo mismo los de los ricos que los de los amolados… a mí la verdad, se me pone la carne de gallina cuando, por necesidad, ando por esos rumbos”

No sobra decir que no le pregunté en qué consistía la “necesidad” a la que hacía referencia, ya que el pobre hombre parecía temer hasta de su sombra y aparte, porque seguía hablando de algo que el creía que estaba sucediendo en el país, relacionado con un plan para sembrar el miedo en el pueblo.

Y me fue comentando muchos sucesos que a él le parecían ejemplos de “una táctica calculada”… y la verdad sea dicha, cuando se fue tras plantearme su problema, me quedé pensando en su pormenorizado “análisis”, al que no pienso que le falte razón.

Me comentó que era norteño, que había venido “a la capital” porque “falleció” su hermana, pero que allá en el norte, su hijo ya no pudo entrar a la universidad porque “quitaron lo del pase automático y además, las colegiaturas están muy altas… nomás quieren puros ricos allí”.
Y eso para él fue el inicio de la “táctica calculada” a la que antes se había referido.

Tengo por costumbre escuchar a quienes acuden a mi oficina o a mi casa con una queja, todo el tiempo que quieran, porque conocí muy bien durante muchos años, lo que era la indiferencia de algunos (no pocos) funcionarios públicos, que mostraban hasta algo que tenía que ver con el hastío, cuando era notorio que querían que hiciera mutis. Por eso dijo cuanto pensó y todo lo que tenía acumulado en su mente acerca de la situación que vive —según su opinión— el pueblo de México.

No le pregunté acerca de su escolaridad, porque columbré que no era muy alta, pero que por alguna razón quería estar bien informado... y no me equivoqué, porque me dijo que pensaba que el gobierno quiere reducir el número de estudiantes y quiere “fastidiar al movimiento obrero”. Para mi asombro, mencionó en primer término a los petroleros de Cadereyta Jiménez, Nuevo León, que tengo en mi lista de desaparecidos en el sexenio de Vicente Fox (más de 30, entre ellos, Hilario Vega Zamarripa, Secretario General del sindicato y su hermano David Fernando). Siguió refiriéndose al “control” que se ha ejercido en Cananea; luego con los sindicatos de maestros y con enjundia, habló largo y tendido sobre los electricistas y de la garrafal injusticia contra ellos cometida.

No paró allí; se refirió a las muertes de “los pobres policías” y de los “tránsitos”… porque —claro— “ahora ya nadie quiere esas chambas y los que mandan, van a llenar el país de soldados” y expresó con tristeza “la famosa militarización del país”.

Antes de que se despidiera me dijo: “a ver cuándo nos toca a nosotros, porque primero van por unos y luego por otros y luego por los de más allá, en fin…”.

Sus palabras me hicieron recordar once renglones famosos en el mundo entero, aquellos que no resisto la tentación de repetir en este espacio:

Primero se llevaron a los judíos Pero como yo no era judío, no me importóDespués se llevaron a los comunistasPero como yo no era comunista, tampoco me imPortó. Luego se llevaron a los obreros,Pero como yo no era obrero tampoco me importó, Más tarde se llevaron a los intelectuales,Pero como yo no era intelectual, tampoco me importó. Después se llevaron a los curas,Pero como yo no era cura, tampoco me importó.Ahora vienen por mí, pero ya es demasiado tarde.

Desde hace muchos años conozco esta belleza de once trozos de renglón que siempre se le atribuían a Bertolt Brecht, pero no hace mucho y “gracias” a los modernos recursos de la informática, se ha expresado que el autor es un pastor protestante de nombre Martin Niemöller quien expresó las líneas en un sermón de Semana Santa en 1946.

Sea de quien sea, ojalá no vengan por más, como le sucedió a los miles de desaparecidos de América Latina.

Dirigente del Comité ¡Eureka!

1/27/2011

¿Qué está pasando?


Rosario Ibarra

Con riesgo de que suene pleonástico —como solía decir una vieja y querida maestra hace más de 50 años—, “las mal pergeñadas palabras” que dan nombre a las pobres líneas que a continuación aparecerán semejan aquello del “pan de cada día”, porque no hay día, ni hora, ni siquiera minutos, en que en cualquier sitio de nuestro vasto territorio la gente repita la frasecita de tan sólo tres palabras, entre asustada y esperanzada, de escuchar que nada de lo que sucede, de lo que “está pasando” es grave.

Pero… ¡ay!, estos peros tan comunes en nuestras historias… Sí, ¿cómo no pensar, ver y sentir que hay muchísimos síntomas de gravedad enorme en este pobre y dolorido México?

Quien o quienes no piensen que suceden cosas muy graves, que las leyes no se respetan, pero, ¡ojo!, es preciso entender diferencias: no son respetadas por las autoridades, porque quienes delinquen por supuesto que no respetan las leyes, pero lo preocupante, lo gravísimo de los hechos cotidianos son las violaciones a las leyes en que incurren o han incurrido desde hace muchísimos años las autoridades de todos los niveles de gobierno, empezando por los que se encuentran en los más importantes y altos sitiales, como los presidentes de la república, llamados también comandantes supremos de las Fuerzas Armadas, que (tristísimo es decirlo) ordenen los encarcelamientos a todas luces ilegales en campos militares y bases navales de quien o quienes ellos consideran o consideraron en el pasado y ahora delincuentes.

No miento ni invento. Tampoco me mueve interés “malsano” (como dicen por allí); no me interesa desprestigiar a persona alguna…, ellos con sus actos se desprestigian solitos y con creces… Simplemente recuérdese el 2 de octubre del 68, el 10 de junio de 1971, los cientos de desapariciones forzadas; los cuerpos policiacos ilegales como la DFS (Dirección Federal de Seguridad), comandada, entre otros, por Miguel Nassar Haro, ubicada en Circular de Morelia número 8, en donde los “detenidos” fueron torturados salvajemente, pero que tuvieron el valor de dar sus testimonios que se enviaron (notariados) a las Naciones Unidas y a Amnistía Internacional… Pero, ¿qué pasó?, ¿de qué sirvieron los actos de valor de los torturados? De nada, porque la hipocresía y la simulación de los gobernantes en turno oscurecía, cubría, tapaba sus acciones perversas, iguales o semejantes a las de Videla y Pinochet en los hermanos países australes, en donde los desaparecidos se contaban por miles… mientras que aquí en México… ¡pst, peccata minuta! “Si sólo son unos cuantos aprendices, imitadores de guerrilleros”. “Aquellos sí son patriotas y fregones, por eso los asilamos y hasta rompemos relaciones con sus gobiernos”… y Pinochet fue el “coco” y a Echeverría poco le faltó para convertirse en un ángel, se le consideró el héroe, que en su hipocresía llegó a romper relaciones con Pinochet, del cual parecía hermano siamés.

