6/03/2013

Jueces y gobernadores infieles



 Lydia Cacho



Era octubre de 2002 cuando los huracanes Isadore y Lilli entraron en Quintana Roo. A pesar de la contingencia el entonces gobernador Joaquín Hendricks Díaz tomó su avión privado para irse a Europa con su amante. La joven, con quien el mandatario engañaba a su esposa María Rubio, era bailarina desnudista en el bar-prostíbulo de la Zona Hotelera de Cancún operado por el hoy acusado de trata internacional de personas: el argentino Raúl Martins. El sujeto trajo a la joven desde Uruguay y fue él quien los presentó y arreglaba sus encuentros.

En ese entonces Rubio denunció ante los medios que el gobernador utilizaba recursos del erario para viajar con su amante, además de abandonar el estado en un momento de emergencia. Cuando volvió el gobernador dijo que lo suyo “era un asunto privado” y que su esposa sufría de serios problemas psiquiátricos. Durante los siguientes meses la acusó de enfermedades mentales e intentó forzar su divorcio por esas razones. A pesar de su poder, su esposa supo defenderse, no sin ser amenazada y sometida al escarnio público. Años después se divorciaron, no sin que Rubio exhibiera la amistad de Hendricks con Succar Kuri y Kamel Nacif.

Hace una semana el ex ministro de la Suprema Corte Genaro Góngora Pimentel, de 76 años, reconocido por su apasionada defensa de los derechos humanos en el país, y por su flamígero señalamiento a actos de corrupción y abuso de mujeres y menores, fue evidenciado por haber encarcelado a su ex pareja. Ana María Orozco, madre de los dos pequeños, luego de separarse recibió dos millones de pesos del también ex presidente de la Corte para pagar un departamento en Xochimilco donde ella y los niños vivían. Lo logró luego de interponer la denuncia para que el juez pagara pensión alimenticia. Ella puso el piso a su nombre, de inmediato Góngora la denunció por fraude y en siete días estaba encarcelada. Ana María lleva un año presa en Santa Martha, durmiendo en el suelo, en una celda con siete presas. Los expeditos trámites judiciales se hicieron gracias a la cercana amistad entre el acusador y el ex presidente del tribunal capitalino Juan Luis González Alcántara y Carrancá, quien en estos días ha exigido un peritaje que pretende “ratificar” una de las acusaciones de Góngora contra Ana.

El famoso magistrado estuvo casado con la abogada Ligia de la Borbolla; Ana María, su penúltima pareja casi veinte años menor que él, se hizo cargo de los pequeños que fueron diagnosticados con Síndrome de Asperger, una condición de salud también denominada autismo, un conjunto de condiciones mentales y conductuales que precisan de una educación especializada. Mientras la madre se preparó para educar a sus dos pequeños conociendo sus necesidades especiales, el padre ha dicho públicamente que los niños están “enfermos” de autismo, y no les paga diversión porque no pueden divertirse. A pesar de que el casi octogenario ministro no sabe cuidar de sus hijos, al encarcelar a Ana María interpuso una demanda de violencia intrafamiliar que, según fuentes del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal, forma parte del juicio para que el ministro quite la Patria Potestad a la madre y evite que vuelva a ver a sus pequeños. Fuentes de la Suprema Corte que conocieron a la pareja cuando ella trabajaba en ese tribunal, aseguran que Góngora nunca perdonó la afrenta de Ana María al interponer el juicio por alimentos en que el juez le exigió pagar el 35% de sus 350 mil pesos de pensión. Éste logró negociar el pago de 24 mil pesos argumentando que Ana María y sus hijos son gente de clase media baja y así deben vivir.

Tanto Hendricks como Góngora son abogados, ambos como muchos hombres de poder saben interpretar las leyes y hacer mal uso de ellas. En el primer caso, Hendricks quedó en deuda con su amigo Martins, quien luego de ser acusado por trata de personas y perseguido por el INM para expulsarlo del país, logró ampararse gracias a la ayuda del ex mandatario y sigue operando en Quintana Roo. Góngora, por su parte, encarceló a su ex pareja por lo que él mismo ha denominado un arranque de enojo. Así operó en tribunales para utilizar la cárcel como escarnio, quitarle a los pequeños y darle una lección ejemplar. Ambos han asegurado que lo suyo es “personal” cuando en realidad son asuntos de interés público y jurídico, con serias repercusiones. Góngora ha pedido perdón públicamente, pero sus abogados siguen la batalla contra Ana esta misma semana.
 @Lydiacachosi
Periodista



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