Lo único bueno, lo que nos llenó de júbilo, fue que la hipocresía echeverrista, en su afán de verse como un defensor de los derechos humanos, asiló a todos nuestros hermanos del sur, que sufrían las amenazas de sus malos gobiernos. Nosotros nos tragamos nuestro dolor y aceptamos con júbilo a todos los que llegaban de aquellas lejanas tierras… mientras pensábamos que, como solía decir mi hermosa abuela Adelaida: “la mentira dura mientras que la verdad aparece”… ¡Y apareció! Y hoy todo mundo sabe quiénes fueron Díaz Ordaz y Echeverría y todos los que siguieron usando el mismo saco cochambroso de la represión cuando fueron “presidentes”… Y ahora, sean del partido que sean, si siguen abrigados con el mismo ropaje sucio y criminal, resulta ocioso preguntar: ¿qué está pasando?

Dirigente del Comité ¡Eureka!

12/16/2010

Medellín 33




Rosario Ibarra

Como solía decirse en las antiguas novelas que leíamos cuando cursábamos la secundaria; “me dieron la encomienda de encontrarlo y de hablar con él largo y tendido”…

Se trataba del encargo de algunos de los presos políticos de Monterrey, que me pidieron que buscara a don José Álvarez Icaza y lo saludara de su parte, ya que yo viajaba al Distrito Federal todas las semanas en busca de justicia para mi hijo Jesús, detenido hacía poco y de quien ignoraba su suerte, ya que la prensa afirmaba que “fue trasladado a la capital”.

Perdí el papelito en el que tenía anotada la dirección de Cencos, aquel, ya para entonces, famoso Centro Nacional de Comunicación Social, pero acostumbrada a los ejercicios de mnemotécnica aconsejados hace muchos años por mi maestra de declamación, había pensado al escribir en él aquella dirección, que se trataba de Medellín, una ciudad situada en el país de origen del “terrible Vargas Vila” y que el número de la casa era igual a la “edad de Cristo” cuando fue crucificado… y no tardé en llegar a la vieja casona.

Un gran desencanto me invadió cuando, después de tocar muchas veces, la puerta no se abrió, ya que me habían dicho: “Don Pepe, de seguro la va a ayudar”.

Dice el refrán que “el que boca tiene a Roma va”, y hablando aquí y allá encontré la manera de llegar a la casa de don Pepe, y en ella sentí lo que fue, no sólo para mí, sino más tarde para todas mis compañeras de infortunio: las madres de los desaparecidos políticos, como un bálsamo para nuestra pena cada vez que acudíamos a Cencos a reunirnos con compañeros de organizaciones solidarias, con las que formamos el Frente Nacional Contra la Represión (FNCR), con cuyas luchas conseguimos la libertad de muchos presos y desaparecidos.

El día en que me enteré de la muerte del ser maravilloso que fue mi entrañable amigo don Pepe, iba a repetir lo que he venido haciendo desde hace ya algún tiempo: no ir al velatorio, no estar cerca del dolor de la familia para no acrecentar la pena que desde hace 35 años se aposentó en mi alma… pero no pude evitar el impulso de ir a estar un rato, aunque fuera, al lado de Luzma, su dulce compañera que siempre me saludaba con la tenue sonrisa de su apacible rostro, y del enorme ejército pacifista de su familia: hijos, nietos, bisnietos, y del otro, el de todos los que gozamos de su amistad, sus colaboradores y sus muchos amigos, todos con el recuerdo vivo de la tranquilidad y de la simpatía que irradiaba aquel ser bondadoso y afable, que en ocasiones me recordaba a mi padre, a quien desde hacía muchos años ya, había perdido.

Aunque pasen muchos años, lo afirmo porque lo he vivido, la tristeza por la pérdida de un ser querido no se extingue. Puede amortiguarse el dolor, pueden hasta quizá dejar de brotar lágrimas, pero la ausencia se siente, su presencia hace falta, la extrañamos, y muy a menudo, (al menos a mí me pasa) soñamos que están cerca, que no se alejan y hasta hablamos con ellos… ¡Bendito sueño que puede acercarlos aunque sea un poco!

Pepe está y estará muy cerca de mucha gente, pero sobre todo muy cerca de los suyos, porque dejó muchísimos recuerdos de su generosidad, de su rectitud, de su pródiga simpatía. Una muestra maravillosa de todo ello fue durante el tiempo en que fue velado, Allí, las lágrimas se secaban con la risa que las chispeantes anécdotas que su ingenio dejó en la memoria de quienes le conocimos, se sucedían una a otra, todas ellas (a lo mejor así lo pensaba él) destinadas a atemperar las penas que nos acongojaban. Sea lo que fuere que él pensara, allí, el dolor que inevitablemente acarrea la muerte, el recuerdo de todo aquello que su ingenio dejó en la memoria de quienes le conocimos, le respetamos y lo quisimos, fue como un maravilloso elixir que apaciguó la pena que nos produjo su ausencia y la de todos los nuestros que se fueron por el camino sin retorno.

No voy a decir como se acostumbra, que descanse en paz, porque estoy segura de que aquel su espíritu bondadoso siempre vivió en “la paz de una buena conciencia”.

Dirigente del Comité ¡Eureka!

12/02/2010

Héroes desaparecidos


Rosario Ibarra

Los actores principales de la Independencia y la Revolución, aquellos que entendieron con justeza las posibilidades últimas que abrieron estos movimientos, no fueron los triunfadores. Hidalgo y Morelos, quienes, como dice el historiador Friedrich Katz, encabezaban un movimiento radical, campesino y agrario —a diferencia de otras luchas independentistas en América—, no vivieron el fin de la guerra, ni dicho fin hizo justicia a sus ideales. Un siglo después, los auténticos líderes de la Revolución, Zapata y Villa, fueron asesinados por Carranza y Obregón, a quienes el nacionalismo revolucionario institucionalizado consideró iguales a sus víctimas.
Pero los suyos no fueron fracasos. Sus idearios influyeron la estructura del Estado y, más tarde, se vieron reflejados en la Constitución de 1917. Con Lázaro Cárdenas, parte de esa sed de justicia se vio calmada. Otra cosa es la realidad actual, donde hay cada vez más desigualdad, y la Carta Magna ha sufrido un embate sin cuartel.
Así como la Revolución institucionalizada logró asimilar a los personajes más aguerridos de la historia, también los desaparecía. La clase gobernante ha adoptado nuevas estrategias, una de ellas es la “desacralización” de las figuras históricas. No es saludable —se nos dice— darles una dimensión sobrehumana. Así, por ejemplo, en la serie Gritos de muerte y libertad, Hidalgo queda como el sanguinario autor en la masacre en la toma de la Alhóndiga de Granaditas, contra —se sugiere— civiles indefensos. Se prefiere a este Hidalgo y se desdibuja al que decretó la abolición de la esclavitud y pedía la devolución de las tierras a los indios.
En la misma serie, Vicente Guerrero es un buen salvaje, afecto a treparse a los árboles y fácilmente seducido por las promesas de Iturbide y no aquél que instauró la Junta del Balsas y que le decía al realista: “...decídase usted por los verdaderos intereses de la nación y entonces tendrá la satisfacción de verme militar a sus órdenes y conocerá un hombre desprendido de la ambición e intereses...”.
Entre lugares, fechas y circunstancias en que se ganaban o perdían batallas se escapa la dimensión humanista de hombres como Francisco Xavier Mina, quien luchó por la independencia de España frente a Napoleón y de México frente a España, su país de origen.
Prefieren los festejos a la conmemoración. El show banal y caro de héroes deportivos como Michael Phelps a figuras que agiten, aunque sea un poco, la memoria colectiva. Debemos más a la revolución de Zapata y su lucha por la tierra que a la causa maderista de sufragio efectivo, no reelección. La razón: para el 25 de noviembre de 1911, en que se proclama el Plan de Ayala, era claro que Madero había traicionado las esperanzas populares. Los zapatistas no sólo lucharon por la tierra, también la repartieron.
Poco se han estudiado los vasos comunicantes que hubo entre el zapatismo y el magonismo, otro gran desaparecido. El movimiento que se gestó alrededor de los hermanos Ricardo y Enrique Flores Magón prefigura el alzamiento revolucionario y lo precede en hechos y en ideas.
Son muchos los hechos que hablan de una historia no contada que daría una luz diferente a la Revolución. La Junta Organizadora del PLM, en la que participaban los hermanos Flores Magón, Librado Rivera, Juan Sarabia y Práxedis Guerrero, aprovechó la red de clubes liberales, formados a instancias de Camilo Arriaga y que, como los líderes del PLM, fueron transitando a posiciones de abierta confrontación con la dictadura porfiriana y con el sistema mismo.
Los magonistas fueron insurrectos mucho antes del Plan de San Luis y realizaron acciones militares con años de anticipación. También adoptaron otras formas de lucha, que se vieron reflejadas en las huelgas de Cananea y Río Blanco. Alternando fracasos y éxitos, los magonistas realizaron levantamientos en varios lugares, entre ellos en Janos, Chihuahua, donde fue asesinado el poeta y luchador social Práxedis Guerrero.
Flores Magón hablaba así de su compañero de lucha: “Práxedis era el alma del movimiento libertario... era el hombre más puro, más inteligente, más abnegado, más valiente con que contaba la causa de los desheredados, y el vacío que deja tal vez no se llene nunca”.
Hijos de Teodoro Flores, los hermanos Flores Magón aprendieron de él un precepto muy simple de sabiduría indígena que los guiaría del liberalismo al anarquismo: “todo es de todos”. El anarquismo magonista se alimentó de la idea de la comunalidad de la tierra, opuesta a la propiedad privada que el propio Juárez no entendió que no podía imponerse a los indígenas sin socavar su cultura. Queda también por visibilizar la participación de mujeres y pueblos indígenas en esta lucha.
El academicismo rehúye la mitología de los héroes; su búsqueda de la verdad histórica es aséptica. El poder también le saca la vuelta al significado de las luchas, que quisiera enterrarlas bajo 200 años de oropel y fuegos artificiales. Su miedo no anda en burro, sino en carro alegórico. Su futuro de privilegios lo quisieran milenario y al pasado le hacen shalalá. Es el pueblo mismo el que voltea al pasado y ve una continuidad histórica de despojo, y atesora esos símbolos en su verdadera dimensión, profundamente humanista y emancipadora. Voltean al pasado, porque esos héroes del pasado le enseñan a mirar el futuro por hacer. No siempre, pues 500 años de enajenación ideológica dejan huella, pero para eso sirve el mito, para condensar las aspiraciones más profundas de una cultura. Se guarda instintivamente, sin saber para qué, hasta que llega el momento de utilizarlo.
Dirigente del Comité ¡Eureka!

11/18/2010

Deuda perversa


Rosario Ibarra


¿La deuda perversa? Tal vez mejor sería decir la deuda de los perversos, de quienes hundieron a cientos de hogares en la más dolorosa de las tristezas... ¡y qué digo cientos, si ya suman miles!... y no se puede ya hablar sólo en tiempo pasado, porque el dolor aposentado en miles, sí, en miles de hogares mexicanos ha cundido como mala hierba.

Al iniciar estas líneas, me corroía el alma el dolor intenso y la profunda tristeza por la ausencia de mi hijo Jesús, que me arrebató la prepotencia perversa de Luis Echeverría el 18 de abril de 1975 y que pasó a ser parte de la lista de las víctimas que al pasar los años fueron bautizados como detenidos-desaparecidos, porque los malos gobernantes, para acabar con el descontento popular, recurrieron a ese crimen de lesa humanidad en América Latina, la misma tierra dolida que el apóstol cubano José Martí bautizó como Nuestra América, y a la que el genio de Nicaragua, Rubén Darío, describió en una de sus poesías como “la América del grande Moctezuma, del inca, la América fragante de Cristóbal Colón...”.

El dolor intenso y la profunda tristeza viven desde hace 35 años en mi espíritu, pero han crecido por las historias gemelas de la mía, de padres a los que —igual que a mí— les han arrebatado a sus hijos en esta tierra llamada México, que ha perdido la fragancia de la que escribía el poeta inmenso, porque este suelo al que queremos y llamamos patria, hoy hiede a muerte desde el río Bravo hasta el Suchiate, y a las desapariciones forzadas, ese crimen de lesa humanidad (hay que repetirlo), el fraudulento gobierno lo llama vulgarmente, levantones, y lo achaca al indefinible “crimen organizado”, tratando de eludir de estulta manera, la responsabilidad que le corresponde.

La gente, el pueblo de México, que no es tonto, que sabe lo que está pasando con un mal gobierno y que abomina de un Díaz Ordaz, de Echeverría Álvarez y de todos los de la larga imposición del partido que se cobijaba con los colores de la “enseña patria” y ahora no quiere al otro; el que puso en su bandera los de la Virgen María, en su afán de que este noble y generoso pueblo mexicano se sintiera protegido por “la santa madre de Dios”, pero que ha ido demostrando, (con honrosísimas excepciones), que resultaron iguales, y este dolido pueblo suele decir, decepcionado: “No, mano, resultó igual el pinto que el colorado”.

La comunicativa gente de este país deja oír sus voces por doquier y mientras los varones “cuatean” en los sitios donde suelen reunirse casualmente, las mujeres “comadrean” en las aceras mientras barren fuera de sus casas y se dicen lo escuchado en radios o canales de televisión y, la verdad sea dicha, están muy bien informadas y sus criterios para resolver problemas y conflictos, ¡palabra de honor!, (como suelen expresar mis queridos coterráneos) tienen más categoría que los de algunos en altos puestos de gobierno, y hoy, para mí es preciso decir lo que desde hace muchos años he pensado y expresado, y por lo que muchos me han calificado con malignidad inaudita como “populista”, pero creo que sin la participación de esa “masa” despreciada por muchos, nada se podrá lograr en esta dolida tierra a la que muchos hipócritamente dicen querer... hace falta tan sólo (que a decirlo con todas sus letras) no resulta sencillo: hacer que el verbo organizar sea conjugado en todas sus inflexiones de modo, tiempo, número y persona, lo que sin embargo se puede lograr, es que con un individuo del género que sea, se empeña en conseguirlo, se darán pasos gigantescos por que la justicia impere en esta dolorida tierra... por eso, es preciso, es urgente y necesario que —sin hacer a un lado esa proclividad de nuestra raza— de buscar un “héroe”, un dirigente, un líder, un apóstol o llámesele como se quiera, es necesario que el pueblo entero sea el que logre lo que a muchos se antoja imposible: el que los dirigentes sean sólo parte del conglomerado inmenso del pueblo que sufre, que aporten lo que saben, que expresen sus consejos, pero que no traten de mover al pueblo según los intereses que a cada uno muevan a su favor... que no se olviden de que el pueblo manda... y de que es el que puede vencer a los que no nos pagan ni nos pagarán con nada la DEUDA PERVERSA.
Dirigente del Comité ¡Eureka!

A Estados Unidos: entrega total

Jorge Carrillo Olea
Como maldición recurrente surge la información de que personajes extranjeros vinculados con tareas de inteligencia actúan en el país. Nos hemos acostumbrado a que los medios mencionen la presencia de reales o supuestos miembros de la CIA, de la DEA o de la FBI. Nunca se hace referencia a la posible presencia de otros extranjeros que tengan las mismas funciones.

De décadas atrás viene esa realidad oculta para la opinión pública de lo que ha sido la presencia de individuos de inteligencia extranjeros en el país. Esta situación durante la guerra fría se originó y fue verdaderamente singular. México, por su cultura de amplias libertades que privaba, era el perfecto medio de cultivo para las labores de inteligencia de ambos bloques e incluso de los países no alineados. Así se fue haciendo normal esta presencia y actividades, aunque nunca se reconoció oficialmente.

La Secretaría de Gobernación tomó partido, se alineó en el bloque encabezado por Estados Unidos y lógicamente identificó como adversario al bloque soviético y sus satélites. La relación diplomática oficial con esos países era normal aunque mostraba ciertas rispideces de vez en cuando, más que nada para simbolizar una especie de dureza, recordar que recién que Echeverría entró al poder expulsó a varios funcionarios soviéticos acusándolos de espionaje. Nadie protestó.

Agentes de inteligencia de Estados Unidos como ya se dijo, de la Unión Soviética y sus países satélites de Europa Central, de Israel, China, Cuba y hasta de algunos países latinoamericanos, iban y venían a sus anchas cumpliendo sus funciones, no teniendo a México como objetivo, que nuestro país nada tenía que ocultar que fuera de su interés. El prodigio de México era la libertad con que estos agentes se movían e intercambiaban información. El moderador de estas operaciones era el director de la DFS, después subsecretario, Fernando Gutiérrez Barrios, quien afectuosamente se refería al núcleo de agentes estadunidenses como nuestros amigos; parecía que esta era la clave para identificarlos.

La situación llegó a vergonzosos extremos de servir –sí, con esa palabra– a todos los intereses estadunidenses. Se intervenían teléfonos que ellos indicaban, nuestro gobierno no se enteraba del contenido de las cintas, frecuentemente por contener diálogos en idiomas infrecuentes. Se filmaba para los amigos a todo el que entraba a la embajada de la URSS. Había un grupo de agentes mexicanos a su servicio y se les prestaba asistencia en seguridad que complementaba en ciertos casos a la del embajador.

La obsecuencia era total hasta 1985, en que desaparecida la DFS, se empezó a regular la relación hasta cierto punto, ya que la profundidad que había alcanzado ésta por años y años demandaba un proceso pausado.

A raíz del surgimiento abierto y beligerante del narcotráfico también creció la presencia de agentes de la DEA y de la FBI. Seguramente algunos otros departamentos estadunidenses de la comunidad de inteligencia también operaban desde México. Un ejemplo del cambio de situación sería que el sistema de comunicaciones de alta confidencialidad que operaba en el tercer piso de la embajada fue retirado, y reinstalado en los recintos del recién creado Centro de Planeación para el Control de Drogas (Cendro).

Los excesos continuaron por parte de la DEA hasta que llegó el momento en que el secretario de Relaciones Exteriores Fernando Solana demandó su expulsión. El presidente Salinas, más cauteloso, optó por establecer por vía de un decreto la normatividad a que debieran esos agentes someterse. Eso fue verdaderamente una bomba en el Departamento de Justicia en Washington. Se retiró a los agentes su calidad de miembros de los servicios consulares acreditados en México, se fijó su número y las regiones en que cada uno de ellos podría tener presencia. Se les prohibió el uso de armas y la participación en operativos que había sido habitual.

Ya de manera más sólida, al crearse el Sistema Hemisférico de Información del Cendro, como órgano de inteligencia de alta tecnología del gobierno mexicano, se les incorporó en condiciones de igualdad a todos aquellos países que eran miembros del sistema, principalmente Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Argentina y Chile, que eran aquellos países donde el narcotráfico tenía una presencia relativa.

Mucho más se podría escribir sobre el mismo tema. Lo que nunca se sospechó en aquel entonces es que pausadamente, a lo largo de las administraciones de Zedillo, Fox y Calderón, estos propósitos de ejercicio de soberanía dieran marcha atrás de manera contundente. Zedillo nulificó al Cendro, al Sistema Hemisférico de Información, y con ello a la conducción por parte de México de toda esa urdimbre de agentes que operaba en México y en los países ya señalados. Estados Unidos dividió para vencer.

Fox y Calderón siguieron la misma huella y así las huestes de agentes de todas las agencias estadunidenses fueron creciendo y penetrando áreas altamente sensibles del gobierno de México y a las redes del crimen organizado, principalmente en su modalidad de narcotráfico, al grado tal que se volvió a las prácticas de los años 60-70, donde los eficientísimos recursos estadunidenses obtenían la información que necesitaban para su interés y compartían con México lo que ellos autónomamente decidían. Finalmente con Calderón, Estados Unidos logró lo que por años persiguió: consolidar en México un centro de espionaje.

Así estamos hoy, y esto se demuestra con la cínica instalación en los niveles superiores de un edificio sito en el número 265 del Paseo de Reforma, al lado de la embajada. Es tan ominosa y avasalladora esta muestra de superioridad por parte de ellos, y de sumisión por parte de Felipe Calderón, que verdaderamente es inútil describirla y valorarla. Así estamos en manos de estos gobiernos autodenominados del cambio. ¡Y vaya que han dado un esquinazo!

.

11/04/2010

Juvenicidios: las raíces del odio

Detrás de la Noticia | Ricardo Rocha


He hablado de las matanzas como consecuencias, pero el mal emerge desde muy dentro. Aun debajo de las maltrechas estructuras en que apenas se sostiene este país.

He dicho hasta la saciedad que las reformas dizque estructurales que se han propuesto e implementado en los años recientes no sólo han sido insuficientes. Además han contribuido —por su propio fracaso— a un agravamiento de una especie de depresión colectiva en donde la sensación cada vez mas compartida es que ya no podemos estar peor y que México no tiene remedio.

Pero también he insistido en que todavía es posible construir un futuro prometedor siempre y cuando nos entreguemos cuanto antes a tres grandes tareas largamente postergadas: una auténtica y profunda Reforma del Estado, una revisión y Reorientación del Modelo Económico y una verdadera Revolución Educativa.

La primera porque urge replantear el pacto federal y entre poderes, así como una remunicipalización que evite asimetrías ofensivas y el riesgo de balcanización social. La segunda porque 20 años de neoliberalismo ya rancio y a ultranza ya no dan para más; no es un asunto de conmiseración —“pobrecitos los pobres”—, sino de mercado; a nadie le conviene que haya cada vez más, porque luego quién compra. Y la tercera, porque sólo haciendo la gran apuesta presupuestaria por una educación total, podemos cambiar el destino como lo han hecho países del sudeste asiático con la milésima parte de nuestros recursos y la dosmilésima parte de nuestro territorio. Singapur y Corea no me dejarán mentir.

En sentido contrario, estamos anclados en un pasado reciente pero ya viejo y en un presente violento, incierto y siempre al borde de un estallido social generalizado. Hemos hipotecado el futuro con la deuda externa y la aberración del Fobaproa. Y, según los organismos internacionales, somos un país cada vez más pobre, más desigual, más inseguro, más enfrentado y más corrupto.

Aunque desde luego, el mal mayor es el juvenicidio masivo que estamos cometiendo desde hace dos décadas: la OCDE —que por cierto encabeza el mexicano José Ángel Gurría— nos acaba de informar que son 19 millones 200 mil jóvenes entre 15 y 29 años los que deberían estar y nada más no están en ninguna escuela. La UNAM ya desde hace meses reveló que son 8 millones de ninis que ni estudian ni trabajan. En cambio, de los 228 mil presos en todas nuestras cárceles, 155 mil tienen menos de 28 años. Añada los incuantificables miles que han huido del país. Y no se olvide, por favor, que de los 30 mil muertos de la guerra contra el narco, 18 mil son jóvenes.

En pocas palabras, no sólo hemos tirado a la basura el famoso bono demográfico por torpezas de nuestros gobiernos. Peor aún, hemos criminalizado, menospreciado y empujado a nuestros jóvenes a la exclusión, la ignorancia, la violencia, la muerte o la cárcel.

Una generación asesinada por quienes le antecedimos. Un gigantesco juvenicidio que nadie, con un mínimo amor por este país, podría perdonarse.
Es la última llamada.
Rosario Ibarra

El ejemplo de la juventud

Muy grave y con preocupantes implicaciones, la agresión policial a la marcha en que el viernes pasado fue herido a balazos un joven al momento en que se inauguraría el Foro Contra la Militarización y la Violencia en Ciudad Juárez.

Cuando, tomando precisamente el caso de Ciudad Juárez, hemos dicho —apoyándonos también en la opinión de los compañeros del FNCR de aquella ciudad— que la supuesta “guerra contra el narcotráfico” no se caracteriza por enfrentamientos armados entre dos partes, sino generalmente por ejecuciones, asesinatos de las fuerzas armadas contra civiles, generalmente jóvenes y pobres, algunos ponen en duda nuestras afirmaciones. Sobre todo porque decimos que la responsabilidad principal de estos crímenes, de nuevo, las ejecuciones sobre todo, no son del “crimen organizado”, como dicen los voceros oficiales, sino de las fuerzas armadas, sea el Ejército o la policía federal. La propaganda oficial, preocupada por demostrar su supuesto éxito en esta guerra, insiste en dar cifras de muertos atribuidos a ajustes de cuentas entre grupos del narcotráfico.

Lo ocurrido el viernes 29 en Ciudad Juárez, sin embargo, ya no puede ser manipulado con esa versión oficial. No puede decirse que se trata de otro ajuste de cuentas entre el crimen organizado. Era una marcha, sobre todo de jóvenes estudiantes, que se dirigía a las instalaciones de la universidad para iniciar un Foro Contra la Militarización y la Violencia, tema extremadamente sensible si se recuerda que unos días antes habían sido asesinados más de una docena de jóvenes en una fiesta de 15 años en casa particular. Y los que agredieron la marcha eran elementos de la policía federal que la habían seguido hasta llegar a la universidad; los números de las placas de las patrullas incluso fueron anotados por los estudiantes agredidos. No hay duda posible. Fotos y videos evidencian la presencia de los policías. Y su agresión prácticamente en terrenos de la universidad, en donde tuvieron que refugiarse los jóvenes agredidos.

Tampoco pueden decir que hubo enfrentamientos. Los estudiantes, obviamente, marchaban desarmados. Los policías dispararon, por lo menos en cinco ocasiones. Darío, el joven que todavía se debate entre la vida y la muerte, recibió el impacto del balazo por la espalda.

Por eso digo que la agresión de este viernes es muy grave y con muchas repercusiones. Es la evidencia de lo que hemos venido señalando. El origen de la agresión está en las fuerzas armadas, en este caso la policía federal. ¿Se pasará ahora a la agresión abierta ya de uniformados, de elementos de las fuerzas armadas, incluso contra movimientos políticos de protesta? Ya no fue como en otras ocasiones, en que han atacado usando pasamontañas, sino abiertamente. Me dirán que dos elementos ya están detenidos, seguramente porque la agresión policiaca fue muy evidente.

En todo caso, el hecho demuestra que agentes federales pueden agredir así porque saben que lo que impera en todos estos casos de violación a los derechos humanos es la impunidad. Confirma nuestra exigencia de acabar con la impunidad y con la militarización impuesta a la sociedad que solamente ha abierto una ola incontenible de atropellos y violaciones a los derechos humanos.

Yo estaba invitada a participar en el Foro de Ciudad Juárez del pasado fin de semana y había enviado por escrito un saludo y opinión sobre los temas que se tratarían en esa ocasión. Obviamente, no incluía la denuncia de estos hechos que ocurrirían el mismo día de la inauguración. En un ejemplo de valor y consecuencia, muchos de los jóvenes juarenses del viernes han sostenido durante estos meses el esfuerzo de salir a las calles a protestar contra la violencia imperante. El martes mismo volvieron a hacerlo. No es posible renunciar al derecho de manifestación y de protesta, no es posible aceptar la práctica imposición de un estado de sitio que impone la militarización. La respuesta pacífica y en las calles que sostienen los compañeros, muchos de ellos integrantes del Frente Nacional Contra la Represión, debe ser respetada. Estos jóvenes son un ejemplo de madurez porque no caen en la provocación y siguen protestando contra la violencia y militarización por medios pacíficos y políticos.
Dirigente del Comité ¡Eureka!

9/09/2010

La División de Posgrado de Economía y el 68

Enrique Semo

Hace exactamente 38 años y cinco meses, en abril de 1972, comenzaron las labores en la División de Estudios Superiores (hoy División de Posgrado de la Facultad de Economía). En 1968 se produjo en el Distrito Federal un movimiento estudiantil masivo. Con sede en la UNAM, el IPN y muchas otras instituciones de educación superior, los estudiantes se rebelaron con demandas iniciales de democracia. La represión sangrienta del movimiento lo transformó rápidamente en una revolución cultural. La realidad de nuestro país fue cuestionada: autoritarismo político, desigualdad económica y social, discriminación hacia la mujer, papel de las universidades en la sociedad, orientación de las ciencias sociales, fueron sometidas a cuestionamientos y reformas. Pese al 2 de octubre, el movimiento se difundió con gran fuerza a todas las universidades del país.

En México, los estudiantes se constituyeron en sujeto político desde los años 60. Primero fueron las huelgas de solidaridad con maestros, ferrocarrileros y médicos cuyos movimientos fueron reprimidos. La Central Nacional de Estudiantes Democráticos se formó a raíz de la intervención policiaca de 1963 en Morelia, cuando la derecha logró la salida del rector Eli de Gortari y la derogación de la ley orgánica votada por maestros y estudiantes, de la cual nació El programa de la Universidad Crítica y Científica que inspiró la reforma universitaria durante dos décadas. Entre 1963 y 1968 se formó una red de solidaridad en la cual participaban estudiantes de todo el país. La crónica no escrita de esos años de intensa actividad está en los informes policiacos y los voluminosos expedientes que se hallan en el Archivo General de la Nación y que aún no ha tocado los investigadores.

Los años de 1966 y 1967 fueron de creciente activismo estudiantil en Morelia, Hermosillo, Puebla, Monterrey, Durango, Tabasco, Chihuahua, Culiacán, Chapingo y la ciudad de México. Las protestas tomaron formas diversas. Pero en todas partes la respuesta fue la represión con intervención de la policía o los militares. El 6 de octubre de 1966, en Morelia, el ejército ocupó el Colegio Primitivo Nacional de San Nicolás de Hidalgo y de la Universidad Michoacana. En abril de 1968 los estudiantes de diferentes casas de estudio participaron en la Marcha de la libertad. Ésta siguió el derrotero de Miguel Hidalgo e incluía actos de lectura de los documentos que sellaron la Independencia de México. Hostigada, acusada del descarrilamiento de un tren, la marcha tuvo que dispersarse ante la amenaza de la intervención del Ejército.

Habiendo jugado un papel destacado en el 68, la comunidad académica de la Escuela Nacional de Economía se integró a esa revolución cultural. Formas de gobierno, planes de estudio, relaciones entre profesores y estudiantes, nuevas corrientes de pensamiento económico, ambiente intelectual y libertad de discusión, fueron temas abordados con entusiasmo y método por profesores y estudiantes. La naciente División de Estudios Superiores no podía permanecer al margen. Desde el inicio trató de ocupar su lugar en el proceso, poniendo énfasis en la formación de economistas al más alto nivel posible y en la discusión de los grandes problemas de México y América Latina, con la presencia de las voces más autorizadas.

Desde 1973, América Latina vivió un periodo muy agitado en el cual las esperanzas de cambio se mezclaban con el resonar de los sables en los palacios de gobierno. A los ascendentes movimientos populares, la reacción respondió brutalmente. Uno tras otro, Chile, Argentina, Brasil, Uruguay, fueron escenario de golpes de Estado y sangrientas represiones. México se transformó en una isla de paz y relativa tolerancia en medio de un mar de violencia reaccionaria. En aquellas circunstancias, el país adquiría un deber con la intelectualidad de Sudamérica: transformarse en la única plataforma desde la cual se podía alzar la voz del pensamiento crítico y la protesta contra los golpes de Estado y las dictaduras.

El 4 de marzo de 1972, José Luis Ceceña fue designado director de la Escuela Nacional de Economía por la Junta de Gobierno. El 1 de abril Enrique Semo fue nombrado jefe de la División de Estudios Superiores por el rector Pablo González Casanova. Inmediatamente me aboqué al diseño de los planes de estudio provisionales y a la búsqueda de un mínimo de infraestructura. Ceceña dio una ayuda entusiasta a todas las medidas que se tomaban. Tan pronto hubo estudiantes y maestros, cuatro meses después, se formó el Colegio Paritario de Profesores y Estudiantes de la División de Estudios Superiores (hoy División de Posgrado), que a partir de entonces debía aprobar cada paso adoptado. Antes de pasar al Colegio, las iniciativas se discutían en la comunidad de la División. El carácter colegiado impregnó la vida académica, las resoluciones eran compartidas y defendidas por todos o, al menos, por la mayoría de la comunidad. Más de 80 estudiantes, muchos de ellos maestros de la licenciatura, se presentaron a la primera convocatoria y 28 aprobaron el curso propedéutico.

Como parte de la revolución cultural, después de 1968, desde el punto de vista intelectual, la cultura marxista, neomarxista y crítica se volvió dominante en la UNAM y en otras universidades del país. El impacto sobre ciencias como historia, filosofía, sociología y ciencia política fue enorme. Cambiaron los temas de interés y lo que estudiantes y maestros leían. Las posiciones políticas del estudiantado se radicalizaron. La literatura marxista, francesa, inglesa y aun de los países del este de Europa tuvo un gran mercado que incluía a universitarios y a los maestros de primaria y secundaria que ayudaron a difundirla. La producción teórica mexicana de 1965 a 1985 llevaba la impronta de las diferentes escuelas del pensamiento marxista.

El primer plan de estudios de la maestría llevado a la Comisión de Planes de Estudio y Programas fue aprobado por el Consejo Universitario celebrado el 9 de febrero de 1973. Los objetivos de la nueva institución se definieron en los siguientes términos: La División de Estudios Superiores de la Escuela Nacional de Economía fue creada con el propósito de formar profesores, investigadores y profesionistas dotados de instrumentos analíticos y teóricos que les permitan resolver problemas con rigor científico y fundamentar la toma de decisiones en el campo de la política económica. La enseñanza se guiará por la necesidad de capacitar al estudiante a analizar distintos puntos de vista y formarse opiniones críticas sobre los problemas del desarrollo de México y América Latina.

La meta prioritaria era formar profesores e investigadores, que no existía en el plan de licenciatura. Hay que subrayar la decisión “de capacitar al estudiante a analizar distintos puntos de vista y formarse opiniones críticas…” Estos dos objetivos fueron rigurosamente respetados y defendidos durante los primeros 10 años de labores por el grupo fundador y dieron a la nueva institución un carácter de universalidad, búsqueda intelectual e investigación científica, poco comunes hasta entonces. El grupo fundador de la División de Posgrado preferimos colocarnos dentro de la corriente del pensamiento económico latinoamericano, mientras otras instituciones mexicanas seguían la corriente anglosajona. El cambio producido por una División de Posgrado con esas características en la historia de la Escuela de Economía, no puede ser suficientemente destacado: durante décadas la Escuela había sido centro de formación de funcionarios públicos de los gobiernos del PRI. La ideología dominante era el nacionalismo revolucionario, los maestros más destacados eran altos funcionarios gubernamentales y las materias servían para formarlos. Después del surgimiento de la División esto cambió radicalmente: la investigación independiente y científica se impuso. Gran importancia tuvo el seminario general del doctorado, donde concurrían economistas, intelectuales de gran prestigio para exponer problemas actuales y participaban todos los doctorantes. Con este agregado se consolidó una orientación teórica bien definida, nunca excluyente. Confluían en ella marxistas de diferentes orientaciones, dependentistas, estructuralistas latinoamericanos, seguidores de corrientes alternativas a la escuela neoclásica (Kalecki, Steindl, Sylos-Labini, Sraffa), seguidores de diferentes interpretaciones de Keynes y discípulos de los Annales y Braudel. La División de Posgrado se sumergía de lleno en la revolución cultural iniciada por el movimiento del 68.

La situación coincidía con el paradigma de Max Weber sobre la diferencia entre política y ciencia. La política se propone acumular poder y la ciencia tiene como objeto buscar la verdad. Las dos actividades se encuentran frecuentemente, pero jamás deben ser confundidas, sobre todo en un país como el nuestro, en que la política lo invade todo.

Con presiones de todos lados, la División en sus primeros 10 años de existencia y pese a sus críticos, nunca fue una escuela de cuadros para la izquierda ni continuó siendo un centro de formación de funcionarios públicos como había sido la Escuela de Economía en décadas anteriores. ¿Qué fue entonces? Nos propusimos crear un centro de investigación dándole a la Escuela de Economía una autonomía relativa de la política. Mantuvimos viva la tensión que supone el quehacer científico. No se logró crear una escuela de pensamiento propia, pero sí contribuir al examen de problemas medulares para México y América Latina. En una sociedad que Bauman califica de líquida, la verdad como objetivo de la ciencia social está rudamente cuestionada. Y en la época del Pensamiento Único la discusión abierta y la crítica de ideas como métodos de creación están mal vistas, pero sin ellas sólo hay discursos paralelos en los cuales verdad y error se confunden sin poder decantarse. Eso es también parte de la enseñanza de la revolución cultural del 68.

Otra vez coincido con Weber cuando advierte que sin pasión no hay ciencia. Que sin ella el científico jamás podrá sentir esta vivencia, esta embriaguez absurda para los profanos… Continúa categórico, si no se tiene pasión [por la ciencia] no hay vocación y es necesario dedicarse a otra cosa. En el periodo de fundación de la División de Posgrado hubo mucha pasión y entrega y me siento orgulloso de haber compartido los trabajos y los días con personas movidas por un sentido de la vida que iba mucho más allá de sus intereses privados.

Rosario Ibarra

“La reconstrucción de México”

No. No pretendo hacer una exégesis del libro del general, del probo general, Salvador Alvarado, con el título arriba señalado. Salvador Alvarado, el sonorense honrado que nació en Pótam, un pequeño pueblo situado a orillas del río Yaqui, en el año de 1879; que fue un revolucionario y que en aquellos años llenos de diferencias de opinión y de conflictos, tanto armados como políticos, a veces importantes unos y otros inocuos, dio a conocer su pensamiento en aquel maravilloso libro, cuyas aseveraciones y consejos fueron puestos en práctica durante su periodo como gobernador de Yucatán, en medio de muchas críticas adversas de sus enemigos.

He releído parte de este libro porque recordé de mi primera lectura hace muchos años, el parecido del ámbito general del país en nuestros días, con aquel caos, con aquella manera de vivir en provincia y en todos los rincones o ciudades importantes del país, que según historiadores acuciosos, tras observar el enorme cuadro de depravación y de inmoralidad dijo: “¡Basta de este cuadro!”, en el cual, aun en el Ejército, privaban estos vicios, repito: como en los días que vivimos, véase, si no, el llamado cuarto Informe de Gobierno.

Revisar el informe del presunto estado que guarda la administración pública federal al día de hoy produce una enorme intranquilidad. No sólo por la lacerante realidad que refuta cada palabra, sino por la incapacidad para reconocer los yerros cometidos, que se suma a la ya existente incapacidad para resolver los problemas, responsabilidad del gobierno.

Decirle al pueblo que “vamos por el camino correcto” y que “todo está bien” no resuelve la pérdida del empleo sostén de una familia, la indignación del ciudadano que padece la corrupción cotidiana de los cuerpos policiacos, el dolor de unos padres enlutados por el asesinato de sus hijos, muertos supuestamente “por error” a manos de soldados; tampoco resuelve la zozobra de miles de mexicanos que temen por igual al delincuente sanguinario que al policía corrupto y al Ejército, que presuntamente debería de servirles.

No es la delincuencia el principal dilema de nuestro país; esa es la premisa de quienes ven el terrible problema de la inseguridad como el manto que puede cubrir su incapacidad, su ilegitimidad y las ilicitudes que van sembrando en el mal ejercicio de su encargo. No; el principal problema de nuestro país es la corrupción que no permite que ningún cuerpo policiaco o el propio Ejército, detengan los delitos que dañan a la población; que impide una recta procuración de justicia en donde las cárceles están llenas, en su mayoría, de pobres y de inocentes, pero nunca de funcionarios corruptos e influyentes; que frente a tragedias como la de la guardería ABC, las desapariciones de miles de personas, las cotidianas agresiones a migrantes, las cuales tuvieron su corolario con el asesinato de 72 de ellos en Tamaulipas, sólo se escuchen discursos inocuos y actos desesperados para que los responsables terminen no teniendo la culpa.

Pero esa corrupción no campea sola en la vida del pueblo mexicano; la acompaña la simulación de que no pasa nada, de que todo está bien, de que el asesinato de civiles inocentes por balas del Ejército son “daños colaterales”; de que la guardería se incendió sola; de que se está combatiendo correctamente al crimen organizado; de que la presencia del Ejército en las calles haciendo labores de policía es constitucional; en fin, de que el pueblo mexicano vive mejor hoy que hace cuatro años.

La similitud de las terribles condiciones de vida del pueblo mexicano y la creciente descomposición social y política que le acompaña con la situación previa al estallido de la Revolución Mexicana, me regresa a la añoranza de personajes y luchadores como Salvador Alvarado, pero también a la confianza y optimismo de que aun en los peores momentos, el pueblo mexicano ha logrado antes —y seguramente lo logrará ahora— avanzar a su autoorganización y a encontrar líderes combativos, honestos y con visión de futuro, construyendo el programa alternativo, como lo fue, en su momento, Salvador Alvarado.

Dirigente del Comité ¡Eureka!